The Project Gutenberg EBook of Historia de la literatura y del arte
dramtico en Espaa, tomo III, by Adolf Friedrich von Schack

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Title: Historia de la literatura y del arte dramtico en Espaa, tomo III

Author: Adolf Friedrich von Schack

Translator: Eduardo De Mier

Release Date: May 29, 2011 [EBook #36253]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO EN ESPAA, TOMO III ***




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COLECCIN
DE
ESCRITORES CASTELLANOS

CRTICOS




HISTORIA
DE
LA LITERATURA
Y DEL ARTE DRAMTICO
EN ESPAA

III

       TIRADAS ESPECIALES

  100 ejemplares en papel de hilo, del      1 al 100.
  25      "      en papel China, del        I al XXV.
  25      "      en papel Japn, del        XXVI al L.

[Illustration: COLECCION DE ESCRITORES CASTELLANOS]

HISTORIA
DE
LA LITERATURA
Y DEL ARTE DRAMTICO
EN ESPAA

POR

ADOLFO FEDERICO
CONDE DE SCHACK

traducida directamente del alemn al castellano
POR
EDUARDO DE MIER

TOMO III

MADRID

IMPRENTA Y FUNDICIN DE M. TELLO
_Impresor de Cmara de S. M._

Don Evaristo, 8
1887




CAPTULO XII.

     Clasificacin de las comedias de Lope, y crtica particular de
     algunas.--_El conde Fernn Gonzlez._--_El casamiento en la
     muerte._--_Las doncellas de Simancas._--_Los Benavides._--_El
     Prncipe despeado._


En lo relativo  su mtodo de desarrollar los dramas, se observan
notables diferencias, segn corresponden  perodos anteriores 
posteriores. Se comprende, sin esfuerzo, que es imposible trazar entre
unos y otros una lnea cronolgica divisoria; pero consta del prlogo de
su _Peregrino_ cules han sido escritos antes de 1604, y notamos en
ellos tantos rasgos generales comunes, que nos facilitan el sealar
entre los restantes  aqullos que, por su carcter y concordancias, han
de considerarse como sus trabajos ms antiguos. Los signos que
distinguen  estas comedias, pertenecientes  la primera mitad de la
carrera dramtica de Lope, son los siguientes: profusin de imgenes,
sentimientos y pasiones; acumulacin de unos sucesos sobre otros;
muchedumbre de personajes, hechos  incidentes; en una palabra,
abundante riqueza en la accin, aunque sin distribucin juiciosa y
debida economa. Muvese todo con celeridad arrebatadora; suprmense por
completo los largos discursos; el dilogo es rpido y de acritud casi
epigramtica. La exposicin del asunto no se hace por relacin de algn
personaje, sino que forma parte de la accin en las primeras escenas. En
cuanto al lenguaje, se observa que las combinaciones mtricas ms usadas
son las redondillas y quintillas, empleando tambin con frecuencia
ymbicos de seis pies, sin rima; el romance, al contrario, se ve pocas
veces, y ordinariamente slo en las narraciones. _Los tres diamantes_ y
_La fuerza lastimosa_, pueden considerarse como tipos del perodo ms
antiguo de las composiciones de Lope. En las del ltimo se sujeta la
accin  un orden mejor dispuesto: sin perjudicar al curso y  la
movilidad del enredo, se nota una pintura y gradacin ms delicada en
los detalles; reina ms claridad en los afectos y determinaciones de los
personajes y en la transicin de unas pasiones  otras; hay tambin ms
simetra en la relacin de las partes con el todo y en la agrupacin de
los personajes. Rennciase al propsito de presentarlo todo  la vista
de los espectadores, hasta las circunstancias ms insignificantes; si en
las obras anteriores se intercalan escenas inoportunas que interrumpen
la accin principal, y que podran suprimirse sin violencia, en las
posteriores se sustituyen con las relaciones que hacen los personajes.
Los endecaslabos, no rimados, desaparecen casi enteramente, y en cambio
predomina el romance, que se usa tambin en el dilogo. _La discreta
enamorada_ y _La dama melindrosa_ personifican esta clase. No es
necesario advertir que Lope conserva hasta el fin de su carrera
dramtica la exuberancia y vivo fuego de su imaginacin, y su habilidad
para inventar y trazar los planes de sus obras. _La moza de cntaro_, en
la cual dice haber escrito 1.500 comedias, y _Las bizarras de Belisa_,
 cuya conclusin manifiesta haberse consagrado de nuevo  las musas, 
quienes haba abandonado, son dos composiciones de los ltimos aos de
su vida, por cierto de las ms bellas.

Si, con relacin  sus argumentos, nos hacemos cargo de la multitud
innumerable de sus dramas, se nos presenta en primer trmino una larga
serie de cuadros, fundados en la historia  en la tradicin nacional.
Ardientemente inspiraban  Lope los sucesos de su patria, y jams
desaprovecha las ocasiones que se le presentan de perpetuar el renombre
y el honor de su nacin, y de pintar con los ms brillantes colores las
hazaas de los hroes espaoles. El nmero y variedad de estas obras
suyas es tan prodigioso, que de las existentes se puede formar una
galera casi completa de todos los cuadros ms importantes de la
historia de Espaa. Observamos, pues (para indicar tan slo algunos
principales), en _La amistad pagada_, la lucha de los antiguos cntabros
contra el poder romano; en _El Rey Wamba_, los anrquicos desrdenes de
la monarqua gtica amenazando desplomarse; en _El ltimo Godo de
Espaa_, la traicin del conde D. Julin, la muerte de Rodrigo y la
victoria de las armas mahometanas; en _El primer Rey de Castilla_, los
primeros triunfos de la nueva y vigorosa monarqua cristiana; en _Las
almenas de Toro_, las disensiones entre D. Sancho y sus dos hermanas
Doa Urraca y Doa Elvira, su asesinato por Vellido Dolfos, y al Cid
como al hroe castellano ms famoso; en _El sol parado_, las gloriosas
expediciones guerreras de San Fernando; en _Lo cierto por lo dudoso_,
los primeros grmenes de discordia entre Don Pedro _el Cruel_ y Enrique
de Trastamara, que haban de terminar tan trgicamente; en _Los Ramrez
de Arellano_, el horrible fratricidio cometido en los campos de Montiel;
en _El milagro por los celos_, los tiempos de D. Juan II en uno de sus
ms notables sucesos, que fu la cada de D. lvaro de Luna; en _El
piadoso aragons_, la historia del desdichado Carlos de Viana, aunque no
exento de culpa; los dos levantamientos contra su padre, su prisin, y
al fin, su trgica muerte,  consecuencia de la cual subi Fernando _el
Catlico_ al trono de Aragn; en _El cerco de Santa Fe_, la gloriosa
lucha que acab con el ltimo baluarte mahometano en la Pennsula; por
ltimo, en _La victoria del Marqus de Santa Cruz_, una guerra en que
tom parte, en su juventud, el mismo poeta.

No es posible dividir rigurosamente estas obras en histricas y
tradicionales, confundindose la tradicin y la historia en las leyendas
ms antiguas, y mezclndose  menudo con los sucesos ms recientes
algunas tradiciones de que no habla la historia,  las invenciones del
poeta. Pero si ha de denominarse drama histrico al que aparece lleno
del espritu de la historia, representando los sucesos ms importantes
de ciertas pocas, bajo su verdadero punto de vista, es menester
calificar con este dictado  innumerables dramas de Lope, y aun asegurar
que acaso en ninguna otra literatura los haya en su gnero tan
excelentes. Observamos que el poeta sabe penetrar en el espritu de los
tiempos pasados; que infunde nueva vida  generaciones humanas, que han
desaparecido de la tierra; que se da traza de crear una imagen fiel de
la vida en su centro ms caracterstico, y que en el florecimiento y
cada de otros hombres nos deja adivinar la misteriosa trama, las
creaciones y los estragos del sr que anima al orbe. La claridad con que
nos ofrece los hechos y sucesos de otras pocas, la exactitud con que
imprime tono y colorido  los tiempos ms diversos, excita, sin duda,
nuestra admiracin, y hasta algunas obras de esta clase arrojan ms luz
sobre los perodos  que se refieren, que las crnicas  ridas
compilaciones de los historigrafos. Como si les inspirase vida real y
verdadera, hace pasar delante de nuestros ojos la existencia completa de
ciertas pocas, sus pasiones, deseos y relaciones distintas, y las
clases variadas que constituyen  la nobleza y al pueblo. Su propsito
de representar cada perodo con su colorido especial, se manifiesta 
veces hasta en el lenguaje, como sucede en la comedia titulada _Las
famosas asturianas_, escrita en el estilo que distingue  los ms
antiguos monumentos de la literatura castellana. Muchos otros detalles
de poca importancia, que slo se aprecian estudindolos con cuidado,
prueban sus profundas y eruditas investigaciones histricas. Ha de
atribuirse, sin embargo,  un don adivinatorio singular,  su intuicin
potica, que nos lo ofrezca todo tan claro y perceptible, como si
creysemos haberlo presenciado realmente.

Del particular agrado de Lope hubieron de ser las pinturas de los
tiempos del primer renacimiento del imperio hispano-cristiano.
Complcese en retratarnos aquellos antiguos castellanos rsticamente
sencillos, que ejercan en sus sbditos patriarcal autoridad, ya
labrasen sus campos, ya desenvainasen la espada contra los infieles.
Todos estos cuadros, que, por ejemplo, se observan en _Los Prados de
Len_, en _Los Tellos de Meneses_, en _Los Benavides_ y en otras muchas
comedias suyas, son tan lozanos y enrgicos, que  no estar
completamente estragado por las descoloridas imgenes, que en nuestros
tiempos se han vendido por poesa, no se puede menos de tributarles
nuestra sincera admiracin; y por mucho que se repitan, siempre parece
nueva la impresin que nos hacen. La verdadera gracia, el encanto mgico
de la pura poesa pastoral, se confunde en ellos con la ms grave
solemnidad de la herica. Ninguno como Lope ha representado todo el
robusto germen de la nacin espaola; sus sentimientos sencillos,
humildes y religiosos, su suficiencia, sus afectos, nacidos en el seno
de la libertad, y su decisin en defender  cada instante, al precio de
su sangre y de su fortuna, sus piadosas creencias. La materia y la
forma se unen en ellos de la manera ms ntima: ntase una facilidad tal
en su colorido, tanta naturalidad  imparcialidad, como suele observarse
slo en las obras poticas populares. Sus caballeros no hablan mucho,
pero sus palabras son graves;  los dichos suceden al punto los hechos,
y se llevan  cima las hazaas ms extraordinarias como si fuesen
pequeeces de poca monta. Figrasenos que los antiguos caballeros,
cubiertos de hierro y armados con su yelmo y su escudo, se levantan de
sus tumbas,  que tornan  la vida desde los sepulcros marmreos de la
catedral de Burgos. Todo es gigantesco en estos cuadros: la indomable
voluntad y la fuerza frrea de sus personajes, como la noble hidalgua y
el recato de las seoras, las ms eminentes virtudes, como las pasiones
violentas y los crmenes. Y qu diferencias caractersticas en todas
estas creaciones! Al lado de la grandeza de alma y de la experiencia del
anciano, la temeraria obstinacion del joven. Qu rasgos individuales
distinguen hasta  los personajes subalternos, clrigos y monjes,
labradores y pastores, generales y guerreros! Caracterstico tambin de
la poca en que se supone ocurrir la accin, es la fiereza y la bravura
pendenciera, casi brutal, de que se hallan dotados los hroes
especiales, como, por ejemplo, Bernardo del Carpio y Mudarra, que los
asemeja de una manera chocante con el Hotspur y el bastardo
Faulconbridge, de Shakespeare. La exposicin desordenada y abrupta de la
fbula se harmoniza  maravilla con el conjunto. Y cun delicada y cun
inseparable del carcter espaol es la mezcla de orgullo hinchado y de
amorosa resignacin, de arrebatos producidos por la justicia de que los
personajes se creen asistidos, de veneracin por los deberes que la
lealtad les impone, y  los cuales todo se subordina; de nobleza y de
barbarie, de invariable constancia en las amistades y de los odios ms
tenaces! Cun caracterstica su devocin, que,  modo de himno que se
eleva en medio de la tempestad, resuena entre el estruendo de las luchas
de tan enrgicas poesas! Por ltimo, si examinamos la accin en su
totalidad, cun rpido es su curso, cunta vida y animacin en sus
partes! Cun completa es la ilusin que nos arrastra en medio de la
existencia ms agitada, entre estos grupos que pasan con rapidez ante
nuestros ojos, entre estas escenas guerreras cuyo belicoso tumulto
creemos escuchar! Y despus, cuando nos imaginamos que vivimos con los
moros y que asistimos  las escenas de su vida, como en _El hijo de
Redun_, en _El bastardo Mudarra_, etc., cunto fuego y pompa
oriental, qu gradacin de colores tan voluptuosa, qu efectos en los
contrastes de ostentoso orgullo y de sensualismo, por una parte, y
cunta sencillez y cunta fuerza, por otra!

Para comprender rectamente estos dramas, menester es que no olvidemos su
inmediato origen de los grmenes que forman la poesa popular. La ltima
comedia mencionada, por ejemplo, cuyo argumento es la historia de los
infantes de Lara y su sangrienta muerte; despus _El conde Fernn
Gonzlez_, en la cual aparece el famoso hroe nacional castellano,
celebrado ya en la epopeya del siglo XIV, y los dos, cuyo protagonista
es Bernardo del Carpio,  saber _El casamiento en la muerte_ y _Las
mocedades de Bernardo del Carpio_, se ajustan estrechamente  antiguos
romances, que se conservan, cuyas palabras se copian  veces en ellos.
En otros no es fcil indicar su origen, aunque indudablemente provengan
de leyendas nacionales olvidadas, como _Las doncellas de Simancas_,
comedia de las ms brillantes y magnficas de Lope, que celebra  las
jvenes de Simancas,  cuya grandeza de alma se debi que su patria se
libertase del vergonzoso tributo de las cien doncellas, que los
cristianos haban de pagar anualmente  los infieles[1]; _El primer
Fajardo_, _El Prncipe despeado_, etc. No se crea por esto que se
disminuya en algo el mrito de Lope por ajustarse  la tradicin:
relzalo, al contrario, la discrecin con que utiliza sus materiales, y
hasta se le puede llamar, con justicia, el ms perfecto de los poetas
populares, y defender que sus obras son el remate de la poesa nacional
y su ms brillante corona.

En breves palabras expondremos el argumento de algunas de estas
comedias.

_El conde Fernn Gonzlez_ describe la naciente grandeza y la
independencia de los condes de Castilla, sujetos antes al dominio de
Len. En la escena primera vemos al conde Fernn Gonzlez, que se ha
extraviado cazando, y que pide hospitalidad  un piadoso ermitao.
Annciale ste su prxima victoria y la futura fama de Castilla. El
squito del Conde, inquieto por su suerte, lo encuentra al cabo, y le
participa la noticia de haber atacado los moros  los cristianos. Al
oirla, se apresuran todos  tomar parte en la lid, mandados por tan
famoso hroe, y acompaados de las bendiciones del anacoreta. Las
escenas que siguen inmediatamente  stas, pintan los estragos hechos
por el enemigo, los ayes de los habitantes de las aldeas, y luego la
brillante victoria de Fernn Gonzlez, que,  la conclusin del primer
acto, es solemnizada con alegres fiestas por los aldeanos. En el acto
segundo aparece el Conde en Len,  donde ha sido invitado para asistir
 las Cortes. La Reina quiere vengarse de l por haber dado muerte  su
hermano el Rey de Navarra; indcelo  encaminarse  Navarra para
desposarse con una Princesa del pas; pero apenas llega el Conde 
Pamplona, accediendo  su invitacin, cuando es encerrado en la crcel.
Sin caudillo entonces los castellanos, son oprimidos por sus enemigos
por todas partes; pero hacen una imagen del Conde de tamao natural, que
marcha  la cabeza del ejrcito, y  la cual juran solemnemente seguir
hasta la muerte. Basta la imagen del famoso capitn para infundir miedo
en los moros y dar la victoria  los castellanos. No hay despus
necesidad de libertarlo con violencia, porque, con ayuda de la Infanta
de Navarra, se ha evadido de su prisin, juntndose, sin contratiempo, 
sus leales sbditos, y desposndose en seguida con su libertadora. En el
acto tercero aparece el Conde de nuevo en Len para cumplir sus deberes.
Disputa con la Reina, y en castigo, es duramente aprisionado; su fiel
esposa viene otra vez en su auxilio, vistalo en la crcel, trueca con
l sus vestidos, y le facilita la huda, quedndose en su lugar. Fernn
Gonzlez, no creyndose en la obligacin de guardar ms tiempo fidelidad
 sus Reyes, vindose tan indignamente tratado, toma sin rebozo las
armas contra Len; vence  los leoneses, y, despus de abrazar  su
esposa, dicta  sus Reyes las condiciones de paz. El soberano de Len,
muchos aos antes, le haba comprado un bello corcel rabe, obligndose
 pagar el doble del precio por cada da que retardase la entrega. El
Conde pide, pues, el pago de esta suma atrasada,  el reconocimiento de
la completa independencia de Castilla; pero la suma es tan considerable,
que el reino entero de Len no es bastante para satisfacerla, y el
Monarca se ve en la necesidad de declarar que los Condes de Castilla,
sus antiguos sbditos, quedan libres de todo vasallaje, y sern, en
adelante, nicos seores de sus dominios.

_El casamiento en la muerte._ Jimena, hermana del rey Alfonso _el
Casto_, ha dado  luz del conde de Saldaa, con quien tena relaciones
ilcitas, un hijo llamado Bernardo del Carpio. El Rey, furioso con los
amores de su hermana, la obliga  refugiarse en un monasterio; encierra
al Conde en una obscura prisin, y educa al hijo en una absoluta
ignorancia de cules fueron sus padres. Bernardo se distingue entre
todos los mancebos en los ejercicios caballerescos, y en breve es el
caballero de ms fama por su valor y por su osada. Alfonso, puesto en
aprieto por los moros, pide ayuda al emperador Carlomagno, prometindole
en premio concederle por su auxilio una parte de su reino. Semejante
acuerdo mueve gran alboroto entre los nobles asturianos, y Bernardo, 
la cabeza de los revoltosos, obliga al Rey  revocar su promesa. En las
primeras escenas de la comedia los grandes expresan un sentimiento
nacional exasperado, y Bernardo lee el texto  su to. Los espectadores
son transportados despus  la corte de Carlomagno, en donde justamente
se celebra un suntuoso torneo con motivo del ventajoso tratado del
Emperador con D. Alonso, antes de emprender la expedicin  Espaa. Aqu
encontramos  Rolando,  Reinaldos y  los dems paladines, y asistimos
 los amores, tan renombrados en los romances, de Belerma y Durandarte.
Estas escenas son tan notables en su gnero como las primeras de la
comedia, y llenas de romntico deleite. De improviso, colrico y sin dar
signos de respeto, se presenta Bernardo en medio del saln, en donde se
halla Carlomagno rodeado de su brillante corte de damas y caballeros.
Llega sin ms ceremonia delante del Emperador, y le anuncia sin rodeos
que debe renunciar  la esperanza de poseer un solo palmo de tierra en
el suelo espaol. Su insolencia excita en los paladines general
sorpresa; pero Rolando dice que le place mucho la osada de Bernardo, y
que se alegrar de medir sus fuerzas con las de tan digno competidor en
la guerra que Carlos declara entonces  Alfonso. El acto segundo nos
ofrece el campo de batalla de Roncesvalles. Alfonso se ha unido con los
moros para impedir al comn enemigo el paso de los Pirineos. Bernardo es
el caudillo de todo el ejrcito, y sabe, mientras tanto, el secreto de
su nacimiento, obteniendo del Rey la promesa de dejar en libertad  su
padre si consigue la victoria. Comienza luego la batalla, en cuya
bellsima descripcin se aprovechan, cuando conviene, los romances
populares. Se ve  Durandarte moribundo, que encarga  un compaero de
armas que lleve su corazn  Belerma. La derrota es completa, y Rolando
sucumbe (segn la tradicin espaola)  manos de Bernardo. El tercer
acto comienza con un episodio, utilizando la leyenda titulada _La pea
de Francia_. Los moros emprenden por los Pirineos una expedicin
asoladora, devastando  incendiando cuanto encuentran. Entre otros
fugitivos aparece Deidn, caballero francs,  quien persigue una
partida enemiga. Trae consigo una imagen de la Santa Virgen que desea
salvar del poder de los infieles; cuando llegan sus perseguidores se
abre una pea, que guarda la sagrada imagen. Mdase en seguida la escena
 la corte de Alfonso _el Casto_, en donde se celebra tan gloriosa
victoria con una brillante fiesta. Bernardo pide la recompensa prometida
 sus hazaas, reclamando no slo la libertad de su padre, sino tambin
su casamiento con Jimena, para borrar su mancha de bastardo; pero el
ingrato Rey le contesta con palabras evasivas. Bernardo, aunque fuera de
s de dolor, no falta, sin embargo,  su lealtad en la comedia de Lope
(mientras que en los romances se declara en abierta rebelin), sino que
cavila en los medios de prestar  su to nuevos servicios, para
decidirlo al cumplimiento de su palabra. Cuando ms adelante libra 
Alfonso de grave peligro de muerte, se lisonjea de haber conseguido la
realizacin de su ms ardiente deseo: logra una sortija que ha de
servirle de seal para rescatar al conde de Saldaa; apresrase 
encaminarse con ella  la crcel; estrecha entre sus brazos  su padre,
 quien deseaba conocer tanto tiempo haca, y lo besa con ardor; pero
permanece en la ms absoluta inmovilidad, sin responder  sus
apasionadas caricias, y sus miembros parecen yertos  inflexibles.
Bernardo cae sollozando sobre su cadver, y llama  su madre, Jimena,
al reanimarse, para que trueque con el muerto su anillo nupcial. Esta
escena es la ltima de la comedia.

_Las doncellas de Simancas._ Mauregato, usurpador del trono de los Reyes
de Asturias, ha celebrado un pacto con los moros, con arreglo al cual ha
de entregar anualmente al Califa de Crdoba cien doncellas cristianas de
las ms hermosas. Este tributo llena de oprobio al pas, y muchos
vasallos se rebelan abiertamente contra el Rey, distinguindose, entre
ellos, Nuo Valds y el joven caballero Iigo Lpez. Nuo tiene dos
hermanas famosas por su belleza, y la mayor, llamada Leonor, es la
prometida de Iigo. Leonor se ha quejado en algunas ocasiones de la
vergenza, que recae sobre los espaoles en sufrir que se entreguen 
los infieles mujeres cristianas. De aqu que su amante, acompaado slo
de diez bravos caballeros, trate de libertar  las ltimas doncellas que
se han pagado  los moros; pero sucumbe al mayor nmero y cae prisionero
de Abdallah, hijo del Califa. Amenzale ste con la muerte en castigo de
su osada; pero le sorprende de tal manera el heroismo, que con este
motivo manifiesta el espaol, que acaba por concederle la vida y la
libertad. Iigo, lleno de agradecimiento hacia el noble moro, regresa
de su cautiverio; pero en el camino se le aparece de repente un
caballero con traje cristiano, en el cual reconoce  Abdallah con no
escasa extraeza suya. Cuntale ste que ha visto casualmente el retrato
de una cristiana de maravillosa belleza, inspirndole tal amor su sola
imagen, que no piensa reposar hasta que encuentre el original y lo
posea. Dice  Iigo que, en agradecimiento de la libertad que le ha
concedido, espera de l que le ayude  buscar  su amada, y  traerla 
sus brazos. Iigo le pide el retrato, y reconoce aterrado  su Leonor.
La lucha entre el amor y el deber de la gratitud es grande en su pecho;
pero no se resuelve  ceder su amada al infiel, y para impedirlo
indefectiblemente, se apresura  casarse con ella; declara en seguida 
Abdallah que ya no le debe favor alguno, y que vuelve  su poder
prisionero. Descontento Abdallah con tal contratiempo, persiste, sin
embargo, en su propsito de poseer  la bella Leonor, y acude con tal
propsito al rey Mauregato. Este, que es enemigo de Nuo, se apresta 
acceder  sus deseos; la casa de Nuo, en Simancas, es cercada por
hombres armados, y sus hijas, con otras cinco seoras de la ciudad, se
reservan para entregarlas  los moros. Desesperado Iigo, pide al cielo
y  la tierra que liberten  su esposa; excita al pueblo  tomar una
resolucin herica y  sacudir tan ignominioso yugo, aunque sin
conseguirlo,  causa del miedo que inspira el tirano. Las doncellas son,
pues, arrancadas de su pas; Leonor, sin embargo, la ms atrevida, las
exhorta con ardor  preferir la muerte  su deshonra, y trama despus un
plan temerario para libertarse, que se pone en ejecucin al punto. Las
prisioneras, aprovechando el momento en que sus guardianes no las
observan, se apoderan de sus armas y se refugian en una torre situada en
el camino, en la cual se fortifican. Cuando las exhortan  que se
rindan, aparecen en lo alto de la torre, y Leonor dice, en nombre de
todas, lo siguiente:

      Cuando firm esta afrenta Mauregato,

           *       *       *       *       *

    Fu condicin, en fin, fu ley, fu trato,

           *       *       *       *       *

    Que de hermosura y sanidad constasen
    Las vrgenes que al Moro se entregasen.

           *       *       *       *       *

    Sin salud, sin ornato, sin belleza,
    Triunfos ya del dolor ms lastimoso
    Despojos son del llanto y la tristeza.

y entonces ensean todas sus brazos izquierdos mutilados, puesto que se
han cortado las manos. Abdallah,  pesar de esto, se empea en lograr
su propsito; pero el pueblo,  las rdenes de Nuo, admirando tanto
heroismo, se revuelve espada en mano contra Mauregato, del cual obtienen
una ley, en cuya virtud la ciudad de Simancas quedar libre en lo
sucesivo de contribuir al tributo de las cien doncellas.

_Los Benavides._ Grandes altercados hay entre los nobles de Len acerca
de la tutela del joven rey Alfonso: Payo de Bivar, uno de los ms
poderosos, aunque lleno de orgullo, quiere arrebatarle sus bienes, 
insulta grosera  indignamente al anciano Mendo de Benavides, su
adversario. Mendo quiere vengar en seguida su afrenta, pero conoce que
sus dbiles fuerzas se lo impiden, y cede  la resistencia de los dems,
hasta que cae postrado en tierra y abandona quejoso la corte bajo el
peso de sus aos. Los grandes se conciertan despus hasta confiar la
tutela del Rey al conde Meln Gonzlez. El poeta nos lleva en seguida 
la casa solariega de los Benavides, y nos representa los inocentes
solaces de Sancho y de Sol, dos jvenes campesinos, que, si bien todava
casi nios, se profesan inclinacin amorosa. Esta escena es encantadora
y de las mejores de nuestro poeta. Pronto aparece Mendo, que cuenta  su
hija Clara su afrenta, en un discurso apasionado, reprochndole que an
no se haya desposado, y no tenga hijos que lo venguen. Clara le revela
un secreto hasta entonces oculto: aos anteriores haba llamado la
atencin del rey Bermudo, y recibido de l promesa de casamiento, que no
lleg  realizarse. Sancho y Sol son los frutos de estas relaciones,
quienes ignoran cules sean sus padres, habiendo sido criados hasta
entonces como si fueran dos vulgares aldeanos. Esta noticia reanima al
viejo Mendo; perdona la falta de su hija, y se congratula de tener un
nieto, que pueda encargarse de vengar la ofensa de su abuelo. Hace con
Sancho distintas pruebas para experimentar su valor; demustranlo todas,
y el anciano se regocija, no dudando ya de la osada de su nieto;
descbrele su nacimiento y la obligacin en que se halla por su
parentesco con un anciano sin honra; Sancho deplora la necesidad en que
se ve de renunciar al amor de Sol,  quien mira ya como  su hermana,
pero se alegra de saber que corre en sus venas noble sangre, y arde en
deseos de castigar al insolente Payo de Bivar. Mientras tanto surgen
nuevas disensiones en la corte por el orgullo de Payo; pero el joven Rey
comienza  ejercer su autoridad, y aleja al rebelde de su lado; ste se
ausenta murmurando y pensando en la venganza. Poco despus se aparece
Sancho, el cual, sin atender  la resistencia de los satlites del
Monarca, penetra hasta la antesala regia y pregunta bruscamente quin es
Payo de Bivar. La viveza y rstica obstinacin, con que se presenta,
agradan  los caballeros, y uno de ellos dice ser el ofensor de Mendo;
pero la broma termina en tragedia, porque Sancho acomete en seguida al
supuesto Payo, y lo tiende muerto  sus pies.--No nos es posible
extendernos ms en la exposicin del argumento de esta comedia, y nos
limitamos  extractar lo ms esencial. Sancho vive en el error de haber
realizado la venganza que se le encargara, y ejecuta otras hazaas: la
casualidad hace que salve la vida  Elvira, hermana de Payo, y que con
ella se encamine al castillo de su hermano. En l sabe que vive quien
crea muerto, y surge en su pecho una lucha terrible entre los deberes
que lo ligan  Mendo y su amor  Elvira; ste lo detiene algn tiempo
antes de resolverse  inquietar  Payo. Entre tanto el rencoroso Grande,
para vengarse del Rey, pide auxilio  los moros para atacar  Len. Un
enjambre de infieles sorprende entonces al Monarca, que viajaba,
mientras descansa de las fatigas del camino, vindose abandonado de
todos sus servidores; ya se lo llevan los enemigos, cuando se presenta
Sancho, lo salva, y lo conduce en sus brazos con peligro de su vida. En
este intermedio se manda  Payo de real orden que concurra  un combate
singular y solemne con Mendo,  con quien lo represente. Mendo, lleno de
ansiedad, y desconfiando de sus propias fuerzas para la lid, pone todas
sus esperanzas en su nieto; pero como no se presenta en el momento
decisivo, se decide  pelear y hace sucumbir  su enemigo. Poco despus
llega la noticia de la prisin del Rey; promuvese grande alboroto entre
los grandes, hasta que Sancho aparece con el Monarca; todos celebran su
hazaa, y no slo es recompensado por Alfonso con ricas posesiones, sino
que lo reconoce como  hermano. El casamiento de Sancho con Elvira
termina al fin las antiguas querellas entre las dos casas de Bivar y de
Benavides.

_El Prncipe despeado._ Dos partidos disputan en la corte de Navarra
despus de la muerte del rey Garca: uno, el de D. Sancho, hermano del
muerto, que pretende sucederle, y otro, el que defiende los derechos de
su hijo, an no nacido. A su cabeza se hallan los hermanos Guevara,
sosteniendo D. Martn las pretensiones de D. Sancho, y D. Ramn los
derechos del Prncipe, cuyo nacimiento se espera. Este ltimo se ve
obligado  ceder; acusa el egosmo de su hermano y de todos sus
parientes; profetzales que la Providencia castigar su injusticia, y
abandona la corte, retirndose  un paraje solitario. D. Sancho es
proclamado Rey, y premia  D. Martn concedindole honores y dignidades
de toda especie. Doa Elvira, la Reina, que se halla en cinta del
Prncipe pstumo, protesta de aquella resolucin ante su cuado y los
vasallos de la Corona, reservndose usar de los derechos que asisten 
su hijo, sin que se le atienda en lo ms mnimo; poco despus se le
avisa con sigilo que se ha formado el propsito de asesinarla, por cuyo
motivo se decide  huir. En una de las escenas siguientes aparece en
spera montaa, por donde va sollozando, cuando siente que se aproxima
el momento del parto, obligndola  buscar un lugar de refugio.
Transprtanos luego el poeta al prximo castillo de Doa Blanca, esposa
de D. Martn; llega  l un campesino y dice que en las cercanas se ha
visto  una seora desdichada,  quien atormentaban los dolores del
parto; mandan buscarla, y pronto regresa un criado con el Prncipe
recin nacido, y cuenta que la madre del nio, al oir el nombre de la
esposa de D. Martn, se ha ocultado en lo ms espeso del monte. Blanca
adopta al Infante, de cuya noble prosapia nada sabe, y lo trata como si
fuera su propio hijo. Poco antes de celebrarse el Bautismo, se presenta
D. Sancho, que cazaba en las inmediaciones,  hacer una visita al
castillo, y se presta  ser el padrino del nio. Pero el Rey, al
contemplar  Doa Blanca, siente arder en su pecho violenta pasin, y
para satisfacerla, toma la indigna resolucin de nombrar  D. Martn
general del ejrcito para seducir en su ausencia  Doa Blanca. D.
Martn, no sospechando nada, accede  los deseos del Rey, el cual,
sobornando  los criados, se introduce la noche siguiente en el
dormitorio de Doa Blanca. La esposa de D. Martn, sorprendida de la
osada del seductor, le reprocha colrica la infamia de su conducta y su
ingratitud para con su esposo; pero D. Sancho est decidido  poseerla 
todo trance, aunque sea empleando la violencia. El poeta hace entonces
caer el teln. En el acto siguiente vuelve D. Martn de la guerra.
Apresrase  llegar  su castillo, y encuentra sus muros vestidos de
negro crespn; Blanca se le presenta tambin con traje de luto: cuntale
su deshonra; desenvaina el pual que llevaba en su cinto para
atravesarse el corazn, y cae en tierra desmayada antes de realizar su
propsito; D. Martn jura tomar de su afrenta tremenda venganza,
ponindola en obra sin demora, cuando oye que el Rey caza otra vez en
las cercanas. Cambia entonces la escena, representando una agreste
montaa. D. Ramn, que como la Reina, vive h largo tiempo en la
soledad, atraviesa fugitivo el teatro, cubierto con pieles de fiera, y
tras l D. Martn vibrando su venablo de caza. Despus que se reconocen
ambos hermanos, acuerdan que D. Ramn atraiga al Rey  una escarpada
pea, y que D. Martn lo precipite desde ella en el abismo. El plan se
realiza en toda su extensin: D. Sancho es lanzado desde la enhiesta
pea, y D. Martn hace creer  los caballeros, que corren de todas
partes, que el Rey se ha precipitado vctima de su imprevisin. La
escena es de nuevo en el castillo: traen  l el cadver mutilado del
Rey, y en su presencia se descubre la inocencia de Doa Blanca. Aparece
al fin la Reina,  la cual se ha mandado buscar, y se rinde homenaje 
su hijo como al sucesor legtimo del trono.




CAPTULO XIII.

     _La inocente sangre._--_La juda de Toledo._--_Los novios de
     Hornachuelos._--_Peribez y el comendador de Ocaa._--_Los
     comendadores de Crdoba y Fuente-Ovejuna._--_El Hidalgo
     abencerraje._--_La envidia de la nobleza y el cerco de Santa
     Fe._--_Las cuentas del Gran capitn._--_El Nuevo Mundo
     descubierto_, y algunas otras.


Otra es la ndole de las comedias, cuya accin se supone ocurrir en los
ltimos perodos de la Edad Media en Espaa. Con la misma verdad con que
en las anteriores se describen sus costumbres sencillas, con igual
grandiosidad y energa se retratan en stas los personajes ms sombros
de una poca de degeneracin y de desorden. La tirana de los Reyes; la
repugnante hipocresa de los cortesanos; la criminal ambicin de la
nobleza y su obstinado empeo de debilitar el poder real; el despotismo
de los infanzones, ricos-hombres  hidalgos con sus sbditos; las
discordias civiles, que desgarran el seno del pas, todo esto se pinta
en ellas magistral y claramente. Formmonos as una idea tan exacta como
triste de la anarqua de los siglos medios, que destroz  todos los
pueblos de Europa, y  Espaa ms que  los restantes de ella, de las
usurpaciones, barbarie y ferocidad de los potentados; de la poca, en
fin, deplorable, en que las leyes eran demasiado dbiles para proteger
al inocente, y en que hasta la justicia se vi forzada  revestirse de
formas despticas, y de aqu tambin el agradable contraste que en este
fondo sombro nos ofrecen los rasgos aislados de rectitud y grandeza de
alma, y las escenas rsticamente sencillas  infantiles, que traza el
poeta cediendo  la fecundidad singular de su ingenio. Tales son las
siguientes:

_La campana de Aragn_, cuyo argumento pinta enrgicamente la lucha
entre la nobleza aragonesa y el poder real, que al fin deja caer su roto
cetro sobre sus inquietos vasallos.

_La inocente sangre._ Al empezar el reinado de Fernando IV tuvo que
luchar este Rey con un partido contrario, que intentaba ceir la corona
en las sienes de su to Alfonso. El primer acto describe esta contienda.
Debise  los esfuerzos de la herica reina Doa Mara, su madre, el
reconciliar  los enemigos y obligar  D. Alfonso  renunciar  sus
pretensiones. En la parcialidad favorable al Rey se haban distinguido
particularmente los dos hermanos Carvajales. Estos, por su conducta algo
orgullosa, se haban enemistado con otros caballeros, y en especial con
uno llamado D. Ramiro. La animosidad de D. Ramiro contra D. Juan de
Carvajal creci mucho de punto por ser ste su rival en los amores de
una bella dama, denominada Doa Ana. Con motivo de las fiestas
celebradas en Burgos para solemnizar el restablecimiento de la
tranquilidad pblica, es asesinado en medio del bullicio un favorito del
Rey, llamado Benavides. D. Fernando, que sinti amargamente la muerte de
su amigo, hace todo linaje de ofrecimientos para descubrir al asesino, y
D. Ramiro aprovecha la ocasin de satisfacer su sed de venganza,
acusando con testigos falsos  los hermanos Carvajales como  autores
del delito. El Rey da fcil crdito  esta acusacin,  la cual
favorecen otras circunstancias falaces, y condena  muerte  los dos
nobles hermanos, inocentes de toda culpa. Intiles son los ruegos que,
por salvarlos, hacen al soberano los grandes ms influyentes del reino,
y vanos tambin los de Doa Ana, que se arroja  sus pies sollozando.
Los Carvajales son llevados  una empinada pea y precipitados desde
ella en un abismo; pero antes de dar tan mortal salto emplazan
solemnemente al regio juez y  sus acusadores ante el tribunal de Dios
en un plazo determinado. Doa Ana se arroja silenciosa y traspasada de
dolor sobre el cadver despedazado de su caro D. Juan, y se aleja, al
fin, desesperada para buscar la muerte en las desiertas montaas. En la
ltima escena se nos presenta el Rey, presa en un instante de rigidez
convulsiva, como si lo hubiese herido la justicia divina, embargado por
un terror sombro, mientras se oye una voz que entona el siguiente
canto:

      Los que en la tierra juzgis,
    Mirad que los inocentes
    Estn  cargo de Dios,
    Que siempre por ellos vuelve.
      No os ciegue pasin ni amor;
    Juzgad jurdicamente;
    Que quien castiga sin culpa,
    A Dios la piedad ofende.

Un mensajero anuncia la muerte del falso acusador Ramiro, y poco despus
espira tambin el Rey, para responder al emplazamiento de los
Carvajales, que lo citaron ante el tribunal de Dios.

_La juda de Toledo._ Al principiar la comedia se describen las luchas
de partido entre los Castros y los Laras, que desgarraron  Espaa al
comenzar el reinado de D. Alfonso VIII. Mientras ocurren estas
revueltas, hace el Rey su entrada en Toledo con su esposa Doa Leonor,
hija de Enrique de Inglaterra. Manifistale grande amor, y acuerda con
ella hacer una visita  los famosos jardines de Galiana. Despus aparece
la bella juda Raquel, que ha presenciado la entrada del Rey, y que cree
haber observado que la miraba con predileccin. Va despus  baarse 
un lugar alejado  orillas del Tajo. La casualidad lleva al Rey  este
mismo paraje, y ve oculto  la juda, y siente, al contemplar sus
gracias, la ms violenta pasin. Encarga  su favorito Garcern que le
diga de su parte que desea hablarle; ste hace ver al Rey la
inconveniencia de su amor; pero obligado  obedecerlo, lleva  Raquel al
real palacio. La Reina, mientras tanto, est intranquila por la ausencia
de su esposo, y se sienta  escribirle. El Rey viene entonces, oye las
reconvenciones que pensaba hacerle por escrito,  intenta calmarla con
mil protestas de su amor. Pero la inclinacin de Alfonso  la bella
juda es tan poderosa, que no slo lo fuerza  quebrantar sus mejores
resoluciones, sino  descuidar los asuntos del reino. Encamnase, pues,
de nuevo  visitar  Raquel, para la cual ha mandado preparar
lujosamente un palacio con jardines. Al llegar al dintel de la puerta,
oye triste canto, y una aparicin que dice ser enviada de Dios; le
aconseja que no entre, pero su pasin lo arrastra  desobedecerla. La
Reina convoca  los grandes ms influyentes  su palacio, y cuando
vienen, se presenta vestida de duelo, trayendo en sus brazos al joven
infante D. Enrique, les descubre su afrenta y los peligros que amenazan
al trono y  la fe; y por ltimo, los excita  dar muerte  Raquel. Esta
nueva produce gran conmocin en los grandes, que juran cumplir los
deseos de la Reina. La escena inmediata nos ofrece  Alfonso y  Raquel,
que se divierten pescando en el Tajo. Conciertan que los pescados que
saque el Rey sean para Raquel, y los de ella para el Rey. Alfonso pesca
la cabeza de un nio muerto, y Raquel una rama de oliva, por cuyo
hallazgo retornan al palacio llenos de sombros presentimientos. Apenas
llega Raquel  su habitacin, cuando sabe los proyectos formados contra
su vida; pero el aviso es ya tardo, porque llegan los conjurados y
matan  ella y  su hermana. Alfonso tiene noticia de su muerte, y
expresa en un apasionado monlogo su dolor, su amor violento y su sed de
venganza. Entonces aparece un ngel, que, al son de la msica, reprueba
sus proyectos vindicativos, y le amenaza con la clera del cielo si
persiste en realizarlos. Alfonso cae de rodillas, presa del
arrepentimiento, y se dirige  una iglesia, en donde encuentra una
imagen maravillosa de la Virgen. En esta iglesia ocurren las ltimas
escenas de la comedia. El Rey y la Reina yacen de rodillas  pocos pasos
uno de otra, sin conocerse, puesto que slo alumbra al templo la escasa
luz de algunas lmparas; sus oraciones, sin embargo, expresan anlogos
sentimientos. Al fin se reconocen; el Rey confiesa su extravo, pide
perdn  su esposa, y toda la corte celebra con suntuosas fiestas la
reconciliacin del regio matrimonio.

_Los novios de Hornachuelos_ describen las humillaciones, que el rey D.
Enrique III hace sufrir  un orgulloso rico-hombre de Extremadura,
llamado Melndez. La escena ms notable es aqulla, en que el Rey
penetra disfrazado en la habitacin de su insolente vasallo para
castigar su orgullo. Cierra las puertas, y se presenta cubierto 
Melndez, el cual, aun sin conocerlo, cae en tierra como agobiado por el
solo poder de la majestad real. El Rey:

      El enfermo rey Enrique,
    Tercero en los castellanos,
    Hijo del primer Don Juan,
    A quien mat su caballo,
    Comenz, Lope Melndez,
    A reinar de catorce aos,
    Porque entonces los tutores
    Del reino le habilitaron.
    Por Rey natural Castilla
    Le veneraba, no tanto,
    Que la edad  los descuidos
    No les concediese mano:
    Con la enfermedad tambin
    Ms le desacreditaron
    En la omisin al respeto
    Inobedientes vasallos.
    El Rey, bien entretenido,
    Pero mal aconsejado,
    En la caza diverta
    Atenciones  los cargos.
    Dormido el gobierno entonces,
    La justicia  los agravios
    De los humildes serva,
    Ms que de asombro, de aplauso.
    Furonle, amigos fieles
    Los das, avisos dando;
    Que en veinte aos nunca han sido
    Prodigios los desengaos.
    Volvi  Burgos una noche
    De los montes, ms cansado
    Que gustoso; cenar quiso;
    Y ninguna cosa hallando
    Al despensero llam,
    Y preguntle enojado
    Qu era la ocasin. l dijo:
    "Seor, no ha entrado en palacio
    Hoy un solo real; y en la corte
    Estis de crdito falto,
    Y no hay nadie que les fe
    A vos ni  vuestros criados."
    Quitse entonces el Rey
    Un balandrn, que de pao
    Traa, y al despensero
    Se le di para empearlo.
    Una espalda de carnero
    Le trujo... En qu humilde estado
    Se vi el Rey! Comila al fin,
    Porque en semejantes casos,
    Hacer valor del defecto
    Siempre es de pechos bizarros.
    Djole, estando  la mesa,
    El despensero: "Entre tanto
    Que vos, seor, cenis esto,
    Con ms costoso aparato
    Los grandes de vuestro reino
    Estn alegres, cenando
    De otra suerte, en casa del Duque
    De Benavente, tiranos
    Siendo de las rentas vuestras
    Y del reino, que os dejaron
    Slo para vos, Enrique,
    Vuestros ascendientes claros."
    Tom el Rey capa y espada
    Para salir de este engao,
    Y en el banquete se hall
    Valeroso y recatado,
    Y escuch tras de un cancel,
    Con arrogantes desgarros,
    Todo lo que cada cual
    Refera, que usurpado
    Al patrimonio del Rey
    Gozaba, con el descanso
    Que pocos aos de Enrique
    Aseguraban  tantos.
    Public Enrique  otro da
    Que estaba enfermo, y tan malo
    En la cama de repente
    De su accidente ordinario,
    Que hacer testamento le era
    Forzoso, para dejarlos
    El gobierno de Castilla
    En los hombros. No faltaron
    En el palacio de Burgos
    Apenas uno de cuantos
    En cas del Duque la gula
    Tuvo juntos, esperando
    Que orden para entrar les diesen;
    Cuando de un arns armado,
    Luciente espejo del sol,
    Con un estoque en la mano,
    Entr por la cuadra Enrique
    Dando asombros como rayos.
    Temblando y suspensos todos,
    Con las rodillas besaron
    La tierra, y sentse el Rey
    En su silla de respaldo,
    Y al condestable Rui Lpez
    Vuelto con semblante airado,
    Le pregunt: "Cuntos reyes
    Hay en Castilla?" El, mirando
    Con temeroso respeto
    Dos basiliscos humanos
    En el Rey por ojos, dijo:
    "Seor, yo soy entre tantos
    El ms viejo, y en Castilla
    Con vos, seor soberano,
    Desde Enrique, vuestro abuelo,
    Con vuestro padre gallardo,
    Tres Reyes he conocido.
    --Pues yo tengo menos aos,
    Replic Enrique, y conozco
    Aqu ms de veinte y cuatro."
    Entonces cuatro verdugos
    Con cuatro espadas entraron,
    Y el Rey dijo: "Hacedme Rey
    En Castilla, derribando
    Estas rebeldes cabezas
    De estos monstruos castellanos,
    Que atrevidos ponen montes
    Sobre montes, escalando
    El cielo de mi grandeza,
    El sol, de quien soy retrato,
    Y sobre todos fulminen
    Rayos de acero esos brazos."
    Lgrimas y rendimientos
    Airado  Enrique aplacaron,
    Que  los Reyes, como  Dios,
    Tambin les obliga el llanto.
    Con esto restituyeron
    Cuanto en Castilla, en agravio
    Del Rey, los grandes tenan;
    Y dos meses encerrados
    En el castillo los tuvo,
    Y desde entonces vasallo
    No le ha perdido el respeto,
    Sino sois vos, que tirano
    De Extremadura, pensis,
    Lope Melndez, que estando
    En cama Enrique, no tiene
    Valor para castigaros;
    Respondiendo  cartas suyas
    Con tan grande desacato,
    Que le obligis que en persona
    El castigo venga  daros
    Que merecis, porque sirva
    De temor  los contrarios,
    De ejemplo  todos los Reyes,
    De escarmiento  los vasallos.
    Lope Melndez, yo soy

     _(Levntase de la silla y empua el Rey la espada, y Lope se quita
     el sombrero.)_

    Enrique; solos estamos:
    Sacad la espada, que quiero
    Saber de m  vos, estando
    En vuestra casa, y los dos
    En este cuarto encerrados,
    Quin en Castilla merece
    Por el valor heredado
    Ser Rey,  vasallo lobo
    En Extremadura. Mostraos
    Soberbio agora conmigo
    Y valeroso, pues tanto
    Desgarris en mis ausencias.
    Venid, que tengo muy sano
    El corazn, aunque enfermo
    El cuerpo, y que est brotando
    Sangre espaola, de aquellos
    Descendientes de Pelayo.

     LOPE (_de rodillas_).

    Seor, no ms: vuestra vista,
    Sin conoceros, da espanto.
    Loco he estado, ciego anduve.
    Perdn, seor! Si obligaros
    Con llanto y con rendimiento
    Puedo, como  Dios, cruzados
    Tenis mis brazos, mi acero
    A vuestros pies, y mis labios.

_(Eche la espada  las pies del Rey y ponga la boca en el suelo, y
Enrique le ponga el pie en la cabeza.)_

     REY.

    Lope Melndez, ans
    Se humillan cuellos bizarros
    De vasallos tan soberbios.

Esta escena admirable ha sido imitada por Moreto en su famoso _Valiente
justiciero_[2].

_Peribez y el comendador de Ocaa_, _Los comendadores de Crdoba_ y
_Fuente-Ovejuna_, son tres dramas de asuntos anlogos, en cuanto los
tres tienen por objeto representar la tirana y los abusos de los
comendadores de las Ordenes militares. Es difcil decidirse por
cualquiera de ellos en detrimento de los otros, puesto que los tres, sin
gnero alguno de duda, son de los ms notables que existen, y han de
enumerarse entre las ms preciadas joyas de la corona del gran poeta.
_Peribez y el comendador de Ocaa_ comienza con la descripcin de las
nupcias, que celebra el labrador Peribez con la bella Casilda. Estas
fiestas, juegos y cantos son de repente interrumpidos por lamentos, que
se oyen detrs de la escena, y pronto la invade una multitud de gente
del comendador de Ocaa, que, habiendo querido hacer gala de su destreza
en una corrida de toros en las inmediaciones, se ha cado con su
caballo, y est casi moribundo. Peribez acoge en su casa al herido, y
le prodiga los ms afectuosos cuidados. La dicha domstica de los recin
casados, la rstica inocencia de su vida, son retratadas con los colores
ms bellos de la poesa. El comendador, que se restablece poco  poco,
comienza  sentir cierta grata inclinacin hacia su bella huspeda,
siendo tratado por ella con la ms sincera amistad. Al despedirse hcele
ricos regalos, que son recibidos con gratitud. Las escenas siguientes
nos transportan  Toledo, en donde se celebra una fiesta en loor de un
santo. Encuntrase en ella Peribez con su esposa y otros muchos
labradores. El comendador aprovecha esta ocasin de acercarse  ella,
pero es rechazado con desprecio, sospechando ya sus propsitos; su
desdn acrece el amor del comendador, inducindolo  disfrazar uno de
sus criados para entrar como segador al servicio de Peribez, y
facilitar  su amo la entrada en su casa. El esposo de Casilda permanece
algn tiempo en Toledo ocupado en sus negocios, y mientras tanto atiende
ella  todos los quehaceres propios de su estado: se la ve al obscurecer
cantando al frente de los segadores  su regreso, rezar despus las
oraciones y retirarse  su dormitorio. El servidor disfrazado del
comendador bebe con los dems compaeros, hasta que caen en tierra
embriagados. Penetra en la casa el comendador, pero encuentra bien
cerrado el dormitorio de Casilda; y cuando bajo sus ventanas se esfuerza
despus en ablandarla con las frases ms tiernas, aparece ella en la
reja de improviso, grita  los prximos durmientes que ya es tarde, y
despide al comendador,  quien finge no conocer, hablndole unas veces
como de burlas y otras como de veras. Al da siguiente vuelve Peribez:
ha visto en Toledo en el taller de un pintor un retrato de su Casilda,
hecho, segn averigua, por orden del comendador, aunque ignorndolo la
retratada. Despirtanse entonces sus recelos en el ms alto grado: su
sombro silencio y su mal humor asustan  su esposa y  todos sus
amigos; en todas las palabras que oye, y en los sucesos ms comunes,
cree observar pruebas que corroboren sus sospechas. El comendador,
mientras tanto, no renuncia  la esperanza de lograr sus deseos  fuerza
de constancia: ha recibido una orden del Rey mandndole formar un
destacamento de sus sbditos, que ha de reunirse con un ejrcito
numeroso, organizado contra los moros, y resuelve nombrar su capitn al
esposo de Casilda. Ya entonces no duda Peribez del peligro que amenaza
 su honra, ni en ejecutar el proyecto, que ha concebido por esta causa.
No es posible esquivar la orden del comendador. Sale, pues, al frente
del destacamento, y promete solemnemente, delante del comendador, al
ceirle la espada, que la emplear en defensa de su honor. Esta escena,
en que el esposo ofendido recibe sus armas de manos de su mismo ofensor,
para arrancarle con ellas la vida, es de primer orden: l, amenazado en
su honra, anuncia claramente su propsito, pero el ciego comendador nada
sospecha. Peribez emprende su marcha con los soldados, pero apenas
llega al primer paraje, en donde ha de pernoctar, cuando se apresura 
regresar  su aldea, y por una puerta excusada se desliza en su casa y
se oculta. Oye al poco tiempo ruido de pasos: son del comendador, que,
como antes, ha encontrado medio de llegar hasta la habitacin de
Casilda. El esposo oculto se detiene un momento para averiguar la
culpabilidad  la inocencia de su esposa; convencido, al fin, de la
ltima, sale de su escondrijo y mata al indigno enemigo de su honra. La
ltima escena es en la corte de Enrique III. Noticioso el Rey de la
muerte del comendador de Ocaa, manda castigar severamente al matador:
presntase entonces Peribez; expone los motivos que tuvo para dar
muerte  su ofensor, y sostiene que se ha visto obligado  hacerlo en
defensa de su honor, sometindose al fallo de su justicia, si es
culpable. El Rey, enterado de la verdad del suceso, aprueba su accin, y
nombra  Peribez capitn de los soldados, que se han alistado de orden
del comendador. As termina esta comedia, notable en todos conceptos,
origen indudable, en muchos de sus rasgos, de la clebre de Rojas
titulada _Del Rey abajo ninguno_, aunque los fundamentos de la fbula
sean en sta diversos.

_Fuente-Ovejuna_ es un drama basado en un acontecimiento verdadero
(vase el cap. 38 de _La Crnica de la Orden de Calatrava_ de Francisco
de Rades y Andrade), que fu imitado ms tarde con fortuna por Cristbal
de Monroy, ocurrido en la guerra civil, que desgarr  Castilla despus
de la muerte de Enrique IV, y que concluye ofrecindonos  la vista, con
sus consoladoras esperanzas, el recuerdo de Fernando  Isabel, enrgico
 un tiempo y grato[3].

Desde esta poca comienza una nueva serie de dramas, llenos de vigorosa
poesa, para celebrar el naciente brillo de la monarqua universal
espaola. En _El mejor mozo de Espaa_ leemos la romntica descripcin
del viaje de Fernando  Valladolid (ajustado  lo referido en la crnica
de Alfonso de Palencia, y por Zurita, en el cap. 26 del lib. XVIII).
Slo existe la primera parte, que sin formar un todo perfecto, nos
ofrece, sin embargo, una serie de cuadros bellsimos de la historia de
Espaa. Somos transportados  los ltimos aos del reinado de Enrique
IV, tan funestos para la monarqua espaola. Las primeras escenas nos
muestran  la joven Isabel en su pacfico retiro, ocupada en hilar y en
otros quehaceres de su sexo. Espaa se le presenta en sueos, yaciendo
en tierra, vestida de duelo, quejndose de sus desdichas, y anuncindole
que ella es la elegida para poner trmino  los infinitos males que la
afligen. Poco despus llega la noticia de la muerte de su hermano
Alfonso, que le abre el camino para llegar al trono legalmente, en caso
de fallecer D. Enrique, puesto que las Cortes han declarado ilegtima 
la infanta Doa Juana. El Rey convoca las Cortes para jurar por Reina 
Isabel, y pide  sta, movido de sus singulares caprichos, que no
contraiga matrimonio mientras l viva. La Princesa accede al principio 
los deseos del Rey, pero los grandes le demuestran con empeo, que, para
atender  la dicha de su pueblo, debe elegir esposo. Envanse entonces
embajadas  varios Prncipes, para tomar entre ellos esposo; pero
ninguno corresponde  los deseos de los grandes, ni posee las prendas
que Isabel exige. Estas escenas de las condiciones del futuro cnyuge de
la Infanta, estn llenas de rasgos caractersticos del mayor ingenio. El
Rey sabe, mientras tanto, que no se le obedece,  Isabel se ve forzada 
sustraerse  los arrebatos de su ira. Diversos presentimientos y
presagios, que ella interpreta como avisos del cielo, llaman su atencin
hacia Fernando de Aragn. La escena se muda  la corte de Zaragoza, en
donde el infante Fernando presiente tambin su dicha futura por diversas
seales. El Prncipe, que apenas ha salido de la infancia, se solaza
justamente en un baile cuando llega la embajada de Castilla. Hllase
tambin dispuesto  buscar esposa; pero como el rey Enrique, para
impedirle la entrada en Castilla, ha acordonado con tropas la frontera,
se ve en la necesidad de emprender su expedicin en secreto y
disfrazado: vstese, pues, de mozo de mulas, y los caballeros de su
servidumbre fingen ser sus amos. El viaje, con sus peligros y varios
sucesos, se representa en el teatro en sus diversas jornadas,
mostrndose en ellas el Prncipe, por su viveza y edad casi infantil, de
la manera ms favorable. Isabel se disfraza de labradora para salirle al
encuentro. Ya en camino, se ve expuesta en distintas ocasiones  ser
conocida de los centinelas y de su mismo hermano; pero los engaa 
todos, y llega felizmente al trmino de su viaje. Celbranse las bodas
de los dos Prncipes disfrazados, y al acabarse la primera parte de la
comedia aparece Espaa triunfante, no con vestidos de duelo, hollando
bajo sus plantas  sus enemigos, y profetiza las glorias del reinado de
Fernando y de Isabel.

En _El Hidalgo abencerraje_ se nos presenta Granada en todo su
esplendor, aunque caminando ya hacia su ocaso; en _La envidia de la
nobleza_, la muerte de los nobles abencerrajes por los traidores
zegres; finalmente, en _El cerco de Santa Fe_, la famosa lucha trabada
ante el ltimo baluarte de la morisma, en que tomaron parte activa los
dos Monarcas espaoles y los ms nobles caballeros del reino, y como su
personificacin  centro, las hazaas casi fabulosas[4] de Hernn Prez
del Pulgar, cuyo valor temerario corra parejas con su ardiente celo
religioso.

La comedia comienza en el campamento cristiano de Granada. La reina
Isabel pasa revista al ejrcito, y premia  los ms valientes
caballeros; el entusiasmo y ardor blico de los adalides espaoles se
pinta con los colores ms vivos. La escena cambia entonces,
representando lo interior de la ciudad sitiada. El moro Tarfe promete 
su amada Alisa depositar  sus pies las cabezas de los tres campeones
cristianos ms famosos,  saber, de Gonzalo de Crdoba, del conde de
Cabra y de D. Martn de Bohorques. Ella no atribuye gran precio  este
don, y slo desea alejar  su amante, porque ama  Celimo, que no le
corresponde por la amistad que lo une  Tarfe. Este acomete, en efecto,
su arriesgada hazaa, pero es herido delante de las puertas, y observa
con dolor que los caballeros cristianos han clavado en una de ellas con
sus puales un cartel de desafo. A su vuelta  la ciudad es agobiado
por las reconvenciones de su amada  causa de su cobarda. Promtele
entonces, para borrar su afrenta, clavar en la misma tienda de Isabel
una cinta recibida de ella. Alisa en persona ha de asistir  esta
hazaa, y, disfrazada de aguadora, ha de salir de la ciudad bajo la
proteccin de Celimo. El moro lleva  cabo su temeraria empresa; pero
Alisa cae prisionera del conde de Cabra, el cual cumple de este modo una
promesa hecha  la Reina. Cuando se descubre la cinta clavada en la
tienda de Isabel, se promueve grande alboroto en el campamento
cristiano. Hernn Prez del Pulgar hace voto de no descansar hasta que,
en castigo de tamao desacato, clave el Ave Mara en la mezquita de
Granada, voto que cumple, en efecto, al pie de la letra. Penetra de
noche hasta el centro de la ciudad enemiga, y despus de realizar su
propsito, regresa ileso  Santa Fe. Al da siguiente observan los moros
admirados el _palladium_ de los cristianos en la puerta de la mezquita,
y Tarfe jura vengar esta afrenta infiriendo otra mayor  sus enemigos.
Al comenzar el ltimo acto cuenta Garcilaso al Rey, llegado al
campamento hace poco, las temerarias hazaas ejecutadas los das
anteriores; aparecen tambin varios caballeros, que depositan  los pies
de sus soberanos los trofeos de sus victorias. Anuncia  la sazn un
servidor, que Tarfe se encamina hacia el campamento trayendo el Ave
Mara en la cola de su caballo. Este sacrilegio excita universal
indignacin; el Rey quiere salir en persona para castigar al insolente
criminal; pero el joven Garcilaso consigue la gracia de pelear con l en
vez del Rey, y reviste, al efecto, sus armas invocando antes  la
Virgen. En una escena intermedia se presentan la Espaa y la Fama para
ensalzar los nombres de Garcilaso y de Fernando. El combate entre
Garcilaso y Tarfe, en que ste sucumbe, termina la comedia. Verdad es,
que, rigurosamente hablando, no hay unidad en la accin, puesto que slo
nos ofrece una serie de hechos y sucesos, enlazados  uno de los
acontecimientos ms gloriosos de la historia de Espaa; la unin de las
escenas entre s es muy escasa, como consta particularmente del extracto
hecho de ellas; pero quien lee la comedia, recuerda el verdadero estilo
homrico en estos cuadros animados de la lucha entablada bajo los muros
de Granada.

El hroe celebrrimo de esta guerra, el Gran Capitn, es tambin el
protagonista de otro drama titulado _Las cuentas del Gran Capitn_, cuya
copia es, sin duda, la de igual ttulo de Caizares. Entre sus escenas
se distingue una incomparable, en que Gonzalo da sus descargos al
requerrsele por el Rey que rinda cuentas de las sumas que se le han
entregado. Se ve sentado en una mesa al tesorero del Rey con recado de
escribir, presentndose Gonzalo y su compaero el bravo Garca de
Paredes.

    CONTADOR.

    Y stos los libros: aqu
    Se siente vuestra Excelencia.

    GARCA.

    Y aqu he de tener paciencia:
    Papelejos? Pesia  m.

     *       *       *       *       *

     *       *       *       *       *

    El duque de Sesa cielos!
    Con tanta sangre y desvelos?
    Y qu la fama escribi
    Por tan extraos caminos
    Su historia en libros de cuentas,
    Y no con plumas atentas
    En sus anales divinos?

     *       *       *       *       *

    CONTADOR.

    De seis mil escudos de oro
    Que en Valladolid le dieron;
    Otros diez mil en Madrid,
    Y veinte mil en Toledo
    A Npoles se enviaron.

           *       *       *       *       *

    GRAN CAPITN.

    Seor Contador, dejemos
    Partidas de diez y veinte;
    No hay suma?

     *       *       *       *       *

    CONTADOR.

    Suman los cargos doscientos
    Y sesenta mil escudos.

    GRAN CAPITN.

    No ms? Es poco. No creo
    Que tal reino en todo el mundo
    Se haya ganado con menos.

    GARCA.

    Yo se lo voto  los diablos:
    Y que sustento y dinero
    se quitaba  cuchilladas.

     *       *       *       *       *

    GRAN CAPITN.

    Tambin traigo yo papel:
    Vayan, vayan escribiendo.

     *       *       *       *       *

    Memoria de lo que tengo
    Gastado en esta conquista,
    Que me cuesta sangre y sueo,
    Y algunas canas tambin.

     *       *       *       *       *

    Primeramente se dieron
    A espas ciento y sesenta
    Mil ducados.

    CONTADOR.

                Santos cielos!

    GRAN CAPITN.

    Qu? Os espantis? Bien parece
    Que sois en la guerra nuevo.
    Ms: cuarenta mil ducados
    De misas.

    CONTADOR.

              Pues  qu efecto?

    GRAN CAPITN.

    A efecto de que sin Dios
    No puede haber buen suceso.

    CONTADOR.

    Al paso desto
    Yo aseguro que le alcance.

    GRAN CAPITN.

    Como se va el Rey huyendo
    De tantas obligaciones,
    Quiero alcanzarle...
    Ms: ochenta mil ducados
    De plvora.

    CONTADOR.

                Ya podemos
    Dejar la cuenta.

    GARCA.

                    Bien hacen:
    Temerosos son del fuego.

    GRAN CAPITN.

    Escuchen por vida ma,
    Ms: veinte mil y quinientos
    Y sesenta y tres ducados,
    Y cuatro reales y medio,
    Que pagu  postas de cartas.

    CONTADOR.

    Jess!

    GRAN CAPITN.

            Y en correos
    Que llevaban cada da
    A Espaa infinitos pliegos.

    GARCA.

    Vive Dios, que se le olvidan
    Ms de doce mil que fueron
    A Granada, y  otras partes;
    Y aun era tan recio el tiempo,
    Que se moran ms postas
    Que tienen las cuentas ceros.

    GRAN CAPITN.

    Ms: de dar  sacristanes,
    Que las campanas taeron
    Por las victorias, que Dios
    Fu servido concedernos,
    Seis mil ducados, y treinta
    Y seis reales.

    GARCA.

                  S; que fueron
    Infinitas las victorias,
    Y andaban siempre taendo.

    GRAN CAPITN.

    Ms: de limosnas  pobres
    Soldados, curas enfermos,
    Y llevarlos  caballo,
    Treinta mil y cuatro cientos
    Y cuarenta y seis escudos.

    CONTADOR.

    No slo satisfaciendo
    Va Vuestra Excelencia al Rey;
    Mas que no podr, sospecho,
    Pagarle con cuanto tiene.
    Suplcole que dejemos
    Las cuentas, que quiero hablarle.

_El Nuevo Mundo descubierto_ pertenece  las comedias de Lope ms
satirizadas por los galicistas, y hasta los ms benvolos la han
calificado de loca extravagancia; pero cuando se fija la atencin en lo
que constituye su centro de unidad, que es el ensalzamiento de la fe
catlica, es preciso convenir en que no falta en ella, para ser
perfecta, el enlace necesario de sus partes.--Los hechos ocurridos en
tiempo del emperador Carlos V, se representan en _Carlos V en Francia_ y
en _La mayor desgracia del emperador Carlos_: en esta ltima la
malograda expedicin  Argel. _Arauco domado_ describe la conquista de
este pueblo valeroso del S. de Chile, tan clebre por la epopeya de
Ercilla; esta comedia es nica en su gnero, y se distingue por su
aparato escnico, que desenvuelve  nuestros ojos toda la gala de la
naturaleza de los trpicos, y nos transporta  las magnficas soledades
de Amrica, y porque nos ofrece igual heroismo en los dos pueblos que
pelean, el de los esforzados hijos de las selvas, que batallan rudamente
y con nimo casi sobrenatural por su independencia, formando los
contrastes ms chocantes y pintorescos, y el de los espaoles, cuyo
entusiasmo y deseos de extender el renombre de su patria y sus creencias
religiosas, nos infunden encanto irresistible; en una palabra, es
difcil imaginar ninguna otra comedia que sobresalga como sta por sus
atrevidas creaciones, por el vuelo y el brillo de la fantasa[5].--Sucesos
posteriores, ocurridos en vida de Lope, son tratados en _La santa Liga_,
obra animada de espritu verdaderamente herico, aunque algo difusa en
lo pico, al exponer la guerra contra los turcos, que termin en la
batalla de Lepanto; de la misma clase es _La mayor victoria de
Alemania_, que ensalza  un nieto del Gran Capitn; _Los espaoles en
Flandes_, etc.

Entre las comedias cuyos argumentos pertenecen  la historia de Espaa,
obsrvanse otras diferencias que no deben pasar desapercibidas,
comprendiendo algunas un hecho  una ancdota aislada, como, por
ejemplo, _El asalto de Mastrique_, _El marqus de las Navas_, cuya
accin se concentra en estos sucesos y personajes que forman su base, y
otras, por el contrario, una serie completa de sucesos enlazados entre
s, ya por la unidad que les imprime su protagonista, ya de otra manera
menos estrecha. De esta especie las hay biogrficas, como _El valiente
Cspedes_, cuyas dos partes (slo se conserva la primera), describen la
vida del famoso espadachn Cspedes y sus hazaas en la Pennsula,
Alemania y Npoles,  compuestas de actos aislados  independientes,
que, sin embargo, constituyen un todo anlogo al de las tragedias de una
triloga. Sirva de ejemplo de la ltima clase _El postrer godo de
Espaa_, cuya primera jornada describe la pasin del rey Rodrigo por la
bella Florinda; la segunda, la muerte de este desdichado Monarca en la
batalla del Guadalete, y la tercera, la restauracin del reino cristiano
por Pelayo.

En la clasificacin de las comedias de Lope hay tambin que sealar un
lugar determinado  aqullas que, fundadas en la historia nacional y
representando personajes histricos, tratan ms bien de intereses
privados que de sucesos pblicos notables. Utilzanse con frecuencia en
ellas asuntos y tradiciones especiales; no pocas veces es la fbula
fingida, enlazndose arbitrariamente con sta  aquella circunstancia
histrica, siempre,  la verdad, con exquisito tacto, de suerte que el
suceso inventado convenga al lugar y  la poca en que se supone
ocurrir, y encuentre en uno y otra su natural asiento. Nunca Lope,
mientras no sale de los dominios de su patria, se atribuye la licencia
de desfigurar la historia, y de aqu que sus rasgos histricos sean en
estas comedias verdaderos en cuanto  las costumbres y dems condiciones
de igual clase, que tan clebre lo han hecho en las anteriores,
arrebatndonos tambin en stas sus magistrales caracteres histricos.
La mayor parte de estos dramas aventajan, bajo cierto punto de vista, 
los puramente histricos, porque es ms estrecha la unidad de accin,
ms concentrado  intenso su inters dramtico, no oponindose, como en
aqullos,  este resultado el deseo de aprovechar, cuanto se puede,
todos los rasgos especiales diseminados en las crnicas. Observamos en
esta categora ( la cual, hablando en rigor, pertenecen tambin algunos
de los mencionados antes) muchas de las obras ms notables de Lope, que
hasta hoy se han conservado en el teatro espaol.




CAPTULO XIV.

     _La Estrella de Sevilla._--_Porfiar hasta morir._--_El mejor
     alcalde, el Rey._--_La carbonera._--_La nia de plata._--_La corona
     merecida._--_El vaquero de Moraa._--_El duque de Viseo._--_El
     castigo sin venganza._


_La Estrella de Sevilla_[6] es una tragedia de sorprendente belleza y de
composicin vigorosa que, por su clara pintura de los caracteres, por
sus situaciones patticas y conmovedoras, va aumentando el inters
dramtico hasta la catstrofe; ha sido arreglada despus por Trigueros,
que la ha alterado en su esencia, representndose de nuevo, y habiendo
llegado al teatro alemn con esta forma. La accin, en la original, hoy
muy rara, es la siguiente: El rey D. Sancho, que reside en Sevilla hace
poco tiempo, habla con su favorito Arias de las beldades que, desde su
llegada  Sevilla, ha visto en ella, y especialmente de la ms
encantadora de todas, de Estrella, hermana de Bustos Tavera. Arias atrae
 Bustos, que se humilla en presencia del Rey, y es nombrado por l
alcalde de Sevilla, cargo que acepta, aunque protestando traspasarlo 
otro ms digno. El Rey alaba los nobles sentimientos de Bustos, y le
pregunta por su familia, indicndole que case  su hermana. Despus
vemos  Estrella que entabla un triste dilogo con su amante Sancho
Ortiz. Bustos entra, ruega  su hermana que se retire, y cuenta  Sancho
el proyecto del Rey de casar  Estrella, prometindole hablar en su
favor. A poco se presenta Arias, que viene de parte de D. Sancho;
Estrella se aleja silenciosa y con orgullo; pero soborna  una esclava,
que le promete introducir de noche al Rey en el dormitorio de Estrella.
Llega la noche, y el Rey penetra en la casa de Estrella por mediacin de
la desleal esclava. Tavera viene tambin, se admira de la oscuridad que
reina en su casa, oye hablar al Rey con su esclava, y desenvaina su
espada. El Rey se descubre para salvarse; Tavera expresa su indignacin
contra tan villana conducta, y deja huir al Rey, dando muerte  la
esclava. El Rey, de vuelta en su palacio, cuenta  Arias lo ocurrido, y
maquina vengarse. Arias, atendiendo  lo desfavorable de las
circunstancias y  la consideracin de que disfruta Tavera, proyecta
quitar  ste la vida ocultamente, valindose de la bravura y reconocida
lealtad de Sancho Ortiz. El Rey aprueba el consejo, manda llamar 
Sancho, y le ordena que, sin prdida de tiempo, desafe y mate al
caballero cuyo nombre est escrito en una hoja de papel sellado, que le
entrega. Sancho queda solo y abre el papel misterioso. Violenta y
desesperadora es la lucha que se traba en su pecho, porque el caballero,
cuya muerte pide el Rey, es  un tiempo su amigo y el hermano de su
amada. Pero la obediencia  las rdenes de su soberano es el primero de
los deberes de sus sbditos, y Sancho, casi privado de la razn, se
decide  cumplirlas. La escena del desafo y del combate es notabilsima
por su verdad, animacin, y por el efecto que hace en el lector. La
escena siguiente nos ofrece  Estrella, que aguarda inquieta  su
Sancho; pide un espejo para engalanarse antes de recibir  su amante;
pero el espejo se rompe, y la sortija de Sancho, que lleva en su dedo,
salta en mil pedazos, lo cual es de funesto agero para ella. Trenle
entonces el cadver de su hermano, y al mismo tiempo, la noticia de
quin ha sido el matador. Expresa su dolor en breves, aunque
desgarradoras exclamaciones, y desea morir para dejar de padecer. El Rey
sabe lo ocurrido, y da sus instrucciones para salvar  Sancho Ortiz.
Presntase Estrella, acusa al matador de su hermano, y pide que se le
entregue para expiar su delito; el Rey entonces, despus de proferir
algunas frases de sorpresa, le da la llave de la prisin del
delincuente. Entremos tambin en ella. Sancho rechaza los medios de
salvarse, que le ofrece Arias en nombre del Rey. Presntase una mujer
velada para libertar al preso: es Estrella; escena pattica de la
entrevista de los dos amantes, que se encuentran tan trocados; pero ni
Sancho se arrepiente de la accin, que se le orden como sbdito del
Rey, ni Estrella se atreve  censurarla: admira la magnanimidad de su
amante, que renuncia  salvarse, pudiendo hacerlo, para morir en el
cadalso, y se retira decidida  esperar la muerte. El Rey se arrepiente
profundamente, mientras tanto, de su conducta, y ordena que Sancho sea
llevado  escondidas  su palacio; al mismo tiempo trabaja para que los
alcaldes pronuncien una sentencia benigna; pero son justos, y condenan 
muerte al prisionero. Estrella asegura que jams se casar con el
matador de su hermano. El Rey, ejerciendo su derecho de gracia, indulta
 Sancho. ste resuelve ir  la guerra contra los moros, en donde espera
acabar su triste vida, terminando el drama con la eterna despedida de
los dos amantes.

_Porfiar hasta morir_ es un arreglo felicsimo de la historia del
desdichado trovador Macas (ved  Argote de Molina, _Nobleza de
Andaluca_, Sevilla, 1588, tomo II, cap. 148, pg. 271), rebosando de
estro potico en la pintura del joven poeta, llena de rasgos tan
delicados como naturales en todos sus accesorios, de arrebatadora viveza
en su exposicin,  infinitamente superior por estas cualidades  otras
posteriores (_El espaol ms amante y desgraciado Macas_, de tres
ingenios, y _El Macas moderno_, de Larra). Macas, joven caballero
castellano, se encamina  Crdoba para hacer all fortuna en la corte de
Enrique de Villena, gran Maestre de Santiago. La casualidad hace que, no
lejos de la ciudad, salve la vida  un caballero atacado por
salteadores. Este caballero es el mismo gran Maestre, que despus lo
acoge con singular benevolencia  causa del servicio que le prestara. En
la casa de D. Enrique vive tambin una dama joven llamada Clara, que,
desde el primer instante, inspira  Macas la pasin ms viva. El
enamorado se informa del objeto de su pasin de un caballero de la
corte, y oye de sus labios la respuesta siguiente: Doa Clara es mi
prometida, la prometida de D. Tello. Macas se desespera, y va  la
guerra en busca de la muerte; distnguese tanto en ella por su valor,
que se le condecora con la cruz de Santiago; parece huir de l la
apetecida muerte, y su pasin, que trata intilmente de domear, le
obliga  encaminarse de nuevo  Crdoba. Clara no parece mirar con malos
ojos  su fogoso amante, pero la voluntad del gran Maestre y sus
esponsales anteriores con D. Tello la obligan al fin  casarse con ste.
El desventurado Macas es atacado de una especie de delirio; las
endechas de su amor sin esperanza son celebradas en todo el pas, y
hasta el da de hoy dura la frase de _enamorado como Macas_. El esposo
de Clara siente nacer en su alma rabiosos celos, y el gran Maestre
exhorta al trovador  renunciar  su loca pasin; pero l persiste en
ella tenazmente, y hasta se aventura  penetrar en el aposento de su
amada, en donde es sorprendido por Don Tello y preso de orden del gran
Maestre. El celoso marido no sosiega, sin embargo, ni aun estando en la
prisin su rival, puesto que sus amorosas canciones son repetidas por
todos, y fuera de s atraviesa el pecho del cantor arrojndole un dardo
 travs de las rejas de su prisin.

_El mejor alcalde el Rey_ (cuyo argumento se funda en un hecho contado
por Sandoval, _Historia de los Reyes de Castilla y de Len_ en 1189, y
en el lib. XI, cap. 11, de Mariana) puede calificarse de drama modelo,
de cualquier manera que se le considere, por la profundidad y exactitud
de los caracteres, por los enrgicos contrastes que nos ofrecen el Rey
severamente justiciero, el orgulloso rico-hombre y el pobre y noble
hidalgo, y por la pintura, llena de vida, de la poca y costumbres de
los siglos medios, que nos ofrece; hasta el estrecho encadenamiento de
las escenas entre s, y el efecto de todas sus partes en la impresin
total del conjunto, nada dejan que desear  la crtica ms exigente.

En _La Carbonera_, segn todas las apariencias, hay una juiciosa mezcla
de la ficcin con la historia. Leonor, hermana de D. Pedro _el Cruel_,
es criada por unos carboneros en los montes de Andaluca para librarla
de su receloso y feroz hermano. Pnese despus bajo la proteccin de su
hermano de padre, Enrique de Trastamara, pero as se expone ms  las
asechanzas del Rey, temiendo ste que Enrique, si casa  Leonor con un
Prncipe extranjero, dar ms fuerza  su partido. Por este motivo
encarga D. Pedro  su favorito Don Juan, que averige el paradero de la
Infanta, y la traiga  sus manos. El favorito se apresura  ejecutar
sus rdenes: llega  descubrir el domicilio de Leonor; pero lo encadenan
de tal suerte los encantos y amabilidad de la desdichada dama, que, en
vez de prenderla, la ayuda  huir, anunciando despus al Rey que no ha
logrado apresarla. Leonor se oculta de nuevo entre los carboneros, de
los cuales slo el viejo Laurencio, en cuya casa habita, conoce el
secreto de su nacimiento. La noble conducta de D. Juan conmueve su
corazn, y nacen entonces entre ambos tiernas relaciones, visitndola l
en secreto con frecuencia. Sucede casualmente que el Rey, extraviado en
una cacera, y sin haber visto  su hermana, viene  parar  la choza de
los carboneros, y concibe por la bella Leonor una pasin violenta.
Comisiona entonces  D. Juan para seducirla; la crtica posicin, en que
se encuentran entonces los dos amantes, da origen  las situaciones ms
conmovedoras  interesantes. Leonor, para salvarse en tal apuro, imagina
fingir que se casa con el rstico Bras, que la pretende largo tiempo
hace. D. Pedro se enfurece sobremanera al saberlo,  intenta impedir
este enlace y apoderarse de Leonor. Esta sabe por Don Juan el inminente
peligro que la amenaza; pero evita el huir, puesto que la clera del
Rey, si no la encuentra, ha de descargar en su amante; descbrese al
tirano, que aparece poco despus, creyendo segura su muerte; Pedro, sin
embargo, que sabe que es su hermana tan generosa beldad, renuncia  su
odio, y la lleva  los brazos de D. Juan, que obtiene as el justo
premio de su leal amor.

La figura de D. Pedro, delineada con vigoroso pincel, que desde entonces
llam particularmente la atencin de los dramticos espaoles, se nos
presenta de nuevo en _Lo cierto por lo dudoso_, drama, que por su
desarrollo interesante y por la artificiosa unin de sus escenas para
converger en un desenlace sorprendente, y natural, sin embargo, y bien
imaginado, se ha sostenido con justicia en el teatro obteniendo
constantemente los aplausos del pblico. Tambin sucede lo mismo con _La
nia de Plata_, comedia casi tan bella como la anterior por el inters
que despierta. Dorotea, joven dama tan clebre por sus encantos como por
su talento, ve desde un balcn una procesin solemne,  la cual asiste
en Sevilla el rey D. Pedro con sus hermanos, y atrae especialmente las
miradas de Enrique de Trastamara. Obsrvalo D. Juan, amante de Dorotea,
y siente nacer en su alma rabiosos celos. En la escena siguiente nos
transporta el poeta  los jardines del Alczar, en donde se divierte la
bella dama, y en donde el infante D. Enrique, que encuentra ocasin de
acercrsele, queda tan prendado de ella  causa de su ingenio y
amabilidad, que desea poseerla  todo trance. Con tal propsito toma 
su servicio  D. Flix, hermano de Dorotea, que en su concepto puede
ayudarle  la consecucin de su propsito. Asistimos luego  la
iluminacin y  las fiestas, que se celebran en Sevilla por la noche,
para solemnizar la llegada del rey. D. Juan, que se halla mientras tanto
en casa de Dorotea, la reconviene vivamente por sus infidelidades;
contstale ella con frialdad, porque sabe que su futuro suegro se opone
 su casamiento  causa de los escasos bienes de fortuna que ella posee,
 intenta casarlo con otra. yese entonces en la calle alegre msica: es
una serenata, que le da el prncipe D. Enrique. D. Juan se ve obligado 
ocultarse, y D. Enrique entra en la casa en compaa de sus hermanos. El
ingenio y la gracia de la joven dama encanta  sus visitadores, quienes
le hacen ricos presentes. En el acto segundo vemos  D. Juan,
desesperado por la infidelidad de su amada; hasta la prueba de afecto,
que le ofrece, entregndole todos los regalos recibidos, se estrella en
su incredulidad, y resuelve, por tanto, hacer la corte  otra beldad,
llamada Marcela. Pero acontece que sta y Dorotea truecan sus domicilios
respectivos, de suerte que las pretensiones amorosas de Don Juan, que
ronda el balcn de la primera, van dirigidas  Dorotea. Nacen de aqu
singulares equivocaciones, cuyo resultado viene  ser que D. Juan se
convence de la fidelidad de su amada. Mientras tanto acomete al Infante
negra melancola, desesperado del mal xito de sus ulteriores tentativas
amorosas con Dorotea. Un moro, que se halla en la corte, como embajador
del Rey de Granada, que se dice mdico y astrlogo, profetzale las
horribles desdichas que la crueldad de D. Pedro ha de causar  su
familia, la muerte de Doa Leonor de Guzmn y del gran Maestre de
Santiago, as como la de D. Pedro  manos del mismo D. Enrique. Esta
escena, aunque episdica, es de extraordinario efecto, y conmueve an
ms profundamente  D. Enrique, decidindose, en un arrebato de pasin,
 poseer  la fuerza  Dorotea. El moro le abre sus puertas y penetra en
su dormitorio; pero la dama lo recibe con la orgullosa majestad de la
inocencia ofendida, y lo reconviene tan vivamente por su indigna
conducta, que l renuncia  su pasin, y para borrar su falta hace 
Dorotea un cuantioso regalo, que, aumentando considerablemente su
fortuna, la habilita para dar su mano  D. Juan con anuencia de su
padre.

En la serie de dramas, que mezclan la historia con caracteres y
situaciones fingidas,  cuyo centro es tal que no penetra en la
historia general, cuntanse _La hermosura aborrecida_, _Las aventuras de
D. Juan de Alarcos_, _D. Beltrn de Aragn_, _El primer Fajardo_, _D.
Juan de Castro_, _Quien ms no puede_, _La corona merecida_, _El vaquero
de Moraa_, etc.

_La corona merecida_ expone la herica resistencia de una mujer, de
notable grandeza de alma,  las tentativas de seduccin del rey Alfonso
de Castilla. ste viaja disfrazado para salir al encuentro de la
princesa Leonor de Inglaterra,  fin de observarla en libertad antes de
sus nupcias. Conoce en este viaje  la bella Doa Sol, noble castellana,
y concibe por ella pasin poderosa. El hermano de Sol, que lo sabe, se
apresura  casar  su hermana, para sustraerla as ms fcilmente  las
persecuciones del Rey; pero ste nombra al esposo de su amada para un
cargo importante en la corte, para estar ms prximo al objeto de su
amor. Doa Sol opone la frialdad y el desdn  las pretensiones de D.
Alfonso, y cuando ste prende  su esposo pretextando un delito supuesto
de traicin, finge acceder  sus deseos, y hasta lo cita para recibirlo;
mutlase despus y llena su cuerpo de heridas, de suerte que, al verla
el Rey, huye despavorido. El heroismo de esta mujer magnnima se divulga
pronto, y es alabado por todos; la Reina manda llamarla y cie sus
sienes con la corona que merece su virtud y grandeza de alma; Alfonso se
arrepiente de su culpable amor, renuncia  l, y premia  ambos
cnyuges, hacindoles donacin de cuantiosos bienes, y de un escudo de
armas para ellos y sus descendientes, que les recuerden hecho tan
herico.

_El vaquero de Moraa_ es un drama de los ms interesantes, y lleno de
encantadoras descripciones pastoriles. Un Conde, que reside en la corte
de Len, mantiene relaciones amorosas con una hermana del rey Bermudo,
por cuyo motivo excita contra s el odio del Rey; huye, pues, con su
amada, y ambos, disfrazados de labradores, se refugian en la casa de un
campesino, en el valle de Moraa. Crzanse aqu diversos amoros entre
los individuos de la familia del dueo de la casa y los campesinos; la
bella Infanta, que se hace pasar por segadora, produce an mayores
complicaciones, excitando con sus encantos en todos los pechos el amor 
los celos. Llega la noticia de que el rey de Len prepara una guerra
contra los moros para apoderarse de los dos fugitivos, creyendo que se
han refugiado ocultamente en la corte del rey de Crdoba. Todos los
vasallos de la Corona se ven obligados  acudir  su llamamiento, y
entre ellos el dueo de Moraa; ste nombra al Conde capitn de sus
soldados, de suerte que lo fuerza  marchar en su propia persecucin.
Acabada la campaa, que, como es de presumir, no produce el efecto que
se deseaba, llega el Rey  su vuelta al valle de Moraa, y conoce  la
disfrazada Princesa, que,  la verdad, le recuerda su hermana; pero que
representa tan bien su papel, que lo engaa, y tan agradablemente, que
al fin no teme descubrirse, y obtiene su aprobacin para casarse con el
Conde.

Las comedias que tratan de los sucesos de Portugal (_El Prncipe
perfecto_, cuyo argumento es la vida de Juan II; _El duque de Viseo_;
_La discreta venganza_; _El ms galn portugus, duque de Braganza_), se
asemejan en todo  las histricas, fundadas en la historia nacional.

En _El duque de Viseo_ se refieren, formando trgico conjunto, los
destinos de Juan de Braganza y del duque de Viseo. El rey Juan II de
Portugal, aconsejado de su prfido favorito, D. Egas, concibe sospechas
de los cuatro hermanos de la casa de Braganza, y los reduce  prisin.
El duque de Viseo, primo del Rey, y por mediacin de su amada Doa
Elvira, cuyos favores solicita tambin el Monarca lusitano, se esfuerza
en interceder por los prisioneros; pero el Rey recela tambin del duque
de Viseo, cuya popularidad conoce, temiendo que pretenda subir al trono,
y movido asimismo por las insidiosas insinuaciones de D. Egas. El Rey
manda llamar al Duque, lo destierra  sus dominios, y le descubre,
descorriendo una cortina, el cadver decapitado de Juan de Braganza,
cuya suerte debe servirle de escarmiento. El Duque se retira  sus
posesiones, pero vuelve  veces  Lisboa disfrazado para visitar  Doa
Elvira. Encuentra casualmente  un pretendido astrlogo, que le
profetiza que algn da llevar ceida en sus sienes la Corona. Ms
adelante, en efecto, al dar una fiesta  sus colonos, lo proclaman Rey
de burlas, y le ponen una corona de flores. Sbese esto en la corte, y
sus enemigos lo explotan para perderlo. Cuando va disfrazado  Lisboa y
habla  la reja con Doa Elvira, entrgale sta una carta; al
contestarla, en vez de la respuesta, le da equivocado la profeca del
astrlogo. El Rey entra en la habitacin de Doa Elvira y le arrebata de
las manos el papel, porque desea casarla con D. Egas, y ella se opone.
El Duque, mientras tanto, permanece solo en la obscuridad. Oye triste
canto de una casa, que le recuerda el deplorable fin del duque de
Braganza, y mira en un rincn de la calle un crucifijo, alumbrado por
una lmpara,  la que se acerca para leer la carta recibida. Una luz
repentina circunda entonces al crucifijo, y cree ver  Juan de Braganza
con el vestido blanco de la Orden y con la cruz, que le exhorta por tres
veces  guardarse del Rey. ste, cada vez ms irritado contra el Duque
por las prfidas insinuaciones de D. Egas, le ordena que se presente, y
le mata en seguida con su propia mano. Despus concede sus bienes y
honores  su hermano Manuel,  quien le avisa le sirva de enseanza la
suerte de su hermano. Descrrese una cortina y se ve el cadver del
Duque con cetro y corona  sus pies;  un lado yace Doa Elvira muerta
de dolor. Cuntase, por ltimo, que D. Egas ha sido asesinado por un
criado del Duque, y el Rey expresa el presentimiento de que el duque de
Viseo ha sucumbido vctima de la traicin.

Cuando Lope refiere dramticamente sucesos de otros pueblos,  los
combina con sus particulares invenciones, no hace grandes esfuerzos para
darles el colorido local  el carcter particular de otros tiempos. En
sus costumbres y afectos se vislumbra siempre  Espaa y al siglo XVII.
Esta propensin  imprimir espritu nacional en elementos extraos, no
merece nuestra censura; pero parece que estos asuntos inspiran ms
dbilmente al poeta, tan espaol en todo; por lo menos casi todas las
comedias de esta clase son inferiores  las dems. Entre las que
pertenecen  la antigedad clsica, slo merece exceptuarse la de
Nern,  segn el ttulo espaol, _La Roma abrasada_, que se distingue
por la pompa lrica de algunas descripciones. En _Las grandezas de
Alejandro_ encontramos otro drama ostentoso, abundante en combates y
magnficas fiestas, cuyas figuras, por lo huecas  hinchadas, dan 
conocer que esta vez ha abandonado al autor su buena estrella. _El
honrado hermano_, que refiere el combate de los Horacios y Curiacios,
contiene, al contrario, muchos rasgos notables y grandiosos, aunque no
merezca nuestra alabanza el arreglo y disposicin del conjunto. Ms
afortunado ha sido Lope, por lo comn, al tratar asuntos del Antiguo
Testamento,  los cuales parece inclinarse con predileccin, puesto que
el nmero de sus obras de esta clase no deja de ser considerable. Sin
mostrarse muy escrupuloso en la observancia de los accesorios externos,
mezcla y harmoniza de tal manera los colores, que resulta un todo
agradable. Muy apropiado  esta especie de argumentos es el tono de
noble sencillez, que se observa en tales dramas. Distnguese
especialmente el que se titula _Los trabajos de Jacob_ ( Jos y sus
hermanos, aludiendo con mayor exactitud  la accin), tanto por su
composicin sin defectos, como por sus bellos detalles, y por la
profundidad conmovedora y la intensidad de sentimientos que la
caracterizan, de tal suerte, que no parece sino que el poeta ha apurado
en l la superabundancia perenne de su simptico carcter. Comparado
este drama con otros dos, que se titulan _El robo de Dina_ y _Su salida
de Egipto_, ocupa el lugar intermedio, formando los tres una especie de
triloga. Son de la misma especie, y como la continuacin de ellos,
_David perseguido_, _La historia de Tobas_ y _La hermosa Esther_.
Cuando se recorren las dems comedias fundadas en hechos de la historia
antigua  moderna, se observa frecuentemente, con admiracin, que el
inagotable maestro ha tratado con dos siglos de anticipacin asuntos,
cuyos primeros autores se creen vulgarmente poetas de los tiempos
modernos. _El castigo sin venganza_ es la historia de los amores
criminales de la duquesa de Ferrara y de su hijastro, que Lord Byron ha
hecho despus tan clebre, sin otra diferencia que en la obra de Lope se
da el nombre de Casandra  la que se llama en la de Lord Byron
Parisina[7]. Luis, duque de Ferrara, muestra desde su juventud aversin
al matrimonio, consagrndose  cortejar frvolamente ya  sta, ya 
aquella dama. De una tiene h tiempo un hijo, nombrado Federico,  quien
ama tiernamente, y  quien espera dejarle sus estados, proyectando
casarlo con su sobrina. Pero como su ministro le representa la
posibilidad de que,  su muerte, se suscite una guerra civil inevitable
entre el pariente legtimo colateral y el hijo natural, se decide, por
ltimo,  casarse, y elige por esposa  Casandra, hija del duque de
Mantua. Federico siente entonces sobremanera verse excludo de la futura
posesin del ducado de su padre; pero ste, que al celebrar su
matrimonio, lo hace ms bien por razones polticas que por amor, le
encarga que vaya  recibir  su esposa. Luis, mientras tanto, siguiendo
su costumbre, se entrega  otros amoros. El drama comienza entonces:
vemos al Duque disfrazado que pasea de noche las calles y galantea 
las beldades de su corte en sus ventanas; una dama,  quien da una
serenata, le reconviene dicindole que tales galanteos son censurables
atendiendo  sus proyectos de matrimonio. La escena siguiente nos ofrece
 Federico de viaje para recibir  la prometida de su padre en los
lmites de ambos estados; encuentra un carruaje, prximo  despearse en
un abismo, por haberse espantado los caballos; salva  la dama, que va
dentro, y sabe de ella y de los dems caballeros de su squito que es su
futura madrastra. En vez del odio, que hasta entonces haba sentido
hacia ella, se apodera de su alma, al mirarla, la pasin ms violenta;
tambin Casandra parece mostrar inclinacin  Federico, manifestndose
muy retrada. Al acabarse el primer acto, recibe el Duque  la recin
llegada. Al empezar el segundo se ha consumado ya el matrimonio; pero
Luis de Ferrara no muda por esto de vida, sino que, como antes, se
entretiene con otras damas. La bella y joven Casandra, despreciada de su
esposo, consagra  su hijastro toda su ternura, afligindole su profunda
tristeza, cuya causa ignora. Descubre al fin, comentando las palabras de
Federico, que el amor es el motivo de su pena, y su inocente inclinacin
anterior, aumentndose con la conducta torpe del Duque, degenera poco 
poco en pasin poderosa; vacila, duda, teme y lucha, pero al fin se
abandona  ella. Luis es nombrado mientras tanto general de las tropas
pontificias, y en este concepto se ve obligado  salir al campo. El
valiente y virtuoso Federico,  lo menos hasta entonces, desea
acompaarlo; pero su padre determina encargarle en su ausencia del
gobierno de su ducado, por la confianza que le inspira, y le manda
permanecer en Ferrara. Al comenzar el acto tercero vuelve el Duque
victorioso de la guerra, firmemente decidido  renunciar  su anterior
vida disipada y  consagrarse slo  su esposa  hijo. El adulterio se
ha perpetrado ya. El Duque concibe algunas sospechas. Federico, para
engaar  su padre, pdele la mano de su sobrina Aurora, despreciada por
l en los primeros arrebatos de su pasin; pero Casandra, ciega de amor,
y celosa  causa del proyectado casamiento, abruma  reconvenciones  su
amante, y el Duque, que los oye, se confirma en sus sospechas. So
pretexto de acordar los preparativos para las bodas de Federico con
Aurora, interroga el Duque  los dos culpables. Esta escena es de
extraordinario efecto. Resulta de ella que el padre y el esposo no puede
ya dudar de su deshonra; pero la pasin de los adlteros es tan
violenta, que caminan ciegos  su perdicin. El Duque ordena  su hijo
que d muerte  quien encuentre atado en su gabinete, cubierto el
rostro con un velo, y con una mordaza en los labios; Federico ejecuta
sus rdenes, y averigua despus que la muerta es su madrastra; luego
perece l  mano de los centinelas por mandato del Duque. Esta horrible
tragedia es sublime por la pintura de afectos, y de singular inters por
el enlace recproco y verdaderamente dramtico de sus distintas escenas.

Otro drama, que se titula _La imperial de Otn_, llama nuestra
curiosidad por el asunto de que trata, que es la historia del rey
Ottokar de Bohemia, representada en los teatros alemanes, no,  la
verdad, con la intencin dramtica que en la obra de Lope, aunque en
sta se desfigura no poco la historia. Al principio se describe la
eleccin del Emperador en Francofordn (Francfort). Los embajadores de
Espaa, de Inglaterra y de Bohemia trabajan en inclinar  los electores
en favor de sus respectivos soberanos; los diversos partidos pelean
tambin en las calles, pero la eleccin recae en Rodolfo de Ausburgo, y
por la noche se celebra la coronacin del nuevo Emperador con fiestas y
funciones alegricas. Inglaterra y Espaa declaran legal la eleccin,
pero el embajador bohemio se retira lleno de ira al ver la inutilidad de
sus anteriores esfuerzos. En la escena inmediata se nos presenta el rey
Ottokar, que conoce ya la inutilidad de sus esperanzas, y que es
excitado por su ambiciosa consorte Ethelfrida  levantarse contra el
nuevo Emperador, y  reclamar para s la Corona. Ottokar sale, en
efecto, al campo, y en el acto segundo se observan al obscurecer los dos
ejrcitos enemigos antes de trabarse la batalla decisiva. El emperador
Rodolfo recibe en su tienda  un adivino, que ha solicitado el permiso
de entrar, y que le anuncia su prxima victoria, y la elevacin
posterior de la casa de Ausburgo. Ottokar es, al contrario, visitado por
una aparicin, que lo reconviene por su criminal empresa y que le
profetiza su ruina: el espectro hace en l tal impresin, que resuelve
renunciar  su propsito; sin embargo, impone como clusula de su
sumisin que ningn testigo asista al rendir su homenaje al Emperador y
pedirle perdn. Rodolfo promete cumplirla. Vese en el fondo la tienda
del Emperador, cerrada por todas partes, y delante de ella grupos de
guerreros imperiales y bohemios, que, juntos ya, se confunden unos con
otros; de repente cae la cortina de la tienda, y aparece Rodolfo con
todas las insignias de su cargo, teniendo en sus manos el cetro y la
esfera imperial, y  sus pies, y de rodillas, al humillado Ottokar; ste
se levanta entonces colrico, y acusa al Emperador de haber quebrantado
su palabra; pero Rodolfo le contesta que su homenaje y perdn, con
arreglo  su promesa, sera slo sin testigos, pero que despus era
justo, en castigo de su delito, humillar al vasallo rebelde por haber
osado levantarse contra su legtimo soberano. Ottokar regresa  Praga
lleno de sombro resentimiento, siendo recibido por su esposa Ethelfrida
con muestras de desprecio por su pusilanimidad. La Reina sale armada 
su encuentro  la puerta del palacio, y embrazando una lanza, y le
prohibe la entrada, de cuyo honor le reputa indigno. Sus reproches y
exhortaciones dan por resultado que se rebelen de nuevo los bohemios y
tomen las armas, y ella en persona lo acompaa  la guerra. Antes de la
batalla decisiva se aparece otra vez la visin  Ottokar, pero ahora no
la atiende, precipitndose en lo ms espeso de la pelea, y sucumbiendo
de los primeros. Su cadver es llevado  la presencia de Rodolfo; viene
tambin Ethelfrida; ensalza el heroismo de su esposo, cuya muerte
prefiere  una vida deshonrosa, y se aleja de all para morir; el
Emperador, sin embargo, ordena que se tributen los blicos honores  su
enemigo difunto.

En _El ejemplar mayor de la desdicha_ hallamos la trgica historia de
Belisario, segn su versin fabulosa, y en los trminos en que la han
utilizado las novelas, tragedias y peras, fundadas en las _Chiliadas_
de Juan Tzetze. _El gran duque de Moscovia_ describe la vida y aventuras
del falso Demetrio, aunque sin tener en cuenta la verdadera historia,
sin duda por no ser bien conocida en Espaa. Los dems dramas de la
misma especie, dignos de mencin especial, son muy inferiores  los
citados en sus argumentos y en el plan  que se ajustan. _El Rey sin
reino_ pinta, con los ms vivos colores, los desrdenes y revueltas que
precedieron  la ascensin al trono de Hungra de Matas Corvinus; los
sucesos y catstrofes se repiten con harta frecuencia para no debilitar
la unidad de accin. _Contra valor no hay desdicha_, que representa la
juventud de Ciro, se distingue por su carcter pastoril, y contiene, en
sus escenas campestres, numerosas descripciones de la especie en que
sobresale particularmente Lope. Por el contrario, _La reina Juana de
Npoles_, es una produccin desdichada, porque, exponiendo pasiones
vulgares en sus arrebatos ms vehementes, slo engendra inconsecuencias,
y,  pesar de su sangrienta catstrofe, anula por entero el efecto
trgico que se propone. Desearamos que Lope no fuese el autor de esta
tragedia, cuya autenticidad, por desgracia, es irrecusable.

Algunos otros dramas del mismo gnero, que nos interesaran
especialmente, como _La doncella de Orleans_, _El valiente Jacobn_
(Jacobo Clemente, segn se conjetura), no existen ya, al parecer.

Llegamos, pues (para defender aquellas comedias cuyo argumento no es de
invencin suya, sino fundadas en materiales anteriores),  los dramas
mitolgicos de Lope. Su nmero no es considerable, comparado con los de
otras clases del mismo. En su mayor parte pertenecen, segn se cree, 
sus ltimos aos (mencinanse algunos en su prlogo del _Peregrino_), y
se escribieron en concurrencia con otros poetas cuando la aficin al
lujo escnico y  la ostentacin, peculiar de las peras, comenz 
enseorearse del teatro espaol. Lope no era propicio  esta nueva
direccin del gusto, segn asegura rotundamente varias veces, con
especialidad en los prlogos  los tomos XV y XVI de sus comedias, y,
sin embargo, ha sido an ms indulgente de lo necesario con las comedias
de este gnero. Obsrvase, no obstante, que lo hace ms bien por seguir
la moda y por obedecer  motivos externos, que por inspiracin propia,
puesto que, por lo comn, se nota como cierta frialdad y cansancio que
no puede ocultarse,  pesar del lujo de la exposicin y de sus
brillantes descripciones. No por esto ha de condenrsele; al contrario,
tanto en el complicado enredo de estas fbulas pomposas, cuanto en la
riqueza y variedad de las situaciones y resortes dramticos, y en las
innumerables bellezas aisladas que las adornan, se encuentra una prueba
slida de la flexibilidad de los talentos poticos de Lope. Tales son
_La fbula de Perseo_, _Las mujeres sin hombres_, _El laberinto de
Creta_, _Adonis y Venus_ y _El vellocino de oro_. Por lo dems, en todas
ellas el asunto mitolgico se transforma en romntico, de la misma
suerte que sucedi ms tarde en las conocidas de Caldern de igual
ndole.




CAPTULO XV.

     Comedias caballerescas.--_Castelvines y Monteses._--_El nuevo
     Pitgoras._--_La octava maravilla_,  indicacin de los argumentos
     de otras.


A los dramas fundados en las fbulas antiguas sigue
otra serie, cuyos argumentos provienen de leyendas  romances del gran
ciclo tradicional de la Edad Media. Algunas se asemejan singularmente 
las mitolgicas en su propensin  representarnos encantamientos y
maravillas sensibles: tal es _Los palacios de Galiana_,  la narracin
dramtica correspondiente al ciclo de tradiciones relativas  Carlomagno
(cons.  Turpn, cap. 20, y los _Reali di Francia_, lib. VI, captulos
18-51). Esta composicin encierra en s todas las bellezas de los
mejores libros fantsticos de caballera. _La mocedad de Roldn_ (segn
indica el prlogo escrito en la juventud de Lope), es la bella
historia, popular entre nosotros por la balada de Uhland titulada _der
klein Roland_. La fuente de donde la tom el poeta espaol, es _La
historia del nacimiento y primeras empresas del conde Orlando_, por
Pedro Lpez Enrquez de Calatayud: Valladolid, 1585. _La pobreza de
Reynaldos_ trata de los sufrimientos y hechos de Reynaldos de Montalbn,
hijo de Haimn, durante su destierro, con arreglo al _Libro del noble y
esforzado caballero Reynaldos de Montalbn_, por L. Domnguez: Sevilla,
1525. En _El marqus de Mantua_, la leyenda de Baldovinos y Carloto, muy
conocida en Espaa por los romances populares, y fundada en las
tradiciones pertenecientes al ciclo de Carlomagno y sus paladines,
aunque modificada ya por el sello nacional; en _El nacimiento de Ursn y
Valentn_, un arreglo dramtico del libro de las aventuras de los
sobrinos de Pipino, muy parecida en su argumento  la leyenda ms
popular del emperador Octaviano (_Histoire de deux nobles et vaillants
chevaliers Valentin et Orson_: Lyon, 1495; la italiana en Venecia en
1558: no sabemos si existe alguna versin espaola). La pattica
historia de la bella Magalona, repetida en todas las lenguas europeas
(en espaol _La historia de la linda Magalona, hija del rey de Npoles y
del muy esforzado caballero Pierres de Provenza_: Toledo, 1526;
Sevilla, 1533), es el asunto de _Los tres diamantes_, drama excelente
por su argumento, aunque en la traza del plan se observen algunos
lunares, comunes  las primeras obras de Lope; pero anima al conjunto
tanto vigor, reina en todo l tal encanto romntico, que nos arrebata y
nos hace olvidar sus defectos.

Otros, fundados en los mismos ciclos tradicionales, como _El jardn de
Falerina_ (de Boyardo, lib. II, cap. 3., pgs. 66 y siguientes), _Los
celos de Rodamonte_ y _La Circe Anglica_ (del Ariosto), _Anglica en el
Catay_ (continuacin de Ariosto, por Lope), _Roncesvalles_, _La venganza
de Gayferos_, etc., no los hemos ledo, y, segn todas las
probabilidades, no existen ya en nuestros tiempos.

Llegamos ahora  los dramas basados en novelas italianas  espaolas.
_El mayordomo de la duquesa de Amalfi_ (del _Bandello_, parte 1. Nov.
26), es importante, porque podemos compararlo con la antigua tragedia
inglesa de Webster, cuyo argumento se funda en el mismo suceso (_The
Duchess of Malfy_, en las _Works of John Webster_, ed. Alexander Dyce,
London, 1830, vol. I); pero la ventaja es aqu del autor ingls sin
gnero alguno de duda, porque su obra, excntrica  la verdad, pero
original hasta lo sumo, y de notabilsima pintura de afectos, es de lo
ms notable que escribieron los coetneos de Shakespeare, mientras que
el drama espaol, trazado con ligereza, slo nos ofrece un tejido de
ordinarias y vulgares intrigas.

_Los Castelvines y Monteses_, de Lope, est fundado en la misma versin
italiana (_Novelle di Bandello_, tomo II, Nov. 9), que el _Romeo y
Julieta_, de Shakespeare. Parcenos interesante exponer la serie de sus
escenas, para compararlo con la clebre tragedia inglesa.

_Jornada primera._ Roselo (el Romeo de Shakespeare) y Anselmo, dos
caballeros del partido de los Monteses, discurren sobre una fiesta, que
se ha celebrado en el palacio de los Castelvines. Se oye  lo lejos la
msica de esta fiesta; Roselo desea vivamente asistir  ella; su amigo
intenta disuadirlo de esta locura, porque los Castelvines son
implacables enemigos de los Monteses; pero al fin acuerdan enmascararse
y entrar as con los invitados. La escena segunda representa el alegre
bullicio de la fiesta. Antonio, caudillo de los Castelvines, conversa
con otros de su partido, y manifiesta su ardiente deseo de casar  su
hija Julia con el joven Octavio, aunque sienta que el corazn de ella no
parezca muy inclinado en su favor. Mientras tanto aparecen enmascarados
Roselo y Anselmo. Roselo, al ver  Julia, experimenta tal emocin, que
casi pierde el sentido, y en este desorden se quita la mscara. Antonio
lo conoce al punto, sale de s de rabia  intenta matarlo, aunque no lo
ejecuta merced  los ruegos de los dems caballeros, que invocan en
favor de su enemigo los derechos de la hospitalidad. Roselo se acerca 
Julia mientras tanto; ella exclama:

    Si el Amor se disfrazara
    Para dar envidia  Febo,
    Pienso que de este mancebo
    El talle y rostro buscara;
    Y yo pienso que Amor es,
    Que, para quitar la paz,
    Viene con este disfraz.

Roselo, por otra parte, prorrumpe en las palabras siguientes:

    Ay, cielos! Que fu Monts?
    No fuera yo Castelvn!
    Tanto le costaba al cielo?

El enamorado aprovecha estos momentos, en que se imagina que no lo
observan, para declarar su amor  Julia; sta desliza en su mano un
anillo, y para la noche siguiente lo cita en el jardn. Retranse los
convidados, y Julia se queda sola con su doncella Celia; confisale la
repentina pasin que se ha despertado en su pecho, pero se arrepiente de
su precipitada promesa, y expresa su resolucin de esforzarse en
dominar su amor; pero ste es tan poderoso, que al fin la vence. Las dos
escenas que siguen, son superfluas para el curso de la accin. Asistimos
luego  la entrevista nocturna de los dos amantes, llena de fuego y de
apasionada ternura; Julia, al fin, despus de hacer alguna resistencia,
accede  las splicas vehementes de Roselo de casarse con l en secreto.

_Jornada segunda._ El enlace clandestino de Roselo y de Julia se supone
ya consumado, pero la dicha de ambos es poco duradera. Al comenzar el
acto vemos una plaza, que hay delante de una iglesia, en la cual se
celebra una misa mayor; durante los Oficios se suscita una ardiente
contienda entre los Castelvines y los Monteses: los caballeros de ambos
partidos salen en tropel de la iglesia para atacarse; Roselo se presenta
en medio de todos,  intenta aplacarlos, manifestndoles que, para
extinguir el odio que se profesan las dos familias enemigas, conviene
que Octavio se case con una dama de los Monteses y l con Julia. Octavio
se enfurece al oirlo; se lanza contra Roselo, y ste, vindose forzado 
defenderse, lo derriba  sus pies sin vida. Aparece entonces en el
teatro de la lucha el prncipe de Verona, atrado por el choque de las
espadas; ordena  los combatientes que desistan de su contienda, y
destierra  Roselo de la ciudad por largo tiempo. Este, antes de partir,
visita  su joven esposa, de la cual oye la ms tierna despedida.
Despus de retirarse, sorprende su padre  Julia llorando; pregntale la
causa de sus lgrimas, y ella finge verterlas por la muerte de Octavio.
Antonio resuelve entonces enlazarla al conde Pars en vez del difunto
Octavio, y con tal propsito le enva un mensajero. Este encuentra al
Conde en compaa de Roselo, que, atacado por los Castelvines delante de
la ciudad, debe su salvacin al conde Pars, que lo acompaa hacia
Ferrara. El Conde participa  su compaero el contenido de la carta que
recibe; Roselo se conmueve naturalmente al oirlo; cree que Julia le es
infiel, y en un lastimero monlogo se abandona al dolor y  la
desesperacin; pero luego prosigue su camino hacia Ferrara, y decide
vengarse de su desleal esposa casndose con otra.

_Jornada tercera._ El padre de Julia, empleando los ruegos y las
amenazas, la conmina  prestar su consentimiento  su enlace con el
Conde; resstese cuanto puede, pero previendo que habr de ceder  la
fuerza, enva  Celia en busca del sacerdote Aurelio, confesor suyo,
para pedirle en este trance su ayuda y su consejo. Al comenzar este acto
se supone haber sucedido todo lo expuesto. Presntase Antonio, y
anuncia  su hija que la obligar  obedecer sus rdenes. Julia queda
dudosa; acude entonces Celia, y trae un frasco, que le ha entregado
Aurelio, conocedor de todos los secretos de la naturaleza; Julia, para
salvarse, ha de beber todo el lquido que contiene. Apralo la
desdichada; siente en seguida los efectos del veneno, y cae en tierra
pronunciando el nombre de Roselo. Las escenas inmediatas son en Ferrara;
forman episodios, y nos muestran  Roselo, que, por vengarse de Julia,
hace la corte  otra dama, pero demostrando claramente que su corazn
siempre se inclina  su primer amor. Por Anselmo sabe la nueva de que
Julia se ha envenenado; se convence as de la fidelidad de su amada, y
prorrumpe en desesperadoras lamentaciones; Anselmo lo consuela, sin
embargo, dicindole que el supuesto veneno, segn asegura Aurelio, ha
sido slo una bebida soporfera, y que Roselo encontrar viva  su
esposa en la bveda en que se entierran los muertos. Esta noticia
infunde en el enamorado nuevo vigor, y, aunque no libre del todo de
recelo, se apresura  encaminarse  Verona. En la escena siguiente vemos
 Antonio y al conde Pars lamentndose de la muerte de Julia. Antonio,
ya sin herederos, resuelve casarse con su sobrina Dorotea, para que su
fortuna no pase  otra familia despus de su muerte. Mdase entonces el
lugar de la escena, que nos representa el panten de la familia de los
Castelvines. Julia ha despertado; su sorpresa, su horror y su amor le
inspiran en esta mansin sombra un monlogo de admirable verdad y
sentimiento. Presntase Roselo y su servidor; el ltimo tropieza y cae,
apagndose la luz que lleva; su angustia y su manera ridcula de
expresarla, forman el ms chocante contraste con lo terrible de la
escena, y con la obscuridad del lugar en donde yace. Roselo estrecha en
sus brazos  su devuelta esposa, y ambos huyen al castillo del padre de
Julia. Esta, Roselo, Anselmo y el criado se disfrazan de labradores,
para aprovechar la primera ocasin de alejarse que se les presente.
Antonio llega al castillo en compaa de otros Castelvines, para
solemnizar sus bodas con Dorotea. Su venida obliga  los disfrazados 
ocultarse. Julia se refugia en la parte superior del aposento, que su
padre habita, lo cual da origen  una escena admirable; Julia habla 
travs de las hendiduras del suelo, y Antonio cree oir la voz de su
espectro.

    JULIA.

                                Padre!

    ANTONIO.

    La voz conozco. Muerto quedo!

    JULIA.

                                Padre!

    ANTONIO.

    Esta es Julia  me la forma el miedo.

    JULIA.

    Oye, ingrato padre mo,
    Si acaso sentido tienes,
    Estas ltimas palabras,
    Aunque despus de mi muerte.

    ANTONIO.

    Hija! Eres t?

     *       *       *       *       *

     *       *       *       *       *

    JULIA.

    Padre, pues del otro mundo
    Vengo  hablarte, escucha, atiende.

     *       *       *       *       *

     *       *       *       *       *

    Yo me mat por tu causa.

    ANTONIO.

    Por mi causa?

    JULIA.

                  Claramente.
    T me casabas por fuerza.

    ANTONIO.

    Mi intento fu bueno.

    JULIA.

                          Advierte
    Que el Conde me mereca;
    Mas no quiso Amor que fuese
    Mi esposo, porque ya estaba
    Casada.

    ANTONIO.

            Culparte debes
    A ti misma en no decirme
    Lo que tan tarde me ofreces.
    Dijrasme: Padre mo,
    Yo soy mujer flaca y dbil;
    Casme contra tu gusto,
    Yerros de amor oro tienen.
    Perdonrate yo entonces;
    Que no es posible eligieses
    Hombre tan vil, siendo cuerda,
    Y en virtud  ingenio un fnix.

    JULIA.

    Cualquier hombre te dijera,
    Por vil y bajo que fuese;
    Y no pude el que me di
    Para marido mi suerte.
    Casome Aurelio con l;
    Que hasta tanto que tuviese
    La bendicin de la Iglesia
    No fu posible moverme.
    Dos meses fu mi marido.

    ANTONIO.

    Que no se supo en dos meses?

    JULIA.

    No, padre, porque el peligro...
    No hay cosa que ms enferme.
    Pues como me vi casada,
    Y que casarme pretendes,
    Dime la muerte, y estoy
    A donde imaginar puedes.

     *       *       *       *       *

     *       *       *       *       *

    Slo te pido que me honres,
    Y que en paz y amistad quedes
    Con el que fu mi marido,
    Y que su muerte no intentes;
    Que si lo haces, te juro
    Que los das que vivieres,
    Con el fuego que me abrasa,
    Cada noche te atormente.

    ANTONIO.

    Pero di, quin es el hombre?

    JULIA.

    El que  Octavio di la muerte,
    El hijo del que sustenta
    Tus enemigos Monteses.
    Roselo, padre, se llama.

Los dems Castelvines descubren mientras tanto  Roselo, y lo traen
prisionero para saciar en l su sed de venganza. Antonio, sin embargo,
pensando todava en la voz que ha resonado en sus odos, abraza 
Roselo, y le cuenta su visin. Aplcanse todos al escucharlo. Aparece
entonces Julia, y cuenta que Roselo la ha librado de las garras de la
muerte, por cuya razn es aprobado por todos el enlace de los dos
amantes, que sella la reconciliacin de los Monteses y Castelvines. La
conclusin es, sin duda, la parte ms dbil de este drama. Cun grande
es el abismo, que separa  la catstrofe tan pattica y tan
profundamente conmovedora de Shakespeare de esta terminacin cmica! Al
contrario, las dems partes de la obra de Lope nos ofrecen escenas, que,
por su fuego amoroso, ternura  intensidad de afectos, rivalizan con las
de la tragedia inglesa; y, de todas maneras, la comedia de Lope es
incomparablemente superior al arreglo dramtico de la misma novela,
hecho despus por Francisco de Rojas.

Infinitamente ms bella que las dos ltimas comedias es _La quinta de
Florencia_, cuyo argumento se funda tambin en una novela de Bandelo
(consultad adems _Les histoires tragiques_ de Belleforest, tomo I,
hist. 12, y  Goulart, _Histoires admirables_, tomo I, pg. 212), y la
ventaja resultar, indudablemente, en favor de Lope, y en contra de
Beaumont y de Fletcher, quienes, en su _Maid of the mill_, han tratado
dramticamente de este mismo asunto. Si el drama ingls se divide con
poco criterio en dos acciones, la de Antonio, Ismenia y Aminta, y la de
Otrant y Florinel, el espaol le excede por su artstica composicin,
puesto que todas sus escenas estn estrechamente enlazadas entre s, y
la atencin del espectador no se distrae un solo instante; hasta la
pintura de caracteres y de afectos, y las situaciones dramticas,
merecen tambin nuestra plena aprobacin. _El halcn de Federigo_ se
funda en la novela del halcn del Decamern (Giorn. 5, Nov. 9), y _El
remedio en la desdicha_ en la celebrada leyenda de Abindarrez y Jarifa
de la _Diana_ de Montemayor. _El guante de Doa Blanca_ refiere el mismo
suceso que el _Handschuh_, de Schiller, sin otra diferencia que el lugar
de la escena es la corte de Portugal. En _La prueba de los ingenios_
admiramos la misma fbula oriental, que ha sido adoptada en las novelas
del Occidente, cuyo origen parece ser el _Heft peiger_, de Nisami, tan
famoso por el Turandot de Gozzi. _El mrmol de Felisardo_ muestra en su
accin notable semejanza con el cuento de invierno de Shakespeare; y
como este drama, segn parece, proviene de la _Pleasant History of
Dorastes and Fawina_, de Roberto Green, es de presumir que todas estas
obras tengan por base una antigua novela, desconocida para nosotros y
aprovechada tambin por Lope.

Debemos mencionar inmediatamente una serie de producciones literarias,
cuya ndole puede caracterizarse con el nombre de _novelas dramticas_.
Aludimos  aqullas, cuyas escenas se ajustan entre s levemente y sin
sujetarse  verdadero plan dramtico, y que adems, por sus sucesos
novelescos  imprevistos, tienden  impresionarnos inslita y
sobrenaturalmente. Cuntanse, entre ellas, algunas de las citadas; pero
hay otras muchas que no deben clasificarse con las anteriores, ya porque
son de exclusiva invencin del poeta, ya porque nos son desconocidas, 
pesar de nuestra diligencia, las tradiciones  novelas en que se apoyan.
Cualquiera que slo hubiese ledo estos dramas de Lope, no dudara en
formar de su talento para la composicin dramtica la idea ms
favorable, puesto que plan y caracteres se sacrifican con demasiada
frecuencia al afn de ofrecer nuevas y sorprendentes situaciones, y  la
propensin  lo sobrenatural y monstruoso. La alternativa de aventuras
maravillosas, que no pocas veces slo dependen de tenue hilo, pero que
llevan la atencin del espectador de una  otra situacin interesante,
parece haber sido el blanco principal que se propona alcanzar el poeta.
Cuando para lograrlo no encuentra mudanzas extraordinarias de fortuna,
sucesos singulares que tocan en los lmites de lo increble, por ser
raros entre los histricos conocidos y por su incompatibilidad con el
tiempo y con el lugar real y verdadero en que hubieron de ocurrir, crea
pases imaginarios, funda reinos y eleva al trono dinastas que jams
existieron. La India y la Persia, la Hungra y Polonia, la Transilvania
y Macedonia, se convierten en teatro de insidiosos asesinatos,
encantamentos y revoluciones soadas. La geograga y la historia de
estas obras parece la misma que la de los libros de caballera, y si por
casualidad se aprovecha algn acontecimiento histrico,  que lo
parezca, va acompaado de los pormenores ms novelescos  inconciliables
con la verdad histrica. Lope, segn la expresin de Sancho Panza, tiene
siempre  mano el reino de Dinamarca  de Sobradisa, que le vienen tan
de molde como anillo al dedo, y destroza con portentosa presteza  los
emperadores de Trebisonda   los tiranos de la Albania. Obliga  sus
personajes  correr de Levante  Poniente, del Septentrin al Medioda,
ya dando batallas, ya danzando en amoros; el lugar de la escena es ya
Alejandra, ya Babilonia, ya Irlanda  Siebenburga. La accin es
frecuentemente un conjunto de sucesos contradictorios de la ms extraa
especie.

La ms rara confusin de elementos heterogneos; la unin ms absurda y
caprichosa de catstrofes trgicas y de cmica licencia, de paganismo y
cristianismo; el concurso ms singular de personajes; el enlace ms
monstruoso de lo completamente sandio y sin sentido con lo ms ingenioso
y divertido, se encuentra en _El nuevo Pitgoras_. Si un poeta
fantstico de nuestros das se propusiese, en un arrebato de excntrica
originalidad, escribir una obra llena de disparates, podra difcilmente
asemejarse  la de Lope, y, sin embargo, este aborto de la imaginacin
ms desarreglada, nos ofrece muchos rasgos admirables en el oleaje de
sus absurdas visiones. La rareza[8] de esta comedia nos autoriza para
darla  conocer ms exactamente.

_Jornada primera._ Crcel de esclavos en Marruecos. Razonte, joven
castellano de familia distinguida, es cautivado por piratas moros en las
costas de Espaa, cuando se dispona  encaminarse  Madrid para casarse
con la bella Anglica. Yace durmiendo en su prisin subterrnea, y es
visitado por el Dios Amor, que lo exhorta  huir de su crcel, porque,
de no hacerlo, perder  su prometida. El plan que le sugiere para la
realizacin de este designio, es el siguiente: la sultana Zelora ha
tramado con el joven Mahamud una conspiracin para atentar  la vida del
Sultn la noche inmediata; se encontrar un pual en poder de Zelora y
una carta  Mahamud, que probarn su traicin. El Amor aconseja, pues, 
Razonte que los delate, para que, agradecido el Sultn, le conceda la
libertad, decidindose Razonte  seguir su consejo. La escena que sigue
nos ofrece  Zelora y Mahamud hablando de sus amores: tan grande es la
violencia de su pasin, que discurren sin precaucin alguna acerca de su
criminal proyecto; es fcil, por tanto,  Razonte conocer hasta los
detalles ms insignificantes de la conjuracin, y se apresura 
descubrirla al Sultn; ste hace ahogar  Mahamud y  los dems
conjurados, pero perdona  Zelora,  quien siempre ama, y le asegura que
la amar tambin en lo sucesivo; pero ella lo trata con desprecio,
rechaza su perdn, y se mata en su presencia. El Sultn dispensa grandes
beneficios  Razonte por haberle salvado la vida, embarcndose despus
hacia Espaa. Mdase entonces la escena  las costas de Andaluca.
Razonte y su criado Carlino, que es el gracioso, alcanzan nadando la
Sierra, por haberse ido  pique, en una tempestad, el buque que los
traa; los pescadores de la costa los acogen hospitalariamente, y son
llevados  la casa de un rico molinero, llamado Butrago, en la cual
permanecen muchos das. Razonte sufre mil importunidades de Aldonza,
sobrina de su husped, pero guarda fidelidad  su Anglica. Carlino
busca  un judo para empear unos diamantes que su seor ha salvado del
naufragio, y de paso intenta convertir al descredo. Los dos nufragos
prosiguen su viaje  Madrid; Aldonza se queda desconsolada,
aconsejndole Butrago que nunca ofrezca su corazn  gentes principales.
En la escena siguiente vemos un jardn en Madrid, y en l una fuente con
su saltador, adornada con la estatua del Amor. Razonte, fatigado del
viaje, duerme  los pies de la estatua, excitndole en sueos el Dios 
que se encamine  un lugar solitario  orillas del Manzanares, y oiga
los consejos de un piadoso ermitao que lo habita. Despierta entonces el
viajero, y emprende su peregrinacin;  poco encuentra  Mysn, criada
de Anglica, y le pregunta por su amada, informndose tambin de cuanto
ha ocurrido en su ausencia en casa de Doa Beatriz, madre de Anglica.
Tranquilizaos--le dice Mysn,--Anglica es fiel  vuestro amor; pero
sabed una nueva extraa: Doa Beatriz se ha casado con el Doctor
Corngoras.

Es posible?--le replica Razonte.--Los celos, de seguro, no molestarn
 este matrimonio. Pero dime de qu encanto se ha valido el Doctor para
celebrar esta boda?

Su cabeza--aade Mysn--se ha extraviado con la absurda creencia de la
transmigracin de las almas. Afirma que fu antes Priamo, Csar,
Tamerln, Alejandro y no s cuntos ms; con estas ideas ha trastornado
el seso  Doa Beatriz, habindole dicho que en su cuerpo habita el alma
de Elena, dndole ella crdito slo por ser l quien lo dice. Se ha
casado, pues, con l, aunque no se oponga  vuestros deseos,
proponindose que su hija d su mano  Hctor de Sandrago, por ser para
ella el Hctor troyano.

Razonte se aflige sobremanera al oir esta noticia, y resuelve buscar al
ermitao para pedirle consejo.

_Jornada segunda._ Escena superflua, en que Carlino se chancea con el
criado de Corngoras; el loco doctor viene tambin, rie  su servidor,
que es un perfecto imbcil, y slo sirve para excitar la risa con su
endiablada jerigonza. S--exclama,--ya s quin eres, traidor! Eres el
infame Anaximandro que negaba la existencia de los Dioses, y todo lo
explicaba por la casualidad; te he visto muchas veces, y sostuve
contigo, en Mileto, una larga disputa sobre este punto.

Mdase el lugar de la accin; vese la residencia del ermitao Helvidio,
 quien Razonte cuenta sus penas. Helvidio hace jurar al desdichado
amante que, en caso de conseguir algn da la mano de Anglica,
edificar en el paraje en donde se levanta la ermita una hermosa iglesia
con un hospital para los pobres caminantes. Arrodllanse ambos  orar;
aparcese un ngel que exhorta  Razonte  buscar  una vieja
encantadora morisca, para ser testigo de su maravillosa conversin, y
para averiguar, con su ayuda, el medio de lograr la realizacin de sus
deseos. brese el fondo del teatro, y se presenta la cueva, en donde
Rustana ejerce su infernal arte: describe en el suelo crculos mgicos,
y recita frmulas de encantamentos para que sucumban los hroes marinos
espaoles, tan peligrosos para los corsarios africanos, volvindose de
vez en cuando  un mono grande, que le revela los misterios de lo
porvenir. Presntase el ngel y manda al mono que indique  Razonte los
medios de hacer  Anglica suya; obedcelo el mono, presa de horribles
convulsiones, y dice: Slo vencers, si te vuelves loco como
Corngoras, cayendo muerto despus de pronunciar estas palabras. El
celestial mensajero se vuelve luego hacia la hechicera, y la exhorta 
renunciar  sus artes diablicas; ella siente de pronto que todo su sr
se altera, y promete expiar sus anteriores pecados haciendo rigurosa
penitencia. Razonte sale en busca de Anglica; abrzala tiernamente tras
tan larga ausencia; declrale las palabras del orculo, y acuerdan ambos
que Razonte finja creer en la metempscosis y pasar por un hroe de la
antigedad. Entran en la habitacin de los padres de Anglica.

BEATRIZ.--Qu veo? Razonte? No os he dicho millares de veces, que
renunciis para siempre  mi hija? Slo Hctor ser su marido.

RAZONTE.--Ms humana oh cruel Elena! fuiste antes conmigo; antes no
preferas  Hctor.

BEATRIZ.--Cielos! qu oigo?

CARLINO.--No dudes ya; ste es Paris, en cuerpo y alma!

BEATRIZ.--Paris, amante mo, eres t verdaderamente? S! Ya te
reconozco! Por qu me has tenido engaada tanto tiempo?

RAZONTE.--Para espiarte tranquilo. He visto tu infidelidad al casarte
con este gran filsofo; pero ya que te he perdido, he determinado
consolarme en mi desdicha y ser tu yerno, porque la bella Anglica es tu
vivo retrato, y te amar  ti amando  ella.

BEATRIZ.--Que Anglica sea tuya cuenta con mi promesa! Pero dime: en
dnde has estado despus de todas nuestras desdichas?

RAZONTE.--Por ti he derramado lgrimas bajo formas infinitas; he sido
tigre, zorro, oso, ave de rapia, alguacil, y por ltimo, me aloj en el
cuerpo de Razonte.

BEATRIZ.--Y yo, despus de haber sido Elena, anduve largo tiempo errante
y sin domicilio fijo; fu luego ratona y me cas con un ratn, pero la
muerte acab con nuestras alegras: un gato nos atrap al salir de
nuestro agujero, cuando gustbamos de todas las dulzuras del matrimonio,
y el infame nos devor.

CARLINO.--Yo fu ese gato: lo recuerdo con deleite, porque vuestro sabor
era exquisito. Cuando rais ratona no estbais tan flaca como ahora.
Slo habis conservado el color pardo de vuestro cutis.

CORNGORAS.--Y yo fu antes Pitgoras, Scrates, Alejandro, Catn,
Escipin... (_A Carlino._) Pero, santo Dios! veo yo bien? S; ya te
conozco! T eres Aquiles!!

BEATRIZ.--Es posible? Aquiles! Cuntos hombres grandes contemplo en
este da!

CARLINO.--Cmo? El diablo me lleve! Yo Aquiles? Pero quin era
Aquiles? No fu un Emperador romano?

_Jornada tercera._ Beatriz desea que se celebre el enlace de Anglica y
Razonte, pero para lograrlo ha de rescindir antes el contrato de
casamiento, que se halla en poder de Don Hctor, negndose  hacerlo.
Razonte se desespera y vaga, lamentndose, por lugares solitarios.
Ocurre luego una escena de devocin catlica, que forma el ms extrao
contraste con las divertidas que le preceden y subsiguen. El ngel se
presenta al desolado amante y le dice que recuerde sus votos, escritos
en el cielo,  cuyo cumplimiento le exhorta, ya que Helvidio ha muerto.
Aade que Rustana, la encantadora, ha fenecido, como el ermitao, en la
expiacin y el arrepentimiento; que sus almas yacen en la mansin de
los bienaventurados, y que, por mandato de Dios, le presenta sus
cadveres para que su vista le infunda el amor  la virtud y el
desprecio de los goces mundanos. Se ve  Helvidio y Rustana muertos,
descansando en un lecho cubierto de flores: un coro de ngeles se cierne
sobre sus cabezas y canta un himno, mientras Razonte se arrodilla, y al
final de cada estrofa repite el _Gloria in excelsis_. Confirma con
nuevos juramentos su anterior voto, y el ngel le anuncia que, al lado
de su Anglica, vivir feliz muchos aos como fundador del hospital
futuro. Despus de estos rasgos de ascetismo recomienzan las escenas
burlescas en la casa del Doctor. El divertido personaje Carlino, llamado
Aquiles por todos, se imagina que es el hroe griego, y al desempear
este papel no sale seguramente mal librado, porque lleva vestidos
lujosos, propios de su alto rango, y se regala de lo lindo. Pero esta
dicha es poco duradera, porque Don Hctor lo cita  singular combate;
depone entonces su espada y sus regias insignias, y le dice que el
Demonio se lo lleve si ha sido alguna vez un hroe; que crey vivir
sosegado y tranquilo llamndose Aquiles; pero que sabiendo ya que ha de
pelear, renuncia  su dignidad y prefiere la vida. Este cambio de
carcter en Aquiles admira  todos, pero no por esto se decide  pelear
con su mulo, habindolo ya vencido en Troya.

BEATRIZ.--A l, valeroso Aquiles!

CARLINO.--Calla, lengua ponzoosa!

RAZONTE.--Desenvaina tu espada!

CARLINO.--Sudo de miedo por todos mis poros! (_Desenvaina la espada y
se acerca  Hctor hacindole cortesas._)

HCTOR.--Dios mo! Mi nimo desfallece!

CARLINO.--Tiene voz de trueno. Quisirais, bondadoso seor Razonte,
tirarle al suelo  sujetarle las manos?

RAZONTE.--Cobarde!

BEATRIZ.--Es posible, Aquiles?

CARLINO.--No veo otro recurso que darle el golpe de gracia; si no, me
mata. Toma! (_Tira dos botas  Hctor._)

HCTOR.--Yo muero!

CARLINO.--Me ha alcanzado? Cielos, qu temblor el mo!

HCTOR.--Me doy por vencido. Perdn!

CARLINO.--Segn parece, tambin tiene miedo.

MYSN. (_La criada abrazando  Hctor._)--Si no nos entregas ahora mismo
todos tus papeles y tu persona, sentirs todo el peso de la clera de
Aquiles.

CARLINO.--Sujtalo bien, Mysn!... Ah, bellaco; ahora vers quin
soy! Muerte y asesinato!

HCTOR.--Misericordia, hroe invencible! Si me lo mandas, abrazar tus
rodillas!

CARLINO.--No me toques; no pienso en eso ni lo deseo!

HCTOR.--Ah tenis cuanto peds.

RAZONTE.--Anglica. Oh dichoso instante!

CARLINO. (_Dando sablazos de plano  Hctor._)--Yo te perdono;
enmindate en lo sucesivo, pero recibe esta amonestacin cariosa.

Don Hctor desaparece; los amantes, poseedores ya del documento en que
Hctor fundaba sus pretensiones, se abrazan mutuamente, y Carlino
declara su voluntad de casarse con Mysn. Todos se admiran de que un
vstago de sangre real elija por esposa  una criada; pero Mysn asegura
que es Deidamia, y que hace ya cuatro mil aos que busca en vano  su
querido Aquiles, hasta que lo encuentra en este instante; de suerte que
las dos parejas reales se apresuran  contraer matrimonio. A la
conclusin se entona un canto por el coro en alabanza de la doctrina de
la metempscosis.

En _La octava maravilla_ se nos presenta un Rey de Bengala, dedicado al
estudio de Hipcrates y Galeno, que excitado por las pomposas
descripciones, que le hace un arquitecto espaol de la geografa de
Espaa y de la genealoga de sus familias ms distinguidas, se resuelve
 visitar  la Pennsula, y despus de naufragar en las islas Canarias
llega  Sevilla, en donde finge ser un criado y se enamora de una beldad
sevillana, convirtindose al cristianismo y regresando despus  su
reino para propagar en l su religin. La escena es, ya en Bengala, ya
en las islas Canarias, ya en Espaa. En _El prodigio de Etiopa_ se
apodera un moro, por astucia, de la hija del Rey de Egipto, hacindose
pasar por su amante; huye con ella, se convierte en salteador, comete
los mayores crmenes y muere al fin ermitao y mrtir. _La doncella
Teodora_ refiere las singulares aventuras que suceden en Orn,
Constantinopla y Persia  una joven espaola de admirable ingenio y
belleza; figuran tambin en este drama un profesor de Valencia, un
catedrtico de Toledo, el Rey de Orn; Selin, gran seor de Turqua, y
el Sultn de Babilonia. En _El hombre por su palabra_ sube al trono de
Macedonia el hijo de un jardinero, despus de ejecutar grandes hazaas y
con el favor de una Princesa. En _La ventura no buscalla_ se refugia
otra Princesa fugitiva en la casa de un noble de los montes Crpatos;
entra  su servicio, se casa con l, y le trae al fin en dote la corona
de Hungra. En _El animal de Hungra_, un Rey de este pas condena 
muerte  su inocente esposa y se casa con la cuada; pero la que se
crea muerta vive, se cubre con pieles de fiera y pasa por tal, rondando
las selvas prximas al castillo y robando los hijos que el Rey engendra
en su hermana. Parecidos son _El hijo de los leones_, _Los pleitos de
Inglaterra_, etc.




CAPTULO XVI.

     _La fuerza lastimosa._--_Don Lope de Cardona._--_La hermosa
     Alfreda._--_Laura perseguida._--Otras comedias.--_El caballero de
     Olmedo._--Lo cmico de Lope de Vega.--_Amar sin saber  quin._


Afortunadamente no es grande el nmero de estas obras informes, que slo
deben considerarse como abortos de una imaginacin desarreglada, y que
nos ofrece al poeta en sus ms singulares extravos. Otras muchas, que
entretejen tambin sucesos, sin enlace estrecho y  modo de novela, y
que, por su ndole romntica, pertenecen  la misma categora, muestran
ms arte en la traza y ejecucin de su plan dramtico. _La fuerza
lastimosa_, drama, cuya idea fundamental proviene del conocido romance
del conde Alarcos, y que debi ser de las ms famosas de Lope por las
frecuentes alusiones que  l hacen los escritores espaoles, no
merece, en verdad, grandes alabanzas en cuanto  su composicin, porque
se abusa de las ficciones, y la verosimilitud no siempre se observa;
pero,  pesar de estos defectos, quin no admirar el fuego y el vigor
de la fantasa, y el inters grande que excita en el lector esta extraa
obra dramtica? Dionisia, hija del rey de Irlanda, pone sus ojos en el
bello conde Enrique, y encontrndolo en un paraje retirado de los
salones, en una partida de caza, lo cita para la noche siguiente. El
duque Octavio asiste  la entrevista anterior  la cita sin ser notado
de los amantes, advirtindose que ama tambin  la Princesa, aunque sin
esperanza de ser correspondido, por cuyo motivo toma la insidiosa
resolucin de fingirse el Conde. Presntase, pues, al Rey con este
propsito, y sin decir la causa; pero haciendo al Monarca fervorosas y
vehementes splicas, y prometiendo descubrirle el secreto al da
siguiente, le pide que aprisione al Conde. Concdesele su pretensin, y
el Duque, sin ser conocido, asiste  la entrevista fijada para otro. A
la maana siguiente pretexta Octavio que la prisin del Conde era
necesaria para libertarlo del peligro que corra de ser asesinado. Sale
de su prisin el Conde, y es nombrado Almirante para demostrar su
inocencia; pero el Duque, atormentado por los remordimientos, y
temeroso de que se descubra la verdad, se refugia en sus dominios.
Firmemente convencida Dionisia de haber estrechado en sus brazos  su
amante la noche de la entrevista, se maravilla sobremanera de que aqul
se haga el desentendido, y cree que se propone negarlo; su pasin se
acrecienta ms y ms, reconviene amargamente al Conde por su conducta, y
lo obliga, no comprendiendo lo que sucede,  abandonar la corte para
siempre y ausentarse  un pas lejano. En el acto segundo acomete  la
Infanta una melancola profunda, que casi raya en locura, y cuya causa
nadie puede adivinar; nada responde  lo que se le pregunta, y, por
ltimo, escribe lo siguiente, importunada por los repetidos ruegos del
Rey:

      Yo me cas
    Con Enrique de secreto,
    Y en secreto me goz;
    Fuese  Espaa, y me dej,
    Padre, sin honra en efeto.

Enrique llega  Espaa mientras tanto, y se casa con Isabel, hija del
conde de Barcelona. Han transcurrido muchos aos desde que abandon la
Irlanda; el deseo de ver de nuevo  su patria no lo deja sosegar, y al
fin se encamina  ella con su esposa  hijos. Apenas sabe el Rey su
llegada, lo invita  verlo, y le dice:

    REY.

      Enrique, este papel es una carta
    Que del Rey albans recibo agora:
    Contiene, en suma, una desdicha grande,
    Y como amigo, pdeme consejo.
    Yo, que no fo de mi ingenio cosas
    Tan arduas, y del tuyo estoy contento,
    Quiero que me aconsejes lo que pueda
    Escribirle en desdicha semejante.

     *       *       *       *       *

    Tiene el Rey albans, Enrique amigo,
    Slo una hija, como yo  Dionisia;
    Pdensela mil Prncipes y Reyes,
    Y ella pone los ojos en un hombre,
    Noble por cierto, mas vasallo suyo.
    ste la goza, y con temor del padre,
    Huye  otro reino, donde al fin se casa,
    Y casado despus  Albania vuelve.

    ENRIQUE.

    Extrao es el suceso, y que peda
    Ms ingenio y mas tiempo; mas si es fuerza
    Obedecerte, digo que aunque mate
    El Rey  ese hombre, no remedia nada,
    Pues se queda la Infanta sin remedio,
    Y casarle con ella est ms puesto
    En razn y justicia.

    REY.

                        De qu modo,
    Siendo casado el hombre?

    ENRIQUE.

                              Dando muerte
    l propio  su mujer, en justa pena
    De su delito.

Despus de argumentar ambos sobre la justicia y la necesidad de la
sentencia de Enrique, el Rey da  ste la carta de la Infanta, copiada
ms arriba, y le dice:

    T me diste el consejo; parte luego,
    Y  la Condesa quitars la vida,
    Para que aquesta noche seas esposo
    De la Infanta mi hija.

El Conde protesta vanamente no haber tenido jams con la Infanta
relaciones de tal especie; el Rey no hace caso de ellas, y repite sus
rdenes. Enrique cae en tierra como herido por el rayo: por una parte,
el deber ms sagrado de un vasallo es la obediencia  su seor; por
otra, el asesinato de una esposa amada es un hecho superior  las
fuerzas humanas. La horrible lucha, que surge en su corazn, se
manifiesta exteriormente por un silencio sombro, hasta que Isabel
descubre el secreto, y lo invita  matarla, puesto que ella morir
contenta con tal que su esposo cumpla sus ms imprescindibles deberes
para con el Rey. El desventurado Enrique se decide al cabo  ejecutar
accin tan repugnante. Isabel se despide tiernamente de sus hijos y de
su esposo,  quien asegura, repetidas veces, que recibe gustosa la
muerte de su mano; el Conde, no sintindose con fuerzas bastantes para
matarla, encarga  un criado que lleve  la mar en una barca  Isabel, y
que la abandone  merced de las olas. El acto tercero nos ofrece al
msero Conde atormentado por los remordimientos y presa del delirio. El
horrendo crimen, cometido por orden del Rey, no produce el resultado
apetecido, porque la Infanta se niega  dar su mano al asesino, manchada
con la sangre de su esposa. El conde de Barcelona se acerca con una
armada para vengar la muerte de su hija; un hijo de la muerta es el
Almirante, y el Rey tiembla ya en su capital. Isabel, sin embargo, no ha
perecido en la mar, puesto que, asida  un tronco de rbol, es
arrastrada  la costa, recibiendo la ms benvola hospitalidad en los
dominios del duque Octavio. Confa al Duque el secreto de sus desdichas,
y l, que se considera como el principal causante de ellas,
correspndele participndole que, en aquella noche misteriosa, usurp
traidoramente el lugar del Conde para poseer  la Infanta. Isabel se
disfraza entonces de hombre, y se encamina  juntarse con la armada de
su padre, en donde no es conocida, aunque se le recibe benignamente por
su semejanza con la que se cree muerta. El rey de Irlanda, vindose en
grave apuro, entrega  sus enemigos al conde Enrique como autor de todo
lo ocurrido, pero Isabel descubre la verdad dndose  conocer; su padre,
su hijo y su esposo se creen en el colmo de la dicha al recobrar  la
que suponan perdida para siempre, y Dionisia borra la mancha, que
deslustraba  su honor, casndose con Octavio.

Semejante  sta por el inters que inspira y por la imperfeccin de las
diversas partes del conjunto, es _Don Lope de Cardona_. El prncipe Don
Pedro de Aragn ha dado muerte en un torneo al hijo del rey de Sicilia;
y en su consecuencia se ha declarado la guerra entre los dos pases.
Lope de Cardona, capitn de las tropas aragonesas, vuelve vencedor y
aguarda ser recibido, al desembarcar en Valencia, con las ms vivas
demostraciones de alegra; en vez de esto, encuentra cerradas las
puertas: un carro cubierto con negros paos se le acerca, apendose de
l una dama, vestida tambin de negro. Esta dama es Casandra, su esposa,
que le cuenta que el prncipe Don Pedro la ha requerido de amores, y que
el padre de Lope, llamado Don Bernardo, ha salido  la defensa de su
honor, sacando su espada contra el Prncipe en el calor de la
contienda. El anciano Bernardo,  causa de su precipitacin en obrar,
ha sido acusado de crimen de alta traicin y encerrado en la crcel, y
el Prncipe, lleno de ira, se ha dado trazas de predisponer contra toda
la familia de Cardona al bondadoso y justo Rey. Casandra aconseja la
huda  su esposo, pero l, confiado en su inocencia, se presenta al
Rey, refiere los grandes servicios que ha prestado al trono, y hace
valer las razones que disculpan el hecho de su padre, pidiendo que sea
puesto en libertad y que l entre en su lugar en la crcel. El Rey se
opone  ello, cediendo  la influencia del Prncipe, y destierra
mientras viva al capitn que le ha ganado una de las ms brillantes
victorias. Lope, pues, se embarca para Npoles en compaa de su esposa,
 la cual intenta retener en vano el prncipe Don Pedro; naufraga en las
costas de Sicilia y arriba  la playa, cayendo en manos de Roger, 
quien ha vencido en la guerra. Regocjase ste al apoderarse de tan
famoso guerrero, y se esfuerza en atraerle  su servicio, ya hacindole
las ms lisonjeras promesas, ya amenazndolo; pero nada es bastante para
quebrantar la fidelidad de Lope  su soberano, por grande que sea la
injusticia con que lo trata. Roger aprisiona entonces  Casandra, y la
conmina con la muerte si su esposo no accede  sus deseos; Lope sucumbe
 esta prueba dolorosa, se pone al frente de la armada, y llega con
numerosos buques  Valencia. Para economizar la sangre de sus
conciudadanos y antiguos compaeros, exhorta  los aragoneses  decidir
la contienda por medio de un combate singular. Es aceptada su
proposicin, y Pedro, para saciar su odio contra los Cardonas, nombra 
Bernardo, todava preso, para pelear contra su hijo. Los combatientes se
presentan con la visera calada y sin conocerse; cese el yelmo de uno, y
ambos se reconocen en el momento en que se disponan  pelear hasta la
muerte; obstnanse los dos en morir uno por otro; por ltimo, Lope
persuade  su padre  que huya, y que pretexte que su enemigo es el
prncipe Don Pedro, contra el cual no ha querido levantar su leal mano.
La princesa de Sicilia, enamorada de Don Pedro, se ha esforzado mientras
tanto en atraerlo  una entrevista, para la cual debe serle til
Casandra, invitndolo  venir  su casa. l responde afirmativamente 
la invitacin, pero es sorprendido por Roger en la tienda de Casandra, y
hecho prisionero. Lope se enfurece sobremanera  causa de la aparente
infidelidad de su esposa, y sta huye para evitar su clera, haciendo
correr el rumor de que el rey Roger la ha condenado  muerte, por creer
que mantena inteligencias con el enemigo. Alegres los sicilianos de
tener prisionero al Prncipe, levantan el sitio y se hacen  la vela;
pero los aragoneses los persiguen y sitian  su vez  Mesina, pidiendo
que se les entregue el prncipe Don Pedro. Cuando se disponen  dar el
asalto  la ciudad, se presenta Don Pedro en las almenas de la muralla,
y los sitiados amenazan matarle, si los sitiadores prosiguen sus
ataques; la princesa de Sicilia se empea, por su parte, en impedirlo;
para salvar la vida  su amante y establecer la paz entre los
combatientes, se entrega tambin  los aragoneses, para que su cabeza
caiga al mismo tiempo que la del Prncipe. Su herica resolucin pone
trmino  tan prolongada lucha; avinense los dos Reyes, y el casamiento
de sus hijos sella por entonces la paz. Lope de Cardona, que, al saber
la muerte de su esposa, se retira de la armada desesperado, deseando
morir tambin, ha sido antes llevado  la presencia del soberano de
Aragn, el cual, conociendo su injusticia, le devuelve todos sus cargos
y honores; finalmente, Casandra es descubierta en el ejrcito disfrazada
de guerrero, y averiguada su inocencia, concluyendo la comedia con la
reconciliacin de todos sus personajes.

_La hermosa Alfreda_ es otro drama, que participa de las bellezas y
defectos de los mencionados. El rey Federico, enamorado de la princesa
Alfreda de Cleves por haber visto un retrato suyo, encarga al conde
Godofredo que se encamine  Cleves, y que pida  la Princesa para esposa
suya, en caso de encontrarla tan bella como aparece en su retrato. El
Conde queda tan encantado de las gracias de Alfreda, que,
desentendindose de la comisin de su soberano, la pide para s.
Alfreda, aunque poco aficionada al Conde, accede, sin embargo,  los
deseos de su padre, y Godofredo dice al Rey,  su regreso, que el
original es muy inferior  la imagen, por cuyo motivo induce  su esposa
con fingidos pretextos  que se disfrace con trajes ordinarios y habite
en una obscura aldea. El Rey la conoce aqu, habindose extraviado en
una partida de caza, y se enamora de ella violentamente siendo
correspondido. Cuando averigua el engao del Conde, declara nulo su
casamiento, y se lleva  Alfreda  su palacio para contraer con ella
matrimonio. Godofredo, tanto  causa de su afliccin por el rapto de
Alfreda, cuanto por los remordimientos de su conciencia, hijos de su mal
paso, cae en un estado prximo  la locura, y se presenta sollozando
ante el Rey en compaa de los dos hijos que ha tenido de su esposa.
Alfreda, aunque engaada tambin por l, intercede conmovida en su
favor y hasta quiere abrazarlo; pero, al intentarlo, observa que la
misma fuerza  intensidad de sus sentimientos le ha arrancado la vida.

El drama _Laura perseguida_ se distingue por la vigorosa pintura de
afectos. Oranteo, hijo del rey de Hungra, ama  Laura, joven dama de
singular belleza, pero cuya condicin no es igual  la suya, y tiene de
ella dos hijos. El Rey se opone  que se case el Prncipe con Laura,
proyectando enlazarlo con otra Princesa. Para lograr su propsito,
intenta enemistar  los dos amantes, y se enamora de Laura,  quien no
conoce por su verdadero nombre. Una criada de Laura, que se parece mucho
 su seora, y un cierto Octavio, secretario del Prncipe, se conciertan
para poner en obra los planes del Rey; la criada se viste con el traje
de Laura, y celebra de esta suerte con Octavio una tierna entrevista,
que presencia el prncipe Oranteo. Este se enfurece y renuncia  su
Laura; sin embargo, no le es posible desterrar por completo de su pecho
el amor que le inspira, y, fingiendo ser Octavio, se desliza bajo de sus
ventanas, para convencerse de su infidelidad, puesto que duda de sta, 
pesar de las apariencias que la confirman. Laura, que ignora la traicin
que se trama, le habla amistosamente, creyendo que es el secretario del
Prncipe, y sus palabras afables, por desgracia, son  los ojos de
Oranteo una prueba decisiva de su inconstancia. Laura, pues, es
arrastrada  la crcel, y sus hijos, sin saber su origen, se envan  un
lugar escondido entre montaas, para ser criados con una familia de
labradores. Un ao largo languidece la desventurada en su prisin, al
cabo del cual recobra su libertad y emprende una peregrinacin 
Santiago. A su regreso llega  la aldea, en donde viven sus hijos, y los
abraza derramando copiosas lgrimas. El Prncipe, mientras tanto, aunque
convencido de su infidelidad, la ama, sin embargo, y rehusa
obstinadamente casarse con la Princesa. El desenlace, en que se averigua
la inocencia de Laura, y el Rey, que bajo de otro nombre le ha mostrado
su benevolencia, la reconoce como  esposa de su hijo, es fcil de
presumir.

Poco menos interesante, aunque notable por los caracteres de los
personajes, es _Los enredos de Celauro_, llenos de vida y de ingenio, y
de situaciones dramticas de gran efecto _La boda entre dos maridos_,
_La ocasin perdida_, _Los torneos de Aragn_, _El testimonio vengado_,
_El gallardo cataln_, _Carlos el perseguido_, _Los peligros de la
ausencia_, _La batalla del honor_ y otros muchos. Ningn otro poeta del
mundo nos ofrece en sus novelas, leyendas  dramas, tantas invenciones
interesantes  ingeniosas, tantas situaciones conmovedoras y dramticas,
tantos motivos que exciten y encadenen nuestra atencin como Lope; pero
en la manera de utilizar estos materiales, en la relacin de las partes
con el todo, pertenecen estas novelas dramticas  sus obras ms
imperfectas.

Entre estas ltimas y otras obras suyas, que se asemejan ms  la
comedia propiamente dicha, hay varias de un gnero intermedio que, 
causa de su plan ms regular, no deben clasificarse con aqullas, ni
tampoco confundirse con stas, diferencindose por su ms serio
argumento. Muchas nos ofrecen cierta analoga con los cuadros
sentimentales de familia, tan de moda en los modernos teatros, aunque
los de Lope se distinguen de ellos por su poesa ms elevada.
Mencionaremos, entre ellos,  _Las flores de Don Juan_, cuyo
protagonista, en lo relativo al carcter, nos encanta por su fuego y su
ternura; _La moza de cntaro_, _Querer su propia desdicha_, y sobre
todos, _La esclava de su galn_, bellsimo drama en que descuella una
mujer de singular grandeza de alma y pronta  sacrificarse por su
amante. El joven Don Juan renuncia, por amor  Elena,  la posesin de
una rica prebenda, que debe  su padre, por cuyo motivo es abandonado
por aqul. Agradecida Elena al sacrificio que hace por ella su amante,
toma la extraa resolucin de venderse por esclava del padre de Don
Juan[9] para aplacar su clera y reconciliarlo con su hijo. Esta ficcin
excita en alto grado nuestro inters, y la serie de escenas en que la
heroina se nos presenta, ya arrebatada de su pasin amorosa, ya airada y
celosa, lo aumenta an ms  la conclusin, en que se descubre y quiere
renunciar  su amante,  quien cree infiel, moviendo entonces al padre,
admirado de su generosidad,  dar su aprobacin  su enlace con su hijo.

_El caballero de Olmedo_ nos ofrece un notable ejemplo, as de la
capacidad extraordinaria de Lope, como de la incomprensible ligereza que
tanto le perjudica. Los dos primeros actos son excelentes y de una _vis
cmica_ inimitable; con los rasgos ms ingeniosos se describen las
artificiosas intrigas de una vieja alcahueta y supuesta bruja, de la
especie de la Celestina. Don Alonso, caballero de Olmedo, ama  Doa
Ins y es amado de ella; pero el padre de sta quiere casarla con un
cierto Don Rodrigo. Ins, para evitar en lo futuro el enlace que la
amenaza, pretexta hallarse decidida  entrar en un convento; la
redomada vieja Fabia penetra en la casa, en traje eclesistico, para
preparar la novicia  la vida conventual, y un criado de Don Alfonso
finge ser maestro de latn; las escenas en que entona cnticos
religiosos mientras Ins lee las cartas de su amante, demuestran que en
aquella poca no se miraban como profanaciones estas burlas. La intriga
camina, pues, natural y favorablemente, cuando el drama se convierte en
trgico de improviso, en oposicin con su anterior ndole. Don Rodrigo,
el pretendiente despreciado por Ins, intenta vengarse de su rival; en
una corrida de toros slvale Don Alfonso la vida; pero este sentimiento
de gratitud, que le debe en remuneracin de su servicio, acrece an ms
su ira; espalo, pues, y saliendo de su emboscada, lo tiende muerto 
sus pies. Ins pide al Rey justicia contra el matador, y ejecuta
entonces verdaderamente su proyecto, fingido antes, de entrar en un
convento.

Un gran nmero de las obras de Lope pueden, por ltimo, ordenarse en la
categora de _comedias_, pero de comedias de gran valor potico, no de
despreciables descripciones de escenas de la vida comn, que no debieran
denominarse literarias, aunque conserven aquel nombre en nuestros
teatros. Por regla general, aun en aquellas fbulas, que ms descienden
al crculo de la realidad vulgar, la elevacin potica del espaol las
levanta de su humilde esfera. Lo cmico de estas obras no consiste, como
sucede con frecuencia en las comedias de inferior rango, en trasuntos de
locuras  vicios aislados, con propsitos y exactitud prosica, ni en
caricaturas  en algunas escenas burlescas, sino que resplandece en toda
la composicin de mil maneras y la penetra y caracteriza en sus diversas
partes. Manifistase en el aspecto tranquilo, con que la vida se nos
ofrece en su conjunto, revelndose aqu  all en relmpagos burlescos,
 esgrimiendo el azote de la stira contra sta  aquella extravagancia,
pero en lo esencial presentndonos siempre la parte noble y bella de la
naturaleza humana, que resalta hasta en sus delirios y extravos. En una
palabra, la comedia espaola, como la comprende Lope de Vega, es lo que
siempre ha debido ser para llamar nuestra atencin, esto es, una poesa
en su esencia; de la vida y sus fenmenos slo aprovecha lo importante;
concentra, como un espejo prismtico, los rayos ms serenos de la
naturaleza humana, para reflejarlos con duplicado brillo, y realza
caracteres comunes y sucesos vulgares en un mundo lleno de poesa,
imprimiendo en la realidad el sello de la belleza. Lo burlesco de estas
comedias no consiste en groseros chistes para disipar el mal humor,
sino en la inteligente sonrisa de un espritu superior, que parece
retozar en todo el conjunto; cuando se muestra lo cmico de ms baja
ley, se reviste siempre con las gracias del ingenio; furzanos el
gracioso  simpatizar con su alegra, porque sus burlas ms locas y
extravagantes no degeneran nunca en perversos y amargos sarcasmos;
reimos con benevolencia, no movidos por amor propio ni por desprecio.
Quien busque en las comedias cuadros comunes prosicos y naturales,
imitaciones exactas de la realidad ordinaria, personificaciones de
vicios y faltas con ejemplos morales, contrapuestos  ellas; quien
concurra al teatro para oir acerbas invectivas y rasgos satricos, 
para presenciar escenas groseras burlescas, que excitan estpidas risas,
ha de renunciar  Lope de Vega, indemnizndose con Molire  Wicherley,
Goldoni  Kotzebue. Pero quien sienta los encantos de la poesa
romntica, de la ms florida imaginacin, de la inventiva ms
inagotable, de los juegos ms variados y agudos del ingenio y del
enredo, del anlisis ms delicado del corazn humano y de sus
sentimientos, lea las comedias de este espaol distinguido, y podr
entonces decidir si hay  no razn para mirar con desprecio, desde tal
altura, las miserias y pequeeces que en otras naciones usurpan aquel
nombre.

En estas comedias de Lope de Vega resplandece con un brillo ms vivo y
con sus diversos colores la llama del genio, que ilumina ms  menos 
todas sus obras. Ya nos detengamos en la traza y desarrollo del plan, 
en el esmero con que se atiende  sus diversas partes; ya en el tejido
de la fbula  en su progresivo desenvolvimiento, encontramos siempre al
consumado maestro, y nos alegra y nos encanta siempre el lujo y la
riqueza de su fantasa, la benevolencia y afabilidad de su carcter, lo
noble y puro de los sentimientos, y su penetrante mirada en lo ms
ntimo del alma. Cuando leemos estas poesas, nos imaginamos entrar en
un mundo potico completamente nuevo, en una galera infinita de cuadros
de afectos y de esfuerzos humanos, de amor y de odio, de alternativas y
cambios de fortuna. Qu variedad de sucesos tan rica  interesante, y
cun poderosamente encadenan nuestra atencin! Cunta gracia y cunta
dulzura en las escenas galantes y amorosas! Cunto ingenio resalta en
las burlas! Qu maravillosa diversidad en los juegos del acaso, y en
los infinitos cambios que produce! Cunta correccin en los contornos
de todos estos cuadros, sin omitir un solo rasgo! Qu luz tan
brillante, qu fuego en el colorido!

El poeta, segn todas las probabilidades, se aplic cuidadosamente  la
composicin de estas comedias; el argumento de casi todas ellas ofrece
en su arreglo tanto artificio literario; se descubre en su plan tanta
claridad, tanta madurez y reflexin; es tan grande la delicadeza
psicolgica que distingue  los caracteres, la simetra que se observa
en la disposicin de sus partes aisladas; tanta la sobriedad que se nota
hasta en los pormenores ms insignificantes, que, aun teniendo del poder
del genio la idea ms favorable, no se concibe que obras tan perfectas
se hayan escrito improvisando, como acontece  muchas otras de Lope.

Su lenguaje llama particularmente nuestra atencin. Quizs ningn otro
poeta cmico del mundo ha sido tan feliz en conciliar la dignidad
potica con la viveza y animacin del dilogo. Su diccin, ajustndose
siempre perfectamente  la ndole del asunto, pasa en ligeras
transiciones desde el tono ligero y fcil de la conversacin ms frvola
hasta el estilo potico ms elevado, revistindose de la forma que
cuadra al trato comn y ordinario,  de la que conviene  los rasgos ms
custicos del ingenio,   la violencia arrebatadora de la pasin.

La diferencia establecida entre las comedias de intriga y de carcter
(cuyo valor, en general, puede ponerse en duda), no es aplicable  las
de Lope de Vega. Slo  algunas, como _El desconfiado_ y _La dama
melindrosa_, puede drseles el ltimo nombre,  causa de la prolijidad
con que se describen sus caracteres y de la importancia que en ellas
tienen. En las dems,  indudablemente con arreglo  los preceptos del
arte verdadero, se confunden y mezclan de tal suerte los caracteres y
los sucesos externos, deducindose unos de otros necesaria 
ntimamente, que es preciso renunciar  la clasificacin indicada. Es,
por tanto, absurdo hablar de las comedias de intriga de Lope, para
significar que tal es el carcter esencial que las distingue. Menester
es que en esta parte evitemos usar expresiones impropias, cuyo origen ha
de buscarse en las comedias de Caldern, porque no son aplicables  las
de Lope, ni con frecuencia al teatro cmico espaol. Caldern ha
estrechado considerablemente el crculo de los resortes que han de jugar
en la comedia; los incomprensibles cambios de la suerte constituyen en
las suyas el mvil capital del inters, y en ellas encontramos ciertos
tipos que siempre subsisten y se repiten, y que sirven de fundamento 
la accin,  las situaciones y  los caracteres de los personajes.
Recurdense sus comedias de capa y espada, y en todas ellas se nos
ofrecen los mismos resortes dramticos: celos de amantes de ambos
sexos; luchas del amor con sospechas de padres  hermanos severos,  con
los deberes de amigos  de sbditos; disfraces de mujeres con el velo;
mudanzas de domicilio y de nombre; entradas secretas y casas de dos
puertas. Aunque Lope de Vega haya usado de todos estos motivos
dramticos largo tiempo antes que Caldern, convergen todos en el nudo 
intriga de la fbula, y se vale adems de otros muchos muy diversos; sus
personajes no se mueven tampoco en el estrecho crculo que los de
Caldern, en los cuales siempre se encuentran dos apasionados amantes,
un rival, un padre severo, una criada astuta, etctera, casi en
estereotipia. Preciso es ahora que concedamos tambin  Lope el arte tan
admirado en su clebre sucesor; esto es, el arte de trazar un argumento
interesante y tener en suspenso la atencin de los espectadores, porque
si sabe tan bien como Caldern deducir de ciertas luchas  choques las
situaciones ms dramticas, y siempre nuevas, y complicndolas de un
modo sorprendente, justo es tambin, por otra parte, que se le atribuya
la gloria de poseer otra dote ms importante, cual es la de inventar ms
motivos cmicos y derramar ms vida y variedad en la pintura de
caracteres.

La notable diferencia en el tono y asunto de estas comedias y la
diversidad de elementos cmicos que en ellas predominan, no consienten
hacer la divisin cmoda de sus distintas clases, que sera de desear.
Hay gradaciones tan leves  insensibles, que es difcil sealar con
exactitud los lmites que las determinan. Slo las distinciones
generales siguientes, casi externas, pueden establecerse con trabajo. En
primer lugar, hay comedias que, por su ndole y argumento, nos recuerdan
sin esfuerzo  Plauto y  Terencio, ofrecindonos caracteres,
situaciones y relaciones anlogos  los de los cmicos romanos. Se
sobreentiende que, ni por asomos, hay que hablar de la imitacin de las
formas antiguas; an menos se propona Lope llevar al teatro la pintura
de costumbres de tiempos pasados: su intento era tan slo el de inspirar
nueva vida en caracteres espaoles de su poca, que ofrecan cierta
semejanza con los protagonistas de los antiguos cmicos. Verdad es que
nos las habemos con libertinos, aventureras, parsitos, cortesanos y
alcahuetas, que se nos ofrecen en situaciones no siempre decentes; pero
Lope ha sabido dulcificar lo repugnante y duro de las mismas con arte
singular, no perjudicando por esto  la verdad de sus descripciones, y
trazando en sus cuadros bellos rasgos, de suerte, que la impresin
total que en nosotros hacen, no tiene nada de repulsiva. En _El rufin
Castrucho_ encontramos los personajes de un rufin disoluto y de una
astuta alcahueta, as como tipos de la licenciosa soldadesca espaola,
delineados con vigorosos y muy verdaderos contornos, juntamente con una
intriga tan ingeniosa como divertida. En _El anzuelo de Fenisa_, comedia
resucitada en nuestros tiempos, obsrvanse tambin cuadros anlogos,
aunque ms delicados. Existen, sin embargo, en la actualidad, pocas
obras suyas de esta especie.

Otras comedias de Lope se distinguen por la particularidad de que sus
motivos de inters cmico son acontecimientos polticos, como, por
ejemplo, en _El palacio confuso_, cuyo argumento consiste en la
semejanza de dos Prncipes, que truecan alternativamente sus nombres, y
corrigen de esta manera las faltas cometidas en su gobierno.

Si siguiramos ahora la clasificacin adoptada por algunos historiadores
de la literatura de sus dems obras, separaramos las que presentan
personajes reales, de las que slo nos ofrecen escenas de la vida
privada. Pero como sucede que, aun cuando el lugar de la accin sea
corte de Reyes, slo refieren hechos particulares; y como ambas
supuestas especies no se diferencian en ningn punto capital y
caracterstico, semejante divisin sera tan arbitraria como intil.
Entre las comedias que tienen de comn el representar personajes de las
clases ms cultas, resplandeciendo en ellas la ms fina urbanidad, y
como respirando la flor de la cultura ms grata, hllase una larga serie
de las obras ms perfectas de Lope, que no es dable analizar sin sentir
grande admiracin hacia la riqusima vena potica, que en todas sus
partes se muestra. Pero la misma vida y variedad de los cuadros, que
observamos en ellas, nos fuerzan  prescindir del anlisis minucioso de
cada una. Baste decir que, cuanto expusimos antes en general sobre las
bellezas de sus comedias, es aplicable  stas particularmente,
indicando de paso, que, en nuestro concepto, son las mejores entre sus
ms bellas obras.

_Amar sin saber  quin_ se funda en la ms felicsima invencin, que es
dado inspirar  la musa cmica, exhalndose en toda ella tan romntico
aroma, que no puede menos de arrebatar  cuantos sean capaces de sentir
los encantos de la poesa. Don Fernando y Don Pedro se desafan en las
inmediaciones de Toledo, cayendo el ltimo. Don Juan de Aguilar,
caballero sevillano, que en su viaje pasa cerca del lugar del desafo,
oye ruido de armas, y abandona  su caballo, para poner paz entre los
combatientes, si le es posible; pero llega tarde, y encuentra  Don
Pedro baado en su sangre, y ve huir al matador. Sobreviene al mismo
tiempo la justicia, y aprisiona  Don Juan como autor presunto del
delito, puesto que se halla al lado del cadver. La escena inmediata es
en la habitacin de Don Fernando: Leonarda, su hermana, discurre con su
criada acerca de las pretensiones amorosas de un Don Luis de Rivera, que
la molestan. Presntase Don Fernando, y cuenta  su hermana la desgracia
ocurrida; sabe que Don Juan ha sido preso por l, y resuelve entonces
delatarse,  fin de que no padezca el inocente; Leonarda, sin embargo,
lo convence  que aplace por algunos das la realizacin de su proyecto,
porque intenta escribir una carta al prisionero,  quien no conoce,
fingiendo ser una dama que lo ha visto al pasar hacia la crcel,
enamorndose de l. De esta manera, y hacindole algunos regalos, piensa
dulcificar las amarguras de la prisin, hasta encontrar una coyuntura
favorable para libertarlo, y evitar as que vaya su hermano  la crcel.
Algunas sospechas se suscitan, mientras tanto, contra Don Fernando, y se
presenta  Don Juan para que declare si reconoce en l al matador de Don
Pedro. No lo duda Don Juan  la primera mirada, pero dice generosamente
que nunca ha visto  tal caballero. La carta y el retrato de Leonarda,
que recibe el prisionero, lo regocijan hasta el punto de parecerle la
crcel el Paraso; y si bien ignora el nombre de la dama que le escribe,
se enamora de ella ardientemente; crzanse innumerables billetes entre
ambos, y la pasin fingida de Leonarda se convierte en verdadera. Merced
 la mediacin de Don Luis de Rivera,  quien Don Juan viene
recomendado, en Toledo, consigue ste salir  veces de la crcel y
hablar, por la reja, con su amada, que, sin embargo, no se da  conocer;
averigua despus, con harto pesar suyo, que Don Luis, con quien traba la
amistad ms estrecha, pretende tambin  la misma dama; estos lazos y
los de la gratitud, por los muchos favores que debe  su amigo, parece
como que le obligan  renunciar  su amor. Los esfuerzos reunidos de Don
Luis y de Don Fernando lo libran al cabo de la crcel, y el ltimo se
empea en hospedarle en su casa. Don Juan acepta la invitacin,
descubriendo entonces por vez primera que la desconocida,  quien ha
entregado su corazn, es la hermana de su husped. Don Luis, que nada
sabe de esto, lo solicita para que hable en su favor  Leonarda, y Don
Juan se compromete  realizar su deseo, movido de la amistad que le
profesa; luchando, pues, con sus propios sentimientos, habla  su amada
de la pureza y fidelidad amorosa de Don Luis, y le ruega que le d su
mano. Leonarda, por otra parte, cediendo  razones anlogas, ruega  Don
Juan que entregue  su amiga Lisena su corazn y su mano; tambin ella
sacrifica su inclinacin  la amistad, y los dos amantes generosos se
despiden engaados recprocamente acerca de los verdaderos sentimientos
que los animan. A poco lo descubren todo Don Luis y Lisena; resgnanse,
pues, no queriendo cederles en generosidad, y llevan  Don Juan  los
brazos de Leonarda.




CAPTULO XVII.

     _No son todos ruiseores._--_Los ramilletes de Madrid._--_La noche
     de San Juan._--_El mayor imposible._--_El acero de Madrid._--_La
     hermosa fea._--Otras comedias.--Comedias religiosas.--_El Cardenal
     de Beln._--_San Nicols de Tolentino._--_El animal
     profeta._--Otras comedias de la misma clase.


_No son todos ruiseores_ nos recuerda la idea fundamental de una novela
de Boccaccio, aunque Lope la idealiza por completo. El amante de una
dama entra como jardinero al servicio de los padres de aqulla, y su
amada visita con frecuencia el jardn, pasando en su compaa horas
deliciosas, so pretexto de escuchar el canto de los ruiseores. Este es
el principal motivo dramtico, aunque combinado con otros diversos. Al
cabo se averigua la causa verdadera de sus visitas al jardn;
desaparecen los obstculos que se oponan al enlace de ambos amantes,
que estrechan felices sus manos, mientras se cantan estos versos:

    No son todos ruiseores
    Los que cantan entre las flores.

De igual ndole es la fbula de _Los ramilletes de Madrid_. Un joven
caballero, llamado Marcelo, sabe que la bella Rosela encarga  una
jardinera que lleve flores  su casa. Ocrresele entonces concertarse
con la jardinera, fingirse su hermano, y llevar las flores. El padre de
Rosela lo toma pronto  su servicio para que cuide de un jardn
inmediato  su casa, ofrecindole de este modo continuas ocasiones de
ver y de hablar con su amada. Entre las dems concausas que excitan
nuestro inters, cuntase la de que un hermano de Rosela, ofendido antes
por Marcelo, desea vengarse; de que Belisa, su anterior amada, se
esfuerza en traerlo de nuevo  sus redes; por ltimo, la de que un
cierto Fineo, que ama  Rosela, salva la vida al supuesto jardinero,
promoviendo en su pecho una terrible lucha entre su amor y su gratitud.
Con estos hilos urde el poeta una accin de las ms entretenidas.

_La noche de San Juan_, comedia de los ltimos aos del poeta, que, por
mediacin del duque de Olivares, se represent en el verano de 1631 ante
Felipe IV y su corte, describe con los ms vivos y gratos colores la
velada de la noche de San Juan, y las aventuras  intrigas amorosas que
surgen esta noche en medio de su alboroto y alegra.

En _El mayor imposible_ parecen juntarse toda la gracia, finura y
delicadeza imaginables en una comedia. La reina Antonia de Npoles
celebra en sus jardines una especie de academia potica, en cuyas
ingeniosas discusiones rivalizan las damas y caballeros de su corte.
Susctase en ella la cuestin de cul sea _el mayor imposible_,
sosteniendo la Reina que el mayor es guardar  una mujer. Lisardo, uno
de sus caballeros, es de la misma opinin; pero Roberto la contradice
ardorosamente, alabndose de guardar tan bien  su hermana Diana, que
ningn caballero lograr nunca llegar hasta ella. Interesa entonces  la
Reina convencer  Roberto de la verdad de su aserto con el ejemplo de su
propia hermana; excita  Lisardo, que ya ha puesto en aqulla los ojos,
 apurar su sagacidad para obtener una cita amorosa. Agrada el plan 
Lisardo, y encarga su ejecucin  Ramn, su astuto criado. Roberto se
prepara mientras tanto  guardar  Diana con mayor severidad; pero ella,
que tiene noticia de la ltima asercin sostenida por su hermano, y que
se siente herida en su femenil orgullo, se dispone  probar lo imposible
que es guardar  una mujer. Ramn, disfrazado de buhonero, se desliza
en su casa, y anuda una intriga amorosa llevndole el retrato de
Lisardo. Roberto ve el retrato y se enfurece sobremanera; pero su astuta
hermana le dice que su criada lo ha encontrado en la calle, y Ramn en
seguida, convertido en pregonero, publica la prdida del retrato,
desvaneciendo las sospechas de Roberto. Para servir ms eficazmente 
los enamorados, y con aprobacin de la Reina, se presenta Ramn 
Roberto con un soberbio carruaje y un tren de seis caballos, supuesto
regalo del almirante de Castilla, y entra de cochero  su servicio. Una
noche celebra Roberto en su jardn una fiesta de confianza,  la cual,
como es de presumir, slo son invitados sus ms prximos parientes, y,
mientras tanto, el astuto Ramn llama de tal suerte la atencin de su
amo, que Lisardo entra sin ser notado; los amantes se hablan en un
bosquecillo, al mismo tiempo que Roberto departe  ms y mejor con
Ramn, y los cantores entonan la siguiente estrofa:

      Madre, la mi madre,
    Guardas me ponis;
    Que si yo no me guardo,
    Mal me guardaris.

Diana oculta  su amante en un nicho inmediato  su aposento, en donde
permanece muchos das, hasta que huye vindose en peligro de ser
descubierto. Los amantes acuerdan entonces usar de una nueva astucia,
que promete ser el remate y corona de todas. Diana sale de su casa
disfrazada y con velo, sin ser vista de su hermano, mientras la espera
Lisardo. Roberto los encuentra en la calle; no conoce  su hermana, y
Lisardo le ruega que acompae  su casa  aquella dama tapada,  quien
persigue un celoso. Roberto no vacila en obedecerlo, y entrega de esta
suerte su propia hermana, que crea tan guardada, al mismo que se haba
comprometido  arrebatrsela. En la ltima escena asistimos  la
recepcin de Alfonso de Castilla, recin llegado  Npoles, que ha de
casarse con la Reina; susctase entonces en la antecmara una disputa
entre los caballeros, porque Roberto ha sabido las astucias de Lisardo,
y le pide satisfaccin de ellas; pero la Reina interviene y explica lo
ocurrido, por cuya razn se aplaca Roberto, conviniendo en que su
adversario se case con su hermana.

_El acero de Madrid._ Belisa, hija ya crecida del viejo Prudencio, se
enamora en misa del joven Lisardo, aunque su amor recproco slo se
exprese con tiernas miradas. Un da, al salir de la iglesia, deja ella
caer un billete, con objeto de participarle un proyecto para verse y
hablarse con ms frecuencia. Piensa fingirse enferma y Lisardo mdico, y
ste ha de ordenarle beber agua ferruginosa de Madrid, y en sus paseos
por la maana para visitar la fuente, encontrarn ocasiones favorables
de verse y de hablar. Bertrn, criado de Lisardo, se encarga del papel
del mdico, que sabe desempear  las mil maravillas; prescrbele la
medicina consabida, y los dos amantes se aprovechan de ella para
estrechar ms sus relaciones; una vieja duea, que debe cuidar de
Belisa, y que al principio cumple su obligacin rigurosamente, da
despus fcil odo  la conversacin de Roselo, amigo de Lisardo, y ste
y su amada, mientras tanto, se abandonan  su pasin sin estorbos. Los
celos de la prometida de Roselo, de la duea, y diversos sucesos, que se
oponen  la dicha de Lisardo y de Belisa, completan el desarrollo de la
comedia, que es de las ms interesantes y divertidas.

_La hermosa fea._ El prncipe polaco Ricardo se halla en la corte de
Lorena para pedir la mano de la duquesa Estela; pero como le consta su
aborrecimiento  todos los hombres, teme ser rechazado como sus
predecesores, y para evitarla, y excitar en su provecho la curiosidad y
el amor propio de Estela, hace circular el rumor de que l se burla de
su odio. Antes de ser presentado  ella pretexta de repente, que,
despus de verla, se ausenta de la corte, tomando el nombre supuesto de
Lauro,  introducindose en ella. Esto da origen  una intriga de las
ms interesantes. Estela, enferma peligrosamente, se empea en triunfar
del grosero Prncipe  todo trance, y Lauro hace las veces de mediador
con habilidad, hasta que, convencido del feliz xito de su intriga,
descubre la astucia, y lleva  su casa  la inconquistable belleza.

_La boba para los otros y discreta para s._ Diana, hija natural y
heredera testamentaria del duque de Urbino, se ve obligada  luchar con
un partido poderoso, que le hace la guerra, disputndole su herencia, y
pretendiendo colocar en el trono  otra Princesa. Para evitar los
peligros que la amenazan por esta parte, y conseguir la victoria de sus
enemigos, se finge loca, y lo hace con tanto ingenio y maestra, que
engaa  todos, infundindoles ciega confianza, hasta que arroja la
mscara, se apodera del trono, destierra  sus adversarios y se casa con
su parcial Alejandro de Mdicis. La locura fingida de Diana da origen 
situaciones del mayor efecto.

En _La noche toledana_ admiramos particularmente su ingeniossimo plan,
y su artstico y bien trazado desarrollo. Florencio, joven caballero
granadino, se ve en la necesidad de huir  consecuencia de un desafo.
Sguelo Lisena, su abandonada amante, y mientras lo busca en vano largo
tiempo, se ve en los mayores apuros y en la necesidad de servir en
Toledo en una posada. Despus de transcurrir algunos das llega tambin
 esta posada su fugitivo amante, pero en compaa de una dama, que dice
ser su hermana. Excita, por tanto, las sospechas de Lisena, que
aprovecha cuantas ocasiones se le presentan de interrumpir sus
coloquios. Complcase ms la accin con las persecuciones amorosas, que
sufre la bella sirvienta, de otros muchos huspedes de la posada, y, por
ltimo, viene el antiguo amante de la pretendida hermana de Florencio,
que intenta suplantar  su rival. Lisena se da trazas de hacer creer 
todos que les ayudar poderosamente  realizar sus deseos. Fija una hora
de la noche, para que cada enamorado celebre una entrevista con su
amada. Pero todos son engaados: el infiel Florencio se encuentra con
Lisena, en vez de la otra dama; la supuesta hermana de Florencio se ve
en los brazos de aqul  quien haba abandonado, y los dems
pretendientes, cada uno por su estilo, se encuentran tambin burlados.

_El secretario de s mismo_ brilla por la ingeniosa disposicin de su
plan, y _La villana de Getafe_, no menos por esto que por lo claro y
homogneo de la urdimbre de los diversos hilos, que forma su complicada
intriga. _Los milagros del desprecio_ es el primer ejemplo del asunto,
tan repetido despus en el teatro espaol, de la victoria que consigue
un amante de una mujer aptica, fingiendo mayor frialdad en su corazn.
Esta comedia de Lope aventaja acaso  todas las posteriores, que tratan
del mismo argumento, por su naturalidad y lozana, sin cederles tampoco
en el esmerado arreglo de la accin. _El perro del hortelano_ se
distingue, as por la verdad con que nos descubre las fibras ms
delicadas  ntimas del corazn humano, como por las pinceladas tan
seguras y acertadas que caracterizan  cada escena. _La viuda de
Valencia_ es un verdadero arsenal de burlas de buen tono y de
situaciones cmicas, infundiendo en el espectador, con fuerza
irresistible, el placer ms vivo. En _La bella mal maridada_ y en _El
maestro de danzar_, encontramos al maestro consumado en desenvolver una
fbula, y en exponerla con calor y energa. En todas estas comedias, lo
mismo que en las tituladas _Al pasar el arroyo_, _Los amantes sin amor_,
_El ausente en su lugar_, _Si no vieran las mujeres_ y _Por la puente,
Juana_, nos admiran, adems de las bellezas indicadas, el arte del autor
en presentarnos bajo del prisma de la poesa todos los fenmenos de la
vida, de dar importancia  inters  las cosas ms insignificantes, y
de imprimir en ellas el sello de la originalidad; admiramos tambin en
todas su constante buen gusto en exponer, su diccin noble y grfica,
siempre ajustada  la idea que representa, y su estilo, ya fcil y
ligero, ya elevado y tranquilo.

Concluyamos, por ltimo, diciendo que acaso aventajen  las de Lope, por
ciertas cualidades ms brillantes, las comedias de otros poetas
posteriores: las de Tirso de Molina, por ejemplo, por su gracia y el
vivo colorido de ciertas situaciones; las de Caldern, por su plan ms
artificioso y elevado; las de Moreto, por sus pinturas tan exactas de
afectos y costumbres; pero en la harmona de todas las bellezas
indicadas, en el estrecho enlace de los detalles ms ricos 
interesantes con la traza bien dispuesta del conjunto, en el cual
huelgan en sus lmites debidos la caracterstica con la intriga, ninguno
supera  nuestro poeta.

Los dramas pastoriles merecen seccin aparte al clasificar las obras de
Lope. Recordaremos que, ya en sus aos juveniles, haba escrito dos,
titulados, _El verdadero amante_ y _La pastoral de Jacinto_. Entre los
pocos que fueron compuestos en sus ltimos aos, brilla _La Arcadia_,
por la bella claridad de su estilo y por los atractivos de sus cuadros,
as de la naturaleza como del sentimiento; pero el inters dramtico es
escaso,  semejanza de los dramas pastoriles italianos, que les sirven
de modelo.

De muy diversa especie, con relacin  los dems indicados, son los
dramas religiosos, escritos por Lope de Vega en nmero considerable. Las
solemnidades de la Iglesia, y especialmente los das de ciertos santos,
han sido origen y causa externa de casi todos ellos. Era antigua
costumbre en Espaa, como dijimos en la primera parte de esta obra,
exponer en das determinados la historia de la vida de los santos, en
cuyo loor se celebraban las fiestas, habiendo llegado  nuestra noticia
_comedias de santos_ que se representaron en la poca anterior  Lope,
que sucedieron  otras de igual ndole, pero ms antiguas, que se
confunden con los misterios de la Edad Media[10]. Para alcanzar el doble
fin de edificar y de distraer al pueblo, creanse obligados los
escritores de tales dramas  repetir fielmente, con todos sus rasgos y
seales, las leyendas y tradiciones admitidas, y  recrear la vista con
la representacin de los milagros que se les atribuan. No por esto se
advierte la falta de lo cmico al lado de lo devoto. Lope, pues, sigui
en esta parte  sus predecesores en tales obras; intent ennoblecer las
suyas revistindolas de galas poticas, y derramando en ellas las perlas
de su creadora fantasa; no le era lcito alterar su ndole, fija ya y
establecida con arreglo  la naturaleza del asunto y  las exigencias
del pblico: vease, pues, obligado, as por acceder  los deseos de los
espectadores y por su propia veneracin al conjunto y  los detalles de
cada leyenda,  entretejer en sus dramas fielmente todos los hechos y
las ancdotas de la vida del santo, que haba de ser el protagonista de
cada uno. Conviene no olvidar esta indicacin, para comprender bien sus
dramas de este linaje. Slo as nos explicaremos que el mismo poeta, que
manifiesta en otras obras suyas tan profundo conocimiento de la esencia
y condiciones de cualquiera composicin dramtica, prescinda de ellas en
las religiosas de tal suerte, como si comenzase  aprender los primeros
rudimentos del arte. Conviene tambin, para aplicar el justo criterio al
examen de estas obras, esforzarse mentalmente en pensar y sentir en
materias de religin como el pblico que las escuchaba; no olvidando
cunto y cun diversamente penetraba la religin en la vida de los
espaoles, y cmo la Iglesia favoreca por su parte este medio de
simbolizar y presentar al pueblo todos sus dogmas. Menester es tambin
infundir nuevo vigor en este mundo de la fe, que casi pertenece ya  la
historia, y recordar que la imaginacin de los pueblos de la Edad Media,
trabajando sin descanso, predomin en Espaa casi hasta los tiempos
modernos, y que no slo exornaba y transformaba de mil maneras los
asuntos bblicos, sino que haba creado con sus leyendas un nuevo
dominio de las formas  imgenes ms varias. Es necesario conocer el
vasto crculo de la alegora y del simbolismo, en que se haba sumergido
con particular aficin la poca contempornea, y reflexionar al mismo
tiempo en la autoridad religiosa, inherente  tales ideas. Slo bajo
este punto de vista se comprende la esencia de las comedias religiosas
de Lope; pero  pesar de esto, son algunas tan singulares, se acercan
tanto  lo monstruoso y arbitrario, que la crtica ms indulgente admira
en ellas tan slo la osada de algunos conceptos aislados,  el potico
brillo de algunas escenas.

Muchas historias dramticas de santos no ofrecen en su accin unidad, y
lo extrao de su composicin llega  su apogeo, confundiendo los
elementos ms heterogneos; los religiosos, con los profanos; lo
literal, con lo alegrico, y lo serio, con lo burlesco. Sutiles
discusiones teolgicas y escolsticas se leen al lado de escenas
profanas de amor; ngeles y demonios; el Nio Jess y la Virgen Mara;
santos y figuras simblicas se ofrecen en las tablas, con reyes,
labradores, estudiantes y bufones. Los anacronismos y la inobservancia
de los usos y costumbres, se cuentan por millares. No parece sino que la
fe disculpa todas las inverosimilitudes  incongruencias de la poesa.
Lo que ms nos sorprende es la forma externa tan grosera de que se
revisten las ideas religiosas; la parte ms transcendental de lo
supersensible desaparece por completo, y slo queda su apariencia
externa; visiones y sucesos milagrosos llenan frecuentemente estas
composiciones desde el principio hasta el fin, y se busca en vano la
verdadera devocin y recogimiento del nimo y la profundidad de los
afectos.

Singularmente monstruosa es, especialmente, la comedia _El cardenal de
Beln_  San Jernimo. Presntasenos en ella, adems del Santo, que da
nombre  la obra, y que en el primer acto es un joven de veinte aos, y
muere en el ltimo  la edad avanzada de noventa y nueve aos, nada
menos que San Gregorio Nacianceno, San Agustn y San Dmaso, el arcngel
San Rafael, el Demonio, un Len y un Asno; y como si no hubiese bastante
con tales desatinos, figuran tambin, entre los personajes, el Mundo,
Roma y Espaa. En el primer acto azotan los ngeles en el teatro  San
Jernimo. En el segundo aparece San Dmaso en pomposa procesin, rodeado
de obispos y cardenales; despus viene una escena en que clrigos
disfrazados y con armas recorren las calles de Roma en demanda de
aventuras nocturnas;  la conclusin baja San Mercurio del cielo, y mata
de una lanzada  Juliano el Apstata. En el tercer acto anuncia el
arcngel San Rafael al Demonio la fundacin de la orden de San Jernimo:
esta noticia lo enfurece sobremanera, pero al fin promete no penetrar
nunca en casa alguna en donde haya una imagen del Santo. El lugar de la
accin es en Constantinopla, Jerusaln, Roma, Persia y Beln.

No menos extraa es la titulada _El serafn humano_, en la cual se
refieren historias de varios santos, como Santa Clara, Santo Domingo y
San Francisco de Ass: las visiones extticas del ltimo se representan
tambin en el teatro.

Iguales rarezas se observan en _San Nicols de Tolentino_. Entre otras
varias escenas, cuntanse las siguientes: una reunin de estudiantes que
se ejercitan en discusiones escolsticas, hallndose con ellos el Diablo
y el futuro Santo; Dios Padre, sentado en su tribunal y conversando con
la Justicia y la Misericordia; el Santo, que asciende en los aires, en
donde encuentra  la Santa Virgen y  San Agustn; dos Cardenales que
muestran  los fieles devotos el pao de la Santa Vernica; San Nicols
remienda el vestido de la Orden, y los ngeles invisibles tocan
instrumentos msicos; presntase el Demonio con squito de leones,
serpientes y otras alimaas, y es arrojado ridculamente de un convento
de frailes; por ltimo,  la conclusin desciende el Santo del cielo
vestido de estrellas, saca del Purgatorio las almas de sus padres, y
regresa al cielo con ellos llevndolos de las manos. Hay, adems,
intrigas amorosas, escenas de la vida militar, etc.

La comedia _El animal profeta_[11],  la vida de San Julin, pertenece 
este mismo gnero excntrico y arbitrario; pero  lo menos hay en la
accin ms unidad y enlace entre sus diversas partes. Hela aqu en pocas
palabras: Julin, hijo nico, muy amado de sus padres, hiere en la cara
 un ciervo, que, al caer, le dice con voz humana:

      No tengas por grande hazaa
    La que hoy en matarme has hecho,
    Porque le guarda en tu pecho
    Otra ms fiera y extraa:
    Que en hombre que le acompaa
    Tal crueldad, que ha de matar
    Sus padres...

El joven, asombrado al oirlo, y creyendo que sus frases son profticas,
determina abandonar su casa y viajar por pases lejanos, para no ver ms
 sus padres, y evitar la ocasin de cometer un delito horrible. En el
acto segundo encontramos  Julin en las inmediaciones de Ferrara casado
con Laurencia,  quien ha libertado de un ataque de salteadores,
obteniendo en premio su mano. Federico, hermano del Duque, amaba antes 
la Princesa, que lo abandon despus por Julin. Este,  los pocos das
de celebrar su enlace con la Princesa, observa que el antiguo amante de
aqulla no cesa en sus pretensiones amorosas, habla con l y lo desafa.
El Prncipe acepta el desafo en apariencia; pero con la intencin de
utilizar la hora fijada para el duelo, robando  la esposa de su
enemigo. Llega este proyecto  noticia de Julin, y para defender su
honor, se oculta en el aposento de su esposa en vez de ir al lugar del
combate. Es de noche; entra en la alcoba, y ve durmiendo en su lecho 
un hombre y  una mujer: arrastrado por sus rabiosos celos, saca un
pual y atraviesa con l  ambos. Cuando se dispone  abandonar la
alcoba, se le presenta Laurencia. Pregntale entonces:

    Quin son dos que ocupan
    Mi noble lecho?

    LAURENCIA.

    Pues son, esposo, tus padres,
    Que en busca tuya han venido
    Pasando montes y valles.

As se cumple la deplorable profeca. Al mismo tiempo viene el hermano
del Duque para realizar su propsito. Julin, ya fuera de s, le da
tambin muerte, y huye con su esposa, encaminndose  Roma para pedir al
Papa la absolucin de su crimen. En el acto tercero encontramos  los
dos esposos en la Calabria, en donde han fundado un hospital para los
pobres, y expan sus pecados haciendo obras de caridad. Entre los muchos
que se les presentan implorando compasin, llega tambin el Demonio
transformado en mendigo, y entra en el hospital: ha imaginado esta
astucia para pervertir al arrepentido Julin, y convencerlo de que jams
expiar su pecado, puesto que sus padres murieron sin hacer penitencia.
Para confirmarlo en sus escrpulos le presenta las almas de ambos,
rodeadas de llamas infernales. Julin vacila ya en su fe, cuando se le
aparece Cristo, destruye la obra del Demonio, y le revela que se propone
sacar  sus padres del Purgatorio, y, en efecto, es testigo de la
ascensin de sus almas hacia el cielo. Cree entonces el hroe estar en
gracia de Dios, y resuelve pasar el resto de sus das entregado 
ejercicios devotos.

Lope escribi dramas religiosos, no slo para los das de los santos,
sino tambin para otras fiestas, como, por ejemplo, _El nacimiento de
Cristo_ para la noche de Navidad, y _La limpieza no manchada_ para una
solemnidad que celebraba la Universidad de Salamanca en honor de la
Inmaculada Concepcin. En la ltima se presentan la Meditacin, la Duda,
el rey David, el profeta Jeremas, el Linaje humano, Espaa, Alemania,
las Indias, Etiopa, la Universidad de Salamanca, estudiantes, pastores,
msicos y danzantes. La Fama convoca  todos los pueblos de la tierra 
celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepcin; Alemania disputa con el
Pecado, la Reflexin con la Duda; mientras tanto aguzan su ingenio los
estudiantes y el gracioso sobre el objeto de la fiesta; Etiopa y las
Indias vienen con su squito, y entonan cnticos nacionales en loor de
la Santa Virgen, etc.

_La creacin del mundo y primera culpa del hombre_, es el primer
captulo de la Biblia convertido en comedia religiosa, careciendo,  la
verdad, de enlace dramtico propiamente dicho, y de un centro alrededor
del cual gire la exposicin potica, pero mostrndonos, bajo un aspecto
ms ventajoso, as la poderosa fantasa del autor, que se encumbra hasta
perderse de vista, como tambin su arte imaginando las escenas ms
pintorescas.

Particular mencin merece _La fianza satisfecha_. La fantasa del poeta
se desborda tambin en ella: no escasa parte es tan hueca como
arbitraria; pero tales extravagancias son compensadas con tantos rasgos
de la ms acendrada poesa, que nos obligan  rendir homenaje al genio
del poeta hasta en sus extravos. He aqu un sumario extracto de la
accin. Las primeras escenas representan las calaveradas de Lenido,
joven libertino de Palermo, que, al parecer, inclinado  la perversin y
como si tal fuera su propsito, demuestra querer apurar la copa del
vicio. Advirtase de paso que los dramticos espaoles, cuando intentan
ensalzar el triunfo de la fe y de la gracia divina sobre el pecado,
pintan  ste con los ms vivos colores: as lo vemos en el _Condenado
por desconfiado_, de Tirso de Molina; en _La devocin de la cruz_ y en
_El purgatorio de San Patricio_, de Caldern. Cuando se exhorta 
Lenido  acordarse del cielo y corregirse, contesta siempre de esta
manera:

    Que lo pague Dios por m,
    Y pdamelo despus.

Su corrupcin llega hasta el extremo de dar un bofetn  su padre y de
atentar al honor de su hermana, cuyo esposo lo desafa. Espralo en el
lugar designado para el duelo, en donde es atacado por una nube de
moros. El rey de Tnez hace un desembarco en Sicilia para complacer  su
amada, que desea un esclavo siciliano. Lenido vence  los moros que le
atacan, pero se aviene con ellos, y al fin resuelve acompaarlos 
Tnez, en donde reniega de la religin cristiana para poner el colmo 
sus crmenes. En el acto segundo lo vemos en gran favor en la corte de
Tnez; pero su orgullo le ha granjeado muchos enemigos, y adems lo
indispone con el Rey. Otros corsarios moros emprenden mientras otra
expedicin  Sicilia, y traen con varios cautivos al padre y  la
hermana de Lenido. El renegado desahoga en ellos su ira; ciega  su
padre y lo amenaza con la muerte. Estalla en esto la lucha entre l,
apoyado por un partido considerable, que lo ha elegido por caudillo, y
el mismo rey de Tnez: ste consigue la victoria, y Lenido se ve
obligado  huir. Para escapar  sus perseguidores, se oculta, lleno de
rabia, en un desierto inhabitado. Aqu encuentra  un joven pastor, que
entona cnticos tan piadosos como conmovedores[12]. Este mancebo es
Cristo, el Buen Pastor, que busca su oveja perdida. Las escenas, en que
se presenta, intentando ablandar el duro corazn del delincuente,
respiran tan tierno sentimiento religioso, son tan profundas y llenas de
evanglica uncin, y contrastan tan admirablemente con el horror de las
escenas ms prximas para aumentar el efecto potico, que quizs haya
pocas comparables  ellas en el vasto imperio de la poesa. Una voz
imperceptible comienza ya  hacerse oir en el pecho de Lenido para
responder  la vocacin divina; habla entonces el pastor, y dice:

      En este zurrn pobre
    Est lo que me debes; considera
    Si es justo que lo cobre,
    Pues lo pagu por ti.

Lenido abre el zurrn que el pastor le presenta, y halla en l la
corona de espinas, la lanza y los clavos; cuando torna  mirarlo,
despus de contemplar aquellos objetos, ve ante s  Jesucristo en la
cruz, en vez del pastor, y oye estas palabras:

      Ya, Lenido, lleg el tiempo
    En que al justo satisfagas
    Lo mucho que has mal llevado,
    Hacindome tu fianza.

El pecador cae en tierra sin sentido, y cuando se recobra de su
aturdimiento, no es ya el mismo que antes; arroja lejos de s caftn y
turbante, cbrese con un saco de cerda, pide  Dios con splicas de
arrepentimiento que le conceda su gracia, y slo ansa lavar sus
pecados. Acrcanse entonces sus perseguidores; entrgase  ellos sin
hacer resistencia; declara en voz alta que vuelve  profesar la religin
cristiana, y considera como un beneficio la muerte de los mrtires con
que le amenazan. Llevado  Tnez, pide perdn  su padre y hermana con
lgrimas de arrepentimiento, y  la conclusin, se le ve morir risueo
en la cruz, coronado de espinas. Al mismo tiempo recobra su padre la
vista milagrosamente, y con dolorosa alegra es testigo de los ltimos
momentos de su hijo.

Uno de los dramas ms notables de Lope es tambin _El nio inocente de
la Guardia_, que,  la verdad, se distingue por el odio fantico  otras
creencias religiosas, que respira cada verso, produciendo una impresin
penosa, y no satisfacindonos en su conjunto dramtico, pero lleno, por
otra parte, de bellezas poticas de primer orden y de rasgos del ms
brillante entusiasmo, que derraman en toda la obra seduccin
maravillosa. Al principio vemos  la reina Isabel, estimulada por una
aparicin de Santo Domingo  purificar  Espaa de los enemigos de la fe
catlica. Las escenas siguientes describen la persecucin que sufren los
judos, y las leyes establecidas para espulsarlos por completo de la
Pennsula. Somos trasladados  uno de sus concilibulos, en donde
maquinan planes de venganza contra los cristianos: uno de ellos promete
preparar un encanto que producir la muerte y el exterminio de sus
enemigos; pero necesita para esto el corazn de un nio cristiano que se
distinga de todos por su piedad, y en su consecuencia, muchos de la
reunin se obligan  buscar y robar un nio con aquella cualidad. En las
escenas que siguen se describe la fiesta de la Ascencin, que se
celebra con la mayor pompa. Juanico, nio de angelical belleza y
singular piedad, sale en compaa de sus padres para asistir  la
procesin; cuando ve pasar ante s la imagen de la Virgen en toda su
gloria, rodeada de ngeles, exclama:

      Bien quisiera
    Ser desse Sol resplandor
    Algn ngel esta tarde.

Sigue orando  la imagen, se pierde en el tumulto, y es robado por los
judos. La desconsolada madre observa con dolor la prdida de su hijo, y
lo busca en vano por todas partes; entra en una iglesia llena de
desesperacin, y siguiendo una costumbre establecida en Espaa, hace que
un ciego recite la oracin del nio perdido; apenas termina sta, cuando
suena en el fondo de la iglesia una voz que canta:

      Quien pierda tenga consuelo
    Que el bien que de l se destierra,
    Cuando se pierda en la tierra,
    Se viene  hallar en el cielo.

El martirio del desventurado nio llena el resto de la comedia. Los
judos, para saciar su rabia, deciden sacrificarlo, como  Cristo, con
iguales martirios, y el ltimo acto nos representa la serie de dolores
que sufre el msero nio; lo azotan, lo coronan de espinas y lo
crucifican, sin abandonarlo en sus tormentos la paciencia y la
resignacin celestial; al fin asciende al cielo su alma, escoltada por
ngeles, mientras los judos celebran orgas y entonan cnticos alegres,
formando el conjunto cuadros sorprendentes por la profunda emocin que
excitan en nuestra alma, hacindonos dudar si hemos de admirarlos por
sus bellezas poticas sublimes,  censurarlos por su singularidad y
extravagancia.




CAPTULO XVIII.

     Autos, entremeses y loas de Lope de Vega.


De las comedias religiosas de Lope pasaremos  los autos. Ya antes
dijimos cules son las diferencias, que los separan de aqullas, y las
especies en que se dividen: ahora trataremos de sus cualidades
esenciales. Desde luego nos ocuparemos en determinar las de los
destinados  la festividad del Corpus,  _autos sacramentales_. Como en
stos los papeles ms importantes son desempeados por figuras
alegricas, que slo excepcionalmente aparecen en las comedias,
discurriremos primero acerca de ellas, y en general sobre el uso de las
personificaciones poticas en el drama. Cmplenos, pues, advertir, por
lo que hace  su historia, que la fantasa de los antiguos espaoles,
desde que se escribieron las obras del marqus de Villena, del marqus
de Santillana y de Juan de Mena, se deleitaba extraordinariamente con
los personajes alegricos; que se haban deslizado en los primeros
ensayos dramticos espaoles, y que ms tarde (como lo demuestran con
toda claridad los autos de Gil Vicente), se refugiaron y
connaturalizaron especialmente en los dramas religiosos. Cuando Lope de
Vega acometi la reforma literaria de este linaje de espectculos, se
apoder de los elementos tradicionales, que los formaban,  introdujo en
sus autos la alegora; pero hzolo, en verdad, elevando  extraordinaria
altura su valor potico. Pero la anticuada y grosera invencin de
representar externamente fenmenos interiores del alma, es susceptible
de recibir ms perfecto cultivo, y lo merece por su valor? No sern
producciones literarias, defectuosas por su esencia, espectculos
dramticos, en los cuales se nos muestran obrando y hablando afectos,
smbolos, pensamientos y objetos inanimados de toda especie, aun
revistindolos con todos los encantos de la poesa? Algunos estticos
contestarn afirmativamente  esta pregunta, sin vacilaciones de ningn
gnero, y los autos espaoles y las moralidades, obras informes de un
arte incipiente, sern ordenados por ellos en la misma categora. Es tan
general la creencia de que han de desterrarse del drama las
personificaciones alegricas, que casi todos los poetas modernos han
renunciado  ellas. Pero la imparcialidad nos obliga inexorablemente 
hacer una observacin. Tanto los antiguos como los modernos conceden 
las artes del diseo la licencia de representar seres alegricos 
ideales, y la escultura y la pintura han rivalizado en aprovecharse de
ella: recurdense las virtudes y victorias de los griegos; la _Virtus_,
_Concordia_ y _Spes_ de los romanos; las virtudes de Bandinelli; los
amores celestial y terrestre del Tiziano, y la Venecia de Pablo el
Verons. A nadie, sin embargo, han causado extraeza, ni ninguno ha
imaginado excluir del dominio del arte tantas y tan excelentes obras.
Cmo, pues, as? El drama, que dispone de medios infinitamente ms
variados de penetrar en la comprehensin de lo sobrenatural, y de
expresar su esencia y todas sus relaciones, ha de excluir por completo
de sus dominios tales formas? Por qu no ha de serle lcito infundir en
lo inanimado la vida y la palabra? Acaso las luchas, que se suscitan en
lo ms ntimo del alma humana, no pueden jams adquirir vida y
apariencia corporal, aprovechndolas para dar ms vigor  lo pattico de
la tragedia? No ha de concederse que la personificacin de los
caprichos pasajeros del espritu humano puede producir efecto cmico?
Seguramente no sera negativa la respuesta  estas preguntas.

La verdad es, sin embargo, que lo dicho no es aplicable  los autos. No
se trata en ellos simplemente de aisladas personificaciones poticas;
nos vemos trasladados en un todo al terreno de la alegora; nos hallamos
entre figuras abstractas  ideales, y hasta las histricas que se nos
presentan adquieren personificacin alegrica. Se nos arranca as por
entero del crculo de la humana existencia; nos hallamos en las regiones
areas de la abstraccin, en el imperio de lo sobrenatural, en el cual
slo vive la fantasa elevndose  grande altura. Todos los personajes
son formas, en cuya realidad  individual existencia nadie cree,  seres
intermedios que participan de la razn pura y se pierden en las nubes de
la metafsica. No se expresan en ellos los afectos y cualidades humanas
de tal suerte, que slo momentneamente llevan su sello ntimo 
materializan ste  aquel estado fsico, dando origen  un mundo
especial, habitado por ideas generales, revestidas de cuerpo, y distinto
del terrestre. Cierto que el poeta corre grave riesgo de engendrar
monstruos,  no ser un consumado maestro. Vese obligada su fantasa 
crear slo imgenes obscuras y vagas,   congelarse en las yertas
alturas de las abstracciones de la razn. O ha de perderse en ideas
nebulosas y poco claras, que se confundan entre s,  caer en la aridez
y frialdad, igualando la alegora con el logogrifo.

No puede negarse que los autores de autos se hayan estrellado con
frecuencia en tales escollos. Ni Lope ni Caldern han conseguido colmar
por completo el abismo, inherente  este linaje de composiciones
poticas, entre los elementos de la inteligencia y de la poesa. Con
demasiada frecuencia se agotan sus fuerzas en la perpetua lucha de
penetrar en lo impalpable de la comprensin, en infundir vida real en la
esencia de estas operaciones de la inteligencia. No siempre han evitado
los dos falsos derroteros mencionados, y aparecen obscuros y ampulosos,
por ser incompatible la verdadera claridad con lo que escapa  toda
determinacin,  empleando alegoras enigmticas  inflexibles, opuestas
 la genuina poesa.

Otro obstculo se presentaba tambin al poeta: el de harmonizar con la
poesa la teologa escolstica, que constitua por la tradicin el fondo
de los autos. No siempre supieron los autores ms sobresalientes mezclar
dos elementos tan heterogneos, de suerte que la metafsica se hiciera
sensible  interviniese en la accin del drama. Al contrario, para
manifestar claramente sus intenciones, se acogen frecuentemente al
refugio que les ofrecen sus diferencias ms caractersticas. De aqu las
interminables exposiciones del dogmatismo cristiano con la refinada
sutileza de la falsa ciencia escolstica, las arengas difusas de ste 
de aquel personaje alegrico sobre su significacin y naturaleza, y las
preguntas y respuestas sobre las cuestiones ms intrincadas de la
ciencia de Dios: defectos todos, sin duda, que perjudican al drama, por
grandes que sean sus bellezas.

Al hacer las observaciones indicadas, nos proponemos tan slo oponernos
 la admiracin incondicional, que con repeticin han inspirado los
autos. Pero no se crea por esto que los rechazamos en absoluto, puesto
que los sacramentales espaoles, con todas sus faltas, son obras
poticas de mrito incomparable, y sus mejores poetas, haciendo uso de
su poco comn ingenio y de su arte, han sorteado los inconvenientes casi
siempre inseparables de este gnero literario, si no en todas sus
composiciones,  lo menos en las ms notables. Encontramos, pues, en
estos autos una multitud de creaciones puramente alegricas, que no slo
personifican ideas, sino que se transforman en individuos, y que nos
interesan vivamente por su existencia y acciones, por sus pensamientos y
voluntades; hasta la metafsica, sin hacerse valer  costa de la
poesa, se convierte, en virtud de la fbula, en resorte de intuicin
potica. El poder creador, que revelan estas poesas, excita en alto
grado nuestra sorpresa; y hasta algunos autos, que adolecen de ciertos
defectos, ya apuntados, nos admiran tambin por otras muchas bellezas.
Slo era dable  la ms exuberante fantasa inspirar alma y vida 
definiciones abstractas y ridas de las facultades del alma; slo la
imaginacin potica ms extraordinaria poda infundir en lo sobrenatural
forma y redondez plstica; slo el buen sentido ms exquisito poda
volar sin precipitarse en las regiones de la metafsica y de la razn
pura, y slo, por ltimo, la ms decidida capacidad dramtica era capaz
de producir tanta animacin  inters en este dominio y con tales
personajes. Pronto veremos cun cumplidamente lo lograron algunos.

Cuando penetramos por vez primera en el mgico imperio de estas
composiciones, nos parece que respiramos en una atmsfera desconocida, y
que contemplamos otro cielo que se extiende sobre un nuevo mundo.
Sucdenos como si poderes invisibles nos llevasen al seno de obscuras
tempestades; mustransenos de tal modo los abismos del pensamiento, que
nos dan vrtigos; seres maravillosos y enigmticos brotan de las
tinieblas, y la luz roja y tenebrosa del misticismo, brilla en el germen
misterioso que da origen  todo lo creado. Pero rsganse las nubes que
nos envuelven, y nos encontramos ms all de los lmites terrestres, no
sujetos al espacio y al tiempo, y en el dominio de lo infinito y de lo
eterno. Aqu enmudecen todas las discordancias; aqu slo se oyen las
voces humanas  manera de himnos solemnes, acompaados de las melodas
de la msica sagrada. Antjasenos que penetramos en una catedral
gigantesca de la ms sublime arquitectura, en cuyas majestuosas naves no
osa aventurarse sonido alguno profano; el misterio de la Trinidad,
alumbrado de luz mgica, yace encumbrado en el trono del altar; los
rayos que despide y que la vista humana apenas puede soportar, llenan
con su resplandor maravilloso inmensas columnatas. Todos los seres que
la pueblan, parecen ocupados en la contemplacin de lo eterno, y como
absorbidos y embargados en las profundidades sin fondo del amor divino.
La creacin entera canta en coro himnos de jbilo en loor de la fuente
de la vida; hasta lo que no es, siente y habla; la muerte goza del don
de la palabra y de la viva expresin del pensamiento; los astros y los
elementos, las piedras y las plantas tienen alma y conciencia;
ofrcensenos los senos ms ocultos del entendimiento y del corazn; el
cielo y la tierra brillan, en fin, alumbrados con luz simblica.

Aun prescindiendo del germen ntimo de estas poesas, nos encanta adems
la pompa que observamos en la exposicin de sus partes. Quizs en
ningunas otras obras suyas han concentrado los poetas espaoles tanta
riqueza potica ni domindola tan profundamente. Es una mezcla tal de
colores, una atmsfera tan perfumada, un encanto tal de arrebatadora
harmona, que arrastran irresistiblemente  nuestros sentidos.

El eje religioso, en torno del cual giran los _autos sacramentales_, es,
como hemos dicho repetidas veces, la alabanza de la Transubstanciacin.
Llnase este fin de mil modos diversos, empleando las combinaciones 
imgenes ms variadas, maravillndonos la rica inventiva con que el
poeta evita la uniformidad, y nos ofrece el mismo tema bajo de infinitas
formas nuevas.

Tan variamente diversos, como las combinaciones de la accin, son los
personajes alegricos de _los autos_. Ya encontramos en ellos relaciones
humanas, estados  situaciones del alma, virtudes y vicios; ya la
personificacin de los atributos de Dios  de los smbolos de la
Iglesia; otras veces los elementos, las producciones de la naturaleza,
los pases y pueblos de la tierra, las diversas religiones, etc. En
ocasiones se llega hasta el punto de acudir  la mitologa griega para
dar forma  las creencias cristianas; de suerte que resulta una doble
alegora, como, por ejemplo, en _El Amor y Psiquis_, de Caldern,
significando el Amor  Cristo, y Psiquis  la Fe. Los personajes
histricos que aparecen en ellos, prescinden casi siempre de su carcter
y se convierten en alegricos.

Parcenos oportuno exponer en general la enumeracin de los personajes
ms comunes de los autos sacramentales:

El Padre Eterno, el Rey del Cielo, el Prncipe Divino.

La Omnipotencia.

La Sabidura.

El Amor Divino.

La Gracia.

La Justicia.

La Clemencia.

Jesucristo bajo distintas formas, por ejemplo, como el buen pastor, como
caballero cruzado, etc.

El novio, esto es, Jesucristo, que entona el cntico de los cnticos en
loor de la Iglesia, su prometida.

La Santa Virgen.

El Demonio  Lucifer.

La Sombra, como smbolo del pecado.

El Pecado.

El Hombre. El linaje humano.

El Alma.

La Razn.

La Voluntad.

El Albedro.

El Cuidado.

La Ira.

El Orgullo.

La Envidia.

La Vanidad.

El Pensamiento (ordinariamente como loco  bufn).

La Ignorancia.

La Duda.

La Fe y la Incredulidad.

La Locura.

La Esperanza.

El Consuelo.

La Iglesia.

La Ley natural y la escrita.

El Judaismo  la Sinagoga.

El Alcorn  el Mahometismo.

La Hereja y la Apostasa.

El Ateismo.

Los siete Sacramentos.

El Mundo.

Las cuatro partes del mundo.

La Naturaleza.

La Luz, casi siempre como smbolo de la Gracia.

La Obscuridad.

El Sueo y la Ilusin que produce.

La Muerte.

El Tiempo.

Las estaciones y las horas.

Los diversos pases de la tierra.

Los cuatro elementos.

Las plantas, y especialmente la espiga y el sarmiento, alusivos al pan y
vino de la cena del Seor.

Los cinco sentidos.

Los Patriarcas, Profetas y Apstoles y sus atributos, como, por ejemplo,
el guila de San Juan.

Los ngeles y arcngeles.


No hay necesidad de advertir que no se guarda el orden cronolgico, y
que los profetas, por ejemplo, aparecen juntos con los apstoles.
Tampoco hablaremos de los anacronismos, censurados por la crtica
estrecha, puesto que en el imperio de estas poesas se prescinde del
cmputo del tiempo.

Caldern fu quien di mayor perfeccin y forma ms artstica al _auto
sacramental_. Los de Lope de Vega, objeto ahora de nuestro examen, le
son inferiores en este concepto. La alegora, sin profundidad
psicolgica, es slo representada grosera, no mediatamente; se echa de
menos en ellos la abundancia y la delicadeza de las alusiones morales, y
el profundo misticismo con que sus sucesores sellaron  idealizaron
todas sus creaciones, iluminando al orbe con la luz del espritu. Lope,
por el contrario, se expone menos al peligro de degenerar en rido y
fro, como sucede con frecuencia  los que abusaron de la alegora.
Nunca peca contra la sencillez potica  inmediata que los distingue; y
si los poetas, que le sucedieron, nos parecen ms adelantados en lo
relativo al arte, l nos encanta por su mayor vigor y naturalidad.

Para conocer ms concretamente la esencia de _los autos_ de Lope,
haremos el anlisis de algunos.

El elegido para este objeto lleva el ttulo de _La peregrinacin del
alma_. El canto que le precede en loor de la Hostia y del Cliz, y la
loa, que no se relaciona directamente con lo que sigue, no entrarn en
nuestro examen. Al principio del auto aparecen las Almas, como mujeres
vestidas de blanco; la Memoria, en forma de mancebo bello y robusto, y
la Voluntad, con traje de labradora.

    EL ALMA.

      Llegada es ya la ocasin
    De mi nueva embarcacin
    A la gloriosa ciudad
    De la celestial Sin.

     *       *       *       *       *

    Esta es la playa arenosa
    De corporal juventud;
    Buscar es cosa forzosa
    Nave, en que nuestra salud
    Corra bonanza dichosa.

    LA MEMORIA.

      Alma para Dios criada
    Y hecha  la imagen de Dios,
    Advierte de Dios tocada
    En que son los mares dos
    De nuestra humana jornada.
    Y as hay dos puertos  entrar
    Y dos playas al salir:
    En uno te has de embarcar,
    Que del nacer al morir
    Todo es llanto y todo es mar.

     *       *       *       *       *

    En estrecho fin paraba,
    Alma, aquel ancho camino;
    Y el que estrecho comenzaba,
    Ancho, glorioso y divino
    El dichoso fin mostraba.

La Voluntad censura las inoportunas advertencias de la Memoria, y
aconseja seguir la senda ms bella y desahogada. El Alma vacila, no
sabiendo qu rumbo emprender. Presntase entonces el Demonio, como seor
de la barca; el Amor propio, el Apetito y otros vicios, en traje de
marineros, y cantan as:

      Hoy la nave del contento
    Con viento en popa da gusto
    Donde jams hay disgusto.

     *       *       *       *       *

    Se quiere hacer  la mar.
    Hay quien se quiera embarcar?

El Demonio hace una brillante descripcin de la belleza del pas, 
donde se dirige la barca; la Memoria les advierte el engao, pero se
aletarga al oir un nuevo canto ms melodioso, y cae ensordecida en la
orilla, mientras que el Alma y el Deseo suben en la barca. Presntase la
Razn para despertar  la Memoria, y las dos juntas gritan al Alma que
vuelva; pero no se oyen sus voces con el ruido de los marineros,
ocupados en levar el ncora. Poco despus se ve ya  la barca en alta
mar; el Orgullo lleva el timn, y los siete pecados capitales manejan
los remos; el Alma, sentada sobre cubierta  una mesa brillante,  la
cual cerca un coro de cantores, se solaza con caballeros y frvolas
damas. La Razn exhorta una vez ms  los engaados  pensar en su
salvacin, y  embarcarse en el buque del arrepentimiento, el nico que
los librar de su ruina; pero el Alma nada quiere oir hasta que el mismo
Jesucristo, dueo de este buque, se presenta acompaado de ngeles, y
promete conducirlos  la baha de la Salud, si llegan  arrepentirse.
Como la vocacin divina es irresistible, la seducida resuelve
obedecerla. Vese entonces el barco del arrepentimiento, en cuyo centro,
 manera de mstil, est implantada la cruz; clices de oro adornan sus
gallardetes; los smbolos de la Pasin forman los aparejos; sobre la
cubierta se halla el Santo Sepulcro, y delante de l, arrodillada, la
Magdalena arrepentida; San Pedro se sienta junto  la brjula, alumbrado
todo por un cliz de oro, cuya luz se extiende  larga distancia. El
Alma se presenta con vestido de penitente, y se arrodilla contrita
delante del Seor, que la acoge benigno; le promete el perdn, porque su
arrepentimiento es sincero, y le ofrece el Sacramento del Altar como
prenda de su gracia.

El auto segundo, cuyo argumento expondremos tambin, y que se titula
_Las aventuras del hombre_, comienza con la expulsin del Paraso de
nuestros primeros padres. El ngel persigue al hombre con su espada de
fuego, censura su pecado con frases enrgicas, y cierra las puertas del
Edn. El desterrado se encuentra en medio de un horrible desierto;
peascos puntiagudos destrozan sus pies, abismos amenazan tragarlo, y lo
atormentan temibles visiones. Parece que, al componer esta escena, tuvo
presente el poeta el principio de la _Divina Comedia_ del Dante. El
hombre vaga abandonado por el desierto, y se extrava y pierde, no
hallando senda alguna que seguir. Presntasele entonces una aparicin,
que  primera vista lo atemoriza, pero que pronto intenta consolarlo
hablndole dulce y amorosamente, y dicindole:

      Pues haced cuenta que quiero
    Ser vuestro escudero yo,
    Que el mismo Dios me mand
    Que fuese vuestro escudero.

     *       *       *       *       *

    Es verdad que est enojado,
    Pero como os ha criado,
    Templa conmigo el castigo.

     *       *       *       *       *

    Que si como Dios le dijo
    Le ha de quebrar la cabeza
    Al Dragn, vuestra tristeza
    Ser entonces regocijo.

     *       *       *       *       *

    Porque no pudiendo vos
    Satisfacer de justicia
    Tanto pecado y malicia,
    Satisfaga Dios  Dios.

     *       *       *       *       *

    Esta Seora que os digo
    Ser su divina Madre.
    Esperadla, que ha de ser
    De vuestro destierro fin.

     *       *       *       *       *

    Venid conmigo, y los dos
    Esperemos este da.

Los dos juntos prosiguen entonces su peregrinacin, y llegan  un
palacio soberbiamente iluminado, dentro del cual se oye plcida
harmona. En l reina _la locura del mundo_. Alegre muchedumbre rodea 
los extranjeros cantando y bailando, y los invita  entrar en el
palacio. El Consuelo advierte al hombre el peligro que le amenaza, pero
se deja seducir y acepta la hospitalidad que se le ofrece. La Reina lo
recibe afable, y ordena  la Vanidad y  la Ostentacin que adornen
lujosamente el aposento del Engao,  la Sensualidad que le prepare un
filtro amoroso, al Sueo que lo divierta con imgenes halageas, y  la
Curiosidad y  la Mentira que cuiden de distraerlo. Comienza, pues, la
nueva vida con locuras y placeres de los sentidos; pero el hombre, que
siente en su pecho ms elevada vocacin, se fastidia pronto y abandona
el palacio. Asltanle en su peregrinacin el Tiempo, la Muerte y el
Pecado; lo aprisionan y lo entregan  la Culpa, en cuyos lazos viven
todos los hijos de la tierra. Cargado de cadenas, se lamenta el hombre
en su prisin. Hblale el Consuelo del Salvador, que ha de venir, para
redimirlo del cautiverio.

      Luz del mundo ha de llamarse
    Aquella palabra eterna...

     *       *       *       *       *

    T, pues, me alumbra y me gua,
    T me ilumina y me ensea,
    Todo se yerra sin ti,
    Todo contigo se acierta.
    Peregrino soy, luz ma,
    Err la divina senda.

     *       *       *       *       *

    Ven, lucero, que ya tengo
    En estas lgrimas, seas
    Que ya s, divina Aurora,
    Que no amaneces sin ellas.
    Ven, dulce maana ma;
    Ven, mi luz, no te detengas;
    No me coja eterna noche
    Antes que t me amanezcas.

Abrense los muros de la crcel: presntase la Santa Virgen hollando al
Dragn con sus pies, y deja caer dulces palabras en el alma del cautivo,
que entonces duerme tranquilo. Mientras tanto desciende del cielo por
una escala el Amor divino, y le anuncia que ha llegado la hora de la
Redencin. Giran sobre sus goznes las puertas de la prisin, y el hombre
es recibido por sus guas celestiales, que suben con l en el buque que
ha de llevarlo  la baha de la Salud eterna. Huyen la Muerte y los
Pecados, y la Culpa aparece transformada y con vestidos ligeros. Al
terminar se ve una barca (la Iglesia), y en ella un altar con el Cliz y
la Hostia, ante la cual yace el hombre de rodillas.

    EL AMOR DIVINO.

      Ves cmo fu verdadera
    La nueva que yo te di?

    EL HOMBRE.

      Oh pan divino, oh grandeza
    Suma de Dios, reducida
    A una forma tan pequea!
    Oh inmensidad abreviada,
    Alta Majestad Suprema
    En la cndida cortina
    De los accidentes puesta!
    Cmo te dar las gracias?

    AMOR.

      Con la Fe, para que puedas
    Aqu merecer la gloria
    Y despus la gloria eterna.

El _Auto de la Puente del mundo_ comienza con un dilogo entre el Mundo,
el Orgullo y el prncipe de las Tinieblas, sobre la venida de Cristo,
que aparecer en forma de caballero cruzado, para redimir  las almas de
la servidumbre del pecado. El prncipe de las Tinieblas ha construdo un
puente, por el cual han de pasar cuantos entren en el mundo. Leviathn
es nombrado su guarda, con la obligacin de no permitir  nadie el paso
mientras no se confiese esclavo del mal. Hcenlo as Adn y Eva, y las
generaciones humanas que les suceden. Pero una virgen ms pura que la
ms cndida paloma (as dice el prncipe de las Tinieblas), ha entrado
en el mundo sin rendirle homenaje, porque, al pronunciar su nombre,
Leviathn cay en tierra desmayado. Aparece el Amor divino, y llama con
dulce canto al caballero de la cruz, que es el Redentor. Este se
presenta armado completamente, trayendo en sus manos la lanza adornada
con la cruz; al brazo un escudo, en el cual se representan los smbolos
de la Pasin, y comienza la lucha para redimir los hombres. Leviathn
cae en tierra sin aliento, cegado por el resplandor del divino adalid;
el alma recobra la libertad, y el vencedor edifica otro puente junto al
primero que se diriga  la servidumbre del pecado, para que el linaje
humano pueda subir  la gloria.

_El heredero del cielo._ El Seor celestial, dueo de una via, amada
por l sobre todas las cosas, la da en arrendamiento  los sacerdotes y
al pueblo hebrico; nombra guardas al Amor  Dios y al Prjimo, y les
recomienda la ms exquisita vigilancia. Pero molesta  los arrendatarios
tan rigorosa guarda; echan de la via  los nombrados por el Seor para
vigilarla; slo piensan en vivir entre regocijos y fiestas sensuales, y
llaman  la Idolatra para compartir con ella la posesin de la via,
celebrando fiestas licenciosas y practicando ritos idlatras. Al cabo de
algn tiempo se presenta el Seor de la via para visitarla; pero apenas
se acerca, oye cnticos sacrlegos, y al entrar es testigo de una orga,
y presencia el estrago que hacen en las cepas los pies de los que
danzan. Manda  Jesaas y  Jeremas, que le acompaan y le sirven, que
reclamen el precio del arrendamiento; pero son acogidos con burlas y
llevados despus al suplicio, por reconvenir  los sacerdotes y al
pueblo judo  causa de sus irreverencias. Aparece San Juan Bautista y
predica el arrepentimiento, declarando que se acerca el reino de Dios, y
que su Hijo, el heredero del cielo, no tardar en venir para regenerar
la via destruda; pero tambin sucumbe. Al fin viene en persona el Hijo
prometido para traer  su redil  los extraviados y plantar de nuevo la
via; pero se ve tan poco atendido como sus predecesores, y es
arrastrado al suplicio con los mrtires. La tierra tiembla, cbrese de
duelo la naturaleza, y hasta los gentiles deploran los sufrimientos del
inocente. Descbrese el teatro: se ve  Jesaas con el cuerpo aserrado;
 San Juan, sin cabeza, y entre los dos, al heredero del cielo
suspendido en la cruz; el Seor dice entonces con voz de trueno:

      Entristzcase el cielo,
    Los ngeles derramen tierno llanto,
    Rmpase al Templo el velo,
    Tinieblas vista el sol, la tierra espanto;
    Matme mi Heredero
    Jerusalem tu viador grosero

     *       *       *       *       *

    Que yo, Israel rebelde y obstinado,
    Ingrato siempre al cielo

     *       *       *       *       *

    Derribar tu Templo
    Y no ha de quedar piedra sobre piedra,

     *       *       *       *       *

    Jerusalem, de ti, que hierba y piedra
    Han de cubrir tus calles
    Sin que piedad en los romanos halles.
    Mi via siempre amada
    Te quitar, villano pueblo hebreo,
    Y mi Iglesia sagrada
    Dar al pueblo gentil, pues ya le veo
    Dejar la Idolatra
    Por seguir la ley de gracia, ma.

     *       *       *       *       *

    Y drosla (la via) prometo,
    Y cercarla de mrtires...

     *       *       *       *       *

    Pondr los confesores,
    Las vrgenes tambin

     *       *       *       *       *

    Dejarle un tesoro,
    Del cuerpo celestial de mi Heredero.

Para que se conozcan tambin otros autos, que no han de enumerarse entre
los sacramentales, puesto que no se refieren  la cena del Seor, siendo
su argumento de ndole religiosa en general, indicaremos las escenas de
uno, que refiere la historia del Nio perdido. Este pequeo auto,
inserto en _El Peregrino_, se represent el da de Santiago, si nos
atenemos  los datos que se encuentran en aquella obra. Al principio
conversa el joven Damasceno con su paje la Juventud, que le describe las
molestias que le afligen en la casa paterna, y lo excita  vivir ms
alegremente. Djase persuadir el joven, y ruega  su padre que le
entregue su parte de herencia para viajar; opnese  ello el padre,
porque lo prefiere  todos sus dems hijos, pero al fin presta su
consentimiento. Pronto se ve  Damasceno corriendo el mundo con
ostentacin y alegra, acompaado de numeroso squito, en el cual se
cuentan el Deleite, la Locura, la Adulacin y otros vicios. La divertida
compaa entra en la casa de la Disolucin, y celebra una bacanal con
msica y danzas, haciendo de gracioso el Juego, en traje de arlequn.
Asistimos en seguida, desde esta fiesta, descrita con verdadero ingenio,
al lugar en donde un pastor apacienta sus rebaos, y  una de esas
escenas pastoriles en que tanto sobresale nuestro Lope. Despus de
algunos episodios aparece Damasceno, despojado de todos sus bienes, y
hasta de sus vestidos, y pidiendo hospitalidad. El compasivo pastor lo
recibe entre sus servidores, y el extraviado joven, avergonzado de sus
locuras, hace cuanto puede para borrarlas  fuerza de arrepentimiento,
de trabajo y fidelidad. Vuelve, por ltimo, contrito al hogar paterno,
rogando que se le perdone, y el padre lo acoge con grandes
demostraciones de jbilo. Uno de sus hermanos se admira que se le
muestre ms deferencia que  l, siempre constante en el cumplimiento de
su deber; pero el padre le replica dicindole, que no hay mayor gozo
para un padre que la vuelta del hijo perdido.

Como ejemplo de _autos al Nacimiento_ puede servir _El Tirano
castigado_. Primero se presentan la Envidia y la Maldad, y deliberan
acerca de los medios que han de emplear para daar  los hombres.
Despus vemos  Lucifer en un trono de fuego, rodeado de los dems
ngeles rebeldes, y teniendo  sus pies  la Humanidad, cargada de
cadenas; ensalza su podero, que,  consecuencia de la culpa del primer
hombre, se extiende sobre toda la tierra, y excita  los espritus
infernales  pelear de nuevo contra el cielo. La Humanidad confiesa su
culpa, pero espera la llegada del prometido Redentor, que ha de
rescatarla del cautiverio del pecado. Encolerzase entonces Lucifer;
huella con sus plantas el pecho de la cautiva, y ordena que la lleven 
una obscura prisin; pero aqulla le anuncia que en breve uno, ms
poderoso, acabar con el imperio del infierno. Satans se presenta
consternado, y dice al Prncipe de las tinieblas:

      Las riberas del Cocyto
    Deja animoso Luzbel,
    Y de la laguna Estigia
    Azufre, resina y pez.
    Del Averno los tormentos
    Suspende, si puede ser,
    Y de tu reino de llanto
    Cese el bullicio cruel.

     *       *       *       *       *

    De tus furias el azote
    En ocio y suspenso est,

     *       *       *       *       *

    Y los condenados, todos,
    Orejas  mi voz den.

Lucifer, furioso al oir esta noticia, resuelve maquinar nuevos enredos
para oponerse  la salvacin de la Humanidad. Esta, mientras tanto, yace
en su prisin lamentndose y rogando al cielo que la liberte del
cautiverio; presntase la Profeca, transformada en gitana, y le
promete la salud esperada. La escena se traslada despus  Beln. Jos y
Mara llegan pobremente vestidos, y llaman  muchas casas de sus
parientes para pedir hospitalidad; pero Lucifer y Satans les persuaden
que no abran sus puertas  los recin venidos; permanecen, pues,
cerradas, y no les queda otro recurso que refugiarse en un miserable
establo. Las escenas siguientes, de ndole profana, nos ofrecen amores 
intrigas pastoriles; luego aparece un ngel que canta el _Gloria in
excelsis Deo_; anuncia el nacimiento del Salvador, y excita  los
pastores  adorar al recin nacido. Se ve entonces  Mara arrodillada
ante el Hijo de Dios. Adralo recitando un soneto, y San Jos une sus
oraciones  las de ella. Acrcanse tambin los pastores para adorar al
Nio Divino, le ofrecen presentes, y la Profeca convoca al linaje
humano para manifestarle el cumplimiento de sus predicciones.

    LUZBEL.

      Qu hay, Satn?

     *       *       *       *       *

    Rsgase el cielo?
    Llueven las nubes aquel
    Roco que espera el mundo,
    O el len viste la piel
    De cordero? En la cestilla
    Baja el eterno Moiss
    Por el caudaloso ro
    Que mar de las gracias es?
    Desgajado de aquel monte
    De suma altura y poder,
    Deshace el risco la estatua
    Que de ambicin fabriqu.

     *       *       *       *       *

    Hase mostrado al Oriente
    El Iris de paz y fe?

     *       *       *       *       *

    Trujo la tierna paloma
    En el pico de clavel
    Al arca la verde oliva
    Y  m el funesto ciprs?
    Cerca en su claustro al varn
    Aquella fuerte Mujer,
    Que en mi soberbia cerviz
    Me dicen que pondr el pie,
    Quedando virgen y madre
    Del mismo que su Padre es?

     *       *       *       *       *

    No hablas? Respndeme,
    Abre esos labios, pronuncia
    Mi muerte...

    SATN.

      Esta noche al transmontarse
    El sol, vi el cielo romper,
    Y dl salir con ms rayos
    Que en medio el Znit se ve,
    Entre mil escuadras bellas
    De aquellos que siempre ven
    La Eterna Sabidura
    Y el sumo y perfecto Bien;
    En hbito y forma humana
    Al Paraninfo Gabriel,
    Bordando las dos esferas
    De zafir y rosicler,
    Y dndole al suelo gloria;
    Par el vuelo en Nazaret,
    A donde lo vi humillado
    A la esposa de Josef.
    Lo que hizo y lo que dijo
    No lo o, ni pude ver;
    Que aunque lince, aquel instante
    Ciego y sordo me hall.

Mientras entonan un cntico religioso cuantos rodean al pesebre,
acompaados de los ngeles, presntase Lucifer abatido y ttrico, 
intenta ofender al recin nacido; pero al esforzarse en traspasar el
umbral, lo anonada la presencia de Dios, y lo rinde vencido  las
plantas de la Santa Virgen. El Auto concluye con esta humillacin de
Lucifer.

Tarea ociosa es,  la verdad, exponer el argumento de algunos autos,
puesto que slo ofrecera una idea incompleta de las propiedades de
estas composiciones tan diversas de todas las dems dramticas.
Unicamente veramos el desnudo esqueleto que forma su accin externa, y
aun esto de una manera incompleta, en virtud de su especial naturaleza.
El brillo deslumbrador de su poesa, la vida que rebosa en su conjunto,
las alusiones simblicas que enlazan lo ms remoto con lo ms prximo,
sus profundas miradas en el alma humana y en los secretos de la
creacin, en una palabra, cuanto caracteriza en primer trmino  estas
admirables composiciones, y les asegura un valor duradero, slo puede
comprenderse con claridad leyndolas atentamente.

Si de los autos pasamos al examen de los entremeses, nos hallamos en
terreno muy diverso. Estos pequeos dramas burlescos, que  menudo son
slo escenas aisladas sin verdadero inters dramtico, fueron, sin duda,
escritos en algunos ratos de ocio por un poeta tan incesantemente
ocupado; pero su veloz pluma supo tambin trazar al vuelo rasgos felices
y peculiares de este gnero de poesas. No faltan en ellos ingeniosos
chistes y cmicas situaciones, ni dejan de ser censuradas con agudezas
de buena ley las locuras y ridiculeces humanas. Sin embargo, no hay que
buscar en los entremeses stiras delicadas, tratndose de un linaje de
producciones esencialmente burlescas, cuyo principal objeto es hacer
reir, y que, para lograrlo, no desprecia en ocasiones emplear bufonadas
de toda especie.

Las loas de Lope son, por punto general, monlogos, no pequeos dramas
que formen como el prlogo de la accin posterior, como se usaron 
veces en otras obras. Estos monlogos, que de ordinario tienen escasa
relacin con la comedia propiamente dicha, consisten, en parte, en
narraciones y ancdotas burlescas; en parte en alegoras alusivas  las
relaciones que hay entre el autor y el pblico, , por ltimo, en
animadas alocuciones  los espectadores, etc. Su mrito literario es
casi siempre escaso, y al parecer, se escribieron ms bien por acceder 
los deseos y  la conveniencia de los directores de teatros, que por
inspiracin espontnea del poeta.




CAPTULO XIX.

     Poetas dramticos valencianos.--Francisco Trrega.--Gaspar
     Aguilar.--Ricardo de Turia.--Carlos Boyl.--Miguel Beneyto.--Vicente
     Adrin.--Guilln de Castro.--Su _Cid_ y el de Corneille.


Menester es ahora que interrumpamos el examen de las obras de Lope de
Vega, el cual, por ligero que haya sido, no poda ocupar demasiada
extensin en una obra como sta, destinada  exponer la historia de toda
la literatura dramtica espaola, puesto que era preciso dejar espacio
suficiente para dar  conocer las composiciones de los innumerables
mulos de nuestro poeta. Si bien es cierto que ste escribi tantos y
tan diversos dramas de toda especie, que hubieran bastado para ocupar el
teatro espaol por ms de un siglo, no es lcito tampoco negar que la
fuerza creadora de la poca se revela tambin en otras muchas obras y en
muchos otros escritores. No se crea por esto, como acaso algunos
piensen, que todos estos dramticos fueron imitadores de Lope de Vega;
al contrario, gran parte de ellos se distinguen por su originalidad y
cualidades propias, que no es justo desconocer, siempre que prescindamos
de la forma externa de sus composiciones, que, en esta poca, fu en
general la misma en todas las obras dramticas.

Llaman, pues, inmediatamente nuestra atencin los diversos poetas
contemporneos de Lope, que, como l, acometieron tambin la empresa de
reformar y perfeccionar el drama espaol. Cervantes, despus de haber
hablado de la prodigiosa fecundidad del ms famoso de todos ellos, nos
indica la transicin del uno  los otros con estas palabras: Pero no
por esto (pues no lo concede Dios todo  todos) dexen de tenerse en
precio los trabajos del Dr. Ramn, que fueron los ms, despus de los
del gran Lope. Estmense las trazas artificiosas en todo extremo del
licenciado Miguel Snchez; la gravedad del Dr. Mira de Mescua, honra
singular de nuestra nacin; la discrecin  innumerables conceptos del
cannigo Trraga; la suavidad y dulzura de D. Guilln de Castro; la
agudeza de Aguilar; el rumbo, el tropel, el boato, la grandeza de las
comedias de Luis Vlez de Guevara, y las que agora estn en xerga[13]
del agudo ingenio de Don Antonio de Galarza, y las que prometen _Las
Fulleras de Amor_, de Gaspar de Avila, que todos estos, y otros algunos
han ayudado  llevar esta gran mquina al gran Lope[14].

A dichos nombres hay que aadir otros muchos, correspondientes  este
perodo, de los cuales trataremos en lugar oportuno. Nuestras miradas se
fijan primeramente en un grupo de dramticos valencianos, entre los
cuales se cuentan muchos de los mencionados por Cervantes[15].

En la rica y floreciente Valencia, que, como dijimos, posea con
anterioridad un teatro fijo, y que acaso al mismo tiempo que se
prepararon para las representaciones escnicas los de la Cruz y del
Prncipe, de Madrid, se dispuso con el mismo objeto un local nuevo y
mejor arreglado, que se denomin _El Corral de la Olivera_[16], poco
despus de la aparicin de Virus adquiri el drama igual carcter y
forma, que conserv luego en su ms brillante perodo. El desarrollo
progresivo de la literatura dramtica traz y fij de tal suerte esta
forma, que no hay necesidad de suponer que fuese importada de Madrid en
Valencia, adoptndose primero por los poetas de esta ltima ciudad,
despus de conocer las obras de Lope de Vega. Al contrario, es de
presumir que Lope, que, como leimos en su biografa, estuvo en Valencia
desde 1588  1595, recibi en ella estmulo y aliento para imprimir en
el drama el carcter que distingua  las comedias,  cuya
representacin asisti, y  trasplantar  los teatros de Madrid la forma
peculiar del drama valenciano.

La Academia _de los Nocturnos_, asociacin literaria de los ingenios de
Valencia, consagrada  investigaciones cientficas y  trabajos
poticos, celebr su primera sesin el 4 de octubre de 1591[17]. Entre
los individuos de esta Academia, cuyos nombres se conservan, contbanse
los poetas valencianos ms famosos, que descollaban en la literatura
dramtica, como fueron Trrega, Aguilar, Boyl, Ferrer, Beneyto y Guilln
de Castro. Estos poetas, y especialmente los dos primeros y el ltimo,
gozaron en su tiempo de gran celebridad, segn testifican las repetidas
alabanzas, que de ellos hacen los autores coetneos[18]; pero luego
cayeron de tal modo en olvido, si se excepta Guilln de Castro, que
acaso desde hace dos siglos se escriben aqu sus nombres por vez
primera.

Francisco Trrega, doctor en Teologa y cannigo de Valencia, parece
haberse ya distinguido en la poesa antes de 1591, puesto que obtuvo el
lugar ms honorfico en la Academia citada. Vicente Mariner ha celebrado
su fama en un pomposo panegrico en latn, lleno  la verdad de frases
vagas y sin dar noticia alguna de su vida. Sus comedias corresponden al
espacio de tiempo comprendido entre los ltimos aos del siglo XVI y los
primeros del XVII, y no dejaron de agradar en su poca. No por esto
pueden rivalizar con las de Lope de Vega: fltanles genio  inventiva y
notable originalidad; pero en lo general estn bien combinadas,
demuestran su conocimiento de la escena, y gustan  interesan. La ms
favorecida del pblico fu la titulada _La enemiga favorable_, que
Cervantes elogia en su _Quijote_. Su argumento es, en extracto, el
siguiente: La reina Irene, que ama apasionadamente al Rey su esposo,
infiere grave ofensa  la condesa Laura, de quien estaba celosa. La
Condesa, deseando vengarse, persuade  su amante, Belisardo, que acuse 
la Reina de adulterio con el duque Norandino. Belisardo la acusa, en
efecto, dndose traza de presentar al Rey, bajo un punto de vista
desfavorable  la Reina, las atenciones que ella demuestra al Duque 
causa de su mrito. Ordnase, pues, la celebracin de un duelo para que
la justicia de Dios decida de la culpa  de la inocencia de la Reina. El
delator, cuyo nombre es desconocido, aparece en la palestra con la
visera calada, y provoca al combate  cuantos tengan por falsa su
acusacin. Acuden entonces al desafo tres caballeros, tambin con la
visera calada, declarando que estn prontos  defender el honor de la
Reina. Uno de ellos es el duque Norandino; otro el Rey, que duda de la
culpabilidad de su esposa, y el ltimo Laura, atormentada por los
remordimientos de su conciencia y arrepentida de su accin, y ansiando
salvar el honor de la Reina, aun  riesgo de su vida. Irene,  la cual
conceden los jueces del campo el derecho de elegir para su defensa 
uno de los tres caballeros, se decide por Laura, por conceptuarla el ms
dbil de los tres, creyendo que el acusador es su propio esposo, y con
la esperanza de exponer  menor peligro al Rey,  quien ama cual cumple
 una esposa fiel y enamorada. Al mismo tiempo que se hace la seal del
combate, toca la campana de la torre la de la oracin del Ave Mara;
todos se arrodillan para rezar; descbrese Laura; declara la inocencia
de la Reina, y excita al acusador  confirmar su aserto, puesto que as
se ha obligado  hacerlo para lograr su mano. Obedcela Belisardo; la
Reina queda libre de toda mancha, y todos se perdonan y se abrazan.

Digna es tambin de la mayor alabanza la delicadeza con que estn
caracterizados los personajes de esta excelente comedia, y en especial
los del Rey, la Reina y Laura, y el arte con que se excita nuestro
inters desde el principio hasta el fin. Tales bellezas, en mayor 
menor grado, se observan en las dems obras dramticas de Trrega.
Adems de las nueve que se encuentran en la coleccin antes citada,
mencinanse otras dos (por Lorenzo Gracin, en su _Arte del ingenio_),
tituladas _La gallarda Irene_ y _El Prncipe constante_, presumindose
que el argumento de la ltima es semejante  la famosa tragedia de
Caldern de igual ttulo. La comedia religiosa de Trrega denominada _La
fundacin de la Orden de Nuestra Seora de la Merced_, aunque ofrece
aventuras extravagantes, cuales se observan en todos los poetas
espaoles al tratar de estos asuntos, cuenta muchas bellezas aisladas.
Refiere la historia de Pedro Armengol, ladrn al principio, que de
repente se convierte  la prctica de la virtud, y borra sus anteriores
pecados, consagrando su vida  la religin; encamnase  Argel para
redimir esclavos, y encuentra all  su hermana, que ha renegado de la
fe catlica y es amada por el Dey; convirtela de nuevo  sus antiguas
creencias, y es llevado al suplicio por los moros, salvndose por la
intercesin milagrosa de la Virgen, y rescatando gran nmero de esclavos
cristianos, con quienes regresa  Espaa y funda, con la proteccin del
rey de Aragn, la Orden de los mercenarios para redimir cautivos.

Siempre que se habla de Trrega, se nombra tambin  Gaspar de Aguilar,
que floreci al mismo tiempo, y, segn parece, estuvo ligado  l por
los lazos de la amistad. Este Aguilar,  quien se llama _el discreto
valenciano_, sirvi al conde de Chelva y al duque de Ganda. Nada ms se
sabe de su vida; pero se dice de su muerte que fu motivada por la
afliccin que le acometi  consecuencia de no haber agradado, como
mereca, un elegante epitalamio que escribi para solemnizar las bodas
de un magnate. Sus comedias se asemejan tanto, en todas sus cualidades,
 las de su paisano y contemporneo, que hasta para los ms entendidos
es difcil distinguirlas. Sus bien trazados argumentos, su pintura de
caracteres y su elegante y viva exposicin, las avaloran en no escaso
grado, aunque no merezcan por esto que se cuenten entre las ms notables
de su patria. La fantasa de Aguilar, no del todo infecunda, no era, con
mucho, tan rica, ni su vena potica corre tan copiosa y abundante como
la de Lope, siendo, por tanto, incapaz de impresionarnos y arrebatarnos;
pero movindose,  su vez, en ms cmodo terreno, lo libertaba de
incurrir en los extravos  que llevan con demasiada frecuencia las
imaginaciones exuberantes. Su comedia ms famosa se titula _El mercader
amante_[19], celebrada por Cervantes y por otros. He aqu, en compendio,
su argumento. Belisario, mercader acaudalado, ama  dos doncellas, y no
sabe por cul decidirse, puesto que antes desea asegurarse de si la
inclinacin que ambas le muestran, reconoce por causa su fortuna.
Pretexta, para averiguarlo, que pierde sus bienes por una desgracia, y
concierta un plan con Astolfo, que ha de ayudarlo, y en cuyas manos pone
sus riquezas, para desvanecer completamente sus dudas. Astolfo, rico ya
en apariencia, enamora  las dos beldades: una de ellas abandona en
seguida al pobre amante, y prefiere al rico; pero la otra sufre la
prueba, y sale de ella victoriosa. El desenlace se adivina sin trabajo,
descubrindose que son fingidas la pobreza de Belisario y la riqueza de
Astolfo, y casndose la fiel con su amante. En esta comedia (caso, en
verdad, raro en las antiguas espaolas), se observan con rigor las
llamadas unidades de lugar y de accin, y la de tiempo tampoco se
quebranta abiertamente, cualidad, por cierto, que, sin duda, fu muy
alabada por los partidarios de estas reglas; pero  nuestros ojos menos
meritoria que la multitud de gratos detalles y notables pinturas de
carcter, que realzan su fbula vulgar. En _Los amantes de Cartago_
refiere Aguilar la historia de Sophonisba, y no, en verdad, sin ingenio
ni trgica grandeza. Tambin en _Venganza honrosa_ nos ofrece algunas
situaciones verdaderamente interesantes, y nos da favorable testimonio
de su talento para trazar y desenvolver un plan dramtico. Porcia, hija
del duque de Mantua, accediendo  los deseos de su padre, se casa con
Norandino, duque de Miln, aunque prefera  Astolfo, duque de Ferrara.
Astolfo, profundamente afligido por la prdida de su amada, la pretende
aun despus de casarse, y se encamina disfrazado  Miln, en donde
despierta de nuevo su antiguo amor en el pecho de Porcia, persuadindola
 que huya en su compaa. El engaado esposo sale en persecucin de los
fugitivos, sin lograr alcanzarlos, por cuya razn se decide  dirigirse
disfrazado  la corte del duque de Ferrara para vengarse de su infiel
esposa y de su seductor. En el camino se le presenta ocasin de salvar
la vida  Octavio, hijo del gobernador de Ferrara, en grave peligro de
perecer  consecuencia del insidioso ataque de un cierto Oracio. ste
descarga entonces sus iras en Norandino y lo entrega  Astolfo,
pretextando falsamente que es un bandido. Astolfo lo conoce y lo condena
 muerte para librarse de su odioso enemigo, y con la aprobacin de la
adltera Porcia. Ejectase el suplicio, pero slo en apariencia, merced
al gobernador, que lo mira como al salvador de su hijo, de suerte que
Norandino queda con vida y puede realizar mejor su plan de venganza.
Mientras tanto, el duque de Mantua se prepara  la guerra para arrancar
su hija del poder de su raptor; Astolfo, para ponerse  cubierto de un
ataque, se refugia entonces en un castillo situado en la cumbre de una
escarpada roca, que fortifica adems con el arte. Norandino,  quien se
cree muerto, se mezcla disfrazado entre los trabajadores de las
fortificaciones, esperando una ocasin favorable para realizar su
propsito. Comienza el asedio, y los sitiados resisten valientemente;
pero llega un da en que se abren las puertas de la fortaleza:
Norandino, vestido cual exige su rango, se presenta acompaado de
lgubre cortejo, y arroja  los pies del duque de Mantua las cabezas de
Astolfo y de Porcia. El Duque, aunque deplora la muerte de su hija,
conoce que es justa la venganza que de ella y de su rival ha tomado
Norandino.

Las cuatro comedias que se conservan de Luis Ferrer de Cardona,
gobernador de Valencia, conocido bajo del pseudnimo de Ricardo de
Turia, no revelan notable inspiracin; _La fe pagada_ es una de esas
comedias vulgares, llenas de aventuras novelescas, de combates entre
moros y cristianos, de cautiverios y rescates, como por desgracia se
haban ya visto en la escena espaola. En _La belgera espaola_ nos
encontramos en Amrica en la guerra entre araucanos y espaoles, con
ruido de batallas y grandes espectculos teatrales de toda especie,
pero que,  pesar de todo esto, nos interesa muy poco. La mejor obra
dramtica de Ricardo de Turia es _La burladora burlada_, comedia de
intriga, cuya accin se distingue por su ingenioso arreglo y delicados
giros. Ms importante que sus comedias es su _Apologa de la comedia
espaola_, que precede  la obra ya citada, que se titula _Norte de la
poesa espaola_. Defindese en ella con agudeza, contra _Terencianos_ y
_Plautistas_, la forma dramtica nacional, exponindose teoras no
comunes en aquella poca, puesto que se dice que aqullos condenan, por
regla general, todas las comedias escritas y representadas en Espaa,
alegando sus razones, y entre ellas, la de que si el drama debe ser el
espejo de la vida humana, cmo ha de permitirse que un personaje nazca
en la primera jornada y aparezca ya hombre hecho en la segunda?[20].

Slo se conserva una comedia de Carlos Boyl (muerto en 1621), y otra de
Miguel Beneyto: pero como ni uno ni otro se distinguen por su
originalidad, y haya tantos asuntos importantes que llamen nuestra
atencin, nos contentaremos slo con mencionar sus nombres. Vicente
Adrin principalmente, conocido como escritor de autos, pertenece
tambin  la misma escuela.

El ms notable de todos estos poetas valencianos fu Guilln de Castro,
poco conocido, aunque se hable de l con frecuencia. Las frases de
Voltaire, llamndole autor de la primera tragedia verdadera de la Europa
moderna, y las de Corneille, en que confiesa que es el primero que
escribi _El Cid_, han sido repetidas muchas veces, si bien no se han
hecho ulteriores investigaciones acerca de su vida y de su influencia.
El libro de Lord Holland, cuyo ttulo promete dar solucin  estas
dudas, no contiene ms que un anlisis de la tragedia citada, sin
ofrecernos siquiera las noticias biogrficas siguientes, escasas  la
verdad, pero no difciles de adquirir[21].

Guilln de Castro y Belvs, de familia antigua y distinguida, naci en
Valencia en 1569. Su talento potico prematuro, causa de que se le
mirase como la perla de la _Academia de los nocturnos_, le granje la
amistad de los ms famosos poetas valencianos, como Trrega, Aguilar y
Artieda, y los favores de los grandes ms poderosos de su tiempo. De un
cargo militar subalterno que desempeaba en Valencia, fu elevado por el
conde de Benavente al mando de una fortaleza napolitana, favorecindole
no menos los duques de Osuna y de Olivares. Pero el fin de su vida no
fu tan afortunado como el principio. No se sabe con certeza la causa de
su destitucin, ni si ha de imputarse  desgracia suya involuntaria  
su carcter inquieto y poco acomodaticio, ni tampoco la poca en que
regres  Espaa. Slo ha llegado  nuestra noticia que, para sustentar
 su segunda esposa, se vi obligado  escribir para el teatro. Crese
que pas en Madrid los ltimos aos de su vida, y, segn todas las
probabilidades, trataba  Lope de Vega y  su familia. Dedic  Marcela,
hija de Lope, la primera parte de sus comedias[22], y _Las almenas de
Toro_, del gran poeta, est dedicada  l, y por cierto con frases muy
lisonjeras sobre su talento y las prendas de su carcter. En una nueva
conjetura descansa la suposicin de haber sido amigo de Cervantes,
puesto que lo nico que ha llegado  nuestro conocimiento, de las
relaciones que hubo entre ambos ingenios, se reduce  que nuestro poeta
tom de las obras de Cervantes los asuntos de tres dramas suyos,
rindiendo as homenaje  la elevacin de su talento, y  que Cervantes
alaba la dulzura y el agrado de Guilln de Castro[23].

En el ao de 1631 muri ste, tan miserable, que fu preciso sepultarle
en el hospital de la Corona de Aragn.

La obra ms notable de Guilln de Castro, tanto  causa de la clebre
imitacin francesa cuanto de su valor intrnseco, y que por esto llama
principalmente nuestra atencin, es la primera parte de _Las mocedades
del Cid_. Indicaremos ahora el orden y sucesin de sus escenas para
facilitar su cotejo con el drama de Corneille[24].

Los conocidos y populares romances del Cid son el fundamento de _Las
mocedades_, y en parte se han entretejido en el dilogo con grande
habilidad. Pero el motivo, que forma el inters capital del drama; la
lucha entre el amor y el honor, parece son de la propia y original
invencin de Guilln de Castro: los romances, en efecto, no hablan del
amor anterior del Cid  Ximena.

Al principio del drama es Rodrigo armado caballero ante toda la corte;
la conversacin de Ximena y de la Infanta versa sobre la pasin de ambas
por el joven hroe, que es el motivo principal de la accin que sigue;
trzase tambin excelentemente en esta escena el orgulloso carcter de
Don Sancho, que contrasta con la noble dignidad del Cid. Acabada la
ceremonia queda el Rey en compaa de sus cuatro consejeros, entre los
cuales se cuentan el conde Lozano y Diego Linez, y les participa haber
elegido al ltimo para ayo del Prncipe; el conde Lozano se cree
entonces despreciado; echa en cara con amargos sarcasmos  Diego Linez
su vejez y debilidad; disputa con l violentamente, y al fin le da un
bofetn. El anciano, as insultado, expresa en frases entrecortadas su
dolor por el desamparo en que lo dejan sus aos, y la sed de venganza
que arde en su pecho. Toda la escena es un modelo en su clase, y el
dilogo de extraordinaria vivacidad. La escena siguiente nos ofrece 
Rodrigo en compaa de sus dos hermanos ms jvenes; su padre, el
deshonrado Don Diego, se acerca  ellos con su bculo roto, y expresa
en un monlogo lleno de pasin la pena que lo aflige, vindose en la
imposibilidad de vengarse. Llama entonces al hijo ms joven en los
mismos trminos que dice el romance; estrchale la mano, y la suelta
prorrumpiendo en amargos sarcasmos al oir sus lamentos: lo mismo hace
con el otro hijo. Llama, por ltimo,  Rodrigo, que se encoleriza
observando la preferencia que su padre ha dado  sus hermanos ms
jvenes, y cuando estrecha tambin su mano, exclama colrico que le
dara un bofetn si no fuera su padre. Ya no fuera la primera, le
contesta Don Diego; demuestra su alegra en un fogoso discurso al ser
testigo del varonil orgullo de su hijo, y le encarga que vengue el
insulto hecho  su honor. Sguele un monlogo lleno de elevacin lrica,
que pinta la lucha de Rodrigo entre su deber y su amor; el Conde, en
quien ha de vengar la injuria recibida por su padre, es el de su amada
Ximena. En la escena siguiente se desenvuelve esta lucha, que atormenta
el alma del joven, cuando Ximena, que le habla desde un balcn, le hace
oir la voz del amor, y la aparicin del Conde lo exhorta al cumplimiento
de su deber; la presencia de su anciano padre pone trmino  sus
vacilaciones. Entblase despus entre Rodrigo y el Conde un dilogo
breve y rpido, copiado exactamente por Corneille; aljanse peleando, y
el Conde grita detrs de la escena: _Soy vencido!_ Rodrigo reaparece,
huyendo de la persecucin de las gentes del Conde,  quienes detiene la
Infanta.

En el acto segundo se anuncia al Rey que Rodrigo ha dado muerte al
Conde; presntansele Ximena y Don Diego, aqulla con un pauelo
ensangrentado, ste teidas las mejillas con la sangre de Rodrigo; ambos
hablan del suceso con notable vivacidad: Ximena dice (como en la
tragedia de Corneille) que la muerte ha impedido  su padre expresar su
voluntad por otros labios que con los de su herida, y que est escrita
con sangre en el polvo; Don Diego, que ha hollado el cadver del conde
Lozano para lavar con su sangre su ofensa. El Rey promete  Ximena su
proteccin, y que Rodrigo ser preso. El prncipe Don Sancho, cuyo
carcter violento lo arrastra hasta  amenazar al Rey, se declara en
favor de Don Diego. El poeta nos ofrece despus  Ximena en conversacin
con su confidenta; descbrele que,  pesar de las prescripciones del
honor, an no se ha extinguido el amor que profesaba al matador de su
padre. Rodrigo, que la oye oculto, se arroja  sus pies, rogndole que
lo vengue en l como l veng al suyo en el conde Lozano. Ella no le
encubre su inclinacin, pero manifiesta que, obedeciendo  las leyes
del honor, har todo linaje de sacrificios para que sea castigado el
matador de su padre. Excelente es la escena que sigue, en que Don Diego
revela su apasionada alegra al acercrsele su hijo, y su satisfaccin
viendo su honor vengado y el valor hereditario de su familia; exhorta 
Rodrigo  persistir en la herica senda comenzada peleando contra los
moros, obedecindolo su hijo, despus de recibir su bendicin. Forma
contraste con estas escenas, de rudo movimiento, la en que se describe
la vida de la Infanta en su campestre soledad. Muchos caballeros pasan
por ella, entre los cuales se cuenta Rodrigo, que desciende de su
caballo y le da las gracias por haberse salvado por su mediacin; pero
no emplea, al hacerlo, sino frases galantes comunes, mientras que ella
oculta difcilmente los tiernos sentimientos que le inspira. Luego
pelean moros y cristianos, y Rodrigo vence  un Rey enemigo, anunciando
que, antes de terminar el da, ha de cautivar  otros dos Reyes;  esta
lucha sigue un episodio de escaso enlace con la accin principal, para
pintar el vehemente y supersticioso carcter del Prncipe. Aparece luego
Rodrigo, que ofrece al Rey el botn recogido en la guerra; el noble
prisionero moro llama  Rodrigo _mo Cid_ (mi seor), y el Rey dispone
que as se le denominar en adelante. Presntase de nuevo Ximena
acompaada de cuatro servidores llorosos, y acusa  Rodrigo en los
mismos trminos que lo hace en el romance. El Rey le promete desterrar
al Cid en castigo de la muerte de su padre.

Acto tercero. La Infanta confa al cortesano Arias Gonzalo, no sin dejar
traslucir sus celos, que Ximena, no obstante su aparente persecucin
contra el Cid, lo ama sin duda alguna. El Rey declara su propsito de
resolver, por medio de un combate personal, si tiene  no derecho al
dominio sobre la ciudad de Calahorra, y que elige al Cid por su campen.
Un servidor le anuncia la llegada de Ximena, y se queja el Rey de las
molestias que le causa, fastidindolo con sus pretensiones. Aprovchase
Arias de la ocasin para participar al Rey las sospechas de la Infanta
acerca de los amores de Ximena y de Rodrigo;  su juicio, el casamiento
de ambos ser el mejor medio de reducir al silencio  la hija del conde
Lozano. Forjan entonces un proyecto para averiguar si Ximena ama al Cid
en realidad. Ximena entra, como antes, pidiendo al Rey justicia y
censurando su tardanza en hacrsela, y despus un criado que anuncia la
muerte de Rodrigo. Ella, no dudando de la certeza de la noticia, cae en
tierra desmayada. Cuando recobra el uso de sus sentidos, confiesa el
Rey su estratagema y el objeto que se propuso; ella, por su parte, se
esfuerza en debilitar la prueba de su amor que ha dado su desmayo, y
declara estar pronta  entregar todos sus bienes y su mano al noble que
le presente la cabeza de Rodrigo, y la mitad de su fortuna al de otra
clase inferior si cumple su deseo. El Rey, creyendo al Cid invencible,
da  conocer esta promesa. Interplase entonces el conocido episodio del
mendigo leproso de los romances, que se transforma luego en San Lzaro.
Annciase en seguida que un combate personal, en presencia del Rey,
decidir de la suerte de Calahorra. Un gigante aragons, llamado Don
Martn, desafa con insolencia  los caballeros castellanos; el Cid
acepta el combate, y se aventura  tomar parte en tan desigual pelea. El
poeta nos describe entonces la inquietud de Ximena acerca del resultado
del combate. Recibe una carta de Don Martn pidindole sus bienes y su
mano, y anuncindole que en breve se presentar delante de ella con la
cabeza del matador de su padre. Dominada por el dolor, dice que adora la
sombra de su enemigo, y que llora al hombre  quien mata. La ltima
escena es en la corte del Rey. Ximena, lujosamente vestida para sus
bodas, se regocija de la muerte probable del Cid; pero cuando sabe, por
asegurrselo as, que es cierta, arrastrada de su amor, no vacila en
confesarlo, y pide al Rey licencia para entregar  Don Martn su
fortuna, rehusndole su mano. Apenas pronuncia estas palabras, cuando se
aparece el Cid, cuenta su victoria y solicita la mano de Ximena. sta
accede  sus ruegos, despus de oponer breve y afectada resistencia.

La exposicin de la serie consecutiva de las escenas de esta comedia
podr, en verdad, darnos una idea de su estructura externa, pero nunca
del riqusimo colorido que adorna  este bello cuadro; nunca del aroma,
verdaderamente romntico, que espira; nunca, en fin, de la delicadeza
psicolgica, con que se pinta la lucha de opuestos sentimientos en el
corazn de Ximena. El lenguaje del drama puede servir de modelo:
ofrcenos la misma sencillez del romance popular, tan propia y peculiar
de este asunto, y no carece de las galas de una potica y rica fantasa,
ni de bellas imgenes, sobriamente distribudas en las ocasiones en que
slo habla la pasin.

Podr censurarse, como opuesto  la unidad de accin, el personaje del
prncipe Don Sancho; y como innecesario, y que sirve de rmora al
desarrollo del drama, el episodio del tercer acto; pero conviene tener
en cuenta que uno y otro se haban arraigado firmemente por los
romances y la historia en la mente del pueblo, que no poda separarlos
de su clebre hroe favorito, y por consiguiente, no merece crtica el
poeta, que se aprovecha de figuras caractersticas y de una bella
tradicin, para agruparlas alrededor de su protagonista.

Examinando ahora la tragedia francesa, se observa desde luego que todo
el mrito, que se puede atribuir  Corneille, es de ndole negativa,
esto es, que consiste en haber suprimido las dos adiciones citadas: lo
que tiene de positivamente bueno, lo debe al poeta espaol. Pero cun
inflexible y grosera nos parece su obra! Qu se hizo de aquel aroma
potico, ya tierno, ya apasionado con violencia, que respiramos con
fruicin y con ansia en la comedia espaola? En su lugar encontramos
vana hojarasca oratoria; en vez del lenguaje del sentimiento, hinchada
fraseologa; en vez de la lucha entre el honor, y el amor, y los deberes
filiales, tan superiormente motivada en la comedia de Guilln de Castro,
una coquetera opuesta  aquellos sentimientos; en vez de la figura
herica de Rodrigo, que se refleja y desenvuelve en los hechos
representados como si viviera, un charlatn ostentoso; nos vemos, por
ltimo, obligados  aceptar el juicio de la Academia francesa sobre _El
Cid_, aunque considerndolo con muy distinto criterio. Si recordamos
tambin que esta tragedia es siempre una de las mejores del teatro
francs, nos admiraremos de que tanta pobreza haya subyugado ms tarde 
los espaoles, para despreciar las riqusimas flores de sus dramas
nacionales.

Ser curioso, sin duda, examinar ms profundamente los defectos de la
tragedia de Corneille. Las famosas unidades, que han de anudar la accin
trgica, y que se miran como pinculo y eje de la verosimilitud, han
producido ahora, como en tantos otros casos, un resultado opuesto,
amontonando inverosimilitudes, que indicaremos, puesto que lo merece el
mal comprendido clasicismo, vivo todava en Francia. La ofensa hecha 
Don Diego; la lucha, la persecucin, la ocultacin y la huda del Cid;
sus hazaas contra los moros, y finalmente, el combate legal con Don
Sancho, suceden en un espacio de pocas horas. Pero hay ms: en la
comedia espaola disminuye el tiempo el dolor de Ximena por la muerte de
su padre, y aumenta su amor y admiracin por el Cid, merced  la larga
serie de sus brillantes hazaas, y  las repetidas pruebas de su eterna
fidelidad y cario  ella; en la de Corneille, al contrario, bastan unas
cuantas horas para que ofrezca su mano al matador de su padre, poco
despus de su muerte, y cuando hasta podra hallarse expuesto su
ensangrentado cadver[25].

Otra falta notamos en el poeta francs. El lugar de la accin es en la
obra original Castilla la Vieja, de acuerdo con la historia; Corneille,
al contrario, sin motivo alguno fundado, lo traslada  Sevilla, que
supone ser tambin la corte castellana; falta histrica grosera, puesto
que aquella ciudad, en la poca en que ocurre la accin, y ms de un
siglo despus de la muerte del hroe, se encontraba en poder de los
moros. Tales anacronismos no son por cierto raros en los poetas
romnticos; pero es fcil de demostrar, que, en general, los cometen
cuando son indispensables, atendido el fin potico que se proponen
alcanzar; tratndose de Corneille ya es ms difcil esta prueba,
pudiendo calificarse de yerro claro y patente, hijo de su completa
ignorancia de la historia, y de los que se califican vulgarmente de
garrafales. Y cosa extraa! los severos crticos, que censuran tan
agriamente en Shakespeare las faltas ms insignificantes, contrarias 
la verdad local  de tiempo, guardan completo silencio sobre sta.

Ya dijimos antes que, por lo que hace  la exposicin y al lenguaje
dramtico, toda la obra del poeta francs carece de animacin y de vida,
y de elevacin potica. Corneille no poda trasladar  su obra las
bellezas poticas del original espaol, puesto que los pensamientos
copiados de la comedia de Guilln de Castro, expresados y odos en
versos alejandrinos[26], se desfiguran por completo con la balumba de
frases pomposas que los rodean. En qu consiste, pues, el mrito de
Corneille? En la omisin de la escena episdica del tercer acto, que
podra haber sido hecho por cualquier zurcidor dramtico? Acaso en la
transformacin, que sufre la prueba real del valor de Rodrigo, hecha por
Don Diego, que se convierte en la pregunta _Rodrigue, as tu du coeur?_
Esto ltimo se considera como un signo de su gusto delicado, y quizs
dependa de las mezquinas conveniencias propias y peculiares del teatro
francs; pero no se crea que esta variacin sea loable: el poeta espaol
desconoce con razn aquella regla convencional; su escena nace en la
pura fuente de la poesa popular, invisible, sin duda, para el francs.
Sin embargo, nos place mostrarnos benvolos, y calificar de progreso
real esta mudanza; pero ahora preguntamos: en qu otra parte verdadera
ha corregido Corneille el original, creyndose naturalmente superior al
poeta espaol, y con suficiente capacidad para mejorarlo? Seguramente en
nada: no ha aadido un solo rasgo, que no lo desfigure y afee; ha
demostrado su completa ceguedad para comprender lo profundo y lo bello
de la ingenua poesa,  la absoluta impotencia de reproducirla; ha
transformado un cuadro rico y de vivos colores, en seco y rido
ejercicio acadmico, sin luz y sin sombra; una composicin potica,
llena de vida, en un fro ensayo de declamacin. Si,  pesar de todo,
existen algunas bellezas en _El Cid_ francs, no han de atribuirse al
imitador, que ha hecho cuanto poda para borrarlas, sino  la excelencia
del modelo, que no poda desaparecer ni en las manos ms torpes. Nada
ms diremos de las restantes obras del trgico, que se llama grande por
cortesa; pero si este calificativo se funda en el mrito del _Cid_, no
lo aceptamos sino irnicamente.




CAPTULO XX.

     Otras obras de Guilln de Castro.--El Dr. Ramn.--Antonio de
     Galarza.--Gaspar de Avila.--Miguel Snchez.--Mira de Mescua.


La segunda parte de _Las mocedades_, que refiere las dems aventuras de
la juventud del Cid, y los sucesos enlazados con ellas, como el
asesinato del rey Don Sancho delante de Zamora, etc., se asemeja  la
primera por el inters que excita, pero no en sus bellezas poticas
aisladas. Distinguen particularmente  este verdadero drama nacional, el
sello y el colorido, que caracteriza  la Edad Media espaola. El Cid,
ms bien en esta segunda parte que en la primera, es el hroe elevado y
constante, que nos describen los romances; y por punto general se
aprovecha en ella con esmero cuanto dicen las crnicas y cantos
populares. Notabilsima es la admirable escena del tercer acto, en que
pelean los tres hijos de Arias Gonzalo. El rey Don Sancho ha sido
asesinado delante de Zamora, en cuya ciudad tiene sitiada  su hermana.
Un caballero del campamento del Rey, llamado Don Diego de Lara, ha
acusado  los habitantes de Zamora de complicidad en la muerte del Rey,
provocndolos  nombrar cuatro campeones, para sostener contra ellos,
con su espada, la verdad de su dicho. El anciano Arias Gonzalo,
gobernador de Zamora, se presenta con sus cuatro hijos para defender el
honor de la ciudad. A pesar de su edad quiere ser el primero en
combatir, y slo cediendo  las instancias de la hermana de Don Sancho,
cuyo principal apoyo es, consiente que peleen antes sus hijos. La
Infanta, de gran duelo, sube  un tablado para presenciar la lid; Arias
Gonzalo, lleno el corazn de siniestros presentimientos, se sienta  su
lado. En otro tablado frontero se ve al Cid, juez del campo, y  su
alrededor  los caballeros ms distinguidos del ejrcito castellano.
Presntase el acusador Don Diego de Lara, y en seguida el hijo mayor de
Arias Gonzalo, que se inclina ante la Infanta; pide al padre su
bendicin, y comienza la pelea. Al poco tiempo cae  sus pies con una
herida mortal. El padre disimula su dolor, y llama  su hijo segundo.

      Con la muerte de tu hermano
    Das ms fuerza  tu razn.
    Como caballero honrado,
    Hizo eterna su alabanza;
    Ve  pagarle en la venganza
    El ejemplo que te ha dado.

El joven embraza su lanza; suenan de nuevo las trompetas; la Infanta
tiembla, y pronto ve Arias  su hijo segundo muerto tambin como el
primero.

    DON DIEGO ORDEZ.

    Don Arias, enva el tercero,
    Que el segundo he despachado.

    DON RODRIGO.

    Ya va, Don Diego, ya va.

     *       *       *       *       *

    ARIAS GONZALO.

    Yo quiero salir contigo
    A ser tu padrino, yo.
    Y as en el trance feroz,
    Ms cercano, ms violento,
    Alcanzarte mi aliento
    Y animarte mi voz.

    DON RODRIGO.

    Ya eso parece dudar
    En lo que tengo de hacer.
    No sabes que s vencer?
    No sabes que s matar?

     *       *       *       *       *

    Vamos, que corrido estoy
    De que en mi valor dudaste.

     *       *       *       *       *

    Y ojal que yo saliera
    Primero que mis hermanos.

Embrazan de nuevo las lanzas; Diego de Lara destroza el yelmo de Rodrigo
Arias, pero ste, en su postrer esfuerzo, hiende la cabeza del caballo
de su contrario; el corcel moribundo arrastra  su dueo, que no puede
ya regirlo, fuera de las barreras. Rodrigo Arias, herido mortalmente con
el golpe, que ha roto su yelmo, cae moribundo en los brazos de su padre,
y en sus ltimos momentos slo se acuerda de preguntar quin es el
vencedor. Don Diego de Lara quiere recomenzar la lid, para lograr un
triunfo completo; pero se declara que ha sido vencido, puesto que ha
traspasado las barreras. Susctase una disputa acalorada, que slo
termina cuando se anuncia que Zamora queda libre de toda sospecha de
complicidad en el asesinato de Don Sancho, y que Diego de Lara es, sin
embargo, el vencedor.

En otras tres obras,  saber: en _El nacimiento de Montesinos_, en _El
conde de Irlos_ y en _Alarcos_, ha dramatizado tambin con igual fortuna
Guilln de Castro asuntos tomados de antiguos romances. Si, en concepto
de Cervantes, la dulzura y la gracia son las cualidades distintivas de
este poeta, no le faltan tampoco energa y vigor trgico, como lo prueba
la ltima de las tres obras citadas. De sus dos dramas, cuyos argumentos
provienen de la antigedad clsica, sobresale especialmente, por su
fuego y vivo colorido potico, el titulado _Dido_ (alabado tambin por
Lope en su dedicatoria de _Las almenas de Toro_). Fu menos feliz en
transformar en dramas las novelas de Cervantes; por grande que sea su
habilidad y talento para convertirlas en comedias, queda siempre
inferior  su modelo, como lo demuestra su Don Quijote, en el cual
acumula las historias de Cardenio, Lucinda, Don Fernando y Dorotea, as
como la de la Micomicona y la de la penitencia en Sierra-Morena.

_Engaarse engaando_ abunda en delicados rasgos psicolgicos. Un Duque
castellano desea vehementemente casar con la princesa del Bearn  su
hijo mayor, que es Marqus; pero ste es enemigo de las mujeres, y slo
desea vivir en un desierto solitario. Tras no escasa porfa se deja al
fin convencer de que siquiera conozca  su prometida esposa visitndola
en su corte, pero con la condicin de que su hermano Fadrique tome su
nombre, fingindose l su criado, para hacer ms libremente sus
observaciones. Los encantos de la Princesa lo impresionan de tal modo,
que vacila ya, y no siente su anterior aversin al matrimonio; pero como
para l son todas las mujeres falsas y desleales, resuelve probar antes
 la Princesa, y encarga  su hermano que apure su ingenio para
decidirla  aceptar una cita vituperable. Este ltimo, enamorado tambin
de ella, hace vanamente cuanto puede para realizar los deseos de su
hermano. La Princesa tiene, mientras tanto, noticia del disfraz del
Marqus y de sus proyectos, y para desbaratarlos maquina  su vez otra
astucia. Da al supuesto criado pruebas indubitables de la inclinacin,
que le profesa, y le dice, por ltimo, sin rodeos, que desea casarse con
el Marqus, para pertenecer  l en realidad. Semejante prueba de su
ligereza trastorna al Marqus por completo; descbrese, pues, y quiere
despedirse para siempre, maldiciendo la frivolidad de las mujeres, hasta
que la Princesa le declara que tiene conocimiento de su disfraz, y que
en este supuesto pudo hacerle, sin deshonrarse, las proposiciones
anteriores, puesto que  una intriga deba contestar con otra.
Desvancense entonces las ofensivas sospechas del Marqus; algrase de
su desengao, y ofrece su mano  la encantadora Princesa.

Especial energa desenvuelve Guilln de Castro en lo trgico, en la
pintura de pasiones poderosas y violentas, en lo que conmueve y nos
aterra, como en los afectos tiernos y dulces. Distnguense,
particularmente por sus escenas patticas, en las cuales resplandecen en
todo su brillo estas cualidades suyas, las dos tituladas _Pagar en
propia moneda_ y _La justicia en la piedad_, llenas de bellezas poticas
de primer orden y de situaciones en alto grado patticas, faltndoles
tan slo traza mejor ordenada en sus argumentos. La accin de la
primera, prescindiendo de otros sucesos mezclados con ella, es la
siguiente: Habiendo guerra entre Castilla y Aragn, Don Pedro, Prncipe
de este ltimo reino, se dirige clandestinamente  la corte castellana
para pretender la mano de la princesa Elena, siendo descubierto por un
espa y hecho prisionero, y librndose por la intercesin de la
Princesa, que huye con l  Zaragoza. Los dos enamorados son felices
juntos, y esperan obtener, para su enlace, el consentimiento del rey de
Aragn; pero ste los recibe mal, y pone  Elena en la crcel por ser
hija de su enemigo. Don Pedro proyecta entonces libertar  su amada. Un
cortesano, que se llama el conde Octavio, promete ayudarle. Aconseja al
Prncipe, contra quien el Rey est tambin enojado, que finja haber
hudo  Castilla, ocultndose en una casa de campo, y que mientras
tanto l libertar  Elena y la llevar  sus brazos. Octavio, en
efecto, pone en prctica su plan, pero traidoramente, puesto que,
enamorado tambin de la Infanta, la entrega  sus criados para que la
encierren en un castillo suyo, dndole tiempo para atraer al Prncipe 
un paraje solitario y darle muerte. Elena, que siempre aguarda ver de
nuevo  su amante, es atacada en el camino por ladrones, que hacen huir
 los que la acompaan y la arrastran consigo. Despus de mucho caminar,
llega al paraje donde ha sido herido su amante; oye gemidos de agona;
mira; conoce  Don Pedro, que se revuelve en su propia sangre, y se
arroja sollozando en sus brazos. Hasta los ladrones se conmueven con sus
lamentos: llevan al mal herido  una caverna, en donde recobra la vida,
merced  los asiduos cuidados de su amada. Los reyes de Aragn y de
Castilla se declaran mientras tanto la guerra, pidiendo el uno su hijo y
el otro su hija. Cuando los dos ejrcitos enemigos estn  punto de
venir  las manos, se presenta Elena disfrazada, y ofrece entregar  los
dos padres sus respectivos hijos si renuncian  pelear, y convienen en
el enlace del heredero del trono de Aragn con la infanta de Castilla.
Acptanse naturalmente sus proposiciones; descbrese ella entonces, y
presenta al Prncipe vivo y sano. Averiguan despus que el traidor
Octavio ha muerto trgicamente en las montaas al saber lo ocurrido.

El principal motivo dramtico de _La justicia en la piedad_, es el
siguiente: El hijo libertino de un rey de Hungra concibe una pasin
violenta por la bella recin casada Celaura; se apodera de ella y de su
esposo, y los encierra en un castillo. Intenta entonces violentar  la
cuitada para que se abandone  l, amenazndole con matar  su esposo si
se resiste ms tiempo  la satisfaccin de sus adlteros deseos. Celaura
lucha entonces horriblemente entre el honor y el afecto  su esposo,
sucumbiendo al cabo el primero; pero  pesar de esto, mata el tirano 
su cautivo para poseer slo  su esposa, que, desesperada, pide al Rey
justicia contra su deshonrador y el asesino de su esposo, siendo el
Prncipe condenado  muerte. La ltima parte del drama est consagrada 
describir el combate interior que sufre el Rey entre su amor paternal y
su justicia; el Prncipe cuenta muchos amigos,  causa de algunas nobles
prendas que lo adornan, deslustradas,  la verdad, por su libertinaje y
pasiones violentas, cuyos amigos piden al Rey que le perdone la vida;
pero el Rey opta por cumplir con su deber de juez, y ordena que sufra su
pena su hijo, cuando sobreviene una sedicin, y los parciales del
Prncipe lo libertan y lo proclaman Rey. ste, que haba firmado con
dolor su sentencia de muerte, se alegra al tener noticia de la
sublevacin, puesto que impide la ejecucin de la sentencia que ha dado
como juez; el Prncipe aprende  ser ms prudente en la escuela de la
desdicha; se arrepiente de sus maldades, y pone la corona  los pies de
su padre, que le perdona de todo corazn.

Cuando reflexionamos en la excelencia de las obras de este poeta, no
podemos menos de deplorar que no se hayan divulgado como merecen, puesto
que,  excepcin de _Las mocedades del Cid_, slo se hallan impresas en
antiguas colecciones, cuyos escasos ejemplares son hoy muy raros.

De los dems poetas mencionados por Cervantes como fundadores con Lope
de Vega del drama nacional, nos ha conservado poco la imprenta. As
sucede con el Dr. Ramn, cuya fecundidad, si nos atenemos al nmero de
sus comedias, es la que se acerca ms inmediatamente  la del gran
maestro. Este Alonso Ramn (llamado  veces Remn), era sacerdote y
fraile del convento de descalzos, de Cuenca, y abandon en sus ltimos
aos el cultivo de la poesa para dedicarse  escribir historia[27].
Sus comedias, si tenemos en cuenta las escasas que existen, eran de
clase muy inferior, y compuestas principalmente para agradar  la
muchedumbre de los aficionados, nunca  crticos de ms delicado gusto.
Su _Espaol entre todas las naciones_, que refiere la vida de un
aventurero espaol, llamado el licenciado Pedro Ordez Cevallos, en las
partes ms remotas del mundo, como, por ejemplo, en la corte del
emperador de Cochinchina, es una comedia deplorable de espectculo, sin
verdadera poesa, por mucho que admire Lope sus extravagancias; de la
misma ndole es _El sitio de Mons por el duque de Alba_, y slo en la
comedia _Tres mujeres en una_, se observa un plan dramtico que no
carece de ingenio.

Corta hubo de ser la carrera potica de Antonio de Galarza, puesto que,
ya en el _Viaje al Parnaso_, se dice que haba muerto; as,  lo menos,
lo indican las frases citadas de Cervantes. nicamente se conservan los
ttulos de sus comedias.

Gaspar de Avila, al contrario, tambin celebrado por Cervantes, hubo de
vivir mucho, aunque sin adquirir por esto lugar importante entre los
poetas dramticos; poco ms que medianas son, en efecto, las comedias
que de l conocemos,  saber: _El valeroso espaol_, _El respeto en el
ausencia_, _La dicha por malos medios_, _Servir sin lisonja_, _El
familiar sin demonio_, improvisaciones ligeramente trazadas, sin valor
intrnseco ni originalidad: el autor aumenta motivos vulgares
dramticos, de los cuales podan obtenerse otros frutos que l no
produce; slo se cuida de la forma externa de la accin, desatendiendo
ms elevadas consideraciones. Las ms ingeniosas, por su plan, son,
entre las mencionadas, _La dicha por malos medios_ y _El familiar sin
demonio_; ofrcenos, sin embargo, motivos dramticos repetidos, ya
vulgares hasta el exceso, en el teatro espaol, y no compensados con
atrevidas y nuevas combinaciones. _El valeroso espaol_, drama escrito
en alabanza de Hernn-Corts, contiene algunas escenas interesantes,
como, por ejemplo, la en que el hroe se defiende ante el Emperador de
las acusaciones de que fu vctima; pero son escenas sueltas, echndose
de menos inters dramtico en el conjunto de la obra[28].

Si nos atenemos  las exageradas alabanzas de sus contemporneos[29],
hubo de ser Miguel Snchez poeta mucho ms importante. Era
vallisoletano, y secretario del obispo de Cuenca. Segn se deduce de las
palabras de Lope en su _Nuevo arte de hacer comedias_, no viva ya en el
ao de 1609. Llambanle _el divino_ sus admiradores. No existiendo ms
que una comedia suya titulada _La guarda cuidadosa_, carecemos de los
datos necesarios para juzgarlo[30]; pero la verdad es que hay que
concederle no comn capacidad. Es una comedia de intriga ingeniosa y
cuerdamente trazada, que no nos sorprende como otras posteriores de la
misma especie, por sus singulares peripecias y complicaciones, sino
que, al contrario, excita el inters del espectador por su accin bien
pensada y curiosa. El anciano Leucato se ha retirado con su hija Nicea 
una casa de campo, en medio de espesos bosques, para pasar
tranquilamente el resto de sus das. El prncipe de Bearn, que, en sus
expediciones venatorias, visita con frecuencia estos parajes, ve  Nicea
y se enamora de ella, con cuyo motivo reside largo tiempo en la casa de
Leucato. Un da, en que instaba vivamente  Nicea  que accediese  sus
deseos, se oyen gritos y lamentos, exhalados por un caballero, que es
derribado del caballo delante de la casa. Traen  esta al cado privado
de la razn, y los dueos de ella lo asisten con el mayor esmero. El
caballero no es otro que Florencio, amante de Nicea, inventor de esta
treta, para estar al lado de su amada y guardarla de las asechanzas del
Prncipe; pero ste sabe pronto que es su rival, y se ingenia de suerte,
que lo hace salir de la casa. Florencio entonces, con el consentimiento
de Leucato, se disfraza de celador de montes para residir, sin
obstculo, cerca de su amada y desbaratar los proyectos del Prncipe. El
poeta explota esta situacin de la manera ms agradable. El celoso
amante se convence de la fidelidad de su amada; frustra todas las
tentativas amorosas del Prncipe contra ella, y por ltimo, se casa con
Nicea, merced  su astucia, con la aprobacin del mismo Prncipe. La
diccin de esta comedia se distingue por su noble sencillez, y es tan
florida como rica[31].

Dos poetas, mencionados tambin por Cervantes, llaman particularmente
nuestra atencin, as por su fama como por las muchas obras suyas que se
conservan. Las juzgaremos, pues, con mayor extensin.

Mira de Mescua[32], natural de Guadix, en el reino de Granada, era
arcediano de dicha ciudad  principios del siglo XVII; fu protegido por
el conde de Lemos, virrey de Naples,  quien acompa  Italia en
1610[33], y vivi ms tarde consagrado  sus deberes sacerdotales en la
corte de Felipe III y IV. Como en la loa de Rojas, impresa en 1603 y
escrita muchos aos antes, se le llama poeta dramtico famoso, hubo
necesariamente de comenzar su carrera dramtica durante el siglo XVI.
Grande hubo de ser su fecundidad, puesto que las obras impresas, que
pasan por suyas, y que sern sin duda parte mnima de todas ellas,
ascienden  ms de 50[34].

Las pomposas alabanzas de D. Nicols Antonio  Mira de Mescua, lo
califican de poeta el ms eminente de su patria. Si se hubiesen perdido
las obras de ste, conservndose slo su apasionado encomio, cun
grande no sera nuestro sentimiento, si no pudisemos leer poesas
dignas de tan sublime panegrico? Pero como felizmente nos es dado
examinarlas con nuestros ojos, averiguamos que el juicio del literato
carece de racional fundamento. No ya Lope de Vega, sino otros poetas
menos clebres, son infinitamente superiores  Mira de Mescua. No le
falta, por cierto, imaginacin  inventiva, pero s verdadera poesa,
cualidad de ms subido precio que aqullas. Sus obras carecen de vigor
potico, y de aqu que las leamos sin que dejen en nosotros huella
alguna, sin conmovernos profundamente ni impresionarnos por largo
tiempo. Su buen juicio literario es tan escaso como su inspiracin; al
contrario, parece que su carcter era raro y excntrico; desprecia todo
aquello que dicta el sentido comn en la invencin y desarrollo de las
comedias, y que pudiera enaltecerlas; prefiere lo desordenado y lo
monstruoso; se burla de las leyes del arte y del gusto, y hace llover en
la escena extravagancias y singularidades de toda especie[35].

Pero si los dramas de este autor, en cuanto  valor literario, tienen
poca importancia, son, sin embargo, notables por la riqueza de motivos
verdaderamente dramticos acumulados en ellos. Parece como si la
invencin se prodigara en demasa, como si sus hilos no se entretejiesen
formando confusa urdimbre; pero no puede negarse  Mira de Mescua la
gloria de haber ideado muchos argumentos tan interesantes como
flexibles, que con razn han sido populares en el teatro espaol, aunque
poetas posteriores hayan segado la mies, que l sembrara. As observamos
en su _Esclavo del demonio_ el germen de algunas escenas de _La devocin
de la cruz_, de Caldern, y del _Mgico prodigioso_, y en su _Galn,
valiente y discreto_, el del _Examen de maridos_, de Alarcn, y de la
misma manera se hallan en otras comedias suyas los materiales,
utilizados despus por otros dramticos.

En _El ermitao galn_ se nos transporta  los tiempos primitivos del
cristianismo. Abraham, mancebo egipcio de ilustre nacimiento, es el
prometido de la bella Lucrecia, y piensa casarse con ella, cuando oye de
repente una voz interior, que le dice que su apasionado amor  su futura
esposa pervertir su alma, alejndola de la senda de la salvacin.
Abandnala, pues,  causa de esta vocacin interior, y se oculta en un
lugar montaoso y solitario para hacerse ermitao y ganar el cielo.
Lucrecia, como es natural, se desespera al conocer la infidelidad de su
amante. Resuelve entonces seguirlo. Lo mismo hace Mara, sobrina de
Abraham, porque necesita obtener el consentimiento de su to para
casarse con su amante Alejandro. Ve, pues, al ermitao, y le expone su
deseo; pero el solemne silencio del desierto, y las fervientes
exhortaciones del asceta, hacen en ella tal impresin, que determina
renunciar tambin al mundo, y consagrar su vida  la devocin en la
soledad. En el valle, en donde se hallan contiguas las dos celdas, se
aparece una noche un caminante con traje de caballero, que pretexta
haberse extraviado, y pide hospitalidad. Este caminante es el Demonio,
que prepara sus asechanzas contra los dos ermitaos. En un discurso
largo y artificioso habla de su anterior estado, suponiendo que la cada
de los ngeles rebeldes ha sido un suceso ocurrido en la corte de un
Rey[36]; aade luego que en su viaje ha visto  la bella Lucrecia, que
se ha enamorado de l violentamente. As espera despertar los celos en
el corazn del ermitao, y su antigua pasin. Resuenan entonces voces
angustiosas detrs de la escena; Abraham se apresura  prestar auxilio
al desdichado, que pide ayuda, y encuentra  Lucrecia desmayada,
habindose extraviado en su peregrinacin y precipitdose desde una
pea. Cuando recobra el uso de sus sentidos, surge en el corazn de su
amante una terrible lucha entre su primera pasin y sus recientes votos,
pero al fin vencen los ltimos. Lucrecia, obligada  renunciar  sus
esperanzas, se aleja de all con el alma desgarrada. Ms afortunado es
el Demonio con Mara,  cuya celda lleva una noche  Alejandro; ste,
desalmado libertino, que nunca ha pensado seriamente en casarse,
deshonra  su amada, y la abandona despus de conseguir su propsito.
Mara, creyndose indigna de servir  Dios, vaga por el mundo
desesperada, entregndose  todo linaje de excesos, y pasando de escaln
en escaln al estado ms abyecto. Abraham,  cuya noticia llegan sus
extravos, se propone traerla de nuevo al camino de la virtud; consigue,
en efecto, conmover su depravado corazn, pero ella duda recuperar de
nuevo la gracia divina. Asegrale el ermitao que, por grande que sea
nuestro pecado, puede lavarse con la ayuda de Dios, y al cabo le
infunde, con sus predicaciones, confianza en la clemencia del Seor.
Vuelve, pues,  su abandonada celda, y hace la debida penitencia;
Satans torna  tentarla, pero vanamente, porque ella triunfa, y fuerza
al tentador  alejarse para siempre de su lado. Vsela al fin durmiendo
plcidamente en su duro lecho con un cilicio; un ngel revuela
alrededor, que lleva su alma al cielo. Otro accidente influye tambin en
el corazn de Lucrecia, hacindola apartarse del mundo; sigue el ejemplo
de su primer amante, y se refugia en una choza solitaria en las montaas
para vivir y morir en ellas.

Otra comedia extravagante,  la que no faltan detalles singulares, es
_El negro del mejor amo_. Slo expondremos su argumento,
extraordinariamente complicado, en sus rasgos ms principales. La escena
es en Palermo. Don Pedro Portocarrero, noble espaol, jura odio eterno
al conde Csar, por haber dado muerte  su hermano; despus de matar 
dos parientes del Conde, sin poder vengarse de su principal enemigo, se
oculta en el convento de San Francisco para evitar las persecuciones de
la justicia. Entra  servirlo un negro, llamado Rosambuco, hombre
salvaje y feroz, que antes haba sido pirata y hecho prisionero en una
pelea con los espaoles. El horscopo del nacimiento de este negro
predeca que su fama sera grande, y que llegara  ser el favorito del
Soberano ms poderoso del orbe, lo cual aumenta an ms su insolencia.
Don Pedro encuentra en l el ms dcil y apropiado instrumento para
realizar sus proyectos vindicativos, y concierta con l que fuerce una
noche las puertas de la casa del conde Csar; que robe  su hermana
Laura,  quien ama Don Pedro, y que vengue en la sangre del hermano la
muerte del suyo. Aborta el plan, sin embargo, y los dos cmplices se ven
de nuevo obligados  regresar  su asilo. Rosambuco quiere hollar el
patio del convento, y pasar por delante de la estatua del fundador
(Benedicto Sforza), cuando ste lo llama y le dice con voz sepulcral,
que cmo malgasta su fuerza en infames acciones, cuando Dios lo ha
elegido para ser la joya y gala de su convento. El negro no lo oye, y
sigue profanando el sagrado recinto con su vida licenciosa. Una noche,
con los ms culpables designios, intenta penetrar en el principal
santuario del convento, en la capilla del Hijo de Dios; pero se le
aparece ste en el umbral, vdale la entrada, y se esfuerza en atraerlo
 la buena senda con benvolas frases. Ya comienza  ablandarse el duro
hielo del corazn de Rosambuco; pero sus antiguos hbitos lo dominan
demasiado, y al fin prevalecen. Don Pedro, mientras tanto, es invitado 
una entrevista con Laura; encamnase, pues, con su negro al lugar de la
cita, que en realidad es una treta del Conde para librarse de su
enemigo,  quien sorprende al salir del convento, llevndoselo cautivo.
El negro vuelve al convento mal herido, y mientras yace en su lecho de
dolor, se le aparece San Francisco y el Nio Jess, para mitigar sus
sufrimientos y convertirlo  la fe y al amor divino. Cuando sana de sus
heridas, sintese transformado en todo su sr; bautzase y hace voto de
lavar sus anteriores pecados con penitencia y obras de caridad. Don
Pedro languidece mientras tanto en la prisin, en donde se le aparece
San Francisco con traje ordinario de fraile, pero fcil de conocer por
sus llagas sealadas, para arrancarle el esclavo,  fin de que se
dedique en libertad  servir al Seor ms poderoso de la tierra. El
prisionero huye de la crcel con la ayuda de su amada Laura, ofendida
por su hermano, y resuelta  auxiliarle en su venganza. Escpanse, pues,
ambos; reunen una banda de salteadores, y prosiguen con mejores
elementos su lucha contra el Conde y sus partidarios. Atacados en una
ocasin por numerosa muchedumbre de enemigos, se hallan  punto de
sucumbir, cuando se presenta el negro  protegerlos, y dotado de fuerza
tan portentosa, que detiene con sus manos las balas dirigidas contra su
seor.  la conclusin asistimos al asalto, que da al convento una
tropa de piratas moros, siendo rechazados por Rosambuco con
sobrenatural bravura, aunque cayendo en la pelea herido mortalmente; 
su ruego, le concede el Seor en su lecho de muerte la gracia de
reconciliar  los partidos beligerantes, y termina la comedia con esta
conciliacin.

_El esclavo del demonio_ (arreglado luego por Moreto con el ttulo de
_Caer para levantarse_), ha sido aprovechado por Caldern, como
indicamos antes, en dos de sus ms famosos dramas. Sin embargo, en la
comedia del poeta ms antiguo slo se muestran groseramente esbozados
los motivos, que, manejados por el ms moderno, nos infunden tanta
admiracin. La fbula de Mescua es demasiado extensa, para referirla
ahora tal cual es; por consiguiente, slo indicaremos sus principales
sucesos. Don Diego est enamorado de la bella Lisarda, aunque sin
esperanza de que le corresponda, porque su padre ha prometido su mano 
otro. Para satisfacer su pasin, se decide al cabo  emplear la
violencia. Arrima una noche  la ventana una escala, y quiere penetrar
en su habitacin  tiempo que se presenta un piadoso ermitao, llamado
Don Gil, y lo disuade con sus vehementes exhortaciones de su indigno
propsito. Aljase Diego arrepentido; pero entonces el mismo Don Gil,
que desde fecha muy anterior lucha con el amor  Lisarda, sucumbe de
pronto  la tentacin: se aprovecha de la escala arrimada  la ventana;
entra dentro, y, en lugar de Don Diego, se precipita en los brazos de la
bella Lisarda. Rara por dems es la ocurrencia del poeta en este trance:
el criado de Don Diego ha quedado durmiendo en la calle, y habla en
sueos con su seor; pero Don Gil cree que su voz es la del Demonio.
Despus que el ermitao satisface su pasin, despierta como de una
horrible pesadilla: imagina haber vendido por un momento de placer la
salvacin de su alma, y ciego de desesperacin, acuerda abandonarse por
completo  su lujuria. Lisarda, conociendo que ha sido engaada, se
desespera tambin  su vez; ve que le han robado su honor, que su amante
le es infiel, y temiendo la venganza de su padre, decide al cabo huir
con Don Gil. En el segundo acto encontramos  los dos en un paraje
agreste y montaoso, en donde llevan vida de salteadores, matando y
robando  los caminantes, y cometiendo hasta con placer todo linaje de
crmenes. Entre los viajeros, que caen en sus manos, se cuentan el padre
de Lisarda y su hermana Leonarda. Lisarda no puede ser conocida de
ellos, porque cubre su rostro con una mscara: primero quiere
sacrificarlos para saciar su odio  todo el gnero humano, pero las
palabras de su anciano padre conmueven su endurecido corazn, y desde
este instante determina expiar sus yerros haciendo la penitencia
necesaria. Sin embargo, no se descubre  sus parientes, que, llenos de
gratitud por haberles perdonado la vida, prosiguen su viaje hacia un
monasterio, en donde Leonarda debe profesar. Don Gil, al ver  sta,
siente inflamarse su pecho con un nuevo amor,  intenta poseerla; pero
todos sus esfuerzos se estrellan en la resistencia, que les opone la
piadosa monja. Lleno de rabia invoca entonces  los poderes infernales.
Aparcesele el Demonio, y le promete su asistencia, con la condicin de
que se obligue  su vez  entregarle su alma, escribindolo as con su
sangre. Don Gil firma el contrato; Satans le presenta una mujer con la
forma y las facciones de Leonarda; abrzala para poseerla, y descubre
entonces que sus brazos estrechan  un esqueleto. Obsrvese que esta
escena es la misma, que, en el _Mgico prodigioso_, de Caldern, prepara
la catstrofe. Don Gil cae en tierra bajo la impresin de tan horrible
suceso; anonadado, y sintiendo un cambio completo en todo su sr, invoca
la misericordia de Dios, y su splica es oda; pelean entonces en los
aires el Demonio y el arcngel San Miguel; ste triunfa, y obliga  su
adversario  renunciar  su presa. El salvado tan milagrosamente de las
garras del Demonio resuelve entonces consagrar el resto de sus das 
servir  Dios, confirmndolo an ms en su propsito la noticia, que
tiene, del arrepentimiento decidido de Lisarda, y de su bienaventurada
muerte.

He aqu, en general, los motivos dramticos empleados por Mira de
Mescua. Gran nmero de sus obras son comedias religiosas llenas de
apariciones sobrenaturales. Pero hasta en las profanas (como, por
ejemplo, en _Obligar contra su sangre_ y en _No hay dicha ni desdicha
hasta la muerte_) le agrada sorprendernos con sucesos raros y
extraordinarios, ofrecindonos  veces las situaciones ms singulares,
dignas, acaso, de encomio, si la composicin del conjunto no fuese tan
extraa. Lo ficticio de ellas se nos presenta siempre en primer trmino,
y las catstrofes y peripecias de la accin no son motivadas por causas
internas, hijas de los caracteres y de las diversas relaciones de los
personajes. Falta al autor la energa potica indispensable para fijar
en sus obras un centro seguro y claro, y trazarlas y completarlas como
es debido; contntase con escribir escenas aisladas y sin estrecho
enlace entre s, perjudicando  la impresin total que ha de hacer en
los espectadores; y si una de ellas excita vivamente nuestro inters, lo
desvirta la siguiente por su falta de gusto y su extravagancia.

Basta citar nominalmente algunos dramas de Mira de Mescua, para
convencerse de esta verdad. _La rueda de la fortuna_ es una comedia de
ruido y sin ingenio, que refiere la historia de Mauricio, Phocus y
Heraclio, pero sin la profundidad que observamos en la de Caldern. _El
conde Alarcos_, de Mira de Mescua, es en todo inferior  la del mismo
ttulo de Guilln de Castro[37]. En _La tercera de s misma_ y en _El
Fnix de Salamanca_ imita  Tirso de Molina, pero slo en sus ms
groseros rasgos. Mejor es el plan y el desarrollo de _Galn, valiente y
discreto_. La duquesa de Mantua sospecha que los cuatro pretendientes 
su mano se proponen nicamente poseer sus estados. Concierta, pues, con
su dama Porcia que finja ser la Duquesa. Tres pretendientes, en virtud
de esta treta, renuncian  sus pretensiones descubriendo su propsito;
pero el cuarto, llamado Fadrique, adivina el plan, se consagra 
enamorar  la supuesta Duquesa, y lo consigue plenamente. El poeta ha
sabido entrelazar artsticamente con otras esta sencilla combinacin, de
tal suerte, que el conjunto resulta interesante, sin ofrecernos ocasin
alguna de censurar las deplorables singularidades, que deslustran  las
dems comedias suyas. El drama de Mescua, titulado _Hero_, que Caldern
menciona con elogio al principio de su _Dama duende_, no existe ya,
segn se presume.

Entre los autos de nuestro poeta se distingue por su grandioso
pensamiento, y por muchos otros rasgos verdaderamente poticos, _La
mayor soberbia humana_, aunque al lado de ellos observemos bufonadas
repugnantes y otras faltas de buen gusto. Este auto, diverso de casi
todas las obras de su clase, no contiene personajes alegricos, y su
objeto es representarnos el castigo humillante del orgullo de
Nabucodonosor. Su principio, cuando nos ofrece al Monarca asirio en toda
su grandeza, rodeado de los Reyes vencidos por sus armas, es magnfico y
ostentoso: coros de msicos cantan un himno en su alabanza mientras l
duerme. En sueos se le aparece una estatua gigantesca con la cabeza de
oro, que llega hasta el cielo; pero de repente un poder misterioso la
derriba en el suelo. Despierta y llama  sus adivinos, para que le
expliquen su sueo, pero ninguno sabe hacerlo, por cuya razn se
encoleriza y los manda decapitar. No habiendo comprendido el aviso que
daba la aparicin, ordena Nabucodonosor que se construya una estatua que
lo represente,  la cual, por mandato suyo, se le tributarn honores
divinos. Todos obedecen al punto sus rdenes, excepto el Rey cautivo de
Judea, que se niega  adorar estatuas, por cuyo motivo dispone
Nabucodonosor que sea quemado vivo. Encindese, en efecto, la hoguera,
pero las llamas se transforman en rosas. Aparcese entonces el profeta
Daniel, y anuncia al orgulloso Rey que Dios le castigar rigurosamente,
y que su castigo no cesar hasta que se arrepienta. La ltima mitad del
auto, en que Nabucodonosor sufre la pena de su orgullo, y al fin se
arrepiente, no es igual en mrito  la primera, y su relacin con el
sacramento, necesaria  la conclusin de esta clase de autos, escasa y
como trada por los cabellos.

En el auto al Nacimiento de Mira de Mescua, titulado _El sol  media
noche_, nos ofrece convertida en esclava  la Naturaleza humana,
lamentndose as en la prisin de su desdichada suerte:

      Tierra cercada de abrojos,
    Agostada, mustia y seca,
    Mieses con sudor regadas,
    Plantas de frutas acerbas,
    Mudos peces, mar salado,
    Viento sordo, aves ligeras.

     *       *       *       *       *

    Hay quien de vosotros diga,
    Si mi rescate comienza,
    Si mi cautiverio acaba,
    Si mi descanso se acerca?

     *       *       *       *       *

    Qundo el Dios de las venganzas
    Y de batallas sangrientas,
    Trocado en cordero humilde
    Dejar  la muerte muerta?
    Y del poder del pecado,
    Potentado de la tierra
    Turco Solimn...

     *       *       *       *       *

                      Me librar?

     *       *       *       *       *

    Qundo llovern las nubes
    El pan, que el santo amor siembra,

     *       *       *       *       *

    Flor de Jeric olorosa,
    Madre y esperanza nuestra,
    Con cuyo pie amenazaste
    La serpiente?...

La cautiva intenta huir de su prisin, pero es sorprendida por su seor
el Pecado, que se aparece en forma de turco. Viglasela entonces ms
rigurosamente, nombrando sus carceleros  la Avaricia, al Deleite y al
Orgullo, cuando el pastor San Juan Bautista entra en la crcel y la
consuela anuncindole su pronta redencin. Lo restante del auto, como
casi todos los de su especie, refiere la llegada  Beln de San Jos y
de la Virgen, y la anunciacin  los pastores del nacimiento de Jess. A
la conclusin se lleva San Juan Bautista al Linaje humano:


    SAN JUAN.

      Desde aqu podrs mirar.
    Oh Naturaleza hermosa,
    En los brazos de una rosa,
    Al que te viene  salvar.

(_Con msica aparece Nuestra Seora sentada en una
silla, la Luna por chapines y el Pecado debajo de los pies;
el Nio sobre sus rodillas._)

    SAN JUAN.

      Este es el _Agnus_ de Dios;
    Este quita los pecados
    Del mundo.

    NATURALEZA.

      A sus pies postrados
    Ya veo los Orbes dos,
    Y que huella con su planta
    La Madre de la belleza
    Al Pecado la cabeza.

     *       *       *       *       *

    Nio Sol recin nacido,
    En brazos de tal Aurora,
    Que mi culpa y yerros dora,
    Seis para m bien venido.

     *       *       *       *       *

    S que nacis en Beln
    A remediar mi cada.




CAPTULO XXI.

     Luis Vlez de Guevara.--Prrafos de _El diablo cojuelo_, acerca del
     teatro.--Las comedias ms notables de Vlez de Guevara.


Escasas, en verdad, son las noticias biogrficas de Luis Vlez de
Guevara[38] que han llegado hasta nosotros, reducidas  lo siguiente:
Naci en Ecija, en Andaluca, en el ltimo tercio del siglo XVI[39];
pas en Madrid la mayor parte de su vida; estuvo al principio al
servicio del conde de Saldaa; desempe despus un destino en la corte
de Felipe IV, cuyo favor supo particularmente granjearse, y muri en el
ao de 1644. En un escrito, impreso  fines del siglo XVI, se le nombra
ya entre los autores dramticos[40]. En los ltimos aos de su vida
compuso diversas comedias con Caldern, Rojas y Antonio Coello. El
nmero de las escritas por l (advirtindose que, sin duda, se han
perdido muchas), asciende  ms de 400. Entre las dems obras suyas, es
famosa la novela que se titula _El diablo cojuelo_[41].

Antes de hablar de Guevara como autor dramtico, creemos oportuno citar
algunos prrafos de aquella obra, en que el autor discurre burlescamente
acerca del teatro y de los poetas dramticos de su tiempo.

_El diablo cojuelo_. Tranco 4.--A las dos de la noche oy unas
temerosas voces que repetan: fuego, fuego! Despertaron  los dormidos
pasajeros con el sobresalto y asombro que suele causar cualquier
alboroto  los que estn durmiendo, y ms oyendo nombrar fuego, voz que
con ms terror atemoriza los nimos ms constantes, rodando unos las
escaleras para bajar ms apriesa, otros saltando por las ventanas que
caan al patio de la posada, otros que por pulgas  temor de las
chinches dorman en cueros como vinagre, hechos Adanes del baratillo,
poniendo manos donde haban de estar las hojas de higuera, siguiendo 
los dems y acompandolos Don Cleofs con los calzones revueltos al
brazo y una alfaga, que por no encontrar la espada top acaso en su
aposento, como si en los incendios y fantasmas importase andar  palos
ni cuchilladas: natural socorro del miedo en las repentinas invasiones.
Sali en esto el husped, en camisa, los pies en unas empanadas de
frenegal, cinchado con una faja de grana de polvo al estmago, y un
candil de garabato en la mano, diciendo que se sosegasen, que aquel
ruido no era de cuidado, que se volviesen  sus camas, que l pondra
remedio en ello. Apretlo Don Cleofs, como ms amigo de saber que le
dijese la causa de aquel alboroto, que no se haba de volver  acostar
sin descifrar aquel misterio. El husped le dijo, muy severo, que era un
estudiante de Madrid, que haba dos  tres meses que entr  posar en su
casa, y que era poeta de los que hacen comedias, y que haba escrito dos
que se las haban chillado y apedreado como vias, y que estaba acabando
de escribir la comedia de _Troya abrasada_, y que, sin duda, deba de
haber llegado al paso del incendio, y se converta tanto en lo que
escriba que habra dado aquellas voces; que por otras experiencias
pasadas sacaba l que aquello era verdad infalible, como l deca, que
para confirmarlo subiesen con l  su aposento, y hallaran ser
verdadero este discurso.

Siguieron al husped todos, de la suerte que cada uno estaba, y
entrando en el aposento del tal poeta le hallaron tendido en el suelo,
despedazada la media sotana, revolcado en papeles y echando espumarajos
por la boca, y pronunciando con mucho desmayo fuego! fuego! que casi
no poda echar la habla, porque se le haba metido monja. Llegaron  l
muertos de risa y llenos de piedad todos, dicindole: Seor licenciado,
vuelva en s, y mire si quiere beber y comer algo por este desmayo.
Entonces el poeta, levantando como pudo la cabeza, y algo alborotado,
dijo: Si es Eneas y Anquises, con los Penates y el amado Ascanio, qu
aguardis aqu? Que est ya el Ilin hecho cenizas, y Pramo, Paris y
Policena, Hcuba y Andrmaca han dado el fatal tributo  la muerte, y 
Elena, causa de tanto dao, llevan presa Menelao y Agamenn; y lo peor
es que los Mirmidones se han apoderado del tesoro troyano. Vuelto en su
juicio, dijo el husped que aqu no hay almidones ni toda esa tropela
de disparates que ha referido, y mucho mejor fuera llevarle  casa del
Nuncio, donde pudiera ser con bien justa causa mayoral de los locos, y
meterle en cura, que se le han subido los consonantes  la cabeza como
tabardillo. Qu bien entiende de afectos el seor husped! respondi
el poeta incorporndose un poco ms. De afectos ni de afeites, dijo el
husped, no quiero entender, sino de mi negocio: lo que importa es que
maana hagamos cuenta de lo que me debe de posada, y se vaya con Dios,
que no quiero tener en ella quien me la alborote cada da con estas
locuras; basten las pasadas, pues comenzando  escribir recin venido
aqu la comedia del _Marqus de Mantua_, que zozobr y fu una de las
silbadas, fueron tantas las prevenciones de la caza y las voces que di
llamando  los perros Melcampo, Oliveros, Saltamontes, Tragavientos,
etc...; y el ataja! ataja! y el guarda el oso cerdoso y el jabal
colmilludo! que malpari una seora preada, que pasaba del Andaluca 
Madrid, del sobresalto, y en esotra del _Saco de Roma_, que entrambos
parecieron, cual tenga la salud fu el estruendo de las cajas y
trompetas, haciendo pedazos las puertas y ventanas de este aposento 
tan desusadas horas como stas, y el Cierra Espaa! Santiago y 
ellos! y el jugar la artillera con la boca, como si hubiera ido  la
escuela con un petardo  cridose como el basilisco de Malta, que enga
el rebato  una compaa de infantera que alojaron aquella noche en mi
casa; de suerte que tocando al arma se hubieron de hacer  obscuras
unos soldados pedazos con los otros, acudiendo al ruido medio Toledo con
la justicia, echndome las puertas abajo, y amenaz hacer una de todos
los diablos, que es poeta grulla que est siempre en vela y halla
consonante  cualquier hora de la noche y de la madrugada.

El poeta dijo entonces: Mucho mayor alboroto fuera, si yo acabara
aquella comedia de que tiene V. en prenda dos jornadas por lo que le
debo, que la llamo _Las tinieblas de Palestina_, donde es fuerza que se
rompa el velo del templo en la tercera jornada, y se obscurezca el sol y
la luna, y se den unas piedras con otras, y se venga abajo la fbrica
celestial con truenos y relmpagos, cometas y exhalaciones, en
sentimiento de su Hacedor, que por faltarme dos nombres que he de poner
 los sayones, no la he acabado. Ah me dir V., seor husped, qu
fuera ello? Vyase, dijo el mesonerazo,  acabarla al Calvario, aunque
no faltar en cualquiera parte que la escriba  la represente quien la
crucifique  silbos, legumbre y desperdicio. Antes resucitan con mis
comedias los autores, dijo el poeta: y para que conozcan todos Vds. esta
verdad y admiren el estilo que llevan todas las que yo escribo, ya que
se han levantado  tan buen tiempo, quiero leerles sta. Y diciendo y
haciendo tom en la mano una rima de vueltas de cartas viejas, cuyo
bulto se encaminaba ms  pleito de tenuta que  comedia, y arqueando
las cejas y deshollinndose los bigotes, dijo leyendo el ttulo de esta
suerte: _Tragedia troyana, Astucia de Simn, Caballo griego, Amantes
adlteros y Reyes endemoniados_. Sale lo primero por el patio, sin haber
cantado, el paladin con 4.000 griegos por lo menos, armados de punta en
blanco dentro de l. Cmo, le replic un caballero soldado de
aqullos que estaban en cueros, que parece que le haban de echar 
andar en la comedia, puede toda ese mquina entrar por ningn patio ni
coliseo de cuantos hay en Espaa, ni por el del Buen Retiro, afrenta de
los romanos anfiteatros, ni por una plaza de toros? Muy buen remedio,
respondi el poeta: derribrase el corral, y dos calles junto  l, para
que quepa esta tramoya, que es la ms portentosa y nueva que los teatros
han visto, que no siempre sucede hacerse una comedia como sta; y ser
tanta la ganancia, que podr muy bien  sus ancas sufrir todo este
gasto. Pero, escuchen, que ya comienza la obra, y atencin por mi amor.
Salen por el tablado, con mucho ruido de chirimas y atabalillos,
Pramo, rey de Troya, y el prncipe Paris, y Elena, muy bizarra en un
palafrn, en medio, y el Rey  la mano derecha, que siempre de esta
manera guardo decoro  las personas reales, y luego tras ellos, en
palafrenes negros, de la misma suerte, 11.000 dueas  caballo. Ms
dificultosa apariencia es esa que esotra, dijo uno de los oyentes,
porque es imposible que tantas dueas juntas se hallen. Algunas se
harn de pasta, dijo el poeta, y las dems se juntarn de aqu para
all, fuera de que si se hace en la corte, qu seor habr que no enve
sus dueas prestadas para una cosa tan grande, por estar los das que
representar la comedia, que ser por lo menos siete  ocho meses,
libres de tan cansadas sabandijas? Hubironse de caer de risa los
oyentes, y de una carcajada se llevaron media hora de reloj, al son de
los disparates de tal poeta, y l prosigui diciendo: No hay que
reirse, que si Dios me tiene de sus consonantes, he de rellenar el mundo
de comedias mas, y ha de ser Lope de Vega prodigioso monstruo espaol y
nuevo Tostado en verso, nio de teta conmigo, y despus me he de retirar
 escribir un poema herico, para mi posteridad, que mis hijos  mis
sucesores hereden, en que tengan toda su vida que roer slabas. Y ahora
oigan vuesas mercedes, amagando  comenzar, el brazo derecho levantado,
los versos de la comedia, cuando todos  una voz le dijeron que lo
dejase para ms espaci, y el husped indignado, que saba poco de
filis, le volvi  advertir que no haba de estar un da ms en la
posada.

La encamisada, pues, de los caballeros soldados, se puso  mediar con
el husped el caso, y Don Cleofs, sobre un arte potico de Rengifo, que
estaba tambin corriendo borrasca entre esotros legajos por el suelo,
tom pleito homenaje al tal poeta, puestas las manos sobre los
consonantes, jurando que no escribira ms comedia de ruido, sino de
capa y espada, con que qued el husped satisfecho, y con esto se
volvieron  sus camas, y el poeta, calzado y vestido, con su comedia en
la mano, se qued tan aturdido sobre la suya, que apost  roncar con
los siete durmientes,  peligro de no valer la moneda cuando
despertase.

Luis Vlez de Guevara es de los poetas ms distinguidos de su poca.
Quizs no deba enumerarse entre los dramticos espaoles de primer
orden; pero, en cambio, le corresponde entre los de segundo uno de los
primeros lugares. Pocas veces excita nuestra sorpresa ni nos admira por
el inslito vuelo de su inteligencia  de su imaginacin; pero casi
todos sus dramas rinden tributo al buen sentido potico sin hacer
esfuerzos prodigiosos, y obligndonos  confesar el mrito de obras que
no pertenecen, sin embargo,  las creaciones ms sublimes del arte. La
intencin potica de Guevara no es, por lo comn, muy profunda, ni se
propone tampoco en sus comedias producir impresin indeleble: su estilo,
comparado con el de los grandes maestros, es ms superficial; el fondo
de sus composiciones se derrama y termina en la accin de tal suerte,
que no hay que buscar ms all ninguna otra poesa ms honda y
transcendental; sin embargo, el poeta se mueve con soltura y desembarazo
en la esfera subordinada que se ha trazado; no llena en sus dramas
grandes fines, pero alcanza siempre los que se propone y nos satisface
con ellos. Sus cuadros de la vida real sobresalen por su verdad y por
sus atrevidas  ingeniosas pinceladas; interpreta fiel y noblemente la
historia, y su fantasa es docilsima para crear las invenciones ms
variadas, sin profundizar mucho en las sinuosidades del alma; sabe
imprimir en sus caracteres originalidad y vida; es agudo y gracioso
cuando quiere; por ltimo, su diccin es concisa, natural y flexible, y
con frecuencia tan exenta de superfluos adornos y tan epigramtica, que
hay pocos dramticos espaoles que en esta parte se le asemejen.

Cervantes tiene razn en celebrar el rumbo, el tropel, el boato y la
grandeza de las comedias de Guevara. En efecto, la mayor parte (lo cual
no sera de presumir, atendiendo  los prrafos copiados de _El diablo
cojuelo_), parecen escritas con el propsito de hacer grande impresin;
son comedias de espectculo, pero de la mejor especie y de las que
honran  la poesa.

Los dramas superiores de este poeta son los fundados en la historia
nacional. El ms notable, bajo todos los aspectos que se le considere,
es el titulado _Si el caballo vos han muerto_, y de tan rara excelencia,
que puede contarse entre los sobresalientes de este gnero del teatro
espaol. El eje  foco de la accin es la batalla de Aljubarrota y la
generosa hazaa de Pedro Hurtado de Mendoza, que salv la vida al rey D.
Juan I al precio de la suya, cedindole su caballo para huir (suceso
semejante al de la historia del Gran Elector, que nuestro famoso Enrique
de Kleist refiere en un episodio de su _Prncipe de Hamburgo_). La
descripcin de las costumbres de la nobleza espaola de la Edad Media
est hecha magistralmente, y en la exposicin hay una vivacidad
arrebatadora. La titulada _Los hijos de la Barbuda_, es parecida  la
anterior, y escrita, como ella, en castellano antiguo.

En _Ms pesa el Rey que la sangre_, se representa la historia de Guzmn
_el Bueno_; pero de tal manera, que se mezclan y confunden las
invenciones del poeta con algunos otros datos suministrados por la
tradicin. El argumento de este drama, que nos ofrece muchas bellezas de
primer orden, es, en pocas palabras, el siguiente: Don Sancho _el
Bravo_, rey de Castilla, tuvo que luchar, despus de la muerte de su
padre D. Alfonso _el Sabio_, con un partido contrario, que pretenda
sentar en el solio  su sobrino. Sevilla era el foco principal de la
resistencia. La comedia comienza representndonos la entrada del Rey en
esta ciudad, que al fin se entrega. Para solemnizar la victoria se
celebra un brillante torneo, en el cual se distingue, por su valor y por
sus fuerzas, Don Alonso de Guzmn, famoso ya en toda Espaa. Terminada
la fiesta, se ve al Rey rodeado de sus grandes y recibiendo los
homenajes de las personas principales de Sevilla, que, habiendo sido
adversarios suyos, son acogidos con frialdad; con Guzmn se extrema el
Rey ms que con ningn otro, por considerarlo como al caudillo de ms
vala de sus enemigos. Enfurcese sobremanera por esta causa Pedro, hijo
de Don Alonso de Guzmn, y mancebo de unos catorce aos; pero su padre,
siempre leal, no exhala la menor queja, protestando slo ante el Rey con
frases calurosas del amor y del profundo respeto que le profesa. Don
Sancho, dando odos  calumniosas insinuaciones, lo destierra de
Sevilla y de sus cercanas. Apenas abandona Guzmn el saln regio, le
siguen los dems grandes, asegurndole que cuente con ellos; pero l
jura, que, por grande que sea la injusticia con que se le trate, jams
se rebelar contra su Soberano. Don Enrique, hermano del Rey, disputa
con calor por este motivo con Guzmn, separndose los dos enemistados.
La escena siguiente nos representa la despedida de Guzmn y de su
esposa; la honradez de este noble matrimonio, expresada con cierto sello
de rudeza, as en el fondo como en la forma, caracterstica de la poca,
est pintada magistralmente. Guzmn resuelve servir  su Rey en el
destierro, ofreciendo contra los africanos sus servicios  Almanzor,
Prncipe moro que sitia  la sazn  Algeciras, con la condicin de que
levante el cerco y retire sus tropas del territorio cristiano. El
infante Don Enrique se refugia un da en la casa de Guzmn para evitar
la clera del Rey y huir despus  Portugal. Los dos esposos acuerdan
entonces entregar  Don Enrique su hijo Pedro, para que lo lleve con sus
parientes  la corte de Lisboa. Apenas queda sola la mujer de Guzmn, se
presenta el Rey en busca del Infante, y pronuncia algunas palabras que
afligen sobremanera  tan leal seora; apodrase entonces de una
lmpara, y, sin faltarle al respeto, ensea la puerta  su ilustre
husped, alumbrndole desde la escalera. Esta escena es excelente.
Guzmn llega mientras tanto  los reales de Almanzor, que se regocija
extraordinariamente de tener  su servicio al caballero cristiano ms
valeroso y  su ms formidable enemigo, y, aceptando la condicin que se
le impone, abandona el territorio espaol. Guzmn hace en frica
prodigios de valor, y su fama se extiende de tal modo, que excita la
envidia del Monarca mahometano, por cuya razn resuelve ste deshacerse
de l, y con tal propsito, le encarga que d muerte  una horrible
serpiente, contra la cual se han estrellado los esfuerzos y las vidas de
todos sus perseguidores. El hroe sale tambin victorioso de esta lucha;
pero abandona despus al ingrato Almanzor, y regresa  su patria. En el
acto tercero lo encontramos en las costas andaluzas, en donde se ha
reunido con su esposa, que, no pudiendo sufrir ms tiempo su ausencia,
se preparaba  encaminarse al frica. En el intervalo de estos sucesos,
los moros recomienzan la guerra contra los cristianos con nuevos bros,
y concentran todas sus fuerzas sobre Tarifa para rendirla. Guzmn logra
penetrar en la ciudad y promover el entusiasmo de los sitiados. El
hambre y las enfermedades reinan ya en la fortaleza; muere el
gobernador, y Guzmn le sucede en el mando; jura entonces que, mientras
l viva, ningn infiel traspasar las puertas de Tarifa. Llega al
campamento enemigo el infante Don Enrique, huyendo de Portugal, en
ninguna de cuyas poblaciones lo han querido recibir por ser adversario
del rey de Castilla; su plan es pasarse al partido de los moros para
tomar venganza de su hermano. El joven Pedro Guzmn, que le acompaa,
ignorando sus planes, reprueba, despus de conocerlos, su traidora
conducta con frases enrgicas,  intenta abandonarlo; pero Don Enrique
lo detiene  la fuerza, lo carga de cadenas y lo entrega  los moros. El
Infante proyecta obligar  los sitiados  rendirse, valindose del
mancebo cautivo. El Prncipe moro invita al viejo Guzmn  celebrar con
l una entrevista; presntase en las almenas de la plaza; traen  su
hijo con sus pesadas cadenas; qu escena entre el padre y el hijo al
volverse  ver!

    DON ALONSO.

                          A dnde
    Llevis maniatado, Infante,
    Ese cordero inocente,
    Que an apenas balar sabe?

    INFANTE.

    Al sacrificio, Guzmn,
    Si no tratas de entregarme
    A Tarifa antes que el sol
    A los antpodas baje.

Esta escena es admirable, y completamente perfecta en todas sus partes.
El herosmo del padre, resuelto desde un principio  sacrificar sus
afecciones personales por su Rey y su fe, aunque sin ahogar por entero
la voz de su corazn; la resignacin del hijo, dispuesto  la muerte con
alegra, porque muere por su Dios y por su patria, nos conmueven y
afectan de una manera indecible. El noble mancebo es al fin inmolado;
pero convencidos los sitiadores de que el gobernador de la plaza no ha
de ceder ya, se alejan de los muros de Tarifa. A la escena del
sacrificio del joven Guzmn sigue otra, no inferior en belleza. El padre
del muerto se esfuerza en demostrar su firmeza,  intenta ocultar  su
esposa lo sucedido. Vuelve  su casa como si nada hubiera ocurrido, y se
sienta tranquilo  la mesa; pero no prueba manjar alguno, y su dolor
reconcentrado estalla al cabo en ardientes lgrimas. As se anuncia  la
madre la muerte del hijo: el dolor la domina al principio, pero pronto
se repone, alegrndose de que su hijo sea digno de su padre, y se pone
al frente de los soldados para perseguir  los moros, y arrebatarles los
restos de su hijo. Consguelo, en efecto, y su cadver es solemnemente
sepultado al presentarse el Rey, que llega  libertar  Tarifa,
reparando en lo posible la injusticia cometida antes contra Guzmn, cuya
fidelidad ha sido probada de una manera tan brillante, y que desde
entonces adquiere el sobrenombre del _Bueno_.

Tambin en _Cumplir dos obligaciones_ y _Duquesa de Sajonia_, se ensalza
el nombre espaol, aunque el lugar de la accin sea fuera de Espaa. La
historia, que le sirve de fundamento, es la misma que nos ha dado 
conocer la balada de Stollberg, titulada _La arrepentida_. Encamnase 
la corte imperial de Alemania Don Rodrigo de Mendoza, embajador de
Felipe II. Cerca de Viena es acometido por salteadores, y debe slo la
vida  la llegada imprevista de un valeroso caballero alemn, llamado el
conde Ricardo. Como le interesa cumplir cuanto antes su misin, por cuya
causa viajaba tambin de noche, pierde el camino, y se extrava en un
paraje despoblado, en donde vaga largo tiempo, hasta que encuentra un
castillo solitario, al cual se dirige, para pasar en l la noche. Entra
en el patio, en donde parece que reinan el silencio y la muerte; el
castellano lo recibe serio y sombro, y lo conduce  un aposento
adornado con negros tapices. Pnese una mesa esplndida,  la cual se
sienta el extranjero al lado del castellano; junto  ella se coloca un
fretro, y pronto aparece una mujer con velo y vestida de negro,  quien
sirve el fretro de mesa, bebiendo en el crneo de un esqueleto, que le
presenta un criado, vestido tambin de negro. El espaol pregunta
sorprendido la explicacin de este suceso; pero el dueo del castillo
elude todas sus preguntas, y da las buenas noches  su husped despus
de indicar  la del velo que se retire. El embajador, admirado de lo que
ha visto, no puede dormir, y su criado, que es el gracioso, cree
encontrarse en un castillo encantado. Mientras hablan los dos, vuelve la
mujer misteriosa; lamntase en voz alta; pstrase en tierra ante Don
Rodrigo, y le ruega que auxilie  la mujer ms desdichada del mundo,
contndole lo siguiente. Casada joven con el duque de Sajonia, y sin
darle motivo alguno de sospecha, ha sido desde un principio vctima de
su desconfianza y de sus celos. El Duque la abandon poco despus de su
matrimonio para ir  la guerra, dejando el gobierno en manos de un
sobrino suyo. Este, violentamente apasionado de la Duquesa, la haba
molestado hasta el exceso con sus pretensiones, acogidas por ella con
justo desprecio. A la vuelta del Duque, se veng de ella el desdeado
haciendo creer  su esposo que la austera dama tena relaciones
criminales con un Paje. El Duque, celoso ya por carcter, da fcil
crdito  esta acusacin; ordena matar al Paje, y se refugia con la
Duquesa en aquel castillo solitario. Jams habla con ella, y la obliga 
vestir siempre de luto, y  dormir al lado del cadver embalsamado del
Paje; y para avergonzarla ms,  comer en el fretro delante de todos
los extranjeros, que visitan el castillo, y  beber en el crneo de su
pretendido amante. Don Rodrigo escucha su relacin con gran inters,
prometindole desde luego que probar la verdad de ella en combate legal
con el calumniador; pero de repente es interrumpido el coloquio por la
llegada de un importuno, antes de pronunciar la Duquesa el nombre del
calumniador, vindose obligado el espaol  continuar su viaje, sin
saberlo, al romper el da. Recbenle con grandes agasajos en la corte
imperial, y aprueban todos su proyecto de defender la inocencia de la
Duquesa. Encuentra tambin en la corte al conde Ricardo, que le haba
salvado la vida poco tiempo antes; contrae con l una estrecha amistad,
que se consolida con nuevos favores que le debe, y por el lazo an ms
fuerte del amor, que concibe por una hermana del Conde. Enva, mientras
tanto,  su criado para averiguar de la Duquesa el nombre del
calumniador de su honra; el mensajero, para penetrar en el aposento del
receloso guardin del castillo, no halla otro medio que deslizarse por
el can de la chimenea, por donde tiene que volver precipitadamente sin
conseguir su objeto, y tan  ciegas como antes. Don Rodrigo, no siendo
dueo de refrenar su impaciencia, desafa por pblico pregn al delator
de la Duquesa, sea quien sea. Brilla al fin el da de la lucha; brense
las barreras del palenque, y el caballero espaol espera  su contrario.
Presntase como tal el conde Ricardo. Terrible es el combate, que
suscitan en el pecho de Rodrigo tan opuestos deberes: por una parte, su
palabra de caballero, dada  la Duquesa; por otra, la deuda contrada
con su adversario, dos veces salvador de su vida; la amistad que los
une, y el amor apasionado que profesa  su hermana. No vacila, sin
embargo, en cumplir su palabra: comienza la lid; el Conde es desarmado,
y confiesa que ha levantado la calumnia contra la Duquesa por vengarse
del desdn, con que acogiera su amor; pero  consecuencia de este
acontecimiento, el Duque amenaza con su clera al calumniador vencido, 
quien defiende Rodrigo, correspondiendo de esta manera  los favores que
le debe.

El drama _La desdichada Estefana_ se funda en un suceso, que tiene
algunos puntos de semejanza con la historia de Ariodante y de Ginebra
del Ariosto, pero ocurrido,  lo que parece (puesto que otros poetas
hablan tambin de l), en la corte de Alfonso VIII de Castilla. Este Rey
trata de casar  su hermana Estefana con uno de sus vasallos. Los
pretendientes  su mano son el conde Vela y Don Fernn Ruiz de Castro.
La Princesa se decide por el ltimo, y deja que el Conde se abrase en un
amor sin esperanza. Fernn Ruiz, poco despus de sus bodas, se ve
obligado  acompaar al Rey en una expedicin contra los moros. Su
esposa, que lo ama tiernamente, vive en su ausencia en tranquilo retiro;
pero una de sus damas, enamorada del conde Vela, forma el plan aleve de
escribirle cartas amorosas en nombre de Doa Estefana, y en invitarlo 
una entrevista nocturna. El Conde acepta la invitacin, y acude  la
hora prefijada al balcn de la Princesa; recbelo la astuta dama con los
vestidos de su seora, y responde con otras  sus frases amorosas, sin
que l advierta el engao. Reptense estas entrevistas, y con tan poco
recato, que son de todos conocidas y llegan,  su vuelta,  noticia de
Fernn Ruiz. Este, convencido de la fidelidad que le guarda su esposa,
no da crdito  tales rumores; pero como son muchos y unnimes los que
lo afirman, concibe al fin sospechas, y se oculta una noche cerca del
balcn. No aguarda, en verdad, mucho tiempo, presenciando la llegada del
amante, y la aparicin de una mujer vestida como Estefana; sale, pues,
furioso de su escondite, mata al Conde y entra en su casa. La dama
disfrazada huye velozmente, y se da traza de que recaiga la ira del
engaado esposo en la inocente Estefana, que cae en tierra herida de
varias pualadas. Despus de esta catstrofe experimenta la causante de
ella remordimiento de conciencia; descubre la verdad, y se arroja  la
calle desde el balcn; Fernn Ruiz, entonces, con el corazn traspasado,
se acusa ante el Rey de su crimen, y le ruega, convocado un tribunal
compuesto de nobles, que lo condene  muerte. Este drama es excelente,
as en la pintura de tiernos afectos, como en la de las pasiones
violentas, y en muchas escenas se eleva  la mayor altura del trgico
coturno.

Iguales cualidades brillan en _Reinar despus de morir_, sin disputa la
produccin dramtica ms notable que describe la muerte de Doa Ins de
Castro.

_La romera de Santiago_, que algunas ediciones antiguas atribuyen 
Tirso de Molina, en nada se asemeja  las dems obras de este poeta,
puesto que su estilo es tan idntico  las de Guevara, que es preciso
aceptar en todo la indicacin de las comedias sueltas que la sealan
como suya. Ordoo, rey de Len, ha desposado  su hermana Doa Linda con
el conde Lisuardo, encargndole, sin embargo, cierta misin en
Inglaterra antes de celebrarse el matrimonio. Durante la ausencia del
Conde llega disfrazado de Castilla otro Conde, llamado Garci-Fernndez,
fingiendo ser su embajador en la corte de Len, y con el propsito de
pretender la mano de la Infanta, que lo acoge friamente, guardando
fidelidad  su prometido. Lisuardo, en su viaje por Galicia, encuentra 
una sobrina del conde de Castilla, denominada Doa Sol, que peregrinaba
 Santiago; apasinase de ella violentamente, y la deshonra, empleando
la fuerza, habiendo sido intiles los ruegos. Garci-Fernndez se halla
en Len cuando llega Doa Sol  esta capital, demandando al Rey justicia
contra su ofensor. Dase  conocer entonces el conde de Castilla, y se
obliga  vengar en el Conde la injuria hecha  su sobrina; pero el Rey
ordena  todos que guarden la mayor reserva, porque l basta y sobra
para castigar al culpable como merece. Lisuardo, en efecto, es encerrado
en la crcel  su regreso, y condenado  muerte, libertndolo Doa
Linda, cuyo amor hacia l arde todava en su pecho. Cree entonces
Garci-Fernndez que el culpable ha hudo con conocimiento del rey
Ordoo, y lo provoca en consecuencia  singular combate; el Rey acepta
el desafo, y cuando est prximo  verificarse, se presenta Lisuardo 
pelear con el conde de Castilla y sustituir  su Soberano, impulsado por
su pundonor; interviene Linda en esta coyuntura  impide el desafo,
ofreciendo su mano  Garci-Fernndez; ste, as como Ordoo, se muestran
ya ms benvolos respecto  Lisuardo,  causa de su accin caballeresca,
terminando la fbula con la resolucin de Doa Sol de enlazarse con
aqul, que, segn dice, ha sido arrastrado  cometer un delito por el
exceso de su amor.

Las comedias mencionadas son las mejores de las que conocemos de
Guevara; y las restantes, aun cuando en general nos agraden menos, se
distinguen, sin embargo, por sus motivos dramticos oportunos 
interesantes situaciones, y prueban en sus rasgos aislados, en su
energa y belleza, y en la animacin y fuego de las descripciones, el
talento poco comn de su autor. La rapidez de la accin, la viveza y
variedad de la exposicin dramtica de las comedias de este poeta,
merecen especial alabanza. En la imposibilidad de descender  ms
detalles para demostrarlo, nos contentaremos con aadir algunas
indicaciones. _El Prncipe viador_ sobresale por sus agradables
pinturas pastoriles. La herona de _El amor en vizcano y los celos en
francs_, es una vizcana que habla medio espaol y medio vascuence, y
mata en un torneo al delfn de Francia, que la haba deshonrado. En _Los
amotinados de Flandes_ se pinta con los ms vivos colores la valenta y
generosidad de los soldados espaoles. _El valiente toledano_ celebra 
D. Francisco de Ribera, famoso marino del tiempo de Felipe III. Esta
comedia, en que el duque de Osuna aparece en el teatro, hubo acaso de
representarse en vida del tan renombrado virrey de Npoles, puesto que,
despus de su cada, no es de presumir que se le alabase tanto. En _El
marqus de Bastos_, la invencin es algo caprichosa y extraa: un
soldado y servidor del Marqus, que comete todo linaje de excesos y es
el verdadero protagonista de la comedia, sufre el ltimo suplicio 
causa de sus crmenes; pero recibe el don maravilloso de servir  su
seor en el combate, aun despus de su muerte, en premio de la constante
fidelidad que siempre le ha mostrado, y que ha sido su nica virtud. _El
caballero del sol_ se funda en el famoso libro del caballero Febo. _La
nia de Gmez Arias_, representa una tradicin de la poca del primer
levantamiento de los moriscos en las Alpujarras, muy divulgada tambin
en los romances populares. Esta comedia de nuestro poeta ha cado en
olvido desde la composicin de otra posterior de Caldern, que trata del
mismo asunto, incomparablemente superior  la suya. Entre los autos de
Guevara, merece mencin expresa el titulado _De la mesa redonda_.
Carlomagno personifica  Jesucristo; Flor de Lis,  la Iglesia; Rolando,
 San Pedro; Durandarte,  San Juan Evangelista; Montesinos,  San Juan
Bautista, y Garceln,  Judas.




CAPTULO XXII.

     Otros poetas dramticos de esta poca.--Mexa de la Cerda.--Damin
     Salustrio del Poyo.--Hurtado Velarde.--Juan Grajales.--Joseph de
     Valdivieso.--Andrs de Claramonte.--Otros poetas dramticos del
     tiempo de Lope de Vega.


Aun cuando el examen de las obras de Guevara nos haya hecho penetrar en
el siglo XVIII, hemos de retroceder ahora  los principios del perodo
precedente, y nombrar  varios poetas, que escribieron para el teatro en
tiempo de Lope de Vega y durante los ltimos aos del reinado de Felipe
II,  los primeros de su sucesor. Pocas ocasiones se nos presentarn,
sin embargo, de trazar captulos detallados de ellos, porque de muchos
se sabe ahora poco, y de algunos, absolutamente nada[42].

Pedro Daz, segn Navarro, uno de los que llevaron las comedias  su
perfeccin, es mencionado por Rojas entre los predecesores de Lope de
Vega, y como autor de una de las primeras _comedias de santos_ titulada
_El Rosario_. Parece, sin embargo, que su nombre qued despus
prontamente obscurecido por los de los nuevos dramticos. Es de presumir
que aconteciera lo mismo con Joaqun Romero de Cepeda[43], con Berrio y
Francisco de la Cueva, de quienes tratamos ya en el perodo anterior de
la historia del teatro espaol. Los dos ltimos eran letrados, y Lope de
Vega dice de ellos (_Dorotea_, parte 5), que ofrecieron el raro ejemplo
de ser tan distinguidos intrpretes de las leyes como amables poetas, y
que escribieron comedias que se representaron con general aprobacin.
Francisco de la Cueva, natural de Madrid[44], fu bastante amigo de
Lope, y es celebrado por l singularmente en _La Arcadia_, en _El laurel
de Apolo_, y en la dedicatoria de la comedia _La mal casada_.

De las obras dramticas de esta poca de Andrs Rey de Artieda y de
Lupercio Leonardo de Argensola, no conocemos nada, aun cuando sepamos
que ambos escribieron para el teatro hasta en el perodo anterior.
Artieda, como veremos en breve, era opuesto  Lope y  su escuela, por
cuyo motivo es de sospechar que se inclinaba ms bien al sistema
clsico.

De Meja de la Cerda, licenciado y relator de la chancillera de
Valladolid, poseemos una llamada tragedia, que se titula _Ins de
Castro_, produccin literaria muy inferior, que no puede compararse bajo
ningn aspecto con la de Guevara sobre el mismo asunto, ni aun con la de
_Nice lastimosa_, de Bermdez, conocida y explotada indudablemente por
Meja. Obsrvanse en el arreglo del plan graves defectos; los caracteres
apenas pueden sostenerse, y el dilogo es pesado, sin gracia ni
animacin alguna. Esta obra dramtica se escribi probablemente antes
que la de _Reinar despus de morir_, de Guevara.

La comedia ms notable de las tres, que se conservan de Damin Salustrio
del Poyo (poeta natural de Murcia, aunque domiciliado en Sevilla), es,
sin disputa, la que lleva el ttulo de _La prspera fortuna de Ruy Lpez
de Avalos_, (en dos partes)[45]. Es una especie de comedia biogrfica,
cuya accin no ofrece por cierto grande unidad, aunque tenga varias
escenas de bien calculado efecto. La fbula se supone ocurrir en tiempo
de Enrique III de Castilla. Es notable la escena, en que el mdico judo
Don Maix intenta envenenar al Rey  ruego del almirante de Castilla. El
envenenador se dispone  entrar desde la antesala en la regia cmara,
cuando el retrato de Doa Catalina, esposa del Monarca, que est colgado
sobre la puerta, cae en tierra, y le impide la entrada; casi al mismo
tiempo se presenta el Rey; el judo queda confuso, arroja el veneno, y
al fin confiesa su propsito. Esta escena ha sido imitada por Tirso de
Molina en _La prudencia en la mujer_, y por Caldern en _El mayor
monstruo los celos_; por lo menos, en ambos domina la idea de convertir
 un retrato en ngel protector de una vida amenazada. Pocos asuntos se
han manejado tanto por los dramticos espaoles como la historia de D.
Alvaro de Luna; pero la verdad es tambin que acaso la comedia ms
dbil, que desenvuelva este argumento, es la de nuestro Damin Salustrio
del Poyo.

De las obras de Hurtado Velarde (de Guadalajara), existe slo una
tragedia titulada _Los siete infantes de Lara_, pieza dramtica de
espectculo de las ms dbiles. Al parecer este mismo Velarde haba
escrito otro _Cid_, antes que Guilln de Castro[46].

Juan Grajales (licenciado, y distinto del actor del mismo nombre que
menciona Rojas), ha representado dramticamente la historia de Col
Rienzi en dos comedias, tituladas _La prspera_ y _La adversa fortuna
del caballero del Espritu Santo_. Tanto el pensamiento como la
ejecucin de ambas es grosero y poco acertado, casual el enlace de unas
escenas con otras, y no hay que hablar de la distribucin y buen arreglo
del plan, ni de la intencin potica, que se revela en el conjunto. Muy
superior  estas comedias es _El bastardo de Ceuta_, drama, que, aun
ofrecindonos graves faltas, las compensa en parte por un nmero igual
de importantes bellezas. Su argumento es, en compendio, el siguiente:
Elvira, esposa del capitn Melndez, creyendo ser abrazada de su esposo,
lo es en realidad por el alfrez Gmez de Melo, que se ha deslizado
secretamente en su habitacin, y da  luz  Rodrigo, fruto de esta
unin. La misma noche, en que su esposa es engaada de esta manera,
sale Melndez para la guerra de Africa, enamorndose despus de la mora
Ftima, de quien se separa dejndola una prenda de su amor. Supnese que
estos sucesos ocurren veinte aos antes de empezar la comedia. Nada dice
Elvira  su esposo de la accin indigna de Gmez de Melo; pero el
carcter de Rodrigo es tan diverso del de su presunto padre, y lo
respeta tan poco, que ste concibe algunas sospechas sobre su
paternidad. La guerra contra los infieles estalla mientras tanto de
nuevo. Grave peligro de muerte amenaza un da  Melndez en una batalla,
del cual pudiera librarlo Rodrigo; pero lo abandona su cobarde  ingrato
hijo, salvndole inesperadamente un mancebo moro; ste es Celn, nacido
de los amores de Melndez y de Ftima, que oye la voz de la naturaleza,
y es arrastrado por ella hacia su padre con fuerza irresistible. Ni el
padre ni el hijo se conocen; y aunque enemigos, y preparados  la pelea,
celebran un pacto de amistad y paz. Acabada la guerra toma mayor
incremento la antipata mutua, que se profesan Melndez y su pretendido
hijo, osando ste levantar la mano  su padre en una disputa. Melndez
castiga severamente al degenerado joven, pero cree al mismo tiempo que
ningn hijo es capaz de cometer tales atentados contra su padre, 
intenta averiguar de Elvira si ha sido otro el que lo engendr. Espala
en sueos, y sabe entonces la afrentosa astucia de su alfrez Gmez de
Melo. Trama entonces una doble venganza, as de Gmez, por haber
ofendido su honor, como de Rodrigo, bastante audaz para faltarle al
respeto debido; logra, en efecto, realizarla, suscitando una lucha entre
ambos, en la cual sucumbe Gmez  manos del bastardo. Mientras tanto la
abandonada Ftima, deseosa tambin de vengarse de la infidelidad de su
antiguo amante, excita  su hijo Celn, que ignora el secreto de su
nacimiento,  dar muerte al capitn Melndez. Celn, obediente  su
madre, promtela cumplir sus mandatos; pero, al encontrarse frente 
frente de su padre, se le cae la espada de las manos, y siguiendo un
impulso interior, que lo domina, se precipita  los pies del mismo, 
quien intentaba arrancar la vida. Reconcense despus padre  hijo, y
ste resuelve vivir entre los cristianos y profesar la religin de su
padre.

Jos de Valdivieso, sacerdote y capelln del arzobispo de Toledo,
mantuvo estrechas relaciones de amistad con los ms clebres poetas de
su poca, para quienes su casa era un punto de reunin y trato. Parece
que se consagr  la poesa, ms bien por su aficin  ella que por
vocacin especial. Sus comedias religiosas,  lo menos, apenas merecen
la ms ligera alabanza: distnguense por su falta completa de buen
gusto, por el absurdo y exagerado misticismo, peculiar de ordinario de
este linaje de composiciones, aunque sin la osada fantasa, que las
sublima, conciliando lo extrao con lo maravilloso. Su _loco cuerdo_ es
un verdadero caos de prodigios sin fundamento, que en vez de inspirar
devocin, como su autor intenta, slo excitan aversin y repugnancia.
Cuenta la historia de un rico comerciante, que de repente se convence de
la frivolidad de los bienes mundanos, y se retira al desierto para hacer
rigurosa penitencia el resto de sus das. Despus de pasar as ocho
aos, vctima voluntaria de los ms inslitos tormentos, cree que debe
humillarse an ms para merecer la gracia del Seor, y recorre ciudades
y aldeas fingindose loco, y sufriendo las burlas  insultos del
populacho.

Ms feliz fu Valdivieso con los autos[47], no pudiendo negarse que
manifest ingenio en su traza, siempre que prescindimos del extrao
enlace de pensamientos inseparable de este linaje de composiciones.
Lstima es que se hallen sobrecargados de teologa escolstica, y que su
estilo sea hinchado y de mal gusto. En el auto _Psiquis y Cupido_, es
Psiquis el Alma humana, la Hija del cielo y el Amor es Cristo. El Mundo,
el Deleite y Lucifer son galanes, que pretenden la mano de Psiquis, y se
ven rechazados de ella, porque en sueos ha visto al Amor,  quien slo
desea pertenecer. Este se presenta como amante suyo, y se desposa con
ella; el himeneo se celebra primero en su casa, en donde descubrir su
rostro, velado hasta entonces; para acompaar  la desposada hasta ella,
la entrega  la Verdad y  la Razn. Las hermanas de Psiquis, que se
llaman Irascible y Concupiscible, envidian la dicha de la desposada, y
se conjuran con los tres amantes desdeados para destruirla. El plan se
realiza. Djase Psiquis seducir de sus enemigos, anticipndose  la
eternidad, y temiendo en vez de creer. En la ocasin primera, en que
intenta levantar el velo del Amor, es retirada por la Fe; en la segunda
huye de sus brazos el divino amante, y se precipita en un insondable
abismo. La Razn queda ciega de repente, y vaga lamentndose; aparcese
la Verdad para buscar  la perdida; y mientras se conduelen ambas de lo
ocurrido, se ve  Lucifer cabalgando en una serpiente, y teniendo en
sus brazos  la desolada Psiquis, manchada de sangre y con negras
vestiduras. El Amor, sin embargo, accede al fin  celebrar de nuevo su
himeneo, movido por el arrepentimiento del Alma; la Santa Virgen trae 
Psiquis en sus brazos, l estrecha entre los suyos  la recin hallada,
y en este instante la adornan blancos paos; brense sus ojos  la
razn; huyen el Mundo, el Deleite y Lucifer; se ve al Cielo, padre de
Psiquis, que ofrece  su hija una corona y una palma, y un coro
solemniza con sus cnticos las bodas del Alma y de Cristo. La
composicin del auto, titulado _El hospital de locos_, es singular hasta
lo sumo. El Alma, llevando por gua al Placer, hace una peregrinacin;
exctala ste  entrar en una casa, en donde habitan todos los goces,
obedecindolo  pesar de las reconvenciones de la Razn, que, desde el
umbral, intenta disuadirla de su propsito. Aquella casa es de locos;
manda en ella el Delirio, y la ocupan las diversas locuras; Lucifer, con
un tambor de nios, llama  la Guerra contra el Cielo; el Mundo Infantil
cabalga en un caballo de juguete; la Curiosidad bebe copiosamente en una
mesa; la Carne toca una guitarra, y entona canciones erticas, y la
Humanidad yace en un rincn en pacfica locura. Se felicita al Alma por
su venida, y se la adorna con un bonete de loco. Agrdale bastante al
principio la desenfrenada licencia de la nueva vida; pero pronto la
encadena la Culpa, y la encierra en una prisin. Abre entonces los ojos
 la luz, y se arrepiente de sus extravos; viene en su ayuda la
Inspiracin  la Gracia Divina, llamada por la Razn, y con su auxilio
se liberta de la crcel.

Andrs de Claramonte, clebre actor y director del teatro de Murcia
(muerto en 1610), fu tambin famoso poeta, principalmente  causa de su
comedia _El negro valiente en Flandes_, cuya segunda parte escribi
despus Vicente Guerrero.

Seguramente no es grande el valor potico de esta composicin; falta el
arte en el conjunto de la accin, y su desarrollo es duro y grosero;
pero, sin embargo, respira toda ella cierta frescura y grata sencillez.
Las temerarias hazaas del negro, que milita bajo las banderas del duque
de Alba, y que,  fuerza de osada, consigue la investidura de caballero
de la Orden de Santiago (entre otras empresas, por haber penetrado solo
en el campamento enemigo y haber hecho prisionero en su tienda al
prncipe de Orange), excitan un vivo inters  causa de las animadas
descripciones, que llenan  esta comedia. La rudeza de su exposicin se
harmoniza admirablemente con el colorido popular, que la distingue[48].

Si juzgamos ahora en general  todos los poetas, que hemos mencionado
desde Guevara (en cuanto es lcito, atendido el escaso nmero de sus
obras existentes), no merecern, por cierto, grandes alabanzas. Las
comedias de que hablamos, nos recuerdan en demasa la infancia del
teatro; mustrannos el arte dramtico, que alcanz tanta perfeccin en
tiempo de Lope de Vega, notablemente degenerado, careciendo, sin duda,
de crtica los literatos, que las comparan con las de aquel gran
maestro. Aun las peores obras de Lope aventajan  las mejores de stos
en la dignidad del estilo y en la elegancia de la diccin potica. Raros
vestigios se observan en ellas de traza sensata del plan, y an menos de
sello artstico en los sucesos; al contrario, siguen los unos  los
otros grosera  inmediatamente, y parecen diseados con toscas
pinceladas. Falta en ellas por completo la delicada veladura de sus
detalles, y las transiciones poticas; su dilogo es poco flexible y nos
ofrecen en confuso desorden lo ordinario, comn y trivial, al lado de lo
pattico, y rasgos de mal gusto envueltos en hinchadas estrofas. Verdad
es, que,  pesar de tales defectos, se encuentran  veces aisladas
bellezas, aunque por lo general pertenecen ms bien al asunto, manejado
con anterioridad por otros, que al poeta que los expone, cuando es lo
cierto que el verdadero genio les hubiese dado mucho mayor realce. As
se explica que estos dramticos no pudieran rivalizar con Lope de Vega,
ni merecer largo tiempo el favor del pblico; ya en el segundo cuarto
del siglo XVIII apenas se mencionan sus nombres, siendo escaso el
inters que excitaban, aun para imprimir sus obras, no encontrndose
ninguna de ellas en las grandes colecciones de comedias espaolas,
hechas posteriormente[49].

Otros muchos poetas contemporneos son an menos importantes para que su
memoria se perpetuara en la literatura. Los nombres de estos escritores
dramticos, que indicaremos  continuacin sin ms comentarios, puesto
que, al parecer, no existen obras suyas impresas,  no han llegado 
nuestra noticia, son los siguientes:

El licenciado Justiniano. Atribyensele en los catlogos de Medel del
Castillo (Madrid, 1735) y de la Huerta dos comedias, tituladas _Los ojos
del cielo_ y _Santa Luca_.

Juan de Quirs, jurado de Toledo, que no debe confundirse con Francisco
de Quirs, posterior  l.

Navarro, licenciado en Salamanca.

El licenciado Martn Chacn, familiar de la Inquisicin.

D. Gonzalo de Monroy, regidor de Salamanca, distinto del ms famoso
Cristbal de Monroy.

El Dr. Angulo, regidor de Toledo.

El Dr. Vaca, sacerdote y beneficiado en Toledo.

Hiplito de Vergara.

Ochoa.

Diego de Vera.

Lin.

Almendrez.

Flix de Herrera, diverso de otro del mismo apellido, de quien
trataremos ms adelante.

Miguel Snchez Vidal, de Aragn, que hubo de escribir en 1589 una
comedia, en tres jornadas, cuyo ttulo era _La isla Brbara_[50].

Hay adems otros muchos escritores, ya en parte mencionados en el
segundo libro de esta HISTORIA, que prosiguieron componiendo comedias en
el presente perodo. Tales son Alonso y Pedro de Morales, Grajales,
Zorita, Mesa, Snchez, Ros, Avendao, Juan de Vergara, Villegas, Castro
y otros. En lo sucesivo trataremos de algunos cuando hablemos de los ms
clebres autores.

Con los dichos termina la serie de poetas que se distinguieron en la
literatura dramtica durante la primera mitad de la carrera tambin
dramtica de Lope[51]. Sgueles una segunda serie de los que trabajaron
en poca algo posterior, y cuyo perodo ms floreciente coincide con el
de Lope. Natural es que estas dos series de poetas, y en tiempos tan
prximos, no puedan separarse rigurosamente: la primera toca  la
segunda, y el principio de la ltima se pierde  su vez en la anterior;
pero conviene sealarlas para orientarnos, dividiendo de esta suerte en
dos grupos  los coetneos de Lope de Vega, que realmente se
diferencian entre s en algunos puntos. Sin embargo, antes de proseguir
la historia de la literatura dramtica, conviene fijar nuestra atencin
en el giro especial que tomaba la crtica de este gnero potico.




CAPTULO XXIII.

     Oposicin de algunos crticos al drama nacional.--Andrs Rey de
     Artieda.--Francisco Cascales.--Cristbal de Mesa.--Esteban Manuel
     de Villegas.--Bartolom Leonardo de Argensola.--Cristbal Surez de
     Figueroa.--Triunfo del partido nacional contra los galicistas.


En breve ech la forma nacional del drama tan profundas races en el
nimo del pblico, que otro cualquier linaje de ensayos heterogneos no
poda tener en el teatro favorable xito. No era ya de temer que la flor
lozana de la poesa original fuese deshojada bajo el peso de la falsa
erudicin. Algunas, aunque escasas tentativas, se hicieron,  la verdad,
para escribir dramas  la manera de los antiguos; acaso sean los nicos
ejemplos _El Pompeyo_, de Cristbal de Mesa, y la imitacin del
_Hypolito de Eurpides_, de Esteban Manuel de Villegas; las traducciones
de antiguas tragedias y comedias, como _La Medea de Eurpides_, y las
comedias de Terencio de Pedro Simn Abril, han de calificarse ms bien
de trabajos filolgicos, que como ensayos para imprimir una direccin
determinada al gusto de la nacin. Formse, sin embargo, un partido de
sabios y semisabios con el propsito de contrariar al drama espaol, y
cuyo desagrado al observar el desprecio con que se miraban sus
preceptos, se desahog en invectivas contra todo el teatro nacional. No
es posible negar que, en parte de esta contienda, desplegaron habilidad
 ingenio, y que fueron oportunas algunas de sus censuras de los
extravos de los poetas ms favorecidos del pblico. Pero el foco de
donde parta el ataque, era en extremo absurdo; siempre el desventurado
Aristteles, siempre son las tres unidades las que se invocan; entre las
crticas que hacen de Lope, descuellan la de que no es Plauto, ni
Terencio, ni Sneca, que menosprecia la dignidad sensata del estilo
trgico, confundiendo sin mesura lo cmico con lo trgico. La verdad,
confesada ahora generalmente, que cada arte sufre modificaciones
inherentes  las circunstancias de su nacimiento, y al carcter del
pueblo en cuyo seno se desenvuelve, y que, con arreglo  ella, el drama
moderno ha seguido rumbo muy diverso del antiguo para llegar  su
perfeccin, era entonces completamente desconocida. Si hubiese
triunfado esta secta literaria, el teatro espaol, lo mismo que el
italiano, hubiese sufrido el yugo de una falsa teora; la poesa
moderna,  pesar de sus propiedades ms gratas y verdaderamente
originales, sera tambin la ms pobre; la literatura dramtica espaola
no podra compararse  un campo de vegetacin exuberante, lleno de
flores y frutos de toda especie (aunque se encuentren en l, sin duda,
malas yerbas), sino  una tierra rida, en donde nacen aqu y all
raquticos arbustos; y en vez de sus creaciones tan nuevas como
originales, dignas de ser imitadas, slo nos ofrecera copias glaciales
 insoportables de los antiguos modelos. Felizmente, tal resultado era
menos de esperar en aquella poca que en cualquiera otra. La victoria
obtenida por Lope de Vega en favor del teatro nacional fu tan decisiva,
que nada pudieron contra sta los ataques de una crtica enemiga, aun
empleando la mayor prudencia y todas las armas de la stira. Pero la
secta erudita de que ahora hablamos, no puede, en verdad, felicitarse de
haber mostrado en la contienda una tctica superior; de ninguna manera
le era dado llegar hasta donde se propona, y ni aun produjeron efecto
las juiciosas observaciones, que mezclaron con diatribas, ni las
censuras, que hicieron justa mella en algunas comedias, porque sus
autores sostenan principios absurdos y destitudos en general de
fundamento, confundiendo adems en sus invectivas las bellezas
superiores en la esencia y en la forma, inseparables del drama moderno,
con otros vituperables olvidos de todas las reglas de la naturaleza y
del arte. A pesar de todo lo expuesto, es digna esta disputa de llamar
nuestra atencin, porque, entre otras razones, nos ofrece la prueba de
que todas las preocupaciones estrechas y mximas pedantescas, que
ensearon Boileau y su escuela con tantas pretensiones, y que dieron
despus la vuelta  toda Europa, fueron conocidas en Espaa medio siglo
antes y quizs expuestas con ms ingenio que en ningn otro pueblo.

El valenciano Andrs Rey de Artieda comenz el primero el fuego en una
epstola al marqus de Cullar[52], impresa hacia el ao de 1605.

      Como las gotas que en verano llueven
    Con el ardiente sol dando en el suelo,
    Se transforman en ranas y se mueven,
    Ass al calor del gran Seor de Delo
    Se levantan del polvo poetillas
    Con tanta habilidad que es un consuelo;
    Y es una de sus grandes maravillas
    El ver que una comedia escriba un triste
    Que ayer sac Minerva de mantillas.
    Y como en viento su invencin consiste,
    En ocho das, y en menor espacio,
    Conforme su caudal la adorna y viste.
    Oh, qun al vivo nos compara Horacio
    A los sueos frenticos de enfermo
    Lo que escribe en su triste cartapacio!
    Galeras vi una vez ir por el yermo,
    Y correr seis caballos por la posta
    De la isla del Gozo hasta Palermo;
    Poner dentro Vizcaya  Famagosta,
    Y junto de los Alpes, Persia y Media,
    Y Alemaa pintar larga y angosta.
    Como estas cosas representa Heredia,
    A pedimento de un amigo suyo,
    Que en seis horas compone una comedia.

No habla menos resueltamente sobre la ltima cuestin Francisco
Cascales, de Murcia[53], en sus _Tablas poticas_, que aparecieron en
1616. En este libro ingenioso, escrito en forma de dilogo, se dice,
entre otras cosas, lo siguiente: Vlame Dios! (dice Pierio en la pg.
166 de la edicin de Madrid, de Sancha, 1779.) Luego, segn eso, no son
comedias las que cada da nos representan Cisneros, Velzquez, Alcaraz,
Ros, Santander, Pinedo, y otros famosos en el arte histrinica; porque
todas,  las ms, llevan pesadumbres, revoluciones, agravios,
desagravios, bofetadas, desmentimientos, desafos, cuchilladas y
muertes; que aunque las haya en el contexto de la fbula, como no
concluyan con ellas, son tenidas por comedias.--Ni son comedias (le
replica Castalio), ni sombra de ellas. Son unos hermafroditos, unos
monstruos de la poesa. Ninguna de esas fbulas tiene materia cmica,
aunque ms acabe en alegra.

Pierio dice que  lo menos se llamarn tragicomedias[54].

He aqu ahora cmo contesta  esta observacin: Si otra vez tomis en
la boca este nombre, me enojar mucho. Digo que no hay en el mundo
tragicomedia, y si el _Amphitrion_ de Plauto se ha intitulado as, creed
que es ttulo impuesto inconsideradamente. Vos no sabis que son
contrarios los fines de la tragedia y la comedia? El trgico mueve 
terror y misericordia; el cmico mueve  risa. El trgico busca casos
terrorficos para conseguir su fin; el cmico trata acontecimientos
ridculos: cmo queris concertar estos herclitos y demcritos?
Desterrad, desterrad de vuestro pensamiento la monstruosa tragicomedia,
que es imposible en ley del arte haberla. Bien os conceder yo que, casi
cuantas se representan en esos teatros, son de esa manera; mas no me
negaris vos que son hechas contra razn, contra naturaleza y contra el
arte.

En otro lugar de sus _Tablas poticas_, dice as: Me acuerdo haber dado
(comedia) de San Amaro, que hizo viaje al Paraso, donde estuvo
doscientos aos, y despus cuando volvi  cabo de dos siglos, hallaba
otros lugares, otras gentes, otros trajes y costumbres. Qu mayor
disparate que esto? Otros hay que hacen una comedia de una cornica
entera. Ms adelante, en la misma obra, se expresa de este modo: Los
poetas extranjeros, digo, los que son de algn nombre, estudian el arte
potica, y saben por ella los preceptos y observaciones que se guardan
en la pica, en la trgica, en la cmica, en la lrica y en otras
poesas menores. Y de aqu vienen  no errar ellos y  conocer tan
fcilmente nuestras faltas. Esta alusin  los dramas regulares
extranjeros, que hace tambin Cervantes, nos parecer, sin duda, harto
extraa; probablemente se referir  las obras del Trissino, Rucellai,
Speroni, Ariosto, Maquiavelo, Lasca y  otras tragedias pesadamente
regulares  comedias prosicas y ridas de los italianos, puesto que el
teatro francs estaba  la sazn en su infancia.

Otro esforzado campen del rigorismo clsico fu Cristbal de Mesa,
natural de Zafra, en Extremadura. Este erudito y poeta, no escaso, por
cierto, de ingenio, haba pasado en Italia casi toda su vida, en donde,
como l cuenta, trat por ms de cinco aos  Torquato Tasso. Al parecer
haba ya muerto  principios del siglo XVII. Sus ataques al teatro
espaol son notables por lo profundos. En el prlogo  sus _Rimas_
(Madrid, 1611), se queja de que la poesa haya degenerado en un trabajo
mecnico por culpa de los que escriben tantas comedias, y de que se
hagan aparecer desacordadamente Reyes en la comedia, y en la tragedia
personajes de las clases ms bajas; en sus epstolas se solaza con la
multitud  irregularidad de los dramas de Lope; se conduele de que,
mientras los poetas cmicos se enriquecen, los trgicos y picos se
mueren de hambre, y dice que, para alcanzar el renombre y las ventajas
de gran poeta, es preciso que los criados representen las ms groseras
farsas, que haya aventuras nocturnas amorosas, y que ocurran en las
tablas altercados entre lacayos y doncellas, etc. En la dedicatoria de
su tragedia _Pompeyo_ (la cual, por lo dems, no guarda con exactitud
las reglas clsicas), explica la observancia de las unidades como
condicin fundamental de toda obra dramtica perfecta; dice, entre otras
cosas, que, siendo tan breve el tiempo de la accin trgica, que
Aristteles lo limita al espacio de un da, su unidad ser tanto ms
perfecta, cuanto ms se estreche ese plazo, y cuanto ms perfecta sea su
unidad, ms lo ser tambin la tragedia.

Esteban Manuel de Villegas, uno de los lricos espaoles ms
distinguidos (naci en Ngera en 1595), dispara en sus epstolas y
elegas innumerables dardos satricos contra los poetas cmicos. En la
elega sptima finge un dilogo con un mozo de mulas, al cual dice:

      Que si bien consideras, en Toledo
    Hubo sastre que pudo hacer comedias,
    Y parar de las musas el denuedo.
    Mozo de mulas eres, haz tragedias:
    Y el hilo de una historia desentraa,
    Pues es cosa ms fcil que hacer medias.
    Guissa como quisieres la maraa,
    Y transforma en guerreros las doncellas,
    Que t sers el cmico de Espaa.
    Vers que el histrin mmico en ellas
    Gasta ms artificios que Juanelo,
    En el subir del agua con gamellas.
    Hasta que aparador hace del cielo
    El scnico tablado, que ha servido
    De obsceno lupanar  vil martelo.
    Luego sers del vulgo conocido
    En el cartel que diga: DE FULANO,
    HOY LUNES A LAS DOS, bravo sonido.
    Irs con el magnate mano  mano,
    Por bien que mulas rasques, que el ingenio
    Merece todo honor en el ms llano.

Ms adelante pone irnicamente en los labios de un mal poeta estas
palabras:

      ... gran barbaria haber sola
    Por cierto, en aquel siglo de Terencio,
    Segn lo da  entender su poesa.
    Yo del passado no le diferencio,
    Quando la Propaladia de Naharro
    De nuestra Espaa desterr el silencio.

     *       *       *       *       *

    Pero por Plauto no dar un cabello;
    Miro que su oracin toda se agacha;
    No cual la tuya, Lope, que ala cresta,
    Hasta tocar del sol la ardiente hacha.
      Pues qu, si tu Rosaura, en la floresta
    Juega el venablo y bate los ijares,
    Del valiente bridn que la molesta?

     *       *       *       *       *

    Juventud castellana, ya qu temes?
    Yo te prometo honor, suda y escribe,
    Que Apolo hay ac con quien te extremes.

Preceptos ms sensatos acerca de la composicin y del estilo del drama,
expone  un poeta cmico Bartolom de Argensola, hermano de Lupercio
Leonardo,  quien ya conocemos; pero sus reglas son, en parte, de esa
naturaleza profunda que nos ensea que un cuerpo humano no puede tener
cabeza de caballo.

      Tras esto,  Musas cmicas te inclinas,
    Si bien las sequedades aborreces
    De las fbulas griegas y latinas.
    Y no lo extrao; pero muchas veces
    En lo que yace desabrido y seco
    Hallan qu ponderar discretos jueces.

     *       *       *       *       *

      Y pues que  la instruccin moral se empea,
    No traiga para ejemplos de la vida
    Lo que algn delirante enfermo suea;
    Que ni la plebe es bien que se despida
    Despus que te prest grato silencio,
    Si no desesperada, desabrida.

     *       *       *       *       *

      Fndate en verosmiles acciones,
    No en la selva al delfn busquen las redes,
    Ni al jabal en el pilago  los canes,
    Pues que en sus patrias oprimirlos puedes.
    Segn lo cual, no quieran los galanes,
    Aunque traten,  incautos  sutiles,
    Con rameras, con siervos  truhanes,
    Envilecerse entre plebeyos viles,
    Sin descuento; ni prncipes ni reyes
    Aplebeyar los nimos gentiles.

     *       *       *       *       *

      Haz al fin que el lugar, el tiempo, el modo,
    Guarden su propiedad; porque una parte
    Que tuerza de esta ley, destruye al todo.

     *       *       *       *       *

    Y esto de introducir una figura
    Que  solas hable con tardanza inmensa,
    No es falta de invencin y aun de cordura?
      Dirn que as nos dice lo que piensa,
    Y lo que determina all en su mente
    (A mi entender) ridcula defensa.
      No es fcil inventar un confidente
    A quien descubra el otro del abismo
    Del alma lo que duda  lo que siente?
    Soliloquio es hablar consigo mismo.

     *       *       *       *       *

    Quin no se burlar de una persona
    Que, sin oyente, sobre algn suceso,
    En forma de dilogo razona?

     *       *       *       *       *

      Si airado un padre forma llanto  queja,
    No para provocar el pueblo  risa
    Le interrumpa el plebeyo, que graceja;
      Que as nuestra piedad, por tan preciosa
    Obligacin, socorre al afligido,
    Como naturaleza nos lo avisa...

El adversario ms encarnizado y constante de las comedias y del teatro
de su tiempo, fu Cristbal Surez de Figueroa. Son muy escasas las
noticias biogrficas que se han conservado de este conocido escritor,
autor de muchas obras en prosa y verso, y slo se sabe que exista 
fines del siglo XVI y  principio del XVII, y que residi largo tiempo
en Italia. Sus crticas del drama espaol se encuentran, en parte, en su
obra titulada _Plaza universal de todas las ciencias_ (Madrid, 1615); en
parte, en la del _Pasajero, advertencias utilsimas  la vida humana_
(Madrid, 1617). En el primero de los libros citados dice que los poetas
cmicos de su tiempo no conocen las reglas del arte,  que escriben, por
lo menos, como si las ignorasen. Su nica gua es el gusto del pblico
espaol, al cual no convienen las fbulas de Terencio y de Plauto, y 
cuyo capricho han de ajustarse las comedias, originndose de aqu que
ministren al pblico un alimento ponzooso y escriban farsas que
carecen casi en absoluto de fondo, de moral y de buen estilo, para que
el auditorio, por va de pasatiempo, se solace tres  cuatro horas sin
sacar utilidad alguna de este divertimiento. Segn su opinin, esos
poetas modernos no quieren convencerse de que, para imitar  los
antiguos, han de adornar sus escritos con sentencias morales y con
enseanzas para la vida, deberes de los ms propios del buen autor
cmico, aunque su objeto principal sea mover la risa; al contrario, los
escritores de comedias hacen escaso alarde de su buen gusto, y
demuestran lo limitado de su instruccin literaria, desenvolviendo sus
planes sin orden ni regla alguna y sin otra norma que su capricho, y
siendo sta la causa de que, gentes que apenas saben leer, como el
sastre de Toledo, el paero de Sevilla y otros estpidos  ignorantes
personajes del mismo jaez, se atrevan  escribir comedias. Aade que la
consecuencia de este estado deplorable de cosas, es que se representen
en los teatros comedias escandalosas, plagadas de conversaciones
obscenas y de pensamientos vulgares, de inconveniencias y de faltas
contra la verosimilitud. De aqu tambin proviene que ni  Prncipes ni
 Reinas se respete como merecen, ofrecindolos en situaciones harto
libres y poco dignas, y poniendo en sus labios palabras nada conformes
con la moral ni con su rango; los criados hablan sin temor, las
doncellas sin vergenza, los ancianos con cinismo, etc.

Ms prolijo se muestra Figueroa al escribir sus ideas sobre esta materia
en su _Pasajero_, parecindonos tan importante su opinin acerca del
teatro espaol en cuanto se refiere  su carcter esencial, que nos
vemos obligados  insertar sus palabras, curiosas en ms de un concepto.
La discusin se presenta en forma de dilogo. (El _Pasajero_, folio 103,
alivio 3.)

DON LUIS. En la fiesta passada deprend el modo de componer un libro:
faltame por saber aora el estilo que tengo de seguir en la Comedia.

DOCTOR. Esse punto nos diera en que entender, si el arte tuviera lugar
en este siglo. Plauto y Terencio fueran, si vivieran oy, la burla de los
teatros, el escarnio de la plebe, por aver introduzido quien presume
saber ms[55], cierto genero de farsa menos culta que gananciosa.
Sucesso de veinte y quatro horas,  quando mucho de tres dias, avia de
ser el argumento de cualquier Comedia, en qui[=e] assentara mejor
propiedad y virisimilitud. Introduzianse personas ciudadanas: esto es,
comunes: no Reyes ni Principes, con quien se evitan las burlas por el
decoro que se les deve. Aora consta la Comedia ( sea como quieren
representacin), de cierta miscelanea, donde se halla de todo. Graceja
el lacayo con el seor, teniendo por donaire la desverguenza. Pierdese
el respeto  la honestidad, y rompen las leyes de buenas costumbres el
mal exemplo, la temeridad, la descortesa. Como cuestan tan poco
estudio, hazen muchos muchas, sobrando siempre animo para mas,  los mas
timidos. Alli como gozques gruen por invidia, ladran por odio, y
muerden por venganza. Todo charla, paja todo, sin nervio, sin ciencia ni
erudicion. Sean los escritos hidalgos; esto es, de mas calidad que
cantidad, que no consiste la opinion de sabio en lo mucho, sino en lo
bueno.

Dos caminos tendreis por donde enderear los passos comicos en materia
de trazas. Al uno llaman Comedia de cuerpo, al otro de ingenio,  sea de
capa y espada. En las de cuerpo, que (sin las de Reyes de Ungria, 
Principes de Transilvania) suelen ser de vidas de Santos, intervienen
varias tramoyas,  aparencias: singulares aagazas, para que reincida el
poblacho tres y cuatro vezes, con crecido provecho del Autor. El que
publica con acierto esto, que con propiedad se puede llamar Espanta
villanos, consigue entero credito de buen convocador, yendose poco 
poco estimando, y premiando sus papeles. Ponense las niezes del santo
en primer lugar: luego sus virtuosas acciones, y en la ultima jornada
sus milagros y muerte, con que la comedia viene  cobrar la perfecion
[=q] entre ellos se requiere.

DON LUIS. La materia es bonissima para principiantes: pues aunque se
yerre la traza, y aya descuido en las coplas, no osaran perder el
respeto al Santo con gritarla, siendo forzoso tener paciencia hasta el
fin.

DOCTOR. Como paciencia? Dios os libre de la furia mosqueteril, entre
qui[=e] si no agrada lo que representa, no ay cosa segura, sea divina, 
profana. Pues la plebe de negro, no es menos peligrosa desde sus bancos,
 gradas ni menos bastecida de instrum[=e]tos para el estorvo de la
comedia, y su regodeo. Ay de aquella, cuyo aplauso nace de carracas,
cenzerros, ginebras, silvatos, campanillas, zapadores, tablillas de san
Lazaro[56]; y sobre todo de vozes y silvos incessables. Todos estos
generos de musica infernal resonaron no ha mucho en cierta farsa,
llegando la desverguenza  pedir que saliesse  baylar el Poeta, 
quien llamaban por su nombre.

MAESTRO. Es posible que huvo tan gran desorden? Y que se consinti?
Tan mala fu? De que tratava que tanta inquietud concit en los
circunstantes?

DOCTOR. No fue entendida ni tuvo nombre sealado, causa de prohijarse
muchos de donaire.

Digo pues, que estas de cuerpo se suelen acertar mas facilmente. Sastre
conoci que entre diversas representaciones que compuso, duraron algunas
quinze  veinte dias.

ISIDRO. Esse fue el que llamaron de Toledo. Sin saber leer ni escribir,
yva haziendo coplas hasta por la calle, pidiendo  Boticarios, y 
otros, donde avia tintero y pluma, se las notassen en papelitos[57].

DOCTOR. Con tal exemplo bien podi[=a] deshazer la rueda de su inchazon
los pavones comicos, considerando quan poco especulativa sea su
ocupacion, pues la alcanzan sugetos tan materiales, ingenios tan
idiotas. Soy por esso de opinion, sea lo que aveis de componer, de algun
varon sealado en virtud. Podreis escojerle  vuestro gusto, leyendo el
catalogo de los Santos, cuyas vidas escrivieron varios autores. Sobre
todo deveis advertir, no introduzgais en el teatro cosas en demasia
torpes, con fin de que ayan de resultar milagros dellas: porque como los
hombres prestan mas atencion  lo malo que  lo bueno, quedase mas
impreso en la memoria lo que se oy de mejor gana; as en toda ocasion
es justo evitar lo indigno como escandaloso. El uso (antes abuso) admite
en las comedias de santidad algunos episodios de amores, menos honesto
de lo que fuera razon: no se de que utilidad sean, sino de estragar el
exemplo; y de hazer adulterino, y apocrifo lo verdadero. Aplicad toda
vigilancia en la seguridad de las tramyas. Hanse visto desgracias en
algunas que alborotaron con risa el concurso:  quebrandose, y cayendo
las figuras,  parandose, y assiendose quando devian correr con mas
velozidad.

DON LUIS. Ruegoos det[=e]gais la vuestra en igual proposito. Assi
advertis las circunstancias, como si del todo estuvierades cierto de mi
gusto. Sabed, que es diferente del que suponeis, porque de ninguna forma
determino sea de Santo la que escriviere. Y si bien carecera del arte
terenciana, porque la ignoro, con todo quisiera no se hallara tan
distante de lo verisimil y propio, como es anteponer la historia  la
fabula, alma de la comedia. Pued[=e] pues caer los avisos sobre igual
assunto, ahorrando los [=q] en razon del otro se os yran ofreci[=e]do:
ya que de aquellos, y no de estos me pienso valer.

DOCTOR. Alegrado me aveis con el acertado medio de vuestra inclinacion.
Eligis la parte mejor para la comedia, ques la fabula. Quiere Horacio,
aya en qualquier obra un cuerpo solo c[=o]puesto de partes verisimiles.
Conviene para [=q] sea uno, tenga un contexto perfecto y cabal de cosas
imitadas y fingidas. Ser uno el sujeto, y la materia [=q] se trata, haze
[=q] la fabula sea tambien otra. Por uno se entender lo que no est
mezclado, ni c[=o]puesto de cosas diversas, [=q] a[=u]que se forma este
cuerpo de muchas partes, deven todas mirar  un blanco, y estar entre si
tan unidas, que de la una verisimil,  necesariamente se siga la otra.
Pues con la precedencia desto sabreis ser la comedia imitacion Dramatica
de una entera y justa accion, humilde y suave; [=q] por medio de
pasatiempo y risa limpia el alma de vicios. Ser imitacion, consta de que
no seria poesia, si esta le faltasse. Que sea Dramatica, vse claro:
por[=q] el Comico nunca habla por si, sino introduze otros que hablen: y
esso suena esta palabra. La accion conservando su unidad, no ha de ser
simple, sino c[=o]puesta de otras acessorias, [=q] llaman episodios.
Dev[=e]se ingerir en la principal de tal manera, que juntas miren  un
mismo blanco, y [=q] con la mas digna se termin[=e] todas. Ha de ser
entera; esto es, que conste de principio, medio y fin. Justo, quanto 
conveniente grandeza. Humilde, qu[=a]to  la accion, siendo los [=q]
constituyen la fabula Comica plebeyos, o qu[=a]do mucho ciudadanos, en
que tambien pued[=e] entrar soldados: por manera, que si los que se
introduzen son gente comun, forosamente ha de ser el lenguage familiar,
mas en verso por la suavidad con que deleita. De aqu se infiere
(escriue un Gramatico) ser error poner en la fabula hechos de
principales, por no poder induzir risa, pues forzosamente ha de proceder
de hombres humildes. Los sucessos, porfias, y contiendas destos mueven
contento en los oyentes: no assi en las reyertas de nobles. Si un
Principe es burlado, luego se agravia y ofende. La ofensa pide venganza,
la venganza causa alborotos y fines desastrados: con que se viene 
entrar en la jurisdiccion del Tragico. Siendo, pues, este el fin de la
comedia, su materia sera todo acontecimiento apto y bueno para mover 
risa. No puede el Comico abrazar mas que una accion de una persona
fatal: persona fatal se llama la a quien principalmente mira la comedia.
Las otras que la acompaan para ornamento y extension, aveis de procurar
vayan asidas con lazos de lo verisimil, possible y necessario.

Deseo desembarazarme con brevedad; por esso voy saltando velozmente,
tocando aqu y alli de passo, sin detenerme como debiera en muchos
requisitos. En razon de costumbres, se dev[=e] considerar las
condiciones y propiedades de personas y naciones. Holgara se hallaran en
vulgar comedias tan bien escritas, que os ministraran exemplo para
cualquiera de las personas que se suelen introduzir, por no remitiros 
las de Terencio y Plauto. Mas ser foroso os valgais en esta parte de
vuestro buen juicio y cortesania, dando  cada uno el lenguaje y afecto
conforme  la edad y ministerio, sin guiaros por las que representan en
essos teatros, de quien casi todas son hechas contra razon, contra
naturaleza y arte. Conviene rastrear las calidades de las naciones, para
que se haga dellas verdadera imitaci[=o]. Caminan las costumbres con la
naturaleza del lugar, produzi[=e]do varios Payses varias naturalezas de
h[=o]bres. En una misma naci[=o] las suele aver diferentes, segun la
variedad de los Climas.

Fuera de la Tragedia,  quien mas sirven las sentencias, es la
comedia. Como esta mira principalmente  las costumbres, y es un espejo
de la vida humana, valese dellas a este fin en muchas ocasiones.
Pondreis cuydado, en que no las diga qualquiera de las personas, sino
gente docta y esperta. Las partes cu[=a]titativas de la Poesia Scenica,
son Prologo, Proposicion, Aumento y Mutacion. Sirve el Prologo para
preparar el animo de los oyentes, a que tengan atencion y silencio: o
para def[=e]der al autor de alguna calumnia, de algunas faltas que le
murmuran,  para explicar algunas cosas intrincadas, que podrian impedir
la noticia de la fabula. En las farsas que comunmente se representan,
han quitado ya esta parte que llamaran Loa. Y segun lo poco [=q] servia,
y quan fuera de proposito era su tenor, anduvieron acertados. Salia un
farandulero, y despues de pintar largamente una nave c[=o] borrasca, o
la disposicion de un exercito, su acometer y pelear, c[=o]cluia con
pedir atencion y silencio, sin inferirse por ningun caso de lo uno lo
otro. Alegase tambi[=e] ser el prologo narrativo c[=o]trario  la
suspension, requisito para el comun agrado no poco essencial. En la
proposicion, o primer acto, se entabla el argumento de la comedia. En el
aumento, o segundo, crece con diversos enredos y acaecimientos quanto
puede ser. En la mutacion o tercero, se desata el udo de la fabula con
que da fin. Estos tres actos divid[=e] otros en cinco, y qualquiera, en
cinco scenas, y tal vez mas o menos. La persona que representa, no deve
salir al teatro mas que cinco veces. Tampoco han de hablar juntamente
mas que cinco personas. Horacio no consiente sino tres, o quando mucho
quatro. Observaron los Comicos con la experiencia, ser confusion todo lo
que no fuere hablar quatro o cinco.

Los Italianos usan en la Comedia versos sueltos, ya enteros, ya rotos;
mas, a mi ver, nuestras redondillas son las mas aptas que se pueden
hallar, por ser de verso tan suave como el Toscano, si bien respeto de
su brevedad, recibe poco ornato. S[=o] pocas assi mismo las
consonancias: lo que no sucede en octava,  estancia de cancion.

Conozco, se pudiera aver escusado este advertimi[=e]to, por componerse
oy las farsas en todo genero de verso, mas fue foroso proponer lo
mejor. Sobre todo os ruego escuseis la borra de muchos romances, por[=q]
tal vez vi comenzar y concluir con uno la primera jornada.

DON LUIS. Por cierto [=q] aveis andado riguroso legislador de la
Comedia. Gentil quebradero de cabeza: en diez aos no aprendiera yo el
arte con [=q] dezis se deve escrivir; y despues sabe Dios, si fuera mi
obra aquel parto ridiculo del Poeta: o algun nublado [=q] despidiera
piedras y silvos. Lo que pi[=e]so hazer es seguir las pisadas de los
cuyas representaciones adquirieron aplauso, escrivanse como se
escrivier[=e]. Sacar al tablado una dama y un gal[=a], este con su
lacayo gracioso, y aquella con su criada que le sirva de requiebro. No
me podra faltar un amigo del enamorado que tenga una hermana con [=q]
dar zelos en ocasi[=o] de rias. Har que venga un soldado de Italia, y
se enamore de la seora [=q] haze el primer papel. Por dar pic[=o] al
querido, favorecera en publico al recin llegado. En viendolo, vomitar
braburas de zelozo. Andaran las quexas con el amigo, y pondrele en punto
de perder el seso; y aun quiza le rematar del todo, de forma que diga
sentencias amorosas  su propsito, y aqu por ningun caso se podr
escusar un desafio. Al sacar las espadas los metern en paz los que los
van siguiendo, avisados del lacayo, que se deshara con muestras de
valentias covardes. El padre del ofendido hara dilig[=e]cias por
divertirle de aquella afizion, que aunque muy h[=o]rada ha de ser pobre
la querida. Para esto tratar casarle c[=o] la hermana del amigo: y
efetuarase el desposorio sin comunicarle c[=o] las partes; no mas que
dando noticia con algunas vislumbres, bastantes para que lo lleguen 
saber los interesados. En tiempo de tantas veras quitar[=a]se los
amantes las mascaras, y descubrir[=a] ser fingido el favor hecho al
forastero. Assi quando entiendan los padres tener ya conclusion el
matrimonio tratado, remaneceran casados los que rieran. El padre tomar
el cielo c[=o] las manos, mas al fin se aplacar con ruegos de los
circunstantes. Convendra pues aora consolar  los que intervinieron en
la representaci[=o], desta manera. Descubrirase ser el soldado hermano
del novio, que desde muy pequeo se fue a la guerra. Har[=a]se grandes
alegrias; y este se juntar en matrimonio c[=o] la hermana del amigo;
digamos, con la [=q] ha de ser repudiada. Inhumanidad seria, que estos
gozosos por tales acontecimientos, careciessen de una hermana, con quien
poder acomodar al amigo. Pues el gracioso y la criada de suyo se estan
casados: c[=o] esto acabar[=a] la comedia.

MAESTRO. Gracia particular haveis tenido. En un geme de tierra sin
amonestaciones, quajastes quatro casamientos. Advertid c[=o] todo, [=q]
aveis dexado de introduzir una figura, no poco import[=a]te, que es el
vegete,  escudero, natural enemigo del lacayo.

DON LUIS. Bueno fuera que se me quedara en el tintero tan donosa
circunstancia. Pondre particular cuidado en sacarle  menudo a motejarse
c[=o] su c[=o]t[=e]dor. Preciarase el viejo de muy hidalgo, por cuyo
respeto, y por su mala catadura t[=e]dra el gracioso larga materia para
los apodos; honrandole el escudero t[=a]bien con los ttulos de
almohazador, de covarde y vinolento. Yo espero guisar todo esto de
manera que cause mucha delectacion y regozijo. En quanto al hablar,
gentil modo de meternos en pretina c[=o] numero tan corto; si las
dem[=a]das  respuestas passaran entre mas de quatro,  cinco; si los
versos han de ser en quintillas,  no. Ciento hare que hablen si fuere
menester, que al passo que subiere de punto la trapala, crecera en los
oyentes la cantidad de la risa. Cinco, o seis romances por ning[=u] caso
los dexar de poner: pues porque no cinquenta tercetos? Los sonetos no
seran mas que siete, colocados a trechos. En alguna descripci[=o] no es
foroso [=q] entre la magnific[=e]cia de algunas octavas? Dexo por
ventura escusar diez, o veinte liras amorosas, y mas si las introduzgo
en soliloquios? Podr, aun[=q] quiera excluir el privilegio y comodidad
de las rimas sueltas?: con quien como con prosa, se explic[=a]
facilmente qualquier concetos, libres de peligrosas c[=o]sonancias? En
suma no me apartar del estilo [=q] sigu[=e] todos. Sin duda teneis (si
bien no en virtud de muchos aos) adquirido ya mucho de viejo
(perdonadme [=q] esto y mas permite la amistad) cuya condici[=o] de
buena gana vitupera las cosas presentes, alaba las passadas, y
reprehende con demasia  los mancebos. El mundo est ya aficionado 
este genero de composicion: con el se solaza y rie: que podemos hazer
los pocos contra tantos? Ser bien arrimar el pecho  tan furioso raudal
de gustos.

DOCTOR. No por cierto, sino dexarse llevar de la corriente. Mas siendo
esta vuestra intenzion; para que hazerme gastar tiempo y palabras en lo
de que no os puede resultar provecho, por no usarlo? Alla os lo aved,
que de mi parte cumpli con rendirme  vuestra instancia, dando
satisfacion  las apariencias de vuestro gusto.

Demos pues que ya esta comedia se halla escrita con arte, o sin el, que
forma observareys para que consiga su fin, que es el de la
representacion?

DON LUIS. Tambien quereis dificultarme cosa tan facil. Har llamar un
Autor de los mejores que huuiere en la Corte; y darele a entender el
estudio y trabajo que gast en la presente comedia. Acometerele con
algunos assomos de lisonja, que hasta con semejantes ser importante
medio para negociar bien. Alabarele su compaia. Direle quan bien
recebida se halla; y por este y otros caminos ire disponiendo su
voluntad. Antes de desembaynar el papel, significar lo que confio de su
buen juyzio y conocimiento, causa de haverme determinado  darle este
primer trabajo, este amado y unico hijo de mi entendimiento.

MAESTRO. Por lo menos no ser muy sabroso manjar el que pide tanto
saynete. Introducion con tan larga arenga fuera para mi sospechosa.

DOCTOR. Y por ventura seor Maestro, mandan nisperos los Priores de la
farsa? Tan necesarios son de semejantes juegos como quantos ay. Apenas
formar tales concetos nuestro primerizo, quando como platicos fulleros
le irn mirando a las manos, ponderando las palabras, y el fin con que
las dexare caer. Mas no es bien passar adelante sin alguna oposicion.
Haced cuenta, que como Catedratico os poneis al poste; y va de
argumento. Dezidme, quien os assegura que ningun Autor ha de ir a casa
de Poeta incognito? Engaado vivis. Quiera Dios, que aun entrandoos por
la suya, seays admitido, y que os toque vez tras muchos dias de
pretenzion y agasajo. Esto mi Rey, no es componer comedias con arte,
sino referir los estrechos por donde aveis de passar forosamente; y asi
concededme tantica atencion, y no os de pesadumbre lo que oyeredes. No
ay en esta vida trance tan penoso como es la primera introducion y
noviciado de un poetilla Comico. Los professores de esta mala secta, o
son libres y determinados, o timidos y vergonzosos. Demos que la
insolencia de los primeros no aya menester valedores, sino que ellos
proprio motu se aparecen como Santelmo en la congregacion farseril.
Suele el ms alentado proponer al Autor, le quiere leer una comedia la
mas famosa que jamas se present en teatro. Dize bellezas de la traza,
sublima las apariencias, encarama los versos, y sube de punto los passos
mas apretados de risa: y quier[=a], o no las circunstantes, comienza con
abultada voz, y peregrino ali[=e]to a publicar su encarecido papel.
Advierte con grande p[=u]tualidad las entradas y salidas, y
particularmente las difer[=e]cias de trages. Entre otras cosas no da
lugar a [=q] la vayan loando segun la va leyendo; sino quando le parece
menudea las alabanzas con todo genero de exageraciones. Baanse entanto
los oyentes, como dizen, en agua rosada; pisanse los pies, danse
codazos, y riyendose con demasa de la figura, piensa el relator nace
aquel excesso de risa de la graciosidad de sus dichos, y aumenta con la
propia notablemente la agena. Algunos ay contra quien no bastan escusas
de estorvos, porque con tan obstinada prosecucion llevan adelante su
letura, que ni por pensamiento la desamparan un punto hasta llegar al
Laus Deo[58]. Finalmente tras rendir al trabajo y sudor de sus
acciones, y razonado palabras generales, llenas de mentirosa alabana,
le entretienen dias y meses, y van dando siempre mas largas hasta que se
cansa el presumido pretendiente; si ya oliendo el poste, no se retira
antes que la dilacion no le solicite manifiesto desengao. Esto quanto 
los que careciendo de todo empacho, se introduxeron sin ser llamados ni
escogidos. Siguense los vergonzosos, cuyo tormento viene  ser mucho
mayor, porque dura mas dias. Acuerdome aver visto r[=o]dar  uno de
estos (y vale a nombrar) la casa de cierto Autor de la forma que suele
la de su dama el mas enternecido galan. Fenecen en sus principios sus
mayores osadas; porque apenas abre camino con la imaginacion para
entrar, quando le cierra y detiene la falta de conocimiento, la
estraeza de la gente, y la dificultad del motivo que le lleva. Duran
estas irresoluciones tanto, que muchos por falta de valedor, no hazen
sino c[=o]poner, y echar comedias al suelo del arca, con el ansia que
suele el avaro recojer y acumular doblones. Por esta causa se hallan
infinitos con muchas gruessas represadas, esperando se representarn
quando menos en el teatro de Josafat, donde por ningun caso les faltarn
oyentes[59]. Hallanse otros c[=o] mas ventura, porque, o tienen amigos,
con quien poder desimular mejor los colores de la verguena, o son
allegados de algunos Principes, de cuya intercesion y autoridad se valen
para hacer un san Estevan al desdichado Autor.

La primera clase procede c[=o] mas suavidad. Entra el amigo siendo
garante de aquella desventura. Propone el ingenio del ahijado, celebra
la tersura de su escrivir, aunque apenas conocido hasta entonces. No
olvida la buena eleccion en los argumentos, y haziendole en lo rizo,
crespo y suave, un segundo Vega, pide se le seale hora para manifestar
las hazaas de su noble batallador. Dasele dia, y llegando el punto,
hallan el conclave bastecido de electores: por alegar el Autor no
poderse determinar  recibir nada sin el parecer de los compaeros.
Comienza, pues, el pobre corderillo  recitar su maraa en medio de
tanto lobo. Terribles son los actos publicos. Como se cortan los brios,
como enmudecen las lenguas, y se estrechan los corazones en ellos!
Puedese considerar en el mundo gente tan idiota y que tanto yerre como
los farsantes? No, por cierto; pues hombres muy entendidos y cortesanos
se burlan en su presencia, y apenas tiene animo para articular las
vozes. Al fin se va prosiguiendo poco  poco; y si es obra que con
cercenar y aadir puede tener salida, vanle haziendo sus cotas  la
margen: mas si es rematada del todo, leida la primera,  quando mucho
segunda jornada, dan por visto lo que resta, y despiden;  por el
respeto que se deve al introductor, alegran al novato con dezir la
hizieran con mucho gusto si no les faltara tiempo para estudiarla. Que
sienten el averse de ir presto; mas que se pueden dar muchos parabienes
al Autor que la recibiere, por aver de ganar de comer con ella
largamente. Animanle tras esto  que no desampare la pluma; que es
lastima no honre sin cesar los teatros con la agudeza de su ingenio.
Suenanle suavisimamente al engaado estas lisonjas, y en su conformidad
publica lo que bien parecio  todos sus comedias, y que solo por aver de
partir con brevedad los Farsantes no la ponen y estudian. Asi se anda de
Autor en Autor, moliendo  los amigos, aunque algunos  la primer
embarcacion descubren el baxio, y escapan, poniendo escusas. Los que se
amparan de los Seores, consiguen por lo menos la primera vez su
intencion; porque como el ruego del poderoso es mandato, obedecen sin
replica, preparandose con paciencia para la furiosa ventisca que
aguardan. En tanto, es de ver la solicitud y satisfaccion con que acude
 los ensayos el que ha de ser causa de su perdicion y apedreo.
Rebientan por dezirle que es un impertinente, un tonto, y en fin, un
mal poeta, mas enfrenalos al punto el temor de la imaginada cicatriz en
el rostro,  la memoria tremenda del bosque trasladado  sus espaldas.
En suma, puestos en la ocasion del padecer, mueven con las recientes
heridas  conmiseracion al propio imperante. Llegan, pues,  sentir con
exceso los intercesores sufran por su causa los mseros aquella
persecucion, aquel naufragio; en virtud de quien quedan essentos y
libres en lo porvenir: pues no hay coraones tan de bronze que les mande
entrar en otro, presente el escarmiento de lo passado. Segun esto, no es
aproposito la moneda que corre en el gasto de las comedias? No pueden
tantas dificultades quitar los impulsos de escrivir al mismo Apolo? Ved
si tengo razon en procurar borraros del pensamiento esta ocupacion, de
quien ultimamente se viene  sacar no mas que cumplidissimo disgusto.
Supongamos salga en todo acertada la comedia: que agrade la maraa; que
deleyte el verla; que regozije la graciosidad, solo con un tibio buena
es, queda satisfecho el trabajo: y este no de todas lenguas, por que es
casi imposible agradar  tantos y tan diversos caprichos. Juzgo,
considerado lo que apunt, por imprudencia exponer  riesgo evidente las
cosas de opinion, de suyo tan vidriosas y tan faciles de peligrar.

DON LUIS. Batis, como se suele dezir, en hierro frio, pesse esta vez el
artificio cortesano. Yo he de vencer, si puedo, esta fantasma que la
llaman temor. Quiero arrojarme  lo que en otros tienen hecho tanto
hbito que en ocho dias y en menos despachan la farsa mas dificil.

DOCTOR. Sea en buena hora: dad efecto  vuestra voluntad, que desde hoy
no hallar contradiccion en la mia. Pesame de averos tan importunamente
persuadido lo que os estava bien. Podra ser suspireis algun dia por la
falta de recuerdos. Ay dolor como ser sealado y corrido, quando el
negocio no sucede  medida del deseo? Querria entonces aver nacido el
que como potro desbocado solicit su ruina, guiado de su antojo
indomable? Prodigioso afecto es, sin duda, el de la Poesia. Tan asido
esta al alma, que antes parte ella del Cuerpo, que el desampare el
coraon.

       *       *       *       *       *

       *       *       *       *       *

Dzese del amor engendrarse en el alma de un solo mirar. Nace, y es al
principio como nio pequeo, tierno y suave. Crece poco  poco hasta
cobrar estatura y fuera de gigante, para perdicion de quien le
engendr. Tal es el estilo de qualquera inclinacion. Comiena de
burlas, por divertirse, por entretenerse. Vasele cobrando aficion,
internase en la voluntad: hazese fuerte, y al fin echa en ella tan
hondas raices, que sugeta del todo el alvedrio, faltando brios al dueo
para eximirse de su violencia. Hareis una comedia: representarase con
aplauso,  no tendra lugar en el teatro. Si fue bien recibida quien
dexar de assegundar? Si hall disfavor, quien no se apercibe para la
enmienda, para la mejoria? De suerte que por un camino,  por el otro,
no podreis escapar de perpetuo Farsero; perdonad el equivocarme, de
perpetuo Autor de farsas quise dezir; que no puede aver mayor desdicha
que serlo. Conviertese esta Quaresma,  aquella la pecadora mas
pertinaz, que la mueven al cabo los asombros de su condenacion: mas
acaso aveis visto reduzido algun poeta? Aveisle visto removido un
instante de su obstinacion? En todas edades es molestado deste gusanillo
roedor de la poesia: muchacho, mancebo, varon, viejo, decrepito; al
amanecer,  medio dia,  la tarde,  la noche, todo es versificar; todo
es romances, sonetos, decimas, liras, octavas, etctera...

Hasta aqu Surez de Figueroa; pero sus advertencias, como es de
presumir, fueron vanas.

La aficin  escribir comedias creca ms cada da; el nmero de los
nuevos poetas dramticos se aumentaba de ao en ao, y los ms
intentaban rivalizar en fecundidad con Lope de Vega. No es posible negar
que la inundacin, siempre mayor, de obras dramticas, que invada al
teatro espaol, arrastraba consigo muchas composiciones medianas; pero
tambin se puede afirmar, que, hasta los dramas peores de esta poca, no
fueron nunca tan defectuosos como el conjunto de las obras dramticas de
casi todas las dems naciones. Reinaba en la Espaa de ese tiempo una
inspiracin potica especial, que se extenda desde los autores ms
distinguidos  los ms inferiores, hacindolos partcipes de brillantes
cualidades, de las cuales quizs hubieran carecido en circunstancias
menos favorables, por cuyo motivo no es fcil encontrar una obra
dramtica del tiempo de Lope  de Caldern, en que no aparezca alguna
buena propiedad, alguna invencin feliz, algn rasgo brillante de
imaginacin,  por lo menos un estilo potico sobresaliente. Entre todos
ellos hubo algunos, que, sealados como poetas de primer orden,
atravesaron as los siglos y sern llamados tales por todas las
generaciones futuras, y otros, que, con facultades ms limitadas,
escribieron, sin embargo, algunas obras muy notables, que les han
asegurado para siempre gloria duradera. Daremos, pues,  conocer estos
poetas dramticos espaoles ms famosos, y comenzaremos por aqullos que
llegaron  la cspide de su arte, en el tiempo en que viva Lope de
Vega.




CAPTULO XXIV.

     Diego Jimnez de Enciso.--Juan Prez de Montalvn.


Diego Jimnez de Enciso, poeta, que no se debe confundir con Bartolom
de Enciso, algo posterior, era natural de Sevilla. Nada particular puede
decirse de su vida[60]. Como ya se le menciona en la obra de Antonio
Navarro, antes citada, as como en el _Viaje al Parnaso_, su nacimiento
debi ocurrir, lo ms tarde, en el ltimo tercio del siglo XVI; sin
embargo, hubo de escribir para el teatro ya adelantado el XVII, porque
su nombre se lee en la gran coleccin de _Comedias escogidas_, cuyo
primer volumen apareci en 1652, y por cierto con frecuencia, debiendo
advertirse, que, con pocas excepciones, las que se enumeran en esa
compilacin pertenecen siempre  poetas existentes. El nmero de sus
obras dramticas no es muy considerable, si hemos de atenernos  las que
se conservan, pero hay algunas, entre ellas, que exigen de nuestra parte
la mayor atencin[61].

Enciso, entre todos los poetas dramticos, es el que ms sobresale por
su pintura de caracteres. Penetra, en virtud de la observacin ms
perspicaz, en lo ms ntimo del alma de sus personajes, para descubrir
en ella la causa de sus debilidades y de sus virtudes; las espa, por
decirlo as, en las variaciones ms secretas de la vida de su espritu,
y presenta al espectador, con tanto esmero como prolijidad, sus
observaciones psicolgicas. Otros poetas dramticos espaoles,  la
verdad, se han propuesto tambin trazar la pintura de caracteres, pero
son muy contados los que, como Enciso, lo han hecho con tanta constancia
y con tanta claridad y relieve.

Esta prenda especial de nuestro autor resplandece, sobre todo, en los
dos dramas suyos titulados _El prncipe Don Carlos_ y _La mayor hazaa
de Carlos V_, dos grandiosos y verdaderos cuadros histricos, de los ms
nobles y dignos. En el primero, con rasgos escasos y decisivos, se
disean con el ms vivo individualismo los caracteres de Felipe II y del
prncipe Don Carlos. El del Rey, sin duda, est trazado con alguna
parcialidad en su favor y adornado de una dignidad, contraria  la
verdad histrica; pero si se prescinde de esta circunstancia, por otra
parte muy excusable en un espaol del siglo XVII, en lo dems es obra de
mano maestra. El Prncipe aparece (muy diverso del Don Carlos soado por
la desarreglada fantasa de la poca moderna, aunque ms conforme con
los datos histricos) como un libertino caprichoso y arrogante, como un
tirano de todos sus sbditos, cuya muerte, antes de ceirse la corona,
debe considerarse como una verdadera dicha para Espaa. En la exposicin
de su carcter licencioso se observan muchas ancdotas y rasgos de su
vida, transmitidas, al parecer, por la tradicin, que ha aprovechado el
escritor para derramar nueva y ms interesante luz acerca de la ndole
del ltimo. No nos es posible hacernos cargo de cada una de estas
particularidades, limitndonos slo  indicar el desarrollo de la
accin.

Don Carlos, que se cree cohibido al lado de su padre y esclavizado por
l, y con el auxilio de un flamenco llamado Mons de Monteni, ha formado
el plan de escaparse  Flandes y ponerse al frente de los rebeldes.
Mientras espera ocasin favorable para realizar su propsito, se
abandona  los excesos ms indignos, que ya desde antes le halagaron, y
que han sido la causa principal de la prdida de su salud. Ha concebido
una pasin violenta por la bella Doa Violante; pero sta, prometida 
otro, rechaza con desprecio sus proposiciones, inducindole  emplear la
fuerza para conseguir el logro de sus deseos. Esta bella joven viene por
engao  la habitacin del Prncipe, en la cual, al penetrar en ella, se
ve envuelta sola en la ms profunda obscuridad, puesto que Don Carlos,
por otro motivo, no puede encontrarse  su lado; comienza  temer alguna
asechanza y busca una salida, llena de desesperacin; oye  lo lejos los
ayes inquietos y los suspiros de un moribundo, que aumentan ms su
horror, y por ltimo, consigue escaparse. Poco despus viene el
Prncipe, lisonjendose de encontrar  su amada, y entregarse  sus
apetecidos y risueos devaneos. Despus de varias tentativas
infructuosas se traslada  otra habitacin de Palacio, en la cual cree
ver una forma que, en cuanto las tinieblas lo permiten, se le antoja ser
Doa Violante, y en este momento se presentan criados con antorchas, y
el Prncipe, en vez de encontrarse en presencia de su codiciada beldad,
contempla ante s, ahogado y cadver,  su cmplice Mons de Monteni.
Esta escena es,  la verdad, lo que se llama un golpe teatral; pero
tambin, sin disputa, de extraordinario efecto. El muerto lleva un papel
en la mano, en el cual se expresa la causa de su suplicio, y adems un
aviso para el Prncipe. La ira contenida de Don Carlos se exhala
entonces sin freno; intenta matar al duque de Alba, que le es
profundamente antiptico por el favor que el Rey le dispensa, y su
padre, sin embargo, en vez de mostrarse con l justiciero, lo exhorta y
aconseja blandamente, hasta que al fin se ve obligado  aprisionarlo
para evitar nuevos y mayores delitos. En la crcel, y agobiado por sus
pasiones, se ostenta en toda su plenitud el carcter del Prncipe, y
mientras que, ya arrastrado por la ira, ya por el dolor  el
arrepentimiento, yace en su lecho, se le aparece una figura, que es su
propio retrato, pero con rostro cadavrico, con una corona hecha pedazos
en las manos y profetizndole su prximo fin. Al mismo tiempo se oye un
coro celestial que le anuncia, que la justicia divina lo ha condenado 
perder la vida y el trono, escena, por cierto, de la ms sublime poesa.
Don Carlos se queda como anonadado; el Rey llega corriendo, y asiste 
los ltimos instantes de su hijo,  quien llora con ternura paternal 
pesar de sus extravos.

El drama histrico _La mayor hazaa de Carlos V_, que trata de su
abdicacin y de su vida y muerte en el monasterio de Yuste, en nada es
inferior al ya citado, y comprende escenas, cuya grandeza, cuyo brillo y
esplndido colorido, no fueron nunca superados. Sobresale en este drama
el carcter del Emperador, magistralmente diseado, y junto  l el
retrato seductor, por la verdad y lozana de sus rasgos, del joven Don
Juan de Austria.

Las restantes obras de Enciso, que conocemos, como _El gran duque de
Florencia, Juan Latino_, etc., aunque se distingan por muchas bellezas
anlogas  las mencionadas, no pueden, sin embargo,  nuestro juicio,
compararse con las dos anteriores.

Juan Prez de Montalbn era hijo de un librero de Madrid, en donde naci
en el ao de 1602[62]. Parece que, desde su juventud, fu
particularmente favorecido por Lope de Vega, y que viva en el seno de
su familia como si en realidad perteneciese  ella. La proteccin del
gran poeta hubo, sin duda, de ayudarle mucho, cuando  los diez y siete
aos de edad principi  escribir para el teatro; sus primeros ensayos
fueron alabados, consagrndose  su vocacin con tal celo, que, durante
el espacio comprendido entre 1619 y 1638, se haban representado ya cien
comedias suyas[63]. A los treinta y tres aos entr en el estado
eclesistico, y poco despus fu nombrado notario apostlico de la
Inquisicin. Adems de sus comedias, escribi otras diversas obras,
especialmente una coleccin de novelas, que se leyeron mucho en su
tiempo, y un libro singular, que se titul _El paratodos_, y que era una
miscelnea de cuentos, comedias, autos, tratados morales y religiosos,
etc.[64]. El pblico acoga con el mayor favor casi todas sus obras, y
as lo demuestran las muchas ediciones que se han hecho de ellas, aunque
no por eso se viese libre de disgustos en su carrera literaria,
teniendo adversarios encarnizados, no escasos en nmero, y de notoria y
brillante reputacin. El ms implacable de todos fu el clebre D.
Francisco de Quevedo y Villegas[65], que public un libelo contra el Dr.
Juan Prez de Montalbn, graduado no se sabe en dnde ni en qu
facultad. En l maltrata al pobre doctor sin compasin; dice que vive
con los retazos de las comedias de Lope de Vega, y que se hizo sacerdote
para plagiar en todo  su modelo; que se ha engalanado con el ttulo de
doctor para que lo confundan con Mira de Mescua, y que ha robado una
comedia entera  Villaizn. Califica al _Paratodos_ de galimatas de
todas las cosas posibles, y aade que es menos un libro que un coche que
corre de Alcal  Madrid, en donde viajan apretados unos con otros
gentes de toda edad y condicin. Su censura es an ms sangrienta al
hablar de las dos comedias suyas _De un castigo dos venganzas_ y _El
segundo Sneca_, y de su auto _El polifemo_. A la conclusin de este
escrito, despus de llamarle Sr. Dr. Montalbn, le dice que todos los
hombres son mortales, y que los poetas cmicos, slo por serlo, se
exponen  ver silbadas sus comedias, y cuando en una representacin, en
que hay muchos cambios de decoraciones, salen stas mal por culpa del
tramoyista, el silbado es l y no el poeta. Dcele, adems, que no
califique los silbidos como signo de desagrado, sino, al contrario, como
seal de la alegra de los espectadores, que recibieron  su comedia
como se recibe  los toros en la plaza, aunque el autor, lleno de
confianza en su habilidad para escribir, nunca habra imaginado que
podran escribirse tales comedias taurinas, destinadas  morir entre
gritos, siseos y silbidos. Dice tambin que ya l presinti alguna
desgracia viendo las muchas tablas que se traan para el juego de la
tramoya, hacindole acordarse de las barreras de la plaza, y que el
pblico se consolara al cabo si la representacin de una comedia
terminaba en corrida de toros. Hubiera convenido,  su juicio, que
Montalbn en su comedia no emplease trompeta ni clarines, constndole
perfectamente que con ellas se da la seal para desjarretar al toro. Las
mujeres fueron las primeras que comenzaron  silbar. Los mosqueteros,
excitados por ellas, descargaron tambin sus armas, y por consiguiente,
la comedia muri como un toro, entre siseos y silbidos,  entre
arcabuzazos, como soldado valiente, pareciendo aquello una sublevacin
popular, cuyos caudillos eran mujeres. Concluye exhortndole, no  que
cuide de su salud, sino de su razn, porque esta ltima, despus de tal
fracaso, es la que corre ms peligro.

Nuestro poeta muri en el ao de 1638. Seis meses antes, probablemente 
consecuencia de trabajos excesivos, tuvo la desgracia de perder el
juicio. Su temprana muerte fu muy sentida, y as consta de una
coleccin de elegas, compuestas con este motivo por los ms clebres
poetas espaoles[66].

Montalbn, como dramtico, tuvo mucha fama, y ha sido clebre en Espaa
hasta la poca actual. Esta distincin, de que ha sido objeto, no parece
enteramente justa, si se reflexiona que otros autores de ms mrito han
sido casi olvidados. Los dramas de Montalbn tienen, sin duda, sus
bellezas, pero no suficientes, ni por su importancia ni por su brillo,
para que se le seale el primer rango en este gnero literario.
Participan, es cierto, en ms  en menos de las buenas cualidades,
propias de las obras maestras del perodo ms floreciente del teatro
espaol, pero no se distinguen tampoco por ninguna dote caracterstica
que les sea peculiar. Se echa de menos en ellas una inspiracin potica
enrgica y poderosa, que se apodere del alma y la arrastre consigo sin
hacer resistencia, y el sello victorioso del genio que manda y obliga, y
no aconseja ni persuade. El talento de este autor no era original, ni
vigoroso lo bastante para crearse una esfera de accin, en la cual, como
en territorio suyo, reinase sin obstculos; al contrario, se dejaba
influir, ya de ste, ya del otro motivo, y de aqu que sus escritos
recuerden siempre, y no en ventaja suya, modelos anteriores. Sus obras
no sobresalen por ningn rasgo caracterstico individual, por ninguno, 
lo menos, digno de alabanza, y acaso no se pueda decir de ellas otra
cosa, sino que su propiedad ms notable es la de una locuacidad inspida
 hinchada, por su estilo retrico y ostentoso y por su falta de fondo y
de vida.

El modelo, que se propone imitar casi siempre Montalbn, es
indudablemente Lope de Vega. Ojal lo hubiese hecho siempre con
formalidad y aplicacin! Ojal que, conociendo plenamente las bellezas
de su maestro, hubiera intentado apropirselas! Ojal, por ltimo, que
hubiese trabajado con celo constante y prolijo esmero en perfeccionar
sus facultades personales, y en imprimir en sus obras, con la atencin y
el empeo ms sostenido, esa morbidez y plenitud artstica que Lope de
Vega imprima en las suyas sin pensarlo siquiera! Por desgracia, nada de
esto puede alabarse en Montalbn. Apreciaba, segn parece, el mrito de
su gran maestro ms por la cantidad que por la calidad de sus obras,
juzgando que para alcanzar, siquiera aproximadamente, su fama potica,
haba de rivalizar con l en la velocidad del trabajo. Pero slo era
dado al Monstruo de la Naturaleza el ser  un tiempo polgrafo y poeta
en el sentido ms riguroso de la palabra, porque cualquiera otro que
creyera igualarlo slo podra engendrar verdaderos absurdos dramticos,
en cuyo caso se encuentra Montalbn y la mayor parte de sus obras. Hay,
sin duda, algo suyo con ms ttulos  nuestra estimacin, aunque estos
trabajos, ms meditados y hechos con mayor esmero, son excepcionales, y
seguramente no se comete con l ninguna injusticia cuando se sostiene
que, por lo general, escribe casi siempre  la ligera, sin concentrar en
sus obras todo su empeo y todas sus facultades, y sin sentido alguno de
la perfeccin artstica. El fondo de la mayor parte de sus dramas
adolece de falta de solidez y de riqueza esencial, y consiste en una
serie de escenas diversas que, si bien encadenan la atencin, carecen de
unidad y de objeto, por cuyo motivo la impresin total que hacen en el
nimo es siempre superficial y floja. No hay que hablar, por tanto, de
lo que se llama verdadera composicin potica; cuanto encuentra la pluma
del escritor de comedias en su rpida carrera ocupa lugar en la obra,
sin consideracin alguna  su conveniencia  inconveniencia con el
conjunto. Este defecto es muy grave, y jams podr censurarse como
merece, si se tiene en cuenta la dignidad de la poesa. El ingenio de
Montalbn claudicaba tambin por su escasa energa, y por consiguiente,
era incapaz de infundir animada vida en los objetos  que se aplicaba;
no poda profundizar nada, lo cual, juntamente con su escaso acierto
potico, le impeda elegir, entre los objetos que se le presentaban,
aquellos conceptos que deben llamar exclusivamente la atencin del
poeta, y de aqu que lo trivial y lo insignificante sin belleza valgan
para l lo mismo que sus contrarios, y que, en vez de mostrar ingenio
verdadero y perspicaz, slo nos ofrezca rasgos de frvola y vulgar
agudeza. Estas mismas faltas que sealamos en sus composiciones, se
observan tambin en su estilo pesado, y que se arrastra, al parecer, sin
entonacin ni fuerzas, aunque se esfuerce vanamente en disfrazar ese
defecto de vigor y de fuego propio usando un lenguaje hinchado y lleno
de hojarasca.

Este juicio general, formado por la lectura de ms de treinta comedias
de Montalbn, y sin detenernos  confirmarlo ms prolijamente, basta,
sin duda, para nuestro objeto, no slo por ser siempre harto
desagradable perder el tiempo examinando escritos de poco mrito, sino
tambin porque llamando nuestra atencin otros muchos de valor literario
incomparable, es justo y sensato que le demos la preferencia debida.
Analizaremos, pues, por esta razn las comedias de Montalbn, que, sin
igualar por sus bellezas  las de otros poetas dramticos espaoles
superiores, se distinguen, sin embargo, de las dems, porque parece que
el autor se ha excedido  s mismo,  indicaremos nicamente por su
nombre las menos importantes que, por cualquier causa, sean dignas de
mencin.

En _Los amantes de Teruel_ desenvuelve un argumento, puesto antes en
escena por Andrs Rey de Artieda, y objeto tambin de los trabajos
dramticos de Vicente Surez y de un poeta annimo, segn consta del
tomo II de las comedias de Tirso de Molina. A nuestro parecer es la
mejor la comedia del annimo, cuando se compara con las dems que han
tratado del mismo asunto; pero la ms clebre ha sido la de Montalbn, y
la nica que se ha conservado en el teatro. El suceso, que sirve de
fundamento  estos diversos dramas, ocurri en la ciudad de Teruel, en
Aragn, en tiempo de Carlos V. Don Diego, mancebo noble, pero no rico,
ama tiernamente  Doa Isabel, hija del opulento Don Pedro, y es
correspondido de igual modo por ella; pero tiene por rival  Don
Fernando, protegido por el padre de la doncella, y que cuenta tambin
con el favor de Elena, sobrina de Don Pedro. Esta ama tambin  Don
Diego, y emplea todos sus artificios para apartarlo de su aficin 
Isabel. Diego, despus de muchas vacilaciones, se decide al cabo  pedir
 Don Pedro la mano de su hija; pero es rechazado al principio, si bien
logra al cabo, al expresar su pasin con el mayor calor y elocuencia,
que Don Pedro le prometa que Isabel ser libre por espacio de tres aos
y tres das, y que si durante este plazo consigue hacerse rico, ningn
obstculo se opondr  su deseado enlace con ella.

El noble mancebo entra en el servicio de las armas para buscar fortuna,
bajo las banderas de Carlos V; toma parte en la expedicin  Tnez y en
las guerras de Italia, y aunque hace prodigios de valor, son mal
recompensadas sus hazaas, y la tristeza que le produce esta injusticia,
se aumenta todava por la circunstancia de no recibir noticia ni carta
alguna de su amada. Cuando el plazo de los tres aos est  punto de
espirar, y cuando se dispone  regresar  su patria tan pobre como la
dejara, el mismo Emperador le concede al fin la esperada recompensa.
Isabel, mientras tanto, no ha olvidado  su amante; pero todas las
cartas de ambos han sido sustradas por la traidora Elena. Tan lejos
llega la perfidia de esta ltima, que soborna  un soldado, que ha
venido de Italia, para que difunda el falso rumor de la muerte de Diego.
Fernando, el antiguo pretendiente de Isabel, renueva entonces por este
motivo sus anteriores pretensiones, y aunque ella llora la prdida de su
amante, se ve obligada, al espirar el plazo,  acceder  los deseos de
su padre y  dar su mano  Don Fernando. Celbranse, pues, las bodas, 
pesar de la pena profunda de la desposada. Regresa al mismo tiempo el
que se crea muerto; obstculos insuperables han impedido su vuelta en
la poca oportuna. Su primer entrevista es horrible: Diego, al verse
privado para siempre de su amada, se da la muerte,  Isabel, vencida por
la fuerza de su dolor, cae moribunda al lado del cadver de su primer
amor, diciendo en sus ltimas palabras que slo l es su verdadero
esposo. Estos sucesos son apropiados, por su ndole,  mover el inters
y la compasin,  no desfigurarse y manejarse torpemente, y Montalbn,
en escenas llenas de pasin y de fuego, ha sabido excitar, en grado
supremo, las simpatas del pblico,  cuya circunstancia debe, sin duda,
su comedia la fama de que ha gozado tanto tiempo en el teatro. El plan y
trazos de la misma son, sin embargo, muy defectuosos en el conjunto y
desiguales en sus diversas partes; en el argumento no hay la
concentracin necesaria, y en su estilo se ostentan las faltas, ya
censuradas, de este poeta, no una vez, sino muchas, de una manera
chocante.

_La doncella de labor_ es una comedia de intriga, de invencin no
censurable, aunque, sin duda, se oponga sobremanera  nuestras actuales
ideas acerca de lo que debe ser la verosimilitud. Doa Isabel de
Arellano, joven dama de provincia, ha concebido una viva pasin por Don
Diego de Vargas, sin conocerlo ni tratarlo, y slo de verlo. Con el
objeto de sondearlo y  la vez de averiguar si es digno de su amor y
hombre animoso y resuelto, trama el plan astuto de presentarse  l
fingiendo ser una seora casada, perseguida por su marido celoso, y con
este pretexto penetra, cubierta con un velo, en el domicilio de Don
Diego, cuyo auxilio reclama, suplicndole que, por el momento, le
permita residir libremente en su casa. El noble mancebo accede  sus
deseos al instante, como lo exiga en tales casos el deber de todo
caballero, y le entrega adems las llaves de su casa, llamndole fuera
otras ocupaciones perentorias, con el propsito de demostrarla que puede
mandar en ella como si fuera la duea. Don Diego tiene relaciones
amorosas con otra beldad, de nombre Doa Elvira, con la cual, en la
escena inmediata, celebra una entrevista en el Prado, que, en esta
ocasin, es muy acalorada, y Elvira, en su consecuencia, quiere
acompaar  su casa  su amante; ste se ve, por tanto, en una posicin
embarazosa, acordndose de su huspeda y oponindose con astucia al
proyecto de su adorada, y logrando disuadirla de l y regresar solo  su
casa. Pero apenas ha entrado en ella y hablado algunas palabras con su
protegida, cuando lo sorprende Elvira,  quien su conducta ha infundido
recelos y sospechas; la ltima, al ver  la otra dama, siente y expresa
los celos ms vivos, y excita en el mismo grado los de Isabel. El acto
primero termina con este enredo, que parece ms complicado an por otros
incidentes que omitimos. En el segundo se nos presenta Isabel con un
disfraz extrao, efecto de un plan que ha forjado, de entrar al servicio
de Elvira como costurera, con el fin de ahondar an ms todava la
desunin que ha surgido entre los dos amantes, y al mismo tiempo de
emplear todos los medios posibles en atraer  sus redes  Don Diego.
Apenas ha entrado al servicio de su rival, se le presenta la ocasin
oportuna de ejecutar su proyecto. Don Diego se ha reconciliado otra vez
con Elvira y viene  buscarla para llevarla  su casa, desde la cual
puede ver una procesin solemne que ha de pasar por all. Apenas lo ha
odo Isabel, enva  su doncella  la casa de Don Diego, en donde puede
entrar  cualquier hora teniendo las llaves en su poder, para que,
disfrazada con su velo y haciendo de seora, despierte de nuevo los
celos de Doa Elvira. Su astucia triunfa plenamente, y los dos
enamorados se separan uno de otro llenos de ira. Isabel aprovecha la
coyuntura para aumentar la inclinacin de Don Diego  la tapada con el
velo, y le proporciona una cita con la misma. El desarrollo posterior de
esta comedia, como se adivina fcilmente, consiste en que Doa Isabel
sustituye  su doncella, y se da trazas de enamorar vivamente  Don
Diego, mientras que, por otra parte, lo aleja ms y ms, con sus
intrigas, de Doa Elvira, hasta que al fin logra ver realizados por
completo sus deseos. Menester es, para que no nos choquen tanto las
inverosimilitudes, que, con arreglo  nuestras ideas actuales, se
originan necesariamente de estos disfraces con el velo, sin que los
personajes que lo hacen, sean, sin embargo, conocidos, que no olvidemos
las aventuras  que daba lugar el uso de esta prenda de vestir, y la
habilidad extraordinaria con que la manejaban las damas espaolas cuando
las circunstancias lo exigan.

La comedia de _No hay vida como la honra_ es, seguramente, una de las
mejores de Montalbn. La escribi para defender su reputacin literaria,
despus de haber sido silbada otra obra dramtica suya, y su triunfo fu
tan grande, que se represent muchos das consecutivos en ambos teatros,
obteniendo siempre grandes aplausos. Su escena ms notable es aqulla en
que Don Carlos, cuya cabeza se haba puesto  precio, se entrega
voluntariamente  la justicia para recibir el dinero ofrecido, y librar
de su miseria, por este medio,  su amada esposa.

La comedia titulada _La toquera vizcana_ se distingue por ofrecer
situaciones muy dramticas, y sera digna de grandes elogios si esas
situaciones no fuesen contrarias de todo punto  las reglas ms notorias
de la posibilidad y verosimilitud.

De los restantes trabajos dramticos de Montalbn, dignos de loa, slo
merecen mencin especial los que llevan el ttulo de _Cumplir con su
obligacin_, _Ser prudente y ser sufrido_, _Como  padre y como  Rey_ y
_La ms constante mujer_. Las dems, que conocemos, nos parecen muy
inferiores  las anteriormente citadas. Su Don Carlos (que lleva el
ttulo de _El segundo Sneca de Espaa_, aplicado  Felipe II), no se
puede comparar con la de Enciso. La llamada _De un castigo dos
venganzas_, es la exposicin dramtica de un crimen de homicidio, de
ferocidad y crueldad, repugnante hasta el extremo; el horrible suceso,
que le sirve de base, haba ocurrido en Lisboa el mismo ao que se
present en el teatro. _La puerta Macarena_, en dos partes, se propone
representar la historia trgica de Doa Blanca de Borbn; pero su
extensin es desmesurada y flojo el enlace de su argumento, y el asunto
que se trata no corresponde de ningn modo, en la obra del poeta,  lo
que de l pudiera esperarse. _El divino nazareno Sansn_ y _Palmern de
Oliva_, son dos comedias de espectculo, cuyo principal papel lo
desempea la tramoya de las mquinas.

_El Polifemo_, auto de Montalbn, es tan extrao, que no es posible
pasarlo en silencio. Ulises simboliza en l al Salvador, Polifemo al
Demonio y Galatea al Alma. De los cuatro cclopes, el primero es el
Judasmo, el segundo el Desprecio de Dios, el tercero el Engao  Judas
Iscariote, y el cuarto la Ley natural.




CAPTULO XXV.

     Tirso de Molina[67].--Su Apologa de la Comedia Espaola.--Sus
     obras dramticas en general.


Las poesas que satisfacen y deleitan plenamente por su mrito  cuantos
las conocen, excitan ordinariamente el deseo de conocer, tambin en toda
su extensin, la vida de su autor. As sucede con las comedias que han
llegado hasta nosotros con el nombre de Tirso de Molina; pero, por
desgracia, son muy escasas las noticias biogrficas que se han
conservado del gran poeta, autor de trabajos tan admirables. Su nombre
verdadero era el de Gabriel Tllez, y Madrid el lugar de su nacimiento.
Hasta el ao de 1620 no hay dato alguno que revele su existencia, aunque
se sepa que hacia ese tiempo, y ya de edad de cincuenta aos, era
fraile en Madrid del convento de la Merced. Hubo, pues, de nacer, con
arreglo  esa indicacin, hacia 1570, y por tanto, era de alguna menos
edad que Lope de Vega. Desempe en su Orden los cargos ms importantes;
fu su cronista en Castilla la Nueva; doctor en Teologa, y, por ltimo,
en 1645, prior del convento de Soria, y como tal debi morir en 1648, 
la edad de setenta y ocho aos.

Los asuntos,  que hubo de atender en el desempeo de su cargo monacal,
no le impidieron escribir numerosas obras literarias; pero su fecundidad
fu mucho mayor en el gnero dramtico, y en esa parte slo conoce por
rival  Lope de Vega. Ya en el ao 1621[68] haba compuesto 300, y sin
duda no permaneci ocioso en los restantes veintisiete aos de su vida,
aunque proporcionalmente slo pocas hayan llegado hasta nosotros. La
coleccin de sus comedias comprende 59, si bien slo 51, como despus
veremos, son realmente suyas; hay otras 14 sueltas y tres en _Los
Cigarrales de Toledo_; adems poseemos algunos entremeses y autos
sacramentales de su pluma[69]. Sin embargo, si se hicieran
investigaciones minuciosas, se encontraran de seguro algunas obras
suyas que se tienen por perdidas, ya manuscritas, ya en impresiones
antiguas, y la recompensa valdra sin disputa el trabajo empleado en
buscarlas.

Pero antes de examinar detenidamente las obras poticas de Tirso,
copiaremos aqu algunos prrafos de sus _Cigarrales de Toledo_, en los
cuales defiende una de sus comedias (_El vergonzoso en Palacio_), y
expone con esta ocasin todo su sistema dramtico. Supone que esa
comedia se ha representado ante una sociedad poco numerosa. Al terminar
la representacin, los espectadores se comunican sus ideas y los juicios
que han formado de la obra.

Los prrafos citados dicen lo siguiente:

Con la apacible suspension de la referida comedia, la propiedad de los
recitantes, las galas de las personas y la diversidad de sucesos, se les
hizo el tiempo tan corto, que con haberse gastado cerca de tres horas,
no hallaron otra falta, sino la brevedad de su discurso. Esto, en los
oyentes desapasionados, y que asistan all, ms para recrear el alma
con el potico entretenimiento, que para censurarle. Que los znganos de
la miel, que ellos no saben labrar, y hurtan  las artificiosas abejas,
no pudieron dexar de hacer de las suyas, y con murmuradores cencerros
picar en los deleitosos panales del ingenio. Quin dixo que era
demasiadamente larga, y quin impropria. Pedante hubo historial, que
afirm merecer castigo el poeta, que contra la verdad de los anales
portugueses, ava hecho pastor al Duque de Coimbra Don Pedro: siendo as
que muri en una batalla, que el Rey D. Alonso su sobrino le di, sin
que le quedasse hijo sucessor, en ofensa de la casa de Avero, y su gran
Duque, cuyas hijas pint tan desembueltas, que contra las leyes de su
honestidad, hicieron teatro de su poco recato la inmunidad de su jardin,
como si la licencia de Apolo se estrechasse  la recoleccion histrica,
y pudiese fabricar sobre cimientos de personas verdaderas, arquitecturas
del ingenio fingidas. No faltaron protectores del ausente Poeta, que
volviendo por su honra, concluyessen los argumentos Zoylos (si pueden
entendimientos contumaces, Narcisos de sus mismos pareceres y descritos
mas por las censuras que dan en los trabajos agenos, que por lo que se
desvela en los propios convencerle). Entre los muchos desaciertos (dixo
un presumido natural de Toledo, que le negara la filiacion de buena
gana, sino fuera porque entre tantos hijos sabios y bien intencionados
que ilustran su benigno clima no era mucho saliese un aborto malicioso)
el que me acaba la paciencia es ver quan licenciosamente sali el Poeta
de los lmites y leyes, con que los primeros inventores de la comedia
dieron ingenioso principio  este poema, pues siendo as que este ha de
ser una accion cuyo principio medio y fin acaezca lo ms largo en veinte
y quatro horas sin movernos de un lugar, nos ha encaxado mes y medio por
lo menos de sucessos amorosos. Pues aun en este trmino parece imposible
pudiesse disponerse una dama ilustre y discreta  querer tan ciegamente
 un pastor, hacerle su secretario, declararle por enigmas su voluntad y
ultimamente arriesgar su fama  la arrojada determinacion de un hombre
tan humilde, que en la opinion de entrambos, el mayor blason de su
linage eran unas abarcas, su solar una cabaa, y sus vasallos un pobre
hato de cabras y bueyes.

Dejo de impugnar la ignorancia de Doa Serafina pintada en lo demas tan
avisada, que enamorandose de su mismo retrato sin ms certidumbre de su
original, que lo que don Antonio la dixo, se dispusiesse  una baxeza
indigna aun de la mas plebeya hermosura, como fue admitir escusas, 
quien pudiera con la luz de una vela dexar castigado y corrido. Fuera de
que no se yo porque ha de tener nombre de Comedia, la que introduze sus
personas entre Duques y Condes, siendo asi que las que ms graves se
permiten semejantes acciones, no pasan de Ciudadanos, Patricios y damas
de mediana condicion.

Iva  proseguir el malicioso arguyente, quando atajandole don Alexo le
respondio. Poca razon aveis tenido, pues, fuera de la obligacion en que
pone la cortesia,  no dezir mal el combidado de los platos que le ponen
delante, por mal sazonados que esten en menosprecio del que combida. La
Comedia presente ha guardado las leyes de lo que aora se usa: y  mi
parecer (conformandome de los que sin pasion sienten) el lugar que
merecen las que aora se representan en nuestra Espaa comparadas con las
antiguas, les haze conocidas ventajas, aunque vayan contra el instituto
primero de sus inventores. Porque si aquellos establecieron que una
comedia no representasse, sino la accion que moralmente puede suceder en
veinte y quatro horas, quanto mayor inconveniente sera, que en tan breve
tiempo un galan discreto se enamore de una dama cuerda, la solicite,
regale, y festege, y que sin passarse un dia, la obligue y disponga de
suerte sus amores, que comenando  pretenderla por la maana, se case
con ella  la noche? Que lugar tiene para fundar zelos, encarecer
desesperaciones, consolarse con esperanas y pintar los demas afectos y
accidentes, sin los cuales el amor no es de ninguna estima? Ni como se
podra preciar un amante de firme y leal, si no passan algunos dias,
meses y aun aos, en que le haga prueva de su constancia? Estos
inconvenientes, mayores son en el juyzio de qualquier mediano
entendimiento que el que se sigue, de que los oyentes sin levantarse de
un lugar, vean, y oygan cosas sucedidas en muchos dias: pues ansi como
el que lee una historia en breves planas, sin passar muchas horas, se
informa de casos sucedidos en largos tiempos y distintos lugares, la
comedia, que es una imagen y representacion de su argumento, es fuerza
que quando le toma de los sucessos de dos amantes retrate al vivo lo que
les pudo acaecer, y no siendo esto verisimil en un dia, tiene obligacion
de fingir passan los necessarios para que la tal accion sea perfeta que
no en vano se llamo la Poesia pintura viva, pues imitando a la muerta
est en el breve espacio de vara y media de lieno pintado lexos, y
distancias que persuaden  la vista  lo que significa, y no es justo
que se niegue la licencia que conceden al pincel,  la pluma, siendo
esta tanto mas significativa que essotro quanto se dexa mejor entender
el que habla articulando silabas en nuestro idioma, que el que siendo
mudo explica por seas sus conceptos. Y si me arguis que  los primeros
inventores devemos los que professamos sus facultades, guardar sus
preceptos, pena de ser tenidos por ambiciosos y poco agradecidos  la
luz que nos dieron para proseguir sus habilidades, os respondo que
aunque  los tales se les deve la veneracion de aver salido con la
dificultad que tienen todas las cosas en sus principios, con todo esso
es cierto, que aadiendo perfecciones  su invencion (cosa puesto que
facil, necesaria) es fuerza que quedandose la sustancia en pie, se
muden los accidentes, mejorandolos con la experiencia. Bueno seria que
por que el primero musico saco de la consonancia de los martillos en la
yunque, la diferencia de los agudos y graves y la armonia mussica,
huviessen los que agora la professan de andar cargados de los
instrumentos de Vulcano, y mereciessen castigo en vez de alabana, los
que  la harpa fueron aadiendo cuerdas y vituperando lo superfluo 
inutil de la antiguedad la dexaron en la perfeccion que agora vemos.
Esta diferencia ay de la naturaleza al arte que lo que aquella desde su
creacion constituy no se puede variar, y asi siempre el peral produzira
peras, y la encina su grossero fruto y con todo esto la diversidad del
terruo y la diferente influencia del cielo y clima  que estn sugetos,
las saca muchas vezes de su misma especie y casi constituye en otras
diversas. Pues si hemos de dar credito  Antonio de Lebrixa en el
prologo de su vocabulario, no crio Dios al principio del mundo, sino una
sola especie de melones, de quien han salido tantas y entre si tan
diversas como se ve en las calabaas pepinos y cohombros, que todos
tuvieron en sus principios una misma produccion, fuera de que ya que no
en todo pueda variar estas cosas el hortelano,  lo menos en parte
(mediando la industria del ingerir) de dos diversas especies compone
una tercera, como se ve en el durazno que engerto en el membrillo
produce el melocoton, en que hazen parentesco lo dorado y agrio de lo
uno con lo dulce y encarnado de lo otro.

El pasaje copiado contiene, sin duda alguna, la apologa ms ingeniosa y
elocuente del teatro nacional, que en Espaa, en donde la prctica ha
sido tan superior  la teora, rein como soberano, y al mismo tiempo
una rplica satisfactoria  los ataques de Figueroa, de Villegas y de
otros clsicos.

Dejemos ahora los principios tericos de Tirso, y ocupmonos en el
examen de sus obras dramticas. Ya hemos dicho, que, de stas, ni aun la
cuarta parte se conserva. Pero si bien es de deplorar que hayan
desaparecido tantas obras de un poeta tan distinguido como ste, sin
embargo, en las que nos quedan encontramos bellezas de primer orden, que
exceden en mucho  las de otros poetas famosos inferiores, y sobradas,
no obstante, para que nos llene de admiracin su inventiva inagotable; y
es tal su fecundidad y son tan distintas unas de otras, que
clasificarlas y caracterizarlas es ya por s trabajo arduo. Tirso es
como un encantador, que sabe tomar las formas ms opuestas. Cuando
creemos conocer perfectamente los rasgos de su fisonoma, nos muestra en
seguida otros completamente diversos. Son tan ricos los brillantes
colores de su poesa, que se burlan de todos los esfuerzos posibles para
expresarlos y reproducirlos debidamente. No es menor, por tanto, la
tarea que ha de proponerse el crtico, porque hasta sus faltas aisladas,
que no se puede menos de conocer y confesar, se hallan revestidas de tan
deslumbrador colorido potico, que se necesita hacer verdaderos
prodigios de calma y reflexin para no hablar de ellos como lo haramos
cuando nos arrastra ciegamente la admiracin ms exagerada. El teatro de
Tirso se puede comparar  esos pases maravillosos que describen los
poetas romnticos, en donde las brisas ms perfumadas y la msica ms
atractiva encadenan el corazn y los sentidos del caminante; en donde
millares de sendas que se cruzan, le llevan ya  jardines soberbios, ya
 valles risueos, ya  abismos insondables que dan vrtigos, al lado de
altsimas montaas que se pierden en las nubes; en donde se oyen las
voces burlonas de los duendes que salen de las cavernas, y vuelan los
genios por el aire, y en donde el brillante cielo de la poesa ilumina
con su luz seductora hasta las encrucijadas engaosas y las sendas no
holladas. Y,  la verdad, muy fro y sin alma ha de ser el crtico, que
no sienta el deseo de abandonarse por completo y sin obstculo al goce
de estas bellas poesas,  insensible ha de ser quien no comprenda, que
lo declarado defectuoso por reglas y principios de estereotipia, puede
llegar, como parte esencial de un organismo superior y como produccin
de un genio potico de primer orden,  una excelencia relativa.

Intentemos, sin embargo, dar una idea clara del fondo y de la forma de
estas obras originales, mencionando y examinando las ms perfectas;
guardmonos, no obstante, de aplicarles la terminologa usada en tales
casos, porque hasta para enumerarlas sera inservible. La mayor parte de
las obras de Tirso pertenecen al gnero cmico, y aunque algunas
pudieran clasificarse entre las comedias de intriga, no se encuentra
para otras nombre alguno adecuado,  no ser que se apliquen tantos
diversos cuantas son ellas. El general de _comedia_, por esa misma
generalidad, puede bastar para el objeto. Estas comedias son las ms
seductoras que se han escrito jams; pero el que slo conoce lo que
entre nosotros se distingue con ese nombre, con mucha dificultad podr
formar una idea completa de las de Tirso, siendo tan inmenso el abismo
que las separa.

Aunque todas las comedias espaolas de aquella poca se parezcan en su
forma exterior; aunque sean comunes  todas ciertos giros y expresiones,
las bellezas y el ingenio en su objeto y desarrollo, su brillante
manera de exponer y su lenguaje potico, y que las de Tirso de Molina,
en todas estas cualidades, y ms en las ltimas, sobresalgan
singularmente, su genio es tan original, que ha impreso en ellas hasta
en su forma externa un sello especial, que las distingue de todas por
completo. Llama la atencin, desde luego, su inimitable maestra en
cuanto se refiere  la diccin y versificacin. Ningn otro poeta ha
conocido y manejado su lengua con tanto bro y desenvoltura; Tirso hace
de ella lo que pudiera hacerse de una tela, con la cual se revistiesen
las formas dems extraas; juega, sin ser frvolo, bajo todas sus formas
y combinaciones; la aplica  expresar bellezas siempre nuevas 
inesperadas, y se burla de una manera tan asombrosa de las dificultades
de la rima, que parece ser el soberano desptico del magnfico idioma
castellano. Aunque el fondo, envuelto en estas soberbias vestiduras,
fuese menos rico de lo que es, sera imposible dejar de admirar  ese
artista de la palabra, que, dominando siempre y dirigiendo el reino de
la harmona, nos arrastra en las olas de su maravillosa diccin al
imperio de una msica perpetua y agradable. Y, sin embargo, es siempre
natural cuando escribe, y se mantiene siempre libre del culteranismo y
de la afectacin hinchada, que invada poco  poco la literatura.

Otro de los rasgos caractersticos ms notables de estas comedias, es su
fina stira, rayando en insolencia, que se manifiesta ya aisladamente,
ya en la composicin de todo el conjunto. Pero cun diversa es la
agudeza, siempre potica, de Tirso, de las fras creaciones, que se
califican as entre nosotros! Como discurren las abejas por un jardn de
rosas, vuela l de flor en flor libando el nctar de la ms pura poesa;
lleva tambin aguijn como ellas, pero lleva tambin su miel. No perdona
al cielo ni  la tierra, pero el suave blsamo de su poesa sana tambin
las heridas que hace. La osada de sus ataques contra los potentados de
la tierra, contra la corte y los cortesanos, contra clrigos y frailes,
es un fenmeno inslito en la literatura espaola, sorprendindonos
sobremanera esa libertad que reinaba en el teatro, y esas stiras de
Tirso en una poca en que el poder de la Inquisicin se encontraba en su
apogeo. Nuestra admiracin se aumenta sobremanera cuando reflexionamos
que su autor ocupaba una posicin importante en el estado eclesistico.
Sin embargo,  pesar de su atrevimiento, estos rasgos epigramticos se
presentan con tanta benevolencia y en versos tan harmoniosos, bajo un
velo tan bello de irona, y con galas tan seductoras, que hasta los
atacados por ellos no pueden menos de reirse tambin al oir las palabras
del hermano de la Merced.

De lo expuesto se puede deducir, naturalmente, que los papeles del
gracioso en Tirso se distinguen de todos los dems por su riqueza; y as
es, en efecto, porque este tipo dramtico aventaja en sus comedias 
todas las dems de la misma clase del teatro espaol: su carcter, sus
ocurrencias, las situaciones cmicas en que los presenta, descubren una
gracia incomparable, y rara vez descienden de la regin de la fina burla
tica  la de groseras bufonadas. Este papel no se presenta en sus obras
tan fijo  igual  s mismo, como en la de otros muchos dramticos de su
tiempo, sino variando en ellas y ofrecindonos rasgos distintos. Y es
tanto ms extraa esta excelencia del poeta, y ms digna de nuestra
admiracin, cuanto que en todas sus obras introduce este papel, y
conformndose con la costumbre general seguida en su poca, aunque se
oponga, ms bien que favorezca,  su plan dramtico, como, por ejemplo,
en _Amar por razn de estado_.

La inclinacin de Tirso  la stira se ostenta hasta en los ttulos de
sus comedias, llamando  algunas de ellas _comedias sin fama_, para
burlarse de los empresarios de teatros y de los libreros, que
apellidaban famosas hasta  las de los autores ms inferiores.

Este poeta lleva  veces tan lejos su atrevimiento, que no slo lo
manifiesta en el desarrollo del plan de sus obras dramticas, sino que
va tan lejos, que al parecer se burla de la poesa, del pblico y hasta
de s mismo. Distinguase, como pocos, por la facilidad de sus
invenciones ingeniosas y originales; y en algunas de sus obras, siempre
calculando su efecto con la mayor habilidad, hace gala de esa prenda
poco comn, desde el principio de la accin hasta su trmino. Pero no es
raro tampoco que, cuando desarrolla un plan dramtico, con su accin
dirigida  un fin determinado, se le antoja de repente abandonarlo y
destruir por completo con sus manos lo mismo que haba edificado.
Burlando burlando desgarra l mismo su obra; se deplora que as lo haga,
pero con un pincel potico, que se asemeja  una varita mgica, evoca en
un instante  nuestra vista un nuevo edificio ms bello que el anterior;
nos arrebata en sus escenas, ms seductoras la una que la otra, y de
placer en placer y de sorpresa en sorpresa, nos obliga, contra nuestra
voluntad, en vez de irritarnos contra l,  agradecerle el goce que nos
proporciona. La verosimilitud, por tanto, no le preocupa, por regla
general, y hasta se mofa de ella, ofrecindonos escenas inesperadas que
forja  su capricho, y levantando en los aires, como extraas
combinaciones de nubes, las creaciones ms singulares; pero exorna lo
que inventa con una luz tan brillante y tan agradable; son tan
sorprendentes y tan atractivas las situaciones de sus personajes, y es
tanta la gracia que brilla en el conjunto de sus composiciones, que nos
arrebata  nuestro pesar, nos deslumbra con tantas bellezas y no nos
deja tiempo para averiguar cmo y por qu hace todo esto, limitndonos 
sentir el placer que excita en nosotros, de vernos tan ingeniosamente
engaados. Tirso es un encantador, que puede forzarnos  creer hasta lo
increible, porque antes que nos sea dado reflexionar en lo que hacemos,
nos vemos envueltos en sus mgicas redes y transportados  los
maravillosos paisajes de su original poesa.

En el trazado de sus caracteres se observa, en parte, la misma libertad.
No es esto decir que le falte la capacidad de disearlos con mano
segura, y desarrollarlos despus en todo el curso de su obra; al
contrario, en _Marta la piadosa_, en _Amor y celos hacen discretos_, por
ejemplo, nos demuestra que es acabado maestro en esta materia, as como
se encuentran tambin en todas sus comedias pruebas aisladas de la
profundidad de sus observaciones psicolgicas y de su conocimiento
perfecto de lo ms ntimo del alma humana, aunque su predileccin
innegable por las situaciones interesantes y por lo sorprendente, lo
arrastran con frecuencia  no motivarlo como debe, teniendo en cuenta
los actos de sus personajes. De aqu que stos hablen  veces de manera
que, agrandndonos y aun deslumbrndonos, no convenga, sin embargo, por
completo al carcter especial de los interlocutores.

D. Agustn Durn ha puesto de relieve, con su penetracin acostumbrada,
uno de los rasgos originales de este autor en el trazado de caracteres:

Los hombres de Tirso--dice en el prlogo  sus comedias de la
Biblioteca de Autores Espaoles de Rivadeneyra,--son siempre tmidos,
dbiles y juguete del bello sexo, en tanto que caracteriza  las mujeres
como resueltas, intrigantes y fogosas en todas las pasiones, que se
fundan en el orgullo y la vanidad. Parece,  primera vista, que su
intento ha sido contrastar la frialdad  irresolucin de los unos, con
la vehemencia, constancia y aun obstinacin que atribuy  las otras en
el arte de seguir una intriga, sin perdonar medio alguno, por impropio
que sea.

Esto es decir demasiado, si se refiere  todas las comedias de Tirso,
que  veces nos presentan mujeres dbiles y hombres de carcter
enrgico; pero no puede negarse que es exacto este juicio, aplicado  la
mayora de sus obras dramticas, y que demuestra cules eran las ideas
particulares de este poeta, en general, acerca de los caracteres
esenciales y distintivos del sexo masculino y femenino.

 esta observacin hay que aadir otra acerca del carcter moral de
estas producciones literarias. Lo mismo desconoce Tirso los escrpulos
poticos que los morales. Todos los poetas dramticos espaoles han
trazado intrigas amorosas no morales, que  veces degeneran hasta la
licencia; se puede asegurar que, como nunca se propone explicar
lecciones de moral, sino slo representar las costumbres de su tiempo,
sin aprobarlas ni censurarlas, se limita slo  satisfacer el agrado que
resulta de sus cuadros, cuidndose muy poco, en lo general, de la
moralidad  inmoralidad de los mismos. En un drama de Antonio Enrquez
Gmez, titulado _Engaar para reinar_, se desenvuelve la mxima de que,
para la consecucin del poder, son lcitas las intrigas y engaos ms
groseros, pareciendo deducirse la consecuencia peligrosa de que, para la
satisfaccin de las pasiones, no ya slo del amor, sino tambin de los
celos y de la venganza, todos los medios son buenos; pero en cuanto al
amor, es preciso confesar que, por lo comn, se considera como un afecto
ferviente, no como un capricho frvolo. Nuestro poeta, pues, sobrepuja
en libertad  todos los dems al hacer descripciones de esta ndole. Sin
embargo, nunca es grosero ni indecente, y hasta en sus dilogos ms
libres y sus escenas ms chocantes aparecen revestidas siempre de las
galas ms bellas de la poesa, porque sabe presentar los hechos ms
dudosos en punto  moralidad, con la sencillez ms encantadora y con el
candor ms ingenuo. No obstante, es preciso convenir en que levanta con
harta frecuencia el velo, que debiera encubrirlos, y que ofrece
situaciones de tal ndole en la escena, que valiera ms omitirlas. Acaso
no haya diferencia ms caracterstica entre nuestro siglo y el de Tirso,
que las relativas  las ideas sobre moralidad, predominantes en cada uno
de ellos. Pero lo cierto es que los contemporneos del poeta no se
escandalizaban de asistir  la representacin de sus obras; que el mismo
autor perteneca  una orden monacal; que profesaba principios rgidos y
severos; que exista una censura vigilante,  cuyo examen se sometan
todos los escritos que haban de darse  la prensa, y que el cargo de
censor estuvo siempre desempeado por eclesisticos, por lo cual no
puede menos de sorprendernos, al leer en una de las licencias expedidas
para la publicacin de las obras de Tirso de Molina, que nada se
contiene en ellas que se oponga  las buenas costumbres ni comprendan
ningn ejemplo pernicioso para la enseanza de la juventud. Es de
presumir,  pesar de esto, que algunos escrpulos hubo de sentir el
poeta fraile, all en los repliegues de su conciencia, cuando slo con
nombre fingido permiti que circulasen sus comedias, publicando otras
muchas obras suyas con el verdadero.

Conviene tener presente, sin embargo, que la crtica indicada slo es
aplicable  un nmero proporcionalmente reducido de las comedias de
Tirso, y que la mayor parte de ellas estn libres de ese defecto.




CAPTULO XXVI.

     Crtica particular de las obras dramticas ms notables de Tirso.


Hay ciertas creaciones suyas en las cuales parece recrearse de
preferencia, por la repeticin con que se muestran en sus obras.
Doncellas, por ejemplo, que se disfrazan con traje de hombres para
vengarse de amantes infieles y para indisponerlos con sus rivales, se
reproducen en muchas.

La ms notable de las que desenvuelven este tema es,  nuestro juicio,
la que lleva el ttulo de _Don Gil de las calzas verdes_, una de sus ms
famosas comedias, que hasta ahora se ha mantenido en el teatro espaol
con el mayor aplauso de los espectadores de todas las pocas, y lo mismo
se observa en _El amor mdico_, en _La huerta de Juan Fernndez_ y en
alguna otra. Agrdale tambin presentar cortes extranjeras en la escena
para el desarrollo de sus intrigas dramticas, y un aventurero espaol,
rival de diversos prncipes que pretenden la mano de alguna princesa, el
cual, despus de los sucesos ms interesantes, sin duda por ser
compatricio del poeta, logra siempre al cabo la victoria. Muchas veces
sus personajes, que pertenecen  la clase ms elevada de la sociedad, se
ven contrapuestos  los de las ms bajas de la misma, resultando, del
contraste que forman las costumbres cortesanas con las rsticas 
populares, situaciones divertidas con extremo, que el poeta aprovecha
para su objeto con su ordinario ingenio, formando las delicias del
pblico. En ocasiones traslada  la corte  campesinos y explota el
contraste de sus hbitos antiguos con los nuevos modales, que intentan
adoptar, convirtindolos en fuente inagotable de las ms ingeniosas y
agradables ocurrencias. En otras, personajes del ms alto rango, ya
disgustados de la monotona de la vida cortesana, ya por otras causas,
viven entre labradores  pastores, vestidos como ellos, y cuando la
casualidad los reune con otros cortesanos, aprovechan su disfraz para
mostrar la ms fina irona y hacer las observaciones ms mordaces contra
la libertad de los habitantes de las aldeas y su candor aparente. El
talento de Tirso es tambin incomparable para el idilio en toda su
pureza, sin adicin alguna satrica, y nunca pierde la ocasin de
hacerlo brillar en todo su esplendor. No se crea, sin embargo, que sus
trabajos de esta ndole son tan inspidos y frvolos como otros de ese
gnero, populares entonces en toda Europa, porque pinta la vida y
aficiones de los campesinos espaoles con la ms seductora sencillez,
con pinceladas vigorosas  inimitables, infundindoles vida y carcter
real. Slo Lope de Vega es su rival en esta parte.

Ya hemos mencionado algunas de las mejores comedias de Tirso; pero nos
falta indicar lo que,  nuestro juicio, sobresale ms y merece llamar
preferentemente la atencin entre sus innumerables obras dramticas, y
exponer concisamente el argumento de algunas,  fin de conocer la esfera
en que giran sus invenciones y en que ms se distingue de los dems
poetas. As formaremos una idea exacta, y en lo posible metdica, de su
carcter y cualidades. No dejaremos de confesar que nuestro propsito,
tratndose de Tirso, tropieza con graves dificultades, en cuanto se
propone imprimir orden en nuestro juicio sobre sus obras, y con tanta
mayor razn, cuanto que el trazado  exposicin de sus argumentos
dramticos slo puede dar una idea muy incompleta del conjunto de cada
una de sus comedias; y si lo hacemos as, es porque no hay otro medio
ms adecuado al alcance de quien escribe la historia de la poesa de
presentar  los lectores de su obra las cualidades caractersticas de
cualquier poeta, y  la vez el conocimiento concreto y detallado de sus
escritos. Repetimos, pues, la advertencia, que ha de tenerse muy
presente, de que el mrito singular de los dramas de Tirso no se
encuentra ni en el arte con que est trazado su plan, ni en el arreglo
ni unidad del conjunto, sino en la variedad y en el inters de las
situaciones, en el vigor y la vida de los caracteres, en el colorido
seductor de sus imgenes, en la agudeza inimitable de su ingenio y en el
brillo de su diccin potica; que, por tanto, al exponer el argumento de
cada uno de ellos, apenas se ve otra cosa que una especie de _caput
mortuum_, y que sus defectos, en esta forma, son ms aparentes que sus
excelencias.

_La villana de la Sagra_ comienza en una posada: dos criados se
entretienen en la antesala jugando  las cartas, mientras sus seores,
en la habitacin contigua, hacen lo mismo. Las bromas de los dos
bribones,  costa de sus amos, son muy divertidas; pero pronto pasan de
las burlas  las veras, se acaloran, y el uno da un bofetn al otro. En
el mismo instante se presentan tambin sus amos disputando vivamente,
sacan las espadas, y Don Luis mata  Don Juan, huyendo en seguida de la
posada para escapar de la justicia. Despus se nos presenta en la escena
Doa Ins, la hermana del matador, que se ve perseguida por los ruegos
amorosos importunos de un hermano del muerto,  quien anuncia que se
abstenga en lo sucesivo de visitarla en el instante mismo, en que recibe
la noticia del homicidio y huida de Don Luis; y como se considera por
esta causa sin protector contra las asechanzas y pretensiones de un
amante odioso, resuelve, sin demora, disfrazarse de hombre y reunirse
con el fugitivo.

En la escena inmediata, no ya en Santiago, sino en Toledo, Don Pedro,
joven galn, persigue en la calle  Anglica, seductora doncella
toledana,  intenta acercarse  ella dirigindole frases amorosas; pero
es rechazado con desprecio. El fogoso y apasionado mancebo, fuera de s
por los desdenes de la Anglica, resuelve, en su pasin, realizar  la
fuerza su deseo sin contemplaciones de ningn gnero. Ofrcele la
ocasin ms favorable para saciar su apetito la fiesta de San Roque, que
se celebra en la noche de aquel da en las inmediaciones de Toledo, esto
es, en lo que se llama propiamente la Sagra. Las escenas siguientes
representan esta fiesta, descritas con la ms viva y brillante poesa.
Los asistentes  ella se abandonan sin reserva  sus danzas y cantos,
sin aprensin ni temor alguno, cuando de repente se presenta armado Don
Pedro y roba  la bella Anglica. El fugitivo Don Luis llega tambin al
mismo paraje, despus de consumado el rapto. La narracin del delito lo
indigna sobremanera, corre en busca del raptor, lo alcanza, y liberta 
la robada.

En el acto segundo aparece Doa Ins, vestida de hombre, en el camino de
Toledo,  donde ella cree que ha hudo su hermano, por residir en esa
ciudad un pariente de ambos. Ve acercarse dos caminantes, y conoce que
son su hermano y su criado. Don Luis, en efecto, haba estado en Toledo;
pero habiendo muerto su to, haba tomado la resolucin de escapar  sus
perseguidores disfrazndose en traje ms humilde, y entrando al servicio
del padre de la doncella,  quien haba arrancado de manos del raptor.
Ins lo sorprende hablando con su criado, mientras declara su pasin por
la bella Anglica, por cuya causa, ya para estar  su lado sin estorbos,
ya avergonzada de su disfraz, determina no darse  conocer de l, sino,
al contrario, en cuanto le sea posible, permanecer como desconocida
cerca de su domicilio. Se encamina, por tanto,  la aldea de la Sagra, y
entra como paje en la servidumbre de Don Pedro, atrado tambin al
mismo paraje por su amor  la bella Anglica. ste, arrepentido entonces
de su reciente atentado, pretende honrosamente  la seductora villana, y
cuenta con la aquiescencia de su padre, el ms rico personaje de la
aldea; pero Anglica no quiere oir hablar de l, enamorada ardientemente
de su libertador,  pesar de haberle visto tan  la ligera, que apenas
recuerda sus facciones. Mientras ella se abandona sin freno  su
inclinacin, presntase Don Luis, humildemente vestido; pretexta ser
antiguo criado de su salvador, y le ruega que, por su intercesin, lo
admita su padre en el nmero de sus servidores. El enredo y las
complicaciones  que dan lugar estos hechos, son tales y tan grandes,
que es imposible referirlos. Sin embargo, en lo ms substancial se
reducen  lo siguiente: Anglica, en la apariencia, se muestra dispuesta
 obedecer la voluntad de su padre, y manifiesta  Don Pedro cierta
inclinacin, porque espera de este modo, ms bien que resistindose
directa y abiertamente, impedir su odioso matrimonio. Don Luis, mientras
tanto, jardinero en la casa de la villana, prosigue la ejecucin de su
proyecto, ya trayndole cartas amorosas de su pretendido seor, ya
acercndose, como tal y sin disfraz,  las rejas de Anglica, y
entablando con ella tiernos dilogos amorosos. En el huerto, en donde
se consagra especialmente al cuidado de las colmenas, tiene con ella
frecuentes entrevistas, y asiste tambin  las que celebra con su
pretendiente Don Pedro. Como le consta que es fingida la inclinacin que
Anglica muestra  su pretendiente aprobado, no siente celos algunos,
sino que, al contrario, se burla del pobre engaado, ya entonando
alegres cnticos que expresan su propia dicha, ya mofndose de su
burlado rival, ya interrumpiendo los amorosos dilogos de los dos
amantes con la intervencin de un enjambre de abejas que lanza entre
ambos, y hasta golpeando  Don Pedro, so pretexto de librarlo de la
picadura de una de ellas. Estas escenas son de una gracia pastoril
inimitable, por su mezcla de ternura y entusiasmo, y por la irona y la
libertad potica que las distingue.--La comedia termina de esta manera:
Anglica averigua que Don Luis y su pretendido criado son una misma
persona. Ins, empleada como paje de Don Pedro para llevar mensajes
amorosos, es traidora  su seor al desempear su encargo, y hace lo
posible por favorecer  su hermano, y se descubre  l, puesto que antes
no la haba reconocido. Anglica llega en el momento en que los dos
hermanos se abrazan estrechamente, y siente rabiosos celos creyendo
infiel  su amante. Determina, para vengarse, dar su mano  Don Pedro,
y Don Luis, al saberlo, como Orlando, por Anglica, se vuelve loco; pero
felizmente todo se arregla al cabo con felicidad, puesto que Don Pedro
es obligado por su padre  celebrar otro casamiento, aunque esto no se
justifique con razones slidas, y Anglica, averiguado su error, se casa
con su constante y enamorado pretendiente.

_La villana de Vallecas_ (asunto tratado despus, primero por Moreto en
_La ocasin hace al ladrn_, y ms tarde por D. Dionisio Sols), nos
sorprende por su complicada y animada intriga, y se ha conservado hasta
hoy en la escena espaola, entre las obras ms aplaudidas. El capitn
Don Gabriel de Herrera tiene relaciones amorosas con Doa Violante,
valenciana distinguida,  la que abandona despus por encaminarse 
Madrid  solicitar el perdn del Rey, por haber matado  otro en un
desafo mientras vivi en Flandes. Para hacer este viaje toma el nombre
de Don Pedro de Mendoza; un concurso singular de sucesos lo lleva  una
posada prxima  Madrid, en donde conoce  un caballero, llegado de
Mjico, que realmente lleva el mismo nombre, y otra casualidad hace
tambin que, por una mala inteligencia de los criados, se cambien los
dos cofres de Don Gabriel y del mejicano. El verdadero Don Pedro no
puede, pues, identificar su persona,  lo cual contribuye la existencia
de pruebas de haber cometido un crimen en Madrid, mientras que el
culpable, teniendo  su disposicin el cofre de su homnimo, no slo se
ve dueo de oro en abundancia y ricas joyas, sino tambin de ciertas
cartas dirigidas  un Don Gmez, con cuya hija haba de casarse Don
Pedro. El capitn, desplegando la mayor diligencia, se presenta en la
casa de Don Gmez como su yerno, y es recibido con los brazos abiertos
por el padre y por la hija, mientras que el desventurado Don Pedro, que
llega despus y trabaja en restablecer la verdad de los hechos, es
considerado como un farsante, y adems de esto, como si fuera Don
Gabriel, es llevado  la crcel por las gestiones de un hermano de la
engaada valenciana. Doa Violante se ha puesto en camino en este
intervalo para buscar  su infiel amante, y para expiarlo mejor, ha
entrado  servir en Vallecas, pueblo inmediato  Madrid,  un labrador
que se dedica  hacer pan, que ella ha de vender diariamente en la
capital. Se da traza de entrar en la casa de su rival y de indisponer 
los dos amantes, descubriendo el engao del ltimo y obligndole, al
fin, casndose con ella,  cumplir sus antiguas promesas. Las escenas,
en que la fingida aldeana censura las costumbres de la corte, con
sencillez aparente y en el lenguaje popular, que imita  la perfeccin,
diciendo la verdad sin ambajes ni rodeos, son de las ms bellas que ha
sugerido hasta ahora la musa cmica. No hay necesidad de aadir que el
Don Pedro verdadero es reconocido como tal, y que se casa con la hija de
Don Gmez.

_La celosa de s misma_ se distingue por su argumento, de invencin
excelente y trazado con admirable ingenio y dominio del asunto. Un
caballero joven viene de las provincias  Madrid, en obediencia  las
rdenes de sus padres, para casarse con una dama que no conoce, y de la
que slo sabe que es muy rica. No muestra gran inclinacin  este
enlace, siendo para l indiferentes las riquezas, y deseando slo que su
mujer sea bella y virtuosa. A poco de llegar  Madrid ve una dama,  la
salida de la iglesia, cuyo porte y aire le enamoran,  pesar de llevar
un velo que oculta completamente su rostro; entra en conversacin con
ella y se apasiona an ms con este incentivo. Pero esta dama, por una
extraa casualidad, es la misma destinada  ser su esposa. Cuando visita
despus  su prometida, en la casa de sus futuros suegros, manifiesta
poco entusiasmo por ella, enamorado slo de la desconocida. Doa
Magdalena, adorada con el velo y despreciada con el rostro descubierto,
tiene celos, pues, con razn, de s misma, y ofendida del
comportamiento de su prometido, resuelve castigar la tibieza de ste y
premiar la fogosa pasin del amante. Tal es el argumento de esta
comedia, notable por sus muchas y divertidas escenas.

_Amar por seas_ es una obra dramtica magistral en toda la extensin de
la palabra, tan original como ingeniosa, y llena de bellezas poticas de
primer orden por su energa y por su dulzura. Un caballero espaol,
llamado Don Gabriel, ha asistido  un torneo en la corte de Lorena,
rompiendo ms lanzas que ninguno de sus contrincantes. A su regreso
pernocta en un bosque, en donde, hablando con su criado, le dice que
viaja muy afligido porque la princesa Beatriz, hija mayor del Duque, 
quien ha visto slo de paso, le ha inspirado un amor ardiente. Mientras
entabla este dilogo, le roban su equipaje, sin notarlo, y, cuando lo
averigua y corre  buscarlo, observa  lo lejos un hombre que, al
parecer, lo espera. Es un criado de la corte que le confiesa haberlo
robado por orden de una seora, que le ama; Don Gabriel pregunta quin
es ella, y le contesta que una de las tres Princesas. El criado se aleja
de all mientras tanto, y Don Gabriel le sigue, ya excitado por la
curiosidad, ya para no perder ciertos recuerdos de una de sus anteriores
damas guardados en su equipaje; de repente se ve solo en la obscuridad,
porque, sin notarlo, ha llegado, en persecucin de su ladrn y atrado
por l,  un aposento del castillo, y encuentra cerradas las puertas 
su rededor, pero no permanece mucho tiempo en este estado, porque su
servidor, el gracioso, se descuelga con una cuerda por la chimenea; en
una palabra, el caballero extraviado ha cado en un castillo encantado.
No tarda en ponerse en movimiento un torno que hay en la pared, por
medio del cual recibe el caballero luz y un cesto con manjares. Dentro
del cesto viene tambin una carta, que dice lo siguiente: Por los
papeles que os he usurpado, s, Don Gabriel Manrique, parte de vuestros
amores. Quien temerosa de perderos os ha impedido el viaje, mal os lo
consentir celosa. El cuarto de esta quinta que os detiene est
deshabitado, y imposible en l vuestra salida mientras no juris, con la
seguridad que los bien nacidos empean palabras, y las firmis de
vuestro nombre, no partiros de nuestra corte sin licencia ma, no
revelar  persona estos secretos, y conjeturar por seas cul de las
tres primeras damas es la que en palacio os apetece amante.

Doa Beatriz ha ideado esta intriga para probar la perspicacia del
caballero extranjero, y para cerciorarse de que es espontneo el amor
que le profesa; con este objeto, sin revelar su plan, distribuye, entre
sus hermanas, varias joyas y otras prendas para engaar mejor  su
amante. Don Gabriel presta su juramento, y se presenta de nuevo en la
corte como si no estuviera enamorado: su corazn se inclina  Beatriz;
pero los diversos objetos suyos, que poseen las Princesas, la simpata
que le manifiestan y otras circunstancias casuales que concurren en este
enredo, le confunden de manera que, complicndose aqul ms y ms, ya
que no podemos, por desgracia, descender  sus pormenores, se resuelve
al cabo casndose el caballero, como ardientemente deseaba, con la
princesa Doa Beatriz. Esta comedia se distingue, desde el principio
hasta el fin, por una serie de escenas tan ingeniosas como interesantes,
y as en su conjunto como en sus partes es tan bella y tan perfecta, que
debe ser considerada, con justicia, como una de las obras ms excelentes
de la poesa cmica.

Poco menos divertido  interesante es el argumento de la titulada _No
hay peor sordo que el que no quiere oir_. Don Diego, con arreglo al
convenio que hay entre su padre y Don Garca, debe casarse con Catalina,
la primognita del ltimo; pero en realidad est ms enamorado de Luca,
la hermana menor, que tambin le corresponde por su parte. Catalina, que
ama apasionadamente  su futuro esposo, por cuya razn est celosa de
su hermana, se esfuerza por todos los medios posibles en persuadir  su
padre que la case con un cierto Don Fadrique; pero los amantes se oponen
 este propsito con todos sus recursos,  intentan, por medio de la
astucia, el logro final de sus deseos. Don Diego pretexta  veces, para
alejar ese enlace, que detesta, tener ya elegida otra esposa, y Doa
Luca,  su vez, se finge sorda slo por no oir hablar de Don Fadrique y
de su casamiento. Esta sordera fingida, de la cual toma su ttulo la
obra, da ocasin  las escenas ms graciosas. Don Diego induce despus 
un primo suyo, llamado Don Juan,  disfrazarse de alguacil y acusar 
Don Fadrique de un delito supuesto. En virtud de otra intriga, Don
Garca se ausenta algn tiempo de su casa, cuya ausencia aprovechan los
amantes casndose, y  su regreso traen la noticia de que Don Fadrique
ha sido forzado por la justicia  dar su mano  otra dama,  quien haba
hecho promesa formal de casamiento; Don Diego y Doa Luca se le
presentan ya como recin casados, y Doa Catalina, perdidas sus
esperanzas, acepta la mano que Don Juan le ofrece.

_Amar por arte mayor_ es una comedia de mucho mrito, por su gracia, y
conocida probablemente de Caldern y no olvidada cuando escribi su
_Secreto  voces_.

La protagonista de _La fingida Arcadia_ es una Condesa italiana,
entusiasta hasta el extremo de las poesas de Lope de Vega, declarando
por este motivo,  sus diversos pretendientes, que el elegido entre
ellos ser slo el que reuna todas las cualidades que Lope de Vega
atribuye al pastor Anfriso en su _Arcadia_. Todos los galanes adoptan,
pues, los nombres y trajes de los pastores, consiguiendo al cabo la
victoria un espaol, que sirve  la Condesa disfrazado de jardinero.

_El vergonzoso en Palacio_ goza de singular celebridad, merecindola ms
por su excelente trazado de caracteres particulares y por sus
situaciones dramticas numerosas, que por la harmnica trabazn de su
conjunto. _Amar por razn de estado_ abunda tambin en iguales bellezas,
y sobresale por lo perfecto de su plan. En _Mari Hernndez la gallega_ y
_Avergelo Vargas_ observamos personajes de naturalidad extraordinaria,
y reunen en grato consorcio la dulzura del idilio con el inters de una
accin animada y rica en detalles. _Amor y celos hacen discretos_ nos
ofrecen un aticismo acabado en su exposicin, frases de una gracia
inimitable y un espritu de observacin, poco comn al representar los
estados ms ntimos y diversos del alma. Llama tambin esta comedia
nuestra atencin porque guarda escrupulosamente las tres unidades de
lugar, de tiempo y de accin.

_El pretendiente al revs_ (frisando tambin en parte con el idilio)
desenvuelve con admirable penetracin psicolgica los misterios de los
corazones enamorados. _El castigo del pens que..._ representa en sus
dos partes, de una manera grfica, la verdad de que la dicha prxima se
gasta por la excesiva reflexin, declarndose, al principio de la
segunda parte, que la primera haba sido recibida con el mayor aplauso,
y que haba sido puesta en escena en todos los teatros de Espaa, en
ciudades, villas y aldeas. Moreto la utiliz en su comedia _El parecido
en la corte_, como le sirvi tambin para el mismo objeto _La
entretenida_, de Cervantes. En _Ventura te d Dios, hijo_, se describen
con tanta gracia como verdad los caprichos de la fortuna, al conceder
sus dones, y cmo se burla la casualidad de todos los clculos de la
sabidura humana. Las tituladas _Celos con celos se curan_ y _Del
enemigo el primer consejo_, desenvuelven resortes dramticos, semejantes
 los empleados por Lope en su comedia _Milagros del desprecio_, y
hubieron de servir despus  Moreto para el argumento de su clebre _El
desdn con el desdn_. _Por el stano y por el torno_ y _Los balcones de
Madrid_ son modelos inimitables de la comedia de _Capa y espada_,
distinguindose tambin por su gracia picaresca y por la libertad que
reina en su intriga amorosa. Pocas obras dramticas de este gnero, por
su animacin y por su vida, podrn compararse  la que lleva el ttulo
_Desde Toledo  Madrid_. Don Baltasar, que pretende  una dama llamada
Doa Ana, hiere mortalmente  su rival, y despus del combate se refugia
en la casa ms prxima, y se oculta en una de sus habitaciones ms
solitarias. Sorprndelo aqu Doa Mayor, hija del dueo de la casa,
enamorndose de ella de tal modo, despus de celebrar un breve dilogo
con la misma, que se olvida por completo de su primer amor. Sabe que
Doa Mayor est prometida  un cierto Don Luis, y que en aquel mismo
da, acompaada de l y de sus padres, ha de encaminarse  Madrid para
celebrar sus bodas. Don Baltasar,  quien la novia muestra pronto su
inclinacin amorosa, porque contra su voluntad ha accedido  contraer el
enlace propuesto con Don Luis, toma la resolucin de disfrazarse de mozo
de mulas y entrar en el squito de su amada. Se da trazas de jugar su
papel  la perfeccin, y regocija  toda la compaa por la mezcla que
ofrece de rstica grosera y de agudeza y socarronera algo libertina. A
la mula, que lleva  Doa Mayor, arrima un cardo bajo la cola, de suerte
que no se puede refrenar, y que el supuesto mozo, corriendo siempre
detrs de ella, se encuentra solo en el campo con su amada, y ambos
hablan sin obstculos cuanto les parece. Los dems circunstantes
sospechan tan poco la verdad del caso, que llaman en broma  Don
Baltasar novio de Doa Mayor; y en la parada que hacen para pasar la
noche, y para que parezca menos larga, celebran por burla su boda con la
prometida de Don Luis. ste, como es de suponer, no toma parte en la
alegra y carcajadas de los dems. Don Diego, mientras tanto, hermano de
la antigua amada de Don Baltasar, sabedor del disfraz de ste, se
propone pedirle una satisfaccin de su deslealtad. Lo alcanza en la
posada, en donde pernoctaban, y le echa en cara su conducta poco
caballerosa; Doa Mayor escucha este dilogo, y al oir hablar de los
anteriores amoros de Don Baltasar, dominada por los celos, le acusa del
homicidio cometido. Los criados intentan aprisionar  Don Baltasar, pero
ste se salva abrindose camino con su espada. El desenlace de la accin
es el siguiente: Doa Mayor rehusa casarse con Don Luis mientras no
parezca el fugitivo; Don Diego hace saber que el caballero herido por
Don Baltasar no ha muerto, sino que ha recobrado por completo su salud,
habindose casado ya con Doa Ana; y, por ltimo, se presenta el mismo
Don Baltasar, ya no disfrazado, sino en el traje propio de su clase, y
pide la mano de Doa Mayor, que se le concede.

_Marta la piadosa_ se acerca ms al tipo de la comedia de carcter,
propiamente dicha, ofrecindonos un cuadro perfecto y muy animado de la
hipocresa, el primero de esta clase en la literatura moderna, y de un
colorido potico infinitamente ms rico que las obras famosas de Molire
y de Moratn, que tratan el mismo asunto.--Aventrome ahora tambin 
atribuir  Tirso de Molina una composicin dramtica, cuyo autor se
titula un Ingenio de esta corte en varias impresiones sueltas, y la
cual, en el tomo XXXV de las comedias tituladas de _Los mejores ingenios
de Espaa_ (Madrid, 1671), se atribuy  Francisco de Rojas. Se denomina
_En Madrid y en una casa_, y concuerda hasta tal punto con las comedias
fidedignas de Tirso en lenguaje, plan y exposicin, que,  mi juicio, ha
de considerrsele como su verdadero autor. Rojas mismo se queja en el
prlogo del segundo tomo de su comedias (Madrid, 1645), de que algunas
obras dramticas, no escritas por l, llevan su nombre falsamente,
abundando adems los ejemplos de otras muchas comedias espaolas, cuyos
autores supuestos no son los verdaderos, y deducindose de estos
hechos, que nada prueban las indicaciones de los libreros y de los
catlogos de los teatros, cuando se hallan en completa discordancia con
las razones que se desprenden de la contextura ntima de estas mismas
composiciones. La comedia  que aludimos, es de las mejores que se
conocen, distinguindose por su enredo, perfectamente trazado; por su
complicacin, y,  pesar de esto, por su claridad extraordinaria.

Como transicin del gnero cmico  otro ms serio y formal, han de
considerarse _Palabras y plumas_ (cuyo argumento se funda, al parecer,
en la novela del halcn de Boccaccio), y _El amor y el amistad_, obras
ambas que nos seducen por cierto matiz ligero de sentimentalismo que las
adorna. La regularidad del plan de la ltima en nada se asemeja  las
dems composiciones de Tirso. Don Guilln, favorito del conde de
Barcelona, es dichoso con su amada y con su amigo; pero esta felicidad
desaparece en breve con motivo de un dilogo ntimo entre ambos que l
escucha, y cuyos motivos ignora, infundindole sospechas hasta el
extremo de formar el proyecto de averiguar su verdad. El Conde,
accediendo  sus ruegos, le retira aparentemente su favor, lo encierra
en la crcel y le confisca todos sus bienes, convencindose pronto de la
falsedad de sus sospechas, puesto que tanto su amigo como su amada le
dan pruebas, en la desgracia, de su afecto y fidelidad.--A la misma
categora pertenecen _Privar contra su gusto_ y _El celoso prudente_,
siendo esta ltima un drama superior, y en algunos de sus detalles
modelo  fundamento de la tan famosa de Rojas titulada _Del Rey abajo
ninguno_. Esta se diferencia de las anteriores, que hemos citado, por el
carcter de su poesa, ya ms serio. Como la clasificacin de las
composiciones dramticas espaolas slo tiene un valor relativo, la
distincin, que puede hacerse entre las de Tirso en cmicas y serias, es
tambin, en general, relativo, y nunca supone una separacin completa de
ambos elementos. Algunos de los dramas de este poeta son tan diversos
por su carcter de los examinados por nosotros hasta ahora, que es
necesario clasificarlos en una seccin aparte, aun cuando tengan ciertos
rasgos fundamentales comunes, que indican evidentemente su parentesco
con aqullos.

Con admiracin observamos que el poeta, hasta ahora semejante  una
mariposa, que vuela de flor en flor, se transforma en guila de
improviso y alza su vuelo hasta las nubes; el Tirso imparcial y burln
desaparece de nuestra vista y se nos presenta como un poeta histrico,
que celebra con frases inspiradas los hechos memorables del noble pueblo
espaol, y su estilo, inseguro  veces y del colorido ms vario, cobra
vigor inusitado  medida que sus pensamientos se subliman. Algunas obras
de esta especie pueden calificarse de dramas picos. Tal es _La
prudencia en la mujer_, una de las obras ms notables del teatro
espaol, que describe, con grandes y atrevidas pinceladas, las luchas
feroces de los partidos durante la minora de Fernando IV y el herosmo
de la Reina madre, triunfando de la obstinacin de sus rebeldes
vasallos. Los dos primeros actos son superiores  todo encarecimiento;
no as el tercero, que es algo inferior en mrito. _Las hazaas de los
Pizarros_, en tres partes, nos ofrecen un cuadro de brillantes colores,
y por lo general, lleno de vida, de los hechos casi fabulosos de los
primeros conquistadores de Amrica; y aunque notemos ciertas
exageraciones  imgenes poco correctas,  nuestro juicio, hay que
convenir en que son semejantes por su naturaleza  aquellas narraciones
maravillosas, que al hablar de los portentos del Nuevo Mundo encontraron
en todos crdito; cuentos y patraas que se sostuvieron mucho tiempo en
el pblico antes que se dudara de su veracidad, como, por ejemplo, la
narracin de Orellana, la cual se incluye tambin en este drama, de
haber encontrado una repblica de amazonas  las orillas del Maran. La
fantasa de aquellos conquistadores se exalt de tal manera con esas
imgenes fantsticas y engaosas, que uno de ellos, Manuel Ponce de
Len, despus de hacer grandes preparativos, emprendi una expedicin
para descubrir las fuentes de la juventud perpetua.




CAPTULO XXVII.

     Continuacin y fin de la crtica particular de las obras dramticas
     ms notables de Tirso.


Si bien el poeta representa las ms veces los fenmenos ms conocidos de
la existencia humana, en su desarrollo y con sus pasiones,  ilumina con
la luz de su imaginacin las manifestaciones de la vida, considerndolas
bajo su aspecto externo, hay, sin embargo, algunos dramas suyos que se
distinguen por su filosfica profundidad, y que excitan y conmueven en
tanto grado  nuestro corazn y  nuestra inteligencia, como interesan 
nuestro espritu y  nuestra fantasa. En la titulada _Escarmientos para
el cuerdo_, desenvuelve con tanta maestra como ingenio un asunto
esencialmente trgico, porque en este poema, lleno de sombras temerosas,
nos pinta con una verdad horrible los abismos en que se precipita el
crimen, arrastrado por la ligereza y por la pasin, y cmo la justicia
divina alcanza al fin al delincuente perverso. Este asunto se desarrolla
en ella bajo la forma de una poesa sublime, sobre todo en su desenlace,
puesto que el criminal, por su culpa, hace tambin partcipe de sus
males  sus deudos inocentes, llenando este drama de pinceladas tan
profundas y verdaderas, que se puede llamar su obra tragedia romntica,
nica en su especie[70]. Comienza con una suntuosa procesin triunfal,
con que se celebran en Goa las victorias ganadas por Don Manuel de Sousa
contra muchos prncipes indianos. Don Manuel se nos presenta vestido de
rico traje de guerra, siguindole su ejrcito, de gala, y los
prisioneros indianos con cadenas. El triunfador refiere sus hazaas en
un discurso ostentoso al gobernador de la India, Garca de Sa, el cual,
al contestarle, muestra hacia l la mayor consideracin. En la escena
inmediata conocemos  Doa Mara, dama portuguesa que ha ido  la India
disfrazada de hombre para buscar  Don Manuel, su antiguo amante, de
quien ha tenido un hijo, y que la ha abandonado, llevndose consigo al
tierno Dieguito. Se da  conocer al infiel, y lo conmueve de tal modo
probndole su amor y su fidelidad, que l, atormentado por los
remordimientos de su conciencia, cae arrepentido  sus pies, le pide
perdn y le jura amar slo  ella en lo sucesivo. El amante pide al
cielo venganza si falta despus  sus promesas:

      Plegue  Dios, prenda querida,
    Si llorares ofendida
    Mi lealtad y fe inconstante,
    Que vengativo levante
    Peligros contra mi vida
    Cuanto esta mquina encierra:
    Si navegare, la guerra
    Del mar, llevndome  pique,
    Naufragios me notifique
    Inauditos; si en la tierra,
    Entre caribes adustos,
    Abrasados arenales,
    Tigres del monte robustos,
    Rayos de nubes mortales,
    Rigores del cielo justos,
    Todos juntos, homicidas,
    Verdugos de mis enojos,
    En las prendas ms queridas
    Ceben su furia  mis ojos,
    Porque me quiten ms vidas.

Don Manuel, antes de la llegada de Doa Mara, ha contrado relaciones
amorosas con Doa Leonor, hija del Gobernador. Las rompe luego para
consagrarse  su antigua pasin; pero el Gobernador,  cuya noticia han
llegado esas relaciones amorosas de Don Manuel con su hija, desea que se
celebre el matrimonio entre ambos, excitado por las esperanzas
lisonjeras que, para lo futuro, despierta este enlace en su nimo, si el
amante cumple su promesa. Don Manuel, que no se distingue por su
constancia, duda entonces y vacila. El Gobernador sabe por su parte que
su hija ha dado  luz un fruto de sus amores, y obliga al seductor 
optar entre la muerte  su casamiento con Doa Leonor. Don Manuel, en
esta situacin tan crtica, no resiste al imperio de las circunstancias,
y es perjuro con Doa Mara. Celbranse las bodas con Doa Leonor; pero
al bendecirlos el sacerdote, la espada de Don Manuel se escapa de la
vaina, y hiere impensadamente  la novia, suceso que se interpreta por
todos como un mal presagio. Los recin casados se embarcan, con arreglo
 las rdenes del Gobernador, y se dirigen hacia Portugal, abandonando
 las Indias, Don Manuel sin ver siquiera  Doa Mara, y separando
tambin  esta desdichada de su hijo Dieguito,  quien se lleva consigo
en su viaje. La msera engaada tiene noticia de su deslealtad, y acude
corriendo  detener al culpable; pero llega tarde al puerto, en el
momento en que el buque leva el ncora, y slo oye  lo lejos las voces
de su hijo que la ve y quiere volver con ella. Arrodllase entonces en
la orilla, y pide al cielo que castigue al perjuro, al mismo tiempo que,
impulsada por su amor y por su pena, invoca las bendiciones del cielo
sobre la cabeza de su hijo. Negras nubes llenan entonces el espacio. Una
borrasca est  punto de estallar, y el buque desaparece  lo lejos en
la obscuridad, azotado por las olas. Doa Mara se apresura entonces 
revelar al Gobernador la traicin de Don Manuel, y en seguida se hace 
la mar con ella en otro buque para alcanzar al fugitivo y arrancarle su
hijo. La escena inmediata representa un huracn espantoso, que se ensaa
contra el navo en donde van Don Manuel y Doa Leonor. El amante infiel
comienza entonces  presentir que le persigue la Justicia Divina. El
buque encalla en la costa de frica, y empieza entonces una serie de
escenas, en las cuales el terror y la compasin, y las pasiones ms
tiernas y enrgicas rivalizan entre s para perturbar el nimo de los
espectadores y hacer en ellos impresin profunda. Los nufragos vagan
por el desierto, rodeados de pueblos salvajes, sufriendo todas las
torturas fsicas, y expuestos  todos los riesgos de aquellas regiones
inhospitalarias. Don Manuel se abandona  la ms sombra desesperacin;
la infeliz  inocente Leonor muestra en esta situacin deplorable el
amor y la abnegacin que siente por su esposo, y los dolores del nio,
prximo  espirar, aumentan los males de ambos. Despus que la fantasa
del poeta agota estas terribles escenas, nos ofrece  Leonor robada por
los salvajes cafres, que atacan  los fugitivos. Dieguito es arrebatado
por un tigre, y Don Manuel intenta darse la muerte para poner trmino 
su existencia. A la conclusin desembarcan tambin en la costa de frica
el Gobernador y Doa Mara, que siguen las huellas de los extraviados,
alcanzndolos al cabo con una parte de la tripulacin, y averiguando el
triste destino de ambas vctimas. Los cadveres de Doa Leonor y de
Dieguito son conducidos en un fretro provisional, y los perseguidores
de Don Manuel, renunciando  todo proyecto de venganza, lloran la muerte
de los desventurados, inclinndose llenos de respeto ante los decretos
de la Justicia Divina.

Hasta los que menos conocen las obras de Tirso de Molina saben
perfectamente que l fu el primero que present en el teatro la clebre
historia[71] de _El Burlador de Sevilla_ y _Convidado de piedra_, que,
por su plan y desarrollo, debe clasificarse entre sus obras menos
importantes, aun cuando se noten en ella ciertos rasgos propios slo de
un poeta de primer orden. El carcter de Don Juan es de superior mrito
dramtico; no as la exposicin de sus delitos, defectuosa  nuestro
juicio[72]. Esta composicin, segn parece, fu ms famosa en el
extranjero que en Espaa. En el teatro italiano aparece ya hacia el ao
1620[73]. En Francia hay tres imitaciones de la misma con el ttulo
ininteligible de _Le festin de pierre_. La ms antigua es del ao 1659,
de Villiers; la segunda, de 1661, de Dorimon, y la tercera, de 1665, de
Molire[74]. En Espaa este mismo argumento fu desenvuelto
dramticamente por Zamora, y su _Convidado de piedra_, no el de Tirso,
se ha mantenido hasta ahora en sus teatros[75].

Entre los dramas de Tirso hay uno solo mitolgico, que se titula
_Aquiles_. En el acto primero se describe la locura fingida de Ulises,
para eximirse con ella de tomar parte en la guerra de Troya, y despus
la vida salvaje de cazador, que lleva el joven Aquiles, educado por
Chirn en un desierto agreste y montaoso. En el acto segundo Tetis se
lleva  Aquiles, disfrazado de doncella,  la corte del rey Nicomedes,
en la cual vivir en lo sucesivo entre mujeres vrgenes. El carcter
violento del joven guerrero, que no puede acomodarse  este gnero de
vida, est trazado de mano maestra. Su madre le ensea una frmula de
cortesa propia de seoras, y l se inclina como lo hacen los soldados.
Un amante de la princesa Deidamia, de quien Aquiles est celoso, le dice
mil lindezas y le pide que le d su mano; pero l oprime la del galn
con tal violencia, que ste da gritos de dolor. En el acto tercero viene
Ulises, vestido de mercader, para descubrir  Aquiles, y trae, entre
otros objetos, una lanza y un escudo, de los cuales se apodera el hroe
sin tardanza. Conseguido el propsito de Ulises, se encaminan ambos 
Troya, sin preocuparse mucho Aquiles de Deidamia, antes su amada, la
cual le sigue al campamento griego, disfrazada de hombre. La comedia no
tiene desenlace verdadero, refirindose  una segunda parte que ha de
completar su argumento.

En _La repblica al revs_ se pintan con tanta energa como animacin
los disturbios y altercados de familia de la corte de Constantino
Porfirogeneta. Constantino despoja del trono  su madre, la destierra, y
ordena que le quiten la vida. Csase con Carola, hija del rey de Chipre,
pero se apasiona pronto de una dama de la corte y encierra  la
Emperatriz en la crcel. Obligado  celebrar una conferencia, para
tratar este asunto, con el padre y el hermano de Carola, siembra entre
ambos tal cizaa, que al fin se matan uno y otro. Da licencia  las
bandas de ladrones para entregarse pblicamente  sus excesos, y dispone
que los matrimonios se anulen de cuatro en cuatro aos; disuelve el
Senado, obliga  los senadores  vestirse de mujeres para burlarse de
ellos, y renueva la hereja de los Iconoclastas. Por ltimo, los griegos
se sublevan contra este tirano insensato, encargan del mando  la
desterrada Irene y se apoderan de Constantino,  quien su madre condena
 perder la vista y  crcel perpetua.

_La vida de Herodes_, parte de cuya comedia utiliz Caldern en _El
mayor monstruo los celos_, constituye una transicin entre los dramas
religiosos y los mundanos. Mientras Herodes hace la guerra en la Armenia
por mandato de su padre Antipatro, llega  sus manos un retrato de la
bella Mariana, princesa de Jerusaln. Despus de regresar victorioso 
Ascaln, sabe que su hermano Fausto est enamorado de Mariana, y se
encamina en secreto  Jerusaln para oponerse  este casamiento. Al
llegar all, tiene la fortuna de librar  la Princesa de un peligro de
muerte. Disfrzase de pastor para conquistar as el amor de Mariana, y
logra cumplidamente su objeto, siendo preferido por ella  Fausto. ste,
impulsado por la venganza, lo entrega al general romano Marco Antonio,
que lo carga de cadenas; pero Augusto, que hace la guerra  Marco
Antonio, liberta al prisionero y le nombra rey de Jerusaln. Mariana,
mientras tanto, ha sido confiada  la guarda del ministro Josefo; cae
en manos de Herodes una carta, que le hace sospechar de la virtud de su
amada; oye una conversacin entre la ltima y Josefo, que, al parecer,
confirma sus sospechas, y, lleno de rabiosos celos, condena  ambos 
muerte. En seguida recibe la noticia de la venida de tres magos que,
guiados por una estrella, se proponen adorar al Rey recin nacido de los
judos, por cuyo motivo da orden de matar  todos los nios menores de
tres aos y  todos los descendientes de David. El Salvador, que ha
nacido ya, recibe la adoracin de pastores y reyes, y Herodes muere
loco, teniendo en sus brazos dos nios degollados.

Este drama es evidentemente defectuoso en su argumento, aunque contenga
muchos rasgos aislados de extraordinaria y sorprendente belleza. Lo
mismo puede decirse del que lleva el ttulo de _El rbol del mejor
fruto_. Cuando Constantino, hijo del emperador Constancio, camina hacia
Grecia para casarse all con la princesa Irene, muere asesinado por unos
ladrones, que lo reconocen despus de perpetrado su delito, y huyen
aterrados. Encuentran en una aldea inmediata  un labrador, llamado
Cloro, vivo retrato del Prncipe asesinado, y le proponen hacerse pasar
por aqul y casarse de este modo con Irene, para cuyo fin le entregan
las cartas, que servan de credenciales al muerto. Cloro,  quien antes
se le ha profetizado que as l como su amigo Licinio haban de ser
emperadores, acepta el proyecto, y es acogido por la princesa Irene con
la mejor voluntad como su esposo prometido. Cuando el falso Constantino
va con su joven esposa  la corte del emperador Constancio, llega
tambin el cadver del asesinado, siendo tan grande la semejanza entre
ambos, que hasta su mismo padre duda si su hijo es el muerto  el vivo;
el engao se descubre, sin embargo, por la intervencin de un campesino,
y en su consecuencia, es condenado Cloro  perder la vida; pero
sobreviene en tan crtico momento Elena, madre del ltimo, y declara que
en su juventud ha sido amada por Constancio, y que el fruto de este amor
ha sido Cloro, cuyo nombre verdadero es tambin Constantino. Cloro es
entonces proclamado Csar con este mismo nombre de Constantino. Despus
comienzan las hostilidades entre Magencio y Constantino, anuncindose 
ste, ya inclinado  la fe cristiana, que vencer en la contienda con el
estandarte de la Cruz; cmplese la profeca, y Constantino, agradecido,
hace voto de ir en peregrinacin  Palestina para buscar la Santa Cruz.
Cuando, despus de la muerte de Constancio, sube al trono imperial, se
dirige  Jerusaln con Elena, Irene y Licinio, al cual asocia al
imperio por su valor probado. Los judos de esta ciudad indican el
lugar, consagrado por muchos mrtires, en donde debe estar oculta la
Cruz del Salvador; hcense saltar las piedras que la guardan, y en vez
de una sola Cruz se hallan tres iguales: cul ser, pues, la verdadera?
Un milagro resuelve la duda. Licinio ha muerto por mandato de
Constantino, en castigo de una persecucin  los cristianos que ha
promovido, y se acuerda poner el cadver en presencia de las tres
cruces, porque ser la verdadera la que lo resucite. Se hace la prueba,
y apenas toca  Licinio el santo smbolo, recobra el muerto la vida, y
las primeras palabras que pronuncia declaran la divinidad de Jesucristo.
Irene y los judos, testigos de este portento, se convierten al
cristianismo.

Lope de Vega, en la dedicatoria de su comedia _Lo fingido verdadero_ 
Gabriel Tllez, religioso de Nuestra Seora de la Merced (comedias de
Lope de Vega, tomo XVI), celebra con grandes alabanzas las obras
religiosas de este autor; pero, entre las conservadas hasta nosotros,
hay slo pocas de esta clase. Ya hemos indicado antes cun difcil es
sealar los caracteres exclusivos de este gnero literario. Algunas de
las comedias de Tirso, aunque en el asunto que les sirve de fundamento
lo parezcan, por provenir de la Biblia  de la Historia Sagrada de la
Iglesia Catlica, no se diferencian, sin embargo, en lo dems
considerablemente de los sugeridos por la historia profana. _La eleccin
por la virtud_ (cuyo asunto es la elevacin al Solio pontificio de Sixto
V de su estado de campesino), contiene,  la verdad, elementos muy
profanos, juntamente con otros de una gracia inimitable, como, por
ejemplo, la bellsima escena en que una doncella, disfrazada de pastor,
y con el pretexto de cazar aves, se acerca  la torre en donde est
prisionero su amante, y se comunica con l por medio de un canto de
doble sentido, hasta que al fin consigue su libertad. _La mujer que
manda en casa_ representa con vigorosas pinceladas la historia de
Jezabel, del libro primero de los Reyes. _La venganza de Tamar_, la de
Amnn y Tamar, que hoy se sufrira con trabajo en el teatro. Pocos
poetas dramticos espaoles se han elevado tanto en la poesa trgica
como Tirso en este notabilsimo drama. Nada hay ms pattico que el
carcter del anciano David, y el tierno amor que muestra ante la pasin
culpable de sus mal aconsejados hijos. Amnn, el mayor de ellos, penetra
una noche en los jardines cerrados del palacio, en los cuales, con
arreglo  la usanza oriental, viven retiradas las mujeres. Oye los
cantos de una voz seductora que lo atraen y encadenan, y entabla un
dilogo con la que canta,  consecuencia del cual se enamora de ella
ardientemente. La obscuridad y el velo que la cubre le impiden ver su
rostro; pero acuerdan ambos que se d  conocer vistiendo un traje de
prpura en una fiesta prxima, que ha de celebrarse despus en palacio.
Las escenas inmediatas describen esta fiesta. Amnn reconoce horrorizado
que la dama del vestido de prpura es Tamar, su hermana de padre. Cae en
una melancola profunda,  intenta primero dominar su pasin; pero no
puede lograrlo, y la expresa ante su hermana en sus acciones y palabras.
El rey David deplora amargamente la tristeza de su hijo, que casi raya
en locura. Amnn pide  su padre la gracia de que Tamar sea la elegida
para cuidarlo en su enfermedad, y as se le concede. Entonces ocurre la
escena violenta, de que nos habla la Biblia, en una forma que rechazan
nuestras ideas modernas; pero presentada, no obstante, con
extraordinaria animacin dramtica. Despus que Amnn ha satisfecho su
deseo, por castigo del cielo se trueca su antiguo amor en el odio ms
implacable, y atormenta  la deshonrada Tamar y la maltrata sin cesar.
sta acusa al culpable ante el Rey, y concierta un plan de venganza con
Absaln, que la ayuda con el mayor celo, porque suspira hace tiempo por
ceirse la corona, y desea, por consiguiente, que desaparezca Amnn de
su camino. Tamar se retira  una posesin rural de su hermano 
Baalhasor, en donde vive disfrazada de labradora. Absaln, en el perodo
de la siega, prepara aqu una fiesta en la cual ha de ejecutarse su
proyecto de venganza. Amnn acude  este lugar, y comienza  enamorar 
una campesina, en la cual reconoce  la mujer, odiada por l
mortalmente, porque le recuerda su horrible crimen. Llnase de temor, y
presiente la proximidad de la catstrofe que le amenaza. Los segadores y
segadoras celebran la fiesta de la recoleccin con alegres cnticos y
danzas; yense de improviso gritos lastimeros detrs de la escena;
Adonias y Salomn, hermanos de Absaln, se presentan en el teatro
plidos como la muerte; cesan los cantos, se transforma el lugar de la
escena, y se ve derribar la mesa, en la cual estn colocados los
preparativos de la fiesta, y junto  ella, en el suelo, el cadver de
Amnn, atravesado de pualadas y chorreando sangre. Delante del muerto
se ve  Tamar, que se regocija de su venganza, y al ambicioso Absaln,
con la espada desnuda, orgulloso de su triunfo. Esta escena es, sin duda
alguna, de lo ms trgico que puede existir en cualquier teatro. El
drama termina con las lamentaciones de David acerca de los males que le
preparan sus hijos en su vejez. Algunas escenas de este drama han sido
imitadas por Caldern en su excelente tragedia titulada _Los cabellos de
Absaln_.

El elemento religioso aparece ms claro en una obra dramtica de Tirso,
en la cual se desenvuelve la historia de Santa Casilda, leyenda espaola
muy bella[76], arreglada para el teatro; titlase _Los lagos de San
Vicente_. La herona es una hija del rey moro de Toledo, presa de una
profunda melancola, que emprende una peregrinacin hacia el lago de San
Vicente, por habrsele profetizado que bandose en l recobrar su
salud; el bao  que alude esta profeca, es el agua del Bautismo.
Casilda se hace cristiana durante su viaje, y despus ermitaa, 
orillas del lago sagrado, sin volver ms  la corte de su padre.

El drama, que lleva el nombre de _Quien no cae no se levanta_, en cuyo
primer acto se desarrolla una intriga amorosa algo libre, toma despus
carcter religioso. Margarita, hija de un rico florentino, ha llevado
una vida licenciosa, y promovido, entre los muchos amantes  quienes ha
dispensado sus favores, asesinatos y desastres mortales. Oye un da una
voz celestial, acompaada de melodiosa msica, que la reconviene por sus
excesos. Sguese  esta exhortacin dos apariciones, mostrndole una el
fin horrible que la aguarda si persevera en la senda del pecado, y la
otra la corona inmortal que ha de ceir las sienes de la pecadora
arrepentida. La emocin de Margarita es extraordinaria, pero no
suficiente para arrancarla de sus antiguos hbitos. Selio, mientras
tanto, uno de sus adoradores, que ha dado muerte  otro, se ha refugiado
en un convento. Sbelo Margarita, y se dirige  la iglesia del mismo
convento para hablar con l; pero all hace en ella tal impresin el
discurso de un sacerdote, que, arrepentida de sus faltas y comprendiendo
la enormidad de ellas, cae en tierra anonadada, se despoja de sus galas
y vestidos, y con sus gestos y ademanes hace creer al pueblo que ha
perdido la razn. Vstese despus de tosco sayal y vive en el ms
completo retiro; pero Selio, disfrazndose y sobornando  una criada de
Margarita, consigue entrar en su habitacin, y la hace vacilar de tal
modo en su propsito, que se decide  huir con l. Pero en el momento de
ponerlo en prctica cae en tierra como desmayada junto al umbral de la
puerta; aparcesele su ngel de la guardia, y con su belleza celestial y
su divina elocuencia, borra de su corazn todo pensamiento mundano. El
mensajero de Dios la excita  casarse con l, no para esta vida
terrestre, sino para la vida eterna; la pecadora arrepentida accede 
sus ruegos, apoderndose la muerte de su cuerpo, incapaz de resistir 
tan violentas emociones, y llevndose el ngel su alma  la mansin
celestial.

Semejante  ste es el argumento de _La condesa bandolera_. La condesa
Ninfa, enemiga primero de los hombres, es deshonrada despus por el
conde de Calabria; se hace salteadora de caminos y comete innumerables
crmenes, hasta que, hallndose en peligro de muerte, se le presenta un
ngel que le ensea el camino de la virtud, se arrepiente de sus delitos
y los expa en un bosque solitario, en donde muere  mano de la duquesa
de Calabria, que la atraviesa con un venablo, tomndola por una bestia
salvaje.

De mrito singular, y quizs el ms notable de todos los dramas
religiosos que se han escrito en Espaa, es _El condenado por
desconfiado_, obra que lleva el sello de un sentimiento religioso
singularmente enrgico y peculiar de aquella poca, aunque  nosotros
nos parezca extrao y casi inexplicable. Su objeto es exponer el
contraste que hay entre la pusilanimidad y la fe. Un ermitao, que ha
pasado su vida en ejercicios de piedad y prcticas de virtud, cae en
las garras del demonio por sus dudas de la misericordia de Dios, y al
fin es condenado; al contrario, un criminal cuya existencia ha sido una
serie no interrumpida de sangrientos delitos de todo gnero, alcanza al
cabo la gracia divina. Esta idea extravagante est desenvuelta en
conceptos, extraos en parte, pero ingeniosos y sublimes, encontrndose
en inexplicable confusin con los rasgos ms sombros de este cuadro
otros muy diversos, llenos de ternura y de sentimiento religioso, que
impresionan vivamente al lector. Pablo el ermitao vive h largo tiempo
en una ermita solitaria, exclusivamente consagrado  la devocin y
contemplacin de la divinidad. La obra comienza con una escena realzada
por la solemnidad y santidad de las fiestas del descanso,  que se
entregaban los antiguos patriarcas. Pablo, despus de orar, cae en un
letargo, durante el cual suea que va  ser condenado en el juicio
final. Este sueo trastorna y conmueve tan violentamente su alma, que
llega  concebir algunas dudas acerca de la misericordia de Dios. A
consecuencia de ellas, el demonio lo tienta de diversas maneras,
autorizado con el permiso de Dios. Revstese, pues, de la forma de un
ngel, y le dice que vaya  Npoles para salir de dudas y recelos, y
que en esa ciudad hay un cierto Enrico sabedor de su propio destino,
puesto que Dios ha ordenado que sea idntico el fin de ambos. El
ermitao da crdito  esta visin engaosa y se pone en camino,
esperando que Enrico ser un modelo de virtud y de devocin. Cmo se
engaa el desdichado! Lo encuentra en la compaa de amigos criminales y
libertinos y de mujeres perdidas, celebrando todos una orga, durante la
cual cada uno de estos dignos personajes refiere satisfecho los delitos
que ha cometido, ornando al fin  Enrico, por ms culpable, con una
corona de laurel. Fcil es de comprender el asombro de Pablo ante este
espectculo. Podr, pues, Enrico, personificacin de todo lo malo,
disfrutar de la gracia divina? Si la suerte del ermitao ha de ser
idntica, su condenacin eterna es entonces segura, decidindose por
desesperacin (con tanto mayor motivo cuanto que sus mritos para
obtener la gracia son hasta aquel momento superiores  los del criminal)
 lanzarse como l en la senda del delito. Regresa con esta resolucin 
la montaa, en donde vivi antes como piadoso solitario, y se pone al
frente de una banda de ladrones, con la cual comete todo linaje de
crmenes. A veces oye la voz de su conciencia, cuando cesa en su vida
culpable, exhortndolo  emprender de nuevo el buen camino; pero al
pensar en Enrico y en la revelacin que se le hizo, insiste de nuevo en
sus censurables excesos.

Como representante de la gracia divina se le presenta un ngel, bajo la
forma de un joven pastor, que teje una corona de flores, con la cual
quiere coronar  los pecadores arrepentidos, y que entona cnticos
llenos de gracia, que celebran la generosidad y misericordia de Dios.
Pablo vacila un instante en sus malos propsitos, pero incurre pronto de
nuevo en su falta anterior de confianza en el Supremo Juez. Enrico,
mientras tanto, perseguido por la justicia  causa de sus crmenes, se
arroja  la mar por escapar de sus ministros. Las revueltas olas se lo
llevan milagrosamente y lo depositan en la costa, teatro de las
fechoras de Pablo. Los bandidos lo hacen prisionero, y su capitn
resuelve someterlo  las pruebas ms duras, para deducir de su muerte
cul ha de ser la suya propia. Enrico es atado  un rbol y asaeteado
sin compasin; pero en vez de asustarse, se burla de Dios y se re en
sus barbas de la muerte. Pablo se presenta de nuevo vestido de ermitao,
y lo exhorta al arrepentimiento con tanta mayor insistencia, cuanto que
cree que el trmino bienaventurado de la vida de Enrico ha de ser
garanta segura del que le aguarda; pero sus esfuerzos son vanos, porque
Enrico no hace caso ninguno de sus palabras, y al fin le concede la
vida, temiendo que, como impenitente, pueda ser condenado. Despus de
esta prueba peligrosa es mayor poco  poco el extravo del pusilnime.
Cuenta  Enrico su vida y su destino, y Pablo hace con l lo mismo; pero
Enrico,  pesar de todos sus crmenes, ha conservado siempre una virtud,
la del amor y la ternura filial que siempre ha tenido  su anciano
padre; y  pesar tambin de todos sus delitos anteriores, siempre ha
credo que la gracia de Dios puede al fin salvarlo. La existencia de
esta empedernida obstinacin en el pecado con la firme confianza en la
misericordia divina, repugna, sin duda,  nuestras ideas actuales; pero
hoy mismo no es rara en los pueblos catlicos de la Europa meridional.
Los dos criminales unidos prosiguen su sanguinaria carrera, y roban y
asesinan  cuantos caen en sus manos. Al cabo de algn tiempo resuelve
Enrico encaminarse  Npoles para visitar  su padre. La justicia se
apodera de l en esta ocasin, y lo encierran en una obscura crcel. Los
horrores de la prisin y la vida desastrosa de los presos, se describen
con una verdad que infunde miedo. El demonio se aparece  Enrico y le
ofrece la libertad si le vende su alma; pero l oye la voz del cielo,
que lo disuade, y rehusa su oferta. Es condenado  muerte y llevado al
suplicio, persistiendo en su obstinacin y en su culpa; pero la nica
virtud, que ha conservado en su vida, da entrada en su corazn  la
gracia de Dios; lo que no han podido lograr el miedo  la muerte y  las
penas del infierno, lo consiguen las lgrimas y splicas de su anciano
padre; Enrico se arrepiente, pide  Dios perdn humildemente de sus
faltas y sufre resignado una muerte vergonzosa para alcanzar despus la
vida eterna. Pablo, mientras tanto, aumenta cada da el catlogo de sus
delitos, pero la gracia divina no deja de buscarlo. Aparcesele el alma
de Enrico cuando la llevan al cielo los ngeles; pero esta aparicin,
que debiera excitar la esperanza en su nimo, es intil. Todas las
exhortaciones celestiales no logran desvanecer su desconfianza. Otra vez
el pastor, mensajero del Eterno, pasa junto  l cantando tristes
endechas y destrozando lentamente la corona de flores, que haba formado
para l. Esta escena impresiona vivamente por el terror y la compasin
que excita en nosotros. El criminal, perdido ya sin remedio, sucumbe
poco despus en un combate, y el drama termina con el espectculo que
ofrece su alma, cercada de llamas, en su viaje  los infiernos. Si
Tirso de Molina no hubiese escrito otra obra, slo por lo pattico, y el
ingenio que distingue  sta, no se le podra negar con justicia el
nombre de gran poeta.

Los pocos autos de este autor (como _El colmenero divino_ y _Los
parecidos hermanos_), no merecen ahora de nuestra parte mencin
especial; no as el titulado _La madrina del cielo_, por ser un ejemplo
de obra dramtica religiosa,  cuya especie no se ha dispensado la
atencin necesaria. Se escribi en loor de Nuestra Seora del Rosario: y
como la compuesta con igual objeto por lvaro Cubillo de Aragn y la de
Antonio Coello, se diferencia de los autos sacramentales y de los
escritos al nacimiento de Nuestro Seor, no slo por su tendencia, sino
tambin por los elementos profanos predominantes, comparados con sus
alegoras. Todas sus partes se dirigen  ensalzar el poder maravilloso
del Rosario. Un libertino, llamado Dionisio, viola y deshonra  la joven
Marcela. La vctima pide al cielo el castigo del culpable, y Jesucristo
le declara que sus splicas sern odas. Dionisio, ms pecador cada da,
comete toda clase de delitos; pero  pesar de ello, conserva siempre
piadosa devocin por el Rosario. Hcese salteador, y asesina  todos los
caminantes que caen en sus manos. Entre los ltimos, cuntase tambin 
Santo Domingo: Dionisio se propone matarlo como  los dems, pero al ver
su rosario, que el santo lleva consigo, desiste de su propsito y le
deja en libertad. Marcela ruega de nuevo al Salvador que no deje impune
al delincuente que la ha deshonrado, y, segn parece, sus ruegos han de
ser cumplidos. Se ven  lo lejos abiertas las puertas del infierno, y 
Jesucristo como juez, con una espada de fuego en la mano, dispuesto 
condenar  Dionisio  la muerte eterna; pero  su lado se hallan Santo
Domingo y la Virgen Mara, que se esfuerzan en mover su compasin hacia
el pecador, por la devocin que ha demostrado siempre al santo Rosario,
y en efecto, su respeto  ese signo religioso lo salva de la condenacin
 que estaba ya destinado. Por la intervencin de la Virgen Mara, como
patrona del Rosario, obtiene un plazo para expiar sus crmenes. La lucha
de su alma es representada alegricamente por medio de las diversas
virtudes y vicios, que lo atraen y lo rechazan; pero sus constantes
oraciones lo hacen partcipe, al fin, de la gracia divina, transformando
de tal modo todo su sr, que Marcela conviene,  sus ruegos, en borrar
su antigua falta, dndole su mano. En su boda la Virgen los corona de
rosas, mientras un coro de ngeles canta sus alabanzas.




APNDICE.

     Catlogo de la gran coleccin de comedias nuevas escogidas de los
     mejores ingenios de Espaa.


MADRID (1652-1704).

En la pg. 432 de este tomo III aludimos  esta importante coleccin.
Algunos volmenes llevan ttulos diversos del general, porque entre los
ejemplares, que me han servido, falta muchas veces la primera hoja,  se
halla tan estropeada, que slo puedo afirmar lo siguiente: el IV dice
_Laurel de comedias_; el VII, _Teatro potico_; el X, _Nuevo teatro de
comedias_; el XIII, _De los mejores el mejor_; el XIV, _Pensil de
Apolo_; el XX, _Comedias varias_; el XXXI, _Minerva cmica_; el XLVI,
_Primavera numerosa de muchas harmonas lucientes_. En algunos tomos no
se determina tampoco el ao de la fecha.


TOMO I (1652).

1 La Baltasara, de tres ingenios: la primera jornada de Luis Vlez
de Guevara; la segunda, de D. Antonio Coello, y la tercera, de D.
Francisco de Rojas.

2 No siempre lo peor es cierto, de D. Pedro Caldern.

3 Lo que puede el oir misa, del Dr. Mira de Mescua.

4 La exaltacin de la cruz, de D. Pedro Caldern.

5 Chico Batur, y siempre es culpa la desdicha, de D. Antonio de
Huerta, D. Jernimo Cncer y D. Pedro Rosete.

6 Mejor est que estaba, de D. Pedro Caldern.

7 San Franco de Sena, de D. Agustn Moreto.

8 El Hamete de Toledo, de Belmonte y D. Antonio Martnez.

9 La renegada de Valladolid, de Luis de Belmonte y de D. Antonio
Bermdez.

10 Luis Prez el Gallego, de D. Pedro Caldern.

11 El trato muda costumbres, de D. Antonio Mendoza.

12 Con quien vengo, vengo, de D. Pedro Caldern.


TOMO II (1653).

1 No guardas t tu secreto, de D. Pedro Caldern.

2 Juan Latino, de D. Diego Jimnez de Enciso.

3 Celos, amor y venganza, de Luis Vlez de Guevara.

4 La firme lealtad, de Diego de Sols.

5 La sentencia sin firma, de Gaspar de vila.

6 Fingir lo que puede ser, de D. Ramn Montero de Espinosa.

7 El inobediente  la ciudad sin Dios, de Claramonte.

8 La rosa alejandrina, de Luis Vlez de Guevara.

9 El fuero de las cien doncellas, de D. Luis de Guzmn.

10 No hay contra el honor poder, de Antonio Enrquez Gmez.

11 La obligacin de las mujeres, de Luis Vlez de Guevara.

12 Amor y honor, de Luis Belmonte.


TOMO III (1653).

1 La llave de la honra, de Lope de Vega.

2 Ms pueden celos que amor, de Lope de Vega.

3 Engaar con la verdad, de Jernimo de la Fuente.

4 La discreta enamorada, de Lope de Vega.

5 A un traidor dos alevosos y  los dos el ms leal, de Miguel Gonzlez
de Caedo.

6 La portuguesa y dicha del forastero, de Lope de Vega.

7 El maestro de danzar, de Lope de Vega.

8 La Fnix de Salamanca, del Dr. Mira de Mescua.

9 Lo que est determinado, de Lope.

10 La dicha por malos medios, de Gaspar de vila.

11 San Diego de Alcal, de Lope.

12 Los tres seores del mundo, de Luis de Belmonte.


TOMO IV (1653).

1 Amigo, amante y leal, de D. Pedro Caldern.

2 Obligar con el agravio, de D. Francisco de Victoria.

3 El lego de Alcal, de Luis Vlez de Guevara.

4 No hay mal que por bien no venga, de D. Juan Ruiz de Alarcn.

5 Enfermar con el remedio, de D. Pedro Caldern, Luis Vlez de Guevara y
D. Jernimo Cncer.

6 Los riesgos que tiene un coche, de D. Antonio de Mendoza.

7 El respeto en el ausencia, de Gaspar de vila.

8 El conde Partinuples, de Doa Ana Caro.

9 El rebelde al beneficio, de D. Toms Ossorio.

10 El espaol Juan de Urbino, del licenciado Manuel Gonzlez.

11 Lo que puede una sospecha, del Dr. Mira de Mescua.

12 El negro del mejor amo, del Dr. Mira de Mescua.


TOMO V (1653).

1 Oponerse  las estrellas, de tres ingenios.

2 Amn y Mardocheo, del Dr. Felipe Godnez.

3 Estados mudan costumbres, de D. Juan de Matos.

4 El conde Alarcos, del Dr. Mira de Mescua.

5 Donde hay agravios no hay celos, de D. Francisco de Rojas.

6 El marido de su hermana, de Juan de Villegas.

7 El licenciado Vidriera, de D. Agustn Moreto.

8 Nuestra Seora del Pilar, de Sebastin de Villaviciosa, D. Juan de
Matos y D. Agustn Moreto.

9 El embuste acreditado y el disparate credo, de D. Luis Vlez de
Guevara.

10 Agradecer y no amar, de D. Pedro Caldern.

11 No hay burlas con las mujeres: casarse y vengarse, del Dr. Mira de
Mescua.

12 Los amotinados de Flandes, de Luis Vlez de Guevara.


TOMO VI (1654).

1 No hay ser padre siendo rey, de D. Francisco de Rojas.

2 Cada cual  su negocio, de D. Jernimo de Cullar.

3 El burlador de Sevilla, del maestro Tirso de Molina.

4 Progne y Filomena, de D. Francisco de Rojas.

5 Los trabajos de Job, del Dr. Felipe Godnez.

6 Obligados y ofendidos, de D. Francisco de Rojas.

7 El esclavo del demonio, del Dr. Mira de Mescua.

8 El mrtir de Portugal, de D. Francisco de Rojas.

9 La banda y la flor, de D. Pedro Caldern.

10 A un tiempo rey y vasallo, de tres ingenios.

11 El pleito del demonio con la Virgen, de tres ingenios.

12 El gran duque de Florencia, de D. Diego Jimnez de Enciso.


TOMO VII (1654).

1 Para vencer  Amor querer vencerle, de D. Pedro Caldern.

2 La mujer contra el consejo. La primera jornada de D. Juan de Matos; la
segunda, de D. Antonio Martnez; la tercera, de D. Juan de Zavaleta.

3 El buen caballero maestre de Calatrava, de Don Bautista de Villegas.

4 A su tiempo el desengao, de D. Juan de Matos.

5 El sol  media noche y estrellas  medio da, de Juan Bautista de
Villegas.

6 El poder de la amistad, de D. Agustn Moreto.

7 Don Diego de Noche, de D. Francisco de Rojas.

8 La morica Garrida, de Juan Bautista de Villegas.

9 Cumplir dos obligaciones, de Luis Vlez de Guevara.

10 La misma conciencia acusa, de D. Agustn Moreto.

11 El monstruo de la fortuna, de tres ingenios.

12 La fuerza de la ley, de D. Agustn Moreto.


TOMO VIII.

1 Darlo todo y no dar nada, de D. Pedro Caldern.

2 Los empeos de seis horas, de D. Pedro Caldern.

3 La gran comedia de travesuras son valor.

4 Gustos y disgustos son no ms que imaginacin, de D. Pedro Caldern.

5 Reinar por obedecer, de tres ingenios.

6 El Pastorfido, de tres ingenios.

7 La tercera de s misma, de D. Pedro Caldern.

8 Amado y aborrecido, de D. Pedro Caldern.

9 Perderse por no perderse, de D. lvaro Cubillo.

10 Del cielo viene el buen Rey, de D. Rodrigo de Herrera.

11 El agua mansa, de D. Pedro Caldern.

12 El marqus de las Navas, del Dr. Mira de Mescua.


TOMO IX (1657).

1 Las manos blancas no ofenden, de D. Pedro Caldern.

2 El mejor amigo el muerto, de tres ingenios.

3 Las amazonas.

4 Vida y muerte de San Lzaro, del Dr. Mira de Mescua.

5 El escondido y la tapada, de D. Pedro Caldern.

6 La victoria del amor, de D. Manuel Morchn.

7 La adltera penitente, de tres ingenios.

8 El Job de las mujeres, de D. Juan de Matos.

9 El valiente justiciero, de D. Agustn Moreto.

10 La razn busca venganza, de D. Manuel Morchn.

11 Gravedad en Villaverde, del Dr. Juan Prez de Montalbn.

12 El Rey Enrique el Enfermo, de seis ingenios.


TOMO X (1658).

1 La vida de San Alejo, de D. Agustn Moreto.

2 El ermitao Galn, de D. Juan de Zavaleta.

3 Contra el amor no hay engaos, de D. Diego Enrquez.

4 El hijo de Marco Aurelio, de D. Juan de Zavaleta.

5 El nieto de su padre, de D. Guilln de Castro.

6 Osar morir da la vida, de D. Juan de Zavaleta.

7 A lo que obliga el ser Rey, de Luis Vlez.

8 El discreto porfiado, de tres ingenios.

9 La lealtad contra su Rey, de Juan Villegas.

10 La mayor venganza de honor, de D. lvaro Cubillo.

11 Sufrir ms por querer menos, de D. Rodrigo Enrquez.

12 Los milagros del desprecio, de Lope de Vega.


TOMO XI (1659).

1 El honrador de su padre, de D. Juan Bautista Diamante.

2 El valor contra fortuna, de D. Andrs de Baeza.

3 Hacer remedio el dolor, de D. Agustn Moreto y D. Jernimo Cncer.

4 El robo de las Sabinas, de D. Juan Cuello y Arias.

5 El loco en la penitencia y tirano ms impropio, de un ingenio de esta
corte.

6 Contra su suerte ninguno, de Jernimo Malo de Molina.

7 Vencerse es mayor valor, de los Figueroas.

8 El ms ilustre francs, San Bernardo, de D. Agustn Moreto.

9 El escndalo de Grecia contra las santas imgenes, de D. Pedro
Caldern.

10 No se pierden las finezas, de D. Andrs de Baeza.

11 La silla de San Pedro, de D. Antonio Martnez.

12 La ms constante mujer, burlesca, de Juan Maldonado, Diego La Duea y
Jernimo de Cifuentes.


TOMO XII (1658).

1 La dama corregidor, de D. Sebastin Villaviciosa y D. Juan de
Zavaleta.

2 La Estrella de Monserrate, de D. Cristbal de Morales.

3 Amor y obligacin, de D. Agustn Moreto.

4 Vengado antes que ofendido, de D. Jernimo de Cifuentes.

5 La Estrella de Monserrate, de D. Pedro Caldern.

6 Servir para merecer, de Diamante.

7 Prudente, sabia y honrada, de Cubillo.

8 El vencimiento de Turno, de D. Pedro Caldern.

9 El hrcules de Hungra, de D. Ambrosio de Arce.

10 Los desdichados dichosos, de D. Pedro Caldern.

11 Ms la amistad que la sangre, de D. Andrs de Baeza.

12 Comedia burlesca del mariscal de Virn, de D. Juan Maldonado.


TOMO XIII (1660).

1 Pobreza, amor y fortuna, de los Figueroas.

2 El conde de Saldaa, segunda parte, de Alvaro Cubillo de Aragn.

3 Triunfos de amor y fortuna, de D. Antonio de Sols, loa y entremeses
que se representaron en esta comedia  SS. MM. en el coliseo del Buen
Retiro, ao de 1658.

4 Fuego de Dios en el querer bien, de D. Pedro Caldern.

5 Julin y Basilisa, de D. Antonio Huerta, D. Pedro Rosete y D. Jernimo
Cncer.

6 Los tres afectos de amor, piedad, desmayo y valor, de D. Pedro
Caldern.

7 El Josef de las mujeres, de D. Pedro Caldern.

8 Cegar para ver mejor, de D. Ambrosio de Arce.

9 Los bandos de Vizcaya, de D. Pedro Rosete.

10 El amante ms cruel y la amistad ya difunta, de D. Gonzalo de Ulloa y
Sandoval.

11 No hay reinar como vivir, del Dr. Mira de Mescua.

12 A igual agravio no hay duelo, de D. Ambrosio de Cuenca.


TOMO XIV (1661).

1 No puede ser, de D. Agustn Moreto.

2 Leoncio y Montano, de D. Diego y D. Jos de Figueroa y Crdova.

3 El delincuente sin culpa y bastardo de Aragn, de D. Juan de Matos
Fragoso.

4 Mentir y mudarse  un tiempo, fiesta que se represent  SS. MM. en el
Buen Retiro, de D. Diego y D. Jos de Figueroa y Crdova.

5 Poco aprovechan avisos cuando hay mala inclinacin, de D. Juan de
Matos Fragoso.

6 El valiente Campuzano, de D. Fernando de Zrate.

7 El Prncipe villano, de Luis Belmonte y Bermdez.

8 Las canas en el papel y dudoso en la venganza, de D. Pedro Caldern.

9 La fuerza de la verdad, del Dr. D. Francisco Malaspina.

10 La hija del mesonero, fiesta que se represent  SS. MM. en Palacio,
de D. Diego de Figueroa y Crdova.

11 El galn de su mujer, de D. Juan de Matos Fragoso.

12 La mayor victoria de Constantino Magno, de Don Ambrosio Arce de los
Reyes.


TOMO XV (1661).

1 El Conde Lucanor, de D. Pedro Caldern.

2 Fingir y amar, de D. Agustn Moreto.

3 El mejor padre de pobres, de D. Pedro Caldern.

4 La batalla del honor, de D. Fernando de Zrate.

5 La fuerza del natural, de D. Agustn Moreto.

6 Los empeos de un plumaje y origen de los Guevaras, de un ingenio de
esta corte.

7 El tercero de su afrenta, de D. Antonio Martnez.

8 El Eneas de Dios, de D. Agustn Moreto.

9 Las tres justicias en una, de D. Pedro Caldern.

10 San Estanislao, obispo de Crobia, de D. Fernando de Zrate.

11 Cada uno para s, de D. Pedro Caldern.

12 Los Esforcias de Miln, de D. Antonio Martnez.


TOMO XVI (1662).

1 Pedir justicia al culpado, de D. Antonio Martnez.

2 Slo en Dios la confianza, de D. Pedro Rosete.

3 Cada uno con su igual, de Blas de Mesa.

4 El desdn vengado, de D. Francisco de Rojas.

5 El diablo est en Cantillana, de Luis Vlez.

6 El diciembre por agosto, de D. Juan Vlez.

7 All van leyes donde quieren reyes, de D. Guilln de Castro.

8 Servir sin lisonja, de Gaspar de vila.

9 El verdugo de Mlaga, de Luis Vlez.

10 El hombre de Portugal, del maestro Alfaro.

11 No es amor como se pinta, de tres ingenios.

12 Castigar por defender, burlesca, de D. Rodrigo de Herrera.


TOMO XVII (1662).

1 Dar tiempo al tiempo, de D. Pedro Caldern.

2 Primero es la honra, de D. Agustn Moreto.

3 La sortija de Filomena, de D. Sebastin de Villaviciosa.

4 Antes que todo es mi dama, de D. Pedro Caldern.

5 Las dos estrellas de Francia, del maestro D. Manuel de Len y del
licenciado D. Diego Calleja.

6 Caer para levantar, de D. Juan de Matos Fragoso, D. Jernimo Cncer y
D. Agustn Moreto.

7 La verdad en el engao, de D. Juan Vlez, D. Jernimo Cncer y D.
Antonio Martnez.

8 Tambin da Amor libertad, de D. Antonio Martnez.

9 Amor hace hablar los mudos, de Villaviciosa, Matos y Zavaleta.

10 La ofensa y la venganza en el retrato, de D. Juan Antonio Moxica.

11 No hay cosa como el callar, de D. Pedro Caldern.

12 Mujer, llora y vencers, fiesta que se represent  SS. MM., de D.
Pedro Caldern.


TOMO XVIII (1662).

1 Dicha y desdicha del nombre, de D. Pedro Caldern.

2 Euridice y Orfeo, de D. Antonio Sols.

3 Sneca y Nern, de D. Pedro Caldern.

4 La paciencia en los trabajos, del Dr. Felipe Godnez.

5 Los Mdicis de Florencia, corregida y enmendada, de D. Diego Jimnez
de Enciso.

6 El lindo Don Diego, de D. Agustn Moreto y Cabaas.

7 Las nieces del Padre Rojas, de Lope de Vega Carpio, jams impresa.

8 Lo que son suegro y cuado, de D. Jernimo de Cifuentes.

9 El amor en vizcano y los celos en francs y torneos de Navarra, de
Luis Vlez de Guevara.

10 Amigo, amante y leal, de D. Pedro Caldern.

11 Firmeza, amor y venganza, de D. Antonio Francisco.

12 El rey Don Alfonso el de la mano horadada, comedia burlesca, de un
ingenio de esta corte.


TOMO XIX (1662).

1 El alczar del secreto, fiesta que se represent  SS. MM. en el Buen
Retiro, de D. Antonio de Sols.

2 Travesuras de Pantoja, de D. Agustn Moreto.

3 San Froiln, de un ingenio de esta corte.

4 El caballero, de D. Agustn Moreto.

5 El rey Don Sebastin, de Francisco de Villegas.

6 En el sueo est la muerte, de D. Jernimo Guedeja Quiroga.

7 Los siete durmientes, de D. Agustn Moreto.

8 Los dos filsofos de Grecia, de D. Fernando de Zrate.

9 La lealtad en las injurias, de D. Diego de Figueroa y Crdova.

10 La Reina en el Buen Retiro, de D. Antonio Martnez.

11 Mudarse por mejorarse, de D. Fernando de Zrate.

12 Celos aun del aire matan, fiesta que se represent  SS. MM. en el
Buen Retiro, cantada.


TOMO XX (1663).

1 El mgico prodigioso, de D. Pedro Caldern.

2 Callar hasta la ocasin, de Juan Hurtado Cisneros.

3 Auristela y Lisidante, de D. Pedro Caldern.

4 Guardar palabra  los santos, de D. Sebastin Olivares.

5 La difunta pleiteada, de D. Francisco de Rojas Zorrilla.

6 El rigor de las desdichas y mudanzas de fortuna, de D. Pedro Caldern.

7 Don Pedro Miago, de D. Francisco de Rojas Zorrilla.

8 El mejor alcalde el rey y no hay cuentos con serranos, de D. Antonio
Martnez.

9 Saber desmentir sospechas, de D. Pedro Caldern.

10 Aristomenes Mesenio, del maestro Alfaro.

11 y 12. El hijo de la virtud, San Juan Bueno, del capitn D. Francisco
de Llanos y Valds.--Dos partes.


TOMO XXI.

1 Cul es mayor perfeccin, de D. Pedro Caldern, fiesta que se hizo 
S. M.

2 Fortuna de Andromeda y Perseo, de D. Pedro Caldern.

3 Quererse sin declararse, de D. Fernando de Zrate.

4 El gobernador prudente, de Gaspar de vila.

5 Las siete estrellas de Francia, de Luis de Belmonte.

6 El platero del cielo, de Antonio Martnez.

7 La conquista de Cuenca y primera dedicacin de la Virgen del Sagrario,
de D. Pedro Rosete.

8 La hechicera del cielo, de Antonio de Nanclares.

9 La razn hace dichosos, de tres ingenios.

10 Amar sin ver, de D. Antonio Martnez.

11 La Margarita preciosa, de Zavaleta, Cncer y Caldern.

12 El ms herico silencio, de D. Antonio Cardona.


TOMO XXII (1665).

1 Los espaoles en Chile, de D. Francisco Gonzlez de Bustos.

2 Elegir el enemigo, de D. Agustn de Salazar y Torres.

3 El arca de No, de D. Antonio Martnez, D. Pedro Rosete y D. Jernimo
Cncer.

4 La luna de la Sagra, Santa Juana de la Cruz, de D. Francisco Bernardo
de Quirs.

5 Lavar sin sangre una ofensa, de D. Ramn Montero de Espinosa.

6 Los dos monarcas de Europa, de D. Bartolom de Salazar y Luna.

7 La corte en el valle, de D. Francisco Avellaneda, D. Juan de Matos
Fragoso y D. Sebastin de Villaviciosa.

8 Amar y no agradecer, de D. Francisco Salgada.

9 Santa Olalla de Mrida, de D. Francisco Gonzlez de Bustos.

10 Merecer de la fortuna, ensalzamientos dichosos, de D. Diego de Vera y
D. Jos Ribera.

11 Muchos aciertos de un yerro, de D. Jos de Figueroa.

12 Antes que todo es mi amigo, de D. Fernando de Zrate.


TOMO XXIII (1666).

1 Santo Toms de Villanueva, de D. Juan Bautista Diamante.

2 Los dos prodigios de Roma, de D. Juan de Matos Fragoso.

3 El redentor cautivo, de D. Juan de Matos y de Villaviciosa.

4 El parecido, de D. Agustn Moreto.

5 Las misas de San Vicente Ferrer, de D. Fernando de Zrate.

6 No amar la mayor fineza, de D. Juan de Zavaleta.

7 Hacer fineza el desaire, del licenciado Diego Calleja.

8 Encontrronse dos arroyuelos, de D. Juan Vlez.

9 La Virgen de la Fuencisla, de D. Sebastin de Villaviciosa, D. Juan de
Matos y D. Juan de Zavaleta.

10 El honrador de sus hijas, de D. Francisco Polo.

11 El hechizo imaginado, de D. Juan de Zavaleta.

12 La presumida y la hermosa, de D. Fernando de Zrate.


TOMO XXIV (1666).

1 El monstruo de la fortuna, de tres ingenios.

2 La Virgen de la Salceda, del maestro Len y Calleja.

3 Industrias contra finezas, de D. Agustn Moreto.

4 La dama capitn, fiesta que se represent  S. M., de los Figueroas.

5 Tambin tiene el sol menguante, de tres ingenios.

6 Lo que puede amor y celos, de un ingenio de esta corte.

7 Los amantes de Berona, de D. Cristbal de Rojas.

8 El soldado ms herido, y vivo despus de muerto, de D. Pedro de
Estenoz y Lodosa.

9 El maestro de Alejandro, de D. Fernando de Zrate.

10 San Pedro de Arbus, de D. Fernando de la Torre.

11 Slo el piadoso es mi hijo, de D. Juan de Matos, D. Sebastin de
Villaviciosa y D. Francisco Avellaneda.

12 La Rosa de Alejandra, la ms nueva, de D. Pedro Rosete.


TOMO XXV (1666).

1 El letrado del cielo, de D. Juan de Matos.

2 La ms dichosa venganza, de D. Antonio Sols.

3 La fingida Arcadia, de D. Agustn Moreto.

4 Cuantas veo tantas quiero, de D. Sebastin de Villaviciosa y D.
Francisco de Avellaneda.

5 La condesa de Belfor, de D. Agustn Moreto.

6 No hay contra el amor poder, de D. Juan Vlez de Guevara.

7 Sin honra no hay valenta, de D. Agustn Moreto.

8 Amor vencido de amor, de D. Juan Vlez de Guevara, D. Juan de Zavaleta
y D. Antonio de Huerta.

9  lo que obligan los celos, de D. Fernando de Zrate.

10 Lo que puede la crianza, de Francisco de Villegas.

11 La esclavitud ms dichosa y Virgen de los Remedios, de Francisco de
Villegas y Jusepe Rojo.

12 Lorenzo me llamo, de Juan de Matos Fragoso.


TOMO XXVI (1666).

1 El vaquero de Granada, de D. Juan Bautista Diamante.

2 La dicha del carbonero y Lorenzo me llamo, la nueva, de D. Juan de
Matos Fragoso.

3 Hay culpa en que no hay delito, de D. Romn Montero de Espinosa.

4 El mancebo del camino, de D. Juan Bautista Diamante.

5 Los sucesos de tres horas, de Luis de Oviedo.

6 Fiar de Dios, de D. Antonio Martnez y D. Luis de Belmonte.

7 Desde Toledo  Madrid, del maestro Tirso de Molina.

8 El amor puesto en razn, de D. Sebastin de Villaviciosa.

9 San Luis Bertrn, de D. Agustn Moreto.

10 La piedad en la justicia, de D. Guilln de Castro.

11 Resucitar con el agua, de D. Jos Ruiz, D. Jacinto Hurtado de Mendoza
y Pedro Francisco Lanini Valencia.

12 Todo cabe en lo posible, de D. Fernando de vila.


TOMO XXVII.

1 Los sucesos de Orn por el marqus Ardoles, de D. Luis Vlez de
Guevara.

2 Los bandos de Rvena  institucin de la Camndula, de D. Juan de
Matos Fragoso.

3 La cortesana en la sierra, de tres ingenios de esta corte.

4 Reinar es la mayor suerte, de un ingenio de esta corte.

5 El laberinto de Creta, de D. Juan Bautista Diamante.

6 La ocasin hace al ladrn, de D. Juan de Matos Fragoso.

7 Nuestra Seora de Regla, de D. Ambrosio de Cuenca.

8 Amar por seas, del maestro Tirso de Molina.

9 Las auroras de Sevilla, de tres ingenios.

10 La Cruz de Caravaca, de D. Juan Bautista Diamante.

11 La ventura con el nombre, del maestro Tirso de Molina.

12 La juda de Toledo, de D. Juan Bautista Diamante.


TOMO XXVIII (1667).

1 El prncipe D. Carlos, del Dr. Juan Prez de Montalbn.

2 San Isidro Labrador de Madrid, de Lope de Vega Carpio.

3 El sitio de Breda, de D. Pedro Caldern.

4 Los empeos de un engao, de D. Juan de Alarcn.

5 El mejor tutor es Dios, de Luis de Belmonte.

6 El palacio confuso, del Dr. Mira de Mescua.

7 Victoria por el amor, del alfrez Jacinto Cordero.

8 La victoria de Norlingen, de D. Alonso del Castillo Solrzano.

9 La ventura en la desgracia, de Lope de Vega Carpio.

10 San Mateo en Etiopa, del Dr. Felipe Godnez.

11 Mira al fin, de un ingenio de esta corte.

12 La corte del demonio, de Luis Vlez de Guevara.


TOMO XXIX.

1 El iris de las pendencias, de Gaspar de Avila.

2 La razn vence al poder, de D. Juan de Matos Fragoso.

3 El vaso y la piedra, de D. Fernando de Zrate.

4 Pramo y Tisbe, de D. Pedro Rosete.

5 La defensora de la reina de Hungra, de D. Fernando de Zrate.

6 El mejor representante San Gins, de D. Jernimo Cncer, D. Pedro
Rosete y D. Antonio Martnez.

7 Ganar por la mano el juego, de lvaro Cubillo de Aragn.

8 El primer conde de Flandes, de D. Fernando de Zrate.

9 El Hamete de Toledo, burlesca, de tres ingenios.

10 Tetis y Peleo, fiesta que se hizo  las bodas de la serensima seora
Doa Mara Teresa de Austria, reina de Francia, de D. Jos de Bolea.

11 Nuestra Seora de la Luz, de D. Francisco Salgado.

12 Cmo se vengan los nobles, de D. Agustn Moreto.


TOMO XXX (1668).

1 El bruto de Babilonia, de D. Juan de Matos Fragoso, D. Agustn Moreto
y D. Jernimo de Cncer.

2 La montaesa de Asturias, de Luis Vlez de Guevara.

3 El premio en la misma pena, de D. Agustn Moreto.

4 Cuerdos hacen escarmientos, de Francisco de Villegas.

5 Hacer del amor agravio, de un ingenio de esta corte.

6 El mancebn de los palacios, de D. Juan Vlez de Guevara.

7 La conquista de Mjico, de Fernando de Zrate.

8 El prncipe Viador, de Luis Vlez.

9 El valeroso espaol y primero de su casa, de Gaspar de vila.

10 La negra por el honor, de D. Agustn Moreto.

11 No est en matar el vencer, de D. Juan de Matos.

12 San Antonio Abad, de D. Fernando de Zrate.


TOMO XXXI (1669).

1 Querer por slo querer, de D. Antonio de Mendoza.

2 Sufrir ms por valer menos, de D. Jernimo Cruz.

3 Mentir por razn de Estado, de D. Felipe de Miln y Aragn.

4 No hay gusto como la honra, de D. Fernando de Vera y Mendoza.

5 El Caballero de Gracia, del maestro Tirso de Molina.

6 El pronstico de Cdiz, de D. Alonso de Osuna.

7 La trompeta del juicio, de D. Gabriel del Corral.

8 Prodigios de amor, de Villaviciosa.

9 El Amor enamorado, de D. Juan de Zavaleta.

10 El esclavo del ms impropio dueo, del maestro Roa.

11 El socorro de los mantos, de D. Carlos de Arellanos.

12 La traicin en propia sangre, del maestro Rivera.


TOMO XXXII (1669).

1 La culpa ms provechosa, de D. Francisco de Villegas.

2 El bandolero Sol Porto, de Cncer, Rosete y Rojas.

3 La vida en el atad, de D. Francisco de Rojas.

4 Los muros de Jeric, de D. Sebastin de Olivares.

5 Las cinco blancas de Juan de Espera en Dios, de D. Antonio de Huerta.

6 La Virgen de los Desamparados de Valencia, de Marco Antonio Ortiz.

7 Duelo de honor y amistad, de D. Jacinto de Herrera.

8 Selva de amor y celos, de D. Francisco de Rojas.

9 El ms piadoso Troyano, de D. Francisco de Villegas.

10 Pelear hasta morir, de D. Pedro Rosete Nio.

11 El legtimo bastardo, de D. Cristbal de Morales.

12 El afanador de Utrera, de Luis de Belmonte.


TOMO XXXIII (1670).

1 El sabio en su retiro, de D. Juan de Matos Fragoso.

2 Cuerdos hay que parecen locos, de D. Juan de Zavaleta.

3 La romera de Santiago, del maestro Tirso de Molina.

4 Las nieces de Roldn, de Jos Rojo y Francisco de Villegas.

5 Vida y muerte de la monja de Portugal, del doctor Mira de Mescua.

6 El voto de Santiago y batalla de Clavijo, de D. Rodrigo de Herrera.

7 Prdida y restauracin de la baha de todos los santos, de D. Juan
Antonio Correa.

8 El casamiento con celos y el rey Don Pedro de Aragn, de Bartolom de
Enciso.

9 Mateo Vizconde, de Juan de Ayala.

10 El ms dichoso prodigio, de un ingenio de esta corte.

11 El fnix de Alemania: vida y muerte de Santa Cristina, de Juan de
Matos.

12 La ms herica fineza y fortuna de Isabela, de Don Juan de Matos, D.
Diego y D. Jos de Figueroa y Crdova, caballeros del hbito de Cristo,
Alcntara y Calatrava.


TOMO XXXIV.

1 El lazo, banda y retrato, de D. Gil Enrquez.

2 Rendirse  la obligacin, de D. Jos y D. Diego de Figueroa.

3 El Santo Cristo de Calabria, de D. Agustn Moreto.

4 Pocos bastan si son buenos y Crisol de la lealtad, de D. Juan de Matos
Fragoso.

5 Verse y tenerse por muertos, de D. Manuel Freyre de Andrade.

6 El disparate credo, de D. Juan de Zavaleta.

7 La venganza en el despeo, de D. Juan de Matos Fragoso.

8 La Virgen de la Aurora, de D. Agustn Moreto y D. Jernimo Cncer.

9 El galn secreto, del Dr. Mira de Mescua.

10 Lo que le toca al valor y Prncipe de Orange, del Dr. Mira de Mescua.

11 Amor de razn vencido, de un ingenio de esta corte.

12 El azote de su patria, de D. Agustn Moreto.


TOMO XXXV (1671).

1 El defensor de su agravio, de D. Agustn Moreto.

2 La conquista de Orn, de Luis Vlez de Guevara.

3 No hay amar como fingir, del maestro Len.

4 En Madrid y en una casa, de D. Francisco de Rojas.

5 La hermosura y la desdicha, de D. Francisco de Rojas.

6 A lo que obliga el desdn, de D. Francisco de Rojas.

7 Celos son bien y ventura, del Dr. Felipe Godnez.

8 La confusin de Hungra, del Dr. Mira de Mescua.

9 El sitio de Olivenza, de un ingenio de esta corte.

10 Empezar  ser amigos, de D. Agustn Moreto.

11 El Doctor Carlino, de D. Antonio de Sols.

12 La escala de la gracia, de D. Fernando de Zrate.


TOMO XXXVI (1671).

1 Santa Rosa del Per, de D. Agustn Moreto y Don Pedro Francisco Lanini
y Sagredo.

2 El mosquetero de Flandes, de D. Francisco Gonzlez de Bustos.

3 El tirano castigado, de D. Juan Bautista Diamante.

4 Araspes y Pantea, de D. Francisco Salgado.

5 El prodigio de Polonia, de Juan Delgado.

6 La Fnix de Tesalia, del maestro Roa.

7 El nuncio falso de Portugal, de tres ingenios.

8 La dicha por el agravio, de D. Juan Bautista Diamante.

9 El dichoso bandolero, de D. Francisco de Caizares.

10 El sitio de Betulia, de un ingenio de esta corte.

11 Darlo todo y no dar nada, burlesca, de D. Pedro Francisco Lanini y
Sagredo.

12 Las barracas del Grao de Valencia, de tres ingenios.


TOMO XXXVII.

1 Un bobo hace ciento, de D. Antonio Sols.

2 Riesgos de amor y amistad, de D. Juan Vlez de Guevara.

3 Satisfacer callando, de D. Agustn Moreto.

4 El nuevo mundo en Castilla, de D. Juan de Matos Fragoso.

5 Los prodigios de la vara y capitn de Israel, del Dr. Mira de Mescua.

6 El amor hace discretos, de un ingenio de esta corte.

7 Todo es enredos Amor, de D. Diego de Crdova y Figueroa.

8 Poder y Amor compitiendo, de Juan la Calle.

9 La gitanilla de Madrid, de D. Antonio de Sols.

10 Escarramn, comedia burlesca, que se hizo en el Buen Retiro, de D.
Agustn Moreto.

11 El mejor casamiento, de D. Juan de Matos Fragoso.

12 La desgracia venturosa, de D. Fernando de Zrate.


TOMO XXXVIII.

1 El guila de la Iglesia, de D. Francisco Gonzlez del Busto.

2 Las nieces y primer triunfo de David, de D. Manuel de Vargas.

3 Tambin se ama en el abismo, de D. Agustn de Salazar.

4 Los muzrabes de Toledo, de Juan Hidalgo.

5 La gala del nadar es saber guardar la ropa, de Don Agustn Moreto.

6 Olvidar amando, de D. Francisco Bernardo Quirs.

7 Las tres edades del mundo, de Luis Vlez de Guevara.

8 Del mal lo menos, de un ingenio de esta corte.

9 Vida y muerte de San Cayetano, de seis ingenios de esta corte.

10 El hechizo de Sevilla, de D. Ambrosio de Arce.

11 Enmendar yerros de amor, de D. Francisco Jimnez de Cisneros.

12 El cerco de Tagarete, burlesca, con su entrems, de Bernardo de
Quirs.


TOMO XXXIX (1673).

1 El mejor par de los doce, de D. Juan de Matos Fragoso y D. Agustn
Moreto.

2 La mesonera del cielo, del Dr. Mira de Mescua.

3 La milagrosa eleccin de Po V, de D. Agustn Moreto.

4 La dicha por el desprecio, de D. Juan de Matos Fragoso.

5 El veneno para s, de un ingenio de esta corte.

6 El vaquero emperador, de D. Juan de Matos Fragoso, de D. Juan Diamante
y de D. Andrs Gil Enrquez.

7 La cosaria catalana, de D. Juan de Matos Fragoso.

8 Las mocedades del Cid, fiesta que se represent  SS. MM. el martes de
Carnestolendas, de D. Jernimo Cncer.

9 Los carboneros de Francia, del Dr. Mira de Mescua.

10 Cmo naci San Francisco, de D. Romn Montero y D. Francisco de
Villegas.

11 La discreta venganza, de D. Agustn Moreto.

12 Contra la fe no hay respeto, de D. Diego Gutirrez.


TOMO XL.

1 El mdico pintor S. Lucas, de D. Fernando de Zrate.

2 El Rey Don Alfonso el Bueno, de D. Pedro Lanini Sagredo.

3 El Fnix de la Escritura, el glorioso San Jernimo, de D. Francisco
Gonzlez de Bustos.

4 Cuando no se aguarda, de D. Francisco de Leiva Ramrez de Arellano.

5 No hay contra lealtad cautelas, del propio autor.

6 Amads y Niquea, del propio autor.

7 Las tres coronaciones del Emperador Carlos V, de D. Fernando de
Zrate.

8 De los hermanos amantes y piedad por fuerza, de D. Fernando de Zrate.

9 El dichoso en Zaragoza, del Dr. D. Juan Prez Montalbn.

10 Los bandos de Luca y Pisa, de Antonio de Acevedo.

11 La playa de Sanlcar, de Bartolom Corts.

12 Origen de Nuestra Seora de las Angustias y rebelin de los moriscos,
de Antonio Fajardo y Acevedo.


TOMO XLI.

1 Juegos olmpicos, de D. Agustn de Salazar.

2 El mrito es la corona, del propio autor.

3 Elegir al enemigo, del propio autor.

4 Tambin se ama en el abismo, del propio autor.

5 No puede ser, de D. Agustn Moreto.

6 Hacer fineza el desaire, del licenciado D. Diego Calleja.

7 El caballero, de D. Agustn Moreto.

8 El alczar del secreto, de D. Antonio de Sols.

9 Antes que todo es mi amigo, de D. Fernando de Zrate.

10 El Hamete de Toledo, de Belmonte y de Antonio Martnez.

11 La presumida y la hermosa, de D. Fernando de Zrate.

12 Celos aun del aire matan, de D. Pedro Caldern.


TOMO XLII (1676).

1 Varios prodigios de amor, de D. Francisco de Rojas.

2 San Francisco de Borja, de D. Melchor Fernndez de Len.

3 Dios hace justicia  todos, de D. Francisco de Villegas.

4 Yo por vos y vos por otro, de D. Agustn Moreto.

5 Lucero de Madrid, Nuestra Seora de Atocha, de D. Pedro Francisco
Lanini Sagredo.

6 La mejor flor de Sicilia, Santa Rosala, de Don Agustn de Salazar.

7 Como noble y ofendido, de D. Antonio de la Cueva.

8 Endimin y Diana, de D. Melchor Fernndez de Len.

9 Ser lo que Dios quisiere, de D. Pedro Francisco Lanini Sagredo.

10 El hijo de la molinera, de D. Francisco de Villegas.

11 El gran Rey anacoreta San Onofre, de D. Pedro Francisco Lanini
Sagredo.

12 El Eneas de la Virgen y primer Rey de Navarra, de D. Francisco de
Villegas y D. Pedro Francisco Lanini Sagredo.


TOMO XLIII (1678).

1 Cueva y castillo de amor, de D. Francisco de Leiva.

2 Porcia y Tancredo, de D. Luis de Ulloa.

3 Nuestra Seora de la Victoria y restauracin de Mlaga, de D.
Francisco de Leiva.

4 El Fnix de Espaa, San Francisco de Borja, de un ingenio de esta
corte.

5 El cielo por los cabellos, Santa Ins, de tres ingenios.

6 El emperador fingido, de Gabriel Bocngel y Unzueta.

7 La dicha es la diligencia, de D. Toms Ossorio.

8 Fiesta de zarzuela llamada Cul es lo ms en amor, el desprecio  el
favor? de Salvador de la Cueva.

9 La infeliz Aurora y fineza acreditada, de D. Francisco de Leiva.

10 La nueva maravilla de la gracia, de D. Pedro Lanini Sagredo.

11 Merecer para alcanzar, de D. Agustn Moreto.

12 El prncipe de la Estrella y castillo de la vida, de tres ingenios.


TOMO XLIV.

1 Quien habla ms obra menos, de D. Fernando de Zrate.

2 El apstol de Salamanca, de D. Felipe Sicardo.

3 Dejar un reino por otro y mrtires de Madrid, de D. Jernimo Cncer,
D. Sebastin de Villaviciosa y D. Agustn Moreto.

4 Cinco venganzas en una, de D. Juan de Ayala.

5 San Pelagio, de D. Fernando de Zrate.

6 La confesin con el demonio, de D. Francisco de la Torre.

7 La palabra vengada, de D. Fernando de Zrate.

8 El engao de unos celos, de D. Romn Montero de Espinosa.

9 La prudencia en el castigo, de D. Francisco de Rojas.

10 La sirena de Trinacria, de D. Diego de Crdova y Figueroa.

11 Las lises de Francia, del Dr. Mira de Mescua.

12 El sordo y el montas, de D. Melchor Fernndez de Len.


TOMO XLV (1679).

1 Los bandos de Berona, de D. Francisco de Rojas.

2 La sirena del Jordn, San Juan Bautista, de Don Cristbal de Monroy.

3 Los trabajos de Ulises, de Luis de Belmonte.

4 Hasta la muerte no hay dicha, de un ingenio de esta corte.

5 La mudanza en el amor, de Montalbn.

6 Ingrato  quien le hizo el bien, de un ingenio de esta corte.

7 El gran Jorge Castrioto, de Belmonte.

8 El fin ms desgraciado y fortuna de Seyano, de Montalbn.

9 La traicin contra su sangre (burlesca), de un ingenio de esta corte.

10 Dejar dicha por ms dicha, de D. Juan Ruiz de Alarcn.

11 Quin engaa ms  quin, de Alarcn.

12 El amor ms verdadero (burlesca), de un ingenio de esta corte.


TOMO XLVI (1679).

1 La mitra y pluma en la cruz, del maestro Toms Manuel de Paz.

2 Cuanto cabe en hora y media, de D. Juan de Vera y Villarroel.

3 Al noble su sangre avisa, del maestro Toms Manuel de Paz.

4 El patrn de Salamanca con Monroyes y Manzanos, de D. Juan de Vera y
Villarroel.

5 Las armas de la hermosura, fiesta que se represent  SS. MM., de D.
Pedro Caldern.

6 Perico el de los Palotes, de tres ingenios.

7 La seora y la criada, de D. Pedro Caldern.

8 La corona en tres hermanos, de D. Juan de Vera y Villarroel.

9 La conquista de las Molucas, de D. Melchor Fernndez de Len.

10 Ms merece quien ms ama, fiesta que se represent  SS. MM., de D.
Antonio Hurtado de Mendoza.

11 El veneno en la guirnalda y la triaca en la fuente, fiesta que se
represent  SS. MM., de D. Melchor Fernndez de Len.

12 El marqus de Cigarral, de D. Alonso del Castillo Solorzano.


TOMO XLVII.

_Comedias de D. Antonio de Sols._

1 Triunfos de amor y fortuna, con loa y entremeses.

2 Euridice y Orfeo.

3 El amor al uso.

4 El alczar del secreto.

5 Las amazonas.

6 El Doctor Carlino.

7 Un bobo hace ciento, con loa.

8 La gitanilla de Madrid.

9 Amparar al enemigo.


TOMO XLVIII (1704).

1 El Austria en Jerusaln, de D. Francisco de Bances Candamo.

2 El sol obediente al hombre, de D. Garca Aznar Vlez.

3 El duelo contra su dama, de D. Francisco de Bances Candamo.

4 Qu es la ciencia del reinar, de D. Garca Aznar Vlez.

5 Venir el Amor al mundo, de D. Melchor Fernndez de Len.

6 Cul es afecto mayor, lealtad, sangre  amor, de D. Francisco de
Bances Candamo.

7 Por su rey y por su dama, del propio autor.

8 Tambin hay piedad con celos, de D. Garca de Aznar Vlez.

9 El espaol ms amante y desgraciado Macas, de tres ingenios.

10 El valor no tiene edad, de Juan Bautista Diamante.

Loa y baile para la comedia de caro y Ddalo.

11 La gran comedia de caro y Ddalo, de D. Melchor Fernndez de Len.




NDICE.


                                                                   Pgs.

CAPTULO XII.--Clasificacin de las comedias de Lope,
y crtica particular de algunas.--_El conde Fernn Gonzlez._--_El
casamiento en la muerte._--_Las doncellas de Simancas._--_Los
Benavides._--_El Prncipe despeado._                                  7

CAPTULO XIII.--_La inocente sangre._--_La juda de Toledo._--_Los
novios de Hornachuelos._--_Peribez y el comendador
de Ocaa._--_Los comendadores de Crdoba y
Fuente-Ovejuna._--_El Hidalgo abencerraje._--_La envidia
de la nobleza y el cerco de Santa Fe._--_Las cuentas del
Gran capitn._--_El Nuevo Mundo descubierto_, y algunas
otras.                                                                33

CAPTULO XIV.--_La Estrella de Sevilla._--_Porfiar hasta
morir._--_El mejor alcalde, el Rey._--_La carbonera._--_La
nia de plata._--_La corona merecida._--_El vaquero de Moraa._--_El
duque de Viseo._--_El castigo sin venganza._                          65

CAPTULO XV.--Comedias caballerescas.--_Castelvines y
Monteses._--_El nuevo Pitgoras._--_La octava maravilla_, 
indicacin de los argumentos de otras.                                93

CAPTULO XVI.--_La fuerza lastimosa._--_Don Lope de Cardona._--_La
hermosa Alfreda._--_Laura perseguida._--Otras
comedias.--_El caballero de Olmedo._--Lo cmico de Lope
de Vega.--_Amar sin saber  quien._                                  123

CAPTULO XVII.--_No son todos ruiseores._--_Los ramilletes
de Madrid._--_La noche de San Juan._--_El mayor imposible._--_El
acero de Madrid._--_La hermosa fea._--Otras
comedias.--Comedias religiosas.--_El Cardenal de Beln._--_San
Nicols de Tolentino._--_El animal profeta._--Otras
comedias de la misma clase.                                          151

CAPTULO XVIII.--Autos, entremeses y loas de Lope
de Vega.                                                             177

CAPTULO XIX.--Poetas dramticos valencianos.--Francisco
Trrega.--Gaspar Aguilar.--Ricardo de Turia.--Carlos
Boyl.--Mguel Beneyto.--Vicente Adrin.--Guilln
de Castro.--Su _Cid_ y el de Corneille.                              209

CAPTULO XX.--Otras obras de Guilln de Castro.--El
Dr. Ramn.--Antonio de Galarza.--Gaspar de Avila.--Miguel
Snchez.--Mira de Mescua.                                            247

CAPTULO XXI.--Luis Vlez de Guevara.--Prrafos de
_El diablo cojuelo_, acerca del teatro.--Las comedias ms
notables de Vlez de Guevara.                                        281

CAPTULO XXII.--Otros poetas dramticos de esta poca.--Mexa
de la Cerda.--Damin Salustrio del Poyo.--Hurtado
Velarde.--Juan Grajales.--Joseph de Valdivieso.--Andrs
de Claramonte.--Otros poetas dramticos
del tiempo de Lope de Vega.                                          309

CAPTULO XXIII.--Oposicin de algunos crticos al drama
nacional.--Andrs Rey de Artieda.--Francisco Cascales.--Cristbal
de Mesa.--Esteban Manuel de Villegas.--Bartolom
Leonardo de Argensola.--Cristbal Surez
de Figueroa.--Triunfo del partido nacional contra
los galicistas.                                                      329

CAPTULO XXIV.--Diego Jimnez de Enciso.--Juan
Prez de Montalvn.                                                  367

CAPTULO XXV.--Tirso de Molina.--Su Apologa de la
Comedia Espaola.--Sus obras dramticas en general.                  389

CAPTULO XXVI.--Crtica particular de las obras dramticas
ms notables de Tirso.                                               413

CAPTULO XXVII.--Continuacin y fin de la crtica particular
de las obras dramticas ms notables de Tirso.                       437

APNDICE.--Catlogo de la gran coleccin de comedias
nuevas escogidas de los mejores ingenios de Espaa.                  465




    _Este libro se acab de imprimir
      en Madrid, en casa de
        Manuel Tello, el da
          28 de Febrero del
            ao de
              1887._






COLECCIN DE ESCRITORES CASTELLANOS.


OBRAS PUBLICADAS.

ROMANCERO ESPIRITUAL, del Mtro. Valdivielso.--Un tomo, con retrato
del Autor, y prlogo del P. Mir, 4 pesetas.--Ejemplares especiales,
 6, 10, 25, 30 y 250 id.

OBRAS de D. A. L. de Ayala--Siete tomos: el 1., con retrato del
Autor, 5 pesetas: los restantes  4 pesetas.--Ejemplares
especiales,  6, 7-1/2, 10, 25, 30 y 250 id.

POESAS de D. Andrs Bello, con prlogo de D. M. A. Caro, Director
de la Academia Colombiana, y retrato del Autor.--(Agotada la
edicin de 4 pesetas.)--Hay ejemplares especiales de 6, 10, 25 y 30
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OBRAS de D. P. A. de Alarcn.--Diez y seis tomos, 63 pesetas.

(De todas sus obras hay ejemplares de hilo numerados,  10
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ODAS, EPSTOLAS Y TRAGEDIAS, por D. M. Menndez y Pelayo.--Un tomo
con retrato del Autor y prlogo de D. Juan Valera, 4
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ESTUDIOS DE CRTICA LITERARIA, por el mismo.--Un tomo, 4
pesetas.--Ejemplares especiales.

EL SOLITARIO Y SU TIEMPO, _Biografa de D. Serafn Estbanez
Caldern, y critica de sus obras_, por D. A. Cnovas del
Castillo.--Dos tomos, con el retrato de D. Serafn Estbanez
Caldern, 8 pesetas.--Ejemplares especiales.

HISTORIA DE LAS IDEAS ESTTICAS EN ESPAA, por D. M. Menndez y
Pelayo.--Tomos I, II y III (cinco volmenes) 22
pesetas.--Ejemplares especiales.

ESCENAS ANDALUZAS, por D. Serafn Estbanez Caldern (El
Solitario).--Un tomo, 4 pesetas.--Ejemplares especiales.

DERECHO INTERNACIONAL, por D. Andrs Bello.--Dos tomos, 8
pesetas.--Ejemplares especiales.

VOCES DEL ALMA, por D. Jos Velarde.--Un tomo, 4
pesetas.--Ejemplares especiales.

PROBLEMAS CONTEMPORNEOS, por D. Antonio Cnovas del Castillo.--Dos
tomos, con el retrato del Autor, 10 pesetas.--Ejemplares
especiales.

ESCRITORES ESPAOLES  HISPANO-AMERICANOS, por D. Manuel
Caete.--Un tomo, con el retrato del Autor, 4 pesetas.--Ejemplares
especiales.

CALDERN Y SU TEATRO, tercera edicin, por D. M. Menndez y
Pelayo.--Un tomo, 4 pesetas.

ESTUDIOS CRTICOS SOBRE LA HISTORIA DE ARAGN, por D. Vicente de la
Fuente.--Tres tomos con el retrato del Autor, 13
pesetas.--Ejemplares especiales.

ESTUDIOS GRAMATICALES: introduccin a las obras filolgicas de D.
Andrs Bello, por D. Marco Fidel Surez.--Un tomo, 5
pesetas.--Ejemplares especiales.

POESAS de D. Jos Eusebio Caro--Un tomo, con el retrato del Autor,
4 pesetas.--Ejemplares especiales.

DE LA CONQUISTA Y PRDIDA DE PORTUGAL, por D. Serafn Estbanez
Caldern (El Solitario).--Dos tomos, 8 pesetas.--Ejemplares
especiales.

TEATRO ESPAOL DEL SIGLO XVI, por D. Manuel Caete.--Un tomo, 4
pesetas.--Ejemplares especiales.

HORACIO EN ESPAA.--_Solaces bibliogrficos_, por D. M. Menndez y
Pelayo.--Dos tomos, lo pesetas.--Ejemplares especiales.

LAS RUINAS DE POBLET, por D. Vctor Balaguer.--Un tomo, 4
pesetas.--Ejemplares especiales.

CANCIONERO de Gmez Manrique.--Dos tomos, 8 pesetas.--Ejemplares
especiales.

LEYENDAS MORISCAS, por D. F. Guilln Robles.--Tres tomos, 12
pesetas.--Ejemplares especiales.

OBRAS DE D. JUAN VALERA.--Tomo I: _Canciones, romances y poemas_, 5
pesetas.--Tomo II: _Cuentos, dilogos y fantasas_, 5
pesetas.--Ejemplares especiales.

POESAS, por D. Antonio Ros de Olano, con prlogo de D. Pedro A. de
Alarcn.--Un tomo, 4 pesetas.--Ejemplares especiales.

HISTORIA DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO EN ESPAA, por
Adolfo Federico, conde de Schack.--Tomos I, II y III,  5
pesetas.--Ejemplares especiales.

HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA, por Juan de Castellanos, tomo
I, 5 pesetas.

POEMAS DRAMTICOS DE BYRN, traducidos en verso por D. J. Alcal
Galiano.--Un tomo, 4 pesetas.--Ejemplares especiales.


EN PRENSA.

OBRAS de D. J. E. Hartzenbusch.

HISTORIA DE LAS IDEAS ESTTICAS EN ESPAA, por D. M. Menndez y
Pelayo, tomo IV y ltimo.

LA CIENCIA ESPAOLA, por el mismo.

ESTUDIOS LITERARIOS, por D. Pedro Jos Pidal.

HISTORIA DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO EN ESPAA, por
Adolfo Federico, conde de Schack, tomo IV.

HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA, por Juan de Castellanos, tomo
II.

OBRAS de D. Juan Valera, tomo III.


EN PREPARACIN.

     ESTUDIOS HISTRICOS, por D. Aureliano Fernndez-Guerra.

     NOVELAS de Salas Barbadillo.

     VIDA DE D. PEDRO LA GASCA, por Calvete de la Estrella.

      Los ejemplares especiales son:

    150 en papel agarbanzado grueso                     6 pesetas.
    100 en papel de hilo espaol, nmeros 1  100      10    id.
     25 en papel China, nmeros I  XXV                30    id.
     25 en papel Japn, nmeros XXVI  L               35    id.


Todos los ejemplares numerados llevan dobles pruebas de los retratos
grabados al agua fuerte por Maura.


COLECCIN DE ESCRITORES CASTELLANOS.

ALARCN (D. P. A. de). Obras: diez y seis tomos, 55 pesetas.

BALAGUER (D. Vctor). _Las ruinas de Poblet_: un tomo, 4 pesetas.

BELLO (D. Andrs). _Poesas._ (Agotada la edicin ordinaria, hay
ejemplares de lujo, de 6 pesetas en adelante.)--_Derecho internacional_:
dos tomos, 8 pesetas.

BYRON. _Poemas dramticos_, traducidos en verso por D. J. Alcal
Galiano: un tomo, 4 pesetas.

CNOVAS DEL CASTILLO (D. Antonio). _El Solitario y su tiempo_: dos
tomos, 8 pesetas.--_Problemas contemporneos_: dos tomos, lo pesetas.

CAETE (D. Manuel). _Escritores espaoles  hispano-americanos_: tomo I,
4 pesetas.--_Teatro espaol del siglo XVI_: tomo I, 4 pesetas.

CARO (D. Jos Eusebio).--_Poesas_: un tomo, 4 pesetas.

CASTELLANOS (Juan). Historia del nuevo reino de Granada: tomo I, 5 pts.

ESTBANEZ CALDERN (D. Serafn: El Solitario). _Escenas andaluzas_: un
tomo, 4 pesetas.--_De la conquista y prdida de Portugal_: dos tomos, 8
pts.

FUENTE (D. Vicente de la). _Estudios crticos sobre la Historia y el
Derecho de Aragn_: tres series, 13 pesetas.

GMEZ MANRIQUE. _Cancionero_: dos tomos, 8 pesetas.

GUILLN ROBLES. _Leyendas moriscas_: tres tomos, 12 pesetas.

LPEZ DE AYALA (D. Adelardo).--Obras completas.--Siete tomos, 29 pts.

MENNDEZ Y PELAYO (D. Marcelino). _Odas, epstolas y tragedias_: un
tomo, 4 pesetas.--_Historia de las ideas estticas en Espaa_: tomos I,
II y III (cinco volmenes), 22 pesetas.--_Estudios de crtica
literaria_; un tomo, 4 pesetas.--_Caldern y su teatro_: un tomo, 4
pesetas.--_Horacio en Espaa solaces bibliogrficos_: dos tomos, 10
pesetas.

ROS DE OLANO (D. Antonio). _Poesas_: un tomo, 4 pesetas.

SUREz (M. F.) _Estudios Gramaticales_: un tomo, 5 pesetas.

SCHACK (A. F.) _Historia de la literatura y del arte dramtico en
Espaa_: tomos I, II y III, 15 pesetas.

VALDIVIELSO (El M. Josef de). _Romancero Espiritual_: un tomo, 4
pesetas.

VALERA (D. Juan). _Obras._--Tomo I, _Canciones, romances y poemas_: 5
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VELARDE (D. Jos). _Voces del alma_: un tomo, 4 pesetas. Ejemplares de
tiradas especiales de 6  250 pesetas.

EN PRENSA.

_Obras_ de D. Juan Valera, tomo II.

_Historia de la literatura y del arte dramtico en Espaa_, de Schack,
tomo IV.

_Historia de las ideas estticas en Espaa_, por D. M. Menndez y
Pelayo, tomo IV.

_Estudios literarios_, por D. Pedro Jos Pidal.

_Historia del nuevo reino de Granada_, por Juan de Castellanos, tomo II.

EN PREPARACIN.

_Obras de Hartzenbusch._

_Estudios histricos_, por D. Aureliano Fernndez-Guerra.

_Novelas_ de Salas Barbadillo.

_Vida de D. Pedro la Gasca_, por Calvete de la Estrella.

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LOPE DE VEGA. _La Dorotea_: un tomo encuadernado con retrato del autor,
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Los pedidos de ejemplares  suscriciones se harn directamente  la
librera de D. Mariano Murillo, calle de Alcal, 7.


NOTAS:

[1] Que este suceso no es invencin del poeta, sino fundado en una
tradicin antigua, se demuestra en la vida de San Milln, del arcipreste
de Hita, publicada por Snchez. Sobre el mismo asunto versa _Las famosas
asturianas_, de Lope.

[2] Moreto, al escribir su comedia, tuvo tambin presente otra de Lope
titulada _El infanzn de Illescas_ (distinta de _El caballero de
Illescas_, que se halla en el tomo XIV de sus comedias). Esta comedia
del _Infanzn_ es muy rara, y hasta ahora han sido intiles todos mis
esfuerzos para poseerla.

[3] Ved esta comedia traducida al alemn en mi _Spanischen Theater_,
Francfort del Mein, 1845, tomo II.

[4] Las cuales son, sin embargo, histricas, como puede verse en
Bermdez de Pedraza, _Historia eclesistica_, parte 4., pg. 214, y en
_El tratado de la nobleza y de los ttulos y dictados que hoy da tienen
los varones claros y grandes de Espaa_, Madrid, 1591, fol. 98, de Fray
Juan Benito Guardiola. Este mismo suceso ha servido para la composicin
dramtica de un desconocido, hecha despus de Lope, que, con el ttulo
de _El triunfo del Ave Mara_, se representa hasta hoy en el teatro
espaol.

[5] Lo histrico de este drama proviene de _La vida del marqus de
Caete_ (D. Garca de Mendoza), de Cristbal Surez de Figueroa.

[6] La tradicin en que se fund _La Estrella de Sevilla_, se ha
conservado hasta hoy en esta ciudad. No h mucho se enseaba en la calle
de la Inquisicin Vieja la casa de los Taveras y la puerta del jardn,
por la cual hubo de entrar Sancho _el Bravo_ en busca de la bella
Estrella.

[7] Digno de atencin es el prlogo de este drama: Seor lector: esta
tragedia se hizo en la corte slo un da, por cosas que  V. le importan
poco. Dej entonces tantos deseosos de verla, que les ha querido
satisfacer con imprimirla. Su historia estaba escrita en lengua latina,
francesa, alemana, toscana y castellana: esto fu prosa, ahora sale en
verso; V. lo lea por ma, porque no es impresa en Sevilla, cuyos
libreros, atendiendo  la ganancia, barajan los nombres de los poetas, y
 unos dan sietes y  otros sotas; que hay hombres que por dinero no
reparan en el honor ajeno, que  vueltas de sus mal impresos libros
venden y compran: advirtiendo que est escrita en estilo espaol, no por
la antigedad griega y severidad latina; huyendo de las sombras, nuncios
y coros, porque el gusto puede mudar los preceptos como el uso los
trajes y el tiempo las costumbres. Se prohibira acaso la
representacin, por que haya en ella alusiones al fin de D. Carlos?

[8] Tan rara es, en efecto, que  pesar de nuestras diligentes
investigaciones en la Biblioteca Nacional; en la de D. Agustn Durn,
hoy de la Biblioteca, y en otras particulares, ricas en obras de esta
especie, no nos ha sido posible encontrarla. Slo aparece su ttulo en
el catlogo de D. Cayetano Alberto de la Barrera, pero con una
interrogacin, signo de la duda que le inspiraba su autenticidad, 
acaso expresin de su imposibilidad de encontrarla y examinarla. No
extrae, pues, el lector que, faltando  nuestra costumbre, no se copie
el original castellano, casi siempre citado en alemn por el seor
Schack.--(_N. del T._)

[9] Sobre la servidumbre corporal,  ms bien formal esclavitud de los
criados, que existi durante el siglo XVII en Espaa, y principalmente
en Andaluca,  pesar de prohibirlo diversas leyes, V.  _Bertaud
journal du voyage d'Espagne_: Pars, 1669.

[10] V. la pg. 384 del tomo I.

[11] El notable drama de Lope _El animal profeta_, proviene de una
leyenda que se encuentra en _Bollandi, acta Sanct._ 2.974, ed., Anto.
Jacobus de Voragine, Legenda Aurea, Hist. 2, y Vicente Bell. Spec. hist.
9.115, y tambin en _Gesta Romanorum_, cap. 18.

[12] Una escena semejante, en que un ngel se aparece bajo la figura de
un pastorcillo, se encuentra en _La buena guarda_, de Lope, que se
titula tambin _La Encomienda bien guardada_.

Esta pieza desenvuelve la bella leyenda, que ha servido recientemente 
Charles-Nodier para escribir su _Soeur Beatrix_, y  D. Jos Zorrilla,
para su potica leyenda de _Margarita la Tornera_.

[13] La frase _estar en jerga_ significa que se ha empezado algo y no se
acaba. Ved ms adelante su explicacin.

[14] En el mismo ao del prlogo de Cervantes  sus comedias nombra
Figueroa en su _Plaza universal_ (Madrid, 1615), como ms famosos,  los
siguientes dramticos: un Lope de Rueda, un Velarde, _nico en el
lenguaje antiguo_; un famoso Lope de Vega, Trrega, Aguilar, Miguel
Snchez, Miguel de Cervantes, Mira de Mescua, Luis Vlez, Gaspar de
Avila.

[15] Las escasas noticias, que insertamos aqu, relativas  los poetas
de Valencia, han sido sacadas de las obras siguientes: _Biblioteca
Valentina_, por Joseph Rodrguez, con la continuacin de Ignacio
Savalls: Valencia, 1747; en fol:--_Escritores del reino de Valencia
desde el ao 1238 hasta el de 1747_, por Vicente Ximeno, tomo I y II:
Valencia, 1747.--_Biblioteca valenciana de los escritores que
florecieron hasta nuestros das, con adiciones y enmiendas  la de D.
Vicente Jimeno_, por D. Justo Pastor Fuster; dos tomos en fol: Valencia,
1827-30.--Hllase una coleccin escogida de las comedias de estos poetas
en las dos obras siguientes, hoy muy raras, cuyo catlogo insertamos
ntegro:

_Doce comedias de cuatro poetas naturales de Valencia_: Valencia, 1608;
Barcelona, 1609, y Madrid, 1614.

_El Prado de Valencia_, _El esposo fingido_, _El cerco de Rodas_, _La
perseguida Amalthea_, _La sangre leal de los montaeses de Navarra_,
_Las suertes trocadas y torneo venturoso_, del cannigo Trrega.

_La gitana melanclica_, _La suegra humilde_, _Los amantes de Cartago_,
de Gaspar de Aguilar.

_El amor constante_, _El caballero bobo_, de Guilln de Castro.

_El hijo obediente_, de Miguel Beneyto.

_Norte de la poesa espaola ilustrado del sol, de doze comedias (que
forman segunda parte de laureados poetas valencianos) y de doze
escogidas Loas_. Sacado  luz por Aurelio Mey: Valencia, 1616.

_El marido asegurado_, de D. Carlos Boyl Vives de Canesmas.

_El cerco de Pava_, del cannigo Trrega.

_La fundacin de la Orden de Nuestra Seora de la Merced_, del mismo.

_La Duquesa constante_, del mismo.

_El triunfante martirio de San Vicente_, de Ricardo de Turia.

_La belgera espaola_, del mismo.

_La burladora burlada_, del mismo.

_El mercader amante_, _La fuerza del inters_, _La muerte sin
esperanza_, _El gran patriarca D. Juan de Ribera_, por Gaspar Aguilar.

[16] Segn dice el _Teatro de Valencia_, de Luis Lamarca, en el ao de
1590 se fund en Valencia una Academia, que, entre otros objetos, se
propona el fomento de la msica, del baile y del arte escnico.

[17] V. las _Notas_ de Cerda  la _Diana enamorada_, de Gil Polo:
Madrid, 1802; pgs. 515 y siguientes.

[18] V.  Lope de Vega, _Arcadia_.--V. _Dorotea_.--V. _Laurel de
Apolo_.--Cervantes, _Viaje al Parnaso_.--Rojas, _Loa de la Comedia_.

[19] V. 1 _Donado Hablador_, pg. 534, Autores castellanos Rivadeneyra,
_Novelistas posteriores  Cervantes_.

[20] Poesas de la mayor parte de los poetas nombrados aqu y en las
pginas siguientes, se insertan en el libro _El Prado de Valencia_,
compuesto por D. Gaspar Mercader: Valencia, 1601.

Parece errnea la opinin de los que consideran como una sola persona 
Luis Ferrer y  Ricardo de Turia. En un romance de Carlos Boyl, _un
licenciado que deseaba hacer comedias_ (en el tomo II de las _Comedias
de poetas valencianos_), se distinguen ambas personas.

      Letras, loas y entremeses
    Buscar de mano ajena,
    Porque la propia de todos
    Como propia se condena.
    De Don Gaspar Mercader
    Conde de Buel, las letras
    Sern, porque siendo suyas
    Tendrn gracia y sern buenas.
    Las loas del gran Ferrer,
    Que ha de gobernar Valencia;
    El divino Don Luis,
    Doctsimo en todas sciencias;
    El verso conceptuoso
    Y las quintillas perfectas
    Del culto Ricardo busque,
    Pero no afecte su estrella.
    Y al fin, fin, de espada y capa
    Dar a las salas comedias,
    Y al teatro para el vulgo
    De divinas apariencias.

Lamarca dice que el verdadero nombre de Ricardo de Turia fu Pedro
Rejaule y Toledo; si este dato es autntico, lo cual no puedo yo
decidir, es errnea, sin duda, la fecha que se atribuye (mediados del
siglo XVII)  la poca en que floreci este poeta.

Por ser muy raro el tomo II de las _Comedias de poetas valencianos_, y
porque adems suele faltar en algunos ejemplares la apologa de la
comedia espaola, que le precede en otros, la copio  continuacin:

    "APOLOGTICO
    DE LAS COMEDIAS ESPAOLAS
    POR RICARDO DE TURIA.

Suelen los muy crticos Terensiarcos y Plautistas destos tiempos
condenar generalmente todas las comedias que en Espaa se hacen y
representan, as por monstruosas en la invencion y disposicion, como
impropias en la elocucion, diziendo que la poesa cmica no permite
introduccion de personas grandes, como son Reyes, Imperadores, Monarcas
y aun Pontefices, ni menos el estilo adecuado  semejantes
interlocutores, porque el que se cie dentro de esta esphera es el mas
supino, como lo vieron los que se acuerdan en Espaa del famoso cmico
Ganaa, que, en la primera entrada que hizo en ella, rob igualmente el
aplauso y dinero de todos, y lo ven agora los que de nuestros espaoles
estan en Italia, y aun los que, sin desamparar su patria, se aplican al
estudio de letras humanas, en todos los Poetas cmicos, haziendo mucho
donayre de que introduzgan en las Comedias un Lacayo, que, en son de
gracioso, no slo no se le defienda el ms escondido retrete, que bive
la dama y aun la Reyna, pero ni el caso que necesita de ms acuerdo,
estudio y experiencia, comunicando con l altas razones de estado y
secretos lances de amor, asi mesmo de ver los Pastores tan entendidos,
tan philosofos morales y naturales, como si toda su vida se huvieran
criado  los pechos de las Universidades mas famosas. Pues al galan de
la Comedia (que cuando mucho se retrata en l un cavallero, hijo
legitimo de la ociosidad y regalo) le pintan tan universal en todas las
ciencias, que en ninguna dexa de dar felize alcanze. Pues si entramos en
el transcurso del tiempo, aqu es donde tienen los mal contentos (cierta
secta de discretos, que se usa ahora, fundando su doctrina y superior
ingenio en recebir con nauseas y hamagos cuanto  su censura
desdichadamente llega) la fortuna por la frente; aqu es donde con tono
mas alto, sin esceptar lugar ni personas, acriminan este delito como
mayor que de lesa Magestad; pues dizen que si la Comedia es un espejo de
los sucesos de la vida humana, cmo quieren que en la primer jornada 
acto nazca uno, y en la segunda sea gallardo mancebo, y en la tercera
experimentado viejo, si todo esto pasa en el discurso de dos horas?

Bien pudiera yo responder con algun fundamento, y aun exemplos de los
mesmos Apolos,  cuya sombra descansan muy sosegadamente estos nuestros
fiscales, con decir: que ninguna Comedia, de quantas se representan en
Espaa, lo es, sino Tragicomedia, que es un mixto formado de lo Comico y
de lo Tragico, tomando deste las personas graves, la accion grande, el
terror y la conmiseracion; y de aquel el negocio particular, la risa y
los donayres, y nadie tenga con impropiedad esta mixtura, pues no
repugna  la naturaleza y al arte potico, que en una misma fbula
concurran personas graves y humildes. Qu Tragedia huvo jams que no
tuviese mas criados y otras personas deste jaez, que personages de mucha
gravedad? Pues si vamos al _Aedipo_ de Sphocles, hallaremos aquella
gallarda mezcla del Rey Cleonte y Tyresias con dos criados, que eran
Pastores del ganado: y si echamos manos de la Comedia de Aristophanes,
toparemos con la mixtura de hombres y dioses, Ciudadanos y villanos, y
hasta las bestias introduze que hablan en sus fbulas; pues si debaxo de
un Poema puro, como Tragedia y Comedia, vemos esta mezcla de personas
graves con las que no lo son,

Qu mucho, que, en el mixto, como tragicomedia, lo hallemos?...

Digo que sin defender la Comedia Espaola,  por mejor decir
Tragicomedia, con razones philosoficas ni metaphisicas, sino arguyendo
_ab effectu_, y sin valerme de los exemplos de otros Poetas extrangeros,
que felizmente han escrito en estilo y forma tragicomica, pienso salir
con mi intento.

Quando por los Espaoles fuera inventado este Poema, antes es digno de
alabana que de reprehension, dando por constante una mxima, que no se
puede negar ni cabillar, y es que los que escriven es  fin de
satisfacer el gusto para quien escriven, aunque echen de ver que no van
conforme las reglas que pide aquella compostura; y hace mal el que
piensa que el dexar de seguillas nace de ignorallas, dems que los
Comicos de nuestros tiempos tienen tambien provada su intencion en otras
obras que perfectamente han acabado y escrito con otros fines, que el de
satisfacer  tantos que no necesitan para eternizar sus nombres de
escrivir las Comedias con el rigor  que los reduze estos aceptados
Censores, con quien habla mi Apologia. Supuesta esta verdad, pregunto:
qu hazaa ser mas dificultosa, la de aprender las reglas y leyes que
amaron Plauto y Terencio, y, una vez sabidas, regirse siempre por ellas
en sus comedias,  la de seguir cada quinze dias nuevos terminos y
preceptos? Pues es infalible que la naturaleza espaola pide en las
Comedias lo que en los trages, que son nuevos usos cada dia. Tanto que
el principe de los poetas cmicos de nuestros tiempos y aun de los
pasados, el famoso y nunca bien celebrado Lope de Vega, suele, oyendo
asi Comedias suyas como agenas, advertir los pasos que hazen maravilla y
grangean aplauso: y aquellos, aunque sean impropios, imita en todo,
buscndose ocasiones en nuevas comedias, que como de fuente perenne
nacen incesablemente de su fertilisimo ingenio: y asi con justa razon
adquiere el favor que toda Europa y America le deve y paga
gloriosamente. Porque la clera Espaola est mejor con la pintura que
con la historia; dgolo porque una tabla  lienzo de una vez ofrece
quanto tiene, y la historia se entrega al entendimiento  memoria con
mas dificultad, pues es al paso de los libros  capitulos en que el
autor las distribuye. Y asi, llevados de su naturaleza, querrian en una
comedia no solo ver el nacimiento prodigioso de un Principe, pero las
hazaas que prometi tan estrao principio, hasta ver el fin de sus
dias; si goz de la gloria que sus heroycos hechos le prometieron. Y
assimismo en aquel breve trmino de dos horas querrian ver sucesos
Comicos, Trgicos y Tragicomicos (dexando lo que es meramente Cmico
para argumento de los entremeses que se usan agora), y esto se confirma
en la musica de la misma Comedia, pues si comienzan por un tono grave,
luego lo quieren no solo alegre y jol, pero corrido y bullicioso, y aun
abivado con saynetes de bayles y danzas que mezclan en ellos.

Pues si esto es as, y estas Comedias no se han de representar en
Grecia, ni en Espaa, y el gusto Espaol es deste metal por qu ha de
dexar el Poeta de conseguir su fin, que es el aplauso (primer Precepto
de Aristteles en su Potica) por seguir las leyes de los pasados, tan
ignorantes algunos, que inventaron los Prlogos y Argumentos en las
Comedias, no ms que para declarar la traa y maraa dellas, que sin
esta ayuda de costas, tan ayunos de entendellas se salian como entraban?
Y la introduccion de los Lacayos en las Comedias no es por que entiendan
que la persona de un lacayo sea para comunicalle negocios de estado y de
gobierno, sino por no multiplicar interlocutores; porque si  cada
Principe le huviesen de poner la casa que su estado pide, ni hauria
compaa por numerosa que fuese, que bastase  representar la Comedia,
ni menos Teatro (aunque fuese un Coliseo) de bastante Capacidad  tantas
figuras; y ass haze el Lacayo la de todos los criados de aquel
Principe; y el aplicar donayres  su papel es por despertar el gusto,
que tal vez es necesario, pues con lo mucho grave se empalaga muy
facilmente. Como se vi en la donosa astucia de que us aquel grande
orador Demostenes, cuando vi la mayor parte de sus oyentes rendida al
sueo, y para recordallos en atencion y aplauso les cont la novela de
Umbra Asini, y, en cobrandolos, aud el hilo de su discurso. Y hacer
faciles dueos  los rudos Pastores de materias profundas no desdice de
lo que famosos y antiguos Poetas han platicado, y por evitar proligidad,
bolvamos solo los ojos  la tragicomedia, que el Laureado Poeta Guarino
hizo del Pastor Fido, donde un Satiro que introduce ( imitacion de los
que en esta figura reprehendian los vicios de la Repblica, de donde le
qued nombre de Satiras  los versos mordaces) habla en cosas tan altas
y especulativas, que es el mejor papel de la fabula y define el mismo
poeta al Satiro diziendole en boca de Corisea: Messo homo, messo capra
 tuto bestia. Pues obra es la del Pastor fido, y opinion es la del
Autor de las primeras que en Italia se celebran. Assi que no est la
falta en las Comedias espaolas, sino en los Zoilos Espaoles,
pareciendoles breve camino y libre de trabajo para conquistar el nombre
de discretos la indistinta y ciega murmuracion, y si le preguntays al
mas delicado destos que os seale las partes, de que ha de Constar un
perfeto Poema Cmico, le sucede lo que  muchos Poetas pintores de
hermosuras humanas, pues les atribuyen facciones tan disformes, que si
el mas castigado pincel las redugera  platica, no huviera inventado
demonio tan horrible Geronimo Boscho en sus trasnochados diabolicos
caprichos.

[21] Provienen principalmente de D. Nicols Antonio, Ximeno, Rodrguez y
Fuster, habiendo sido este ltimo el que averigu el ao de su
nacimiento y de su muerte.

[22] Es hoy tan rara la coleccin de las comedias de Guilln de Castro,
que creemos oportuno copiar aqu sus ttulos: Primera parte de las
comedias de D. Guilln de Castro: Valencia, por Felipe Mey, 1621.

_El perfeto caballero_, _El conde Alarcos_, _La humildad soberbia_, _Don
Quixote_, _Las mocedades del Cid_ (1. y 2. parte), _El desengao
dichoso_, _El conde Dirlos_, _Los mal casados de Valencia_, _El
nacimiento de Montesinos_, _El curioso impertinente_, _Procne y
Filomena_.

Segunda parte de las comedias de D. Guilln de Castro: Valencia, por
Miguel Sorolla, 1625.

_Engaarse engaando_, _El mejor esposo_, _Los enemigos hermanos_,
_Cunto se estima el honor_, _El Narciso en su opinin_, _La verdad
averiguada y engaoso casamiento_, _La justicia en la piedad_, _El
pretender con pobreza_, _La fuerza de la costumbre_, _El vicio en los
extremos_, _La fuerza de la sangre_, _Dido y Eneas_.

Hay tambin otras dos comedias suyas en la obra citada antes, que se
titula _Doze comedias de cuatro ingenios valencianos_.

[23] En una hoja volante del ao 1623, titulada _Sucesos desta corte,
desde 15 de agosto hasta fin de octubre de 1623_, se lee: Hanse dado
hbitos (sin duda de Santiago) ... (se nombran varias personas) y  D.
Guilln de Castro.

Hay un prlogo al tomo II de las _Comedias_ de Guilln de Castro, que
copio, tanto  causa de la rareza de este libro, cuanto como ligero dato
que aumenta las pocas noticias existentes de la vida de este poeta:

_Al lector_:

No quiero llamarte discreto ni sabio, por que tal vez podras ser que no
lo seas, ni lisongearte quiero tampoco, con la comun avilidad de
llamarte piadoso; pues si sabes, no tengo mis cosas por tan levantadas
de punto, que te Causen embidia y dexes por eso de alaballas: y si
ynoras, tus alabanas me servirn de vituperios: solo quiero advertirte,
que dems de imprimir estas doze Comedias por hacer gusto  mi sobrino,
lo hize tambien por que en mi ausencia se imprimieron otras doze, y
tanto porque en ellas avia un sin fin de yerros, porque la que menos
aos tiene tendr de quince arriba, que fu cuando la poesa Comica,
aunque menos murmurada, no estaba tan en su punto, me anim  hazer esta
segunda impresion. Si me enga en imprimir estas por disculpar
aquellas, causa he tenido bastante, pues en toda Espaa las siguieron y
celebraron con grande esceso.

En la biblioteca del duque de Osuna se guardan las comedias de Guilln
de Castro:

_La tragedia por los celos_, autgrafa.

Al fin se lee: Acabla D. Guilln de Castro  24 de diciembre de 1622
para Antonio de Prada.

_Ingratitud por amor_, autgrafa con firma.

_Quien no se aventura..._

_All van leyes donde quieren Reyes._

_La manzana de la discordia y robo de Elena_, de Don Guilln de Castro y
Mira de Mescua.

[24] Se ha sostenido que Corneille utiliz tambin otro drama, _El
honrador de su padre_, de Juan Bautista Diamante, muy parecido  su
_Cid_. La conformidad de este drama con el francs es, sin duda, tan
grande, que slo puede explicarse, suponiendo que el uno es imitacin
del otro; es quizs el nico caso de esta ndole, que se encuentra en la
antigua literatura espaola, habiendo de admitirse necesariamente que el
poeta espaol imit al francs. El _Cid_ de Corneille apareci en el ao
de 1636, y la impresin ms antigua de _El honrador de su padre_ parece
ser del ao de 1659 (vase el tomo XI de las _Comedias nuevas escogidas
de los mejores ingenios de Espaa_: Madrid, 1659), y Diamante no hubo de
figurar como poeta antes de esa poca, porque su nombre no aparece en
ninguna de las colecciones anteriores de comedias espaolas, ni es
mencionado tampoco por ninguno de los escritores de la primera mitad del
siglo XVII. No puede alabarse, por lo dems, de esta imitacin de su
_Cid_ el poeta francs, porque _El honrador de su padre_ es una comedia
muy mediana, que no merece compararse por ningn concepto con _Las
mocedades del Cid_.--V. lo que decimos de Diamante en el curso de esta
HISTORIA.

[25] La Harpe niega que Ximena consienta en su casamiento, pero olvida
sus palabras antes de verificarse la lucha entre el Cid y Don Sancho:
Sors vainqueur d'un combat, dont Chimne est le prix!

[26] Que muchos versos del original han pasado casi palabra por palabra
al arreglo francs, lo prueban, entre otros ejemplos, los que siguen:

          .................. escribi
          Con sangre mi obligacin.
    Son sang sur la poussire crivoit mon devoir.
          ......... la mitad de mi vida
          Ha muerto la otra mitad;
          Al vengar
          De mi vida la una parte,
          Sin las dos he de quedar.
    La moiti de ma vie a mis l'autre au tombeau
    Et m'oblige  venger aprs ce coup funeste
    Celle que je n'ai plus sur celle qui me reste.
          Por mi honor he de hacer
          Contra ti cuanto pudiere,
          Deseando no poder.
    Je ferais mon posible  bien venger mon pre,
    Mais malgr la rigueur d'un si cruel devoir,
    Mon unique souhait est de ne rien pouvoir.
          El honor que se lava
          Con sangre se ha de lavar.
    Ce n'est que dans le sang o on lave un tel outrage.
          Toca las blancas canas que honraste,
          Llega la tierna boca  la mejilla
          Donde la mancha de mi honor quitaste.
    Touche ces cheveux blancs  qui tu rends l'honneur,
    Viens baiser cette joue et reconnois la place
    O fut jadis l'affront que ton courage fface.
          .............aliento tomo
          Para en tus alabanzas empleallo.
    Laisse moy prendre haleine afin de te louer.
          Como la ofensa sala
          Luego ca en la venganza.
    Ds que j'ai su l'ffront j'ai prevu la vengeance.
          Ese sentimiento adoro,
          Esa clera me agrada.
    ............. Agrable colre!
    Digne ressentiment  ma douleur bien doux!


[27] Lope de Vega: _Obras sueltas_, tomo I, pg. 22.--Cervantes: _Viaje
al Parnaso_, pg. 64.

[28] D. Agustn Durn posea la tercera jornada de la comedia _Las
fulleras del amor_, que es, probablemente, la de igual ttulo de Gaspar
de vila, de que habla Cervantes en el prlogo  sus _Comedias_.

[29] Lope de Vega dice as en _El laurel de Apolo_:

      Aqul en lo dramtico tan slo,
    Que no ha tenido igual desde aquel punto,
    Que el coturno dorado fu su asunto.

    Miguel Snchez, que ha sido
    El primero maestro que han tenido
    Las musas de Terencio.

V. tambin _La Arcadia_, lib. V.--_Viaje al Parnaso_, pg. 23.

[30] Como dijimos antes, as la tercera como la quinta parte de la gran
coleccin de las comedias de Lope, contienen muchas de otros autores, y,
entre ellas, _La guarda cuidadosa_. Pero como ambas son interesantes
para conocer la literatura dramtica espaola  principios del siglo
XVII, copiaremos aqu el catlogo de ellas:

Parte tercera de las comedias de Lope de Vega y otros autores con sus
loas y entremeses: Barcelona, 1614. (De la licencia que le precede, se
deduce que hay otra edicin ms antigua hecha en Sevilla.)

_Los hijos de la barbuda_, de Luis Vlez de Guevara.

_La adversa fortuna del caballero del Espritu Santo_, del licenciado
Juan Grajales.

_El espejo del mundo_, de Luis Vlez de Guevara.

_La noche toledana_, de Lope de Vega.

_La tragedia de Doa Ins de Castro_, del licenciado Mexa de la Cerda.

_Las mudanzas de fortuna y sucesos de Don Beltrn de Aragn_, de Lope de
Vega.

_La privanza y cada de Don Alvaro de Luna_, de Damin Salustrio del
Poyo, vecino de la ciudad de Sevilla. _La prspera fortuna del caballero
del Espritu Santo_, de Juan Grajales.

_El esclavo del demonio_, de Mira de Mescua.

_La prspera fortuna del famoso Ruy Lpez de Avalos, el Bueno_, de
Damin Salustrio del Poyo. Dos partes.

_El Sancto negro Rosambuco de la ciudad de Palermo_, de Lope de Vega.

Adems cinco loas y tres entremeses: _del Sacristn Soguijo_, _de los
Romances_ y _de los Gevos_.

Flor de las comedias de Espaa de diferentes autores, recopiladas por
Francisco de vila, parte 5.: Madrid, 1616.

_El ejemplo de casadas y prueba de la paciencia_, de Lope de Vega.

_La desgracia del rey D. Alfonso, el Casto_, de Mira de Mescua.

Tragedia de _Los siete infantes de Lara_, en lenguaje antiguo, de
Hurtado Velarde, vecino de la ciudad de Guadalajara.

_El bastardo de Ceuta_, del licenciado Juan Grajales.

_La venganza honrosa_, de Gaspar Aguilar.

_La hermosura de Raquel_, de Luis Vlez de Guevara, gentil-hombre del
conde de Saldaa. Dos partes.

_El premio de las letras por el rey Felipe II_, de Damin Salustrio del
Poyo, natural de Murcia.

_La guarda cuidadosa_, del divino Miguel Snchez, vecino de la ciudad de
Valladolid.

_El loco cuerdo_, del maestro Joseph de Valdivieso, capelln mozrabe de
la Santa Iglesia de Toledo.

_La rueda de la fortuna_, de Mira de Mescua.

_La enemiga favorable_, del licenciado Trrega.

D. Nicols Antonio y el catlogo de la Huerta, atribuyen falsamente
todas estas comedias  Lope de Vega.

[31] En la biblioteca del duque de Osuna exista manuscrita la comedia
de Miguel Snchez _La isla Brbara_, con la licencia para representarse
de 25 de enero de 1611, y de 12 de enero de 1614. Es verosmil que el
Miguel Snchez Vidal, despus mencionado, siguiendo  Latassa, sea este
mismo.

[32] D. N. Antonio le consagra un largo artculo en su _Bibl. Hisp.
nova_, I, 114, igualndolo  Lope de Vega. Dice, entre otras cosas, lo
siguiente: _Natus quantumvis in musico hoc coelo, velut alter thereus
sol_.

[33] Surez: _Historia de Guadix y Baza_, pg. 323.--Navarrete: _Vida de
Cervantes_, pg. 120.

[34] Las comedias de Mira de Mescua, ya sueltas, ya en las colecciones,
se atribuyen frecuentemente  otros autores; no conocemos la coleccin,
de que nos habla Don Nicols Antonio.

[35] Muy rica es la coleccin de manuscritos del duque de Osuna, en
comedias de Mescua. Citar, entre ellas, las siguientes:

_El ejemplo mayor de la desdicha y capitn Belisario_ (atribuda  Lope
de Vega). Autgrafa, con firma de Mira de Mescua; al fin la censura: He
visto esta comedia, y puesto que no contiene nada contra las buenas
costumbres, pudese representar, y su autor, Mira de Amescua, obtener
nuevos aplausos. Madrid y julio de 1625.--Lope de Vega Carpio.

_El animal profeta_, con el ao de 1631 (se ha atribudo tambin 
Lope).

_El mrtir de Madrid_, con la licencia de 1619.

_El primer conde de Flandes_, fecha 24 de noviembre de 1616.

_La tercera de s misma_, fecha en 1626.

_La casa del tahur_, con licencia de 1621.

_Auto de la Inquisicin._ Representse en esta corte ao de 1624.

_Auto de la jura del Prncipe._ Hzose en los carros de Madrid, ao de
1632.

D. Agustn Durn posea:

_Los carboneros de Francia_, de Mescua, copia de 7 de marzo de 1608, y
adems:

_Hero y Leandro._

_Cuatro milagros de amor_, y

_El clavo de Joel_, del mismo.

[36] En _El mgico prodigioso_, de Caldern, se observan, al parecer,
ciertas reminiscencias del argumento de esta obra.

[37] La comedia _La rueda de la fortuna_, de Mescua, fu en su tiempo
muy famosa, segn consta de la presente mencin, que de ella se hace en
los escritores contemporneos. En un manuscrito, perteneciente  D.
Pascual Gayangos, obra de un morisco del tiempo de Felipe III, y que
contiene reflexiones morales interpoladas con narraciones, se habla en
una de stas de la representacin de dicha comedia,  la cual asisti el
autor. Copio, pues, su principio, con su misma ortografa, porque no
deja de ser curioso: Despues desto passe por la puerta de una casa, 
donde bide entrar mucha gente as hombres como mugeres; entr con ellos
y bide un patio muy grande, adonde en sillas y bancos se sentaban los
hombres y las mugeres, en un sitio alto las hurdinarias y luego muchos
balcones,  donde estaban los grabes con sus mugeres, y en este patio un
tablado  donde todos miraban, y despues que estaba todo lleno bi salir
dos damas y dos galanes con sus biguelas y cantaron estas decimas:

      Quien se vio en prosperidad
    y se v en misero estado,
    considere que es prestado
    el bien y la adversidad.

Acabado de cantar, se entraron y sali uno con una Ropa de damasco y
dixo una loa, y dicha se entr, y salieron  representar la comedia de
_La rueda de la fortuna_, que significa los estados del mundo, y como se
truecan, y para que se conozcan, y las zizaas y trayciones, que en l
ai, y el tormento y ynquietud, con que, aun los que estan en alto
estado, padecen, y el engaoso bibir con que biben, etc...

A esto sigue una exposicin detallada del argumento de la comedia.

[38] Hijos ilustres de Madrid, por Baena: Madrid, 1789.--D. Nicols
Antonio.

[39] El Sr. Schack, sin duda por inadvertencia  olvido, critica la
fecha de 1570, sealada por Ochoa al nacimiento de Guevara, cuando l
mismo la confirma en la nota 2. de la pgina siguiente.--(_N. del T._)

[40] V. los prrafos de Antonio Navarro, que copiamos ms adelante.

[41] En los _Avisos histricos de D. Josef Pellicer_, especie de
peridico que desde 1639 daba noticia semanal de los sucesos ms
importantes, se habla as de la muerte de Guevara:

Madrid 15 de noviembre de 1644.--El jueves pasado muri Luis Velez de
Guevara, natural de Ecija, Uxier de Cmara de S. M., bien conocido por
mas de 400 Comedias que ha escrito, y por su gran ingenio, agudos y
repetidos dichos, y ser uno de los mejores cortesanos de Espaa. Muri
de 74 aos de edad. Dex por Testamentarios  los Sres. Conde de Lemos y
Duque de Veraguas, en cuyo servicio esta D. Juan Velez su hijo.
Depositaron el cuerpo en el Monasterio de Doa Mara de Aragn, en la
Capilla de los Sres. Duques de Veraguas, haciendosele por sus meritos
esta honra. Ayer se le hicieron las honras en la misma iglesia con la
propia grandeza que si fuera titulo, asistiendo cuantos Grandes, Seores
y Caballeros hay en la corte. Y se han hecho  su muerte y  su ingenio
muchos epitafios, que entiendo se imprimirn en el libro particular,
como el de Lope de Vega y Juan Perez de Montalvan.

En la biblioteca del duque de Osuna se conservan manuscritos de Guevara.

_La serrana de la Vera_, autgrafa, fecha en Valladolid 1603. En el
ttulo se ve la nota: _Para la seora Josefa Vaca_.

_El guila del agua y batalla naval de Lepanto_, con licencia de 25 de
julio de 1642.

_Auto de la mesa redonda_, ao de 1634.

_La christiansima Lis._

_El Rey muerto._

_Tambin tiene el sol menguante._

_Lo que piensas hago._

D. Agustn Durn posea el manuscrito original de Guevara de _El Rey en
su imaginacin_, con licencia de 20 de agosto de 1625 y copias de

_La creacin del mundo_;

_Diego Garca de Paredes_; y

_Los agravios perdonados_ (segunda parte).

[42] Fija la poca de la vida de los poetas que vamos  nombrar, adems
de la loa de Rojas, un escrito que se conserva del Dr. Antonio Navarro
de fines del siglo XVI y en favor de las comedias, de cuya autenticidad
se ha dudado mucho en la poca ya mencionada. Este escrito suministra el
siguiente catlogo de los dramticos ms clebres de aquel tiempo:

El licenciado Pedro Daz, jurisconsulto, que fu de los primeros que
pusieron las comedias en estilo; el licenciado Cepeda; el licenciado
Poyo, sacerdote; el licenciado Berrio, insigne letrado y tan conocido de
los Consejos del Rey nuestro Seor, el licenciado D. Francisco de la
Cueva, tan docto y tan celebrado coma sabemos de todos los ingenios de
Espaa; el licenciado Miguel Snchez, secretario del Ilustrsimo de
Cuenca; el maestro Valdivieso, capelln del Ilustrsimo de Toledo y cura
de Santorcaz; el Dr. Vaca, cura y beneficiado en Toledo; Lupercio
Leonardo de Argensola, secretario de la Emperatriz y despus del rey de
Npoles; el licenciado Martn Chacn, familiar del Santo Oficio; el Dr.
Trrega, cannigo del Aseo de Valencia; Gaspar Aguilar, secretario del
duque de Ganda; Juan de Quirs, jurado de Toledo; el Dr. Angulo,
regidor de Toledo y su alcalde de Sacas; D. Guilln de Castro, capitn
del Grao de Valencia; D. Diego Jimnez de Enciso, caballero de Sevilla;
Hiplito de Vergara; el maestro Ramn, sacerdote; el licenciado
Justiniano; D. Gonzalo de Monroy, regidor de Salamanca; el Dr. Mira de
Mescua, capelln de los Reyes de Granada; el licenciado Meja de la
Cerda, relator de la Chancillera de Valladolid; el licenciado Navarro,
colegial de Salamanca; D. Francisco Quevedo Villegas, caballero de la
Orden de Santiago, seor de la villa de la Torre de Juan Abad; Luis
Vlez de Guevara, gentilhombre del conde de Saldaa; D. Luis de Gonzaga,
prebendado de la Santa Iglesia de Crdoba, y Lope de Vega Carpio,
secretario del duque de Alba y del conde de Lemos.

[43] En la biblioteca del duque de Osuna se conserva una comedia de
Cepeda titulada _El amigo el enemigo y  las veces lleva el hombre  su
casa con quien llore_, con la licencia para la representacin del ao de
1626, que parece ser de las ltimas obras dramticas de Joaqun Romero
de Cepeda.

[44] Baena: _Hijos ilustres de Madrid_.

[45] Esta comedia, ya en vida del poeta, fu la ms estimada de las
suyas. Lope de Vega dice en la dedicatoria de su comedia _Muertos
vivos_,  Damin Salustrio del Poyo: Lo que la antigedad llamaba
llevar vasos  Samo, esto es, dirigir  V. M. una comedia, habiendo las
muchas que ha escrito adquirido tanto nombre, particularmente _La
prspera y adversa fortuna del condestable Don Ruy Lpez de Avalo_, que
ni antes tuvieron ejemplo, ni despus imitacin.

[46] V. el _Ragguaglio di Parnasso del sign. Fabio Franchi_ (Essequie
poetiche lla morte di Lope de Vega). tomo XXI, pg. 63 de las obras
sueltas de Lope.

[47] Doce autos sacramentales y dos comedias divinas del maestro Jos de
Valdivieso: Toledo, 1622.

Los autos contenidos en este volumen, hoy muy raro, son: _El villano en
su rincn_, _El hospital de locos_, _Los cautivos libres_, _El phnix de
amor_, _La amistad en el peligro_, _Psiquis y Cupido_, _El hombre
enamorado_, _Las ferias del alma_, _El peregrino_, _La serrana de
Plasencia_, _El hijo prdigo_, _El rbol de la vida_. Las dos comedias
se titulan, _El nacimiento de la mejor_ y _El Angel de la guarda_.

Hllanse otros autos de Valdivieso en la coleccin siguiente: _Navidad y
Corpus Christi_, festejados por los mejores ingenios de Espaa: Madrid,
1644.

Este volumen, adems de algunos entremeses de Luis de Benavente, y de
loas de diversos autores, contiene los siguientes autos:

_El divino Jasn_, auto sacramental, de D. Pedro Caldern.

_La mayor soberbia humana de Nabucodonosor_, auto sacramental, del Dr.
Mira de Mescua.

_La mesa redonda_, auto sacramental, de Luis Vlez de Guevara.

_El tirano castigado_, auto del nacimiento de Cristo, de Lope de Vega.

_El premio de la limosna_, auto sacramental, del Doctor Felipe Godnez.

_El caballero del Febo_, auto sacramental, de D. Francisco de Rojas
Zorrilla.

_Las santsimas formas de Alcal_, auto sacramental, del Dr. D. Juan
Prez de Montalbn.

_El sol  media noche_, auto del nacimiento de Christo, de Mira de
Mescua.

_La gran casa de Austria_, auto sacramental, de Don Agustn Moreto.

_Entre da y noche_, auto sacramental, del maestro Jos de Valdivieso.

_La cena de Baltasar_, auto sacramental, de D. Pedro Caldern.

_La madrina del cielo_, auto de Nuestra Seora del Rosario, de D. Alvaro
Cubillo de Aragn.

_La amiga ms verdadera_, auto de Nuestra Seora del Rosario, de D.
Antonio Coello.

_El nacimiento de Christo Nuestro Seor_, del maestro Jos de
Valdivieso.

_El nacimiento de Christo Nuestro Seor_, de Lope de Vega.

[48] Entre los manuscritos de la misma biblioteca de Osuna, cuntanse
las comedias siguientes de Andrs de Claramonte:

_De lo vivo  lo pintado._

_El mayor Rey de los Reyes._

_El tao de San Antn._

_El horno de Constantinopla._

_El atahd para el vivo y el thlamo para el muerto._

_De los mritos de amor el silencio es el mayor._

La noticia de Casiano Pellicer, de haber muerto Claramonte en 1610, es
falsa, porque D. Agustn Durn posea manuscrito el original de sus
dramas _La infeliz Dorotea_, con la fecha de 1622, y _La catlica
princesa Leopolda_, de 1612.

[49] En la rica coleccin del duque de Osuna existen algunas comedias de
poetas dramticos antiguos, mencionados en la loa de Agustn de Rojas,
cuyas obras se crean perdidas, como, por ejemplo:

_Los ojos del cielo_, compuesta por el licenciado Justiniano. Sacse en
Valladolid, 30 de maro de 1615. (En otro manuscrito de esta pieza, que
posea Durn, llevaba la misma el ttulo de _La abogada de los ojos_,
_Santa Luca_, llamndose el autor el licenciado Lucas Justiniano.)

_La famosa toledana_, hecha por el jurado Juan de Quirs, vecino de
Toledo.

_Comedia del bruto Ateniense_, compuesta del licenciado Gaspar de Mesa,
ao de 1602, autgrafa, con la firma del mismo Gaspar de Mesa.

Doy aqu tambin noticia de algunos otros manuscritos de la misma
biblioteca de Osuna, que por llevar las fechas, pueden servir de punto
de partida para ulteriores investigaciones.

_La loca del cielo_, de D. Diego de Villegas, con la licencia de 1625.

_El levantamiento del ilustre Tefilo_, annima, con la fecha del ao
1619.

_La inclinacin espaola_, annima, 1617.

_Mientras yo podo las vias..._ de Agustn Castellano, 1610.

_La paciencia en la fortuna_, annima, con licencia de 1615.

_El burlado burlador_, annima, acabse en 1627.

_El bastardo de Castilla_, annima, con licencia de 1641.

_Los contrarios parecidos, desdicha venturosa y confusa Inglaterra_,
annima, 1642.

_La esclava del cielo, Santa Engracia_, annima, licencia de 1619.

_Los condes de Montalbo_, autgrafa, de Roque Francisco Romero, acabse
ao de 1638.

_San Mateo en Etiopa_, annima, 1639.

_Fingir la propia verdad_, de Alonso de Osuna, licencia de 1641.

_El campo de la Berda_, annima, licencia de 1635.

_Bellaco sois, Gmez_, annima, licencia de 1640.

_Auto del labrador de la Mancha_, annima, 1615.

_La aurora del sol divino_, de Francisco de Monteser, licencia de 1640.

_Ms pesan pajas que culpas_, autgrafo de Francisco Llobregat, 1659.

_Poder y amor compitiendo_, de Francisco de la Calle, autgrafo de 1675.

_Los tres hermanos del cielo y mrtires de Carlete_, annima, 1660.

_El vaquero Emperador_, annima, licencia de 1672.

_Pachecos y Palomeques_, de D. Jos Antonio Garca de Prado, licencia de
1674.

_El mejor maestro Amor_, de D. Manuel Gonzlez de Torres, licencia de
1683.

_Amar sin favorecer_, de Romn Montero, 1660.

_Casarse sin hablarse_, annima, licencia de 1641.

_Vida y muerte de San Blas_, de Francisco de Soto, licencia de 1641.

De los manuscritos de D. Agustn Durn, mencionar tambin:

_La despreciada querida_, de Jos Antonio Garca de Prado, autgrafa,
acabada en Pars el 1. de agosto de 1625.

_Venganzas hay, si hay injurias_, autgrafa, de Antonio de Batres, con
licencia de 1632.

_El divino portugus San Antonio do Padua_, de Bernardino de Obregn,
fecha en 1623.

_Hallar la muerte en sus zelos_, de D. Flix Pardo de Lacasta,  1659.

_El noble siempre es valiente_, autgrafa, de Fernando de Zrate; y el

_Auto del hospital_, de Roque de Caxs, autgrafa, con la fecha de 14 de
julio de 1609.

[50] _Biblioteca nueva de los escritores aragoneses que florecieron
desde el ao de 1500 hasta el de 1802_, por Don Flix de Latassa y
Ortiz: Pamplona, 1798-1802.

[51] A esta serie pertenecen, sin duda, algunos otros, como, por
ejemplo, Enciso y Godnez; pero como las obras de stos, que conocemos,
caen en poca algo posterior, haremos mencin de ellos ms adelante.

[52] Se ha reimpreso de nuevo en _El Parnaso espaol_, de Sedano.

[53] D. Nicols Antonio: _Bib. nova_.

[54] Francisco Cascales hubo de modificar ms tarde sus ideas rigurosas
acerca de la comedia. En sus _Cartas filolgicas_, Murcia, 1634, se
encuentra una  _Lope de Vega en defensa de las comedias y de la
representacin dellas_, cuyo principio dice as:

Muchos das ha, Seor, que no tenemos en Murcia comedias: ello deve ser
porque aqu han dado en perseguir la representacion, predicando contra
ella, como si fuera una secta  gravsimo crimen. Yo he considerado la
materia y visto sobre ella mucho, y no hallo causa urgente para el
destierro de la representacion, antes bien muchas en su favor, y tan
considerables, que si oi no hubiera comedia ni theatro dellas en nuestra
Espaa se devieran hazer de nuevo por los muchos provechos y frutos que
dellas resultan. A lo menos  mi me lo parece. V. m. se sirva de oirme
un rato por este discursillo, y decirme lo que siente, y pasar la pluma
como tan buen crtico, por lo que fuere digno de asterisco; que siendo
V. m. el que mas a ilustrado la poesia comica en Espaa, dandole la
gracia, la elegancia, la valentia y ser que oi tiene, nadie como V. m.
podria ser el verdadero censor, etc.

[55] Lope de Vega.

[56] Tablillas de San Lzaro, especie de cascabeles con los cuales se
recogan las limosnas para los hospitales.

[57] Quevedo, en su _Perinola contra el Dr. Montalbn_, inserta un par
de versos de ese sastre de Toledo, que copiamos aqu por lo curiosos:

      Si de aqueste pelo  pelo
    Pelcano vengo  hacer,
    La piel del diablo recelo;
    Y pues tercio en su querer,
    Quiero ser su terciopelo.

Probablemente son stos los nicos restos que han llegado hasta nosotros
de esta poesa singular de sastres.

[58] Frmula que los autores de entonces ponan al fin de sus
manuscritos.

[59] Esto parece una alusin sarcstica  las comedias posteriores de
Cervantes.

[60] En los _Hijos ilustres de Sevilla_, por Don Fermn Arana de
Valflora, Sevilla, 1791, se omite su nombre.

[61] En una hoja volante, titulada _Carta de un cortesano  uno de los
seores obispos destos reynos, Madrid y noviembre 18 de 1623_, se dice:
_Han dado hbito  Don Diego Ximnez de Enciso, veinte i quatro de
Sevilla_. Montalvn, en su _Para todos_, celebra particularmente _Los
Mdicis de Florencia_, de Enciso, que califica de regla y arquetipo de
todas las grandes comedias.

[62] Baena: _Hijos ilustres de Madrid_.--D. Nicols Antonio.

[63] La coleccin de las comedias de Montalbn (comedias de Juan Prez
de Montalbn, tomo I: Alcal, 1638; tomo II: Madrid, 1639, y despus los
dos en Valencia, 1652), contiene slo 24 ttulos, pero existen otras
muchas sueltas.

[64] La edicin ms antigua es de Huesca, de 1633. Entre los diversos
materiales includos en esta obra, hay tambin un catlogo de escritores
y poetas famosos, naturales de Madrid, importante para la historia de la
literatura espaola, puesto que por ellos se puede fijar la poca de la
vida de muchos autores, sobre los cuales faltan de todo punto datos
cronolgicos.

[65] Curiosa seguramente es la ancdota que sigue. Un da se encontraban
juntos en la corte Quevedo y Montalbn; estaba expuesto un cuadro de
Velzquez, y el Rey y los cortesanos lo examinaban y juzgaban. El cuadro
representaba  San Jernimo, azotado por ngeles por leer libros
profanos. Montalbn, por indicacin del Rey, improvis los versos,

      Los ngeles a porfa
    Al Santo azotes le dan
    Porque  Cicern lea...

Y Quevedo entonces, interrumpindolo, termin la estrofa de esta manera:

    Cuerpo de Dios, qu sera
    Si leyera  Montalbn!


[66] De las comedias manuscritas de Montalbn, del duque de Osuna,
llevan fecha del ao:

_La deshonra honrosa_, 1622;

_Como padre y como Rey_, 1629, y

_La ventura en el engao_, 9 de mayo de 1630.

[67] D. Agustn Durn en su introduccin  la _Tala Espaola_: Madrid,
1834.--D. Nicols Antonio.--Montalbn: _Para todos; Hijos ilustres de
Madrid._

[68] As lo dice el mismo en _Los Cigarrales de Toledo_: Madrid, 1621.

[69] Aqullos en el tomo segundo de las comedias, stos en _Deleitar
aprovechando_: Madrid, 1635. La extrema rareza de la coleccin de las
comedias de Tirso, que se halla completa en la biblioteca del Sr.
Ternaux-Compans, y que me ha sido facilitada todo el tiempo necesario
por la bondad de su dueo, es digna de ser conocida con exactitud, y con
tanto ms motivo, cuanto que ningn bibligrafo ha dado noticia de ella.
Consta de cinco partes en este orden:

Parte primera de las comedias del maestro Tirso de Molina, publicada por
el autor: Madrid, 1627. 4, reimpresa en Valencia en 1631.

_Palabras y plumas, El pretendiente al revs, El rbol del mejor fruto,
La villana de Vallecas, El melanclico, El mayor desengao, El castigo
del pens que..._ (dos partes), _La gallega Mari-Hernndez, Tanto es lo
de ms como lo de menos_ (el rico avariento), _La celosa de s misma_.

Duran, en su _Tala espaola_, y despus de l Ochoa, afirma que la
edicin de esta parte se hizo en el ao 1616; pero esto no es posible,
porque la comedia _La villana de Vallecas_, una de las includas en la
misma, no se escribi antes del ao de 1620, como resulta de una carta,
que la precede, fecha en 25 de marzo de 1620, y de otras alusiones 
sucesos de la misma poca. Si aparece, por tanto, alguna edicin de
1616, la portada no puede ser autntica, cosa, por lo dems, no rara,
cuando se trata de libros espaoles.

Parte segunda de las comedias, etc., publicada por el autor: Madrid,
1627, y reimpresa tambin en Madrid, en 1635.

_La Reina de los Reyes, Amor y celos hacen discretos, Quien habl pag,
Siempre ayuda la verdad, Los amantes de Teruel, Por el stano y por el
torno, Cautela contra cautela, La mujer por fuerza, El condenado por
desconfiado, Don Alvaro de Luna_ (dos partes), _Esto s que es
negociar_.

En la dedicatoria de este volumen dice Tirso al gremio de libreros de
Madrid, que les dedica cuatro en su nombre, por ser suyas, y las ocho
restantes en nombre de su autor, el cual, sin saber por qu, las expuso
ante sus puertas. Por consiguiente, cuatro de las comprendidas en esta
parte, de las doce de que consta, son de nuestro poeta, y ya que l no
dice cules son, menester es averiguarlo. Acerca de dos de ellas no cabe
duda ninguna, porque _Amor y celos hacen discretos_ termina con las
palabras

    Dad nimo  vuestro Tirso
    Para que despacio os sirva;

y _Por el stano y por el torno_, con estas otras:

    ... esto sirva
    De entretener solamente;
    No porque haya estas malicias,
    Que por el stano y torno
    Tirso escribe, mas no afirma.

La tercera es, seguramente, _Esto s que es negociar_, arreglo corregido
de _El melanclico_, inserto en el primer tomo; y en cuanto  la cuarta,
lo es _El condenado por desconfiado_, de la cual hablaremos despus.

Las otras ocho comedias de este tomo son todas de mucho mrito. _La
mujer por fuerza_ es en todo como las de nuestro Tirso, y suponiendo que
no sea l el autor, la escribi un poeta de mucho talento, que imit con
tanta habilidad como destreza el estilo de su famoso coetneo. _Cautela
contra cautela_ fu copiada despus por Moreto en _El mejor amigo el
Rey_, y _Siempre ayuda la verdad_, y por Matos Fragoso en _Ver y creer_.
De _Los amantes de Teruel_ tratamos ya en ocasin oportuna. _La Reina de
los ngeles_ celebra la victoria de los cristianos sobre los mahometanos
en la toma de Sevilla por San Fernando.

Parte tercera de las comedias, etc., publicada por Francisco Lucas de
Avila, sobrino del autor: Tortosa, 1634; reimpresa en Madrid, en 1652.

_Del enemigo el primer consejo_, _No hay peor sordo que el que no quiere
oir_, _La mejor espigadera_, _Avergelo Vargas_, _La eleccin por la
virtud_, _Ventura te d Dios, hijo_, _La prudencia en la mujer_, _La
venganza de Tamar_, _La villana de la Sagra_, _El amor y la amistad_,
_La fingida Arcadia_, _La huerta de Juan Fernndez_.

Parte cuarta: Madrid, 1635.

_Privar contra su gusto_, _Celos con celos se curan_, _La mujer que
manda en casa_, _Antona Garca_, _El amor mdico_, _Doa Beatriz de
Silva_, _Todo es dar en una cosa_, _Las amazonas en las Indias_, _La
lealtad contra la envidia_, _La pea de Francia_, _Santo y sastre_, _Don
Gil de las calzas verdes_.

Parte quinta: Madrid, 1636.

_Amar por arte mayor_, _Escarmientos para el cuerdo_, _Los lagos de San
Vicente_, _El Aquiles_, _Marta la piadosa_, _Quien no cae no se
levanta_, _La repblica al revs_, _Vida y muerte de Herodes_, _La dama
del olivar_, _Santa Juana_ (dos partes).

En _Los Cigarrales de Toledo_ estn includas _El vergonzoso en
Palacio_, _Cmo han de ser los amigos_ y _El celoso prudente_.

Y sueltas se hallan tambin las siguientes:

_El caballero de gracia_, _El cobarde ms valiente_, _Amar por seas_,
_El burlador de Sevilla_, _Desde Toledo  Madrid_, _La firmeza en la
hermosura_, _El honroso atrevimiento_, _La joya de las montanas_ (Santa
Orosia), _Quien da luego da dos veces_, _Los balcones de Madrid_, _La
ventura con el nombre_, _La condesa bandolera_, _Las quinas de
Portugal_.

[70] El suceso, en que se funda, se halla en Maffei, _Historiarum
indicarum_, libri XVI, 1593, fol., y en _Les Histoires memorables_, de
Goulard; tambin un portugus, Jernimo de Corte Real, lo desenvuelve en
una poesa narrativa, titulada _Naufragio de Manuel de Lora de
Seplveda_: Lisboa, 1594, 4. Camons alude tambin  este suceso en las
_Luisiadas_, canto 5., est. XLVI-XLVII. La comparacin del desarrollo
histrico de este hecho con la dramatizacin del mismo, no deja de ser
interesante, porque demuestra el ingenio, el arte y el clculo de Tirso
para revestirlo de su forma potica.

[71] En la recepcin de Acadmico de la Real Academia Espaola del
popular poeta D. Jos Zorrilla, el 31 de mayo de 1885, contestle, 
nombre de tan ilustre Corporacin, el Excmo. Sr. Marqus de Valmar; y en
su discurso se ocupa, entre otras cosas, en exponer sus conceptos,
relativos al origen y vicisitudes histricas del _Don Juan Tenorio_ de
aquel poeta, quizs el drama moderno espaol ms popular. El seor
Marqus, hombre muy instrudo y versado en nuestra literatura, atribuye
 Tirso de Molina, en su _Burlador de Sevilla_, la creacin del tipo del
famoso hroe popular, investigando su genealoga dramtica, desde _El
infamador_, de Juan de la Cueva, hasta nuestros das.

Posible es que tenga razn el seor Marqus de Valmar; pero,  nuestro
juicio, aunque siempre con la natural sospecha del probable error que
nos inspira nuestro ningn mrito comparado con los muchos del docto
Acadmico, creemos que, si bien Tirso de Molina pudo tener presente la
comedia de Juan de la Cueva,  por lo menos, reminiscencias de ella, se
fund principalmente, para escribir la suya de _El Burlador_, en _La
fianza satisfecha_, de Lope de Vega, no slo porque las obras del fnix
de los ingenios sirvieron con frecuencia de base  las del insigne
fraile de la Merced (y eso que no conocemos muchas de las de Lope, que
acaso puedan haber inspirado otras de Tirso), sino tambin porque el
pensamiento fundamental de _La fianza satisfecha_ y de _El Burlador de
Sevilla_, es en el fondo el mismo: pensamiento profundsimo,
eminentemente catlico y religioso, y del cual no se halla vestigio
alguno en la obra de Zorrilla. El personaje de Don Juan es, sin duda
alguna, creacin del maestro Tirso, aunque no todo original suyo; pero
el mvil dramtico del autor es idntico en todo al de Lope en _La
fianza satisfecha_. Ese pensamiento fundamental es la muletilla de
hombre despreocupado, que ve la muerte lejos, muy semejante al famoso
_Tan largo me lo fiis_ de _El Burlador de Sevilla_, de que habla el
seor Marqus, y expresada por Lope en _La fianza_, de esta manera:

    Que lo pague Dios por m
    Y pdamelo despus.

Repetimos que desconfiamos de nuestro juicio; pero este pensamiento
fundamental de las dos obras de Lope y de Tirso, distingue  ambas
esencial, profunda y preferentemente de todas las imitaciones, que se
han hecho despus, hacindolas tambin superiores  todas ellas.--(_El
T._)

[72] La tradicin de los crmenes y muertes de _Don Juan Tenorio_ se
funda en un acontecimiento que, al parecer, slo se ha transmitido por
la tradicin oral, puesto que los Anales de Sevilla nada dicen acerca de
este punto. Viardot afirma, en sus estudios sobre Espaa, que el
sepulcro del Comendador exista en el ltimo siglo en Sevilla; pero se
deduce de las ltimas palabras de la comedia que fu trasladado  San
Francisco de Madrid mucho tiempo antes.

Este mismo escritor francs indica que la familia de los Tenorios existe
todava en Sevilla. Yo, durante mi residencia en esta ciudad, y curioso
de conocer  uno de los descendientes del clebre Don Juan, porque
quizs me comunicara noticias desconocidas de sus antepasados, averig
slo, con sentimiento, que esa familia distinguida haba desaparecido
haca ya largo tiempo. La tradicin, sin embargo, subsiste en el pueblo,
y yo vi vender en las plazas de Sevilla hojas sueltas impresas en que se
refera esa historia en forma de romance.

[73] Riccoboni: _Histoire du theatre italien_, tomo I, pg. 47.

[74] Hippolyte Lucas: _Histoire du theatre franais_: Pars, 1843, pgs.
395 y 397.

[75] Curioso sera saber de dnde ha tomado Coleridge la noticia en sus
notas al _Don Juan_, de Byron, de que la ms antigua forma dramtica de
la tradicin de _El Convidado de piedra_ es una comedia religiosa,
llamada _El ateista fulminado_, acomodada despus al teatro mundano por
Tirso de Molina. No he descubierto rastro alguno de la existencia de
semejante composicin.

Un artculo del nm. 117 de la _Quarterly review_, de Richard Ford, el
autor del _Manual del viajero en Espaa_, sostiene que el personaje
histrico, origen de la tradicin de _El Convidado de piedra_, lo fu un
Juan Tenorio, mayordomo, nombrado varias veces, de D. Pedro _el Cruel_,
en la _Crnica_ de este soberano. Pero, como el mismo Ford indica, el
nombre de Juan aparece antes  menudo en la familia, muy numerosa, de
los Tenorios; y como no aduce ningn hecho relativo  esa tradicin,
porque dicha _Crnica_ nada dice tampoco, no se puede comprender por qu
este Tenorio ha de ser precisamente el famoso Don Juan.

Adems de las imitaciones francesas de la comedia de Tirso, ya citadas,
hay tambin una de Thoms Corneille, _Le festin de pierre_, y adems
otra, de 1667, de Rosimont, titulada _L'Athe foudroy_. La imitacin
italiana ms antigua de este asunto es la de Lione Allacci: _Il
Convitatto di pietra, rappresentazione di Onofrio Giliberto, di Jolofra.
Napoli_, 1652. La obra del mismo ttulo, y ms conocida, de Cicognini,
apareci por primera vez  fines del siglo XVII.

[76] Cuntase en la _Hystoria  descripcion 73 de la imperial cibdad de
Toledo, con todas las cosas acontecidas en ella desde su principio y
fundacion_, etc. En Toledo, por Juan Ferrer, 1551 y 1554, fol.






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dramtico en Espaa, tomo III, by Adolf Friedrich von Schack

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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

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effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
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or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


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editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


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