Project Gutenberg's Cosas nuevas y viejas, by Manuel Chaves

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Title: Cosas nuevas y viejas
       (apuntes sevillanos)

Author: Manuel Chaves
        Jos Nogales

Release Date: April 19, 2011 [EBook #35905]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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Cosas nuevas y viejas

MANUEL
CHAVES

HISTORIA
TRADICIN

DIEGO LOPEZ
1903




OBRAS DE MANUEL CHAVES


_Constancia._--Novela.--Imp. de _El Cronista_.--1891.--_El
Posibilista._--1894.--Sevilla.

_Hablar por hablar._--Coleccin de artculos literarios, satricos y de
costumbres, publicados de 1890  1894.--_El Posibilista._--Sevilla.

_Bocetos de una poca_ (1820-1840).--Carta-prlogo de don Manuel Gmez
Imaz.--Librera de Fernando Fe.--1892.--Madrid.--Imp. de Francisco Leal,
etc. Sevilla.--Un tomo en 8..--270 pginas.

_Pro-Patria._--Homenaje  los heroicos hijos de Sevilla don Jos
Gonzlez Cuadrado y don Bernardo Palacios Malaver.--Primera edicin:
Tipografa de Daz y Carballo, etc., etc.--1893.--Segunda edicin:
Tipografa de Leal y C. 1894.--Sevilla.--Folleto en 4..--Una lmina.

_Pginas Sevillanas._--Sucesos histricos, personajes clebres,
monumentos notables, tradiciones populares, cuentos viejos, leyendas y
curiosidades.--Con una carta-prlogo de don Jos Gestoso y Prez.--Imp.
de E. Rasco, etc. 1894.--Sevilla.--Un tomo en 8..--352 pginas.

_Pepe-Illo._--Ensayo biogrfico, histrico y bibliogrfico.--Resuche,
impresor, etc., 1894.--Folleto en 8..--Dos lminas.

_Una carta del rey neto_ y algunas menudencias para ilustrar un captulo
de la historia.--Imp. de ngel Resuche, etc., etc.
1894.--Sevilla.--Folleto en 8..--Con un retrato y un facsmil.

_La Semana Santa y las Cofradas de Sevilla de 1820  1823._--Carta al
duque de T'Serclaes.--Imp. de E. Rasco. 1895.--Sevilla.--Cuaderno en
folio.

_D. Bernardo Mrquez de la Vega._--Memorias de la reaccin
absolutista.--Imp. de _El Porvenir_, etc., etc. 1896.--Sevilla.--Folleto
en 8..

_Perder el tiempo._--(Versos).-Con una carta de don Francisco Rodrguez
Marn.--Imp. de _El Porvenir_, etc 1896.--Sevilla.--Folleto en 8..

_Historia y bibliografa de la prensa sevillana._--Prlogo de don
Joaqun Guichot y Parody, Cronista oficial de la ciudad.--Imp. de E.
Rasco, etc. 1896.--Sevilla.--Un tomo en folio: XLII-380 pginas.

_Discurso de recepcin_ ledo ante la Academia Sevillana de Buenas
Letras el da 11 de Abril de 1899.--Tipografa, Monsalves 17:
1899.--Sevilla.--Folleto en 4..--82 pginas.

_D. Mariano Jos de Larra (Fgaro)._--Su tiempo, su vida y sus
obras--Estudio biogrfico-crtico y bio-bibliogrfico.--Imp. de _La
Andaluca_. 1898-1899.--Sevilla.--Un tomo en 4.--244 pginas.

_Micer Francisco Imperial._--Siglo XIV.--(Apuntes
bibliogrficos.)--Tipografa, Monsalves 17.--1899.--Sevilla.--Folleto en
4..

_La Madre y la muerte._--Poesa escrita sobre el pensamiento de un
cuento de Hans Cristin Andersen.--Tipografa de La Industria, etc.,
1899.--Sevilla.--Folleto en 8..

_El humorismo en la literatura espaola el siglo XIX._--Trabajo premiado
en los Juegos Florales que celebr el Ateneo de Sevilla en 25 de Abril
de 1900.--Un folleto.

_Los teatros de Sevilla en la segunda poca constitucional_
(1820-1823).--Imprenta de F. Marta-Garca.--1900.--Un folleto en
8..--80 pginas.

_D. Diego Ortiz de Ziga._--Su vida y sus obras.--(Estudio biogrfico y
crtico.) Premiado en los Juegos Florales que celebr el Ateneo de
Sevilla el 4 de Mayo de 1902.--Imp. de E. Rasco,
etc.--1903.--Sevilla.--Un folleto en 4..--VIII-100 pginas.

_Cosas Nuevas y Viejas._--Apuntes sevillanos.--Prlogo de don Jos
Nogales.--Sevilla: Tipografa, Sauceda 11.--Un volumen en 4.. francs.


[Nota del transcriptor:

En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del
original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el
texto.]




COSAS NUEVAS Y VIEJAS

MANUEL CHAVES

Cosas nuevas
y viejas

(APUNTES SEVILLANOS)

PRLOGO DE
DON JOS NOGALES

SEVILLA
Tipografa, Sauceda 11
1904


SR. D. ENRIQUE CARREO


Mi excelente amigo:  su bizarra,  su generosidad, se debe que estos
_Apuntes sevillanos_ salgan  la luz pblica, reunidos y puestos en
orden conveniente. Cmo no he de honrarme escribiendo su nombre de Vd.
en la dedicatoria de este mi nuevo libro?

Grande, sincero y mil veces demostrado es el amor que Vd. tiene por
Sevilla, y como de cosas de esta nuestra tierra--_viejas_ unas por su
antigedad y _nuevas_ otras, por no ser muy conocidas,--tratan las
pginas que siguen,  esto atribuyo la predileccin que me manifest por
ellas, que muy expuesto estuviera  equivocarme si  vanidad de autor
pudiera achacar otra cosa.

Siguiendo relativo orden cronolgico van esos breves artculos, que en
las columnas de _El Liberal_ gozaron un da cierto favor del pblico:
por eso nada he querido alterar de ellos, pues amplindolos  dndoles
otra forma, perderan ciertamente el carcter que tuvieron al ser
trazados y que he deseado conservar.

La variedad de los asuntos que forman este libro, me hace sospechar que
ha de mover algo el inters del lector curioso,  quien, como  Vd.,
ofrezco ya un detalle de las costumbres de nuestros antepasados, ya la
biografa de un sevillano ilustre, ya la descripcin de algn monumento,
 ya, en fin, la noticia de cualquier caso interesante, habiendo tenido
buen cuidado de basar todos mis escritos sobre autnticos documentos
originales  sobre noticias del ms autorizado origen, no ocultando
nunca, para mayor crdito, su procedencia.

Qu ms he de decir  Vd. en estas lneas, que ya para dedicatoria
podrn parecerle largas?.... Pongo punto y reciba una vez ms la muestra
del reconocimiento y la amistad de su affmo.

[Illustration: firma, Manuel Chaves]

_Enero, 1904._




Al que leyere...


Este es un libro que yo vi nacer: mejor dicho, que contribu un poco 
que naciera. Por esto me juzgo ligado  l con ciertos vnculos
espirituales que me redimen de aquella virginidad de prlogos en que
hasta ahora he vivido. Ni los hice para los libros ajenos, ni los ped
para los mos.

Y es que, para los ajenos, cre siempre que me faltaba autoridad; y para
los mos, que me faltaba aquella cualidad excelente que tendran que
poner de manifiesto por anticipado jucio de la obra.

Con el presente libro todo aquel propsito casi hurao ha venido 
tierra, y ya he dicho la razn. Ahora, lo que quiero decir al pblico es
cmo debemos alegrarnos de que lo efmero y volandero se haya fijado en
moldes estables y, como ahora se dice, definitivos.

He aqu cmo naci este libro: en Enero de 1901 comenz la publicacin
de _El Liberal_ en Sevilla, de que fu Director durante algunos meses,
con verdadero regocijo de mi alma. Esta satisfaccin tena dos motivos
de ndole sentimental: que era _El Liberal_ y se publicaba en Sevilla.

Al empezar, dije  Manuel Chaves:--Por qu no haces una seccin tuya,
en que nos traigas algo de lo mucho que sabes y conoces, acomodndolo al
paladar del pblico numeroso y al molde especial del pblico moderno?

Estas invitaciones al trabajo no se le dirijen en balde  Manuel Chaves,
uno de los espritus trabajadores  inquietos que afirman, frente  la
_Andaluca legendaria y pasiva_, la _Andaluca productora 
inteligente_.

Desde el segundo  el tercer nmero de _El Liberal_ apareci la seccin
titulada _Cosas nuevas y viejas_. Lo que comenz en Enero acab en
Diciembre. Un ao, da por da, servimos  los lectores la paciente
labor de Chaves, que era, burla burlando, un pedazo de historia,
fragmentaria, anecdtica, concentrada, en que haba de todo: desde lo
trgico  lo exquisito; desde lo terrible  lo picaresco.

Y esto--hay que decirlo lealmente--aun sin tener en cuenta otras
valiosas condiciones de la produccin, revela una profunda cultura y un
magno esfuerzo, que supone por anticipado muchos aos de trabajo
perseverante y abrumador, no recompensado sino por la estimacin del
pblico.

Acaso porque todos, confesndolo  no, apreciamos en mucho aquellas
cualidades en que no abundamos, yo admiro la obra paciente 
inteligentsima de los eruditos, de los bibligrafos, de los
escudriadores de las fuentes vivas en nuestra literatura, en nuestra
ciencia y en nuestra historia. Y esta obra de perseverancia y sabidura
se realiza con admirable solidaridad. Como en los esfuerzos cientficos,
estos empeos literarios se enlazan, se completan, se ordenan  travs
de los aos y de los siglos.

Sevilla fu siempre, y lo es ahora, un admirable taller para esta
persistente labor de sabidura. Yo tengo ganas de decir al gran
pblico,  ese pblico que est formado por cientos de miles de
lectores diarios, quines son y qu representan en la moderna cultura
espaola esos eruditos andaluces cuyos nombres llegaron  l  travs de
las Academias, de las Corporaciones oficiales, de las referencias
volanderas de los peridicos en notas fugaces  inexpresivas.

El crculo de lectores se va ensanchando: este es un excelente sntoma;
la Prensa, _machete en mano_, abre sendas claras y ventiladas en el
bosque enmaraado de nuestra ignorancia secular. Ella abre el camino; el
_convoy_ viene detrs. Es un error el de los que creen que la Prensa
absorbe por completo y para siempre la parte de inteligencia activa con
detrimento del ms hondo y apacible saber. La Prensa abre camino, hace
lectores....

Uno de nuestros propsitos era ese: utilizar la Prensa como vehculo y
cargar en ella la cantidad de _cosas viejas_ que admitiese: as se iran
repartiendo. Para esto--exigencias inevitables del pblico--haba que
escoger lo raro, lo ameno, lo interesante: an no est el _nio grande_
para ingerir muchas y serias dosis de paciente estudio.

Y Manuel Chaves cumpli su encargo tan liberalmente, que con aquella
serie de _Cosas_ ha podido componer el presente volumen, ya _pasado en
autoridad de cosa juzgada_, y lo que es ms, aplaudida.

Seguramente ha de haber alguna flor fresca en el ramillete, pues Chaves
tena materia sobrada  mano, y no es hombre que se la reserve, al
contrario de otros eruditos, que todo lo que pueden lo reservan como si
ganara rditos. Y cuntas otras cosas sabrossimas, de gran inters
literario  histrico, habr tenido que reservar y dejar en el fondo de
los cajones, por esta ridcula meticulosidad que ahora nos ha entrado,
por esta pudibundez externa que destierra todos los desenfados del
ingenio antiguo, aunque permite toda licencia al ingenio contemporneo!

No podemos reproducir los felicsimos y audaces rasgos de nuestra
literatura picaresca, moralmente inofensiva, porque el donaire es
ingenuo, natural y bien encaminado, mientras corren, exquisitamente
encuadernadas, todas las alambicadas porqueras de la literatura
francesa,--que no tienen acceso en otras naciones--y esto me hace pensar
en el antiguo problema de si la moralidad ser cuestin de climas... y
de lenguajes.

Me place lo exquisito de esa literatura, aunque se acomoda mi nimo
mejor  los sabrosos desenfados de la nuestra.

Y es que adoro nuestras formas castizas, nuestro modo de hacer, el
resplandor de nuestro ingenio solariego, la gracia ingenua, socarrona y
admirable de nuestros grandes escritores. Y es ms: pienso en que los
seores franceses venan en los siglos XVI y XVII  buscar comedias, 
buscar Autos,  buscar novelas,  empaparse en nuestro ambiente, para
_fusilar_ nuestra produccin, hacerse el paladar y revendernos la
lengua de _Molire_ en nuestra propia salsa...

Era una especie de combinacin como la que ahora hacen con nuestros
vinos. All van nuestros mostos blancos, fuertes, _sensuales_,
apetecibles. Los _tien de negro_ con singular maestra, los perfuman,
los aderezan, los disponen con sugestivo _bouquet_, y nos los revenden
con fe de bautismo de Burdeos  de Borgoa... Total, seis botellas que
vienen, representan el valor de una _pipa_ que va. Ni ms ni menos. Son
gastos de nacionalizacin que nos cargan en cuenta.

Y, ahora que recuerdo: Manuel Chaves tambin ha pasado la frontera y nos
lo han devuelto, con un acento de lo ms tirano. En los peridicos
taurinos del Medioda, de la Provenza, figura _Chavs_ como una
autoridad _in r_ taurina, por aquellos folletos sobre _Pepe Ill_... y
dems documentos _del ramo_, que ha sacado  luz. Es delicioso.

Lo que quise decir--y no es poco--es que Chaves es un escritor que pas
la frontera, precisamente por lo castizo, por lo apegado  nuestro
rin, por lo que tiene de _espaolizado_, por sus _cosas viejas_, que
son nuestras cosas.

Y si esto se estima en el extranjero, cmo no lo habamos de estimar en
nuestra casa!

S se estima. Lo s. He podido apreciarlo precisamente en estas _Cosas
viejas_, en cuyo nacimiento me llamo un poco  la parte. Cartas sobre
las tales _Cosas_, recordatorios, adiciones, rectificaciones, oposicin,
aprobacin, me daban  entender que interesaban.

Si interesaron entonces, cmo no ahora? Ahora y siempre.

Son _Cosas_ incitantes, regocijadas  trgicas, pero andaluzas. Juntas,
no tienen ms fin que el de presentar un _estado de alma_; separadas, no
tienen ms objeto que regocijar al lector  hacerle sentir la _angustia
de lo histrico_....

Por uno y otro propsito, mi parabin  Manuel Chaves; mi aplauso al
conjunto de eruditos sevillanos, de grandes artistas, de pacientes
trabajadores en el orden intelectual, que han formado una de las bases
de nuestra cultura moderna.

De Sevilla hay que hablar mucho. Pero mucho. Dios dir.

JOS NOGALES.

[Illustration]




LOS ANTIGUOS RELOJES


Tradicin es, y aun lo afirman algunos historiadores autorizados, tales
como Mndez Silva y Mariana, que el primer reloj de torre que se conoci
en Espaa lo tuvo Sevilla y que ste se instal en 1400.

Aquel ao vino  esta ciudad el rey don Enrique III, que parece
presenci la ceremonia de colocar en la Giralda el reloj, dndose al
acto toda la importancia que mereca, como as lo sealan las crnicas.

Construy la campana del reloj, por encargo del arzobispo don Gonzalo de
Mena, un maestro llamado Alfon Domnguez, del cual existen diversas
memorias, constando tambin que el reloj y la campana quedaron
instalados en los comienzos del mes de Julio del citado ao de 1400.

Un historiador moderno, al tratar este asunto, escribe: Que aunque se
dice de Valencia que por acuerdo del Consejo general en 16 de Julio de
1378 se encarg un reloj de torre  cierto mecnico extranjero de paso
por la ciudad, slo consta que en 1403 y en 12 de Febrero resolvi aquel
municipio labrar una campana, y que batiesen las horas dos servidores
asalariados  este propsito.

Podrn estas noticias ser puestas en duda, pero respecto  que muy  los
comienzos del siglo XV exista en Sevilla un reloj de torre, hay un dato
indudable en las palabras del mdico Juan de Avin, que en su libro
_Sevillana Medicina_, hacia 1418, dice: Y como quiera que agora seria
grave de comer  estas horas ciertas, de aqui adelante nonser grave por
cuanto nuestro seor el arzobispo de Sevilla, que mantenga Dios _mand
facer un relox que ha de taer veinticuatro badajadas_.

Despus del reloj de la Catedral, es el ms antiguo de los pblicos de
Sevilla, el reloj de la torre de San Marcos, que data de 1553, y sobre
el cual existe esta noticia en un acuerdo de las actas capitulares, en
el cabildo de 22 de Agosto de 1585, donde se nombr  Francisco Ximnez
de Bustillos, mayordomo, para que hiciese aderezar los relojes de San
Marcos y San Lorenzo, concertndole en el oficial que lo hubiese de
hacer, por lo menos que pudiese, informndose, adems, de persona hbil
que se encargara de su reparo y aderezo, dando de ello cuenta  la
ciudad para que se le nombrase y sealase salario.

La campana del reloj de San Marcos tiene grabada una inscripcin latina
que traducida al castellano, dice:

_Nada hay ms veloz que el tiempo y para que no se malgaste, seala o
insigne Sevilla,  tus moradores las horas.--El Senado y el pueblo de
Sevilla, cuid de construir este reloj con sus caudales, para el bien
pblico, el ao de Cristo Salvador de 1553._

Antes de esta fecha, en 1576, era relojero de San Marcos y San Lorenzo
el maestro Diego Flamenco, quien percibi por el cargo de _concertar los
relojes_ 18.000 maraveds anuales, y en 1589 prubase que el Cabildo
tena algo abandonado atender  cargo tan importante, por el siguiente
documento indito:

Juan Salado y Matas del Monte, relojeros; decimos que por mandato de
vuestra seoria tenemos encargo de concertar los relojes desta ciudad
como maestros en dicho arte los cuales habemos concertado, y gastado
nuestro dinero en aderezarlos. Y porque cada dia se ofrecen cosas que
aderezar en ellos en que es necesario gastar dinero. Y pedimos y
suplicamos a vuestra seoria atento lo susodicho nos mande librar... a
cuenta de nuestro salario porque cualquier otro maestro que los
aderezase se le haba de pagar lo que gastara en ello, por estar muchas
piezas quebradas las cuales se han de nuevo y nosotros no pedimos se nos
mande librar sino por cuenta de nuestro salario y por ello... _Matias
del Monte_--_Juan Salado_.--(Escribana de Cabildo, siglo XVI).

La campana lleva adems grabadas las armas de la ciudad y bajo ellas se
hace constar que aquel es escudo hispalense.

En 1776 se quit la primitiva mquina de San Marcos, estrenndose el
nuevo reloj en 13 de Junio del citado ao, habiendo sido construdo en
Londres por Toms Hatton, segn se lee grabado en la esfera interior,
que es de metal, encontrndose adems en dicha esfera el nombre de
Eugenio Escamilla, que fu nombrado relojero del Ayuntamiento de Sevilla
en 25 de Febrero de 1789.

El reloj de la torre de San Lorenzo fu tambin colocado  fines del
siglo XVI y el que actualmente existe se puso en 1853 siendo construdo
por Jos Manuel Zugasti en Bilbao, que hizo adems el de la torre de la
plaza del Altozano.

De otros antiguos relojes de Sevilla he de recordar tambin el de la
Audiencia, el del Oratorio de San Felipe Neri, el del convento de los
Remedios, el de los Jernimos, que ya no existen, el de La Cartuja y el
de San Agustn, que se estren en 27 de Junio de 1749.




CMO LAS GASTABA UN REY


En el viaje que en 1455 hizo  Sevilla Enrique IV, _El Impotente_,
acompabale con su corte--dicen los autores--un nmero considerable de
moros principales y ricos, los cuales gozaban de gran favor con el
veleidoso monarca.

Mandse alojar  aqullos en las casas de nobles y de acaudalados
sevillanos, tocando  D. Diego Snchez de Orihuela, hospedar uno llamado
Monjarras, que era hombre joven, apuesto y de violento carcter, y el
cual hubo de enamorarse de una hija soltera que D. Diego tena.

Esta parece que correspondi al fin  los deseos del hijo del Profeta:
pero el bueno de Monjarras, no contento con ello, la rob de la paterna
casa y la sac de Sevilla casi por la fuerza, y sin pararse en
melindres, como persona apasionada y de alientos que era.

Y sucedi luego que, cuando Snchez de Orihuela y su esposa acudieron al
Alczar  pedir justicia al rey, ste los recibi con enojo y tuvo la
frescura de decirles que, en vez de venir  quejarse, debieran haber
guardado ms  la hija: contestacin villana que caus la indignacin de
cuantos la oyeron.

Mand luego D. Enrique que nunca ms volviera  su presencia la afligida
madre, y divulgadas las noticias de estos actos por la ciudad, el pueblo
se irrit muchsimo y comenzse  reunir gente delante del Alczar en
actitud nada pacfica; mas esto, lejos de variar la opinin del rey, le
llev hasta querer salir  desafiar al pueblo, cosa de que le hizo
desistir el prudente consejo del conde de Benavente.

El resultado de todo fu que Monjarras qued sin ningn castigo, pues
ninguna diligencia se hizo contra l; que los padres quedaron sin
recibir satisfaccin  su deshonor, y que el monarca procedi en aquella
ocasin de la ms indigna manera: lo cual no era extrao, tratndose,
como se trataba, de un rey cuya figura es de las ms antipticas en la
historia.




LOS PRIMEROS INQUISIDORES Y SUS HAZAAS


Al ao de 1480 se remonta la fundacin en Sevilla del tribunal de la
Inquisicin, ao en que el Papa di,  instancia de los Reyes Catlicos,
la bula autorizando aquel establecimiento, y en 27 de Diciembre mand
Fernando V  las autoridades de nuestra ciudad, que protegiesen  los
seores del Santo Oficio, que se disponan  pasar  sta para purgar de
hereja  cuantos cogiesen por delante.

Y en efecto,  los pocos das llegaron  Sevilla los primeros
inquisidores, que fueron el provincial fray Miguel, el vicario fray
Juan, del orden de Santo Domingo, y el doctor Medina, clrigo de San
Pedro, los cuales eran tres mozos como escogidos de intento para la
misin que se proponan llevar  cabo.

Tan listos anduvieron stos en sus diligencias, que el 2 de Enero de
1481 se dieron ya las primeras providencias emanadas de la Inquisicin,
y las cuales eran nada menos que mandar prender  los cristianos nuevos,
amenazando tambin  los ttulos de Castilla con la privacin de ellos
si no acataban al Santo Oficio.

Por entonces era asistente de Sevilla D. Diego de Merlo, y como este
buen seor era fervoroso devoto de las rdenes religiosas, se dispuso
con todo el peso de su autoridad,  proteger  los inquisidores,
tomndoles en mayor afecto y prestndose  ayudarlos cuanto pudiese en
sus diligencias.

As lo consigna un testigo contemporneo tan autorizado como el
bachiller Andrs Bernldez, cura de Los Palacios, el cual escribe  este
propsito en su _Crnica de los Reyes Catlicos_:

En muy pocos das, por diversos modos y maneras, supieron (los
inquisidores) toda la verdad de la hertica pravedad malvada, 
comenzaron de prender hombres  mujeres de los ms culpados 
metironlos en San Pablo:  prendieron luego algunos de los ms honrados
 de los ms ricos, _Veinticuatros y Jurados, bachilleres  letrados_, 
hombres de mucho favor:  stos prenda el Asistente,  des que esto
vieron huyeron de Sevilla muchos hombres  mujeres: y viendo que era
menester, demandaron los inquisidores el Castillo de Triana, donde se
pasaron presos,  all ficieron su audiencia,  tenan su Fiscal, 
Alguacil  Escribano,  cuanto era necesario,  haca proceso, segn la
culpa de cada uno,  llamaban Letrados de la ciudad seglares,   el
Provisor, al ver de los procesos  ordenar de las sentencias, porque
viesen cmo se haca la justicia  no otra cosa:  _comenzaron de
sentenciar para quemar en fuego_,  sacaron  quemar _la primera vez_ 
Tablada seis hombres  mujeres que quemaron:  predic Fray Alonso de
San Pablo, celoso de la fe de Jesucristo, el que ms procur en Sevilla
esta Inquisicin:  l no vido ms de esta quema, que luego dende 
pocos das muri de pestilencia, que entonces en la ciudad comenzaba de
andar.

El primer auto de fe, de condenados  las llamas, se celebr, pues, en
Sevilla el 6 de Enero de 1481 y el segundo el 26 de Marzo, en que
perecieron en la hoguera diez y siete reos, yendo tan en aumento el celo
de los inquisidores, que durante siete aos fueron quemadas ms de
seiscientas personas y penitenciadas unas cinco mil.

El ya citado Bernldez apunta en su crnica algunos de los nombres de
las personas ms sealadas que aqu fueron las primeras vctimas de la
inquisicin, citando entre otras al rab Diego Susn, padre de la
clebre y hermosa juda conocida por la _Susona_, y  los acaudalados
hebreos Manuel Sauli y Bartolom Torralva, al alcalde de la justicia
Juan Fernndez Albolasia, al doctor Savariego, fraile de la Trinidad, y
 otros muchos, apuntando tambin que quemaron infinidad de huesos de
los corrales de San Agustin  San Bernardo, de los confesos que all
haba enterrados sobre s, al uso judaico.

El edificio que hoy ocupa la plaza de abastos de Triana, est destinada
 este uso desde 1825, y hasta 1785 ocup aquel lugar el sombro
castillo de San Jorge, donde estableci el tribunal la Inquisicin.

La antigedad del castillo era grande, pues se dice que  raz de la
reconquista lo entreg Fernando III  los Caballeros de la Orden de San
Jorge, que all tuvieron largo tiempo su alcaide, que tena  su cargo
la inspeccin del edificio.

Establecido en l el tribunal odioso, fu teatro de las ms espantosas
escenas, y hasta poco antes de su derribo, existan en los muros tres
lpidas con inscripciones latinas, las cuales recordaban los horrores
del tribunal.

Deca as en la primera:

_Este santo tribunal de la Inquisicin contra la perversidad de los
herejes en los reinos de Espaa tuvo principio en Sevilla en 1481,
ocupando la silla apostlica Sixto IV, quien la concedi  instancia de
Fernando V  Isabel, que reinaban en dichos reinos. Fu el primer
inquisidor general Fr. Toms de Torquemada, Prior del convento de Santa
Cruz de Segovia, de la orden de predicadores. Quiera Dios que
permanezca hasta fin del mundo, para amparo y aumento de la fe!
Levntate, Seor, y juzga tu causa. Cgenos las zorras engaosas._

La segunda estaba concebida en estos trminos:

_Ao del Seor de 1481, siendo Pontfice Sixto IV y reyes de las
Espaas y de las Sicilias los catlicos D. Fernando y D. Isabel, tuvo
principio aqu el sagrado tribunal de la inquisicin contra los herejes
judaizantes, donde despus de la expulsin de los judos y moros hasta
el ao de 1524, en que reina el divo emperador de romanos, sucesor de
los mismos reinos por derecho materno, y siendo inquisidor general el
reverendsimo D. Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla, VEINTE MIL
HEREJES y ms abjuraron el nefando crimen de la hereja, y de todos ms
de MIL obstinados en sus herejas por derecho fueron ENTREGADOS AL FUEGO
Y QUEMADOS._

Por ltimo, en la tercera se lean estas palabras:

_Ayudando y favoreciendo los pontfices Inocencio VIII, Alejandro VI,
Pio III, Julio II, Len X, Adriano VI, que, siendo cardenal de las
Espaas  inquisidor general, fu ensalzado  Sumo Pontificado, y
Clemente VII, por mandado y  expensas del emperador nuestro seor, hizo
poner estos letreros el Lic. de la Cueva, dictndoles D. Diego de
Cortegana, arcediano de Sevilla. Ao del Seor 1524_.

Estas eran las inscripciones edificantes que existan en los muros de la
Inquisicin sevillana, que conviene ser recordadas como muestras de los
buenos tiempos.




TRADICIN...


La tradicin toledana del Cristo de la Vega, que di origen  la
conocida leyenda de Zorrilla, _A buen juez mejor testigo_, existe
tambin en Sevilla con alguna variante; as lo prueban Fray Juan de
Zalamanco en su _Merced de Mara Coronado_, Pedro de San Cecilio, en sus
_Anales de la Orden de los mercenarios_, Fray Juan de Mesa, Muana y
Alonso Snchez Gordillo.

Ms probable es que el autor de _Don Juan Tenorio_ se inspirase para su
hermosa leyenda, en este caso, que en los sucesos narrados en la
_Cntiga LXI_ de D. Alfonso y los _Castigos y documentos_ del rey D.
Sancho que cita el Sr. Picn como orgenes de _A buen juez, mejor
testigo_.

En el archivo municipal de Sevilla existe una relacin del suceso que no
deja de ser curiosa.

Cuntase all, que un caballero di palabra de casamiento  cierta dama
sevillana y noble, poniendo por testigo  la Virgen de la Merced, cuya
escultura exista en la iglesia del convento del mismo nombre. Alcanz
por tal medio el galn los favores de la bella, pero harto quizs luego
de sus caricias, negse  cumplir la empeada palabra, con lo cual la
dama, que no tena testigos del juramento dado, se le ocurri la
original idea de poner por testigo  la imagen.

La seora y el caballero, acompaados de un escribano y de numeroso
pblico, acudieron al templo donde haba de verificarse el extrao
jucio, consintiendo en aquella prueba el seductor, pues, como dice
Snchez Gordillo: Al caballero le pareci que as no le haba de
convencer, porque la imagen no haba de contestar por milagro.

Y el mismo autor aade que llegando  la presencia de la Virgen, y
puestos los ojos en ella, le dijo la mujer:--Seora ma: Vos sois
testigo de que este hombre, invocando  vos, me di palabra de ser mi
marido, y mediante ello me oblig.--Dicho esto, la imagen baj la cabeza
como afirmando la verdad de lo que la mujer decia, y el caballero qued
convencido.

El estupendo suceso ocurri, por lo que afirman muy seriamente los
escritores, en 1400. La escultura se conserva hoy en el convento del
Socorro con la cabeza inclinada, segn dicen, sin que se sepa que haya
vuelto  mezclarse en que los galanes cumplan su palabra  la dejen de
cumplir.... Verdad es que milagros de este calibre no son para todos los
das.




EL CARTUJANO


As es conocido, ms que por su verdadero nombre de Juan de Padilla, el
poeta sevillano, autor de _El Retablo de Cristo_ y _Los doce triunfos de
los doce apstoles_, los dos poemas alegricos ms importantes que
produjo la lengua castellana en los fines del siglo XV y principios del
XVI.

Segn las ms recibidas noticias, naci Padilla en nuestra ciudad en
1468, perteneciendo su linaje  gente bien acomodada y que de antiguo
tenan su asiento y residencia en la poblacin, debiendo desde su
primera juventud consagrarse al estudio y cultivo de las musas, pues 
la edad de veinticinco aos, cant en un poema las hazaas del famoso
don Rodrigo Ponce de Len, poema titulado _Laberinto del marqus de
Cdiz_, que fu impreso en Sevilla por Ungut y Polono en 1493.

Esta obra estaba dedicada  la duquesa de Arcos; se compona de unas
cien coplas, y segn hace constar en su _Tipografa Hispalense_ don
Francisco Escudero, no existe hoy de ella ejemplar alguno.

El _Laberinto_ es la nica produccin que de Juan de Padilla se conoce,
escrita siendo seglar, pues las otras salieron de su pluma cuando ya era
monje en el monasterio de la Cartuja, donde, segn expresin de
Fernndez Espino, pas su vida en el solitario claustro... consagrado
al estudio,  la contemplacin del Altsimo y  ensalzar sus
maravillas.

De esta sosegada y pacfica existencia resulta, que la vida de nuestro
poeta tiene en verdad pocos incidentes variados y no ofrece ms inters
que los de cualquier vulgar y oscuro fraile de aquellos que retirados en
sus conventos vean deslizar los aos iguales y montonos.

Al cartujano Juan de Padilla se debe el poema _Retablo de la vida de
Cristo_, que termin en Diciembre del ao 1500, cuya lectura no resiste
hoy el ms cachazudo lector y que fu obra impresa en Sevilla entrado ya
el siglo XVI.

Diez y ocho aos ms tarde, y cuando fray Juan de Padilla contaba 50 de
edad, pona trmino  otro poema titulado _Los doce triunfos de los doce
apstoles_, que es la principal de sus producciones, y acerca de la cual
ha escrito el autor del _Curso histrico-crtico de la literatura
espaola_:

Donde hall Padilla libre campo  sus estudios literarios y para gloria
de Jess mismo y de sus discpulos fu en _Los doce triunfos_. La
intencin de seguir las huellas de Dante vese tan marcada en este poema,
aun ms que en el _Laberinto_ de Juan de Mena. Pero el asunto del vate
cartujano dbale material ms apropsito para seguir la imitacin de la
_Divina Comedia_. Aunque llena tambin su mente de las bellezas
virgilianas, ms asctico que Dante, si lo imita con frecuencia, no
escogi un gentil como ste para gua, sino  san Pablo, quien le dirige
y acompaa por los lugares en que los apstoles ilustraron su vida con
su elocuente palabra, con sus virtudes y aun con el martirio. Conducido
siempre por san Pablo, entra en las regiones donde sufren tormento los
idlatras, los nigromantes, los hechiceros y otra multitud de rprobos,
partiendo de all  la santa Jerusaln, mansin de los bienaventurados.

Como muestra del estilo del poema, copio estas estrofas sacadas al azar
del _Triunfo noveno_, no desemejante  todos las dems:

      Yo que lo alto del cielo miraba
    bien, como hace el astrnomo sabio,
    cuando resguarda por el astrolabio
    lo que del polo saber deseaba,
    vi que de parte del _Euro_ botava
    el gran _Sagitario_, con arco tirando
    saeta de fuego, que pasa vibrando
    los aires, y nuve que dura hallaba,
    siendo la causa que crepa tronando.

      Y vi que tena de dentro patente,
    el grado primero d'aqueste centauro,
    al Fi de _Latona_ con rostro de auro,
    segn se nos muestra contino nitente.
    El gran _Ofiulco_, con l de presente,
    con la _Serpiente_ yo vi que sala;
    y, por el contrario, cansado caa
    el can  la parte de nuestro occidente,
    ya que la _Liebre_ se nos esconda.

      Aqui tiene casa por la delantera
    _Jpiter_ alto por cosa preciosa;
    en esta se goza y en otra reposa
    poco, tenindolo por lo trasera.
    Contempla, contempla la causa primera,
    me dijo mi Gua muy sbitamente;
    esto perquiere la estlida gente
    dando cien vueltas al polo y esfera,
    que fueron criados del Omnipotente.

      Miran  veces las Exaltaciones
    los Trinos y Cuartos, y ms los Sextiles,
    y las Conjunciones con buenos oviles,
    malas hallando las oposiciones,
    asi que mirando las constelaciones,
    y augurantes  do no conviene;
    por el contrario, su punto les viene
    de lo que piensan en sus corazones,
    de bien  de mal que'lefecto contiene.

      Asi que, t mira por lo que subsiste,
    y deja la casa del sexto planeta;
    vers otra muy ms que perfeta
    de uno que gloria muy grande se viste.
    Basta que digas de como ya viste
    subir por lo bajo de vuestro orizon,
    este que dicen el sabio _Chiron_,
    maestro _d'Archiles_, segn ms oiste
    d'aquellos que fingen medio sermn. etc.

Fray Juan de Padilla falleci antes de mediar el siglo XVI; su nombre
figura con elogio en las pginas de la historia crtica de nuestra
literatura, y Sevilla, que lo tuvo por hijo, deber siempre
consideracin y respeto al nombre de este poeta, de quien slo he
intentado trazar un ligero apunte.




ANTIGUAS FIESTAS DE TOROS


De las ms antiguas fiestas de toros de que en Sevilla hay documentadas
noticias, son las verificadas en el ao 1405 para celebrar el natalicio
del infante don Juan, hijo de don Enrique III _el Doliente_, infante que
naci en Toro en 6 de Marzo del citado ao.

Segn asiento de los libros de Mayordomazgo del Archivo municipal, fecha
de 20 de Mayo de 1405, se mand al Mayordomo Juan Martn que comprase
ciertos toros para lidiar, y el 10 de Noviembre se pagaron  Miguel
Andr, vecino de las Cabezas de San Juan, cuatrocientos  cinquenta
maravedis que ha de aver por apreciacion que fu fecho por juramento que
tomaron por un toro que traxeron aqu  Sevilla _para lidiar por las
alegras que Sevilla mand fazer_ por el nacimiento de nuestro seor el
infante don Juan, fijo del Rey don Enrique, nuestro seor, que Dios
mantenga.

En el mismo ao consta tambin que se abonaron el importe de otros dos
toros  Antn Martn, y el de otros  Salvador Daz,  Lope Ruiz Galego,
de Alcal, y  Juan Fernndez, jurado, de la collacin de San Juan.

Estas reses es probable que se lidiaran en diversos das de los festejos
organizados por el natalicio del hijo del monarca castellano; y aunque
son oscuras y escassimas las noticias que de aquellas lidias existen
para poderlas detallar en estos apuntes, he de consignar, sin embargo,
que para las tales corridas la ciudad construy plazas y tablados frente
la Catedral y el Alczar.

Las fiestas de toros celebradas en la capital de Andaluca fueron muchas
durante la mayor parte del siglo XV, siendo de las ms famosas las que
en 1477 y 1478 se verificaron.

En el ao primeramente citado visitaron  Sevilla los Reyes Catlicos
don Fernando y doa Isabel, permaneciendo en esta ciudad hasta despus
de mediar el de 1478, y en 1. de Julio de este ltimo, di  luz la
reina un hijo varn (el prncipe don Juan), cuyo nacimiento se celebr
en la ciudad con pblicos festejos, entre los cuales hubo fiestas de
toros, acordando la ciudad lidiar veinte, segn consta en los cuadernos
sueltos de actas capitulares del Archivo municipal.

Ya anteriormente habanse celebrado en aquel ao otras corridas de
toros, como sucedi el 23 de Abril, cumpleaos de la reina, corrindose
ocho cornpetos en el Alczar, y con la asistencia de la soberana,
aunque es sabido cunta repugnancia demostr por la lidia de reses
bravas.

Tambin el 24 de Junio del citado ao de 1477, hubo corrida en la plaza
de San Francisco, repitindose otra el da de Santiago, y costando las
reses quince mil maraveds, segn las cuentas que an se conservan.

En un folleto publicado por D. Jos Gestoso, con el ttulo de _Los Reyes
Catlicos en Sevilla_, en el que se insertan interesantes documentos
sobre la permanencia de los monarcas castellanos en nuestra poblacin,
se leen los siguientes acuerdos, relativos  fiestas de toros del ao
1478 con motivo del bautizo del Prncipe don Juan.

_Mandamiento de la Ciudad  su mayordomo 23 de Diciembre de 1878_: Et
otrosy vos mandamos que dedes e paquedes al dho. pedro diaz o al que por
el los oviere de aver 2.520 mrs. que nos acordamos e ordenamos en el
nuestro cabildo debe mandar dar de cierto gasto que por nro. mandado
fiso en facer las talanqueras  barreras para los _toros que se
corrieron por el parto de la Reyna_ nra. sra. por el batio del seor
principe. (Lib. Mayordomazgo.)

--Libramiento de 200000 mrs. por ocho toros que se tomaron _para lidiar
en el Alcazar_ Real el dia que se batio el muy ilustre seor principe
de Castilla y dadle mas otros 596 mrs. que monto la costa que fiso facer
en las barreras e talanqueras que se ficieron para lidiar los dhos
toros (1. de Julio de 1478.)

Como la ndole de estos apuntes permiten entrar en largos detalles omito
el hacer mencin de otros festejos  que dieron motivo la permanencia de
los Reyes Catlicos en Sevilla,  ms de las corridas de toros, y de
stas baste con las noticias que dejo apuntadas, que ya ms adelante
tendr ocasin de tantas otras lidias de reses no menos famosas.




LAS VCTIMAS DE LA COMUNIDAD EN SEVILLA


Historia particular y detallada tiene en los anales de Sevilla el
alzamiento de las _comunidades_ en tiempo del Emperador, alzamiento que
no dej de tener importancia en la provincia y que en la ciudad di
origen  sucesos como los desarrollados en Septiembre de 1520.

En el da 17 de aquel mes fu cuando D. Juan de Figueroa, cabeza de la
sublevacin con quien se entendieron los conspiradores, sali de la casa
del Duque de Arcos, y con gente armada tom el Alczar, rindiendo al
alcaide, que lo era don Jorge de Portugal.

Dos das despus los partidarios de la poderosa casa ducal de Medina
Sidonia, se alzaban contra los _comuneros_ triunfantes, y el capitn
Valencia de Benavides asaltaba el Alczar, derrotaba  las fuerzas de
Figueroa y haca  ste prisionero despus de reido combate, donde hubo
ms de siete muertos y cuarenta heridos de gravedad.

Los duques de Medina, que tan abiertos partidarios del Emperador se
mostraban, ms bien por enemigos de la casa de Arcos, su rival, que por
adictos  los flamencos, saborearon su triunfo y exigieron  las
autoridades ejemplar castigo de los _comuneros_.

Mas como la justicia andaba entonces tan menguada, no se crea que el
caballero Figueroa, brazo del alzamiento, ni los caballeros
conspiradores fueron condenados, sino que vino  descargarse el peso de
la ley sobre los que menos haban contribuido al acto, por ser dbiles y
no poderosos seores.

As ocurri que la justicia ech mano  un pobre hombre llamado
Francisco Lpez Quesero, hijo del pueblo, el cual haba acompaado  las
fuerzas de Figueroa que tomaron el Alczar y estaba preso en la Crcel
Real, sin que por su modesta posicin hubiera nadie que de l se
interesara.

A Lpez Quesero se le di muerte en la plaza de San Francisco el 23 de
Octubre de 1520, y fu su ejecucin cruel y brbara, pues muri ahogado
 la vista de todo el pueblo de Sevilla, como consta en la _Historia de
las Comunidades_.

Llevronlo (al reo) por las calles acostumbradas, guardado por gente de
 pie y  caballo del duque de Medina Sidonia, hasta la plaza de San
Francisco. All lo tuvieron encima del almacn del agua,  do desque
hubo confesado le _ahog un hombre_ que alquil el verdugo, y desnudlo
 _hzolo cuartos_ que quedaron all hasta la maana siguiente. E luego
por la maana pusieron la cabeza en la picota, un cuarto en la puerta
del Arenal, otro en la de Minjoar y el otro en la de la Carne.

As pag el infeliz Lpez Quesero con tan cruento suplicio, mientras los
caballeros quedaron salvos, siendo tambin poco despus que l
ejecutados otros cuantos obscuros hombres del pueblo, como partidarios
de la _comunidad_ en Sevilla, y que slo haban sido en el alzamiento
partes muy insignificantes.




EL PENDN VERDE


Con el nombre de motn del _Pendn Verde_ relatan los historiadores de
Sevilla el que estall en el barrio de la Feria el ao 1521, y el cual
tom grandes proporciones y lleg  amenazar seriamente  la poblacin,
ofreciendo con l no poca semejanza, el que en el mismo barrio se
promovi en 1652.

Largo espacio ocupara relatando con todos los pormenores que se
conservan aquel alzamiento popular, que tuvo por origen la gran caresta
de vveres que se dej sentir en las clases pobres, encarecindose tanto
el pan, que el hambre imper con todos sus horrores en los barrios bajos
de la ciudad y la situacin de multitud de familias lleg  ser
verdaderamente desesperada.

Porque hay que hacer constar que, aunque la riqueza y la opulencia de
Sevilla en los siglos XVI  XVII era grande, sta ha sido con exceso
ponderada por los adoradores del pasado; que los documentos y las
memorias coetneas de aquellos tiempos prueban de manera bien clara que
la abundancia, el lujo y las sobras eran slo para el clero y para los
nobles, mientras cientos y cientos de seres vivan en la mayor miseria y
sufriendo todo gnero de privaciones, sin que sus lamentos fueran odos,
ni por nadie de los que podan, se atendiese  remediar tamaos males.

Aquel pueblo hambriento, que vea tan cerca  los poderosos arrastrando
doradas carrozas, cubiertos de joyas, luciendo ricas telas y holgando
siempre, mientras l gema, alzse formidable, con rugido de fiera, el
mes de Marzo de 1521, y el da 8 se rompieron ya los diques del
sufrimiento y se dispuso  ejecutar, sin que nada lo contuviese.

As se leen en el _Discurso de la Comunidad de Sevilla_ (1520) estas
noticias, extractadas por don Joaqun Guichot en la siguiente forma:

Un llamado Antn Snchez, de oficio carpintero y vecino de la misma
Feria, se hizo cabeza de motn; y con otros sus iguales form una Junta,
y sta convoc, para hacer la demanda en comn,  los vecinos de las
collaciones de San Gil, San Martn y otras. Nombraron una comisin de
veinte hombres para que fuesen en voz de todos,  ver al Asistente, y
otra para que se avistase con un caballero Per-Afn, que se ofreci 
conferenciar con la autoridad  fin de hallar medio de atender  la
necesidad de aquellos vecinos. Entre tanto agolpbase la gente; creca
el bullicio, y echadas las campanas  vuelo, llense la plaza de la
Feria de innumerable pueblo. Alarmado el Ayuntamiento con las noticias
que le llegaban, trasladse en cuerpo  la plaza de la Feria, donde
interrogados los cabecillas de la asonada acerca de lo que pretendan,
respondieron _trigo!_  lo que contest el Asistente, que donde lo
hubiere se lo mandara dar. No satisfechos con esta promesa, fueron
tumultuariamente  buscarlo por toda la collacin; y como lo encontrasen
en casa del jurado Alava, de su cuado y de un _albarazado_, rompieron
las puertas y robaron todo el que hallaron.

Despus de esto, acudieron  unirse  los amotinados de la Feria gente
de otros barrios que corrieron la ciudad enarbolando un antiguo
estandarte que en tiempo de Alfonso X se haba tomado  los moros en una
batalla, y que custodibase en el templo de Omnium Sanctorum, el cual
estandarte era de tela verde, de donde vino  tomar aquella asonada el
nombre de la del _Pendn Verde_.

Tena todava el Ayuntamiento su morada en el edificio del Corral de los
Olmos, y all acudi el pueblo en actitud amenazadora, arrojando
multitud de piedras y pidiendo pan con voces estentreas.

En esto intervino en el motn el poderoso marqus de la Algaba, que
trat de pacificar los inquietos nimos, prometiendo al pueblo que sera
atendido, con lo cual se apacigu un poco, y cuando el Asistente envi 
la Feria tropas parecieron haberse calmado los nimos, mas tuvo la
imprudencia de mandar prender algunos vecinos diciendo que haba de
ahorcarlos, y sabido esto, el da 9 se reprodujo con caracteres ms
alarmantes el alboroto, como lo relata el citado extracto del _Discurso
de la Comunidad_:

Venida la maana, la plebe irritada antes que intimidada, se lanz  la
calle dando desaforados gritos de venganza, y corri en confuso tropel
al palacio de los marqueses de la Algaba, pidiendo  estos seores el
cumplimiento de la palabra que el da antes empeara de alcanzar el
perdn de los revoltosos. Renovsela el marqus manifestndoles que
_morira  les asegurara_; para lo cual su hijo don Lus fu 
conferenciar con las autoridades. Escarmentada la plebe, no quiso fiar
de nadie, mas que de s misma, el triunfo de lo que llamaba su razn, y
habiendo convocado el mayor nmero posible de gente al toque de campana,
march  la carrera hacia la casa de Niebla, apoderse de ella, armse
reciamente, sac una bandera y piezas de artillera y fuese  dar
libertad  los presos. Tales proporciones alcanz desde este punto el
motn, que alarmadas seriamente algunas personas de mucha significacin
en la ciudad, se ofrecieron  ser medianeros entre las autoridades y la
plebe desenfrenada; extremos que no se pudieron conciliar, porque esta
ltima se negaba  todo lo que no fuera la inmediata libertad de los
presos, y el Asistente, enojado contra ellos, deca: _que por vida del
rey, que los tena de ahorcar!_ Con esto se revolvi toda la ciudad y se
puso en punto de armas. Lo que las negociaciones no pudieron desatar,
cortaron las armas. Los plebeyos cercaron la crcel con mucha gente
armada de espingardas, ballestas y espadas y cuatro piezas de artillera
que sacaron de la casa del duque de Medina Sidonia; rompieron puertas y
ventanas y dieron libertad  los presos.

Lo copiado da idea harto exacta de aquellos sucesos, que tuvieron
trmino al tercer da  sea el 10 de Marzo, en que se libr una
verdadera batalla en las calles, entre el pueblo hambriento y las
autoridades y los nobles, cuyos resultados fueron funestos para los
amotinados, pues la fuerza armada los venci y en la refriega perecieron
muchos infelices de los que se haban alzado pidiendo pan.

Los poderosos, no satisfechos con su triunfo, fueron,  ms, crueles y
vengativos, pues mandaron ahorcar  muchos desgraciados brbara 
inhumanamente....

As eran aquellos benditos tiempos y aquellas autoridades y aquella
nobleza; mientras dominaban y opriman con su poder, dejaban al pueblo
hambriento perecer en la miseria, y cuando ste peda pan le pona
cadenas y lo ahorcaba!




FRANCISCO GUERRERO


El nombre del famoso msico y compositor sevillano Francisco Guerrero,
no es de aquellos que han quedado, ciertamente, limitados  la localidad
y nicamente entre sus paisanos merece continuos elogios. Fuera de
Andaluca, fuera de Espaa se ha hablado hace mucho tiempo de los
mritos de aquel hombre  quien se han dedicado frases tan entusiastas
como las que escribi el crtico francs Adrin de la Foge.

Guerrero naci en Sevilla en Mayo de 1527, siendo su padre Gonzalo
Snchez Guerrero, pintor aventajado, si bien algunos bigrafos confiesan
ignorar qu profesin ejerca.

De muy nio, mostr Guerrero aptitudes para la msica, recibiendo las
lecciones primeras de un su hermano Pedro, que parece era muy diestro en
el manejo de la vihuela, y ms tarde, fu discpulo del maestro
Cristbal de Morales, que de tanta fama goz en su tiempo.

Hacia 1545 encontrbase vacante la plaza de racionero y maestro de
capilla de la Catedral de Jan, y Guerrero, que apesar de su juventud
haba ya terminado los estudios, se present  hacer oposiciones  aquel
cargo, que gan muy honrosamente, pasando  la poblacin citada, en
donde permaneci hasta el ao de 1548 en que volvi  Sevilla  ver 
sus padres.

Entonces el Cabildo Catedral, que ya tenia conocimiento y estimaba los
mritos de Guerrero, aprovechando su estancia en Sevilla le propuso
darle una plaza de cantor, que acept, no volviendo  Jan por continuar
en su ciudad natal.

El siguiente ao de 1549, Guerrero fu invitado  concurrir  las
oposiciones de Magisterio y Racin de la Catedral de Mlaga, donde se
presentaron seis opositores, entre los que el msico sevillano obtuvo la
primera plaza.

Preparado ya para partir  Mlaga--dice un bigrafo--el cabildo, que
deseaba tenerlo  toda costa y mejorar su posicin, decidi que el
muestro Pedro Fernndez,  quien Guerrero llamaba el _maestro de los
maestros espaoles_, fuese jubilado con la mitad de la renta: que sus
funciones fuesen desempeadas por Guerrero, que recibira la otra mitad,
conservando al mismo tiempo su sueldo de cantor, y teniendo opcin al
Magisterio con todo su sueldo  la muerte de Fernndez, que no aconteci
hasta veinte y cinco aos ms tarde.

En su plaza continu Guerrero hasta 1575, siendo por esta poca ya muy
apreciado de todos los amantes de la msica que entonces vivan en
Sevilla y entre los cuales los haba bien inteligentes. A ms las
composiciones del maestro eran ya muy numerosas, y entre ellas se
contaban dos fragmentos del _Miserere_ que haba remitido  la capilla
pontificia.

Deseaba desde haca muchos aos Guerrero hacer un viaje  Jerusaln, y
el ao 1588 se le ofreci ocasin para llevarlo  cabo. El arzobispo de
Sevilla, don Rodrigo de Castro, se dispuso  pasar  Roma y llev
consigo al maestro, que de all pensaba dirigirse  Tierra Santa.

Parti, pues, de Sevilla; mas como quiera que el arzobispo determin
detenerse en Madrid algunos meses, Guerrero, con la anuencia del
prelado, sali para Italia, llegando  Gnova, y luego en Venecia se
dispuso dar  las prensas muchas de sus composiciones; y encargando del
cuidado de esta impresin  Zarlino, se embarc en un navo, que
recorri las costas italianas, y pasando por Dalmacia, Esclavonia,
Albania y Zanthe, al fin desembarc en Jaffa. Acompa  Guerrero en su
viaje un discpulo muy querido suyo, y al regreso despus de no pocas
vicisitudes, escribi un relato de la expedicin que fu impreso en 1592
con el ttulo de _Viaje  Jerusaln que hizo Francisco Guerrero
Racionero y maestro de capilla de la Santa Iglesia de Sevilla_, obra de
la que se han hecho varias ediciones.

En 1597 se cita que se public en Venecia una obra musical del maestro
sevillano en seis tomos, y cuyo nombre es _Molecta, Francisco Guerrero
in Hispalensi ecclesia musicorum, etc., etc._

A las noticias hasta ahora conocidas de la vida del maestro Guerrero,
puedo aadir otra que ofrece cierta curiosidad y que consta en los
libros de acuerdos del Cabildo Catedral de Sevilla, noticias que
galantemente me ha proporcionado el seor Gestoso.

Segn se lee en los citados acuerdos, en 1566 se concedi cierta
licencia  Guerrero, en 29 de Enero de 1578 se mand que se le dieran
cincuenta ducados al mes, en 1582 se hace referencia  que se encontraba
en Roma, y en 1586 en cabildo de 24 de Septiembre se trat de la
jubilacin del famoso msico.

En 1588 se mand que los libros que present el maestro Guerrero en
cabildo, se encuadernasen en becerro y pasaran al Archivo, acordndose
aos despus, en 23 de Julio de 1593, se abonasen al maestro 2.400
reales del _libro de canto de rgano_ que haba presentado.

Dos aos antes de esta fecha, en 1591,  causa de las deudas que
Guerrero haba contrado en Roma, fu detenido en Sevilla, como as se
lee en el acuerdo de 21 de Agosto, en el que para tratar del asunto, se
habla del dinero que debe de Roma, por lo que est preso y mandado
llamar para ver lo que en ello se haga y se traiga relacin de lo que le
daban en tiempo de Farfn al maestro Guerrero, de ms de media racin.

Otro documento tambin me ha facilitado el seor Gestoso, que figura en
su coleccin de autgrafos, y el cual lleva la fecha de 1569, siendo un
poder otorgado por Guerrero  dos cannigos para cobrar 261 gallinas que
le cupieron en dicho ao de la racin de que gozaba en la iglesia
Catedral.

Consagrado el artista sevillano al desempeo de su cargo y  la
composicin de sus obras, querido y estimado de todos y recibiendo con
frecuencia no pocas pruebas de distincin de personas encumbradas,
falleci en la ciudad que le vo nacer el 8 de Noviembre de 1599, si
bien otros autores sealan la fecha de 1600.

Guerrero fu sepultado en la capilla de la Antigua de la Catedral,
ponindose por orden del Cabildo una muy laudatoria inscripcin en su
sepulcro.

Muchas son las obras musicales que dej Guerrero, y de ella citar las
que da noticias La Foge, que son entre otras,  ms de seis misas
(1565), las impresas con los ttulos _Magnficat quatuor vocum_, _Il
secondo libro di Messe_ (1584), _Il primo libro di salmi  quattro_,
_Hymnorum in Hispalensi eclesi tantum cani, solita, &. &._

Al pintor y literato Francisco Pacheco, amigo de Guerrero, se deben las
primeras noticias biogrficas que del compositor sevillano se conocen.
Pacheco en su libro de los _Verdaderos retratos_, que lleva en la
portada la fecha de 1599, escribi un caluroso elogio del maestro con
noticias muy curiosas sobre su vida y de una autenticidad indudable, y 
ms dibuj el retrato que all aparece y que es de los mejores
ejecutados de la coleccin.

Francisco Guerrero--escribe su coetneo y amigo--fu el ms diestro de
su tiempo en el arte de la msica; escribi de ella tanto, que
considerados los aos que vivi y las obras que compuso, se hallan
muchos pliegos para cada da, y esto las de mano; su msica es de
excelente sonido y agradable trabazn; compuso muchas misas, salmos,
etc.

A ms de Pacheco, elogi tambin al compositor hispalense, entre otros
poetas, Vicente Espinel, quien dijo de l

    ...que si en la ciencia es ms que todos diestro,
    es tan grande cantor como maestro.

Dando todas estas opiniones  conocer que los mritos de aquel hombre no
fueron ciertamente ignorados para sus coetneos, como con otros muchos
ha ocurrido,  quien la posteridad ha tenido luego que vindicar.

La msica de Guerrero tiene, como dice un crtico, devocin, gravedad y
correccin, y la Catedral de Sevilla puede honrarse con haber tenido un
varn de tan relevantes mritos entre los muchos que puede citar.

Eslava admiraba grandemente las composiciones del msico del siglo XVI,
y de l hizo repetidos elogios siempre, habiendo investigado con fortuna
sobre los pormenores de la vida del maestro  quien he dedicado un
recuerdo con estos ligeros apuntes.




LOS ESCLAVOS DE SEVILLA


El nmero de infelices esclavos berberiscos, mulatos y negros que
existan en Sevilla en los siglos XVI y XVII, era bastante considerable
y apenas haba familia regularmente acomodada que no tuviese  su
servicio dos  ms de ellos, hombres, mujeres  muchachos, entregados al
servicio domstico,  bien  duros trabajos manuales, con escasa
humanidad de sus amos.

La vida de aquella gente era en extremo aflictiva y como si no fuera
poco lo que los dueos en ellos ejecutaban, las autoridades cuidaban muy
altamente de refrenar en todo cualquiera de sus expansiones.

Curiossimo es el bando que en 1569 hizo publicar la ciudad sobre los
esclavos, confirmando una ordenanza, cuyo documento se conserva en el
Archivo Municipal en la Coleccin de _Papeles Importantes_, tomo I.

Este escrito, que es un verdadero cuadro de costumbres, revela la
situacin de aquella clase infeliz, as como no deja de tener su
pincelada que retrata una sociedad acerca de la cual tanto se ha
falseado.

Dice as el bando:

En la muy noble e muy leal ciudad de Seuilla, Viernes quatro das del
mes de Nouiebre, de mil e quinientos y sesenta y nueve aos, estado
ayutados en las casas dl cabildo desta ciudad, segn que lo han de vso y
costumbre, el muy magnfico seor Doctor Juan de Lieuana, Theniente de
Assistente, y algunos de los seores Regidores, e Jurados della, en el
dicho Cabildo, fue vista y leyda vna ordenana fecha por los seores
Fieles Executores desta ciudad, su thenor de la qual, y de lo que la
ciudad en razon dello passo, y de ciertos autos de pregones que estan al
pie de lo proveydo por la dicha ciudad es esto que se sigue:

Por quanto en esta ciudad ay muchos negros, y negras, y moriscos, y
moriscas que son esclauos y esclauas captivas: y con las ocasiones que
ay en ellas de tauernas y bodegones se entran en ellas  comer, y beuer,
y se emborrachan, y hazen mal acondicionados, y soberuios, y borrachos,
y hazen y cometen delitos que todo redunda en dao y perjuyzio de sus
amos: por que gastan sus haziendas en librarlos de las trauesuras y
delictos que hazen, y no son en prouecho para seruir: y lo que es peor,
que como los dichos esclauos se hazen tan  vizios e viciosos con la
ocasin de las dichas tauernas e bodegones que toman y hurtan  sus
dueos dineros y ropas, hasta las mantas y aderezos de los cauallos y
mulas, y lo que hallan en sus casas y aun se estienden  hazer otros
hurtos, todo para comer y beuer en las tabernas y bodegones y los mismos
tauerneros y bodegoneros, y sus mugeres e hijas, e personas que tiene en
las tauernas y bodegones se lo compran y toman empeado, y en prendas
del dinero que dan sobre ellas,  los dichos esclauos y esclauas por el
vino y comida que les da. Y como pasa esto entre los esclauos y el
tauernero y bodegonero, no se pueden aueriguar los dichos hurtos: e todo
ello redunda en dao y perjuycio de los seores de los dichos esclauos.
Y como cosa que toca tanto al bien, y pro comun de la republica desta
ciudad, e vecinos e moradores della, y de su tierra. Nos los fieles
Executores desta ciudad y su tierra: con acuerdo del muy magnfico seor
Licenciado Arriola, executor de la vara della. Ordenamos y mandamos que
ningn tauernero, bodegonero, ni mesonero, ni ventero, ni personas que
guisan y dan de comer en esta ciudad y su tierra, y jurisdicion,
arrabales, ni Triana, no acojan en sus casas, tauernas, ni bodegones 
los dichos esclauos ni esclauas, negros ni blancos: ni les den de comer,
ni beber en ellas publica ni secretamente, pan, ni vino, ni carne ni
otros mantenimientos algunos, sino lleuare _cdula_ del amo cuyo fuere,
diziendo que por andar  jornal el tal esclauo, o esclaua, no come en su
casa, ni sean osados de venderles pan, ni vino, ni carne, ni pescado, ni
otro mantenimiento alguno, ni compren, ni reciban dellos prendas algunas
vendidas, ni empeadas, ni para guardarselas, aunque digan que son
suyas, ni les den pan, ni vino, ni bastimentos sobre ellas, sopena quel
tauernero, bodegonero, guisandero, y ventero, y mesonero, o persona que
tenga camas que fuere y passare contra lo contenido en esta ordenana, o
contra cosa alguna, o parte della, cayga en pena de mil marauedis y diez
dias de carzel por la primera vez, e por la segunda la pena doblada, y
sea traydo  la verguena publicamente: e por la tercera vez le sean
dados cien aotes, y sea desterrado desta ciudad y su tierra e
jurisdicio por tiepo de quatro aos: y que los dichos bodegoneros,
tauerneros, mesoneros, ni venteros, y personas que dan camas, y guisan
de comer, no se puedan escusar, ni escusen que no sabian que los dichos
esclauos y esclauas eran captiuos: y que los dichos esclauos y esclauas
les dixeron que erran horros. E pedimos e supplicamos al muy Ilustre
Cabildo y regimieto desta ciudad que cofirmen y aprueuen estas ordenana
y la apregonen publicamente. Alonso Nuez, Garca de Len, Diego Nuez,
don Juan de Torres Ponce de Len, Joan de Almonacir escriuano...

En la citada fecha de 1569 fu confirmado aquel acuerdo, no tardando
luego en venir en aos sucesivos, otras y otras rdenes, bandos y
disposiciones que estrechaban ms la situacin de los esclavos.

Sin embargo, con ser tan penosa sta se empeor con el tiempo, y en el
siglo XVII, la catlica majestad de Felipe IV do orden en 1637 para
que, de todos los de Sevilla, se formase un registro y conforme  l
fueran recogidos de casa de sus amos y se llevasen  la crcel real, de
donde pasaran luego nada menos que  remar  las galeras.

El 22 de Abril, se pregon en nuestra ciudad esta orden del monarca,
causando gran pnico en los esclavos, pues tan dura era y tan estrecha,
que en el pregn entraban todos los varones, _incluso los nios de
pecho_, y as fu que los desgraciados, al saberla, procuraron ocultarse
con sus mujeres  hijos, protegidos, como era natural, por los amos.

Mand el rey de Madrid para ejecutar la orden de aprehender  los
esclavos,  un alcalde de casa y corte, llamado don Pedro Amesqueta, el
cual era hombre que, abusando de los poderes de que estaba revestido,
ejecut su comisin de la manera ms violenta y usando de los
procedimientos ms duros y arbitrarios.

A mediados de 1637 haban ya llegado  Sevilla presos multitud de
esclavos de los pueblos de la provincia, los cuales fueron en 24 de
Agosto embarcados y conducidos  Cdiz, donde los llev  Levante para
remar en las galeras, y otros muchos salieron de nuestra ciudad  pie,
siendo conducidos  Cartagena.

Mas no qued aqu ni con mucho el asunto, pues sabiendo Amesqueta que
an era grande en Sevilla el nmero de esclavos ocultos por sus amos,
comenz  echar  stos fuertes multas para que los denunciasen, como
ocurri  una mujer de Pilas,  quien por habrsele huido una esclava le
hicieron pagar 300 ducados, y al Veinticuatro Torres que tuvo que
aflojar 400 y verse envuelto en un proceso.

Largo tiempo sigui la cuestin de la caza de esclavos en Sevilla,
tomando cada da ms grave aspecto en todo el ao de 1638, y las
_Memorias sevillanas_ dan cuenta en el 1639 de esta noticia que no deja
de ser interesante el reproducirla:

El Asistente hizo notificar  los dueos de los esclavos que los
entregasen para las galeras. Al principio tomaban uno de quien tena
dos: despus vino otra orden y no dejaban ninguno y prendan cuantos se
encontraban porque se escondieron todos. Esto fu  principios de Mayo
de este ao de 1639, y  18 de l _llevaron con colleras_  embarcar
para Sanlcar  el Puerto, 102 esclavos, negros, mulatos y berberiscos,
con gran lstima y ms de los casados, cuyas mujeres hacan mil
extremos. Despus se fu apretando  los dueos de los escondidos con
penas de mil y dos mil ducados, que por no pagarlos fueron entregando
muchos y todos los llevaron.

Tal fu el inhumano procedimiento que aquellos piadosos varones del
siglo XVII seguan con sus esclavos,  quienes tanto maltrataban y en
contra de quienes encima levantaron mil calumnias, y condenaron  remar
en galeras, como premio  los servicios que haban prestado.

No he de citar stos, pero s mencionar el caso que registra la crnica
de un esclavo que, habiendo hudo, don Pedro Amesqueta prendi  su amo
y le ech una fuerte multa, lo cual, sabido por el berberisco, que
berberisco era, se present voluntariamente para que su dueo fuese
puesto en libertad, acto que tanta impresin produjo, que la dura
justicia de entonces se vi obligada  usar alguna vez de la clemencia y
dej libre al dueo, y al infeliz tambin le puso en libertad.




JUAN DE SALINAS


Hijo de Logroo han credo algunos bigrafos  este poeta sevillano, 
causa de haber residido en aquel punto durante su infancia y ser su
padre natural de la Rioja.

Llamse ste Pedro Fernndez Salinas, fu hombre de desahogada posicin
y contrajo matrimonio en Sevilla con doa Mara de Castro, habiendo de
este enlace cuatro hijos, entre ellos  Juan de Salinas, que vino al
mundo en la capital de Andaluca, el 24 de Diciembre de 1559.

Viudo el padre del futuro poeta, trasladse  Logroo llevndose consigo
 sus hijos, y Juan, en edad conveniente, comenz sus estudios, cursando
el latn y siendo enviado ms tarde  Salamanca, donde estudi cnones y
leyes, y donde se gradu al fin de doctor.

No vea Salinas gran porvenir para l en el estado seglar y as se
decidi por el eclesistico, haciendo un viaje  Florencia, punto en que
resida un su hermano, y  Roma, donde permaneci algn tiempo, y
consigui del Papa una canonga en Segovia, que sirvi ya de sacerdote,
segn apuntan sus bigrafos.

Despus de haber sufrido una grave enfermedad que puso en peligro su
vida, y muerto su padre, Juan de Salinas se dispuso  regresar  Espaa,
permaneciendo cuatro aos en Segovia y fijando al cabo su residencia en
Sevilla, de donde por tan largo tiempo haba faltado.

Era  la sazn arzobispo don Pedro de Castro y Quiones, quien haciendo
aprecio de los mritos del doctor Salinas y tenindole personalmente en
gran estima, le ofreci una canonga  la que ste renunci por causas
que se ignoran.

Pasado algn tiempo fu nombrado visitador del arzobispado y
administrador del hospital de San Cosme y San Damin, llamado de _Las
Bubas_, cargo que el cabildo de la ciudad le concedi con general
aprobacin de sus individuos.

Amante de las bellas letras desde su primera juventud, haba Salinas
cultivado la poesa con no escaso aprovechamiento, demostrando singular
facilidad para las composiciones de circunstancias en las que  veces
hizo gala de no comn gracejo.

Nunca se imprimieron reunidas, en vida del autor, sus composiciones;
pero casi todas ellas corran manuscritas por Sevilla, dndole no escaso
renombre y haciendo que algunos de sus coetneos les prodigasen elogios,
que ciertamente pecaban de una marcada exageracin.

Tuvo Salinas muy estrecha amistad con casi todos los eruditos y poetas
que en Sevilla vivieron en su tiempo, mereciendo citarse  Jimnez
Enciso,  Juregui,  don Diego Maldonado Dvila (colector despus de
sus composiciones) y al famoso obispo de Bona don Juan de Sal, de quien
el autor que nos ocupamos habl en algunas de sus poesas.

Frecuentaba tambin mucho Salinas el trato de la familia del analista
Ortiz de Ziga, de quien fu padrino de bautismo y de quien habl en
una poesa, as como de su hijo don Juan Ortiz de Ziga.

Algunos trabajos en prosa se imprimieron de Salinas, entre los que cita
Gallardo el _Prlogo_  las _Meditaciones para cada da del ao_ (1602)
y la _Dedicatoria al Sermn fnebre de la madre Dorotea_, escrito por
Alonso Sanz.

En la vida de esta beata Dorotea, que se hizo clebre en Sevilla,
publicada por Gabriel de Aranda, se habla en varios pasajes de Juan de
Salinas, con marcado elogio, y en igual sentido se expresan otros
autores que encarecen mucho su ciencia y virtudes.

Larga fu la vida del doctor Juan de Salinas, que lleg hasta edad de
ochenta y tres aos, falleciendo el 5 de Enero de 1642, en el citado
hospital de San Cosme y San Damin, donde continuaba ejerciendo el cargo
de administrador. Salinas fu enterrado por el clero de Santa Catalina
en el convento de monjas de los Reyes.

Como ya consign, don Diego Maldonado y Dvila recogi y coleccion en
un tomo las composiciones del doctor Salinas, manuscrito que posey
Gallardo, y del que da noticias detalladas en su bibliografa.

Tambin el marqus de Jerez tena un volumen autgrafo de versos del
autor, pudiendo ser estudiados con detenimiento sus mritos en la
_Biblioteca Rivadeneyra_ y en los dos libros que con el ttulo de
_Poesas del doctor Juan de Salinas_ publicaron los biblifilos
andaluces en 1869.

En sus primeros tiempos, dice don Adolfo de Castro, fu Salinas poeta
de muy buen gusto literario, y en los ltimos se convirti en
conceptista y en todos demostr un gran ingenio, sazonado de burlas y de
gran delicadeza en la declaracin de afectos amorosos.

En efecto, la musa de Salinas no fu dada  asuntos graves y de
elevacin, luciendo principalmente en epigramas y composiciones ligeras,
algunas de las cuales tienen ttulos como estos: _A un clrigo que no
quiso prestar al doctor las mulas y era muy puerco_. _A un fraile viejo,
mentiroso y falto de dientes._ _A una dama que fingiendo descuido ense
las ligas al doctor_, _etc._

En este gnero de versos, que prueban el espritu, un tanto chancero, de
Salinas, es donde ms luca su ingenio, que lleg hasta componer un
poema burlesco sobre los _Ejercicios de San Ignacio_, que fu impreso
despus de haber corrido por largo tiempo manuscrito con no poca
aceptacin.

Salinas,  semejanza de Pedro de Quirs y de otros poetas de la escuela
sevillana, sus contemporneos, no dej ninguna obra de pretensiones ni
de verdadera importancia, dedicndose  cultivar la poesa en
composiciones sueltas, la mayora breves.

Sus romances son muy estimables (vanse los que insert D. Agustn
Durn) habiendo pasado por annimos algunos de ellos y siendo otros
falsamente atribuidos  Gngora.

Tuvo el autor objeto de estos apuntes, felicsima disposicin para
versificar y un ingenio vario y ameno, siendo ms dado  ensayarse en el
gnero festivo que no en el grave y elevado. El conceptismo desluci un
tanto el mrito de algunos de sus trabajos, pero en todos ellos aventaja
con mucho  no pocos de los que en el mismo gnero alcanzaron cierto
nombre.

En resumen: Salinas es digno de ocupar un puesto entre los buenos poetas
sevillanos del siglo XVI, y con razn le tributaron elogios sus
contemporneos y no se los ha escaseado la posteridad.




EL ARENAL


El largo espacio de terreno comprendido en la orilla izquierda del
Guadalquivir, desde la entrada del puente de barcas hasta la muralla que
una la torre del Oro con la de la Plata, fu llamado desde muy antiguo
el Arenal.

Hasta nuestros das ha llegado una antiqusima memoria de aquel lugar,
en parte del cual hizo construir don Alfonso _El Sabio_ las Atarazanas.
Hoy mismo, en uno de los muros exteriores del edificio de la Caridad,
consrvase una lpida, dentro de dos fustes de mrmol rojo, en la cual,
en caracteres monacales, est en relieve una inscripcin latina del
siglo XIII, que perteneci  las Atarazanas y que traducida al
castellano dice as:

_Sate conocida cosa, que esta casa y toda su fbrica hizo el sabio y
claro en sangre don Alonso, rey de los espaoles. Fu este movido 
reservar las galeras y naves de los suyos contra las fuerzas del viento
austral, resplandeciendo en arte completo lo que antes fu Arenal
informe. En la era de 1290 (ao 1152)._

En el siglo XVI, cuando el comercio con el Nuevo Mundo estaba para
Sevilla en su mayor apogeo y las embarcaciones de todos pases llegaban
 nuestro puerto, era el Arenal sitio el ms animado y bullicioso de la
ciudad y Lope de Vega, que lo conoca, di  una de sus comedias por
ttulo _El Arenal de Sevilla_, haciendo del lugar la siguiente
descripcin que pone en boca de doa Laura y de Urbana en la escena
primera de la obra:

      --Famoso est el Arenal!
    --Cmo lo deja de ser?
    --No tiene  mi parecer
    todo el mundo vista igual.

      Tanta galera y navo
    mucho al Betis engrandece.
    --Otra Sevilla parece
    que est fundada en el ro.

      --Como llegan  Triana
    pudieran servir de puente.
    --No lo he visto con ms gente.
    --Quieres que me siente, Urbana?

      --Mejor ser que lleguemos
    hasta la torre del Oro
    y todo ese gran tesoro
    que va  las Indias, veremos.

      --Como cubierto se embarca,
    no mueve mis pasos tardos.
    De qu sirve el ver en fardos
    tanta cifra y tanta marca?

      --Notable es la confusin.
    --Lo que es ms razn que alabes
    es ver salir de estas naves
    tanta diversa nacin.

      Las cosas que desembarcan,
    el salir y entrar en ellas
    y el volver despus  vellas
    con otras muchas que embarcan.

      Por cuchillos el francs
    merceras y Run,
    lleva aceite; el alemn
    trae lienzo, fustn, llants;

      carga vino de Alans;
    hierro trae el vizcaino
    el cuartn, el tiro, el pino,
    el indiano el mbar gris,

      la perla, el oro, la plata,
    palo de campeche, cueros,
    toda esta arena es dineros.
    Un mundo en cifras retrata!

En la citada comedia saca  escena Lope los tipos ms caractersticos
que entonces frecuentaban el Arenal, y as se ven desfilar por el
teatro, tapadas, soldados, mozos de galeras, arraeces, bravos,
comerciantes, aguadores, ladrones, criados y forasteros, pudiendo
considerarse esta obra del _Fnix de los ingenios_,  ms de su mrito
indiscutible, como un cuadro de costumbres sevillanas de su tiempo.

El autor acenta ms la nota en elogio de _Arenal_ haciendo decir al
_Forastero_ en la escena IX estos versos:

      Prciese de su edificio
    Zaragoza enternamente;
    Segovia de su gran puente,
    Toledo de su artificio;

      Barcelona del tesoro,
    Valencia de su hermosura,
    la corte de su ventura
    y de sus almenas Toro;

      Burgos del antigua espada
    del Cid por tantos escrita,
    Crdoba de su Mezquita,
    y de su Alhambra, Granada;

      de sus sepulcros Len,
    Avila del fuerte suelo,
    Madrid de su hermoso cielo,
    salud y buena opinin;

      y de su hermoso _Arenal_
    slo se precia Sevilla,
    que es vistosa maravilla
    y una plaza universal.

Con el transcurso de los tiempos, habindose alzado edificios desde la
Puerta de Triana al Postigo del Carbn, y construdo de nuevo los
Malecones, se form entre stos y la orilla del ro una alameda en la
que se plantaron cuatro filas de lamos, y que tom el nombre de _paseo_
del Arenal.

Lo agradable de aquel lugar, la hermosa vista que desde l se
disfrutaba, y la animacin que all sola reinar por el movimiento del
puerto, hicieron que el paseo fuese de los predilectos del pueblo
sevillano y que disfrutara por largos aos de gran boga.

En el plano de la ciudad que mand hacer Olavide siendo Asistente de
Sevilla, figura ya indicada la Alameda del Arenal, y lo mismo en el que
en 1788 se public durante el mando de Lerena, pudiendo decirse que por
entonces era aquel terreno de los ms concurridos de la ciudad.

Don Leandro Fernndez de Moratn, que visit  Sevilla por entonces, as
lo consigna, y otros escritores de la localidad hacen memoria en
diversos trabajos de lo ameno del paseo y de la multitud que  diario lo
frecuentaba.

Por los arrecifes cruzaban por las tardes lujosas carrozas y los
modestos asientos de ladrillo se vean siempre ocupados por un pblico
aristocrtico que luca sus ms preciadas y ricas galas.

A la entrada del paseo se comenz  fines del siglo XVIII  construir el
monumento llamado Triunfo de la Trinidad, que se elev  instancias de
fray Diego Jos de Cdiz, y el cual monumento era obra de escassimo
mrito, y fu derribada hacia la mitad del pasado siglo, sin haberse
llegado  terminar por completo.

No lejos del monumento, se encontraba la _Cruz de la Charanga_, nombre
ste que tambin se daba  uno de los lamos, el ms corpulento y que
ms sobresala entre los all plantados, y alrededor del cual se
formaban aquellas tertulias de desocupados de que habla don Jos Somoza
en sus _Recuerdos_ y en el artculo _El rbol de la Charanga_, donde
dice pintando lo agradable de aquel lugar: ...A la izquierda est el
_Paseo del Arenal_, paseo siempre concurrido;  la derecha el puente de
barcas y un dilatado horizonte azul, por el que se oculta el sol en su
occidente por entre una multitud de palos y velachos de embarcaciones
ancladas.

Hacia 1808 se hicieron algunas reformas en el Arenal, con las que
ganaron en comodidad los paseantes, habindose por entonces llevado 
cabo varias obras en el puente all inmediato, que cubra uno de los
brazos del arroyo Tagarete.

Punto como lo era el paseo del Arenal de amplitud y gran concurrencia,
cuando los das de la invasin francesa, lo escogieron las autoridades
imperiales para llevar  cabo no pocos espectculos pblicos, con los
que procuraban distraer al pueblo.

All el mariscal Soult pas revista  las tropas, all se quemaron
vistosos castillos de fuegos artificiales; hubo cucaas, carreras 
caballo por diestrsimos ginetes, conciertos de bandas militares,
iluminaciones y otros regocijos.

El paseo del Arenal, cuando en 29 de Agosto de 1812 penetraron en
nuestra ciudad los soldados espaoles, fu teatro de sangrientas escenas
y de verdaderos rasgos de herosmo, y algunos das despus se enterr 
la entrada del paseo el coronel ingls Alejandro Ducan, que muri
violentamente, y cuyo sepulcro fu destruido por el populacho en 1816.

Volvieron para el paseo del Arenal das de esplendidez, transcurridos
aquellos aos de la guerra, y en 1823, cuando Fernando VII visit 
Sevilla, este monarca paseaba con gran frecuencia en carruaje por la
orilla del ro, donde era objeto de no pocas manifestaciones de los
_absolutistas_. Y se di el caso que, saliendo una tarde el rey de los
toros,  causa de haber intervenido en los desahogos de los _blancos_
algunos constitucionales, se promovi un feroz escndalo, en el que hubo
garrotazos, carreras y no pocos heridos.

Con motivo de otras visitas de reyes se ha adornado despus de 1823 el
paseo del Arenal, alzndose en l graciosos arcos de follajes y vistosos
transparentes.

Habiendo el Asistente Arjona derribado el muralln de la Torre del Oro y
edificdose el Saln de Cristina, comenz el pblico elegante y
aristocrtico  abandonar el viejo Arenal; llevado de las novedades y
atractivos que el nuevo sitio de esparcimiento y recreo le ofreca.

Este abandono fu en aumento despus de 1834, y como quiera que por las
autoridades locales se olvid por completo el adorno y cuido de aquella
alameda, desaparecieron de ella los antiguos rboles que le prestaban
agradable sombra, los primitivos asientos y los aguaduchos donde tan
animadas tertulias se formaban.

Por los alrededores del Arenal se vea en los buenos tiempos del paseo
muy variados tipos y personajes callejeros, no faltando nunca por las
tardes, los _chiquillos de la candela_ que, provistos de mecha, ofrecan
lumbre  los transentes fumadores; los viejos que exhiban  golpe de
tambor las sorprendentes vistas de la _mquina ptica_, los vendedores
de confites, los maestros de esgrima que acudan  la palestra pblica,
y para que nada faltase  aquel cuadro, era frecuente ver en los
Malecones  frente  la Resolana de la Caridad  al pie del Triunfo,
algunos frailes misioneros que escogan aquellos puntos para predicar,
como ocurra al clebre padre _Verita_.

Una nota caracterstica ha conservado hasta nuestros das y conserva
actualmente el Arenal: refirome al mercado que all se establece en el
mes de Diciembre y que se ve tan concurrido el da de Nochebuena y los
sucesivos de Pascua.

lzanse entonces, en lo que fu frondosa alameda, puestos de juguetes y
de frutas, sin que en manera alguna falten los instrumentos populares,
caractersticos de los citados das, siendo grande el concurso que acude
al Arenal  llevar  cabo las indispensables compras de pavos, nueces,
castaas, turrones y todos los comestibles _del ritual_.

Para concluir, el Arenal en su aspecto ms triste, ya que hemos
recorrido  la ligera su historia, es cuando el Guadalquivir se desborda
y la ciudad se ve amenazada con los peligros de las inundaciones que
tantos estragos han causado en todos los tiempos. Entonces cubren las
aguas el viejo paseo, y aquel lugar tan ameno y agradable presenta un
cuadro imponente, cuadro que no es necesario describir, pues hartas
veces lo han presenciado por desgracia los sevillanos.

El viejo Arenal lleva hoy el nombre de Paseo de Coln, nombre que se le
di en 1892, cuando las fiestas del centenario del descubrimiento de
Amrica. De su pasado, de sus das de esplendor, no queda ya ms que el
recuerdo.




JUANILLO HERNNDEZ


La reforma luterana que apareci en Sevilla  mediados del siglo XVI
propagse en la ciudad de un modo rapidsimo, y tuvo infinitos adictos,
personajes, en su mayora, de posicin y de talento, como lo fueron
Rodrigo de Valer, el doctor Egidio, el doctor Constantino Ponce de la
Fuente, el prior de San Isidro del Campo, Garca Arias, el padre
Arellano, Ponce de Len, el mdico Losada, fray Casidoro de Reina,
Fernando de San Juan y otros cientos, cuya enumeracin sera enojosa.

De entre todos aquellos primeros protestantes, he de recordar  uno que
tiene no poco relieve y  quien por su actividad y el gnero de
propaganda  que se dedicaba, debise singularmente la propagacin de
la doctrina de Lutero.

Llambase Julin Hernndez y se le conoca por _Julianillo_, era mozo
astuto y ardientsimo partidario de la reforma, con lo cual puede
suponerse el contacto frecuentsimo y estrecho en que estaba con todos
los iniciados.

Bien por comisin  bien de propia iniciacin llev Hernndez  cabo una
empresa que, por ser entonces en extremo arriesgada, tal vez se confi 
l como ms listo y astuto.

Ansiaban los protestantes sevillanos poseer escritos propagadores de la
nueva doctrina, que  cientos se publicaban en Alemania y los Pases
Bajos; y como la posesin de los tales libros y su introduccin en
Espaa era dificilsima, pensaban en mil modos para burlar  la
Inquisicin, que tena puesta toda su atencin en la reforma para
aniquilarla.

Julianillo Hernndez parti en 1556 de Sevilla y recorri los
principales focos del luteranismo, ponindose en relaciones con los
principales apstoles del protestantismo y dirigindose despus 
Ginebra, donde residi algunos meses.

En esta ciudad adquiri ejemplares de los libros ms famosos que se
haban dado por los reformadores, y ya dueo de ellos, puso en prctica
el ingenioso medio que discurri para introducirlos en Espaa y traerlos
 Sevilla.

A este efecto, disfrazse perfectamente de arriero, y previniendo dos
grandes toneles, fabricados de intento, los llen con los numerosos
volmenes adquiridos, emprendiendo su viaje de regreso.

En 1557, Julianillo Hernndez llegaba  Sevilla: con su carga, haba
atravesado la pennsula entera sin que ni justicia ni persona alguna
sospechase que en aquellos dos toneles iban las armas ms poderosas
contra la religin del Estado, y que tanto efecto iban  producir.

Cuando los protestantes sevillanos tuvieron conocimiento de la llegada
de Julianillo, inmediatamente acudieron con gran cautela  ocultar el
cargamento, siendo repartidos los libros en el monasterio de San Isidro
del Campo, en casa de don Juan Ponce de Len y en la de la dama doa
Isabel de Baena, ardiente protestante, en cuyo domicilio se reunan con
frecuencia los luteranos.

Merced al ingenio de _Julianillo_, pudieron los reformadores entregarse
 las lecturas que tanto deseaban, comenzando entonces el mozo 
repartir volmenes cautelosamente, siendo menos afortunado en esta
empresa, pues por ello vino su perdicin y la de infinidad de
protestantes.

Un ejemplar del libro titulado _Imagen del Antichristo_, lo vo una
mujer que tena algn vago conocimiento de lo que pasaba y denunci  la
Inquisicin el foco protestante, cayendo el tribunal entonces
rpidamente sobre el asunto, y en poco tiempo fueron encerrados en el
castillo de Triana ms de 800 luteranos, que no tardaron en perecer en
la hoguera y en el garrote.

Sin tiempo para ponerse  salvo, cay _Julianillo_ tambin en las garras
del Santo Oficio, y despus de doce meses de prisin, el 22 de Diciembre
de 1560 sali con el auto de fe, siendo quemado vivo en unin de 34
protestantes ms, entre los que se hallaban doa Ana de Rivera, doa
Francisca Ruz, doa Francisca de Chaves, monja de Santa Isabel; Mara
Gmez, Leonor Nez, sus tres hijas Elvira, Teresa y Luca; doa
Catalina Sarmiento, doa Mara y doa Luisa Manuel, y fray Diego Lpez,
fray Barnardino Valds, fray Domingo Churruca, fray Gaspar de Porres y
fray Bernardo de San Jernimo, de alguno de los cuales har ms
adelante especial mencin.




SANTA TERESA EN SEVILLA


La clebre abulense doa Teresa Snchez Cepeda, cuyos escritos msticos
son tan famosos y  quien la iglesia coloc en los altares en 1622, bajo
el nombre de Santa Teresa de Jess, visit durante su vida  Sevilla,
para fundar un convento en nuestra poblacin, permaneciendo en sta
desde el 26 de Mayo de 1575 hasta el 4 de Junio de 1576.

Lleg, pues, el citado da la madre Teresa de Jess, acompaada de seis
monjas, sus compaeras, instalndose provisionalmente en una modesta
casa de la calle de las Armas, en la cual estuvieron viviendo con gran
estrechez y miseria, siendo al principio socorridas por una seora
llamada doa Leonor de Valera, y ms tarde por el prior de la Cartuja,
que influy  favor de las religiosas con otras personas de algn
valimiento.

All pas la madre Teresa de Jess algunos meses sin que pudiera, segn
eran sus propsitos, adelantar gran cosa en la fundacin del convento,
y aunque cont con el apoyo de algunos que le fueron afectos y le
auxili mucho en sus trabajos D. Lorenzo Snchez Cepeda, su hermano,
que  la sazn vino de Indias, costle gran trabajo encontrar casa ms
espaciosa para instalarse.

Di al fin la fundadora con un edificio en la calle de Pajera, hoy
Zaragoza, y  propsito de ste escribe en una de sus cartas:

No se pas poco para pasarnos  ella ( la nueva casa) porque quien la
tena no la quera dejar. Los frailes franciscos, como estaban juntos,
vinieron luego  requerirnos que en ninguna manera nos passemos 
ella.

Ya en la nueva casa, la actividad de la madre Teresa de Jess, hizo que
se habilitase lo mejor que se pudo, contando con algunos fondos y
aumentndose la comunidad; pero entonces comenzaron  levantarse
calumnias contra la fundadora, intimndola el padre Salazar para que no
hiciese ms fundaciones; y denuncindola por entonces  la Inquisicin
como sospechosa de hereja, ilusiones, falsa devocin y revelaciones
imaginadas, una beata que haba vivido en la recin fundada casa
religiosa, ayudada por un clrigo de quien dice fray Diego de Yepes que
era hombre hipocondraco, escrupuloso, ignorante y expuesto al error.

Siguise el proceso contra la madre Teresa de Jess, pasando 
interrogarla  su casa los inquisidores, llevando con gran rudo los
jueces  caballo, notarios, alguaciles y familiares, y despus de largo
tiempo, la Inquisicin mand que el expediente se suspendiese, quedando,
sin embargo, la fundadora obligada  presentarse ante el tribunal de
Sevilla siempre que ste lo reclamase.

Estando en nuestra poblacin la clebre hija de Avila, fu retratada por
el napolitano Juan de Narduck, que haba sido discpulo de Coello y que
 la sazn era religioso lego conocido con el sobrenombre de _fray Juan
de la Miseria_, conservndose hoy este retrato en el convento de
carmelitas de San Jos, y el cual, si no es una perfecta obra de arte,
es por lo menos, el ms autntico retrato que existe de la reformadora.

La casa que sta habit en Sevilla tvola en gran estima y de ella
escriba que no la haba mejor ni mejor puesta. Parceme que no se ha
de sentir en ella el calor. El patio parece hecho de alcorza.

En 27 de Mayo de 1576 celebrse en aquella casa una gran fiesta
religiosa,  la que asisti el arzobispo, fiesta que la misma fundadora
describi con muchos pormenores, y algunos das despus sali de la
ciudad, dirigindose  Castilla, donde prosigui sus fundaciones.

Aquel edificio que la mstica escritora habit en Sevilla en la calle
Pajera, fu convento hasta 1588, y el ao 1882 el edificio, que se
haba conservado casi como estuvo en el siglo XVI, fu derribado,
colocndose despus en el que se levant sobre su rea, una lpida en la
fachada que recuerda la fundacin de la madre Teresa de Jess y su
estancia en nuestra ciudad.




UN PONCE DE LEN


El noble caballero sevillano don Juan Ponce de Len, hijo de don
Rodrigo, conde de Bailn, fu, como ya he indicado anteriormente, uno de
los ms decididos y ardientes partidarios que la reforma luterana tuvo
en Sevilla en el siglo XVI, y predilecto discpulo del doctor Egidio.

Su elevada posicin social, su ilustracin y el importante papel que
haca en la sociedad sevillana, contribuyeron poderosamente  que su
propaganda en favor del protestantismo le diera muchos resultados,
logrando, durante bastante tiempo, que ni  las autoridades
eclesisticas ni  las seculares trascendiera su conducta, apesar de la
actividad que stas desplegaban para destruir y aniquilar cuanto en
Sevilla tuviera sospecha siquiera de luteranismo.

Fu al fin descubierto en 1558, con otras muchas importantes personas,
que pagaron con sus vidas en las hogueras, y permaneci antes largos
meses preso, siendo al fin condenado por el tribunal odioso.

La sentencia dada contra Ponce de Len es un documento bastante curioso,
del cual existe una copia manuscrita en la _Coleccin de Papeles del
conde del Aguila_ del Archivo municipal, y de ella reproducir la parte
ms interesante, que dice as:

... Atentos los autos y mritos de este proceso, que dicho fiscal prob
bien y cumplidamente su acusacin y querella: damos y pronunciamos su
intencin por bien probada, y que el dicho don Juan Ponce de Len no
prob cosa alguna que le pudiese relevar. Por ende: debemos declarar y
declaramos al dicho _Juan Ponce_, haber sido y ser _hereje, apstata,
luterano, dogmatizador y enseador de la dicha secta de Lutero_ y sus
secuaces: hallndose en algunos ayuntamientos y conventculos con otras
personas secretamente,  donde se trataba de la dicha maldita secta y
sus errores, en grandsima ofensa de Dios Nuestro Seor y de su Santa Fe
catlica y Ley evanglica, y haber sido justo y disimulado confitente, y
que las confesiones que hizo fueron ms por reservar la vida que por
salvar el alma, y por ello haber cado  incurrido en la Sentencia de
Excomunin mayor, y estar ligado de ella y en todas las otras penas en
que caen  incurren los tales herejes, luteranos, dogmatizadores y
enseadores de nueva secta y errores que,  ttulo de cristianos, hacen
y cometen semejantes delitos; y en confiscacin y perdimiento de _todos
sus bienes_, en los cuales le condenamos y aplicamos  la Cmara y Fisco
de S. M. desde el tiempo que cometi dichos delitos  esta parte, cuya
declaracin en nos reservamos. Otros: relajamos la persona de dicho
_Don Juan Ponce de Len_  la Justicia y Brazo seglar, y especialmente
al muy magnfico seor Licenciado Lope de Len, Asistente por S. M. en
esta ciudad y  sus lugares tenientes en el dicho oficio,  los cuales
muy afectuosamente rogamos que se hagan benigna y piadosamente con el
dicho _don Juan_, y porque el delito de la herega es tan gravsimo que
no se puede buenamente punir ni castigar en las personas que lo cometen,
y las penas se extienden  _sus descendientes_: por ende declaramos sus
_hijos y nietos_ de dicho don Juan Ponce por lnea masculina sean
_inhbiles para poder tener cualquier oficio pblico,  de honra, 
beneficios eclesisticos_, y que no pueden usar de las otras cosas
prohibidas  los hijos y nietos de los semejantes condenados as por
dicho comn, Leyes y Pragmticas de estos Reinos como por institucin
del Santo Oficio, las cuales habemos aqu por expresadas: y por esta
nuestra sentencia juzgando as lo pronunciamos y mandamos en estos
escritos y por ellos.--_El Obispo de Tarazona.==El Licenciado Andrs
Gasco.==El Licenciado Carpio.==El Licenciado Juan Obando._

El 24 de Septiembre de 1559 se celebr el auto de fe en que sali don
Juan Ponce de Len: despus de relajado y entregado al brazo secular, se
le di garrote y se consumi su cuerpo en el _Quemadero_ del prado de
San Sebastin, con otros de los ms sealados protestantes sevillanos.




JUAN DEL CASTILLO


El haber sido el pintor sevillano Juan del Castillo maestro de artistas
que tanto renombre y gloria alcanzaron, como Murillo, Zurbarn, Alonso
Cano y Pedro de Moya, ha hecho que su nombre sea por esto citado ms que
por las obras que dej  la posteridad, dignas de elogio, ciertamente,
no pocas de ellas.

Hermano de otro pintor tambin, Agustn del Castillo (1565-1626), naci
Juan en el ao de 1584, siendo desde muy joven manifiesta su inclinacin
por el dibujo, que aprendi bajo la direccin de Luis Fernndez, en
cuyos lienzos censrase la escasa frescura y la pobreza de colorido.

Juan del Castillo pint multitud de cuadros en su juventud, la mayora
de los cuales se han perdido hoy, y que le atrajeron general estimacin,
pues apartndose de las reglas que su maestro le indicara, di un gran
paso para destacar su personalidad.

Demostrando grandes condiciones para la enseanza,  Castillo acudieron
no pocos discpulos, siendo su academia la que ms frutos obtuvo para el
arte, de aquellas otras que tenan en sus talleres el clrigo Roelas,
Herrera _el Viejo_ y Francisco Pacheco.

A la academia de Castillo acudi cuando contaba doce aos, en 1630,
Bartolom Murillo, llevado al estudio por cercano pariente, no faltando
algunos autores que apunten que el luego celebrrimo artista sevillano
era sobrino de su maestro.

En abril de 1611, Castillo, vecino  la sazn del Salvador, se recibi
de hermano de la _Doctrina Cristiana_, como hombre devoto que era,
habiendo noticias de que en aos despus hizo un viaje  Granada, donde,
segn _Arana de Varflora_, hizo algunas pinturas y en ellas se conoce
su manera de pintar, que era fresca y pastosa.

Para el convento de Monte Sin ejecut Castillo, de vuelta en su ciudad
natal, catorce lienzos, siendo este templo el que lleg  reunir ms
producciones del pintor objeto de estas lneas.

En el altar mayor dej una _Asuncin_, _La Visitacin de Santa Isabel 
la Virgen_, _La Encarnacin_, _El Nacimiento de Jess_, _La Adoracin de
los Reyes_, los cuatro doctores de la Iglesia, San Buenaventura y un
crucificado, y en otros retablos las imgenes de Santo Domingo, Santo
Toms y San Vicente Ferrer.

De estos cuadros, que permanecieron en dicho convento hasta 1810, fueron
algunos, tras bastante tiempo, llevados al Museo Provincial, donde en la
actualidad se encuentran,  ms de dos medios puntos en tabla que
representan  San Jos y el Nio trabajando, y la muerte del mismo
santo.

Estos citados son los ms notables cuadros de Juan del Castillo, y en
los que pueden apreciarse por completo sus mritos y su estilo de
pintura, debiendo citar aqu tambin otras obras como las siguientes,
que conservaron varios particulares y elogi Amador de los Ros en 1844
cuando di  luz su libro _Sevilla pintoresca_.

D. Manuel Lpez Cepero posea una _Asuncin_ y una _Sagrada Familia_;
don Pedro Garca, un lienzo de los _Desposorios de la Virgen_, en
figuras de tamao natural, un _San Miguel_ y un _ngel de la Guarda_, y
el seor Surez de Urbina un _San Pedro_ y un _San Jos con Jess_,
cuadro este ltimo de pequeas dimensiones.

De otras pinturas de Juan del Castillo se han perdido no pocas, que
fueron celebradas en su tiempo y de las cuales slo la memoria queda.

Con su academia muy concurrida de discpulos, continu el maestro
residiendo en Sevilla hasta 1639, ao en que, por motivos que ignoro, se
traslad  Cdiz, donde fij su residencia.

All ejecut tambin algunos lienzos, pero la vida del artista tuvo
pronto trmino, falleciendo  mediados del ao 1640, segn apuntan los
ms autorizados bigrafos.

Las obras de Juan del Castillo han sido estudiadas por los crticos con
atencin  imparcialidad, diciendo uno de ellos, juzgando los mritos
del artista, que apesar del estilo que en la enseanza recibiera,
guiado por favorable inclinacin, dise  copiar el modelo vivo y 
estudiar la realidad, con lo cual mejor su arte y dict provechosas
reglas, siempre ms  lo tocante al dibujo que al color,  sus
discpulos.

En la historia de la pintura sevillana indica Castillo un gran paso de
adelanto, y puede decirse que dej muy atrs  su hermano Agustn y aun
 su sobrino Antonio, tambin artista.

Contemplando los lienzos de Juan del Castillo y viendo aquel modo de
ejecutar un tanto fro y acadmico, viene enseguida  la memoria la
enseanza que di  Murillo, resaltando al punto cmo ste nada conserv
de su maestro, y hacindose de un estilo propio, con el cual fund una
escuela y del que tuvo tantos fervorosos admiradores.

El lienzo de la _Visitacin_, el del _Nacimiento_ y los restantes que se
encuentran hoy en el Museo provincial, son, como ya indiqu, las
principales obras de Castillo, y aunque  ellas no dejan de poner
reparos los crticos, todos reconocen los mritos que indudablemente
tuvo su autor.

No podemos llamar reaccionario en arte  Castillo--escribe
Sentenach--antes bien, dejndonos arrastrar con las corrientes que se
iniciaban, abandona el neo-clasicismo: pierde, inspirado por Herrera,
algo de la tirante correccin greco-romana; observa la naturaleza y
aunque con pocas fuerzas para elevarse  grandes alturas, desva  sus
discpulos de los senderos trillados y los encamina por el que ha de
conducirlos  nuevas y encantadas regiones.

Para terminar: el pintor sevillano no lleg  escalar la regin
reservada  los genios; faltle en primer lugar hondo sentimiento y
espritu para sus obras; pero fu un artista en conjunto bien digno de
elogio por su obra general, y la dulce memoria que dej como maestro de
Zurbarn, de Alonso Cano, de Murillo y de tantos otros har siempre que
su nombre viva unido al de aquellos grandes hombres y la posteridad lo
respete.




UN ZAPATERO DE ANTAO


La Santa Hermandad, instituda por los Reyes Catlicos con el objeto de
perseguir y castigar  los ladrones y malhechores, puede decirse que
estaba en todo su esplendor durante el siglo XVI, siendo sus individuos
muy numerosos, y como quiera que los cargos de cuadrilleros, secutores,
etc., traan consigo ciertos privilegios y fueros, eran stos muy
solicitados.

Para ejercer dichos cargos hacase requisito indispensable,  ms de
tener harto probada la buena conducta moral, ser persona de alguna
significancia y prestigio, pertenecer  hidalga familia y no ejercer
ciertos oficios  cargos incompatibles con la justicia de que haban de
investirse.

Ninguna de estas cualidades parece que tuvo en cuenta, en 1587, un
zapatero que haba en Sevilla, llamado Lus Snchez, el cual era popular
entre la gente de baja ralea, y valindose de resortes que supo
hbilmente tocar y de la influencia del cannigo y arcediano don Alonso
Fajardo de Villalobos, obispo titular de Esquilache, consigui que el
Provincial de la Santa Hermandad le diese el cargo de secutor, el cual
era provechoso por las ganancias y gajes varios que traa consigo.

Revestido el zapatero de su autoridad, comenz  ejercerla tan ufano y
orondo; pero el hombre no contaba con la huspeda, y sta fu un su
enemigo llamado Juan Prez, que se propuso amargar la satisfaccin del
flamante secutor, presentando al cabildo de la ciudad un escrito contra
Snchez, el cual no deja de ser curioso, y que por esto y por ser
indito hasta ahora, lo copio de su original, que dice as:

_Muy ilustres seores._--Juan Prez de esta ciudad, como uno del
pueblo, y para el bien pblico, digo que el Provincial de la Hermandad,
ha nombrado por secutor de hermandad  un hombre llamado Luis Snchez el
cual es _hombre infame_ y es zapatero que usa dicho oficio _con delantal
delante de los pechos y golpeando con un box, llamando la gente_ y
calzando zapatos  negros y blancos y limpindoles los pies, y adems de
esto, sirve al obispo Esquilache en lo que le manda. Asimismo el dicho
Lus Snchez, suele cometer _delitos crmenes_, especialmente el
susodicho estuvo preso en la crcel real de esta ciudad por mandado del
alcalde Bonifacio, por haber vendido mucha cantidad de trigo, y fu
sentenciado  graves penas  destierro, que pas la causa ante Juan de
Castro, escribano. Por todo lo cual el dicho Lus Snchez no puede ni
debe ser recibido al dicho oficio de secutor, porque lo pretende _para
hacer cosas no debidas  cometer delitos_. Por tanto, pido y suplico 
vuestra seora no sea admitido ni recibido al dicho oficio de secutor,
y que vuestra seora mande dar y d por ninguno el dicho nombramiento,
 no haber lugar de se hacer el nombramiento  en todo haga se provea lo
que ms convenga  su servicio, por lo cual etc. etc.--_Juan Prez._
(_Archivo municipal_: Varios, _Antiguo_.)

Esta solicitud pas  cabildo, y habiendo tenido conocimiento de ella el
zapatero, furioso de ver cun mal quedaba su persona, busc  su
enemigo y le di una monumental paliza, con lo que parece qued
vengado... y sin que nadie le despojase del cargo de secutor, apesar de
lo de los _delitos crmenes_.




LA PUERTA DE TRIANA


La ms notable y acabada de cuantas puertas tuvo en lo antiguo Sevilla,
fu la de Triana, cuya traza se debi, segn las opiniones ms
autorizadas, al notable arquitecto Juan de Herrera. Fu concluda
aquella puerta, verdaderamente monumental,  fines de 1588, derribndose
para hacerla otra primitiva que estaba  la entrada del barrio de la
Cestera.

Constaba la puerta de Triana de un solo cuerpo de arquitectura, de
estilo drico, y presentaba dos fachadas de gran elevacin y magnfico
aspecto. A ambos lados de sus arcos, existan cuatro colosales columnas
que descansaban en slidos pedestales y sostenan una gran cornisa, en
la que se hallaba un espacioso balcn de largo barandal, rematando el
monumento con un tico triangular adornado de pirmides.

Sobre el balcn exista una lpida cuya inscripcin latina deca lo
siguiente, segn la traduccin castellana de un autor, muy versado en
nuestras antigedades:

_Siendo poderossimo rey de las Espaas y de muchas provincias por la
parte del orbe Felipe II, el amplsimo regimiento de Sevilla juzg deber
ser adornada esta nueva puerta de Triana, puesta en nuevo sitio,
favoreciendo la obra y asistiendo  su perfeccin don Juan Hurtado de
Mendoza, conde de Orgz, superior vigilantsimo de la misma floreciente
ciudad en el ao de la salud cristiana de 1588._

A un lado de esta puerta estaba uno de los husillos del ro, cuya obra
la conmemoraba otra lpida de pomposa y larga inscripcin, colocada en
1633, siendo asistente el conde de la Corzana, y sobre el arco estaba el
llamado _Castillo_, en el que se hallaban varias celdas, que servan de
prisin  los nobles y caballeros de importancia.

Era esta puerta la ms adornada en las festividades pblicas; sus dos
portillos laterales eran los que ms tarde se cerraban, y por su arco
principal entraron los monarcas Felipe V, en 1729; Carlos IV, en 1796;
Jos I, en 1810; Fernando VII, en 1823, y la reina Isabel II, en 1862.

Cerca de la puerta se encontraba  principios del siglo XIX, en un hueco
de la pared, el clebre cafetn llamado de _Julio Csar_, donde se
reuna por la noche gente maleante, que tena siempre cuentas pendientes
con la justicia.

Las ms importantes obras efectuadas en la puerta de Triana fueron las
que se llevaron  cabo en 1787, siendo Asistente don Jos balos.
Entonces se renovaron las dos fachadas, restituyndose--como dice un
historiador-- sus columnas la altura que corresponda, pues antes su
basamento suba hasta el tercio de las columnas, quiz para afianzar en
l los tablones con que se calafateaba la puerta en las ocasiones de
riadas.

Delante del monumento se extenda el espacioso llano, donde despus se
ha construdo la calle de Reyes Catlicos, y este lugar era en extremo
concurrido por los desocupados y paseantes, que all acudan  tomar el
sol en invierno y  refrescarse en las noches del esto.

La puerta de Triana, que era la ms inmediata para dar acceso al puente
de barcas y al populoso barrio de la margen derecha del Guadalquivir,
era punto de gran trnsito, y por ella se vean casi siempre grupos de
viajeros, recuas de los trajinantes, coches de camino, etc., etc.

Cerca del monumento existan dos fuentes, una de las cuales se conserva
todava, aunque muy variada, y se construy en 1816 por el Asistente don
Francisco Laborda y Pleyler.

Entre muchos recuerdos histricos, que iban unidos  la puerta,
mencionar el de la muerte del conde del Aguila en 1808, el de la
entrada de las tropas espaolas en 1812 y el del general Lpez Bao, que
en 1823 derrib  caonazos sus hojas para salvar  la ciudad del furor
de los absolutistas.

El monumento al fin fu derribado en 1869, sin que bastara  impedir su
destruccin, ni lo magnfico de la obra, ni los recuerdos que tena.




LA ALAMEDA DE HRCULES


Sabido es que la construccin de este paseo se debe al Asistente don
Francisco Zapata, conde de Barajas, el cual, de un lugar tan infecto y
malsano como era aquel, que se llamaba la Laguna por ser punto donde se
estancaban las aguas, hizo un hermoso lugar de recreo y esparcimiento
para el pueblo sevillano.

Levantado el terreno y nivelado, formadas ocho hileras de rboles hasta
el prado de Beln, y construdos cmodos asientos y bellas fuentes de
mrmol, el conde de Barajas puso  la entrada del paseo dos magnficas
columnas de granito gris, que medan 8'90 metros y uno de dimetro, las
cuales es opinin general que deban pertenecer  algn templo que tuvo
Sevilla en tiempo de los romanos.

Levantadas las columnas sobre pedestales, se pusieron, como remate de
ellas, dos estatuas, una de Hrcules y otra de Julio Csar, las cuales
dieron nombre al paseo, que el vulgo llam desde poco despus, Alameda
de Hrcules.

En la actualidad se encuentran casi borradas las inscripciones que
entonces se grabaron en los pedestales, y aunque ya son por algunos
conocidas, creo de oportunidad copiarlas aqu.

La inscripcin de Hrcules dice:

Al Hrcules Augusto Emperador, Csar Carlos quinto, hijo del rey don
Filipo, nieto del rey don Fernando, viznieto del rey don Juan, piadoso,
feliz, glico, germnico, trcico, africano, que mucho ms all de las
columnas de Hrcules, dilatada su gloria por el Nuevo Mundo, termin su
imperio con el Ocano, su fama con el Cielo. Al hroe sagrado,
meritsimo de la Repblica cristiana, por su eterna piedad y virtud, el
Senado y pueblo de Sevilla dedicadsimo  su sagrada memoria y
majestad.

Reinando en Castilla el catlico y muy alto y poderoso rey don Felipe
II, y siendo asistente de esta ciudad el ilustrsimo seor conde de
Barajas, mayordomo de la reina nuestra seora: Los ilustrsimos seores,
Sevilla, mandaron hacer estas fuentes y alamedas, traer el agua de la
fuente del Arzobispo con industria, acuerdo y parecer del dicho seor
Asistente, siendo obrero mayor, el magnfico seor Juan Daz, Jurado,
alcalde el ao de MDLXXIIII.

En la de Julio Csar se contiene todo esto:

A don Francisco Zapata conde de Barajas, Asistente vigilantsimo de
esta Ciudad, mayordomo del rey, y amante muy equitativo de la justicia,
por haber limpiado esta antigua y abandonada laguna de las aguas
inmundas de toda la ciudad, convirtindola en un paseo muy extenso,
sembrado de frondosos rboles y regados con fuentes perennes, dando as
 los ciudadanos un cielo ms saludable y un viento ms fresco en los
ardores del esto; y por haber restitudo  su antiguo origen el arroyo
de las aguas del Arzobispo, interrumpido por la antigedad y abandonado,
trayendo sus aguas  varias calles de la Ciudad para grande consuelo del
pueblo sediento: por haber trasladado aqu las columnas de Hrcules,
con un trabajo comparable  los del mismo Hrcules: por haber hermoseado
la Ciudad con puertas magnficamente fabricadas y por haberla gobernado
con suma humanidad, el Senado y Pueblo de Sevilla le consagran este
monumento en testimonio de su amor y gratitud, en el ao 1598.

A la liberalidad del augusto Felipe segundo hijo del divino Carlos,
nieto del gran Felipe, biznieto del divino Maximiliano rebiznieto del
divino Federico, piadoso, fiel, mximo, catlico, germnico, francisco,
britnico, blgico, ndico, africano, trcico en tierra y mar, emperador
invictsimo, porque con nuevos ornamentos y prerrogativas confirmados
tambin y dadas de nuevo ilustres leyes municipales, ha aumentado y
ennoblecido esta ciudad como  ptimo prncipe de esta romulense colonia
restaurador amabilsimo el cabildo de los sevillanos.

En los _Libros de Caja_ del siglo XVI, que se guardan en el Archivo
Municipal, existen multitud de asientos relativos  las obras de
construccin de la Alameda, pudiendo verse all en detalle cun grandes
sumas se invirtieron y cunto inters puso el conde de Barajas en
embellecer el paseo.

La Alameda fu durante el siglo XVII, el lugar ms concurrido de Sevilla
por los paseantes y sitio predilecto de damas y galanes que all acudan
 entregarse  sus amorosas expansiones, y con razn ha dicho un
escritor ilustre que era aquel el terreno de la belleza y el lujo, y el
teatro del trato ameno y conciertos amorosos.

En el siglo XVIII, hacindose necesarias algunas reformas en el antiguo
paseo, las llev  cabo en 1764 el asistente don Ramn Larumbe; el cual
coron su obra levantando al final de la Alameda dos ridculas
columnas, parodia de las puestas por el conde de Barajas, las cuales
remataron en dos leoncillos de piedra, al pie de los que su seora,
deseando perpetuar la memoria del trabajo, hizo grabar estas lneas, ya
casi borradas hoy:

--NO=8=DO--Reinando en Espaa la catlica magestad de don Carlos III,
siendo asistente de esta ciudad el seor don Ramn de Larumbe del orden
de Santiago, del consejo de S.M., intendente general del ejrcito de los
cuatro reinos de Andaluca y superintendente general de rentas, se acab
la obra de la caera de la fuente del Arzobispo en 28 de Enero de 1764
y la distribucin de su agua consiste en el pilar del arzobispo, la de
la fuente de Crdoba, seis pilas de esta Alameda y la de san Vicente y
de gracia al convento de esta de capuchinos, hermandad de san
Hermenegildo, san Basilio, Belen y san Francisco de Paula y se pone esta
lpida en virtud de acuerdo del ilustre cabildo de la ciudad, habiendo
sido diputado de esta obra el seor veinticuatro don Juan Alonso de Lugo
y Aranda.

--NO=8=DO--Reinando etc., etc., se construyeron estas dos columnas que
coronan los leones que sostienen las reales armas y las de Sevilla. Se
hicieron los asientos, alcantarillas y terraplenes, levantndose los
pretiles de las zanjas, se pusieron los pilares para el riego, desage
completo de rboles de esta Alameda, todo por direccin de los seores
Asistentes, siendo diputado el seor don Gregorio de Fuentes y Veralt,
veinticuatro del Ilmo. Cabildo cuya obra coste de los propios y
arbitrios y se acab el ao de 1765.

La Alameda continu todava durante bastante tiempo disfrutando del
favor de los sevillanos, hasta que, como dice con mucho donaire el duque
de Rivas en su bello artculo _Los Hercules_,  la margen del
Guadalquivir, ya escombrado de mercaderes y mercaderas, apareci entre
la puerta de Triana y la Torre del Oro otra Alamedita (el Arenal), que
aunque naci enfermiza, empez  hacer gracias cuando nia y  llamar la
atencin cuando joven, hasta que desbanc cosa natural!  la Alameda,
ya vetusta y provecta, y le ech  cuestas nada menos (nimas
benditas!) el dictado de _Vieja_, que la desplom.

Por estos tiempos haca ya muchos aos que se celebraban all las
clsicas veladas de San Juan y San Pedro, que tan caractersticas notas
ofrecan de nuestras fiestas populares, y las cuales renuncio 
describir aqu, cmo se verificaban entonces.

En los comienzos del siglo XIX, era ya manifiesta y patente la
decadencia del paseo cuyo aspecto era en verdad poco ameno y agradable,
pues con gran detrimento del ornato, haba abandonado su cuido el
municipio.

Entre los episodios dignos de ser recordados que tuvieron lugar en la
Alameda en los largos aos de nuestras revueltas polticas, citar un
gran banquete que all se celebr en 1820  las tropas de Riego, al cual
asisti el mismo general, que  la hora de los brindis ley uno en muy
medianos versos que haba escrito su hermano el cannigo don Miguel del
Riego.

En 1823 y el triste da 13 de Junio, en que tantos excesos cometieron
las turbas absolutistas, al estallar aquella tarde el depsito de
plvora que estaba establecido en el edificio de la Inquisicin, la
Alameda ofreci un triste cuadro, pues en ella cayeron no pocos restos
humanos de los que fueron vctimas de aquella catstrofe.

Pacfico y solitario estuvo el viejo paseo durante muchos aos, hasta
que hacia 1840 y 1844 empezaron  utilizarlo ciertos elementos para
punto de sus reuniones y an vive quien recuerda cmo all se juntaban
por tarde y noche numerosos grupos de exaltados que lean en voz alta
_El Huracn_, _El Guirigay_ y otras publicaciones hostiles al gobierno y
aun  las instituciones, dando lugar aquellas lecturas,  que con
frecuencia se caldearan los nimos y tuviera que intervenir la fuerza
armada, como ocurri en diversas ocasiones.

No fu slo entonces la Alameda teatro de escenas semejantes, pues stas
se repitieron en aquellos aos de pronunciamiento y motines, llegando,
como en 1861 y 1873,  tomar los sucesos verdadera importancia.

 decir verdad, el paseo de que me voy ocupando es de los que menos
reformas han sufrido de todos los de Sevilla, pues las obras que en
diversas ocasiones se han llevado all  cabo han sido, por lo general,
de escasa importancia, y slo secundarias. Despus de 1850
desaparecieron las fuentes que en el centro de la Alameda existan, y
hace aos se traslad al final la pila de la Plaza de San Francisco, se
rodearon de sencilla verja los Hrcules, se reformaron algunos asientos
de la entrada, intentndose plantar un jardn en ambos lados, que no
lleg  prosperar por descuido.

Si de da era la Alameda punto por lo general sosegado y tranquilo, de
noche era peligroso por ms de un concepto.

La falta de alumbrado y vigilancia, favoreca mucho  los pjaros de
cuenta que por all vagaban entre las sombras, siendo muy frecuente que
el incauto transeunte que por necesidad atravesaba dados ya el toque de
nimas el paseo, se viera sorprendido por malhechores que lo maltrataban
y despojaban de cuanto llevase encima.

A ms eran aquellas tinieblas muy buscadas por _Aspasias_ y
_Proserpinas_ de barrio, que no tenan quien las molestase, siendo los
viejos rboles y los asientos,  diario, mudos testigos de escenas que
puede imaginarse el lector.

Como punto de los ms bajos de la ciudad la Alameda ha sido siempre de
los que primero se inundan, ofreciendo aquella ancha superficie de agua
un cuadro que siempre acuden  contemplar los sevillanos con cierta
curiosidad.

No citar la fecha de las muchas inundaciones del paseo, pero har
mencin de la riada de 1796, en que las aguas llegaron hasta cerca de
los balcones de algunas casas como indica el azulejo colocado en el
edificio que hace esquina  la calle Santa Ana, y de la de 1876, en que
se desbord el Guadalquivir, causando grandes destrozos en todo el
barrio de San Lorenzo y en el de la Feria.

Estas inundaciones dejan siempre al viejo paseo en estado harto
deplorable, y como quiera que pocas veces se trata de acudir como
corresponde  la reparacin de los desperfectos ocasionados en la
Alameda, ofrece  los paseantes bien pocos atractivos.

Ningn paseo como la Alameda pudiera, por su extensin y sus
condiciones, transformarse en uno de los ms agradables de la ciudad,
levantando el terreno, variando por completo la antigua traza y formando
all amenos jardines, que seran gala y ornato de la poblacin.

Desde hace pocos aos, la Alameda se ve extraordinariamente concurrida
en las tardes y noches de esto, habindose establecido all gran nmero
de puestos de agua, refrescos, helados, etc., alrededor de los cuales se
instalan multitud de mesas y sillas, que se ven ocupadas por la
concurrencia de trasnochadores hasta la salida de la aurora. All se ven
durante todas las horas de las calurosas noches, alegres grupos y
tertulias de _ellos_ y _ellas_, y se escuchan cantos flamencos, notas
de guitarras, repiqueteo de palillos, risas y vivos dilogos...

Y aqu hago punto en este ligero bosquejo que he intentado trazar de la
Alameda Vieja que fund el conde de Barajas, paseo el ms antiguo de
Sevilla, que es el que ms larga historia tiene y por el que tantas
generaciones pasadas han discurrido.




LA HERMANDAD DE LOS NIOS PERDIDOS


Si actualmente son tantos los nios y adolescentes abandonados, que en
las capitales viven entre las mayores privaciones y miserias, puede
calcularse  qu gran nmero llegaran stos en los tiempos pasados, y
cun amarga y triste sera su condicin en la sociedad.

De aqu naci aquella multitud de vagabundos, de muchachos maleantes que
acostumbrados  viciosos hbitos, y en frecuente contacto con gente
corrompida, crecan, se hacan hombres, terminando las ms de las veces
su existencia en la horca  en las galeras del rey.

Sevilla, poblacin importantsima, el siglo XVI, era centro en el que se
acoga un mundo de pcaros, como los que tan admirablemente retrat
Cervantes en _Rinconete y Cortadillo_, y alrededor de toda aquella
hampa, pululaban nios y mozalbetes, de quienes nadie cuidaba y 
quienes nadie procuraba apartar de tan extraviados caminos.

Con el laudable intento de protejer  la infancia desvalida y remediar
los males de los adolescentes, reunironse unos cuantos hombres de buena
voluntad, y hacia el ao de 1589 formaron una hermandad con el nombre
del _Santo Nio Perdido_, la cual, sin el apoyo de las autoridades, y
sostenindose nicamente con el dinero de los hermanos y las limosnas
que recoga, logr bien pronto prestar muy sealados servicios.

Al efecto lograron alquilar una casa modesta, en la cual reunieron
camas, mantas y algunos muebles, nombrando por alcaldes de la cofrada 
don Andrs de Losa y don Cristbal Pareja; tomaron un administrador, que
lo fu el clrigo don Jos Martn, y alquilaron para el servicio dos
criados y una mujer anciana.

Dieron principio los hermanos  su buena obra, redactando los estatutos
de la congregacin y comenzando  llevar al recin fundado instituto 
los nios que encontraban, pues segn el mismo alcalde Cristbal de Losa
deca en un documento que tengo  la vista: ...cada uno de los hermanos
andaban por las calles de noche, y si en algn portal  en algn rincn
hallbamos algn nio desamparado del trato humano, lo llevbamos 
nuestra casa por aquella noche, dndole de cenar y regalndole, y al
otro da lo llevbamos  nuestra Casa para que all se remediase con los
dems...

Aadiendo tambin estos prrafos que explican la misin de los hermanos:

Cuando veamos alguna mujer  hombre que andaba pidiendo limosna con
muchachos se los quitbamos, y llevbamos  la casa porque no se
quedasen toda la vida pordioseros y los ponamos con amos  su
servicio. Item, que cuando sabamos que alguna nia haba quedado
hurfana por haberle faltado padre  madre y no tener de qu
sustentarse, la llevbamos  Casa y as de ordinario las haba en ella
de seis y siete aos y nios de dos  tres aos y lo hacamos lavar,
limpiar y envolver, teniendo para esto una mujer anciana, honrada que lo
haca amaneciendo ellos todas las maanas de tal suerte que era asco
llegar  ellos y asi lo lababan y limpiaban y vestian camisa limpia y si
la mujer no hiciere esto con caridad como lo hacia con ningun inters se
le poda pagar.

Tambin recogan los hermanos  los mozalbetes raterillos,  los cuales
tenan algunos das sujetos, procurando corregirlos, y  unos y  otros
buscaban luego colocacin con algn amo,  les ponan  aprender algn
oficio mecnico, llegando, como la hermandad comprob por sus libros, 
haber colocado  unos 600 muchachos durante los primeros aos del
instituto.

As iba la hermandad siguiendo su obra meritoria y prestando sealados
servicios, cuando un da de los comienzos de 1591 se present en la casa
de la hermandad el veinticuatro don Juan Prez de Guzmn y con dos 
tres alguaciles se apoder por fuerza de cuanto all haba, llevndose
cuarenta nios que  la sazn estaban recogidos y cargando con las
camas, las mantas y dems menaje, as como con algn trigo, cebada,
garbanzos y habas, que haba sido adquirido por el administrador.

Los nios, muchos de los cuales estaban leprosos y en situacin harto
triste, fueron llevados por orden del veinticuatro  la _Casa de la
Doctrina_, quedando disuelta la Asociacin, y  los pocos das el
alcalde Losa, se dirigi al Ayuntamiento con una enrgica solicitud
clamando contra el atropello que en la benfica Asociacin se haba
cometido, y pidiendo que se disolvieran los nios y los objetos
secuestrados.

Entonces empezaron los tratos y conferencias de los hermanos con los
seores del cabildo, siguiendo Losa con sus solicitudes, en una de las
cuales de 1593 deca pintando el estado en que haban quedado los
muchachos vagabundos: Andan perdidos por las calles y plazas, y yo,
como persona que comenz esta obra, le deseo remedio, porque veo andan
los nios de siete y ocho aos desamparados, rotos y aun encueros por
los rincones y poyos de la ciudad, donde se quedan  dormir, que en este
tiempo aun los muy bien arropados y abrigados lo pasan con dificultad y
trabajo; y la semana de Pascua amaneci muerta de fro una mujer, y as
las criaturas tienen mayor peligro.

Poco despus el cabildo nombr una comisin para que informase de si
deba constituirse de nuevo la hermandad, y en este informe se leen
prrafos como el que voy  copiar, bien curioso por cierto, y que prueba
que en aquellos benditos tiempos de prosperidad, bienandanza y riqueza,
por los que tanto suspiran los neos, la miseria revesta en las ciudades
ms importantes terribles caracteres.

... La ciudad, calles y plazas, _estn llenas_ de muchachos pequeos
que andan perdidos pidiendo limosna y murindose de hambre, y quedndose
 dormir por los poyos y portales _desnudos, casi encueros_ y expuestos
 muchos peligros como se ha visto algunas veces por la experiencia, que
han sucedido entre otros pcaros  quien se llegan, y otros amaneciendo
_muertos del hielo_ y as mismo se han multiplicado los ladrones porque
hay infinitos muchachos que lo son, y los clrigos de San Salvador se
quejan que despus de que se quit la casa de los nios hallan en la
iglesia detrs de los retablos muchas bolsas de las que quitan los tales
ladrones muchachos.

Esta pincelada retrata lo que era la ciudad en los tiempos prsperos en
que tanto se ha decantado el bienestar y el desahogo de las clases
menesterosas.

En resumen: como quiera que la comisin inform favorablemente su
dictamen, suscrito por don Bartolom Lope de Mesa, veinticuatro, y don
Juan Farfn de los Godos, jurado, porque no slo deba volverse  formar
la hermandad, sino ser protegida por el Ayuntamiento, designndose
caballeros del cabildo que la inspeccionasen, en sesin de 20 de Marzo
de 1593 se acord, conforme  lo propuesto, que volviera  establecerse
la cofrada, la cual termin en el siglo XVII, en que ya, sin que ningn
don Juan Prez de Guzmn la hiciera desaparecer, le cogi la reduccin
de hospitales que llev  cabo el arzobispo de Sevilla.




D. LUS SUMEO DE PORRAS


Para lance pesado, el que le ocurri  fines del siglo XVI en Sevilla al
teniente de asistente D. Lus Sumeo de Porras. Bien merece recordarse
en estos apuntes y he de hacerlo as, pues ofrece una grfica nota de
aquellos tiempos.

Al tal D. Lus tocle para su dao hacia 1591, ser juez en una causa por
la cual fu condenado un reo, el cual tena algunos parientes y amigos
que con gran ahinco trabajaron por librarle de la pena, sin que pudiera
conseguirlo, pues Sumeo de Porras se mostr inflexible.

Vindose burlados y llenos de la mayor indignacin y odio hacia el juez,
acordaron vengarse, y concibieron un plan que no tardaron en llevar 
cabo.

A principios de 1593, el tribunal de la Inquisicin recibi un largo
escrito, en el cual se delataba  D. Lus como culpable del delito de
_hereja_ y _judeismo_, delito que haba permanecido oculto  impune
hasta entonces, hacindose la delacin tan en forma, tan detallada y
minuciosa y con tan marcadas y expresas circunstancias, que los del
Santo Oficio tomronla por buena, y holgndose del servicio que  la
religin iban  prestar, presentronse en casa del teniente de
Asistente, y con gran sorpresa suya, lo arrancaron del lado de su
esposa, doa Jernima Monardes, hija del famoso mdico, y dieron con l
en las crceles del castillo de Triana.

Formse rpidamente el proceso, con todos los requisitos de la ley
inquisitorial; mas como Sumeo de Porras negbase en absoluto 
confesarse autor de los crmenes que se le acusaban, fu sometido 
cruel tortura en diversas ocasiones, pero, aunque nada dijo, tvosele
por convicto y fu condenado  salir en auto pblico de fe y llevado
luego al Prado de San Sebastin, en donde haba de ser quemado vivo.

Mas sucedi--escribe don Jos Mara Montero de Espinosa en su _Relacin
histrica de la judera de Sevilla_--que la vspera del da en que se
haba de ejecutar este espantoso y horroroso castigo venan  esta
ciudad los malvados delatores con objeto de ver la dicha escena y 
holgarse de su indigna venganza, y en una de las posadas de Alcal de
Guadaira estaban todos en un cuarto hablando del caso, y del auto que
venan  presenciar, y unos con otros decan:--_Maana veremos arder
aquel pcaro y le oiremos crujir los huesos_--y adems proferan otras
expresiones semejantes con las cuales se jactaban y regocijaban de sus
prfidos sentimientos, y daban  entender claramente haban sido ellos
los autores de aquel horrendo castigo, cuya conversacin fu oida de
otros pasajeros que la casualidad hizo estar en el cuarto inmediato, los
que sospecharon la mucha malicia que el asunto contena y tomando
cautelosamente las seas, nombre, casa y posada donde se dirigan,
vinieron aceleradamente y dieron cuenta al tribunal.

Dudaron al principio los inquisidores, temiendo que se les escapase la
presa que ya tenan tan segura, pero tantas fueron las protestas de los
que afirmaban la inocencia, que los del tribunal acordaron suspender la
ejecucin de D. Lus Sumeo de Porras, y buscaron  los delatores, cuyas
seas tenan.

Siguieron entonces largas diligencias y puesta en claro la felona de
que haba sido vctima el teniente de asistente le dieron libertad al
fin y al cabo, despus de tenerle largos meses en las mazmorras
inquisitoriales, con todas las consiguientes molestias y perjuicios.

Los falsos delatores, dicen antiguas memorias que fueron castigados, sin
que se especifique el castigo, que tal vez no fuera gran cosa, pues
entonces los delitos de delacin eran cuestin de poca monta para los
inquisidores.

Sumeo de Porras pudo al fin escapar de las garras del tribunal, pero
cuntos y cuntos inocentes como l perecieron en las garras del
tribunal odioso, sin que nadie pudiera salvarlos!




UN ARCEDIANO Y UN CANNIGO


D. Diego de Ulloa, cannigo de la catedral sevillana  fines del siglo
XVI, era sobrino del cardenal arzobispo D. Rodrigo de Castro, motivo por
el cual, el hombre gozaba de gran influencia y vara alta, lo que, unido
 su carcter, un tantico orgulloso y con sus puntos de altanera,
hacanle hombre de trato difcil y poco agradable.

Andaba con frecuencia el seor Ulloa traspunteado con los cannigos, sus
compaeros, y aun con otras personas eclesisticas, y una de las que con
quien no estaba muy  derechas por ciertos resentimientos, era con el
licenciado D. Alonso Alvarez Crdoba, arcediano de Niebla, varn
prudente y virtuoso, respetado y querido.

El tal arcediano, que frecuentaba mucho la baslica, acudi  ella el 21
de Diciembre de 1595  practicar sus cuotidianas oraciones, y muy
contrito y devoto se hallaba arrodillado cerca del coro, mientras se
cantaban las _vsperas_,  las que asistan tambin gran nmero de
fieles, cuando hte aqu que cruz la nave D. Diego de Ulloa, muy orondo
y llevando puesta su capa de coro.

Lo mismo fu ver el sobrino del arzobispo al arcediano Alvarez Crdoba,
se fu para l y con mal talante le dirigi la palabra. Alzse del suelo
D. Alonso, y all mismo comenz un vivo dilogo, en el que se recordaron
antiguos resentimientos, se sacaron  relucir actos por una y otra
parte y emplendose palabras impropias del lugar y de las personas que
las decan.

De pronto mont en clera el cannigo Ulloa, y alzando el brazo di una
tremenda bofetada al arcediano, que sbito contest con otra no menos
contundente y sonora, y al rudo de ellas, cuantos estaban alrededor
volvieron los rostros viendo con asombro y sorpresa  los dos
eclesisticos que se acometan furiosamente y luchaban como jayanes 
brazo partido.

Andaba no lejos de all un hermano de D. Diego de Ulloa, el cual tambin
era cannigo, y al enterarse de la escena acudi en defensa de su
hermano, y viendo trabada la pendencia--dice la historia--arrebat la
espada  uno de los criados que le acompaaban, y armado con ella y
seguido de los otros sus criados y de los de su hermano, que desnudaron
las suyas, se arroj sobre el arcediano de Niebla, en cuyo auxilio
tuvieron tiempo de llegar algunas de las personas que estaban en la
iglesia, y que tambin espada en mano se opusieron  tan sacrlega y
brutal agresin.

A esto se haba alborotado todo el templo, gritaban las mujeres, se
revolvan los hombres, suspendironse las _vsperas_, y en confuso
tropel salieron los cannigos del coro, llegando  oportuno tiempo, pues
por la fuerza se apoderaron de D. Alonso Alvarez Crdoba, que hubiera
all mismo perecido si no lo encierran en la _tribuna del rgano_.

Los hermanos Ulloa y sus criados fueron obligados  salir del templo, y
ms tarde el seor Provisor mand encarcelar  los primeros, siendo
conducido el arcediano de Niebla  su casa, acompaado del Den y de un
cannigo para mayor seguridad.

Afortunadamente, al cabo de muchos das don Alvaro y don Diego hicieron
las paces, condenndoles  una leve pena y dndoseles licencia para ir
el da de ao nuevo  la procesin donde se ganan los _recles_ (el
tiempo que se permite  los prebendados estar ausentes del coro para su
descanso y recreacin) de todo el ao, segn se lee en el extracto de
donde tomo las noticias de este curioso suceso.

Y por si alguno duda de su veracidad, le dir que todo l consta con ms
extensin y pormenores con otros casos parecidos, en un _Informe
secreto_ que el regente de la Audiencia de Sevilla elev al monarca
_sobre diferencias que hubo entre el Arcediano de Niebla y un sobrino
del cardenal Arzobispo de Sevilla_, del cual _informe_ existe copia, y
que lleva la fecha de 27 de Febrero de 1596.




EL ESCOCS HEREJE


Jaime Bolen era escocs y viva en Sevilla  fines del siglo XVI
dedicado al comercio. Fu denunciado  la Inquisicin como hereje de los
peores, y preso en el castillo de Triana, se le form proceso, del cual
result que el tal Jaime no se contentaba con las herejas propias, que
ya era bastante, sino que haca propaganda de ellas, como diramos hoy,
habiendo hecho  muchos partidarios de sus opiniones.

Bolen era hombre de carcter firme, y as, como quiera que desde que
cay en las garras de los del Santo Oficio no pudo hacerse muchas
ilusiones de su porvenir, se propuso dar muestras de su entereza, y ni
las amenazas, ni los sermones, ni el tormento hicieron en l efecto
alguno, afirmndose con jactancia reo en las herejas de que se le
acusaba, por lo cual fu condenado  ser quemado vivo en el prado de San
Sebastin.

Y en efecto, el da 13 de Octubre de 1596 sali en auto pblico de fe,
con sambenito y coroza, sin que por el camino, desde las crceles  San
Pablo, y de all al _Quemadero_, diese muestras de abatirse su espritu
ni hacer caso alguno de las exhortaciones que frailes  inquisidores le
dirigieron repetidas veces.

Lleg  la hoguera Jaime con la misma presencia de nimo, y llam
poderosamente la atencin de la inmensa concurrencia, que el reo no
hiciera movimiento alguno ni lanzara la menor queja cuando las llamas
comenzaron  quemar sus carnes, y que apesar de su horrible muerte, ni
su rostro se alter ni se vieron en l muestra alguna de sufrimiento
fsico.

La noche de la muerte de Jaime Bolen ocurri un caso curioso, y fu que,
cuando las sombras envolvieron el Prado de San Sebastin, acudieron  l
tres hombres, y misteriosamente subieron al _Quemadero_ y recogieron las
cenizas de las vctimas, que depositaron con el mayor respeto en una
caja que  prevencin traan, retirndose muy luego con igual cautela.

Pero alguien debi presenciar el caso  tener conocimiento, pues seis
das despus, los ministros del Santo Oficio sorprendieron  los tres
hombres, como as lo consigna el autor de los _Sucesos de Sevilla_,
contemporneo del caso.

En viernes 18 de Octubre, da de San Lucas
Evangelista--dice--prendieron  un maestro y dos marineros de un navo
ingls, porque cogieron las cenizas de Jaime Bolen, escocs hereje,
porque decan ellos que haba muerto santo, porque no se movi ni dijo
mandamiento cuando lo quemaron vivo, que fu cosa de ver.

Los tres marineros tambin fueron quemados por la Inquisicin, pero es
fcil suponer que nadie se ocupara en recoger sus cenizas, que ya se
saba lo caras que costaban.




LA MOZA Y EL ASISTENTE


Aunque las memorias sevillanas no han conservado su nombre, un coetneo
dice que era muchacha bonita y muy graciosa y despejada.

A fines del siglo XVI, esta moza estaba al servicio de unas seoras que,
aun pasando por recatadas y prudentes, reciban con sospechosa intimidad
 un seor cannigo, el cual deba ser persona de ancha conciencia y no
muy apropsito para resistir las tentaciones, pues el enemigo llevle 
poner los ojos en la criada de las seoras, sin andarse con otros
miramientos.

No debi la sirvienta ser muy sorda  las proposiciones del de los
hbitos, por cuanto ste prometile, en ciertas entrevistas, que si se
ablandaba le dara cien ducados y le proporcionara un marido que ni de
perlas.

Cay la inexperta moza en las garras del gaviln, pero apenas ste
satisfizo su capricho, huy bonitamente el cuerpo, no volviendo 
cuidarse ms ni de los ducados prometidos ni de la muchacha, que en vano
trat de hacerle cumplir su ofrecimiento.

Viendo la infeliz que todo era intil y que su desliz estaba  punto de
hacerse pblico en un determinado tiempo, escap de su casa, dej  las
seoras y luego con su cro fu  dar de moza en un mesn de los muchos
que existan en la calle de la Albndiga.

All estaba la burlada muchacha el ao de 1597, cuando la noche del 15
de Mayo, en que se hallaba en el patio de palique con varios trajinantes
y huspedes, llamaron  la puerta con recios golpes, y abierta sta de
pronto, penetr en el mesn nada menos que el Asistente don Pedro Arias
de Bobadilla, conde de Puonrostro, seguido de sus alguaciles, que iba
aquella noche, como otras, de ronda visitando las casas pblicas y
posadas, para limpiarlas de mala gente.

No tard el conde en fijarse en la linda muchacha, cuyo donaire y
gracejo no poda pasar inadvertido, y llamndola aparte le dijo estas
mismas palabras:

--Qu haces t aqu?

--Seor, estoy sirviendo de moza.

Y como viera el Asistente que contestaba con turbacin, aadile:

--Mira que soy el conde de Puonrostro y si no me cuentas la verdad
tengo que mandarte dar doscientos azotes...

Entonces ella, vindose en peligro, cont de p  p al conde su
historia con el cannigo, su nombre y seas, y las de las seoras 
quienes serva y en dnde tena su vivienda, sin olvidar en modo alguno
de repetir lo de los doscientos ducados prometidos y pintar con negros
colores la situacin en que se encontraba.

El conde llam al mesonero, y como ste confirmase la relacin de la
joven, se despidi el Asistente diciendo que ya tomara providencia
sobre aquel caso y se fu  seguir su ronda.

Al da siguiente y  la hora de la siesta mand el Asistente con gran
prisa llamar al cannigo  su casa, el cual mont en su mula, como era
costumbre, y con sus criados fu muy orondo  ver lo que se le ofreca 
su seora, bien ageno, por cierto, de la sorpresa que le aguardaba.

Recibi Puonrostro con mucha cortesa y respeto al seor cannigo,
hzolo pasar  sus habitaciones, y cuando ya estaban sentados frente 
frente, le dijo de pronto:

--Vuesa merced ha de saber que cierta mujer se me ha encomendado y me
ha dicho cmo vuesa merced se aprovech de ella y que le prometi no s
qu dinero para su casamiento y nunca se acord vuesa merced de cumplir
la palabra que di.

El cannigo quedse al oir aquello todo confuso, pero reponindose
comenz  negar muy obstinadamente y tan cerrado, que el conde hubo de
amostazarse y amenazarlo con dar cuenta del suceso al arzobispo y al
Nuncio en Madrid.

En vista de esto, y como no haba salida, cont la verdad el
eclesistico, diciendo muy serio que por olvido y no otra cosa, haba
dejado de aflojar los cien ducados, pero que los dara al punto en
cuanto llegase  su casa.

Despidilo el conde con la misma cortesa y le vi bajar hasta la calle;
pero all, con gran asombro, se encontr el cannigo con que los criados
del Asistente, por orden de ste, le haban escondido la mula, con lo
cual tom gran agravio y subi de nuevo, quejndose al de Puonrostro de
la falta de confianza que en l se tena. El conde le manifest sin
rodeos que mientras no diera el dinero no haba de devolverle su
cabalgadura, para que no fuese tan flaco de memoria; y al escuchar que
el seor cannigo expona, como razn suprema, que le era imposible
atravesar  aquellas horas de la siesta las calles de Sevilla  pie y
sin criados, dijo con mucha flema el conde Asistente:

--No se le d nada  vuesa merced ir con la siesta por amor de m, que
yo, por cierto que soy tan regalado como el que ms, y ando  pie con
sol y con agua, de noche y de da, y no es mucho que pase este poco de
sol hasta su casa por amor  m.

Entonces, viendo el cannigo que no haba arreglo y que el conde estaba
en lo firme, se fu ms que de prisa  su casa y entreg corrido y
despechado los cien ducados  los criados del Asistente, el cual con
toda formalidad di la cantidad  la seducida moza.

De la certeza de este hecho atestigua un contemporneo de l tan puntual
y autorizado como D. Francisco Ario, que lo relata en su obra _Sucesos
de Sevilla_, cuyo manuscrito original existe en la Biblioteca Colombina
y fu publicado hace aos por los _Biblifilos Andaluces_. Y de que el
conde de Puonrostro era capaz de hacer cosas como aquella atestiguan
otras muchas que llev  cabo durante los pocos aos que gobern la
ciudad, de 1597  1599, y de algunas de las cuales algo dir ms
adelante.




EL VERANEO DE ANTAO EN SEVILLA


De cmo veraneaban nuestros antepasados de la capital de Andaluca,
curioso es decir algo, pues detalles son estos que pintan las costumbres
de pocas cuyo conocimiento nunca deja de ofrecer inters. Hablar,
pues, de aquellos benditos tiempos en que nadie sala de viaje y en que
la vida careca de todas las necesidades y comodidades de hoy.

Escriben algunos autores que don Fernando el Catlico sola decir: _los
veranos se han de tener en Sevilla y los inviernos en Burgos_; y es de
suponer que esto slo lo dira, en lo que respecta  nuestra ciudad,
refirindose  las comodidades de las antiguas casas con sus patios, sus
fuentes y sus pisos bajos, porque en otro respecto no creemos que dijera
ninguna gran cosa su alteza.

La vida moderna ha modificado la fisonoma de Sevilla, que ya ha perdido
hace tiempo, en parte, aquel aspecto de poblacin moruna, en donde las
casas estaban construdas con toda seguridad y atencin para el
interior, y donde las calles estrechas y tortuosas, las lbregas
travesas y los pesados arcos prestaban frescura y sombra  los cansados
transeuntes en los das caniculares.

Del verano sevillano en el siglo XVI consign Morgado algunas noticias
que no dejan de ser interesantes, y que me parece de propsito citar
aqu:

Los patios de las casas--dice--(que en casi todos los hay) tienen los
suelos de ladrillo raspado. Y entre la gente ms curiosa, de azulejos
con sus pilares de mrmol. Ponen gran cuidado en lavarlos y tenerlos
siempre muy limpios, que con esto y con las velas que les ponen por alto
no hay entrada de sol ni el calor del verano, mayormente por el regalo y
frescura de las muchas fuentes de pie de agua de los caos de Carmona,
que hay por muchas de las casas enmedio de los patios.

Y ms adelante, hablando de las costumbres veraniegas de Sevilla y de la
saludable que de baarse tenan sus habitantes, apunta el mismo Morgado
las siguientes lneas:

Usan (las mujeres) mucho los baos, como quiera que hay en Sevilla dos
casas de ellos. Los unos en la collacin de San Ildefonso, junto  su
iglesia, y los otros en la collacin de San Juan de la Palma, que han
permanecido en esta ciudad desde el tiempo de los moros... No pueden
entrar los hombres en estos baos entre da por ser tiempo diputado
solamente para las mujeres, ni por consiguiente mujer ninguna siendo de
noche, que los hombres la tienen toda por suya con la misma franqueza
que las mujeres tienen el da por suyo...

No se olvid el autor de darnos algunos detalles de cmo estaban las
casas de baos en aquellos das de 1587, en que escriba, y as aadi
lo siguiente:

A las grandes salas donde se baan salen sus caos que corren de agua
caliente y tambin fra. Con lo cual, y cierto ungento que se da,
refrescan y limpian sus cuerpos sin que se extrae en Sevilla el irse 
baar unas y otras damas cuando no quieren ir disimuladas, por ser este
uso en ellas de tiempo inmemorial.

La casa de baos de San Ildefonso existi hasta 1762, poca en que ya
haban desaparecido las otras dos que tambin pertenecan  la poca
rabe y que estaban situadas la primera en la hoy calle de Aposentadores
en San Juan de la Palma, y la segunda en el lugar que ocupa la capilla
de Jess en la calle Marqus de Tablantes, antes de los Baos.

Si los establecimientos para remojarse los sevillanos tenan, pues,
verdadera importancia, no era menor la que tenan las vallas y cajones
que de antiguo se colocaban en el ro y los cuales constituan una de
las mayores distracciones de nuestros paisanos en los meses caniculares.

De antiguo cuidaron las autoridades de la ciudad del buen orden y
gobierno de estos baos del Guadalquivir, dando multitud de
providencias, bandos y edictos para evitar abusos, y as en los escritos
publicados por el cabildo se haca constar que: Aunque no es de esperar
que la gente de juicio falte  unas reglas que aspiran  su propia
seguridad y  que se observe el mejor orden de honestidad y decencia...
como hay personas que por satisfacer sus caprichos, sus vicios 
diversiones no perdonan medio alguno, aunque sea peligroso para
conseguirlo, se castigar  stas por la ms ligera contravencin.

Los cajones y vallas se situaban en los Humeros, en la Macarena y la
Barqueta, al pie del puente de barcas, delante del colegio de San Telmo
y en la orilla de Triana, frente al convento de los Remedios.

En el siglo XVIII y principios del XIX, estaban designadas con toda
claridad las horas para remojarse los dos sexos, hacindolo las mujeres
desde la madrugada hasta las once de la maana, los hombres hasta el
toque de oraciones, dejando los baos enteramente desocupados para que
entraran las mujeres hasta las diez de la noche.

No son pocos los autores que trataron en diferentes ocasiones de la
decidida aficin de los sevillanos al bao, y entre ellos recordar que
Agustn de Rojas escriba estas lneas el siglo XVII:

--Y aquella limpieza de los baos?

--Esa es una de las cosas ms peregrinas que tiene.

--Mujer conozco yo en Sevilla que todos los sbados por la maana ha de
ir al bao, aunque se hunda de agua el cielo.

--Por eso se dijo: la que del bao viene hace lo que quiere.

--Dicen que para cuando salen del bao acostumbran  llevar... una
botella con vino que es el mejor manto para aguantar el fro.

Si los sevillanos eran en lo antiguo dados al bao, no lo eran menos al
hielo, del cual se haca un extraordinario consumo en la ciudad, que
posea en Constantina gran nmero de pozos de nieve, suficientes para
atender al consumo pblico, y  ms de esto no faltaban asentistas que
por su cuenta traan el hielo de otros puntos y que realizaban, por lo
general, un buen negocio, como se desprende de las noticias que he
recogido respecto  un tal Esteban Monparler, una Teresa Vilches y un
Francisco Candor, que surtieron  Sevilla por largos aos del siglo XVII
y XVIII de hielo en las estaciones veraniegas.

Vendase por los neveros  cinco cuartos la libra de nieve, y  juzgar
por todos los indicios, aquellos sevillanos de antao sentan ms
necesidad que los actuales del consumo del hielo, y as no solamente el
vino, los refrescos y otras bebidas las helaban, sino tambin las
frutas, las confituras y otros diversos comestibles.

Hasta el siglo XVII no se generaliz en Sevilla el uso del hielo, pues
en el XVI todava no estaba muy extendida esta aficin por la nieve y
las bebidas fras, como pasaba en otros puntos, y as se deduce de las
palabras que el mdico sevillano Nicols Monardes consignaba en su libro
sobre el uso de la nieve, publicado en 1571.

Una cosa me maravilla mucho: que siendo esta ciudad de Sevilla una de
las ms insignes del mundo, en la cual siempre ha habido muchos grandes
y seores y caballeros muy principales y mucha gente noble, que no haya
habido nieve, etc., etc.

Las veladas que con motivo de las festividades de determinados santos se
celebraban en los diversos barrios y arrabales de la ciudad constituan
una de las mejores distracciones del veraneo, siendo famosas entre otras
las de San Antonio, las de San Juan y San Pedro, las de Santa Ana y
Santiago, la de los Angeles, la de la Virgen de los Reyes, San Roque,
San Bernardo, San Bartolom, San Agustn y los Terceros.

Cada una de estas veladas tena su fisonoma caracterstica y en casi
ninguna de ellas faltaba su procesin y rosario, arcos de follaje,
fuegos de artificio y mucho de baile, cantos, buuelos y dulces, sin que
escaseasen tampoco las broncas y los alborotos para dar ms colorido al
cuadro.

La gente pacfica y grave, las personas sosegadas y de buenas
costumbres, huan de estos regocijos, y as, despus de la comida y
despus de la indispensable siesta, cuando ya el sol comenzaba 
ocultarse, salan de sus casas, limitando su distraccin  pasearse por
el Arenal, la Alameda  la Barqueta, donde no poda faltarles su ratito
de descanso en algn puesto de agua de los ms acreditados, y en el
cual, por lo general, se formaba  la misma hora su poquito de tertulia.

All los seores consuman su vaso de horchata  de agua con anises y
sus gotas de nitro y al toque de Oraciones se retiraban con igual
parsimonia y tranquilidad  sus casas hasta el da siguiente en que
haba de repetirse idntico ejercicio.

Los sevillanos de antao, que eran gente de posibles, y  quienes no
bastaba el fresco de sus patios entoldados y sus habitaciones del piso
bajo, solan trasladarse  muchas de las fincas  _casas de placer_ que
haba en los alrededores de la ciudad, particularmente prximas  la
orilla del ro, y en donde, libres de cuidados y con todo sosiego,
coman, rezaban, dorman y tomaban el fresco, respirando aire libre y
desembarazado, que les fortificaba el cuerpo y el espritu.

Otros, por lo general, gente joven y alegre, tampoco dejaban de salir
fuera de la poblacin en busca de agradables brisas. Por las tardes y 
las primeras horas de la noche, siempre se vean grupos de ellos y de
ellas que dejando atrs las puertas de la ciudad se dirigan  los
melonares.

All se pasaban ratos muy deliciosos, pues nunca faltaba entre raja y
raja de meln su poquito de baile y cante, desatndose las lenguas y
reinando la algazara y el regocijo.

En las hermosas noches de luna de Agosto, bajo un cielo estrellado,
respirando el aire puro del campo, qu gratas resultaban aquellas
fiestas de los melonares, y qu grato el regreso con las primeras luces
del da, navegando en ligeras barquillas que surcaban las aguas del ro
tranquilas y serenas y rizadas apenas por las brisas del amanecer...!

Casa sevillana en verano sin gazpacho, sin talla para el agua fresca, no
la haba, y lo mismo el rico que el pobre consuman gran cantidad del
clsico plato andaluz y tenan en lugar preferente el tallero, donde las
alcarrazas limpias y rezumantes conservaban el agua como la propia
nieve.

Costumbres y usos del verano antiguo sevillano han desaparecido en
mucho; nicamente queda el calor sofocante y abrumador, el sol de fuego
que abrasa y del que protestan los que no salen  veranear, como
seguramente protestaran nuestros padres y abuelos.




LUS DE VARGAS


Con harta razn se ha escrito que el famoso pintor Lus de Vargas
regener la escuela sevillana, pues su obra fu de las que ms
influyeron en el siglo XVI en sus contemporneos, gloria que con l
compartieron Flores y el clebre maese Pedro de Campaa.

En Sevilla naci Lus de Vargas hacia el ao de 1506, siendo hijo de un
pintor de escaso mrito llamado Juan de Vargas, cuyas obras son
desconocidas. Se dice que Diego de la Barrera fu el primer maestro que
tuvo el artista, quien, en un principio, se dedic  pintar en sarga, y
deseando luego encontrar ms ancho campo para realizar sus aspiraciones,
y para instruirse bajo la direccin de los grandes maestros del
renacimiento italiano,  la edad de veintin aos parti de Sevilla.

En Roma se encontraba cuando el saqueo de la ciudad en 1527 por las
tropas de Borbn, y de all se traslad  Pisa, volviendo despus  la
ciudad de los csares, en donde trabaj con verdadero entusiasmo y afn,
estudiando las maravillas artsticas.

En Italia--ha escrito un autor--Lus de Vargas se encontr con un arte
exhumado, con un mundo desenterrado. Aquellos mrmoles desnudos,
aquellas formas tan correctas, eran un ideal que resucitaba, que se
haca necesario, porque la Edad Media haba atronado la forma, haba
roto la proporcin y este mal tena que desaparecer.

Trabaj de continuo y lleno del mayor entusiasmo, vivi Lus de Vargas
en Italia unos 28 aos, segn apuntan sus bigrafos, regresando al cabo
 Sevilla, donde contrajo matrimonio.

En su ciudad natal comenz  trabajar Lus de Vargas, llamando bien
pronto la atencin sus obras ejecutadas al leo y al fresco, que desde
entonces tuvieron grandes apasionados  imitadores.

A Lus de Vargas acudieron no pocos jvenes deseosos de recibir sus
lecciones, teniendo discpulos tan aventajados como Diego de Concha,
Lucas Valdivieso, Francisco Venegas y Lus Fernndez.

Dice Pacheco en su libro de _Verdaderos retratos_, que al ver Lus de
Vargas las obras que por entonces ejecutaba en Sevilla Pedro de Campaa,
deseando perfeccionarse ms en el arte, torn  Italia, donde permaneci
dos aos, al cabo de los cuales volvi  su patria, dando entonces
comienzo la poca ms fecunda de su vida en producciones artsticas.

Entonces ejecut en el templo de San Pablo el fresco de la Virgen del
Rosario (hace mucho tiempo desaparecido), el _San Miguel dominando al
demonio_ y la Virgen, que se encuentra hoy en el Museo de Louvre, y
algunos retratos notables, como el de la duquesa de Alcal y el del
padre Contrera, que existe en la sacrista de los Clices.

En 1552 fund el mercader Francisco Baena la capilla del Nacimiento en
la Catedral, pintando para el retablo Lus de Vargas ocho tablas,
representando en la principal la _Adoracin de los pastores_, y en las
otras los Evangelistas, la Encarnacin, la Circuncisin y la Epifana.

Al nmero de veintiocho llegaron las obras que Lus de Vargas dej  la
Baslica sevillana, sobresaliendo de entre todas el cuadro llamado de la
_Gamba_ en la capilla de la Concepcin.

Esta tabla, verdadera joya de arte, que representa una alegora de la
Concepcin, ha sido unnimemente elogiada, y con razn dice de ella un
crtico: Lo grandioso del dibujo, la valenta de las actitudes y la
riqueza del colorido superan  todo encarecimiento. En el mismo retablo
se ven, pintados tambin por Lus de Vargas, los apstoles San Pedro y
San Pablo, los doctores de la Iglesia y el retrato del Chantre Juan de
Medina, fundador de la capilla.

Tuvo el artista de que vamos tratando singular acierto para el dibujo 
lpiz, y de stos alcanz  ver algunos Cen Bermdez, y fu muy
inteligente en msica, tocando con habilidad y destreza el lad.

En la sacrista de San Lorenzo exista en 1844 una Concepcin de Lus de
Vargas, y de su mano eran dos santos que estaban en un altar del
Convento de Madre de Dios, el fresco del _Juicio universal_ en el patio
de la Misericordia y los dos cuadros del retablo de Santa Mara la
Blanca, pintados en 1564 y representando el primero  Cristo muerto en
los brazos de la Virgen, con otras figuras, y el segundo la _Impresin
de las llagas de San Francisco_.

El cabildo catedral pag  Lus de Vargas en 1563, 4.000 reales por la
pintura hecha  espaldas del Sagrario del Santsimo Sacramento y otras
cantidades por los adornos del monumento, trabajando en los aos de 1564
y siguientes en los frescos de la Giralda, que representaban apstoles,
evangelistas y santos patronos, cuyas pinturas se encuentran hoy casi
perdidas.

Treinta y seis obras, todas de verdadera importancia, llegaron 
reunirse en Sevilla de Lus de Vargas, algunas de las cuales han
desaparecido  pasado  enriquecer otros museos y colecciones.

El famoso pintor muri en la ciudad que le vi nacer en 1568, dejando un
hijo, de quien habla con elogio Francisco Pacheco en su ya citado libro
de _Retratos_.

No hemos de estudiar en estos apuntes la personalidad artstica de Lus
de Vargas, harto juzgada por la crtica; sus obras, sin llegar al nmero
de las de otros de sus contemporneos, le han sealado un puesto entre
los grandes pintores sevillanos, puesto que nadie le disputa ni le ha
escatimado.

Verdadero reformador de la pintura, en su patria di  conocer los
encantos y bellezas del arte italiano, seduciendo con su colorido, su
dibujo y el vigor de sus creaciones.

Fu Vargas de dulce trato y agudo ingenio, segn sus coetneos, los
cuales encarecan sus moderadas costumbres y religiosidad, diciendo que
 solas se entregaba  muy duras penitencias y largas meditaciones.

El pintor sevillano que con tanto entusiasmo, con tanta constancia y
amor estudi aquel espritu riente y aquella vida exuberante del
renacimiento, no acudi sin embargo  los mitolgicos asuntos, ni  los
dioses del paganismo, como tantos otros, inspirando todas sus creaciones
el sentimiento religioso de su tiempo, del que fu uno de los ms
acertados intrpretes en el pincel.

Lus de Vargas dej un nombre ilustre y Sevilla se honra con poderlo
contar entre sus ms inspirados y geniales artistas.




PROCESIN DE VA-CRUCIS


El marqus de Tarifa de vuelta de su viaje  Jerusaln, al comenzar las
obras de su palacio, llamado vulgarmente casa de Pilato, estableci un
_Va-Crucis_ que, partiendo del edificio, terminaba en el monumento de
la Cruz del Campo, que en el siglo XV alz el Asistente don Diego de
Merlo.

Esta va sacra fu famosa en Sevilla por las multitudes que la recorran
durante los siglos XVI y XVII, y durante los viernes de Cuaresma, la
Semana Santa y los das 3 de Mayo, 16 de Julio y 14 de Septiembre, en
que se hacan fiestas  la Cruz, en todo el largo trayecto que media
desde la puerta de la casa de Pilato al templete de la Cruz del Campo, y
que es  algo ms de 997 metros, se vean transitar procesiones,
hermandades, penitentes y numeroso pueblo.

La primera cruz de la va sacra era de mrmol y an se conserva en la
fachada del palacio; las otras seguan por la calle de San Esteban,
continuando  distancia conveniente, alzadas entre las filas de lamos
que se vean paralelos al antiguo acueducto conocido por Caos de
Carmona.

Los das de recorrer la estacin, acudan all gran nmero de frailes
franciscanos, que eran como los encargados de regular la procesin, y
el cordn de gente serpenteaba  lo largo del camino, producindose ms
de una vez bullicio y alborotos, que turbaban la grave seriedad del
piadoso ejercicio.

Cubiertos los rostros y vestidos con tnicas blancas  negras, iban
muchos penitentes, llevando  hombros pesadas cruces; otros, desnudas
las espaldas, se iban azotando con la mayor furia que era de ver: estos,
traan grillos  esposas  las manos; aquellos se iban dando martirio
con un cilicio; y como quiera que hombres y mujeres iban rezando en voz
alta y entonando fnebres salmodias, el cuadro presentaba en conjunto un
aspecto lgubre y sombro, de lo ms caracterstico de aquellos tiempos.

Como los devotos sueltos iban tambin  veces hermandades, que conducan
imgenes sobre andas, y stas hacan la estacin con gran parsimonia,
regresando  la ciudad, casi siempre, despus de cerrada la noche.

A esto debironse no pocos escndalos y abusos, que sabido es que el
Diablo no duerme, y as suceda con frecuencia que el regreso de los
penitentes por aquellos campos, alumbrados slo por las hachas de cera,
era  veces tumultuoso y poco edificante, por manera que Luzbel se
complaca en tentar  la multitud que con tan piadoso fin recorra
aquellos lugares.

En ms de una ocasin las autoridades eclesisticas y civiles tuvieron
que intervenir en tales procesiones de penitencia,  las que hubo
pcaros que acudan con fines no muy santos, aprovechndose de lo
encubierto de los rostros, la mezcla de sexos, y las obscuridades de las
noches.

A mediados del siglo XVIII esta procesin de _Va-Crucis_ comenz 
decaer de visible manera por muchas y diversas causas, desapareciendo
luego muchas de las cruces que se alzaban en el camino en 1816, y otras
posteriormente, cuando ya estaba por completo en desuso la prctica de
recorrer esta famosa Va-sacra.

Las procesiones de penitencia  la Cruz del Campo, nota grfica de la
Espaa de los siglos XVI y XVII, merecan ser descritas muy al pormenor,
ya que el pincel de un artista lo traslad al lienzo en un curioso 
interesante cuadro que conservaba en su palacio de San Telmo el duque de
Montpensier.




LAS PRESAS DE LA INQUISICIN


La actividad desplegada por el tribunal de la Fe, en Sevilla, en el
siglo XVI, excede  cuanto pueda decirse, siendo continuas las
prisiones, los tormentos y los autos, en los que casi  diario salan
innumerables vctimas acusadas de hereja luterana, de _molinistas_, de
judaizantes, de hechiceros, _iluminados_, etc. etc.

Las crceles del castillo de Triana estaban repletas de infelices presos
que aguardaban la muerte ms  menos prxima, siendo muchas tambin las
mujeres que all geman en los lbregos calabozos, y las cuales, sin
consideracin alguna y contra todo sentimiento de humanidad, eran
tratadas cruelmente por los negros carceleros.

De la situacin de aquellas desgraciadas, muchas de las cuales tenan
consigo  sus hijos, de cierta edad y de pecho algunos, da idea un
curiossimo documento indito hasta ahora, prueba irrecusable de lo que
era el tribunal de la fe.

Este documento, que lleva la fecha de 1569, es un dato, prueba de las
_piadosas_ costumbres de entonces; es con toda su sencillez un grito de
dolor de aquellas desventuradas mujeres,  las que no slo se privaba de
libertad, sino de alimento y de lo ms necesario para la vida.

El escrito va dirigido al Cabildo de la ciudad y dice as:

Ilustrsimo seor: Las que estamos en penitencia, presas en esta crcel
perpetua del _Santo Oficio de la Inquisicin_, besamos las manos de
vuestra seora ilustrsima, y  ella humildemente suplicamos; diciendo
que nosotras somos pobres mujeres y padecemos muchas necesidades, y por
ser nuestra _miseria y pobreza tanta, no podemos mercar trigo, si no es
en el Psito, para sustentarnos_. Suplicamos por amor de Dios Nuestro
Seor, nos mande vuestra seora dar dicho trigo del Psito, con nuestro
dinero, y de esta manera podremos sustentar _nuestras vidas y hijos_, y
para esto al real oficio y  la clemencia de vuestra seora ilustrsima
imploramos para que se nos haga esta merced y limosna.--_Las mujeres
presas y reclusas en esta crcel perpetua en penitencia._--(Archivo
Municipal, Escribanas de Cabildo).

Tristes reflexiones se desprenden de la lectura de este documento, al
cual cuantos comentarios pudieran hacerse resultaran plidos.

Algunas de aquellas infelices mujeres fueron ejecutadas poco das
despus, en 1573, donde salieron en auto pblico 70 penitenciadas en el
mes de Enero y en 25 de Noviembre 60 reconciliadas, y siendo 20
quemadas.




EJECUCIONES


Durante los siglos XVI y XVII la pena de muerte en Sevilla se practicaba
con tanta frecuencia que como dice muy bien don Aureliano Fernndez
Guerra, apenas haba semana en que no se llevasen  cabo una  ms
ejecuciones.

El pueblo acuda  presenciar estos actos con gran alboroto y como cosa
corriente era el salir  ver los ahorcados, cuyos restos eran luego
llevados  la mesa del rey en Tablada, y  fin de ao sus huesos se
enterraban con cierta solemnidad en el templo de San Miguel.

Las memorias sevillanas y las notas recogidas por diligentes curiosos,
consignan entre las muchas ejecuciones algunas que por la calidad de los
reos, los delitos que cometieron y otras diversas circunstancias
salieron de lo corriente y llamaron poderosamente la atencin.

Tal ocurre con algunos que voy  recordar y que bien merece recogerse en
estos apuntes sevillanos.

Cuatro frailes ahorcados no es caso que suele darse con frecuencia; por
esto merece citarse la fecha del 26 de Julio de 1536, en que el pueblo
hispalense presenci tal suceso.

Fray Alonso de Badajoz, prior del convento de San Agustn; fray Andrs
de la Cruz, fray Rodrigo de Rocha, prior de Crdoba, y fray Jos Piloto,
doctor en teologa, reunironse en el da 22 de Julio de 1536, y se
dirigieron en busca del Provincial de la orden agustina, fray Juan de
las Casas.

Haban los cuatro religiosos fraguado un terrible plan contra el citado
Provincial, y, sorprendindolo en una de las celdas del citado convento,
le dieron muerte, sin que se pusiera en claro, apesar de las diversas
opiniones, el motivo del crimen.

Huyeron los autores de l, procurando ocultarse; mas descubiertos y
presos en la misma Sevilla, se les degrad pblicamente y fueron despus
colgados de la horca de Buenavista, ante inmensa muchedumbre.

Los cuatro frailes criminales fueron recogidos luego por los agustinos,
que depositaron sus cadveres en las bvedas de una capilla de la
iglesia, conservndose el enterramiento hasta los ltimos tiempos en que
el templo estuvo abierto al pblico.

Otra muy comentada ejecucin, fu la de don Pedro Vallecillo, y que se
llev  cabo en Marzo de 1554.

Era don Pedro un presbtero natural de Ecija, que viva en Sevilla y
hombre de no muy buenos instintos y peores maas, cuyo fin fu al cabo
lamentable.

Tena el mal clrigo, entre otros grandes vicios, el del robo, y aunque
cometi algunos en pequeo, en el mes de Marzo de 1552 acech  cuatro
hombres que dorman la siesta, y armado de una daga les di muerte,
despojndolos de cuanto dinero y objetos llevaban consigo.

Al poco tiempo fu preso, y en el manuscrito de _Efemrides sevillanas_,
de donde tomo esta noticia, se lee:

Al cabo de veintin meses de prisin en el castillo de Triana, lo
degollaron y dieron garrote en el mrmol de la Cuadra, y pasadas dos
horas lo enterraron en el Sagrario, acompandole ms de quinientos
clrigos y muchos religiosos de todas rdenes, y un grande
acompaamiento del cuerpo.

Persona principal y de noble linaje fu la que subi al patbulo en 24
de Enero de 1580.

Llambase don Fernando de Saavedra, y estaba emparentado con muchas
familias de alta posicin social.

Este don Fernando tena una cuada, mujer que haba sido de don Sancho
Ponce, la cual gozaba de un mayorazgo que excit en mal hora la codicia
de Saavedra. Y lleg  tanto su mal pensamiento, que mand matar  doa
Mara, su cuada, pagando  los asesinos y tomando l parte material en
el delito.

Como persona noble que era don Fernando Saavedra, fu degollado con una
espada y su cadver estuvo expuesto en el tablado hasta la tarde en que
se le di enterramiento.

Horrible fu otro crimen cometido por un berberisco y su manceba en la
persona del marido de sta, pero el castigo no lo fu menos. Las
_Efemrides sevillanas_ que figuran en la coleccin de papeles del conde
del Aguila relatan con breve concisin el caso, expresndose de este
modo:

En 9 de Marzo de 1788 atenacearon y dieron garrote  hicieron cuartos 
un berberisco, y pusieron la mano en la esquina del Bao de la Palma y
quemaron en la chamiza,  la morisca baera, porque ella y l (que
estaban amancebados) mataron al marido y _lo echaron  cocer_, porque no
hediese, en el caldero en que se calienta el agua; y unas mujeres,
queriendo por una ventanilla sacar una poca de agua caliente, lo vieron
muerto.

Por ltimo, para terminar, citar estas dos ejecuciones que ocurrieron
entrado ya el siglo XVII, en que tantas hubo,  alguna de las cuales,
ms adelante dedicar especial lugar.

D. Diego de Ulloa de la Chica, presbtero y fraile carmelita que viva
ya en Sevilla en 1590, fu expulsado de la orden por su mala conducta,
en la que, lejos de enmendarse, se aferr ms y ms, llegando hasta el
punto de que, impulsado por el robo, asesin en 1622  un vecino del
Arquillo Las Roelas, llamado don Juan Gonzlez, el cual era sacerdote y
capelln de la parroquia de San Lorenzo.

Tuvo por cmplice en su crimen  un corchete llamado Andrs, del que no
slo se sirvi para asesinar al capelln, sino  otro hermano suyo que
con l viva.

Ulloa de la Chica fu degradado pblicamente por el obispo auxiliar don
Juan de la Sal, y el da 20 de Mayo de 1623, fu arrastrado, ahorcndole
frente al citado arquillo de Roelas, en unin del corchete Andrs, 
quien se le cort la cabeza y la mano derecha, que se pusieron por
algunos das en un rbol de la vecina Alameda.

En 1633 y el da 15 de Julio ahorcaron y cortaron la mano derecha  un
joven hijo del carnicero de los Abades, mozo de vida licenciosa y
aficionado  lo ajeno y que, para su mal, cometi un sacrlego robo que
produjo gran escndalo.

El erudito don Diego Ignacio de Gngora consigna el caso brevemente en
un manuscrito, y de l se viene en conocimiento de que el hijo del
carnicero, favorecido por las sombras de la noche, penetr en la iglesia
de San Roque con los ms perversos instintos.

Ya en el templo, dirigise  uno de los altares, y cogi una custodia,
que era de plata y de gran mrito, dejando la Sagrada Forma sobre la
mesa del altar, y huyendo luego, sin ser visto de quienes pudieran
capturarlo.

Al da siguiente, cuando fu conocido el robo, promovise gran alboroto
en el barrio, ponindose en aquel punto en movimiento la justicia, la
cual tuvo la suerte de dar, de all  pocos das, con el ladrn
sacrlego, que, encerrado en la Crcel Real, fu condenado  muerte muy
luego.

La custodia se rescat con gran contento de los feligreses, los cuales
costearon despus una solemne funcin religiosa de desagravios.

El ladrn no fu solo  cometer su delito, sino que tuvo dos cmplices,
como as lo consigna Gngora, el cual dice:

Ayudle en el sacrlego robo un clrigo, que haba sido fraile, y una
mozuela. A sta dironla, el mismo da de la ejecucin del reo,
doscientos azotes. El clrigo huy, con que no lo prendieron.




EL SALVADOR


Los paseos y jardines pblicos de Sevilla no dejan de ofrecer materia
abundante para ocuparse de ellos, por su historia, su importancia local,
las transformaciones que han tenido y los sucesos ms  menos
interesantes que en ellos se han desarrollado. Tal ocurre, por ejemplo,
con el paseo llamado del Salvador.

Dice Cervantes en _Rinconete y Cortadillo_: Avislos su adalid (el
asturiano) de los puestos donde habran de acudir: _por la maana  la
carnicera y  la plaza de San Salvador_... y ms adelante, aade:
Todas estas liciones tomaron bien de memoria, y otro da bien de maana
se plantaron _en la plaza de San Salvador_.

Esta era entonces centro de gran movimiento y trnsito y mercado de la
fruta, que por estar enclavado en barrio tan cntrico y rico  inmediata
 otros puntos de venta como los del pan y las pescaderas, acuda gran
concurrencia  ella y atronaban de continuo toda la collacin los gritos
y el vocero de vendedores esportilleros, mozos, criados, justicias,
etc. etc.

En aquellos tiempos se alzaban en la plaza dos cruces, una de piedra y
otra de hierro, y desde 1574, el hospital de San Juan de Dios, que an
existe, y la colegial del Salvador, cuyo edificio se comenz 
reedificar en 1671.

La plaza del Salvador era teatro con frecuencia, en el siglo XVII, de
muy variadas escenas; all se celebraron ms de una vez fiestas de toros
y caas, para solaz de los cannigos de la Colegiata, y  las que acuda
siempre el pueblo con gran regocijo y alboroto.

Desapareci el mercado de fruta en los aos de la invasin francesa, y
entonces se construy el paseo, habindose, hacia 1816, edificado la
capilla que existe en las gradas del templo del Salvador, y  la cual
trasladse la imagen de la Virgen del Carmen, que estuvo hasta entonces
en un retablo de la calle de las Sierpes, segn escriben veraces
autores.

El paseo se construy con regular elevacin, subiendo  l por
convenientes escalinatas, plantndose en l rboles y colocndose
asientos de piedra, tal y conforme aparece en lminas de la poca, como
la que figura en el libro de Alvarez Miranda, _Glorias de Sevilla_.

Desde poco despus de 1817, comenz  celebrarse en esta plaza una
velada  la Virgen del Carmen, la cual tuvo aos de no poco esplendor,
vindose entonces adornada la capilla con vasos de colores y con
banderas y arcos el paseo, alrededor del cual se instalaban puestos de
avellanas, de turrones, de garbanzos y de los clebres alfajores que
vendan las serranas de enaguas rayadas, chaquetas de pao y sombreros
de castor.

De estas veladas an queda hoy algo, si bien de nota incolora, sin aquel
sabor caracterstico, pues ya no se ven all ni los majos decidores, ni
las majas desenvueltas, ni todos aquellos tipos sevillanos que con tanta
exactitud retrataba don Jos Bcquer en sus acuarelas y lienzos.

La solemnidad del Corpus era tambin de gran resonancia para la plaza
del Salvador, como lo sigue siendo hoy, y desde antiguo se entolda gran
parte de ella para el trnsito de la procesin y se coloca en la puerta
del Salvador la imagen de la Virgen de las Aguas, que comparti su fama
popular con la de los Reyes, y sobre la que corren, como sabido es de
todos, las ms peregrinas tradiciones.

Das del ao en que ofrece gran animacin el paseo que es objeto de
estas lneas, son los de Semana Santa, pues por el recinto cruzan casi
todas las cofradas que hacen estacin  la Catedral, y es de ver en
aquellas tardes y noches y en la madrugada del Viernes Santo, el aspecto
del _Salvador_ (como los sevillanos le dicen) donde se apia la multitud
bulliciosa y poco devotamente, desarrollndose escenas que no es cosa de
detenerse en describir ni enumerar siquiera.

Las noches de esto, esas noches de Julio y Agosto en Sevilla, en que el
calor es sofocante, acude un pblico bastante numeroso al paseo del
Salvador en busca de alguna agradable brisa; all se pasa las horas
tranquilamente el desocupado, viendo  los corros de nios que juegan, 
la gente joven que pasea,  los viejos que dormitan   los que toman
sorbetes y refrescos en los puestos de agua, siendo aquel, campo muy
aproposito para conquistas de nieras y criadas de servicio que
incautamente creen en las promesas de _chicucos_ domingueros y
_militares sin graduacin_.

Diversas modificaciones ha sufrido el paseo del Salvador desde que
estaba elevado y tena sus escalinatas por los aos de 1840,
desapareciendo el alto hacia 1860, y, motivado por recientes sucesos,
desaparecieron aquellos asientos de piedra que desde tiempo primitivo
tuvo, sustituyndose por los de hierro que tiene en la actualidad y que
invitan al descanso al transeunte.

Para concluir, diremos que el paseo del Salvador sera susceptible hoy
de algunas mejoras importantes, que contribuiran  su embellecimiento y
comodidad, para llevar  cabo las cuales, sera necesario efectuar el
derribo de algunos edificios, con lo que ganara, ensanchndose, lugar
tan cntrico y concurrido como lo es aqul y tan predilecto de muchos
sevillanos.




JUAN DE LAS ROELAS


Pertenece el licenciado Roelas al nmero de aquellos grandes pintores
que florecieron en Sevilla en los siglos XVI y XVII, y que tanta honra
dieron  su patria y tan apreciables obras legaron  la posteridad.

Como ocurre con otros artistas y escritores de aquellas centurias, no
son muchas las noticias biogrficas que de Roelas se conservan, y
despus de las que apuntaron Arana de Varflora y Cen Bermdez, aparte
de algunos documentos sueltos, no se han podido ampliar gran cosa, ni
han sido por cierto muchos los datos encontrados que dieran luz sobre la
vida de aquel famoso maestro, pudindose slo, como lo hago, reunir
algunos detalles desperdigados en otros textos.

Naci en la capital de Andaluca hacia 1560, y se dedic de muy joven 
los estudios, obteniendo el grado de licenciado, y ms tarde se orden
de sacerdote, por lo que vulgarmente es conocido por el _clrigo
Roelas_.

Sin embargo, la verdadera profesin de aquel sevillano haba de quedar
olvidada, por ser lo que, empezando en l como mera aficin, vino con el
tiempo  darle legtimo renombre.

Inclinado desde mozo al dibujo, estudi ste en su patria, siendo
discpulo de Antonio Arfin, ignorndose en qu fecha, y con el deseo de
perfeccionarse en el arte, abandon Espaa.

Roelas trasladse  Italia y all estudi, especialmente, las obras de
Ticiano, haciendo verdaderos y notables progresos, que se pusieron bien
de manifiesto en cuantas obras llev entonces  cabo.

Regres despus de algunos aos  Sevilla, donde ya pintaban no pocos
famosos artistas, y en 1603 obtuvo una prebenda en la capilla de
Olivares, pueblo de la provincia, y capilla que ms tarde fu elevada 
colegiata, pintando all, entre otros lienzos, dos cuadros muy notables
con asuntos de la vida de la Virgen, y en 1606 otros dos para el
convento de Santa Isabel, de Sevilla.

En 1607 contaba ya Roelas con no pocos discpulos que se apresuraron 
recibir sus lecciones, vindose siempre muy concurrida su academia, de
la cual salieron, andando el tiempo, pintores como Juan de Uceda
Castroverde, Varela y el gran Zurbarn.

Pint Roelas en 1609 el cuadro de Santiago que existe en la capilla de
la Catedral, donde llegaron  reunirse hasta ocho lienzos suyos, entre
los que se citan con elogio el retablo de la capilla de los Jcomes,
hoy muy restaurado.

Para el convento de la Encarnacin y el de san Agustn, pint cinco
grandes cuadros y nueve para la Merced, pero casi todas estas obras son
hoy desconocidas y haban desaparecido ya de dichos templos muchas en
1844.

Encontrbase Roelas en Madrid en 1616, y all no pudo conseguir como
deseaba la plaza de pintor de cmara de Felipe III, que se di 
Bartolom Gmez, pero ejecut diversas obras para el palacio real, que
ya no existen, pintando por aquellos aos el cuadro de Moiss que hoy se
ve en el Museo del Prado, los que estaban en la Merced Calzada y una
Concepcin que en 1800 exista en la Academia de San Fernando.

En Madrid y Sevilla residi el clrigo Roelas indistintamente largas
temporadas, ejecutando para su patria obras como la _Muerte de san
Isidoro_ que existe en el altar mayor de dicho templo, el _San Pedro
libertado de la prisin_ que se encuentra en la capilla de la iglesia
del mismo nombre, el _Martirio de santa Luca_ de la iglesia dedicada 
esta santa, y el _Martirio de san Andrs_ que estuvo en la capilla de
los Flamencos en santo Toms y hoy se admira en el Museo provincial,
donde se guardan adems una _Santa Ana con la Virgen_, un _San Ignacio_
y una _Concepcin_.

Nueve cuadros existan en el Hospital del Cardenal hechos por Roelas,
(tales como el de la _Muerte de San Hermenegildo_ y varios martirios de
frailes) y uno en el Hospital de los _Viejos_ que desapareci el siglo
XVIII, sustituyndose por otro lienzo de psima ejecucin y oscura mano.

En 1624 fu Roelas nombrado cannigo de la colegiata de Olivares,  cuyo
punto se traslad en definitiva el artista, que ya en distintas pocas
haba all residido.

Tranquilo y sosegado y sin dejar el cultivo del arte, continu Roelas
en Olivares, donde falleci en 23 de Abril de 1625, siendo enterrado en
aquel pueblo.

El licenciado Juan de las Roelas es uno de los grandes maestros
sevillanos que  tan alto lugar llevaron la pintura de nuestra patria.

Notabilsimo dibujante fu aquel hombre y as lo demostr en todas sus
obras, donde  ms se admira un bellsimo colorido, que pone bien de
manifiesto la influencia que en el artista ejerci la escuela veneciana,
cuando la estudi detenidamente durante su permanencia en Italia.

Muchos son los cuadros que se han perdido del clrigo Roelas, pues en
Sevilla llegaron  reunirse en diversos templos hasta cuarenta y siete
grandes pinturas de este artista, siendo no pocas de ellas las que
pasaron  poder de particulares, y por desgracia salieron despus de
nuestra ciudad y de la pennsula.

An existen no pocas de verdadera importancia para admiracin de los
inteligentes, y entre ellas merecen especial mencin las que se
encuentran en el templo de la Universidad, de la _Sacra Familia_; _El
Nacimiento_ y la _Adoracin de los Reyes_, en Santa Isabel; el
_Bautista_ y _Evangelista_, en San Lorenzo; _la Virgen del Rosario_, en
Santa Ana (que fu restaurado muy torpemente); _El martirio de san
Andrs_, en el Museo, el _San Pedro_ y el _Santiago_ ya citados; el de
varios santos en San Juan de la Palma, y otros que dan bien acabadas
pruebas del indiscutible mrito de su autor.

Con razn dice de l un crtico que fu gran artista y produjo muchas y
muy grandiosas obras, todas ellas de superior mrito. No entrar 
detenerme en ellas, particularmente, pero s dir que cuantos crticos,
propios y extraos, se han ocupado de las obras de este autor, estn
conformes en tributarle los mayores elogios.

Pacheco, Cen Bermez, Arana de Varflora, Pons, Madrazo, Gestoso, etc.,
etc., que analizaron con detenimiento las creaciones del clrigo-pintor,
han hecho justicia  sus mritos, que fueron reconocidos por sus
coetneos.

Hay en las obras de Roelas,  ms del conocimiento profundo del dibujo,
un acertadsimo buen gusto para la composicin de las figuras, siendo de
los artistas de su tiempo uno de los que con ms exactitud copiaron de
la realidad, tan falseada por algunos con verdadero propsito.

Roelas, trasladando al lienzo el modelo tal cual lo vean sus ojos, no
dej por eso de imprimir un verdadero sentimiento de gran artista  sus
creaciones, en las que han podido estudiar muchos la belleza de lo real
sin acudir  lo mentido y artificioso.

En cuanto al hombre, dej gratsima memoria por sus bellas prendas; la
piedad--dice Arana--form el carcter de Roelas, y esta virtud le hizo
dar muchas limosnas y no desdearse de hacer pinturas gratuitamente
cuando algunos pobres se las pedan.

Dej un nombre ilustre como artista y un nombre honrado como hombre:
qu mejor elogio puede hacerse del pintor sevillano?




LAS DOS AMIGAS


Los vecinos del barrio de la Feria presenciaron en Diciembre de 1574 un
espectculo que les entretuvo bastante y fu objeto de los ms sabrosos
y varios comentarios.

A la puerta de la iglesia de Omnium Sanctorum se colocaron, de orden de
la justicia, dos altas escaleras de mano; y en cada una de ellas
pusieron  dos jvenes y no mal parecidas mujeres, siendo tambin
curioso el que una de las tales estaba vestida en traje masculino con
gregescos y calzas.

Antes de exponer  las dos mozas  la pblica vergenza, fueron paseadas
por la ciudad montadas en dos pollinos, desnudas las espaldas y los
pechos y seguidas del verdugo, que propin  cada una cien azotes, con
arreglo  la sentencia que se les haba impuesto.

Permanecieron encaramadas en la escalera un da entero las dos hembras,
siendo la causa de aquel castigo el hecho siguiente:

Una de las mujeres tena grandes ansias por cobrar un dote de 100
ducados que le corresponda si se casaba, mas ella no demostraba ninguna
aficin al casamiento, y s muy grande al dinero y  una su _ntima
amiga_, con la cual convino un ingenioso plan que, al ser malogrado, la
puso en aquella triste situacin.

Trat con la amiga que se disfrazase con traje de varn, el cual no
deba sentarle mal, y que, como tal varn, la galanteara y pidiera en
casamiento, llevando las cosas tan adelante que, con la complicidad de
un sujeto de la curia eclesistica, comenzaron  sacar los papeles para
ir al altar, recibir las bendiciones y cobrar los apetecidos ducados.

En estos pasos estaban, cuando la superchera fu descubierta y
condenadas ms tarde... Los 100 ducados del dote se convirtieron en 100
azotes y en pasar la vergenza de la exhibicin, si es que las dos mozas
la tenan!




LOS VALENTONES


Uno de los ms temidos valentones que  fines del siglo XVI haba en
Sevilla, donde tantos se encontraban, era Gonzalo Xeniz, cuya vida
aventurera y ladronesca pudiera ser objeto de un libro.

Hablan de este mozo de chapa algunos autores contemporneos, y la fama
de sus fechoras ha llegado hasta nosotros, presentndolo como tipo
acabado de aquellos bravucones que tan admirablemente pintaba Cervantes
en _Rinconete y Cortadillo_, Quevedo en el _Buscn_ y Cristbal de
Chaves en _La crcel de Sevilla_.

Huyendo de las garras de la justicia andaba el nclito Xeniz en 1595,
cuando el 26 de Julio acudi  un ventorrillo de la Puerta de la
Barqueta, en el cual se juntaron gran nmero de rufianes y mujeres de
vida airada  divertirse alegremente, como gente de ancha conciencia que
era.

All estaba toda la taifa picaresca, comiendo, bebiendo, cantando y
entregndose  desahogos no muy honestos, cuando fu cercado el
ventorrillo por gran nmero de alguaciles que llevaban  la cabeza nada
menos que al Asistente de Sevilla, don Pedro Carrillo de Mendoza, conde
de Priego.

Enterados los valentones de lo que pasaba, salieron armados 
defenderse, trabndose entonces una formal batalla en la cual Gonzalo
Xeniz, que hizo varios disparos con un pistolete, logr escaparse,
dejando burlados  los que ansiaban cogerlo.

Pero si aquella vez estuvo afortunado, no lo estuvo en otro encuentro
que al poco tiempo tuvo, y fu preso, mandndosele  la galera de Mlaga
como cabo de escuadra, de donde volvi en Agosto de 1596, siendo
entonces puesto en libertad porque al mozo no le faltaban amigos.

Mas apenas se vi en la calle, reanud sus fechoras, por lo cual el
conde de Priego mand prenderle de nuevo. Y h aqu que el 4 de Octubre
del citado ao, Xeniz, vindose en el apurado trance de que iba  ser
capturado por los alguaciles que le haban sorprendido en unin del
Asistente, dispar contra ste un pistoletazo, que por gran casualidad
no acab con la vida del conde.

Y aqu tuvo trmino la existencia del valentn, pues el 17 de Octubre de
1596 fu ahorcado en la Plaza de San Francisco, y su cadver, hecho
cuartos, se puso en el lugar del ventorrillo de la Puerta de la
Barqueta, como consigna Ario en los _Sucesos de Sevilla_.

Digno mulo de Gonzalo Xeniz fu otro matn coetneo suyo y el cual
comparti con l las hazaosas empresas, viniendo  la postre  tener
tambin desgraciado fin poco tiempo antes que el intrpido compaero.

Juan Garca, llamado tambin _El Bravo de las Galeras_, era un mozo
fiero y atrevido, soldado y terror de los vecinos de Triana en 1593.

Continuas pendencias, alborotos y escndalos promova el bravucn y sus
amigos, y en uno de aquellos lances acudi en mal hora  poner paz un
corchete llamado Gordillo, que ya era bien conocido de Garca, el cual
fu lo mismo verle que arremeterle armado de una daga.

Con ella le infiri multitud de heridas, y dejndole ya muerto, huy 
esconderse en alguno de los rincones de Triana, donde tena gentes que
por miedo le favorecan.

Al poco tiempo un alcalde de corte y un alguacil acudieron  Triana con
objeto de capturar al bravo, empresa que era ms difcil de lo que ellos
crean.

Era esto el da 2 de Julio del citado ao de 1593, y con motivo de la
captura se produjo en Triana un verdadero motn, que las crnicas
sevillanas registran y que apunta Ario en su libro de _Sucesos_.

Como quiera que la fuerza dispuesta para prender al bravucn era
insuficiente, hubo que reclamarla mayor, llegando el caso  tener que
dar el toque de rebato en la iglesia de Santa Ana,  fin de que acudiera
gente que auxiliara  la justicia.

Con ella fu tropa y hasta el marqus de Peafiel tuvo que intervenir
con su autoridad personalmente, llegando  tomar tales proporciones el
escndalo, que puso en alarma  Triana y  Sevilla entera: tal fu la
herica defensa que de su persona hizo el valentn.

Fu preso al cabo, y al siguiente da, 3 de Julio, le ahorcaron en la
orilla del ro, quedando con aquella ejecucin en tranquilidad muchos
vecinos de Triana, que durante largo tiempo anduvieron siempre
amenazados con los desmanes y excesos de furor del _Bravo de las
Galeras_, cuyo recuerdo dur largo tiempo entre la gente de su laya que
tanto abundaba en Sevilla en los siglos XVI y XVII.




EL ASISTENTE Y LAS FRUTERAS


El seor don Fernando Arias de Bobadilla, conde de Puonrostro, fu
Asistente de la capital de Andaluca y se hizo clebre, como ya dije,
por los actos que cometi y por sus justicias, que tena singular manera
de ejecutarlas.

Cuntanse de l infinitas cosas que son dignas, por cierto, de ser
recordadas, y como su autoridad era poderosa y su carcter en extremo
duro, lleg  ser el terror de la gente de los barrios, en particular
de los comerciantes y vendedores de artculos de primera necesidad.

El ao 1597, en que tom posesin de su cargo el conde, mand pregonar
un bando, por el cual se condenaba en la pena de doscientos azotes  los
que vendiesen los artculos  ms precio que el sealado ya de antemano;
y como quiera que el cumplimiento de la orden no fu guardado ni mucho
menos como debiera, el conde empez  llevar  cabo los castigos con
extrao rigor y sin que por un momento dejase pasar la ms leve falta.

Diariamente salan por las calles de la ciudad comerciantes montados en
burros, recibiendo los golpes de la penca, y panaderos, hortelanos,
pescaderos, carniceros, etc., etc., veanse  cada momento sorprendidos
por la visita del conde en persona, que era implacable en sus
resoluciones.

Lleg en stas  la barbarie, pues como no tena nadie que le pusiese
coto y en Madrid se le haban confirmado plenos poderes para ejercer
como _juez absoluto_, se despachaba  su gusto de una manera brutal y
cruel.

Tal sucedi con una pobre mujer, que fu vctima de su seora, y por un
delito harto insignificante para la pena que sufri.

La tal mujer tena por las maanas su puesto de frutas en el barrio de
la Feria, y para su desgracia el da 6 de Mayo de 1597, sorprendila el
conde vendiendo ciruelas y cerezas  ms alto precio que el sealado.

Al punto la mand prender y aquella misma tarde fu azotada
pblicamente, llevando colgadas al cuello, para mayor vergenza, las
frutas, pero tan tremendos resultaron los golpes que sobre la infeliz
cayeron, que enferm de gravedad y el da 9 del mismo mes de Mayo espir
la infeliz, segn consigna el _diario_ de Ario.

El mismo autor aade: Seis das despus  otra mujer, porque venda
pepinos  ms de la postura, la pasearon por las calles con los pepinos
al pescuezo y le dieron doscientos azotes.

Como estos dos, pudiera citar infinidad de casos que prueban la manera
con que Puonrostro haca justicia, y lo que era en el siglo XVI un
Asistente de Sevilla.




HERRERA "EL VIEJO"


Las obras del pintor Francisco de Herrera,  quien generalmente se
conoce por Herrera _El Viejo_, para diferenciarlo de su hijo, del mismo
nombre y tambin artista, son universalmente celebradas, y el ttulo de
su autor es de los que gozan en justicia un puesto de preferencia entre
los antiguos pintores sevillanos.

Por otra parte, es Herrera una persona digna de estudio; en su vida hay
diversos incidentes que merecen ser recordados; y aunque estos apuntes
no permiten gran extensin, he de procurar condensar cuanto sea
necesario para dar  conocer al artista sevillano.

Naci ste, segn se cree, en 1576, y fu su maestro en el arte Lus
Fernndez, que lo fu tambin de Pacheco, quien  la par de Herrera
aprendi el dibujo y las primeras lecciones de pintura.

Herrera comenz de joven  llamar la atencin de las personas
inteligentes de Sevilla con sus lienzos, y se dice que los primeros que
present al pblico fueron los cuatro que figuran en el altar mayor de
la iglesia de San Martn, representando pasajes de la vida de este
santo.

Instrudo tambin en el grabado en cobre, ejecut no pocos trabajos por
este procedimiento, mereciendo citarse la portada del libro publicado en
Sevilla en 1610 por Estupin y en el que se relatan las fiestas
llevadas  cabo para la beatificacin de san Ignacio.

Por entonces tena taller abierto Herrera y contaba con frecuentes
encargos, habiendo hacia 1613 acudido  recibir sus lecciones don Diego
Velzquez de Silva, que  la sazn contaba catorce aos, pero que pronto
tuvo que separarse de tal maestro, dicen, por la violencia de su
carcter, poco apropsito para dedicarse  la enseanza.

De este natural poco sufrido, hurao y dado  la clera, vinieron no
pocos disgustos y sinsabores  Herrera, quien con frecuencia se vea
solo y sin que ninguno de los muchos jvenes aventajados que entonces
haba en Sevilla, quisiese acudir  su casa. He odo muchas veces--dice
Cen--decirlo  pintores viejos de Sevilla: que cuando no tena Herrera
discpulos y esto era muy frecuente, mandaba  su criada bosquejase los
lienzos, y antes que se secasen los colores formaba l con una brocha
las figuras y ropajes.

Por los aos  que me voy refiriendo pint Herrera para san Agustn la
_Asuncin_ y _Coronacin de la Virgen_; para san Antonio dos
_Apstoles_; para la ermita de la Encarnacin en Triana, siete cuadros
con pasajes de la vida de la Virgen, obras todas que se han perdido, y
el _Triunfo de san Hermenegildo_, que estaba en el altar mayor de dicho
templo y que hoy se conserva en el Museo provincial.

Hacia 1619 fu acusado Herrera de monedero falso, y como quiera que el
artista considerbase perdido y prximo  caer en las garras de la
justicia, huy  buscar asilo en el convento de san Hermenegildo.

All estaba cuando en 1623 visit Sevilla Felipe IV, y se cuenta por
tradicin que habiendo admirado mucho el rey el citado cuadro, que es de
gran tamao, y en el que aparece el santo con san Leandro y san Isidoro,
pregunt quin lo haba ejecutado. Presentronle entonces  Herrera,
dicindole cul era su situacin y los motivos por que se le persegua.
El monarca le dej libre, dicindole que quien saba ejecutar obras como
aquella, no haba menester el oro ni la plata.

Vuelto Herrera  su casa, continu trabajando, pero siempre apartado del
trato de las gentes, siempre solitario y siempre mal humorado.

Una nube negra pesaba sobre el alma del artista, de quien, no pudiendo
resistirlo ni aun los miembros de su familia, una su hermana, que con l
viva, se apart para entrar en un convento. Ms tarde, su hijo
Francisco le rob mil pesos que tena ahorrados y se huy  Italia,
donde sigui aprendiendo la pintura, que ya haba comenzado, y de donde
no regres hasta que muri su padre.

Ejecut ste dos cuadros para el convento de Santa Ins, representando
la Sacra Familia y el Espritu Santo, otro para el altar mayor del
Hospital establecido en la calle Colcheros, que se conservaba en 1836, y
el magnfico retablo del Juicio final que existe en san Bernardo y del
que dice un crtico que es tal vez la ms grandiosa obra que brot de
sus afamados pinceles.

Herrera pintaba tambin con mucha destreza al fresco, ejecutando no
pocas obras por este procedimiento, y entre las cuales cita _Varflora_
las ejecutadas en los conventos de la Merced y de san Pablo y san
Buenaventura.

En 1633, pagle el cabildo de la ciudad ciertas cantidades por la
iluminacin de una estampa de san Fernando y termin algunas pinturas
para san Jos, siendo en gran nmero los cuadros de _Bodegones_ que
hizo, los cuales estaban en poder de particulares y ya en tiempo de Cen
haban casi todos desaparecido de Sevilla para ir  parar  los museos
extranjeros.

En el Louvre se conserva hoy un cuadro que representa  _san Bernardo
dictando las reglas de la Orden_, que es una de las ms acabadas obras
de Herrera.

Este, muy anciano ya, march  Madrid en 1650, donde se estableci y
ejecut algunas obras al fresco y no pocos grabados, impresos en
diversas obras.

El ao 1656 falleci Francisco Herrera en la crte, siendo enterrado su
cadver en el templo de san Gins.

A ms de los cuadros que pint el maestro sevillano para los templos de
esta ciudad que he citado, se encuentran hoy en el Museo provincial las
siguientes obras: _Visin de san Basilio_, _dos santos de la orden
franciscana_, _Un santo obispo_, _san Gregorio_, _san Demetrio_, _san
Antonio_, _san Pedro_, _Sebaste_, _santa Dorotea_, _santa Gertrudis_,
_Un santo religioso bernardino_ y la _Apoteosis de san Hermenegildo_, ya
citada. A ms existen algunos originales en poder de particulares, tales
como un _san Nicols de Bari_, que posee el seor Gestoso y que est
ejecutado con mucha valenta.

De las cuarenta y siete grandes obras que de la mano de Herrera haba en
Sevilla hacia 1830 se han perdido muchas, pero sin duda las que quedan
son las ms importantes y las ms apropsito para estudiar por completo
 este artista, que fu de los primeros en apartarse de las reglas de
los antiguos maestros, ejecutando libre, espontneamente y con
atrevimiento y valenta.

Distinguase poderosamente en el claro-obscuro y en el conocimiento de
la anatoma, y todas sus producciones, por la manera especial de hacer y
la rudeza de los rasgos, parece que retratan su carcter.

De ste se ha escrito mucho, tachndosele, como ya dije, de violento y
desabrido en extremo. Tal vez por esto en vida no fu muy elogiado
Herrera de sus coetneos que le miraron con prevencin, y nicamente
Lope de Vega le dedic algunos versos en el libro segundo de su famoso
_Laurel de Apolo_.

Del maestro sevillano se dice que dibujaba con caas y manejaba el
color con gruesas brochas, teniendo singular destreza para ello, y
terminando su obra con una rapidez que pasmaba.

Triste y abandonado, falleci el notable artista  solas con las
negruras de sus pensamientos y la melancola de su espritu, y si dej 
las generaciones futuras obras hermosas, no tuvo el consuelo de que ni
sus amigos y discpulos recordasen su nombre con ternura y derramasen
lgrimas por su memoria.




LOPE DE VEGA EN SEVILLA


El _Fnix_ de los ingenios espaoles, aquel que se alz _con el cetro de
la monarqua cmica_, visit  Sevilla en los primeros aos del siglo
XVII, y si bien de su estancia en nuestra poblacin no son hasta ahora
muy detalladas y completas las noticias que existen, pueden, sin
embargo, servir para dar asunto  uno de estos apuntes histricos.

El ao 1600 lleg  esta capital de Andaluca el gran poeta, que se
hallaba entonces en toda la fuerza de su juventud y con toda la lozana
de su portentoso ingenio, y no vino solo, pues le acompaaba doa Mara
de Lujn, hermosa mujer, con quien tena haca tiempo amorosas
relaciones, de las cuales eran fruto dos nias,  la sazn de corta
edad, y de nombres Mariana y Angela.

La amante del poeta acompale durante todo el tiempo de su estancia en
Sevilla, y aqu qued, cuando Lope, en 1601, emprendi un viaje  Madrid
y Toledo para evacuar algunos negocios particulares, viaje del que no
tard en regresar al lado de aquella mujer  quien cantaba en sus
poesas con el nombre de _Lucinda_.

Por cierto que  su regreso corri entre los literatos sevillanos un
soneto contra Lope, el cual algunos han atribuido  Cervantes, que  la
sazn tambin resida en nuestra ciudad, y cuya enemistad con el _Fnix_
de los ingenios es bien conocida, no estando tampoco ste tardo en
atacar al autor del _Quijote_ en varios de sus escritos.

La pluma de Lope, jams ociosa, no poda estarlo en Sevilla, y as fu;
aqu escribi varias comedias, entre las que se cuentan _La corona
merecida_, y algunos autos, como _El hijo prdigo_ y _El viaje del
alma_, representndose durante aquellos aos por las compaas de
Vergara y Villalva, algunas obras de Lope, que aunque ya conocidas en
otras partes no lo eran an del pblico sevillano.

El cuadro de costumbres que relata en _El Fnix de Sevilla_, de que ya
me ocup, es buena prueba de que aquel gran hombre supo identificarse en
el ambiente de las costumbres sevillanas.

Poesas escribi tambin Lope muchas en Sevilla, y de ellas merece
recordarse la carta que dirigi en 1603  un amigo, y en la cual dice:

      ...Pan de Sevilla regalado y tierno,
    masado con la blanca y limpia mano
    de alguna que os quisiera para yerno.
    Jamn presunto de espaol marrano
    de la sierra famosa de Aracena,
     donde huy del mundo Arias Montano.
    Vino aromatizado que sin pena
    beberse puede siendo de Cazalla,
    y que ningn cristiano lo condena.
    Agua de la Alameda en blanca talla,
    dejis por el bizcocho de galera
    y la zupia que embarca la canalla, etc. etc.

En Diciembre de 1603 termin Lope de Vega su obra _El peregrino en su
patria_, que fu impresa en Sevilla, y de la cual tanto se han ocupado
los crticos y los bigrafos del fecundsimo autor.

Acompaado de su amante, joven y hermosa,  quien adoraba y que
procuraba hacerle dichoso, considerado y tenido en alto aprecio por
todos y agasajado por cuantos hombres de letras haba en la capital de
Andaluca, la estancia de Lope en nuestra ciudad debi serle en extremo
agradable, y de ella conserv siempre gratsimos recuerdos, como se
desprende de algunos pasajes de sus obras.

A fines de 1604, Lope march de Sevilla, dirigindose primero  Madrid y
despus  Toledo, donde tuvieron fin sus relaciones amorosas con Lucinda
( lo menos pblicamente), pues algn tiempo despus, el poeta contrajo
matrimonio con doa Juana de Guardo...

D. Cayetano Alberto de la Barrera, Hartzenbusch, Asensio, y don Jos
Snchez Arjona ltimamente en sus _Anales del teatro en Sevilla_, al
ilustrar la vida de Lope de Vega, se han ocupado de su estancia en
nuestra poblacin,  la cual he dedicado un recuerdo en las anteriores
lneas, como he de hacerlo  otros hombres ilustres por cualquier
concepto que visitaron nuestra ciudad.




CONFITEROS Y CONFITERAS


Esto de la aficin  los dulces ha sido cosa antigua en nuestra ciudad,
como as lo prueba la importancia que siempre tuvo el gremio de
confiteros y lo numerosos que ya en el siglo XVI eran los
establecimientos dedicados  la venta y fabricacin de dulces de las
clases ms variadas.

Esto movi  no pocos de los confiteros, para mejor orden y disposicin,
 nombrar examinadores del gremio y formar _ordenanzas_, las cuales
fueron aprobadas por el rey Felipe III en 20 de Mayo de 1606, el cual
encareca la utilidad, expresando: Nos fu hecha relacin que el trato
y confitura en ella (en Sevilla) era muy grueso, por ser muy
grande..... Porque siendo las conservas y confituras, regalos de
enfermos y para personas ricas, convena que la dicha obra fuese buena y
que fuese y se hiciese con buenos azcares, y no echando otras mezclas,
para que se supiese y se entendiese cmo se haba de hacer cada cosa, y
no se vendiesen cosas malas y falsas.....

Las tales _ordenanzas_ no dejan de ser curiosas y contienen algunos
detalles de inters para el conocimiento de cmo estaba constituido el
gremio, y de sus artculos hemos de dar una idea, teniendo  la vista el
texto, que consta de veintiuna disposiciones, haciendo muy
especialmente constar en la primera que de all en adelante
..._ninguna persona_, de cualquier estado  condicin que sea, pueda
tener tienda pblica ni secreta sin que primero haya de preceder y
preceda examen de dicho oficio, el cual examen se ha de hacer ante los
veedores del dicho oficio de confiteros...

En las _ordenanzas_ se manda que el que tuviera tienda y no fuera
examinado, se le castigara con multas y otras penas, que se formase un
libro con las denuncias y que en la eleccin de veedores se tuviese la
mayor justicia y sinceridad.

Que ya la gente del gremio estaba en el secreto de adulterar los
confites y engaar al pueblo se ve que no era cosa nueva, pues as se
desprende de los captulos 30 y 31, que dicen:

Item ordenamos que ningn oficial de confitura sea osado  mezclar la
confitura que hiciese con almidn, harina, ni otras misturas, so pena de
perdida la dicha colacin y de seis mil maraveds por la _primera_ vez,
y por la _segunda_ sea privado del dicho oficio de confitero por seis
meses y no tenga ms tienda, y por la _tercera_ que la justicia
ordinaria proceda  hacerle conforme la calidad y gravedad del
delito--31. Item ordenamos que los _canelones de sidra_,  canela,
avellanas  ans liso  labrado, culantro liso  labrado, almendra
pelada  rada y entera, y piones y grajeas,  todo esto sea y se haga
de un azcar blanco, de arriba  bajo, sin otra mistura, so pena de dos
mil maraveds por la _primera_ vez, y por la _segunda_ pena doblada, y
por la _tercera_ vez sea perdida la dicha colacin y no tenga tienda por
seis meses.

En los artculos 12, 13 y 14, se especifican algunas de las confituras
ms en boga de entonces, con indicaciones de las materias de mejor
calidad de que haban de confeccionarse, recomendando con insistencia
que el _azcar rosado y los bocadillos_ sean conservados con azcar,
fresco y blanco, y el azahar cubierto, confitado y en conserva, sea de
buen azcar, blanco de remate, etc. no dejando de estar especificados
otros particulares en los cuales se recomendaba el ms exacto
cumplimiento.

Estas ordenanzas de 1606 fueron posteriormente confirmadas en Febrero de
1649, en Abril de 1675 y en Septiembre de 1680, y en 1723 se imprimieron
por Francisco Snchez Reciente, con este ttulo:

--_Ordenanzas de el oficio de los maestros confiteros de Sevilla y su
reinado, en virtud de cdula de su majestad y seores de su real
consejo, que se mandaron imprimir siendo veedores Bartolom de Marchena
y Lus de Bonilla, maestros de dicho oficio_, etc.

Las confiteras sevillanas de antao tenan un aspecto general que no
dejaba de ser caracterstico; en el mostrador no se exhiban los dulces
para excitar el apetito: antes por el contrario, se ocultaban los toscos
tableros, que slo se sacaban  peticin del comprador; los botes con
los almbares y las conservas se colocaban en largas hileras en la
estantera, en cuyo testero principal no faltaban nunca una hornacina,
con una escultura religiosa  con un cuadro devoto, ante el que arda
cierta lamparilla de aceite, y completaban el menaje del establecimiento
dos grandes velones, una bandeja con jarro, vasos, un peso de cobre y
uno  dos bancos toscos, en los cuales tomaban asiento y descansaban por
las tardes los amigos del dueo, que nunca dejaban de formar all su
tertulia, ms  menos numerosa.

En el siglo XVII hubo en Sevilla algunos confiteros que fueron clebres
por su habilidad en la confeccin de los dulces, y de entre ellos han
pasado  la posteridad, digmoslo as, Pedro de Libosna, Bartolom
Gmez y Jernimo de Barco, que no tenan competidores en las conservas,
la carne de membrillo, los mazapanes y los canelones de sidra, canela,
avellana  ans.

Una vez cada ao, el da de San Juan Bautista, se haca la visita de
inspeccin, como si dijramos, por todos los establecimientos de
confitera, y era de ver con qu gravedad y ceremonia el teniente de
Asistente, acompaado por el escribano de cabildo, examinaba cacerolas,
calderos, medidas y moldes, se enteraba del estado de los productos y se
informaba prolijamente del personal y de su pericia para elaborar las
delicadas confituras.

Dbase el caso alguna vez que no se encontraba tal  cual
establecimiento con todos los requisitos que las estrechas _Ordenanzas_
disponan y entonces ya estaba la fiesta en la casa, pues el dueo que
se vea amenazado, protestaba, tratando de atenuar la falta, y la
justicia, que era inflexible, se revesta de toda su autoridad, dando
esto lugar  escenas por dems animadas.

Esto de ser _maestro confitero_ no era cosa  que todo el mundo poda
llegar, como por ejemplo, los esclavos, acerca de lo cual decan las
_ordenanzas_: ...Que no puede ser examinado _ningn esclavo_, so pena
de dos mil maraveds, y que le quiten la tienda, aplicada la pena, como
dicho es, y el que lo examinara sea privado del oficio perpetuo de
examinador.

Tena el gremio de confiteros su hermandad de cofrada, la cual lleg en
cierta poca  ser de las ms ricas y que ms continuo y lucido culto
sostenan, como as en papeles antiguos consta.

No har memoria de los muchos pleitos y litigios que durante el siglo
XVII se siguieron por el gremio, con motivo de la tasa puesta  los
dulces con otras causas, enredos que no dejaron de perjudicar  todos
los del oficio con crecidos desembolsos y competencias nada beneficiosas
y que trajeron una situacin nada prspera, de la que tard mucho en
reponerse el gremio.




LOS MORISCOS


La situacin de los moriscos que residan en Sevilla al terminar el
siglo XVI era en verdad comprometida y en muchas ocasiones fueron
tratados con la mayor crueldad por las autoridades y por el mismo
pueblo.

Mas como si fuesen pocos los castigos que se les imponan por la
Inquisicin y por otras autoridades, en el ao de 1600 se vieron
amenazados de un peligro que  todos ellos poda pesarle.

El 16 de Mayo hicironse por algunos correr las voces de que los
moriscos preparaban un motn para levantarse en armas de acuerdo con los
de Crdoba, y en dicho da aparecieron en la iglesia de Santa Ana, de
Triana, y en otros puntos, pasquines dando la voz de alerta  las
autoridades, con lo cual se consigui alarmar la ciudad, comenzando
enseguida diligencias y pesquisas en contra de los moriscos, los
cuales, en realidad, nada haban hecho, ni ningn proyecto tenan de
turbar la paz de la ciudad.

Se efectuaron algunas prisiones, pero entonces un vecino de Triana
llamado Garca Montano, hombre que gozaba de crdito, alz su voz cuando
empezaban los injustos castigos, y unido  otros cristianos acudieron al
Asistente, marqus de Montesclaros, hacindole presente cun sin
fundamentos eran las voces que contra los moriscos se haban levantado.

Convencido de la verdad, el marqus public un bando para que los
moriscos no fueran molestados, pero apesar de su orden hubo revueltas y
alborotos, y en el mismo mes de estos sucesos fueron quemados tres de
ellos que estaban haca algn tiempo presos en las crceles del tribunal
de la Inquisicin.

Empeorando por das el estado de los moriscos sevillanos lleg  ser
verdaderamente aflictiva su situacin ms adelante: la vigilancia se
hizo ms estrecha y ms frecuentes los castigos, en tanto que se
acrecentaba la campaa decisiva que contra ellos elevaron los elementos
religiosos, entre los que se encontraba la del padre Juan de Ribera,
arzobispo de Valencia, patriarca de Antioqua y enemigo acrrimo de
aquella infeliz raza.

Cedi al fin Felipe III  la opinin de la junta nombrada al efecto y en
la que se encontraba el inquisidor general, y di aquella clebre orden
de expulsin de los moriscos del reino, impoltica y cruel medida, con
la cual se disminuy grandemente la poblacin de Espaa, pues perdi un
milln de habitantes, se quitaron brazos  la agricultura y se
deshicieron multitud de familias.

A principios de 1610 spose en Sevilla, despus de algn tiempo de
incertidumbres, que amenazaba la orden del monarca decretando la
expulsin, y con objeto de prevenir cualquier incidente que pudiera
sobrevenir, las autoridades tomaron medidas en extremo rigurosas.

El 17 de Enero del ao citado se seal para publicar el bando con todas
las formalidades, presentando aquel da la ciudad extraordinario
movimiento por haber la medida revuelto los nimos un poco.

Sali el pregn del bando por la maana  recorrer la ciudad, figurando
en la comitiva un juez especial que haba venido para entender en el
asunto y, como era de costumbre, los alguaciles y el pregonero.

Seguanla por las calles infinidad de moriscos, que al escuchar el
pregn prorrumpieron en llantos y lamentos, siendo imposible relatar las
escenas lastimosas que se desarrollaban en los lugares donde haba ms
casas habitadas por familia de los infelices que eran expulsados, y as
lo da  entender estas palabras de un autor coetneo, el cual escribe
que fu da de gran tribulacin y amargo desconsuelo para esta gente,
que, aunque malos cristianos  indicados de traicin, no podan salir
sin pena de esta tierra, donde haban nacido.

Como la orden del rey era terminante y exiga la ms inmediata ejecucin
de los _moriscos_ sevillanos, vironse en la precisin, mal de su grado,
de malbaratar los bienes que posean, con gran provecho para los que en
la ciudad quedaban, que adquirieron  nfimos precios cosas de gran
valor, y propiedades de importancia.

A los pocos das de la publicacin del bando comenzaron  salir de
Sevilla los _moriscos_ en gran nmero, siendo aquella expulsin una de
las primeras causas, que, unindose luego  otras de varios rdenes,
contribuy poderosamente  la decadencia en que cay la capital de
Andaluca al mediar el siglo XVII.




CABALLEROS DE ANTAO


El conde de Teba era mozo galn y de carcter un tanto ligero, poco dado
 meditar sus actos, y esto vino  traerle ms de un lance como el que
le ocurri en 1614 con don Rodrigo Ortiz de Zrate, caballero de los ms
significados de la nobleza sevillana.

Entr el conde en la tarde del 1. de Febrero de dicho ao en casa de
unas damas  quienes visitaba y encontr all  don Rodrigo, que tambin
frecuentaba el trato de las seoras con ms  menos intimidad.

Despus de cruzar algunas palabras ambos caballeros, el conde, que aquel
da no andaba muy bien humorado, pidi al de Zrate un pistolete que
tena y despus de cogerlo sbitamente, le amenaz en serio con l,
recordndole no se sabe qu antiguos resentimientos, y luego, con ademn
un tanto brusco, le quit la espada que llevaba de cinto, y sin andarse
con miramientos, fu hacia una ventana que en la estancia haba y arroj
por ella  la calle el acero con gran sorpresa de las damas.

Mont en clera don Rodrigo por aquella que reputaba gravsima ofensa y
aunque all le detuvieran por el pronto las damas, sali de la casa
jurando y perjurando que haba de matar al conde en venganza de lo de la
espada.

No era para dudar de que estos propsitos del ofendido caballero
quedasen en tales, y as fu, que sabindolos algunos amigos, pusieron
el caso en conocimiento del Asistente, que lo era entonces el conde de
Palma, y ste, deseando evitar el lance, y con la esperanza de un
arreglo, mand llamar el mismo da  su casa al conde de Teba y  don
Rodrigo de Zrate.

Pero aquella entrevista, que con la mejor intencin prepar el
Asistente, fu harto desgraciada, pues, al verse frente  frente los dos
enemigos, despus de algunas frases altas, Ortiz de Zrate acometi de
pronto furiosamente al conde, y con una espada lo hiri traidora y
mortalmente, sin que pudiera impedirlo el de Palma, que por sujetar al
agresor sufri tambin de ste algunos golpes.

Los criados del Asistente acudieron al rudo de la lucha, y viendo  uno
en tierra y  su amo ensangrentado, dieron tan tremenda paliza  don
Rodrigo, que poco falt para que all mismo hubiera espirado.

Este suceso, por las personas que intervinieron en l, y por las
circunstancias en que se desarroll, fu objeto de la atencin de toda
Sevilla y caus gran sorpresa  todos el saber que la madre de don
Rodrigo se querell al Consejo diciendo nada menos que su hijo haba
sido llamado  casa del Asistente para que el conde lo asesinase, y que
ste, en propia defensa, se vi obligado  herir.

En el proceso que se form que fu muy ruidoso y dilatado, corrieron
bien los escudos, por lo cual Ortiz de Zrate pas, por toda pena,
desterrado  Madrid, donde muri algn tiempo despus.

Y ocurri entonces que, al divulgarse el fallecimiento, se hizo pblico
un documento que haba escrito y firmado de su puo don Rodrigo el da
despus de haber dado muerte al de Teba, en el cual confesaba ser falsa
la suposicin de haber sido llamado  engao  casa del Asistente,
documento que l mismo orden que no se diese  conocer hasta ocurrir su
muerte, y en el cual se deca:

Yo D. Rodrigo de Zrate, por descargo de mi conciencia, digo: Que
aunque en la confesin que se me tom dije, que el conde de Palma y
otras personas me llevaron engaosamente  matarme, con ttulo de
amistad entre m y el conde de Teba, y yo vine  ello. Y as fu en
compaa del dicho conde de Palma en su coche. Y estando en su casa, y
queriendo darme satisfacciones el conde de Teba, dije yo que no era
menester. Y aguardando ocasin que estuviese descuidado, her al conde
de Teba, porque llevaba esa intencin, y por eso no haba querido
satisfacciones, etc............

Y son testigos de esta declaracin el P. Fr. Alonso Bohorques, Rector
del Colegio de San Alberto; Fr. Agustn Velzquez; el P. Fr. Miguel
Guerra, y el P. Fr. Gaspar de Cebes, del Orden de San Francisco.--Fecha
en Sevilla  2 de Febrero de 1614.--D. Rodrigo Ortiz de Zrate.

Tal fu el curioso suceso que las crnicas sevillanas registran, y por
el que se ve que todos los caballeros de antao no eran un modelo en
esto de la caballerosidad.




EL TUTOR Y LA PUPILA


Estaba avecindado en la villa de Utrera,  los comienzos del siglo XVII,
un caballero, de nombre don Pedro de Crdoba y Guzmn, el cual era to y
tutor de una linda joven que en su misma casa se haba educado, y la
cual tena una fortuna  que no era cosa de hacerle ascos.

La tal sobrina, aunque el don Pedro la tena guardada con gran recato,
que tocaba en tirana irritante (se ignora con qu intenciones) no lo
estuvo tanto que pudiera sustraerse  las miradas de un mancebo de buen
porte, el cual se enamor perdidamente de la utrerana doncella, siendo,
para satisfaccin suya, correspondido, y de tal correspondencia vino
luego el peor dao.

Opsose furiosamente el tutor al casamiento de su pupila, sin que
hubiera quien le convenciera, porque ya se sabe  qu estado de odiosa y
repugnante oposicin llegan  veces padres, madres y tutores en esto de
las bodas, lo cual, visto por el fogoso galn, deseando librar  su
adorada de aquel Argel donde gema cautiva, hizo en Sevilla las
diligencias necesarias para poderla sacar por el Juez de la Iglesia, y
corrientes los papeles volvi  Utrera en compaa del Alguacil Mayor
del Cardenal para lograr la realizacin de sus ansias.

A los pocos das presentse el galn en casa de don Pedro, con su
Alguacil,  pedir la mano de la nia, siendo recibido con toda gravedad
por el tutor, el cual djoles, despus de oirlos y con mucha flema, que
aguardase un momento, pues iba  avisar  su sobrina.

Sali en efecto de la habitacin y dirigindose al cuarto de la joven,
sin ms palabras, sac un pual, y sorprendindola desprevenida, la
asesin vil y cobardemente de dos pualadas en el pecho, volviendo muy
tranquilamente  donde el galn aguardaba,  quien manifest que su
sobrina estaba vistindose y no tardara en salir y que l corra  la
calle  avisar  una seora vecina y amiga de la casa, para que fuese
testigo de la concesin de la mano que iba  hacer.

Descubierto  los pocos momentos el crimen, don Pedro de Crdoba y
Guzmn no tard en ser preso y trado  la crcel real de Sevilla,
siendo condenado  muerte al poco tiempo.

El da 2 de Marzo de 1604, el asesino fu degollado por el verdugo
Francisco Vlez en la Plaza de San Francisco, y apunta el documento
contemporneo de donde saco esta noticia, que el inters que despert el
caso fu extraordinario, publicndose del suceso muchos romances
populares.




EL INCENDIO DE "EL COLISEO"


Entre los aos de triste memoria para los aficionados sevillanos al arte
de Tala lo fu l de 1620, pues en l se incendi y destruyse por
completo el famoso _corral de el Coliseo_, donde tan clebres
representantes trabajaron y que tan favorecido era por el pblico de
nuestra poblacin.

Habase acordado la construccin del Coliseo hacia 1601 por la ciudad,
estando  cargo de la direccin de las obras el maestro mayor Juan de
Oviedo, terminndose el edificio, que era el mejor que de su clase hasta
entonces haba tenido Sevilla, en 1607, llevndose en l  cabo
importantes reformas por los aos de 1614.

La compaa de Cristbal Ortiz y los hermanos Valencianos trabajaban 
mediados de 1620 en el Coliseo, con gran satisfaccin de todos, cuando
vino  poner sbitamente trmino al regocijo, la catstrofe ocurrida el
jueves 25 de julio.

Aquella tarde representbase una comedia de Andrs de Claramonte
titulada _San Onofre  el rey de los desiertos_, la cual haba obtenido
gran xito y era muy celebrada por todos.

Tocaba la obra  su trmino,  las ocho de la noche, cuando sbitamente
corri la voz de que en el coliseo se haba declarado un incendio, el
cual empez porque una buja prendi fuego en una de las simuladas nubes
de papel y tela.

No se acudi  tiempo por los dependientes de la escena y con
extraordinaria rapidez levantse la llama, que lleg hasta el techo, el
cual pronto comenz  arder, causando el asombro, la confusin y la
angustia en el pblico y en los comediantes.

Una _Relacin_ contempornea del suceso que se conserva en la Biblioteca
Colombina, y que debi ser escrita por un testigo ocular, dice al llegar
 este punto:

El humo, la confusin, voces y llantos, particularmente de las mujeres,
fu tan grande, que unas se arrojaban de las ventanas, otras de los
corredores y otras caan desmayadas, medio muertas; fu mucho mayor el
dao que la turbacin les caus, que el que el mismo fuego les pudiera
hacer, si advertidamente y con orden fueran saliendo; pero como el miedo
de la muerte no da lugar  estos discursos, cayendo unas y tropezando
otras en las cadas, empezaron juntamente con el humo  subir al cielo
las voces y quejas de los que se ahogaban sin remedio, como las de los
que faltndoles ya las mujeres, ya los maridos, ya los hijos, ya los
parientes y amigos, juzgaban el peligro en que quedaban aunque estaban
ya fuera. No perdieron la ocasin los ladrones antes ms animados de
codicia que de lstima, hubo algunos tan atrevidos que se entraron
dentro del _Corral_, antes que el fuego estuviese apoderado de todo; y
viendo las mujeres en el estado que se ha dicho, en lugar de sacarlas
del peligro, les quitaban las joyas y lo que podan; llegando la
inhumanidad  tanto, que me afirman que (la verdad tenga su lugar)
algunos las acababan de ahogar para robarlas ms  su sabor, sin que 
esto pudieran dar remedio los que lo vean, cuyo peligro propio no daba
lugar  cuidar del ajeno.

Cuantos esfuerzos se hacan por todos para atajar el incendio resultaban
entonces intiles: en vano trabajaban los que estaban  salvo por acudir
al remedio y en vano se echaba mano de cuantos medios se disponan
entonces en aquellos desgraciados casos.

Desde gran distancia se vean las llamas, denotando las grandes
proporciones del incendio, y la noticia corri rpidamente por la
ciudad, acudiendo  la calle de los Alczares y  la Encarnacin las
autoridades y multitud de personas, ya movidas por curiosidad  por el
inters que les inspirara la suerte de los espectadores.

El Asistente, que lo era  la sazn el conde de Pearanda, puede decirse
que en aquellos difciles momentos no estuvo ni tardo, ni desacertado en
sus medidas, as como los tenientes y el alguacil mayor que le
secundaron.

Dividieron--escribe D. Jos Snchez Arjona--en dos cuadrillas, los
albailes, peones y dems gente que acudi  prestar auxilio; la primera
dedicada  salvar las personas que haba an dentro del _corral_ y la
segunda  derribar las casas que confinaban con el coliseo, logrando
aislar y dominar el incendio que dur hasta las tres de la maana del
da 26, no quedando en pi ms que las cuatro paredes y el cuarto de la
puerta de la calle.

Grandes fueron las prdidas que aquella catstrofe produjo, y en la que,
segn los datos, perecieron unas veinte personas, en su mayora mujeres
y nios pequeos, que ni tuvieron medios de ponerse en salvo, ni hubo
ocasin de acudir  tiempo en su auxilio.

Un detalle para terminar: de los actores, segn la relacin, pudieron
todos librarse de las llamas, y de uno de ellos dice: El que haca la
figura de _San Onofre_ sali casi desnudo, con una mata de yedra por
paos menores, y los muchachos le siguieron dndole _Vaya!_ hasta su
casa, que estaba lejos.




LA MADRE CATALINA Y MAESTRO VILLALPANDO


Escribir la historia detallada de lo que fu la secta de los
_alumbrados_ en Sevilla durante los siglos XVI y XVII, sera trazar el
ms interesante cuadro que retratase con toda verdad uno de los aspectos
ms grficos de la sociedad de aquellos tiempos, que no era en verdad
modelo de virtudes, de religiosidad, y de pureza de costumbres.

Pero como de nada sirve querer desfigurar la historia, el estudio de los
documentos, papeles y antigedades viene  destruir la dorada leyenda,
dando  conocer con toda la realidad lo que fueron nuestros antepasados,
que vivieron en todo el esplendor de la monarqua absoluta.

Casi  mediados del siglo XVI, la secta de los _alumbrados_, de la que
fueron fundadores dos sacerdotes, Chamizo y Alvarez, en unin de otros
varios presbteros ms, apareci en Sevilla, siendo su propagacin
rapidsima; y como quiera que la Inquisicin anduvo algo tarda en
intervenir en el asunto, cundi de tal modo, que beatas, frailes,
clrigos y personas relacionadas con el elemento eclesistico, se
infestaron  cientos de la doctrina.

Era esta una absurda mezcla de misticismo y sexualidad de supersticin
fantica y despreocupacin; valindose de lo sobrenatural para cometer
los actos de la ms desenfrenada lujuria y del ms refinado placer
material.

Un autor, tan poco sospechoso como Menndez Pelayo, ha escrito estas
lneas, explicando la hereja de los _alumbrados_.

La doctrina que afectaban profesar se reduca  recomendar  sus
secuaces larga oracin y meditacin sobre las llagas de Cristo
Crucificado, de la cual oracin, hecha del modo que ellos aconsejaban,
venan  resultar _movimiento del sentido, gruesos y sensibles_, ardor
en la cara, sudor y desmayos, dolor de corazn y movimientos
libidinosos, que aquellos infames llamaban _derretirse en amor de Dios_.
Una vez alcanzado el xtasis, el _alumbrado_ se tornaba impecable y le
era lcita toda accin cometida en tal estado... Las afiliadas de la
secta vestan de beatas con toca y sayal pardo. Andaban siempre absortas
en la supuesta contemplacin, mortecinas y descoloridas, y _sentan un
ardor terrible que las quemaba_, unos saltos y ahncos en el corazn que
las atormentaba, y una rabia y molimiento en todos sus huesos y miembros
que las tena desatinadas y descoyuntadas..... El padre Alvarez les
certificaba que aquello era efecto y gracia del Espritu Santo; y
llevando al ltimo extremo la profanacin y el sacrilegio, comulgaba
diariamente  sus beatas con varias hostias y partculas, dicindoles
que _mientras ms Formas, ms gracia_, y que no duraba la gracia en el
alma _ms de cuanto duraban las especies sacramentales_.

La lista de los _alumbrados_ sevillanos sera interminable, y en gran
nmero salan en los autos de fe, y aunque de todos en completo se
ignoran los nombres y las circunstancias de sus procesos, de muchsimos
existen noticias anteriores bien detalladas.

Estas noticias, por las cuales se viene en conocimiento de lo que era
una parte de la poblacin de Sevilla entonces, son en extremo curiosas y
dignas de ser recordadas, mxime cuando el mayor nmero de los
_alumbrados_ pertenecan al sexo bello y eran, adems, jvenes y bien
parecidas.

No he de relatar en detalles casos de _alumbrados_ y _alumbradas_
jvenes, pero solo recordar uno que produjo gran escndalo  hizo la
comidilla en la poblacin, siendo los protagonistas del suceso la beata
carmelita Catalina de Jess y el clrigo Juan de Villalpando.

La tal beata era natural de Linares, y de joven tena su residencia en
Sevilla, donde se toc de la hereja, y el maestro Villalpando, que
haba nacido en Garachino (Tenerife) lleg tambin de mozo  la capital
de Andaluca, trabando ambos estrecha amistad, que lleg  ser, por sus
locuras, de las ms peligrosas.

La beata y el clrigo fueron los fundadores de una congregacin de
_alumbrados_, compuesta de hombres y mujeres que, hacia 1620, comenzaron
 reunirse en lugares apropsito, y en los cuales se entregaban  las
prcticas  que acostumbraban los de la secta.

Aquellas reuniones llegaron  ser en extremo numerosas y animadas, y 
ellas asistan infinidad de personas, la mayora embaucadas por la madre
Catalina y por el maestro, que para ello tenan, sin duda, especiales
dotes.

Las herticas prcticas de ellos y sus proposiciones, eran las de todos
los _alumbrados_, tales como las predicaciones contra el matrimonio; sus
diversas opiniones sobre los mandamientos, la oracin y otros actos
religiosos, segn consta en la relacin del proceso, de la beata y el
clrigo:

Catalina de Jess se averigu que se trataba regaladamente y se
entretena en comidas y cenas de conversacin y de huelgas en el campo
con clrigos, sus devotos; y que con uno, en particular, tena tanta
comunicacin y amistad, que se estaba con ella todas las noches hasta
las diez y las once, y muchas veces solos y  oscuras, y que l tena
llave maestra de una puerta falsa de casa de las susodichas, por donde
entraba de noche y de madrugada, y que viniendo l de fuera de Sevilla y
saliendo de predicar iba  ver  la susodicha antes de entrar en su
casa, hacindose sospechar que no era bueno su trato: y que ella apoyaba
y encareca mucho la santidad del dicho clrigo y de otros sus devotos
para acreditarlos; y de uno dijo que tena oracin en el sr de Dios, y
otras cosas semejantes, de que fu testificada por 149 testigos, que se
le dieron en publicacin.

El maestro Villalpando, por su parte, haba tenido de muchos aos muy
particular comunicacin con una beata,  quien tena por maestra y
rendida la obediencia,  cuya casa acuda muy de ordinario de da y de
noche, hasta muy tarde,  las diez y las once, donde lo hallaban cuando
lo buscaban para salir  dar los Sacramentos  los enfermos de la
parroquia donde era cura, y muchos ratos de la noche estaba con ella sin
el menor escrpulo  oscuras, y entraba en la dicha casa de noche y de
madrugada por una puerta falsa con llave que l tena de ella, y que
tena retratos de la dicha beata, unos pintados, otros de talla, en
barro, y los abonaba y encareca, diciendo que los haba hecho por
tenerla por mujer muy santa.

Las reuniones de _alumbrados_ que la madre Catalina y el clrigo
presidan, fueron ya tan frecuentes, y las deshonestidades tantas, que
al fin y  la postre, cuando las cosas haban llegado al escndalo y
eran muchas las mujeres seducidas por ambos, la inquisicin tom cartas
en el asunto y los dos fueron presos, terminando all y viniendo 
tierra todas sus reuniones y conventculos.

En el proceso formado  la beata y su amigo, se pusieron en claro todos
los particulares que eran menester, y ambos, en unin de diez reos ms,
salieron en el auto de fe que se celebr en San Pablo en el ltimo da
de Febrero de 1627, y del cual se lee en la _Relacin_ que existe en la
Biblioteca Colombina, reproducida por don Joaqun Guichot.

El deseo que el pueblo tena de saber la resolucin que se tomaba en
las causas del _Maestro Juan de Villalpando_ y de _Catalina de Jess_,
que haban sido presos por este Santo Oficio muchos das haba, lo movi
de manera que con ser este Auto particular, vino  ser el ms solemne y
de mayor concurso de gente, as de la ciudad como forastera, que jams
se ha visto en otro; pues con ser muy grande la distancia que hay desde
las casas del Santo Oficio hasta el dicho convento y la Iglesia de l,
que es de las mayores de esta ciudad, hubo gran dificultad en pasar los
presos y el acompaamiento del Santo Oficio por las calles y en entrar
en dicha Iglesia, segn todo estaba ocupado de gente que se haba
prevenido y tomado lugar desde la media noche.

La madre Catalina fu condenada  estar reclusa seis aos en un convento
 hospital,  rezar todos los das de su vida el rosario,  confesar con
quien la Inquisicin le sealase y  ayunar todos los viernes,
ordenndose tambin que se cogiera por edictos pblicos cualesquiera
cosa de su persona  vestidos que se hallan dado por reliquias 
cualquier retrato suyo y todos sus escritos de molde  de mano.

En cuanto al maestro Villalpando, se retract en pblico de las veinte y
dos proposiciones que le fueron sealadas y se le conden  estar preso
cuatro aos en un monasterio sin poder decir misa, y  ser privado de
administrar durante su vida los sancionamientos y  pagar 200 ducados y
 hacer ciertos ejercicios religiosos....

Con aquellas sentencias desaparecieron de la escena los dos famosos
_alumbrados_ que tanto ruido dieron, terminando su vida obscuramente y
arrepentidos, segn es de creer, de sus pasadas locuras y escndalos.




CRUELDAD DE UN ASISTENTE


El Asistente de Sevilla en 1621 era el conde de Pearanda, el cual di
pruebas de ser hombre de carcter tal, que lo retrata el siguiente
hecho, rigurosamente histrico:

Varios muchachos de esta ciudad se encontraban reunidos entregndose 
diversos juegos, con frecuencia inocentes pero cayeron cierto da en uno
que ya no lo era tanto y fu decir que estaban formando cierta conjura
para  uno de ellos proclamarlo rey, como si esto fuera cosa que en sus
manos estuviese.

Tuvieron conocimiento de la broma algunos alguaciles, y un da, en que
los muchachos estaban reunidos, fueron sorprendidos por la autoridad, y
aunque escaparon algunos, lograron ser siete de ellos presos, seis de
Sevilla y el ltimo, hijo de un noble cordobs y el cual muchacho no
pasaba de 13 aos.

Enterado el conde de Pearanda del caso, lo tom tan  pechos, que
encaus  los jvenes imberbes, haciendo que contra ellos se formase un
proceso formal, nada menos que como perturbadores de la tranquilidad del
reino. Y as, aceler los trmites de una injusta causa de Estado,
despach correos  la Corte, abultando infamemente los hechos, y la
sentencia fu condenar  muerte  los mozos, que tal era la justicia en
aquellos tiempos.

En el mes de Enero fueron ejecutados los siete mancebos en la Plaza de
San Francisco, escribiendo D. Diego Ignacio de Gngora en el manuscrito
que est en la Colombina, estas palabras sobre el suceso, que no creo se
pondrn en duda:

Este hecho lo referan as mis padres y mayores que lo vieron: y decan
que haba causado mucha lstima y compasin en Sevilla, porque la poca
edad de los supliciados daba prueba manifiesta del ningn fundamento y
sustancia del delito y de la acusacin. Atribuyeron  rigor y suma
celeridad del Asistente, en la ejecucin del castigo; mas como era
materia tan grave de suyo, y que  las voces que corran se deba dar
cumplida satisfaccin para escarmiento y ejemplo, su seora no perdon
diligencia ni admiti trmino dilatndola. Se dijo que el padre de uno
de ellos, que era muy rico, ofreci sumas considerables de dinero por el
perdn del hijo. En fin, la ejecucin fu espectculo que acongoj el
nimo de los que la vieron.




EL SASTRE CATALN


La historia de Cosme Sevaro, es de las ms famosas que registran las
memorias sevillanas.

Cataln era Cosme, ejerca el oficio de sastre en la calle de los
Fundidores, hoy de Hernando Coln, y estaba casado con Manuela Tablante,
hermosa hembra, la cual gust ms que de su marido de un robusto mozo
llamado Jos Mrquez, oficial que en la tienda estaba, y como ambos eran
jvenes y de sangre inquieta, no tardaron en entenderse muy  su sabor y
sin que nada llegase  sospechar el buen alfayate de lo que pasaba en su
misma casa.

Hubo de descubrir ste, despus de mucho tiempo, su deshonra; pero no
fu hombre de los que se dan  la justa clera, ni menos pens en vengar
el agravio con propia mano, sino que entabl querella ante escribano, y,
presos la Tablante y Mrquez, se les conden  la ltima pena en 22 de
Octubre de 1624.

Pero muchas simpatas deban de tener los reos entre cierta gente de
Sevilla, cuando, apenas se coloc el tablado para la ejecucin, un grupo
numeroso de hombres lo destruy, y otro que se hizo enseguida fu
deshecho y quemado tambin la noche del 24 del citado Octubre.

Por fin, con auxilio de la tropa, se puso un tercer tablado, y el 25
por la maana, despus de haber tomado las autoridades grandes
precauciones, llevaron all  los dos reos y al sastre Cosme, que deba
presenciar el castigo.

Mas h aqu que, cuando llegaron los amantes y estaban en el patbulo,
comenz  levantarse un rumor sordo en el pblico que llenaba la plaza y
el cual fu tomando mayores proporciones, hasta oirse por algunos sitios
la palabra perdn.

Entonces apareci por el arco del convento de San Francisco un gran
nmero de frailes en procesin con velas encendidas, llevando en alto un
crucifijo, y los cuales, venciendo la resistencia de los soldados, se
abrieron paso con dificultad y subieron al tablado con priesa,
arrodillndose ante el sastre pidindole con sentidas expresiones que
perdonara  los culpables.

La esposa cay tambin  los pies del marido y entonces se desarroll
una escena por dems original.

Clamaban--dice el manuscrito del conde del Aguila--los alaridos de la
gente porque la mujer era hermosa: cuatro de los religiosos se abrazaron
con el marido sin dejarle menear y ayudados de otros y diciendo 
grandes voces:--_Ya ha perdonado_--echaron abajo  la mujer, que di un
salto por la escalera como una gata, y sin cesar las voces de--_Ya ha
perdonado_--fu notable el alarido y contento de todos, y se la llevaron
en volandas  San Francisco. Cosme, alzando el brazo, lo meneaba muy
depriesa, haciendo seales de que no era verdad, pero seguan las voces
de perdn y echaron en el bullicio del tablado abajo al adltero medio
muerto y lo llevaron tambin  San Francisco, quedando all Cosme
llorando.

El final de la historia fu que Jos Mrquez pas  galeras, que el
sastre cataln perdon algunos das despus  su amable costilla
hacindola que entrara en un convento; pero Manuela Tablante, que era
mujer de empuje, escap del convento y vivi suelta muchos aos en toda
libertad para entregarse  mil amoros en la ciudad, por los que se hizo
famosa.

En verso y prosa se publicaron y circularon profusamente por Sevilla 
raz del suceso multitud de _relaciones_  cual ms curiosas y de las
cuales se conservan algunas de que no he de hacer mencin por lo
dilatado que resultara este apunte y en todas ellas se encuentran
curiosos detalles sobre el nunca visto suceso de Cosme Sevaro.




EL HERMANO DE JUAN DE JESS


Andaba por Sevilla en los comienzos del siglo XVII, un sujeto  quien
todos conocan con el nombre del hermano Juan de Jess Mara, el cual
iba por las calles con hbito de _tercero_  _ermitao_ y con mucha
humildad y constancia peda limosna para las hurfanas.

Como pareca hombre pacfico y su edad era mayor de los cincuenta aos,
entraba y sala fcilmente en muchas casas, siendo no despreciable la
cantidad de maravedises que diariamente reuna, de los cuales daba
pruebas que los empleaba en santos fines su aspecto de pobreza y
humildad de su pelaje.

As anduvo el limosnero de hurfanas durante mucho tiempo y lleg 
hacerse popular en Sevilla, sin que nadie sospechase de l que pudiera
ser otra cosa que un sano varn, temeroso de Dios....

Pero ay! que los que no obran recto, por muy redomados  hipcritas que
sean, al fin y  la postre son descubiertas sus arteras, y esto vino 
pasarle al hermano Juan de Jess Mara,  quien en 1623 la Inquisicin
ech el guante y meti en prisiones, quitndole para siempre de andar
correteando por calles y plazas de limosnero de hurfanas pobres.

Y con razn obraron entonces los de la _vela verde_, porque de
diligencia en diligencia averiguaron del hermanito las siguientes
gracias, las cuales fueron probadas todas con testigos y con los
detalles necesarios.

Juan de Jess Mara haba dicho proposiciones herticas y blasfemias,
en particular que estaba tres veces confirmado en gracia, una por los
pecados mortales, otra por los veniales y otra por las imperfecciones;
dijo que lo bautiz la Santsima Trinidad, y que el Angel de su Guarda
era Nuestra Seora: que no tena necesidad de la intercesin de los
Santos ni de las imgenes que eran aagazas: que Nuestro Seor le haba
concedido un Jubileo como  San Francisco: que todas las personas que le
dieran limosnas para entrar dos hijas monjas no se haban de condenar:
dijo, que mientras ms veces coma y beba se senta ms bien para la
oracin; que con los abrazos comunicaba  las mujeres el Espritu y amor
de Dios, y as las abrazaba y besaba diciendo que de l no se pegaba
nada de la comunicacin de las mujeres, porque estaba en el estado de la
inocencia, y que no tena nada de la carne de Adn, etc., etc.,
probndosele tambin que haca creer  muchos que sacaba almas del
Purgatorio, que haba subido al cielo nada menos y que all lo haban
bautizado; que tena xtasis y que durante mucho tiempo no haban sido
otros sus propsitos que hacerse pasar por ser santo digno de ser
venerado en los altares.

Mal ao fu, con todo esto probado, para el hermano ermitao, el ao de
1624, pues el 30 de Noviembre salio en el auto pblico de f celebrado
en la Plaza de San Francisco con 43 penitenciados ms, siendo condenado
 sufrir cien azotes de los ms enrgicos,  reclusin perptua en un
hospital  convento donde no comulgase sino las Pascuas,  para ganar
algn jubileo en artculo de la muerte.

Los pblicos azotes los sufri el hermano Juan de Jess Mara el 12 de
Diciembre, en que pase las calles de Sevilla, de muy distinta manera
que en otro tiempo lo haba hecho, y todas estas noticias constan en el
antiguo manuscrito que existe en la Biblioteca Colombina de sucesos
sevillanos.




LA MULATA Y LA HECHICERA


Jernima Jacinta era mulata, estaba casada con un sujeto de no muy
buenos antecedentes, y viva en Sanlcar de Barrameda en el primer
tercio del siglo XVII.

El marido de la Jernima,  bien fuera porque se cansase de ella, cosa
que no tiene mucho de extrao,  porque anduviera en pasos no muy
buenos, fu lo cierto que de la noche  la maana se huy de su lado y
procur por cuantos medios pudo, que su cara mulata no volviese  tener
de l ms noticias.

Esto, naturalmente, desesper  la mujer, que deba estar muy prendada
de su hombre, del que no le era fcil pasarse sin su compaa, por cuanto
comenz  hacer muchas y muy activas diligencias sobre el paradero del
desenamorado esposo, y viendo que sus pesquisas no le daban resultado,
consult  varias amigas, las cuales la informaron que para que volviese
al hogar el marido, no tena sino que consultar con una famosa hechicera
que era especialista en tal linaje de asuntos.

Ella se decidi bien pronto, y cuando ya estaba dispuesta  ir al antro
de la bruja, informla otra amiga, que tambin era mulata, que con que
enviase  la maga una trenza de la camisa, ella se la volvera luego
con tal virtud adobada, que, practicando puntualmente lo que le fuese
ordenado, ya estara entrando por las puertas el infiel marido.

Entreg la Jacinta su trenza, con algn dinero que le exigieron, pues no
era cosa de dar la felicidad de balde, y recuper  los pocos das su
trozo de camisa, mandndole  decir la bruja que con que lo quemase 
fuego muy vivo era lo suficiente para que viese cumplidos los vehementes
deseos.

Quemse la trenza, pero en vano esper das y semanas el retorno del
marido, y ya desesperada, fu tanto su odio y la indignacin que contra
la hechicera estall en su pecho que, decidida, sali de Sanlcar y
vnose  Sevilla, donde se present ante el tribunal de la Inquisicin,
denunciando  la bruja con todos sus pelos y seales, y hacindose los
siguientes cargos que constan en el _traslado sacado de la relacin del
auto de f celebrado el Domingo de Cuaresma ltima de Febrero del ao de
1627_, y que no dejan de ser chistosos.

Dijo Jernima Jacinta "que haba visto que la dicha mujer haba echado
suertes tres  cuatro veces con unos granos de cebada, echndolos en un
puchero con agua, contndolos y diciendo: _Saque, machaque, Barceb,
Barrabs, el demonio mayor del infierno_; y que luego tomaba un Christo
poco mayor que la palma de la mano, y tenindole sobre la misma palma,
con un cuchillo haca unas rayas en sus mismos dedos y otras en el suelo
y en la pared, y luego las borraba soplando, y que cuando las haca
rezaba entre s, y que tena un pao todo en que haba un pedazo de
cabello como mostacho de hombre y la dicha mujer le dijo que aquello era
para echar suertes; y que haba comprado un asno prieto por doce ducados
para darlos  los hombres; y que venda cada migaja por ocho reales; y
que cuando echaba las suertes con la cebada, sacaba un papel donde tena
un pedazo de ara consagrada, y que  ella le haba dado un pedazo
diciendo que era buena para traer amigos.

La Inquisicin tom en cuenta la denuncia, y haciendo sus
averiguaciones, ech mano  la mujer de los hechizos con la intencin de
poner coto  sus habilidades.

Pero fu lo gracioso que, de tal manera se las arregl la bruja, que
dej por embustera y falsa  la denunciadora, que no pudo por su mal
probarle nada de lo que contra ella haba denunciado.

Con esto pag  la postre la mulata, pues la obligaron  declararse
calumniadora y sali en el ya citado auto de fe de 1627, en compaa de
otros condenados como la beata Catalina de Jess, el clrigo Juan de
Villalpando, de quienes ya me ocup, el esclavo Domingo Vicente, Luisa
Narvez y otros pjaros de cuenta.

En resumen, la mulata Jacinta fu condenada  _salir con coroza blanca,
 sufrir doscientos azotes y diez aos de destierro_, siendo de suponer
que no le quedaran ganas de consultar con ms brujas, ni de hacer ms
averiguaciones para atraer al fementido esposo.




BARRABS


El veinticuatro de Sevilla, D. Fernando Melgarejo, hombre de alta
posicin y muy conocido de todos fu de aquellos que dejan fama entre
sus contemporneos, bien que sta no era de las envidiables, aunque s
muy sonada.

Era don Fernando marido de doa Luisa Maldonado, seora formal y grave,
pero sin duda, su demasiada gravedad y rigor debieron aburrir al marido,
caso que no es raro, y puso los ojos en una hermosa y alegre sevillana
llamada doa Dorotea Sandoval, unida en el dulce lazo del matrimonio con
un sujeto cuyo nombre calla la historia, y por cierto que es gran
lstima.

Correspondido en sus amorosas pretensiones, Melgarejo, que deba ser de
aquellos  quien inquieta poco el _qu dirn_, contando con el
beneplcito del marido de doa Dorotea, fuese  vivir con la dama
saliendo con rumbo  los gastos de la casa y no poniendo tasa en
muebles, joyas y caprichos.

As dur la cosa mucho tiempo, y al cabo de aos, deseando cortar aquel
escndalo, que en la ciudad era pblico por la calidad del hroe, los
alcaldes del Crimen de la Audiencia intervinieron en el asunto,
desterrando de la ciudad  doa Dorotea, que  poco volvi
tranquilamente  seguir la antigua vida, pues la influencia de Melgarejo
era grande y su carcter pesaba mucho en autoridades y personas.

Tena el seor veinticuatro un natural violento, con facilidad montaba
en clera inusitada, razn por la que era llamado por el vulgo
_Barrabs_: y as se explica que en cierta ocasin, como sorprendiera 
un mozalbete haciendo desde la ventana de una casa frontera seas  doa
Dorotea en punto en que sta tambin estaba al balcn, cogi  su amante
violentamente y all mismo dile una monumental paliza,  la vista del
honrado marido, que mientras zurraban  su esposa le deca con mucha
flema:

--Amiga, cuntas veces te dije que no te asomases  esa ventana; mira
que el seor don Fernando ha de venir  saberlo y ha de costarte muy
caro?--Y dirigindose al iracundo veinticuatro, le repeta:--Seor don
Fernando, prometo  usted que tiene menos culpa Dorotea de lo que le han
 usted encarecido.

A consecuencia de este escndalo y de otros que siguieron, la hermosa
apaleada huy  un convento; pero el marido, haciendo presente que
estaba enferma, la sac de l, volviendo todo al mismo estado, hasta el
16 de Junio de 1627, en que falleci doa Dorotea de Sandoval, con gran
sentimiento de Melgarejo, que di las mayores muestras de dolor.

ste mand decir misas  la difunta en todos los templos de Sevilla,
coste gran funeral, y el 17 de Junio, que fu el entierro, lo presidi
el propio amante, asistiendo al acto los caballeros principales de
Sevilla, apesar de que todos eran tan morales y tan piadosos y devotos.

Poco tiempo despus muri tambin la esposa de Melgarejo, doa Lusa
Maldonado, pero de su entierro, cuando nada dicen las relaciones
antiguas, prueba que debi de no revestir la pompa y solemnidad que el
de la famosa Dorotea.




DESAFOS Y RIAS ENTRE NOBLES


El marqus de la Algaba, noble sevillano que en la primera mitad del
siglo XVII era muy conocido en la ciudad, tuvo un desafo con el
Asistente de la ciudad, el cual desafo fu clebre por circunstancias
diversas, y cuyo motivo fu el siguiente:

En la casa de los jesuitas hubo una gran funcin religiosa  fines de
Agosto de 1628, y para asistir  ella como era propio de su rango, el
marqus de la Algaba mand  los _ignacios_ que le colocaran en lugar
preferente del templo una gran silla con su reclinatorio y almohadas.
Mas hete aqu, que  la dicha funcin ocurrisele asistir tambin al
conde de la Puebla Asistente de la ciudad, y al ver el silln preparado
para otro, mandlo quitar sin ms miramiento, porque entenda que si l,
que era tan alta autoridad, no tena preferencia, no deba permitir que
ningn marqus de la Algaba ni de ninguna parte la tuviera en su
presencia.

Y aqu fu el origen del desafo, porque el marqus mont en clera y
ret al conde, acudiendo los dos rivales  los pocos das  las
inmediaciones de la ermita de San Sebastin, donde se batieron
briosamente, mas cuando era ms empeada la lucha se rompi la espada
del Asistente, parando sus golpes el de la Algaba.

Entonces dice un documento:

Acudieron amigos de ambos, mediaron y termin la contienda. El Regente
de la Real Audiencia los proces, prendi y diles su respectiva casa
por crcel, con centinelas de vista. El ao siguiente (1629) el marqus
de la Algaba se libr, merced al indulto general concedido, en
celebridad del nacimiento del Prncipe Don Baltasar Crlos.

Sobre este desafo se hicieron infinitos comentarios, encontrndose muy
divididas las opiniones sobre la conducta que siguieron los dos
contendientes, no siendo menos las conversaciones  que di margen otro
suceso ocurrido poco tiempo despus y en el que tambin intervinieron
como partes principales personas de noble abolengo.

Del apellido Esquivel existan dos familias principales el siglo XVII, y
para distinguirlas, el vulgo aada  sus apellidos los nombres de los
barrios donde tenan sus casas solariegas, llamando as  unos
_Esquiveles de San Vicente_ y  otros _Esquiveles de San Pedro_. Estos
ltimos eran varios caballeros, los cuales encontrronse en la maana
del 16 de Septiembre del citado ao del de 1629 con un individuo,
tambin de calidad, y con el cual haban tenido en diversas ocasiones
disputas y rivalidades.

El encuentro fu, ciertamente, desgraciado, pues apenas se vieron los
rivales, enzarzronse de palabras, tirando de las espadas, y, con gran
clera, se arremetieron briosamente; mas como quiera que los Esquiveles
eran varios, y en auxilio de ellos vinieran algunos criados, vise el
caballero, que estaba solo, obligado  huir, arrojando el acero.

Persiguironle los otros, y viendo en su huda el apurado sujeto abierta
la puerta de la iglesia de San Pedro, penetr en ella en el momento en
que un cura deca misa, arrojndose  sus pies todo afligido y lleno de
terror pnico.

Pero los perseguidores no se detuvieron y tambin entraron
atropelladamente en el templo con las espadas desnudas, y hasta el pie
del altar persiguieron al enemigo sin consideraciones ni respetos
algunos, diciendo el antiguo manuscrito de efemrides sevillanas, donde
se cuenta el suceso, que el sacerdote se quit la casulla y echsela
encima al caballero; y apesar de esta prevencin, sus contrarios le
dieron de estocadas, pasando la casulla, y lo mataron. Antes de morir
tuvo tiempo de confesar, y perdon  los agresores, que salieron
precipitadamente de la iglesia, uno de ellos mal herido.

Este asesinato, que conmovi  toda la ciudad por las circunstancias que
le rodearon y las personas que en l intervinieron, no pudo ser
castigado por la justicia, pues los autores materiales del hecho
desaparecieron, tal vez protegidos por los instigadores, si bien se dijo
que todos, pobres y fugitivos, no tardaron en tener un desagradable
fin.




EL PRIOR DE LAS CUEVAS


El prior del monasterio de frailes cartujos de Santa Mara de las
Cuevas, en 1630, era un varn respetable, no slo por su mucha ciencia
sino por sus virtudes, que al decir de todos, las posea en alto grado,
tanto ms dignas de encarecer si se tiene en cuenta que ya en el siglo
XVII no rega en aquella casa toda la rigurosa observancia de las
estrechas reglas de la orden, como lo fueron en los primeros tiempos que
siguieron  su fundacin.

Este prior tena muy estrecha conciencia y se andaba con gran tiento y
pulso en lo del examinar detenidamente  los monjes, siendo en extremo
celoso  inflexible cuando de sus condiciones morales y conducta se
trataba.

Por esto, algo debi observar que no fuera de su agrado ni le pareciera
conveniente, cuando se neg  dar licencia para rdenes,  un monje
llamado don Pedro Pavn, el cual de contnuo demostraba cuntos y
grandes eran los deseos que de verse con tales licencias tena.

Y como quiera que Pavn fuese hombre de carcter violento, y en la
negativa de su prior viese, ofuscadamente tal vez, algo de personal
enemiga, exaltse hasta tal punto, que la maana del 19 de Diciembre
levantse de tan mal talante y con tan negras intenciones, que sin ms
ni ms se fu derecho  la celda del prior, donde ste se hallaba
tranquilamente, acompaado de un lego que le serva.

Entr Pavn resueltamente, y casi sin hablar palabra, se precipit sobre
el prior, y armado de un pual lo hundi varias veces en el pecho de su
vctima, que cay en tierra sin poder defenderse. Rpido, y presa de
insana y criminal furia, Pedro Pavn acometi enseguida al lego, que
huy despavorido, sin que lograra, apesar de su diligencia, librarse de
una terrible pualada que le atraves la garganta.

A los gritos de los heridos acudieron los frailes, quienes despus de
muchos esfuerzos, consiguieron sujetar al criminal mientras otros
recogan los ensangrentados cuerpos.

Diez y siete das despus de aquel suceso (28 de Diciembre), expir el
prior, y como el crimen haba sido conocido en toda Sevilla, produciendo
la mayor sensacin, fu inmenso el concurso que acudi al monasterio de
la Cartuja y  ver el funeral y entierro, al que tambin asisti el
Asistente, vizconde de la Corzana, y los caballeros veinticuatros, con
otras muchas personas graves y de alta significacin en la ciudad.

Y escribe don Diego Ignacio de Gngora, que al cadver del prior le
pusieron corona de mrtir y que el lego muri el da 30 sin que para
l hubiese lo de la corona, aunque en verdad tambin la mereca.

En cuanto al criminal, aunque lo sentenciaron  ser entregado al brazo
secular para quitarle la vida, se prob que estaba loco, y lo encerraron
en el convento de San Juan, en donde se dice que muri por los aos de
1678.

Para que este succeso fuese todava ms digno de llamar la atencin,
vino  unirse  l lo extraordinario del siguiente cuento que consigna
cndidamente Gngora.

En el convento de Miraflores, un cartujo virtuoso, que conoca al Prior
de Sevilla (sin saber lo que ac haba pasado) vo que Santa Justa y
Rufina (!) presentaron en el cielo al Prior de Sevilla con una guirnalda
de flores y una rica capa carmes, en los brazos de Nuestra Seora. As
se ve pintado en una lmina en la hospedera alta del convento, y el
entierro en la baja.

Todo esto aument, como es consiguiente, la fama del asesinato del Prior
de las Cuevas, suceso que entretuvo por largo tiempo  las gentes, y que
bien merece consignarse, para saber como la gastaban algunos hombres del
siglo XVII, cuando los contrariaban sus superiores.




LA MONJA ALFREZ


Bien conocida es la historia de la originalsima mujer doa Catalina de
Erauso, monja en San Sebastin, que mal avenida con su sexo, se fug del
convento en 1607,  la edad de quince aos, y disfrazada de hombre,
march  Indias, donde sigui por mucho tiempo una vida llena de lances
y aventuras, que no es del caso recordar, sentando despus plaza en el
ejrcito, donde por su valiente comportamiento y los muchos hechos de
armas en que tom parte, logr el grado de alfrez. Y sabido es tambin,
cmo fu all descubierto su sexo y vuelta  Espaa en 1624, donde la
fama de sus hechos y extraa historia, se divulg bien pronto, llamando
la atencin de todos, alcanzando tanto renombre, que en 1625, el rey
Felipe IV le mand dar 800 escudos en premio de su valor y el ttulo de
alfrez, y el papa Urbano VIII le concedi especial permiso para que
durante su vida usase, como hasta all lo haba hecho, el traje
masculino.

Esta singular mujer estuvo en Sevilla en 1630, cuando su nombre era
conocidsimo en toda la pennsula, y aqu permaneci breve tiempo,
disponindose para embarcar de nuevo  Amrica, siendo aqul su ltimo
viaje, pues la _monja alfrez_ desapareci en 1635, sin que se volviese
ms  saber de ella.

En Junio del citado ao de 1635 doa Catalina de Erauso vestida con su
traje militar, pase las calles de la capital de Andaluca, excitando la
curiosidad de todo el pueblo, y siendo recibida en las casas ms
principales, donde suspenda  cuantos la escuchaban con el relato de
sus novelescas aventuras.

El da 4 de Julio fu  la Catedral sevillana la _monja alfrez_, donde
oy misa, y cuenta un testigo que,  su entrada y salida del templo, la
rode la gente curiosa, que la sigui por las calles hasta su posada.

Viva entonces en Sevilla el celebre pintor Francisco Pacheco, y este
artista, excitada su curiosidad por aquella mujer singular, la llam 
su estudio y le hizo un notable retrato al leo, retrato del cual da las
siguientes noticias don Jos Mara Asensio.

Pacheco aprovech su permanencia en Sevilla (la de la monja alfrez)
para hacer su retrato, cuyo original, vendido, segn parece, por un
comisario de guerra sevillano al coronel B. Shepeler, encargado de
negocios de Prusia en Madrid, vino  parar  poder de don Jos Mara
Ferrer, quien lo public en la historia de aquella mujer extraordinaria
en la edicin que se hizo en Pars en 1829.

El capitn Miguel de Chazarreta, que iba de general de la flota de
Indias en 1630, se dispuso  llevar con sus tropas,  la _monja
alfrez_, y segn el testimonio del contador Manuel Fernndez Pardo,
oficial mayor que era entonces de la Contadura de la Casa Contratacin
de Sevilla, en los libros de dicha Contadura se sent la cdula del rey
y el pasaje de la famosa guipuzcoana con el ttulo de _el alfrez doa
Catalina de Erauso_.

Un antiguo escritor de curiosidades sevillanas, el ya nombrado don Diego
Ignacio de Gngora, da noticias de la estancia en Sevilla de doa
Catalina, y escribe en este punto las siguientes lneas:

Yo habl con el P. Fray Nicols de Rentera, religioso capuchino, que
muri portero en el convento de religiosos capuchinos de Sevilla, hombre
ya muy anciano, que, siendo mozo y seglar, haba estado en las Indias,
en la provincia de Nueva Espaa, el cual me dijo que haba conocido  la
_monja alfrez_ en Veracruz, donde tena una recua de mulos para llevar
las ropas y mercaderas que traan la flota  Mjico y tierra adentro y
bajar la planta que embarcaban los galeones, y que haba realizado mucho
caudal en este gnero de trfico y ocupacin.

Parti la _monja alfrez_ de nuestra ciudad en el verano del mismo ao
de 1630 con la gente del capitn Chazarreta, dejando por largo tiempo
recuerdo de su estancia en Sevilla y recuerdos en la memoria de todos de
su porte y traza, y que describe as uno de sus bigrafos:

Era Catalina demasiado alta como mujer, aunque no tena la estatura ni
la presencia de un arrogante mozo. De cara no era fea ni bonita. Eran
negros, brillantes y muy abiertos sus ojos y las fatigas ms que los
aos alteraron pronto sus facciones. Llevaba los cabellos cortos como
los hombres, y perfumados, segn la moda. Vesta  la espaola. Posea
aire marcial, llevaba bien la espada y su paso era ligero y elegante.
Slo sus manos tenan algo de femeninas, en las palmas ms que en los
contornos, y su labio superior estaba cubierto de negro y ligero bozo,
que, sin ser verdadero bigote, daba un aspecto viril  su fisonoma.

Tal era, fsicamente, aquella monja sin par, y tales las curiosas
noticias que existen de su estancia en Sevilla, donde tanto llam la
atencin de las gentes.




LA LTIMA HAZAA DE UN VALENTN


Juan Morn era mozo de chapa, valentn de oficio, aficionado  lo ajeno
y hombre que haba en su larga _carrera_ cometido tantas tropelas, que
al cabo y al fin vino  dar en que la justicia le condenase  la pena de
horca, como remate  sus numerosos delitos.

Al efecto, el da 6 de Septiembre de 1633, reunironse en la Audiencia
los alcaldes de Sala, y con todas las ceremonias comenzaron la relacin
de la causa del nclito Morn, que muy contrito y arrepentido, al
parecer, escuchaba la relacin de la cuenta interminable de sus
crmenes.

Mas de pronto, acordndose el valentn de lo que haba sido, y
encendindose su sangre toda ante la idea de que iba  morir sin honra
ni provecho, tuvo un arrebato vehementsimo, y sacando un cuchillo que
oculto llevaba, fu su primera accin acometer al alcaide de la crcel,
Antonio Brito, que estaba ms prximo, hirindole de una terrible
pualada que lo derrib, y al punto, sin perder instante, cogi una
espada  otro sujeto, y armado de ella subi las gradas del estrado con
intencin de asesinar  sus severos jueces.

En la sala se produjo una confusin espantosa: todos gritaban, todos
estaban en movimiento, y los seores alcaldes, que se vieron venir sobre
ellos  Juan Morn, saltaron de sus sillones y detrs de los asientos
muy agazapados procuraron esconderse llenos de terror, pues todos se
vean ya atravesados por el acero del bravo.

As lo hubiese ejecutado el valentn si no da la casualidad que, ya en
el estrado, tropezase y cayese, en cuyo punto se arrojaron sobre l
alguaciles, mozos y pblico y le hirieron ferozmente.

Media hora despus estaba la horca levantada en la Plaza de San
Francisco y  ella fu arrastrado Juan,  quien haban cargado de
cadenas.

Despus de ejecutado el valentn se le cort una mano, que se clav en
la puerta de la Crcel real, siendo este el desgraciado fin de la vida
de Juan Morn, de cuyos hechos he visto ms de una antigua relacin
impresa.




LA HERMOSA POSADERA


En la calle de Harinas exista una posada de las ms acreditadas de la
ciudad y de la que era dueo un matrimonio que tena cierto capital,
pacficamente adquirido en el ejercicio de su comercio.

La esposa era, segn las memorias, mujer muy hermosa, y  lo que parece,
deba de estar prendada de su marido, y ser,  ms, honesta y muy
cumplidora de sus deberes.

En el ao de 1633, un caballero navarro y de posicin, que vino 
Sevilla  particulares asuntos, hospedse en la posada de la calle de
Harinas, y como quiera que el tal fuese joven y de sangre inquieta,
comenz  requebrar  la mujer del posadero, con tanta insistencia y tan
arriscado, que la mujer lleg  alarmarse, vindose precisada  tomar
algunas medidas para defenderse del peligro que la amenazaba.

Don Bernardo de Beamonte, que as se llamaba el caballero, era, como
buen navarro, testarudo, y la negativa de sus pretensiones amorosas le
empe ms y ms en ellas, dndose el caso de que la posadera, para
evitar encuentros y asechanzas, adoptase, como prudente medida, la de
irse por algunos das  vivir con ciertos lejanos parientes.

Entonces don Bernardo, que no deba ya estar muy en su juicio, dedicse
 buscarla por toda la ciudad, y as anduvo el hombre varios das
bebiendo los vientos, sin resultado alguno. Mas hte aqu que el Sbado
Santo, al pasar el enamorado por las gradas de la Catedral, vi salir de
la Baslica  la hermosa posadera, que acababa de oir la misa mayor, y
lo mismo fu verla se dirigi como un rayo  la mujer, que, asustada de
la actitud de don Bernardo, volvi  entrar en la iglesia, temiendo
algn desastre.

Y no fueron,  la verdad, infundados sus temores, pues el caballero
acercse  ella, volviendo  reiterar sus pretensiones con violenta y
turbada actitud, causndole tal explosin de enojo y clera el verse,
como en otras tantas ocasiones, rechazado, que all mismo tir de la
daga y con ella se avanz  la mujer, hirindola gravemente en el
hermoso rostro, causa de sus desazones y de sus inquietudes.

El escndalo que  la puerta del templo se produjo fu enorme, y
aprovechando entonces la confusin de los primeros momentos, don
Bernardo huy entre la gente, llegando  buscar asilo al convento del
Carmen, que era el recurso entonces de los que cometan un delito.

All qued oculto el navarro por unos das, sin que la justicia supiera
su paradero, ni tampoco lo conociese el marido de la posadera, que tena
gran empeo en dar con el que tanto propsito haba demostrado en
deshonrarle.

Pero de all  poco el esposo, fu ms afortunado que los golillas, y
habiendo sabido el lugar donde don Bernardo de Beamonte se ocultaba, el
da 28 de Marzo de 1633, fuse muy disimuladamente al convento, y
habiendo conseguido llegar hasta la celda que serva de prisin al
caballero, lo encontr descansando muy descuidado, y sin andarse con ms
palabras, le asesin con un cuchillo.

Preso el matador, fu juzgado inmediatamente, pero tales fueron las
circunstancias que en el hecho concurran, que la justicia, el da 18 de
Abril, lo puso en libertad bajo fianza, segn consta en las _Memorias_
sevillanas de donde tomo la noticia de este suceso.

Lo que no dicen las _Memorias_ es si el rostro de la mujer qued muy
desfigurado con las cicatrices de las heridas que le caus su acalorado
pretendiente,  quien tan caro cost el prendarse de posadera honesta.




ESPEJO DE ESCRIBANOS


No hacen memoria alguna los historiadores, de un escribano del crimen de
la real Audiencia, que vivi en Sevilla hace tres siglos, y por cierto
que es gran lstima, y es imperdonable olvido, pues el tal qued como
hombre famoso y di mucho que hablar en la ciudad y meti en ella rudo,
teniendo que intervenir en sus asuntos el mismo rey Felipe IV y todo el
Concejo, como ver el que siga leyendo.

Don Roque Simn era el nombre del escribano, y aunque en un principio
tena escasa fortuna, tom un Oficio, y apenas se vi con l, supo darse
tales trazas, emple tales manejos y se meti con gente de tal calaa,
que lleg pronto  revestirse por s de una autoridad con la cual llev
 cabo los ms desatinados desmanes.

Claro que en principio tuvo por protectores  los alcaldes que le
ayudaron, pero andando el tiempo, y dicho sea de verdad, lleg el
escribano  imponerse de modo, que seores muy graves de la Audiencia le
tenan miedo y dejbanle por esto hacer cuanto le viniese en mientes,
que no era poco.

El buen don Roque era toda una hormiguita aprovechada, y as no fu
extrao que con gran asombro de muchos le vieran en poco tiempo dueo
de fincas, con criados, caballos y lleno de grandes comodidades.

Verdad es que para tenerlas, no reparaba en escrpulos, y as se las
manejaba de manera harto donosa, siendo protector de rufianes y
valentones,  quienes sacaba el dinero por tenerlos al amparo de la
justicia, teniendo de su particular predileccin  Juan de Barrio,
rufin clebre en Sevilla por sus tropelas, y  otros no menos
conocidos como Francisco de Espino, Francisco Bautista, Medrano y
Escamilla, siendo tambin muy sealada su proteccin  la _Garrida_ y 
Mara Prez, dos mozas de chapa, regatonas de pescado en la Costanilla.

Con otros vendedores de pescado y con los de diversos artculos, cometa
el escribano no pocos atropellos y hacales, con amenazas, que le dieran
lo mejor que haba en el mercado, como cualquier municipal de nuestros
das, y cierto viernes de Cuaresma, como no haba un pescado que quera,
la emprendi  golpes con un vendedor,  quien encima mand  la crcel.

Aceptada como medida de mayor aprovechamiento, andaba tambin el
escribano con los del contrabando y tena con la mayor desvergenza, una
fala para introducir gneros en la ciudad, siendo no pocos los abusos y
desmanes que llevaba  cabo con otro compinche en el ro, donde  ms
impuso su autoridad  los pescadores de Triana.

Y para que se vea cmo las gastaba Roque Simn, copiar del manuscrito
de la _Informacin_, estos dos casos:

El verano pasado, porque el nevero que venda en la Alameda no le
guard nieve, fu  su casa y lo injuri con muy malas palabras y lo
hizo, por su autoridad, llevndolo  la crcel de la audiencia, donde lo
tuvo tres das, hacindole muchas molestias, de que hubo muy grande
nota....

En la Pascua Florida, que agora pas, porque un hombre que te trujo
unos jamones pidi dos reales por la trada, embisti con l y le di de
bofetadas  mano abierta y de empellones y coces en el Oficio de Mateo
de Sisa.

Esto de abofetear  los que le pareca, era procedimiento que usaba con
frecuencia el famoso escribano del crimen, y as, en cierta ocasin la
emprendi  bofetones con un sastre en su mismo despacho; en otra con un
sillero de calle Colcheros, y con los vendedores ambulantes de la
Costanilla y el Salvador lo haca con frecuencia, llegando en sus
valentas  hechos como ste, que da grfica idea de lo que era el mozo,
y que para l no exista el respeto y consideracin al sexo dbil.

Iten que por maltratar  algunas personas con quien tiene enemistad, se
acompaa con los alguaciles, que rondan, tomando la administracin de la
justicia por color para sus intereses, como lo hizo con _doa Gernima
de Ledesma_, que tiene casa de posada en la calle de Bayona, y rondando
con Lorenzo Lpez, alguacil de la Justicia, fu  su casa y la deshonr
de muy feas y afrentosas palabras, dndole muchos golpes y empellones, y
lo mismo hizo en otra ocasin con _doa Francisca de Villalobos_,
llamndola de... hacindola presa en la crcel, en que hay mucha nota.

En fin, para que nada le faltase  Roque Simn, tambin le daba por las
faldas y andaba siempre enzarzado en amoros y enredos femeninos, como
as se hizo constar en su informacin, diciendo que ha muchos aos que
est amancebado y en pecado pblico, con mucha nota y escndalo, primero
con _doa Ana Tabique_,  quien ampara, y despus de ella con _doa F.
de Ledesma, y siendo casado, come y duerme con ella_, y da mala vida 
su mujer muy pblicamente, y por _celos de un clrigo_ lo hizo prender y
tuvo mano para que, siendo ordenado, lo llevasen con los de la leva.

Siguiendo su acostumbrado procedimiento, Roque Simn insult y prendi
sin motivo alguno, en 8 de Octubre de 1636,  un panadero del Salvador,
llamado Lope Gordillo; pero aquel atropello no le sali tan bien como
todos, pues sabindolo el teniente mayor del Asistente, que tena deseos
de poner ya coto al escribano, hizo prender  Roque, llegando  tanto la
osada de amigos y compinches que la sala de alcaldes se llev la causa.

Entonces la ciudad recurri al rey, que, enterado del caso, envi en 20
de Noviembre de 1636 una provisin al regente de la Audiencia de
Sevilla, que lo era don Paulo de Arias Temprado, mandndole que abriese
inmediatamente escrupulosa _informacin_ sobre la vida y milagros del
famoso Roque y que se remitiera al Concejo.

A esta _Informacin_, que se comenz inmediatamente, pertenecen los
prrafos que ms arriba dejo copiados, siendo gran lstima que, as como
se conserva en el Archivo Municipal (_Papeles importantes_: Tomo 3) el
documento, no le acompaen las ltimas noticias de las penas que se
impusieron  Roque Simn.

Verdad que bien pudiera haber ocurrido que, _por su buena mano_, quedase
sin castigo  con castigo leve, que tal ocurra  veces con la justicia
de antao.




EL PORTUGUS PEREA


Cuando ya parecan extinguidos en Sevilla los protestantes, que tanto
dieron que hacer  la Inquisicin y  las justicias en el siglo XVI,
alzronse en los comienzos del siguiente rumores de que los reformadores
intentaban de nuevo promover inquietudes, y ante el temor de que se
volviera  los das del doctor Constantino de la Fuente, de Cipriano
Valera y de Egidio, los seores del Santo Oficio abrieron el ojo y
comenzaron una persecucin activsima contra cuantos pudieran, aun de
muy lejos, resultarles sospechosos de hereja luterana.

Por este tiempo, que no era  la verdad el ms apropsito, vino  la
capital de Andaluca huyendo de su patria nativa un portugus, de
apellido Perea, hombre listo, y cuyas ideas en materias religiosas no
dejaban de ser harto sospechosas.

Perea tena mucho de aventurero y no poco de valentn, y as fu que no
tard en ponerse en contacto con gente de baja ralea, y bien fuera por
convicciones, bien por buscar con aquello medios de ir viviendo,
dedicse, embozada y ocultamente,  hacer propaganda de luteranismo en
terreno que, ciertamente, no estaba preparado para que la semilla
fructificase, como antes haba sucedido.

Reuni Perea algunos adeptos, gente de poca monta, pero no tardaron en
llegar  odos de la Inquisicin los manejos del portugus, y en los
comienzos de 1636 decidieron apoderarse de su persona.

Al efecto, una noche presentronse los inquisidores en su casa, donde le
sorprendieron en una de las habitaciones de ella, sin que Perea hiciese
resistencia alguna; antes al contrario, con muy prudente actitud y
mesurado tono, hizo presente  los esbirros del tribunal que estaba 
disposicin de ellos, rogndoles, sin embargo, que aguardasen algunos
instantes, pues tena urgencia de evacuar una imperiosa necesidad en que
nadie poda sustituirle.

Asintieron ellos, y Perea entr en otra estancia inmediata  la que se
encontraba, cerrando pudorosamente la puerta de ella.

Pasaron algunos minutos y hasta un cuarto de hora, y viendo los de _la
vela verde_ que se dilataba la ausencia, y que no contestaba  las voces
que le dieron, penetraron en la habitacin, viendo con sorpresa que el
pjaro haba volado por una ventana que se hallaba abierta y la cual
daba  un callejn excusado y tortuoso.

Salieron los inquisidores chasqueados y furiosos de la casa del
portugus, sin que fuera posible dar ms con su persona, apesar de las
activas diligencias que se llevaron  cabo, y de los varios medios que
se pusieron en prctica.

El 23 de Agosto de 1637, celebr la Inquisicin auto de fe en San
Marcos, y en l se ley la causa de Perea, el cual, averiguadas todas
sus heregas, era condenado  ser quemado vivo.

Pero como el portugus no se hallaba  mano, los inquisidores tuvieron
que contentarse con quemar una estatua de cartn y paja, que lo
representaba con toda propiedad, y Gngora dice, haciendo mencin de
este suceso: Spose ms tarde que (Perea) estaba en Holanda y por eso
se quem su estatua entre otras.

Y esta fu de las pocas veces que con ingenio pudo un reo burlar al
odioso tribunal, estando ya casi cogido en sus garras.




EL MARQUS DE BUENAVISTA


El marqus de Buenavista muri de manera violenta el ao 1638, y las
causas de esta desgracia, que fueron en verdad curiosas, bien merecen
ser consignadas.

Hallbase la maana del 21 de Diciembre del citado ao, en el edificio
de la Aduana, don Martn de Medina, marqus de Buenavista, presenciando
las ventas que all se hacan, cuando, por motivo de un negocio que
estaba haciendo un sujeto llamado Francisco Gins, enzarzse con l de
palabras, que bien pronto subieron de punto, pues el tal marqus era, y
esto le vena de familia, colrico y nada prudente.

Como quiera que interviniesen algunas personas en la disputa, stas
llevronse al seor marqus, mal de su grado, y la cosa qued por
entonces all, si bien no haba de tardar en llegar  un funesto
extremo.

Algunas horas despus de la disputa, ocurrisele  Francisco Gins,
acompaado de un sirviente, pasar por casa del de Buenavista en ocasin
en que ste estaba  la puerta, y lo mismo fu verlo el seor, comenz 
insultarlo con las mismas descompuestas palabras y aun otras de ms
grueso calibre, que hicieron fijar la atencin de los transeuntes y
personas que por all  la sazn discurran.

Escuchaba Gins todo aquel chaparrn de insultos con cierta resignacin,
limitndose  contestar alguna vez al marquesito, aconsejndole la
calma, cosa que tambin el criado haca, lo cual tom el joven caballero
 poquedad y achicamiento de nimo, por lo que, exaltndose ms y ms,
lleg  levantar su espada con intencin de descargarla sobre el
prudente Gins, lo cual ya acab con la medida de su paciencia, y
colmada con creces, se retir  su domicilio, que no estaba muy lejos
del de su seora; pero al llegar  este punto dejar la palabra  un
historiador, que dice:

El Francisco Gins entr en su casa y trajo su espada, y embisti con
el marqus de Buenavista, y apartndolos los que se hallaron all, el
criado le di una herida mortal, de la cual muri dentro de dos das 
tres; y los agresores escaparon; y andando el tiempo, dentro de un ao
se libr el Gins y el criado se desapareci.

Y el mismo curioso autor contemporneo de estos sucesos, aade, despus
de haber dicho que el padre del marqus habale afeado  su hijo la
primera disputa en la Aduana, aquella tarde del da 21 de Diciembre de
1638:

Los parientes del difunto, que son muchos y muy calificados, conocieron
la razn, y que su propia presuncin y soberbia le quit la vida al don
Martn de Medina, marqus de Buenavista, si ya no discurrimos que el no
haber querido desistir, habindose interpuesto el padre, y reprenddole
dicindole que estaba muy soberbio y vano, le ocasion la muerte, como
suceder con los que no obedecen  sus padres.




UN INQUISIDOR HUMILLADO


Era inquisidor mayor de Sevilla en 1638 el seor don Jos Ortiz de
Sotomayor, personaje campanudo, de gran coranvobis, soberbio como l
slo y tan posedo de su persona y cargo, que se haca servir como un
reyezuelo desptico y arbitrario.

Este seorn andaba algo picado con el Cabildo Catedral por diversas
causas, y deseando hacer ostensin de lo que vala y de cunto era su
poder, el da 14 de Agosto del citado ao, en el cual celebrbase en la
Baslica sevillana una gran fiesta por cierta bula que haba concedido
el Papa, y el templo estaba lleno de autoridades, de personajes y de
muchos fieles y _fielas_, presentse el inquisidor  manera de
principote indio, rodeado de criados y seguido de un paje que le llevaba
la falda del traje talar.

Esto de la falda alzada no era permitido ms que al arzobispo, por lo
cual, cuando los cannigos que estaban en el Coro supieron la forma en
que el inquisidor llegaba  la puerta del templo, mandaron  decirle con
urgencia, que si quera entrar en la Catedral se dejase de que le
llevaran la cola.

Cuando esto supo el seor Ortiz de Sotomayor, psose colrico y envi
recado  los cannigos diciendo que con falda alzada haba de entrar y
que no haba ms que aguantarlo, dando esto motivo  diversos recados y
dimes y diretes que casi interrumpieron toda la gravedad de la
solemnidad religiosa y di bastante que murmurar al concurso, terminando
el incidente, por entonces, con que el hinchado inquisidor entrase en el
templo y saliese de l muy orondo y ufano, seguido del pajecito que le
llevaba la discutida falda.

Alborotse el cabildo eclesistico, y no queriendo que le pusiesen el
pie delante en cuestin de tanta trascendencia, envi  Madrid un
cannigo para que trajese resolucin de los altos poderes para saber 
qu ajustarse en adelante.

Y fu lo bueno que la tal resolucin vino contraria al inquisidor, pues
se deca en ella que cuando fuese  la iglesia con el tribunal podra
llevar la cola alzada, bajndola al llegar  la capilla mayor, pero que
nunca se permitiese ni esto cuando fuese solo.

La rabia del seor don Jos, al conocer la nueva, fu terrible, pero no
tuvo otro medio por entonces que acatar lo mandado, terminando as esta
cuestin de faldas.... eclesisticas.




LAS TAPADAS


Costumbre muy arraigada era en las mujeres espaolas en los siglos XVI y
XVII salir  la calle cubiertas con mantos, y de las ms afectas  ese
uso lo fueron las damas de Andaluca, y particularmente las sevillanas,
que en esto de ir tapados los rostros como en otros varios hbitos que
tenan, veanse claros los restos de costumbres mahometanas de lejanos
das que no haban podido desechar, dado que aunque ellas no quisieran,
algo de sangre moruna por sus venas corra.

Era el manto en las mujeres de Sevilla, prenda de gran estima 
imprescindible en multitud de ocasiones, aun para las de ms elevada
posicin, como dice el bachiller Lus de Peraza, que en el siglo XVI
escriba: Las ms ricas usan trajes de _mantos_ de pao fino y largos,
y de raso, y de tafetn y de sarga.... y en los comienzos de la
centuria siguiente apuntaba Alonso de Morgado en la _Historia_ de
nuestra poblacin: Usan (las sevillanas) vestidos muy redondos, se
precian de andar muy derechas y menudo el paso, y as las hace el buen
donaire y gallarda por todo el reino, en especial por la gracia con que
lozanean y _se tapan los rostros con los mantos y miran de un ojo_ y en
especial se precian de muy olorosas, etctera, etctera.

Prenda muy apropsito era el tupido manto para las aventuras y
galanteros, que como dijo el poeta

      siempre el manto fu en Espaa
    tapa enredijos de amor....

y con harta frecuencia los autores de aquellos tiempos se lamentaban de
los lances  que el uso de tal prenda daba lugar y en los cuales haba
con frecuencia tajos y cuchilladas de galanes rivales  de burlados
esposos y amantes.

Fundndose, pues, en graves razones que se tuvieron muy en cuenta, las
Cortes celebradas en 1586 prohibieron que las mujeres fuesen tapadas
_por los inconvenientes que de esto resultaba_ mas como quiera que tal
prohibicin poco  nada lleg  cumplirse, Felipe II di una
_pragmtica_ en igual sentido en 1594 y Felipe III otra en 1614, que
dicho sea de paso y aunque contrariara  los monarcas y  sus justicias,
no consiguieron desterrar el uso del manto, ni mucho menos, de los
dominios espaoles.

En Sevilla, por ejemplo, fueron en vano las amonestaciones de los
Asistentes de la ciudad y las predicaciones de no pocos frailes, que
tomando muy  pecho esto de que las damas no lucieran sus lindos rostros
por calles y plazas, llamaron al manto _arma de Satans_, _cubierta del
pecado_, etc., amenazando con el enojo de la divinidad y hasta con las
eternas penas de los profundos infiernos.

As las cosas subi al trono el rey Felipe IV y aunque ya se sabe que
este monarca fu muy dado  aventuras y que su reinado es el de las
comedias de _tapadas_ y _embozados_, tantas fueron las quejas que
recibi y tantas las representaciones que los cabildos de algunas
ciudades le hicieron, que el 12 de Abril de 1639 di una pragmtica con
toda la fuerza de ley votada en Cortes, la cual era de no poco rigor y
llevaba el propsito de conseguir de una vez por medio del temor  las
penas, la completa desaparicin de prenda tan cara para el sexo bello
como lo era el manto.

As, en la dicha pragmtica se leen prrafos como el siguiente, que 
ttulo de curiosidad reproduzco y que dice as:

....Mandamos que en estos reinos y seoros todas las mujeres, de
_cualquier_ estado y calidad que sean, anden descubiertos los rostros,
de manera que puedan ser vistas y conocidas, sin que en ninguna manera
puedan _tapar el rostro en todo ni en parte con mantos_, ni otra cosa, y
acerca de lo susodicho, se guarden, cumplan y ejecuten las dichas
pragmticas y leyes con las penas en ellas contenidas y dems de los
_tres mil_ maraveds que por ellas se imponen en la _primera_ vez caigan
 incurran en _perdimiento del manto_, y de _diez mil_ maraveds
aplicados por tercias partes, y por la _segunda_ los dichos _diez mil_
maraveds sean _veinte_ y se pueda poner pena de destierro, segn la
calidad y estado de la mujer. Y por lo que contiene la infalible
ejecucin y observancia de todo lo suso, mandamos que donde no hubiese
denunciador se proceda de oficio, y que ningn consejo, ni otros
tribunales, juez, ni justicia de estos reinos, puedan moderar la dicha
pena ni dejarla de ejecutar, y si lo contrario hiciesen se les har
cargo de ello  las visitas y residencias y se les impondrn las mismas
penas que por esta ley se imponen....

El 26 del mencionado mes de Abril la pragmtica se public en Sevilla
por los puntos de costumbre y con las formalidades de ordenanza. Y para
mayor circulacin, y que llegase  conocimiento de todos, se imprimi
con real privilegio en el mismo ao de 1639 en casa de Francisco de
Lyra, con este ttulo:

--_Premtica en que su magestad manda que ninguna mujer ande tapada,
sino descubierto el rostro, de manera que pueda ser vista y conocida, so
las penas en ella contenidas y de las dems que tratan de lo
susodicho.... Impreso en Sevilla, etc., etc._

Grande disgusto tuvieron las damas hispalenses al conocer el documento,
habiendo muchas  quienes no les asust ni lo de la multa de los veinte
mil maraveds, ni lo de la prdida del manto, y se presentaron envueltas
en l por las calles, en las iglesias y en los corrales de _La Montera_
y en el _Coliseo_.

De aqu surgieron no pocos lances, y aunque algunas mujeres alegaban,
para excusarse de cumplir la pragmtica, los privilegios  fueros que
gozaban su padre y marido, viendo que tampoco este recurso les daba
resultado, y que las gentes de la justicia no andaban tardas en las
denuncias, en ms de una ocasin excitaban  sus deudos y allegados para
que buscaren medios  influencias con que dejar de cumplir lo ordenado
por el rey.

Pero durante algn tiempo nada pudieron conseguir las sevillanas en
favor de su prenda tan estimada, dndose el caso de que no pocas se
excusaban de salir con la frecuencia que antes lo hacan, por no hacerlo
en cuerpo y con el rostro descubierto, ocurriendo tambin que  algunos
comerciantes les quitasen las prendas que vendan, como ocurri en 20 de
Agosto de 1639, en que, al decir de Gngora, el teniente mayor Pedro de
Soria mand quemar en una tienda unos guarda-infantes, con gran gusto de
los muchachos.

Pero campaa que la mujer emprende tarde  temprano la gana, y as
sucedi entonces, que  cabo de algn tiempo la pragmtica qued sin
cumplimiento y volvieron  verse por las tortuosas calles de Sevilla y 
todas horas, lo mismo que antes, las misteriosas tapadas, cebo de
galanes, y que eran nota tan caracterstica en la Espaa de aquellos
tiempos.




EL MAESTRO VILCHES


El caso ocurrido con el padre, maestro Vilches, del convento de Nuestra
Seora de la Merced calzada, es digno de ser recordado, porque, en
verdad, tiene inters y curiosidad.

Hombre muy docto en sagrada teologa, versado en letras, de austero
carcter y puras costumbres, era el reverendo Vilches, por todo lo cual
estaba en el mejor concepto, no slo entre la respetable comunidad, sino
tambin entre cuantos lo conocan y frecuentaban su trato.

Por esto  todos indign el saber en 1637, que  persona tan respetable
le hubieran robado la cantidad de 2.000 ducados en su celda, y ms,
porque el autor del robo haba sido un fraile lego que le serva, y el
cual desapareci sbitamente, sin que fueran de resultado alguno las
pesquisas activas que se llevaron  cabo por encontrarle.

As qued la cosa, lamentando todos que varn tan respetable hubiera
sido vctima de aquella mala accin, pasando el tiempo y no volviendo 
saberse ms del aprovechado lego.

El ao de 1640 lleg al convento de la Merced el padre Provincial de la
Orden y comenz la inspeccin de la casa, conforme  la comisin que
traa.

Pero mejor que yo, relata lo sucedido entonces, autor tan grave y
piadoso como el del manuscrito de _Efemrides sevillanas_, el cual dice:
El Provincial reconoci faltaba cantidad considerable de dinero de las
arcas de la Redencin, en las cuales, por supuesto, deba tener alguna
intervencin el maestro Vilches. El Provincial quiso buscar el dinero en
la celda de los religiosos, haciendo escrutinio en ellas; y bien fuese
por alguna sospecha,  por poco afecto que le tuviese,  por dar ejemplo
para que los otros no se excusasen, ni lo sintiesen, empez por la celda
del maestro Vilches. En ella encontr una alhacena tabicada (decan que
estaba en la misma pieza donde l dorma), hzola abrir y en ella
hallaron los huesos del fraile lego que l haba muerto.

La sorpresa que esto produjo fu grande y el escndalo en Sevilla al
saberse el suceso subi de punto, sin que valieran cuantos medios
pusieron en prctica los frailes para impedir que se divulgara.

El padre maestro Vilches fu preso, costando mucho trabajo la formacin
de la causa, pues los religiosos se negaron  declarar ante la justicia
_ por poltica que observaban  por precepto que les haba impuesto el
prelado_ con lo cual la gente tuvo ocasin de hacer muchos y muy
variados comentarios sobre el suceso, quedando como ms aclarado que
el dinero de las Arcas de la Redencin le haba sacado el dicho padre
Vilches, y gastdolo, y que de ello haba sido sabedor el religioso
lego; y que cautelndose no lo descubriese, lo mat, porque l riendo
con el M. Vilches lo amenaz.

Y fu el fin de esta historia, que en Septiembre del ao 1640 fu
condenado el padre maestro  reclusin perpetua en el convento, donde se
dice que muri muchos aos despus, contrito y muy arrepentido de su
fechora.




UNA FUGA DE PRESOS


Don Juan de la Cruz era Alcaide de la crcel real en 1641, cargo que
desempe durante no poco tiempo y el cual era bastante codiciado por
muchos, dado que en s llevaba entonces ciertas ventajas y ganancias no
despreciables, si bien nada legales.

Este buen Alcaide tena por aquel ao bajo su custodia un nmero
considerable de presos acusados del resello de moneda, los cuales eran
gente levantisca de suyo, que unda  los valentones, ladrones y dems
gentualla, traan de contnuo revuelta la prisin, clebre con grandes
escndalos y pendencias.

As andaban las cosas, cuando la noche del 26 de Marzo de 1642, don Juan
de la Cruz se dispona  hacer la acostumbrada ronda por las
dependencias de la crcel para cerciorarse de la seguridad en que
quedaban los detenidos.

Pero hte aqu que al llegar nuestro Alcaide  la _Reja grande_, con
lento paso y grave continente, muy penetrado de la seriedad de su cargo,
fu sbitamente acometido por dos de los presos, quienes  viva fuerza
le sujetaron apoderndose del manojo de llaves que tena, sin que en
auxilio del don Juan vinieran ni corchetes ni guardias.

Y como quiera que el golpe de mano deba estar ya preparado de tiempo
atrs y ser sabedores de l los presos todos, prodjese al punto gran
zalagarda en las salas, y en un abrir y cerrar de ojos se comenzaron 
abrir rejas y calabozos con gran estrpito y algaraba, corriendo un
grupo de ms de cuarenta y tres presos hasta la puerta de la calle, por
donde salieron con alborozo, y algunos, con grillos se fueron hasta la
Iglesia Mayor.

Los detenidos por el resello de monedas, hasta diecisiete, escaparon
todos, desperdigndose por la ciudad, y otras de varios delitos salieron
con ellos, sin que fuera posible nunca ms echarles el guante, pues bien
procuraron huir de las garras de alguaciles y tropas.

Al conocerse esta fuga al da siguiente, 27 de Marzo, produjse en la
ciudad el consiguiente escndalo, viniendo  levantarse un rumor, que
fu tomando cuerpo, y el cual era que el Alcaide, D. Juan de la Cruz, no
fu tan sorprendido como pareca con aquella fuga, y que para dejarse
atropellar haba recibido de antemano ms de una reluciente moneda de
oro.

Y para completar la noticia de esta fuga de presos, apuntar que de
todos ellos no volvieron  coger--dice un manuscrito--ms de un vecino
de Castilleja, que se llamaba Jos Antonio, que volviendo al lugar 
matar al Alcalde que lo prendi, le volvieron  asir, y trado  la
crcel, intent otra vez hacer fuga, y lo ahorcaron. Era de 21 aos y
tena muertes varias y otros delitos.




LAS RONDAS DE NOCHE


Frecuentes eran en verdad los lances que en las calles de Sevilla
ocurran  las rondas por las calles, mientras el vecindario se
entregaba al reposo, y entre aqullos merece ser recordado uno que fu
consignado por un autor contemporneo, que existe en el manuscrito de la
coleccin del conde del Aguila.

Mediado el ao 1642 y obtenida la licencia correspondiente, haban
empezado  salir de ronda por las noches los Alcaldes de Crimen,  los
cuales teman con razn la gente maleante, que favorecida por las
sombras, vagaba con propsitos nada santos por el intrincado laberinto
de las callejas de nuestra poblacin.

Persona de tanta significacin como lo era el alcalde don Leonardo
Henriquez, rondaba la noche del 14 de Agosto por el barrio de la Feria,
acompaado de sus alguaciles, y haba ms que mediado la noche, cuando
acert  tropezar en su marcha con unos soldados, de lo cual vino 
surgir el lance que  unos y  otros cost bien caro.

Eran aquellos soldados pertenecientes  una de las compaas de milicia
que por entonces se formaban en nuestra ciudad, y en ella iba un
sargento, mozo bravucn y perdonavidas, de aquellos echados para
adelante y de los que, por cuestiones de poca monta, tiraban del acero y
no se paraban nunca en las consecuencias de sus acaloramientos.

Frente  frente el Alcalde y la tropa, mediaron algunas palabras sobre
el paso por la calle, y las que, por el tono y alcance con que se
dijeron, dieron motivo  que, sin ms ni ms, los alguaciles y los
soldados se acometieran, aqullos con espadas y pistolas y stos con las
alabardas, trabndose all mismo singular combate.

El sargento, todo iracundo y furioso, carg contra el alcalde don
Leonardo Henriquez, que recibi tres estocadas, las cuales dieron con l
en tierra, siendo de consignar que apenas los alguaciles vieron cado al
alcalde y que los soldados llevaban la mayor ventaja, huyeron
precipitadamente por las callejas que encontraron ms  mano, buscando
en las sombras facilidades  su fuga y desamparando cobardemente al
pobre hombre que, con desgarradores  intiles gritos, peda favor,
viendo su muerte prxima.

Y as hubiera sucedido si entre los vecinos que al alboroto y pendencia
despertaron, no hubiese habido un mulato que con resolucin lleg 
ponerse frente del sargento y de los soldados, rogndolos que no
rematasen al alcalde cuando ya se disponan  clavarlo con las
alabardas.

Alborotados los de tropa, salieron en confusin de la Feria  la
Alameda, y durante todo el trayecto insultaron y apalearon  algunos
inocentes transeuntes, apedrearon varias casas y causaron varios
destrozos, dispersndose luego temerosos de las consecuencias que les
esperaban.

Don Leonardo Henriquez debi la vida al mulato, pues, segn refiere el
texto del Archivo Municipal, el tal cjele en brazos, y metido en una
tienda donde fu conocido, lo llevaron  su casa, en coche.

En la Alameda fu herido el sargento, pero no pudo ser entonces
capturado, cosa que no se verific hasta el 18 de Octubre, en que 
vuelta de muchas pesquisas y con no poca fuerza, pudo el bravo ser
reducido  prisin.

Seis das despus tuvo trmino y fin la vida del sargento, que muri
ahorcado en la plaza de San Francisco el 23, y aunque con l haban
cado presos varios soldados de los que tomaron parte en la refriega,
parece que stos llegaron ms tarde  conseguir la libertad.

Tal es el suceso ocurrido  la ronda de noche en 1642, digno, por
cierto, de ser recordado entre las curiosas memorias sevillanas de otros
tiempos.




EL CONTADOR DE LA CONTRATACIN


Vivi en Sevilla un caballero, de nombre don Diego Villegas, que tena
el cargo de Juez Contador Mayor de la Casa de Contratacin, era persona
muy bien relacionada y tena muchos y buenos amigos.

Uno de stos lo era don Juan Antonio Alczar, caballero del Hbito de
Calatrava, y que ejerca en la Contratacin el cargo de Juez oficial.

En la maana del 19 de Abril de 1643 se encontraban reunidos don Diego y
don Juan Antonio, en un aposento del domicilio del primero, cuando h
aqu que surge una disputa entre ambos, y subiendo de tono la cosa,
encolerizse hasta tal punto el seor Contador, que, cogiendo un pual,
arremeti contra su amigo y de un solo golpe lo dej cadver.

Entonces sali de su casa, pues nadie haba presenciado el crimen, y en
la calle acert  encontrarse  dos seores, que eran don Felipe y don
Buenaventura Alczar, primos de la vctima, y  los cuales dijo Villegas
que haba matado  un hombre y les rogaba les diesen asilo.

Ellos, que ignoraban quin fuese la persona asesinada, lo llevaron 
ocultar al convento de San Francisco, y al divulgarse  poco el crimen,
se mandaron poner guardias en las salidas del convento, mientras el
asunto era objeto de todas las conversaciones en la ciudad y las
familias del muerto y del matador sufran las mayores inquietudes y
zozobras.

Quince das permaneci oculto don Diego Villegas, en una celda, y era ya
opinin de muchos que tal vez se habra fugado, cuando el da 6 de Mayo,
en las primeras horas de la noche, oyeron los frailes un gran ruido, y
acudiendo  un patio, vieron en l destrozado el cuerpo del matador de
Alczar.

Don Diego Villegas se haba arrojado desde la ventana de su celda.

Y el manuscrito que tengo  la vista, donde consta esta curiosa noticia,
aade que don Diego estaba loco, y siempre lo fu, como se vi en
muchas ocasiones, y as se di licencia para enterrarlo en sagrado.




DON BERNARDINO Y SU MASTN


Por graves delitos cometidos en una vida inquieta y turbulenta, fu
condenado por la justicia  seversimas penas, D. Bernardino de Crdoba
y Roelas, caballero sevillano que tena en la ciudad muchos deudos y
amigos y  ms estaba emparentado con personas de significacin y
categora.

Pas su causa al Consejo de Cmara, comenzando entonces D. Bernardino 
poner en juego su influencia y  mover resortes,  fin de que se le
indultase y echara tierra al asunto; pero parece que, leido con
detenimiento el proceso en la Corte, pes tanto la relacin de los
delitos en los severos jueces y moviles tanto  indignacin, que, lejos
de obrar benignamente, enviaron orden  Sevilla para que al punto fuera
preso el caballero, y degollado, conforme  su calidad, en la plaza de
San Francisco.

El da 23 de Junio de 1644, el alcalde don Leonardo Henriquez, de quien
ya me he ocupado, sabiendo que don Bernardino se encontraba en el
inmediato pueblo de Castilleja, se dirigi  este punto con algunos
alguaciles para cumplir la orden de prisin, encontrando al reo muy
sosegado en su casa comiendo con su mujer y bien ajeno del peligro que
le amenazaba.

Conocida por el caballero la misin que tena el Alcalde, negse desde
luego  darse  prisin muy resueltamente, trabndose vivo dilogo entre
unos y otros, al cual quiso poner trmino la autoridad, haciendo que los
corchetes se avanzasen  don Bernardino y lo redujeran  prisin por la
fuerza. Pero ste, que deba estar en guardia, tir de una daga  hiri
mortalmente  Lorenzo Gmez, escribano que se hallaba presente, y luego
azuz  un perro mastn que tena consigo, el cual era de tan fiera
condicin que, arrojndose sobre los corchetes, comenz  dar
dentelladas  unos y  otros, produciendo graves mordeduras  todos
aquellos que haban intentado apoderarse de su amo.

Cuando ms empeada era la lucha y ms desesperadamente se resista don
Bernardino, ste recibi un tiro por la espalda que le hizo caer sin
vida, y de all  poco fu muerto tambin el fiel perro que tanto le
defendi, terminando de tan trgico modo aquella sangrienta escena.

El manuscrito de D. Diego Ignacio de Gngora que hace mencin de este
suceso, dice, refirindose  los incidentes ocurridos con el cadver del
desgraciado D. Bernardino:

El Alcalde quiso traer  Sevilla el cuerpo de aquel malaventurado
caballero; los religiosos del convento de Descalzos franciscos, y otros
de la Orden Tercera se interpusieron para que quedase all. Esto sabido
por el acuerdo, envi luego al alguacil mayor por el cuerpo para
degollarlo en la Plaza de San Francisco,  fin de que sirviera de
ejemplo y escarmiento; pero ya estaba enterrado, y se qued as.




EL CABILDO ECLESISTICO Y LAS FIESTAS DE TOROS


En diversas ocasiones se han suscitado discusiones y polmicas sobre la
conformidad y disconformidad de la Iglesia con la fiesta de toros, y
aunque no es esta ocasin de tratar aqu esta materia, que es por cierto
harto trillada, voy  ocuparme nicamente y con la vista de autnticos
datos, de una costumbre hoy perdida por completo, cual es la de asistir
el cabildo eclesistico  las fiestas de toros en los siglos XVI y XVII,
en que lo hacan con toda la pompa y toda la gravedad del caso, sin que
por ello perdiese nada tan elevada corporacin, ni en particular sus
individuos, que eran todas personas serias y de campanillas.

Y no solamente asista el cabildo  los toros y las caas, sino que de
sus fondos haca crecidos gastos en tales fiestas, as en el adorno del
estrado que ocupaba, como en rodearse en l de ciertas comodidades y
regalarse muy cumplidamente, conforme su clase requera.

As, por ejemplo, en las corrdas de toros celebradas en la plaza de San
Francisco el lunes 16 de Septiembre de 1647, gast el cabildo Catedral
294 reales y medio, siendo algunas de las partidas del tenor siguiente:

_De seis arrobas y una cuarta de nieve_  20 reales y 20
maravedises--_De veinte y dos libras de ans, canelones y ciruelas de
Gnova 100 maraveds._--_De tortas y vino, 20._

Las fiestas de toros que se verificaron el 5 de Febrero de 1670 fu
tambin presenciada por los seores cannigos y en el _Libro de veedor_
del archivo Catedral se lee: Asisti el Cabildo de esta Santa Iglesia
en el lugar que se le seal, que fueron dos arcos y medio de los
balcones, en el cual sitio estuvieron muy estrechos con haber ido muchos
menos seores de los que son.... Va el Cabildo por la tarde en forma,
con bonetes, y esta vez se llev por mandado del Cabildo dulces en esta
manera: cajas de piezas que caban una libra, y estas atadas con
listones encarnados; y vino y hipocrs y agua de canela y agua clara,
todo en nieve; llevronse cuatro docenas de vidrios de Venecia, tres
salvillas y tres fuentes.... etc., etc.

En estas fiestas que se daban en honor del conde de Villaumbrosa, que
haba sido nombrado presidente del Consejo de Castilla, los cannigos
obsequiaron al Asistente y mandaron arrojar  la plaza una _fuente de
dulces_, dando prueba de su generosidad y largueza.

Igualmente las di el cabildo eclesistico en los toros y caas que se
jugaron el 30 de Septiembre y el 2 de Octubre de 1673, no faltando
tampoco su asistencia  la funcin del 25 de Junio de 1674, en que se
estrenaron los escaos morados que para ese efecto se hicieron, y se
puso el sitio alfombrado con las alfombras iguales y la colgadura fu de
la verde, un pao de  tres y dos de  seis y tres escudos de las armas
de la Iglesia repartidas en cuatro paos.

El cabildo de la colegiata del Salvador tambin asista  las fiestas
de toros y en particular  la que se celebraba en la plaza delante de la
iglesia constando de ello noticias como esta que recogi Matute de
papeles de 1638:

El 10 de Agosto se celebraron corridas de toros en la plaza del
Salvador en obsequio de Nuestra Seora de las Aguas: estuvieron
convidados al balcn del Cabildo de dicha Colegial, el _Provisor_, _Juez
de la Iglesia_ y otros sujetos de distincin  quienes despus se sirvi
un buen refresco. (_Noticias relativas  la historia de Sevilla_,
pgina 120).

No he de detenerme  hacer especial mencin de otras muchas fiestas de
toros y caas,  las que, con toda pompa, concurran los seores
cannigos, haciendo slo mencin, por las noticias que existen de ellas,
de las caas y rejones del 25 y 27 de Septiembre de 1687, y de las de
toros y caas de 6 y 8 de Febrero de 1700, verificadas para festejar la
llegada  Sevilla del almirante de Castilla.

Y por cierto que en esta fiesta se dobl lo de regalarse, y segn el
documento que copi Collantes de Tern y di  luz en el _Archivo
Hispalense_, en el palco de la Catedral no se consumi ms que lo
siguiente:

Nueve garrafas de fro, tres de cada gnero de  treinta y seis vasos
cada una.--Ciento veinte y cinco libras de dulce muy rico, para los
seores; as los que fueran como los que dejaran de ir, y los seores
coadjutores una libra para cada uno.--Media arroba de dulce hecho en
monjas, para la fuente que el seor dean pasa al Asistente.--Arroba y
media de dulce inferior en piezas muy pequeas tambin empapeladas, para
en tres fuentes echar  la plaza...--Dieciseis libras de bizcochos de
espumilla, para en cuatro fuentes repartir los seores con la bebida
antes del dulce.--Media arroba de vino hipocrs, etctera.

Con todo esto es seguro que se endulzaran bien el paladar sus seoras,
y no es aventurado suponer que an sobrara algo para los pajes y la
servidumbre.

Como se ve, pues, los capitulares eclesisticos eran grandes aficionados
 los toros en aquellos tiempos y no dejara de ser curioso el aspecto
que ofrecera el palco del cabildo Catedral, que era siempre de los ms
lujosos, adornado de sus ricas telas y con anchos y cmodos sillones de
terciopelo y oro, en los cuales muy arrellanados los seores seguan los
incidentes de la lidia, entretenidos en sabrosa pltica remojada con los
dulces y refrescos.

Perdise luego la costumbre de asistir el cabildo Catedral  las fiestas
de toros, que siguieron frecuentando las dems autoridades, y la verdad
que fu gran lstima, pues si hoy siguiera se evitara que los
eclesisticos tuviesen que ir recatndose, como lo hace el que gusta de
esta diversin.




EL HIJO DE MURILLO


De su matrimonio con doa Beatriz Cabrera y Sotemayor, tuvo el clebre
pintor Bartolom Esteban Murillo tres hijos, hembra una, nacida en 1657,
y varones los otros, que vinieron al mundo en 1661 y 1663.

El mayor de stos llamse Gaspar, y se bautiz en el templo de Santa
Cruz, segn en la partida consta, el 22 de Octubre del citado ao de
1661. De este hijo del gran artista sevillano voy  ocuparme, pues de
los otros son muy escasas las noticias que se conocen: doa Francisca
entr de monja en el convento de Madre de Dios y don Gabriel pas 
Amrica, donde slo se sabe que muri muy anciano, sin otras
circunstancias.

Don Gaspar Esteban Murillo, heredero inmediato del ilustre pintor lleg
 adquirir una buena posicin en Sevilla, dejando  su muerte grata
memoria en cuantos fueron sus amigos. Muy joven, y viviendo an su
padre, se dedic  la carrera eclesistica, y protegido,  lo que se
dice, por don Juan Veitia Linaje, obtuvo un beneficio en la iglesia de
Carmona, el cual disfrutaba cuando en 1682 falleci Bartolom Esteban
Murillo, que le nombr en su testamento albacea de sus bienes, en unin
de D. Justino de Neve y de D. Pedro Villavicencio.

Tres aos despus de la citada fecha,  sea en 1685, obtena D. Gaspar
una canonga en la catedral sevillana, de la que tom posesin el da
1. de Octubre, y escriben algunos autores como Cen Bermdez, L.
Alfonso y otros, que por haber descuidado el cumplir con la prctica de
hacer juramento de protestacin de fe en el tiempo que mandaba el
concilio, fu el novel cannigo condenado por el cabildo en 30 de Abril
de 1688  perder los frutos de todo un ao, 8.000 reales de velln, que
se aplicaran  gastos de reparacin del templo, con lo cual don Gaspar
se conform gustoso al saber que se invertan en utilidad de las bellas
artes.

Hay que advertir que el hijo de Murillo fu por ellas muy apasionado,
sobre todo por la pintura, la cual aprendi teniendo tan gran maestro
como su padre, y al decir de Matute, cultiv el arte por aficin,
imitando con mucho acierto el estilo del autor de sus das.

La vida de don Gaspar deslizse tranquila y sosegadamente en la ciudad
de Sevilla que le vi nacer, consagrado al ejercicio de su ministerio, y
rindiendo fervoroso culto  la memoria de su padre, cuyo nombre haba de
ser honra y gloria de Espaa.

Con caracteres en extremo simpticos aparece la figura de don Gaspar
Esteban Murillo, alma sencilla, natural bondadoso, espritu creyente y
sincero y hombre de fe, que entre otras muy estimables cualidades,
posea la de ser en extremo dado  las obras filantrpicas, acudiendo,
siempre que poda, al socorro de los seres verdaderamente necesitados.

En los comienzos del ao de 1709 desarrollronse en Sevilla unas
calenturas malignas, las cuales ofrecan peligroso contagio, del que
fallecieron no pocas personas, contndose entre ellas muchos clrigos 
individuos del cabildo catedral, pues segn los historiadores, atac 
stos con preferencia el mal por el contacto en que  diario estaban con
multitud de pobres infestados; que acudan  las gradas de la baslica y
al palacio arzobispal  recibir limosnas.

Hiri de muerte aquella dolencia  don Gaspar Esteban Murillo, que
falleci el da 1. de Mayo del mismo ao de 1709, dejando sus bienes al
Hospital llamado de _Los Venerables_, siendo sepultado el hijo del gran
pintor en la nave de San Pablo de la Catedral, y colocndose sobre su
sepulcro una inscripcin latina, que, segn la traduccin castellana que
da Gonzlez de Len, dice:

_==H. S. E.==D. Gaspar Esteban Murillo y Cabrera, Cannigo de esta
santa iglesia Metropolitana y Patriarcal, varn de buenas costumbres,
modesto y dotado de un alma apta para toda piedad. Liberal para con los
pobres  los que dej herederos de sus bienes.--Muri de edad de 47 aos
en el de 1709, el da 1 de Mayo.==R. . D. E. D. A._

Tales son las memorias que existen de aquel varn justo, que llev con
dignidad un nombre famoso, y que ni envidioso ni envidiado, muri con la
satisfaccin de un alma honrada y con la tranquilidad del que ha
cumplido con su deber.




LA EMBAJADA JAPONESA


Los historiadores y analistas sevillanos han consignado todos  casi
todos, la venida  nuestra ciudad de una embajada japonesa en 1614, que,
 la verdad, tal suceso no era frecuente ni mucho menos, y s extrao
entonces, por lo que llam poderosamente la atencin.

Como recuerdo de aquella visita queda hoy un interesante documento, el
cual es una carta escrita en japons, la que fu entregada por los
embajadores al Ayuntamiento con toda solemnidad y que se custodia en el
Archivo del Municipio para inters de las personas aficionadas  las
histricas curiosidades.

No he de detallar los diversos motivos de aquel caso, que se debi
principalmente  las gestiones que en el Japn y en el nimo del rey de
Voj hizo un fraile misionero hijo de Sevilla, donde haba vivido en
1574, fray Lus Sotelo, el que ms tarde sufri all cruento martirio.

El 30 de Septiembre del citado ao de 1614 el cabildo de la ciudad vise
sorprendido con una comunicacin en la cual se le pona en conocimiento
que acababan de llegar en las flotas los representantes diplomticos del
rey de Voj, que se dirijan  Sevilla  ofrecer una carta al Municipio,
siguiendo luego su viaje para la corte y para Roma, donde tenian el
propsito de visitar al pontfice Po XI.

Como el suceso no era para menos, se apresur el Asistente D. Diego
Sarmiento y Sotomayor, conde de Salvatierra,  llevar  cabo los
preparativos para recibir  los huspedes dignamente y as hizo que en
el Alczar se dispusiera lo conveniente para alojarlos y que la ciudad
saliera con toda gravedad  recibirlos cuando entraron en ella el da 23
de Octubre.

Llegaron, pues, los japoneses acompaados del padre Lus Sotelo,
excitando extraordinariamente la atencin del pueblo, los portes y
vistosos trajes, las armas y adornos que el embajador Fraxecuera
Rocuyemon luca y los personajes que le acompaaban.

Dos das despus de su llegada, se presentaron el embajador y su squito
en las Casas Consistoriales, siendo recibido con ceremonia por los
veinticuatros y el Asistente, el cual recogi la carta de que era
portador Fraxecuera Rocuyemon, mediando frases de cumplido y diplomacia
entre unos y otros por medio del padre Sotelo, que haca de intrprete.

La carta, que iba fechada en la Corte de Tenday  26 de Octubre de 1613,
es en extremo curiosa y en ella hay prrafos como ste dirigido  la
ciudad, segn la traduccin.

Y sabiendo la grandeza y riqueza de esa noble repblica, y tambin que
es patria del Padre Fray Lus Sotelo, de verdad he cobrado  V. S.
grande y particular amor: y la causa principal que  ello nos mueve, es
porque el primer hombre que nos ense en este Reino, el camino de la
verdad y la Santa Ley de Dios, es rama brotada y salida de esa generosa
raz.

....Ans mismo recibiremos particular gusto de que V. S. encamine 
los dichos nuestros embajadores para que lleguen en paz y prosperidad 
la presencia y lugares que son dichos y los ampare con su favor, para
que nuestra pretensin  deseo mejor se efecte, poniendo las
diligencias en ello que pareciere ms  propsito. Tambin habemos
sabido que en esa repblica se juntan muchos navos de todo el mundo, y
por esa causa asisten en ella muchos pilotos y otras personas muy
diestras en la navegacin. V. S. mande juntarlos, y averiguar con ellos
si es posible navegarse derechamente desde el Japn  esa Ciudad; por
qu derrotas y en qu partes  puertos se puede llegar; envindonos
razn de todo, para que siendo posible, nuestros navos naveguen esa
carrera todos los aos, y nuestro deseo ms bien se cumpla y nuestra
amistad est ms firme y comunicable. Las dems cosas las sabr V. S. de
parte del Padre Fray Lus Sotelo,  quien nos remitimos en todo. Si algo
del gusto y servicio de V. S. se ofreciere en este Reino, avisndonos se
acudir  ello con puntualidad.

Con la carta entreg el embajador al Asistente una espada de gran mrito
y valor, siendo despedido luego  la puerta del Ayuntamiento con la
misma ceremonia que haba entrado.

Cuatro  cinco das permanecieron an los japoneses en Sevilla, siendo
siempre seguidos por multitud de personas  todos los lugares que
visitaban, abandonando despus la ciudad, de la que salieron bien
satisfechos.

Agasajados los embajadores--dice el seor Guichot--pasaron  la corte,
donde el rey les di solemne audiencia y los encamin  Roma, donde
llegaron ya muy entrado el ao siguiente. A 3 de Noviembre de 1619
recibilos el Pontfice en Consistorio pblico del Sacro Colegio de los
Cardenales, con suma benignidad y agrado y de la misma manera los
despidi, con respuestas y presentes de reliquias, pinturas y otras
cosas sagradas.

La espada que los embajadores dejaron  la ciudad se ha perdido, pero la
carta existe, habiendo en 1882 testificado de su autenticidad, los
japoneses que en aqul ao visitaron nuestra ciudad, y posteriormente,
en 1901, un catedrtico de la Universidad de Yedo.

Para terminar, dir que el padre Lus Sotelo, al volver al Japn, cay
en manos del gobernador de Nagasaki en 1622, siendo preso y condenado 
morir quemado  fuego lento, llevndose  cabo la brbara sentencia en
25 de Agosto de 1624.




COFRADES Y TOROS


Entre las muchas hermandades de cofradas que en el siglo XVII estaban
establecidas en Sevilla, se contaba la de las _Negaciones y Lgrimas de
San Pedro_, que haba sido organizada por los estudiantes del Colegio de
Santa Mara de Jess (Universidad), fundado por Maese Rodrigo, y que
durante algn tiempo goz de cierta prosperidad y desahogo.

Esta hermandad, que debi establecerse en fecha posterior  la que
seala Bermejo y Carballo en sus _Glorias religiosas de Sevilla_,
hallbase instalada en la parroquia de San Miguel, cuando solicit en
1628 permiso del Ayuntamiento para celebrar una corrida de toros en la
Plaza del Duque, como se desprende de este documento, hasta ahora
indito, cuyo original existe en el Archivo municipal:

Don Pedro Morel Alcalde de la cofrada nuevamente instituida Dolor de
las tres negaciones de san Pedro sita en la parroquial de san Miguel
desta Ciudad digo--que los hermanos de ella tenemos obligacion de hacer
en cada ao una fiesta en el tiempo que determinaremos  nuestro padre
san Pedro y por ser esta la primera quisieramos hacerla ms suntuosa
corriendo _unos toros sueltos_ en la plaza intitulada barrio del Duque.
Por tanto--A V. E. Pido y suplico mande concedernos y nos conceda
licencia para que podamos _correr ocho toros_ y nos d facultad para
poder arrendar las bocas de las calles para limpieza y gastos de la
dicha plaza del Duque.--Otro s se nos de licencia que la carne de los
dichos toros se pueda pesar en la carnecera ocho maraveds menos
conforme  la sedula de los Sres. Jurados y pido justicia. + _Don Pedro
Morel_.

Esta solicitud fu leda en Cabildo que presidi el Asistente conde de
la Puebla del Maestre en viernes 9 de Junio del citado ao de 1628,
acordndose lo siguiente, segn consta en el acta capitular de dicho da
y dice as:

Le la peticin de don Pedro Morel alcalde de la cofrada nuevamente
instituda dolor de las tres negociaciones de san Pedro en que dicen que
quieren hacer la fiesta y piden licencia para correr ocho toros sueltos
con atajar las calles y otras cosas que se contienen en la dicha
peticin;

Acordose de conformidad que no  lugar dar la licencia que piden para
correr los toros sueltos ni atajarse las calles ni hacer tablados y que
las partes acudan  S. S. de el seor conde asistente para que
sirviendose de dar licencia para que estos toros se corran con conteros
se sirva S. S. de mandar ser guardado la provicin en el consumo de la
carne.

No tengo noticias de si los cofrades llegaron  realizar su propsito de
la fiesta que tenan proyectada, ni de las circunstancias que
acompaaran  sta, dado que se llegase  celebrar; pero por los
anteriores documentos, de los que me facilit noticia don L. Geto, se
ve que las hermandades sevillanas eran tan aficionadas antao como hoy 
organizar fiestas de toros para recaudar fondos con que atender  su
sostenimiento, sin que hayan cejado en sus propsitos apesar de las
muchas prohibiciones de la autoridad eclesistica y de las negativas de
la civil, en solo este punto.

La cofrada de las _Negaciones_ dur hasta el siglo XVIII, y Matute
consigna en sus _Anales_ esta noticia en el ao 1720 y que creo
complementa el presente apunte:

El cabildo eclesistico extendi sus deseos  la reforma de algunos
abusos en las procesiones de penitencia que hacan estacin en la Semana
Santa y neg licencia para que saliese  la hermandad y cofrada de los
estudiantes bajo la advocacin de las _Negaciones y Lgrimas de San
Pedro_. Desde el ao 1691 ya sonaba como antigua esta cofrada, pues
presida  la de Nuestra Seora de la Antigua, establecida en san Pablo;
ms como solo tena un _paso_ con la estatua de san Pedro, era necesario
que se agregase  otra, bajo cuyo estandarte cumplan su estacin y
tomaban cena. No habra sido incmoda su compaa si las travesuras
juveniles no hubieran desazonado  los dems cofrades hasta el punto de
no querer admitirlos en ninguna, por lo que se unieron  los mulatos,
pues hasta los negros esquivaban la compaa de los estudiantes que al
fin dejaron de salir, pues su memoria solo llega al ao 1727 en que
salieron de la iglesia de los Clrigos Menores el Jueves Santo en la
tarde.




EL OBISPILLO


La antigua fiesta del _obispillo_, que los estudiantes celebraban la
vspera del da de San Nicols de Bari, verificse por ltima vez en
Sevilla en 1641, prohibindose  causa de los tumultos que entonces se
originaron.

Parece que el da 5 de Diciembre de aquel ao, los escolares del colegio
de Maese Rodrigo, escogieron por _obispillo_  un estudiante nuevo,
segn costumbre, el cual se llamaba Esteban Dongo, y colocndole su
mitra de papel, comenzaron en la puerta de los estudios  rendirle el
burlesco acatamiento que era uso; mas en vez de limitarse  las bromas
corrientes, se entusiasmaron demasiado, alborotando mucho y dedicndose
 recorrer las calles, en las cuales atacaban  cuantas mujeres y
hombres vean al paso, haciendo detenerse los coches y arrojando de
ellos  los que los ocupaban para que se inclinasen ante el _obispillo_.

No se limitaron  estos desahogos, con los que ya estaba bien alborotada
la poblacin, sino que por la tarde acudieron en gran tropel y confusin
al teatro de la Montera, y penetrando en l, arrollaron al pblico,
ocupando aposentos y bancos, obligando  los actores  que volviesen 
empezar la representacin, que ya estaba prxima  concluir.

Si la entrada fu tumultuosa, ms lo fu la salida de los estudiantes,
pues trabaron una gran pendencia con varios caballeros, saliendo 
relucir espadas y pistoletes, resultando algunos heridos graves por
ambas partes de los contendientes.

Estos sucesos fueron los que motivaron que la Audiencia decretase la
prohibicin de la fiesta del _obispillo_.




DUQUE CORNEJO


El nombre del escultor Pedro Duque Cornejo y Roldn, es bien conocido de
los amantes de las artes sevillanas, pues el nmero de sus obras es muy
dilatado y encierran verdadero mrito.

El ao 1677 naci en Sevilla, dedicndose desde muy joven al dibujo y
siendo discpulo del famoso Pedro Roldn, con quien empez el estudio de
la escultura, donde no tard en hacer notables progresos.

A poco fueron buscadas sus estatuas en Sevilla, recibiendo numerosos
encargos de obras, algunas de ellas importantes. As fu, que al
construirse el retablo mayor del Sagrario de la Catedral en 1706, por
Jernimo de Barbs, Duque Cornejo trabaj en su adorno, y ms tarde,
hizo los ngeles y figuras de uno de los rganos de la Catedral,
construdo hacia 1724.

Dej el artista otras obras en la baslica, y en santa Marta y san
Hermenegildo cita Gonzlez de Len algunas esculturas de su mano.

En Mayo de 1725, Duque Cornejo firm escritura para ejecutar algunas
estatuas en la Cartuja del Paular,  donde se traslad luego, siendo muy
elogiadas las obras que all dej.

Vuelto  Sevilla, sigui con afn dedicado al trabajo, y la casa del
artista, en la cual tena su taller, situada en la calle Beatos,
collacin de santa Marina, fu durante mucho tiempo frecuentada por no
pocos jvenes amantes de la escultura, que acudan all  tomar
lecciones del maestro.

Treinta y ocho figuras hizo Duque Cornejo para diversos templos de
Sevilla, tales como san Pablo, san Felipe, el Salvador, san Marcos, san
Pedro y san Lus, etctera, mereciendo especial mencin las estatuas de
las mrtires Justa y Rufina, las de san Antonio Abad, la Virgen del
Rosario y el Nacimiento.

A ms de stas, pueden citarse con elogio las que trabaj en mrmol para
dos altares del Sagrario y los dos soldados romanos que hizo para la
hermandad de Jess del Silencio.

Cuando Felipe V y su corte estuvieron en Sevilla, la reina nombr 
Duque Cornejo escultor de cmara en 1732, y al ao siguiente de 1733, al
marchar el rey en el mes de Mayo, se traslad el artista  Madrid, en
donde solicit en vano ser nombrado escultor de cmara del monarca.

Hizo Duque Cornejo algunas esculturas en la capital de Espaa, y volvi
 Sevilla aos despus, marchando al poco tiempo  Granada, donde fu
llamado para ejecutar varias figuras y adornos en la capilla de las
Angustias.

Duque Cornejo,  ms de dedicarse  la traza de no pocos retablos, pues
tena decidida aficin  la arquitectura,  ms de ejecutar pinturas
como las del monasterio de la Cartuja de las Cuevas, tena--dice un
autor--mucha facilidad en la invencin, por lo que se conservan en
Sevilla gran numero de los dibujos que haca para los plateros y otros
artistas, sobre papel blanco y en tinta de China, tocados de pluma.

Terminadas sus obras en Granada, y tras una corta residencia en Sevilla,
Duque Cornejo se traslad  Crdoba, en cuya Catedral labr la sillera
del coro y los plpitos, con gran esmero y cuidado.

All sigui residiendo el artista, que muy anciano falleci en dicha
ciudad el ao 1757, segn apunta Cen Bermdez. Duque Cornejo no fu uno
de los grandes escultores cuyo nombre se pronuncia hoy con admiracin en
todas partes, pero tuvo suficientes mritos para figurar dignamente
entre sus coetneos y aventajar  muchos de sus paisanos que por
entonces florecan.

En medio--escribe _Arana de Varflora_--de las extravagancias que haban
corrompido su arte en aquel tiempo, tuvo Cornejo un modo agradable y una
manera airosa que le dieron mucho crdito  sus obras.

Carecemos de un catlogo de stas y no he de enumerar ni las ms
conocidas en los presentes datos biogrficos, apuntando de paso que
algunas se han perdido y no faltan tampoco otras que se le han atribudo
falsamente y sin gran fundamento.

Duque Cornejo saba con acierto dar movimiento  las figuras, y tuvo
fantasa y novedad para los adornos, aunque no siempre le resultaran
stos del mejor gusto.




LOS MONEDEROS FALSOS


Suceso fu, en verdad, que llam la atencin en Sevilla, y sostuvo
durante un buen perodo de tiempo la atencin general, el ocurrido el
ao de 1681, el cual es bien digno de referirse en estos apuntes,
conforme  las noticias que de l hasta nosotros han llegado.

Era por entonces alcalde de la Justicia don Cndido de Molina y
Sotomayor, hombre grave y que gozaba fama de severo, con quien no valan
chanzas y  quien, con razn, tema la gente maleante y cuantos tenan
cuentas pendientes con la casa de la plaza de San Francisco.

Paseaba, pues, don Cndido el da 15 de Marzo del ya citado ao de 1681
por la Alameda de Hrcules, cuando fu avisado que dos mujeres que por
all vivan andaban cambiando monedas falsas, y lo mismo fu el tener
tal noticia, acompaado de dos alguaciles y del escribano don Jernimo
de Parga, presentse en la casa que le haban sealado como residencia
de las mujeres,  las cuales sorprendi, comenzando el registro del
domicilio.

Aprovechando un momento de descuido, una de las hembras pudo huir, sin
ser vista, yendo  refugiarse al convento de San Francisco de Paula,
segn despus se supo, y ya bien asegurada la otra, dijo llamarse
Leonor de Silva, ser casada con un sujeto de nombre Juan Ruz, del cual
no saba nada haca tres meses, pero tena noticias de que viva con
unas hermanas suyas en la calle del Azafrn.

El registro en casa de la mujer di por resultado que se le encontrasen
efectivamente una gran cantidad de reales de plata de  ocho y de 
cuatro, siendo falsas todas las monedas, las cuales se recogieron, y
para no perder tiempo, como hombre listo que era, enviada la moza  la
crcel, corri el alcalde de la justicia, don Cndido Molina,  la calle
Azafrn, donde pensaba encontrar al Juan Ruz.

Lleg el alcalde con su gente  la casa que le haban indicado, y
encontrndola cerrada, llam  la puerta repetidas veces, saliendo  los
golpes una mujer por cierta ventanilla alta, la que dijo que all viva,
efectivamente, la persona que se buscaba, pero que haba salido haca
algunas horas, ignorando cul sera la de su regreso.

Mas aquella visita inesperada de don Cndido vino  descubrir todo el
secreto que persegua, pues siendo aquel lugar el que serva de fbrica
para las monedas falsas encontradas  las mozas, y hallndose all
oculto  la sazn uno de los dos monederos, don Juan Troncoso, ste,
creyndose perdido, se dispuso  ponerse en salvo.

As precipitadamente, ocult donde mejor pudo una espuerta de monedas
recin blanqueadas, tom capa y sombrero, y, armndose de una carabina,
se arroj por un tejado  un solar inmediato.

Creyse all por un momento en salvo, pero los alguaciles de don
Cndido, que le haban visto, le intimaron  rendirse; el otro intent
defenderse desde el solar, pero  la postre, hacindose cargo de su
situacin, salt  la calle, y all echse  los pies del alcalde cuando
mand dispararle, as como  la mujer que en la casa estaba y que
result ser su esposa, Ana de Crdoba.

Preso ya aquel pjaro, no tard el monedero Juan Ruz en caer en las
garras de la justicia, capturndolo el mismo don Cndido Molina
Sotomayor  las pocas noches en la plazuela del Horno, despus de
arriesgados trabajos.

Encerrados en la crcel los dos monederos, con tanta prisa se llev la
causa, que el mircoles 16 de Abril los reos estaban ya condenados; pero
cuando fueron  leerles la sentencia, Juan Ruiz protest iracundo y
produjo el mayor alboroto, y Troncoso enarbolando una silla, trat de
estrellarla en la cabeza del escribano, y como no pudiera hacerlo, subi
 una baranda prxima y por ella se hubiera arrojado  no sujetarle 
tiempo el cura de San Vicente y dos franciscanos que haban venido para
auxiliar  los condenados.

El 17 de Abril mostrronse ya los reos con ms sosiego, viendo que
cuantos esfuerzos hicieran resultaran intiles, y as despidironse de
sus mujeres y sus hijos, se dispusieron  bien morir, sufriendo la
ltima pena el siguiente da 18 de Abril muy de maana, en la misma
crcel y no en el sitio acostumbrado.

Los cuerpos de Ruz y Troncoso no fueron quemados como en la sentencia
se haca notar, sino que por instancias de la Hermandad de la Caridad se
sepultaron con cierta pompa.

Tal fu el curioso caso de monederos falsos de Sevilla, del que existe
una puntual relacin publicada  raz del suceso y la cual lleva este
ttulo.

--_Segunda relacin verdadera en que  la letra se contiene todo el
hecho de la causa que el licenciado don Cndido de Molina y Sotomayor,
Alcalde de la justicia de la ciudad de Sevilla, mand escribir contra
don Juan Troncoso, de edad veintisis aos, y don Juan Ruz, de edad de
veintisiete, por monederos y expendedores de plata falsa.--Y la
sentencia de garrote y fuego que dicho Juez di contra los dichos reos,
y modo con que se ejecut su muerte el da 18 de Abril de este presente
ao de 1681._--Con licencia, impreso en Sevilla por Toribio Lpez de
Haro, en las Siete Revueltas.

Esta relacin que est escrita en cinco romances, contiene detalles muy
curiosos del suceso y la conservaba en su biblioteca el marqus de Jerez
de los Caballeros.




EL LOCO AMARO


En el hospital de los Inocentes, situado en la calle Real de san Marcos,
casa cuya fundacin debise en 1436  Marcos de Contreras, estuvo
albergado desde 1681 un loco natural de Arcos de la Frontera, llamado
Amaro Rodrguez, el cual lleg  hacerse clebre en Sevilla y adquiri
una singular popularidad, de tal modo, que no haba persona chica 
grande que no le conociese.

Estrib esa fama principalmente en que di en la mana de pronunciar
sermones, los cuales eran de lo ms chistoso y disparatado que pueda
imaginarse; y como el tema naturalmente de la mayora de ellos eran los
asuntos religiosos, tratbalos de tal manera el loco, que no haba
persona que no se parase  escucharlo.

Amaro Rodrguez tiene en su vida de cuerdo una nota dramtica, pues
segn las noticias que figuran al frente de sus sermones, fu casado y
su locura provino de haber hallado  su mujer en ntima correspondencia
con un fraile,  la cual se atribuye el ntimo rigor con que les sacude
siempre que los coje por delante.

Comenz Amaro  hacerse popular hacia 1657, pues como su locura era
pacfica, iba por las calles de la ciudad sermoneando  troche y moche
en donde le pareca, hasta que en 29 de Octubre de 1681 fu recogido en
la casa de Inocentes, donde con otros infelices era destinado  recoger
limosnas para el hospital diariamente por los sitios pblicos, limosna
que le daba muy buen resultado  la casa, que con tal de oir los
despropsitos teolgicos y los macarrnicos latinajos de don Amaro,
todos solan darle dinero.

Iba el loco por las calles cubierta la cabeza con un bonete rojo:
decase _predicador apostlico y cannigo de santa Catalina_;
acompabale por lo general otro postulante, y en el lugar donde le
pareca conveniente se detena, y ya sobre una piedra  encaramado en
una ventana  en otro lugar semejante alzaba el grito, no tardando en
verse rodeado de un numeroso grupo de gente desocupada y maleante, la
cual, si bien celebraba sus dichos, sola con frecuencia interrumpir los
macarrnicos latines y los panegricos de don Amaro, que contestaba con
donosas puyas y desvergenzas  sus interruptores,  bien harta ya su
paciencia, sala corriendo tras alguno armado de un par de piedras  de
un palo, sin que nunca, sin embargo, se diera el caso de agredir 
nadie.

Las fiestas de la iglesia, los santos del da  determinadas personas y
circunstancias del momento, servan de tema para sus discursos, y en
todos ellos haba largas cuchufletas y donaires contra los frailes, que
ms de una vez ellos mismos se paraban  escuchar al loco cuando lo
encontraban  su paso.

Todava al cabo de ms de un siglo--dice la nota del XVIII, copiada por
D. Juan Gualberto Gonzalez,--andan de boca en boca las graciossimas
ocurrencias por los sermones esparcidos, satricos, estravagantes 
grotescos, con citas oportunas, aunque estupendas, de los sagrados
textos, en que se descubre un buen ingenio y el don de aproximar las
ideas que parecan ms remotas, dndole ocasin las ms de las veces el
mero sonido de las palabras, que interpretaba  su manera.

Multitud de dichos y de ingeniosidades se encuentran en tales sermones,
y en cuanto  sus sentencias, sirva esta de ejemplo:

En tiempo del mencionado seor ilustrsimo don Ambrosio Ignacio
Espnola y Guzmn, arzobispo de esta ciudad de Sevilla, se construy en
su palacio una magnfica escalera de piedra de jaspe, y como Amaro iba
diariamente al palacio  procurar limosna, luego que vi concluida la
escalera subi por ella y pregunt  los pajes que estaban al paso que
cunto haba costado aquella alhaja: le dijeron una cantidad excesiva,
por oir lo que se le ocurriera  Amaro, el que respondi con gran
prontitud:

--Muy santo debe ser su ilustrsima, pues se ha atrevido  hacer lo que
no hizo Cristo, pues el diablo le pidi  su Divina Majestad que
convirtiese las piedras en pan y su ilustrsima lo ha hecho al revs
porque el pan de las pobres lo ha convertido en piedras que slo sirven
para obstentar la grandeza y vanidad de este mundo. All se haya santa
Marta con sus pollos, que en llegando el da de la cuenta, quien hubiese
gastado menos, saldr mejor librado.

Amaro Rodrguez se sabe que falleci en Sevilla el 23 de Abril de 1865,
siendo su cadver enterrado en la iglesia de san Marcos.

La fama del loco dur mucho tiempo en Sevilla, y algunos que tuvieron la
curiosidad escribieron varios de sus chistosos sermones, los cuales se
conservan en un cdice del siglo XVII, segn se los escucharon y se
imprimi por la _Sociedad de Biblifilos Andaluces_.

All hay recogidos treinta y nueve sermones con algunas sentencias, y de
ellas dice una nota que prueba el efecto que causaron las peroraciones
del loco en su tiempo:

Los mismos inquisidores, los mismos frailes, las personas ms timoratas
los lean y celebraban  solas y  coro, sin temor de caer en mal paso
de excomunin y denuncia, y he visto  algunos afectsimos  los frailes
y al Santo Oficio, llorar de risa con los despropsitos de Amaro.




FRAY PEDRO DE SAN JOS


Se llam en el mundo don Pedro Jos Romero y en la religin fray Pedro
de san Jos; haba nacido en Villamanrique y resida en el convento de
San Diego de Sevilla, hacia la penltima dcada del siglo XVII.

El buen fray Pedro vino  contagiarse de las herejas de Molinos y aqu
estuvo su perdicin, bien que l trat de ocultar los graves pecados y
slo con sus ntimos explaybase en sus predicaciones y en sus actos,
que eran por cierto de los ms peregrinos.

Hacia 1685 llegaron  la Inquisicin los rumores de las herejas de fray
Pedro de san Jos, pero  fin de dar el golpe en seguro decidi
vigilarle, y como de la tal vigilancia result la comprobacin de las
sospechas  principios de 1686, cuando ms ajeno estaba el fraile
cogironle preso, permaneciendo en las mazmorras tres aos, hasta el da
10 de Julio de 1689 en que sali en el auto de fe, celebrado en el
castillo de Triana.

No perdieron en aquellos tres aos el tiempo los del Santo Oficio en sus
averiguaciones sobre los hechos de fray Pedro, pues con tanta fortuna
llevaron sus diligencias y tan al menudo inquirieron, que no falt paso
de _molinista_ que no descubrieran, ni accin por l cometida que
escapase  su conocimiento, de lo cual result un proceso tan
voluminoso, que para darle lectura en el auto de fe se redujo  los
cargos ms sustanciales, y aun as y todo invirti el secretario en
leerlo tres horas.

All result que fray Pedro aconsejaba mal  sus hijas de confesin, 
quienes haca creer que Jesucristo le haba revelado que nada de lo que
hiciese era pecaminoso, que se haba hecho profeta por dn especial, que
deca estaba destinado  ser Pontfice, y que entonces hara _apstolas_
 sus hijas de confesin, que haban luego de crucificarlo en la Cruz
del Campo, y que, enterrado en Tablada, resucitara  los tres das; que
en Babilonia haba nacido ya el Anticristo, que tendra de predicar por
manera harto maravillosa, con otras muchas sandeces y disparates, con
los cuales haba tenido embaucados  muchos y producido grande
escndalo.

Das antes del auto, fray Pedro de san Jos confes todos sus delitos,
arrepentido de ellos muy sinceramente, y _abjur de vehementi_, por lo
cual se libr de una muerte cierta, fulminndose contra l la sentencia,
cuya parte principal reproduzco, segn la inserta en su _Relacin
histrica de la judera de Sevilla_, Montero de Espinosa:

...Fallamos que, atento al proceso fulminado contra fray Pedro de san
Jos, que presente est, que le debemos declarar y declaramos por
_hereje, hipcrita, iluso, infestado del error de los alumbrados y
profeta falso_ y por haberlo sido, mandamos sea sacado de la sala de
este Santo Tribunal con sambenito de dos aspas, estando en pie dicho reo
siempre, y absuelto, se le quite; y al da siguiente sea llevado  su
convento con ministros y secretario de esta causa, y en presencia de
toda comunidad, excepto los novicios, se lea todo el dicho proceso y
sentencia y que all _se le d una disciplina circular_; y le privamos
para siempre de confesar y predicar y que no tenga voto activo ni
pasivo, y que salga desterrado por diez aos de Sevilla, Jerez y
Villamanrique y Madrid y los lugares  stos ocho leguas en contorno, y
que los primeros seis aos est recluso en el convento que le fuese
sealado y que all sea enseado del confesor que le dieren por director
de su conciencia, ensendole la doctrina cristiana; y que todo el dicho
tiempo en los actos de comunidad tenga el ltimo lugar de todos, y por
esta nuestra definitiva (_sentencia_), juzgando benignamente, as lo
pronunciamos y mandamos, etc., etc.

Hasta aqu lo que se sabe de la historia de fray Pedro de San Jos, que
debi darse por satisfecho de haber salido con vida de las garras
inquisistoriales.




LAS DANZAS DEL CORPUS


Desde muy remota fecha era costumbre en Sevilla que figurasen en la
procesin del Corpus buen nmero de cuadrillas de hombres y mujeres, que
caprichosamente vestidos, danzaban y taan instrumentos, siendo los
tales danzantes de lo que ms llamaba la atencin del pueblo, y tan
estimados eran de ste, que en cierta ocasin que se intentaron suprimir
y modificar, se produjo un grave conflicto, como ocurri el ao de 1690,
segn las crnicas relatan.

El citado ao un caballero veinticuatro, don Andrs de Herrera, hizo una
proposicin  fin de que las _danzas_ se suprimiesen, no hacindose por
lo pronto caso alguno de su escrito por el Ayuntamiento; pero el hombre
se conoce que no se di por vencido, y ocultamente trabaj en favor de
su idea, convenciendo al Asistente y  otras personas hasta el punto de
que ocurrieran los siguientes sucesos:

En la maana del da del Corpus citado, que fu el 25 de Mayo, spose
con gran sorpresa que el Arzobispo y el Asistente prohiban de golpe que
las danzas ni entrasen en la Catedral, ni fueran en la procesin, y si
acaso aparte de ella, cosa que, sabida por los comisionados de la ciudad
para organizar la fiesta, procuraron enterarse bien del hecho, y,
conociendo su certeza, no pudieron conseguir que el Asistente desistiese
del acuerdo que, sin parecer de la corporacin, haba tomado, por lo
cual, consultados los abogados all mismo, apelaron  la Audiencia, que
se reuni acordndose avisar inmediatamente  la Catedral para que la
procesin no saliese hasta nueva orden.

Entonces el Cabildo Catedral y el tribunal de la Inquisicin se
dispusieron  esperar mientras en la Audiencia continuaban las
diligencias comenzadas  toda prisa, terminando stas revocndose el
acuerdo del Asistente y mandndose que al punto fueran las danzas  la
Catedral.

Y la importante _Relacin_ coetnea del hecho, que existe manuscrita en
la Colombina, dice al llegar  este punto, tratando del alboroto
popular, que entonces se promovi:

El pueblo, considerando las embajadas tan continuas y rendimientos de
la Real Audiencia, y que en su puntual hora la torre no haca la seal
para la procesin y que era llegado el medio da, se junt todo en la
plaza de san Francisco hasta la Iglesia Mayor, entrando unos y saliendo
otros, contristados de ver se les frustraba al parecer el consuelo de
ver por las calles la procesin y llegaron todos  hacer tan diversos
como melanclicos y tristes discursos. Las religiones y eclesisticos
regulares convocados les faltaban los discursos y clamaban  su Dios 
cuya fiesta como obligados venan  asistir. Los prudentes y timoratos,
con lgrimas, con ansia, clamaban ante la Divina Majestad pidiendo
disolviera las dificultades que se podan ofrecer. La gente popular,
unos impacientes y otros con sobrada clera, otros no bien
intencionados, prorrumpan en melanclico y desordenado motivo que cada
uno fabricaba diversas especies sin acertar con el principal por
discurrir y no bien en todos. En lo alterado este mar populoso lleg la
noticia para que entrasen las Danzas en la iglesia; fu tal la alegra
universal que concibi el pueblo, que sin ponderacin puedo asegurar que
de puro jbilo se vi  todos hacer poco menos demostraciones que las de
las mismas Danzas,  cuyo tiempo fu dado principio  salir la
procesin, y entrando en forma la Ciudad  ocupar su lugar y  oir la
misa que se le tena prevenida mientras se va ordenando.

A estas lneas que dejo extractadas hay que aadir que el conflicto,
lejos de resolverse all, tom nuevo aspecto, pues el arzobispo se neg
entonces  prestar su concurso y  transigir con lo de las _danzas_,
enviando  decir  las corporaciones y  los religiosos, que ya estaban
formados en las gradas de la Catedral, que se dispersaran, causando
nuevo motivo de alboroto, de enojo y de sorpresa.

No relatar minuciosamente las idas y venidas, las palabras vivas y los
comentarios que entonces entre las autoridades mediaron, y cul serio,
formal y grave, fu el corte que tom el asunto.

Los diputados de la procesin--sigo extractando de la _Relacin_ y
otros prebendados acudieron  esperar las religiones, que aun no haban
salido todas. Los beneficiados, que estaban revestidos para llevar la
Custodia, con notificacin de las censuras, se desnudaron, las Cruces de
las parroquias se fueron, el clero se aterr y se fu de la Iglesia, las
ms de las cofradas se fueron. Vista esta confusin por todo el pueblo,
los sacristanes huyendo y las cofradas de la misma suerte, fu tal en
este punto el tropel y clamor de la voz popular, que se oyeron cosas
dignas de escribirse...

No es posible poder reducir ni hay testimonio con que explicar lo que
en este trance se vi y oy, y los milagros por la Divina Magestad, en
que  vista de tal inquietud y resolucin, no permiti que hubiese otra
cosa que voces.

Entonces, por orden de la Audiencia, con los que an no se haban
dispersado, la procesin sigui con la Hermandad de los Sastres, la de
san Diego, los capuchinos, los mercenarios, los agustinos y los frailes
del Carmen, asistiendo tambin el tribunal de la Inquisicin, los
cannigos y el Asistente, que con harto despecho tuvo que concurrir
llevando delante  los de las _danzas_, motivo principal del alboroto y
los cuales bailaron durante el trnsito, como si nada hubiera ocurrido,
con general regocijo.

Las cuatro de la tarde eran cuando la procesin regres al templo
Catedral, terminando sin otro incidente la fiesta del Corpus de aquel
da, que dej memoria entre los sevillanos largo tiempo.




LAS PROCESIONES DEL ROSARIO


Antiguas son en Sevilla las procesiones del rosario que durante las
primeras horas de la noche y por las madrugadas recorran las calles de
la ciudad cantando oraciones, pero los historiadores sealan como la
poca de que arranca el gran apogeo de tales actos religiosos, los
ltimos aos del siglo XVII, en que sufrieron notables reformas que
contribuyeron  su gran desarrollo.

Don Antonio M. Espinosa y Crcel, dice al hablar del ao 1690, que
desde este ao comenzaron  salir en Sevilla los rosarios con cruz y
estandarte ( sin-pecado) y faroles, aumentndose la devocin cada da
en los trminos de grandeza y aparato que hoy (1796) se ven con
admiracin de todos.

Fu,  creer  los analistas, el rosario de la hermandad de la Virgen de
la Alegra de san Bartolom, el primero que sali con sus luces 
insignias, disputndose con l la antigedad el de san Pablo, organizado
por cierto fray Pedro Martn de Ulloa, y  estos dos siguieron
rpidamente otros muchos que hicieron reformas por entonces.

La constitucin de hermandades del rosario tom gran incremento en
escaso tiempo, y de entre ellas he de citar algunas de las principales,
como lo fueron las de la Merced, san Roque, el Ppulo, los Dolores, la
Cruz del Rodeo, los Viejos, san Acasio, san Telmo, la Virgen de los
Angeles, los Clrigos Menores, santa Ana la Pastora, san Nicols, san
Benito y san Alberto.

A ms de stas, haba otras muchas de menos importancia, y puede decirse
que, al mediar la dcima octava centuria, no exista en Sevilla iglesia,
convento, capilla, cruz  retablo donde no estuviese formada una
hermandad, que por las noches recorra las calles, ms  menos devota y
gravemente, con sus campanillas, su cruz, su estandarte y sus grandes
faroles.

Hacia 1732 el rosario del Sagrario empez  competir en lucimiento con
las dems, y en 1735 comenzaron  salir de Santa Cruz los formados por
mujeres, segn las noticias de Enrique Andrade, teniendo tambin aquel
ao principio, para que nada faltase, uno de nios, al cual di gran
impulso un fraile llamado Diego Toms de los Ros.

Para que el lector calcule hasta dnde lleg esto de las hermandades de
rosarios, consignar tan slo que entre las de hombres, mujeres y nios
haba en Sevilla 128 en 1758, como as consta en los _Anales_, y era de
ver que apenas quedaba noche del ao en que no salieran tres  ms  la
calle, sin contar la ms principal y numerosa, que era la que al toque
del alba sala de la capilla de las gradas de la Catedral,  la que
estaban afiliados todos los comerciantes del barrio del Sagrario y
personas de no poca significacin.

Tan excesivo nmero de hermandades daban origen  competencias y
rivalidades entre unas y otras, por muy varios motivos, y en particular
las de los barrios bajos, compuestas en su mayora de gentes de armas
tomar y de mozos del brazo de hierro y de la mano airada, tenan con
frecuencia en mitad de la calle y entre las sombras de la noche agrias
disputas y pendencias, donde los devotos venan siempre  las manos,
propinndose sendos bofetones, palos y farolazos que dieron con justicia
origen  la fama legendaria que an todava conservan los _Rosarios de
la aurora_.

Para aquellos nuestros abuelos, era el rosario por la noche una
distraccin como otra cualquiera  falta de alguna ms variada, y as se
explica que antes del devoto ejercicio y durante el trnsito menudeasen
mucho las libaciones en las tiendas de montas, y que los hermanos
estuviesen en no pocas ocasiones muy lejos de guardar aquella compostura
y devocin que el caso reclamaba.

Los rosarios de mujeres, sobre todo, dieron origen  no pocos excesos,
en los que ms de una vez vironse obligados  intervenir los
alguaciles, pues como no todas las hijas de Eva que  ellos concurran
hacanlo slo por el rezo, y como con frecuencia los mozos de empuje se
unan  la procesin con intenciones no muy piadosas, resultaban de aqu
escenas poco edificantes.

Las rivalidades entre los individuos de unas y otras hermandades,
llegaban  ser  veces terribles y los odios irreconciliables, aunque el
origen de todo era tan santo, y en cuantas ocasiones podan molestarse
los hermanos, las aprovechaban con creces, usando de todos los medios.

Como anuncio de los rosarios de madrugada era la salida de los _hermanos
campanilleros_, que recorran en las primeras horas de la noche las
calles embozados en capas, detenindose en determinado punto, y
entonando coplas de carcter religioso,  las cuales acompaaban con el
repiqueteo de unas campanillas de mano que llevaban al efecto.

Estos _campanilleros_ formaban parte de las mismas hermandades del
rosario, y eran, por lo general, gente obrera, y algunos llegaban 
adquirir singular destreza en el manejo de la campanilla.

Los sbados, generalmente, salan  la calle los _campanilleros_ por los
barrios de la Feria, de la Macarena, de san Bernardo  de Triana,
teniendo siempre no pocos curiosos que le rodeaban cuando se detenan 
echar sus tonadas ante la puerta de alguna casa, de cuyos inquilinos
recogan buenas limosnas para el culto del rosario.

La msica de los _campanilleros_ era extraa y de un singular carcter,
pero no dejaban de ser menos curiosas las letras de sus coplas, entre
las cuales las haba del tenor siguiente:

      El demonio como es tan travieso
    agarr una piedra y rompi un farol,
    y salieron los padres Franciscos
    y lo apedrearon en el callejn.

      El _invito_ del rey san Fernando
    luchando con moros, Sevilla gan,
    con el mundo en la mano derecha
    y en la otra la espada y en la _otra_ el pendn.

      Un devoto por ir al rosario
    por una ventana se quiso tirar,
    y la Virgen Mara le dice:
    --Detente devoto, por la puerta sal.

Todas estas y otras muchas llevaban un estribillo, que se repeta
cientos y cientos de veces, y el cual era por este estilo:

        Devotos, venid;
      devotos, llegar,
    que la Virgen Mara nos llama;
      su santo rosario
      venid  rezar.

Algunos cantores de los _campanilleros_ llegaron  adquirir cierta
celebridad, no slo en la hermandad  que pertenecan, sino en todo el
barrio, principalmente en los tiempos en que ms en auge estuvieron,
entablndose en no pocas ocasiones competencias muy empeadas entre los
cantores de una parroquia y los de otra, competencias de las cuales
resultaron algunas veces disgustos y altercados.

A fines del siglo XVIII y  la primera mitad del XIX, el tipo del
hermano campanillero era popularsimo en Sevilla y el nombre de alguno
de ellos ha pasado  la posteridad, como ocurri con el llamado Felipe
_Batato_, de quien deca la copla:

      Si lo llaman _pa_ ir al rosario
    dice que est enfermo, que no puede ir;
    si lo llaman _pa i_  la taberna,
    dice que se esperen, que se va  vestir.

En los primeros aos del siglo XIX comenz en Sevilla la decadencia de
los rosarios nocturnos, que despus de los tres aos de invasin
francesa no volvieron ya  su antiguo esplendor, y disueltas 
extinguidas ms tarde las hermandades, slo queda como menguado recuerdo
de aquellos actos de religin, en que nuestros abuelos pasaban el
tiempo, el rosario de la aurora, que an sale tres veces al ao de la
capilla de la Angustia, en las gradas de la Catedral.




LA BEATA BRIGUELA


Catalina Briguela tena por nombre y era natural del Puerto de Santa
Mara, donde vivi algn tiempo y en diversas temporadas en Sevilla,
poblacin en que lleg  ser muy conocida por la gente devota y en donde
vino al fin y  la postre  sufrir mal de su grado, infamante pena y
duro castigo.

El da 18 de Diciembre de 1695, el pueblo que acudi  la iglesia de
santa Ana de Triana, donde la Inquisicin celebr auto pblico de fe,
vi salir  Catalina Briguela en unin de cinco mujeres y dos hombres
que por sus pecados se vieron en tan apurado trance.

El delito de que se acusaba  la Briguela era grave, pues segn result
de la lectura de la causa, desde la edad de siete aos haba la mujer
mantenido _pacto con el demonio_, edad harto temprana, que prueba cunta
era la precocidad de la nia y cun varios son los caprichos del Satan,
que hace diabluras como estas de escoger criaturas para echarles la
garra.

El tribunal de la Inquisicin sentenci  Briguela  sufrir doscientos
azotes por las calles de la ciudad  hacer duras penitencias por
determinado tiempo y  ocho aos de destierro de los cuatro reinos de
Andaluca.

La vida de la reo no dejaba de ofrecer incidentes curiosos, que todos se
pusieron bien en claro durante las diligencias del proceso, en el que
declararon muchas personas que juraron gravemente haber sido testigos de
cun formal y estrecho era el pacto que tena la reo hecho con el
diablo.

Parece que la moza, que era beata de hbitos, no slo se contentaba con
su pacto diablesco, sino que induca  las jvenes  que se entregasen 
Satans, sin duda porque  ella le iba muy bien con aquella compaa.

En el Puerto de Santa Mara y en Sevilla, Mara Briguela reuna en su
casa  personas adictas, y con ellas se entretena en prcticas de
hechiceras, las cuales no se celebraron con tanto misterio que no
trascendiesen al vecindario, con gran escndalo para todos, pues el
demonio parece que tomaba parte en aquellas reuniones, no slo para
cosas contrarias  la religin, sino para excitar  sus posedos  las
mayores desvergenzas y deshonestidades.

Vivi la beata mucho tiempo de sta tan torcida manera y sin apartarse
del mal camino, siendo muy frecuente en ella las visiones y los
transportes, los cuales le acometan con frecuencia, causando la mayor
admiracin en cuantos la rodeaban y que quedaban suspensos de verla
revolverse por los suelos, dar grandes gritos, agitarse toda y sufrir
las mayores crueldades.

Cuando volva en conocimiento la beata, contaba cosas estupendas  sus
amigas, y relataba sus conversaciones con Luzbel, y las confidencias que
ste les haca en las cuales trataba con la mayor llaneza de las cosas
pasadas, presentes y futuras, dejando tales relaciones con la boca
abierta  todos los incautos que las oan.

Farsa burda era aquella en que la Briguela no dejaba de sacar provecho,
pues que siempre tena quien la regalase, por tal de oirla.

El ao 1690 parece que vino  unirse con Catalina otra mujer que tambin
andaba en esto del pacto con el demonio, y no es cosa de relatar los
estragos que en algunas almas sencillas hicieron con sus malas artes y
con sus abominaciones.

De esto vino la perdicin de la ilusa, pues un pariente de cierta moza 
quien haban ganado para sus hechiceras, denunci  la Briguela al
tribunal de la Inquisicin, quien la puso en sus crceles en 1693, donde
permaneci hasta el 18 de Diciembre del citado 1695 en que sali en
santa Ana en pblico como lo cita Montero de Espinosa en su _Coleccin
de autos que llamaban de f_.




EL VERDUGO AZOTADO


No siempre haba de ser el verdugo el que azotase  los reos, y por eso
en cierta ocasin fu el propio verdugo el que sali  la vergenza
pblica montado en el borrico y sufriendo sobre sus espaldas los golpes
de la penca.

Esto ocurri en 1698 el da 10 de Octubre, y la causa del castigo fu
que el tal verdugo tena el feo vicio de la blasfemia, costndole las
palabras gruesas que en una ocasin dijo, 200 azotes dados tan 
conciencia, que el hombre estuvo curndose largo tiempo y  punto de
perder la vida.

El azotado verdugo se llamaba Onofre Bartola y era hombre de historia un
tanto original, que bien merece recordarse. En una ocasin prendi la
justicia  varios ladrones, y uno de ellos, hombre despejado,  lo que
se vi, suplic con grandes instancias le concediesen la plaza de
ejecutor de la justicia, y como quiera que  la sazn sta se hallaba
mal servida porque el verdugo andaba enfermo y achacoso, y el
solicitante, que era el propio Onofre, ofreci desempear el puesto por
la mitad del sueldo, le fu encomendado; pero tantas fueron las
bellaqueras y malas acciones que cometi  partir de entonces, que la
Audiencia lo conden  crcel perpetua, y  no salir de ella sino
cuando tena que ejercer su triste misin, muy escoltado, y as que daba
fin de ella volvan  encerrarle.

Parece que en la prisin, como su espritu era inquieto y turbulento,
traa siempre revueltos  los dems presos, gente de la hera, nada
pacfica ni sosegada, y esto di motivo  que, denunciado por blasfemo
horrendo, saliese un da por las calles de Sevilla  sufrir los
infamantes azotes; y no qued aqu el castigo, sino que la Inquisicin
lo reclam y le hizo  fin de 1699 salir en auto pblico, encorozado y
con una mordaza, envindolo luego  sufrir seis aos de galeras.

Del tiempo en que estaba preso el nclito Onofre he encontrado la
curiosa noticia en el Archivo Municipal en la Carpeta 39 de Acuerdos
para librar de 1699 y que puede servir de dato para ilustrar la vida del
azotado verdugo:

En la muy noble y leal ciudad de Sevilla, en sbado 11, das del mes de
Abril de 1699, en el Cabildo que la ciudad tuvo y celebr este da en
que se juntaron sus seoras el seor marqus de Valdehermoso, Asistente
de esta ciudad y algunos de los caballeros veinticuatro y jurados segn
costumbre, fu ledo un memorial dado por Onofre Bartola en que dice
est ejerciendo el oficio de ejecutor de la justicia y que se halla
preso en la crcel real, y sumamente pobre, suplica  la ciudad lo
admita por tal ejecutor, sealndole lo que es estilo y socorrindole
por ahora con lo que la ciudad fuese servido, en que recibira merced; y
visto por la ciudad y por su seora el seor Asistente se acord de
conformidad remitir el dicho memorial  los seores tenientes para que
hagan informe sobre su contenido y que al dicho Onofre Bartola se le
diesen por ahora _cien reales_ por cuenta del salario de ejecutor de la
justicia que se le hubiere de sealar, siendo  propsito para ello y
que se tenga presente en la contadura esta libranza para cuando llegue
el caso, etc.

Cumpliendo en las galeras la condena que se le impuso despus del auto
de fe muri Onofre Bartola, y as tuvo fin la airada vida de aquel
ejecutor de la justicia, que fu  la par reo y verdugo.




LOS HERMANOS DEL PECADO MORTAL


En el siglo XVIII y aun  principios del XIX, interrumpa, durante las
noches, el silencio de las calles de Sevilla, una voz lgubre y montona
que ms de una vez despertaba  los pacficos vecinos y llevaba el
terror  los chiquillos que descansaban en sus casas.

Aquella voz era la de los hermanos de la _Congregacin del santo celo
por la salvacin de las almas y conversin de las que estn en Pecado
Mortal_ (que tal era su ttulo), hermanos que con un cepillo de madera
colgado  la cintura para las limosnas, una campanilla y una linterna,
correteaban la ciudad desapareciendo cuando las primeras luces del nuevo
da comenzaban  iluminar el cielo.

Poco despus de la _Queda_ salan los hermanos, que tena cada uno de
ellos la misin de recorrer un barrio, del que llegaban  conocer todos
sus rincones, encrucijadas y callejas; iban por entre las sombras con
paso reposado y lento, y en determinados lugares se detenan y bajando
el embozo de la capa, con tono quejumbroso gritaban:

--_Para hacer bien y decir misas por los que estn en pecado mortal!_

A este grito agitaban la campanilla, no faltando, por lo regular, de
all  poco, la voz de un vecino que entreabra la ventana, y al _tome
hermano_, arrojaba alguna moneda  nuestro hombre, que segua su camino
impasible  otro y otros sitios, donde repeta su pregn y sus
campanillazos, entonando algunas veces una  manera de _saeta_, del
tenor siguiente:

      Si en esta noche murieres,
    hombre que ests en pecado
    considera dnde fueres!

La tal congregacin del _Pecado mortal_, fu creada en Sevilla hacia
1723, siendo su principal organizador un librero de Marchena,
establecido en la calle Gnova, el cual, en unin de otros devotos,
formaron los estatutos y reglas, establecindose en la iglesia del
convento de san Francisco, donde ms tarde costearon una Virgen de la
Esperanza, pues  sta y al _Cristo Coronado de Espinas_, tenan por
patronos los congregantes.

El 9 de Abril del ao de 1724 fu la primera noche en que los hermanos
del _Pecado Mortal_ salieron por las calles  recoger limosnas, y stas
debieron darles buenos resultados, pues en pocos aos llegaron  reunir
un fondo bastante considerable, el cual aplicaban, entre otros objetos,
 casar  los enamorados que vivan maritalmente, para _sacarles del
pecado_, como cndidamente escribe un autor.

La congregacin del _Pecado Mortal_, sala anualmente de misiones por
las parroquias de san Julin, san Marcos, san Ildefonso y Omnium
Sanctorum,  donde iba en procesin, y en las que sermoneaban largo y
tendido los frailes franciscanos, que se entraban y salan por las casas
de esas populosas collaciones, con el propsito de limpiar de pecado al
vecindario.

Los hermanos que paseaban las calles para recoger las limosnas eran de
los de ms nimos y presencia, pues haba que tener ambas cosas para
andar de noche por la ciudad en invierno y verano, expuestos  ms de un
percance y  las varias asechanzas y lances que entonces  cada paso se
ofrecan.

Los criminales y malhechores, los vagos y pjaros de cuenta, que vagaban
por calles y plazas, tenan en el pregn del _Pecado Mortal_ un aviso
que le daba el alto en sus fechoras, y ms de una vez en el hermano un
testigo mudo de sus actos.

Esta antiptica y lgubre figura de la campanilla y el pregn
desaparecieron por completo hace ya ms de noventa aos, pero la
congregacin del _Pecado Mortal_ sigui y puede decirse que an
subsiste.

Cuando en 1840 fu derribado el convento de san Francisco, se
trasladaron los hermanos al templo de san Ildefonso, y de all fueron
ms tarde al de San Buenaventura, donde todava y anualmente organizan
algunas misiones por los pueblos de la provincia misma, que por lo
general, pasan inadvertidas y en nada consiguen llamar la atencin.

La congregacin de _El santo celo por la salvacin de las almas y
conversin de los que estn en pecado mortal_, fu de aquellas
instituciones religiosas que dieron una nota grfica la Espaa negra y 
la sociedad supersticiosa de nuestros abuelos, aunque parezca extrao y
con cierto orgullo se envanecen algunos autores de que Sevilla fu la
primera que la tuvo entre las capitalas de Espaa.




UN PARTIDARIO DEL ARCHIDUQUE DE AUSTRIA


La guerra de sucesin, tan funesta para Espaa, hizo, como sucede en
casos tales, multitud de vctimas fuera de los campos de batalla, y ms
en aquella en que el nmero de partidarios de la causa del archiduque de
Austria era en un principio mayor que el de los Borbones.

Esto ocurri tambin en Andaluca, donde se conspir un buen tiempo, si
bien luego tratse de borrar las huellas de tales pasos, y siendo tal
vez no pocos de los que luego prestaron acatamiento  Felipe V, los que
promovieron y fomentaron ocultamente las conjuras.

Uno de los individuos que en Sevilla se seal ms entre los
partidarios del archiduque fu D. Cristbal Guerrero de Aguilar, el cual
tena el destino de administrador de la sal, y era adems uno de los ms
distinguidos familiares de la Inquisicin por su noble alcurnia y la
posicin que ocupaba.

Guerrero de Aguilar mezclse en todos los manejos contra la dinasta de
Borbn, y estableci correspondencias con muchas personas significadas,
siendo durante los aos 1702 y 1703 uno de los ms activos agentes de la
casa de Austria.

En los comienzos de 1704, D. Cristbal fu preso por haberse probado que
en uno de los frecuentes viajes que por entonces hizo, haba trado
varias cartas, documentos y alocuciones del famoso cardenal Cienfuegos,
los cuales estaban dirigidos  excitar los nimos de autoridades,
comunidades y personas significadas, en contra de la nueva dinasta.

Juzgado Guerrero de Aguilar por su delito, ninguna clemencia tuvieron
para l los jueces, condenndolo  muerte despus de algn tiempo de
prisin y de haber practicado muchas y enojosas diligencias en
averiguacin de los que en Sevilla parecan estar en contacto con el reo
y favorecer sus trabajos.

El administrador de la sal fu ahorcado en la plaza uno de los primeros
das de Mayo de 1774, y en la noche de su muerte una procesin de
frailes de san Francisco subi al patbulo, descolg el cadver, lo
amortaj all mismo, y colocndolo en un fretro, despus de entonar
largas salmodias, lo condujeron al convento ms prximo, donde le dieron
sepultura.

Esto fu muy comentado en la ciudad, pues de los frailes franciscanos de
la Casa Grande se deca, no sin fundamento, que eran partidarios del
Archiduque, y aun que haban enviado en diversas ocasiones ocultamente
cantidades crecidas para el sostenimiento de las tropas enemigas de la
casa de Borbn.




PROFANACIN


El da 16 de Junio de 1718, fiesta del Corpus, una vecina de la
collacin de San Vicente, llamada Juana Teresa Parrado, y la cual era
criada del convento del Dulce Nombre de Jess, rob la sagrada forma del
viril, guardndola en su pecho, y despus de partirla, la coloc sobre
un altar de Jess Nazareno.

Esta profanacin que, como es de suponer, caus gran escndalo en
Sevilla, fu consignada por algunos escritores en papeles y hojas
sueltas, y la autora del hecho fu presa y llevada  la Inquisicin,
donde sufri castigo, saliendo en auto pblico de fe el 10 de Diciembre
de 1719, condenndosela  doscientos azotes y  destierro, y en
desagravio de la Divinidad se hicieron luego numerosas funcionos en los
templos de Sevilla.

Juana Parrado, segn las relaciones coetneas, no era una cualquiera
como parece, pues, tena nada menos que pacto con el demonio,  quien
_trataba con mucha llaneza_, y me parece de verdadera curiosidad para
conocer detalles de aquella individua y del suceso que la hizo clebre,
reproducir estas lneas del manuscrito de fray Jos de Muara, y que no
dejan de ser donosas.

En ellos despus de relatar el sacrilegio cuenta como fu descubierto y
da  conocer quien era la autora, en esta forma:

...El da siguiente (17 de Junio) subi el sacristn  renovar una
buja de cera junto al viril y repar faltaba la Sagrada Hostia; di
aviso  los sacristanes y entristecironse las monjas y hicieron
rogativas, disponiendo se consagrase una Hostia y se colocase en el
viril para manifestar  S. M. en la misa mayor. Una religiosa llamada la
madre Espritu Santo hizo oracin con muchas lgrimas delante de una
santa imagen de Jess Nazareno que est en un altar (_en blanco_) y vi
sobre los manteles del altar media Hostia; di aviso y el capelln
registr el altar y hall la otra mitad de la Hostia debajo de los
manteles del mismo altar y creyendo era aquella la misma Hostia que
estuvo en el viril la puso en unas corporales y un sacerdote la consumi
en la misa. Estaba en el convento sirviendo una mujer mulata llamada
Juana Teresa Parrado, de quien las monjas tenan muchas sospechas de que
era mala cristiana y dando aviso al seor visitador que es nombrado por
el duque de Medina Sidonia para este convento por privilegio especial
del Papa, hizo sus obligaciones, y negando la dicha mulata con alguna
turbacin, fu dada cuenta al seor provisor, siendo amenazada la mulata
si no confesaba la verdad, que sera castigada y atormentada, dijo que
la maana del dicho da 17 de Junio muy temprano _el Demonio la sac
por la reja de una tribuna y tenindola en el aire junto al viril le
dijo sacase la Sagrada Hostia y se la entr en el seno y habindola
vuelto el Demonio  la tribuna haba ella partido la Hostia y
arrojndola sobre el referido altar_. Los seores inquisidores formaron
autos, y vista la declaracin de la mulata la llevaron  sus crceles:
all confes _haca muchos aos que viva con mucha llaneza y
familiaridad con el Demonio, el cual en forma de hombre la acariciaba y
se acostaba con ella en su cama_ (!) no declar otros delitos sino los
referidos de que resultaba huir de los santos sacramentos y oir misa sin
veneracin y atencin. (_Antigedades y novedades sevillanas._)

Juana Teresa Parrado, que tena veinte y ocho aos de edad, despus de
salir en auto, que se celebr en san Pablo, como dije al principio, en
10 de Diciembre de 1719;  los comienzos del siguiente corri las calles
de la ciudad sufriendo los doscientos azotes impuestos posando luego al
destierro, donde quiz continuara su _llaneza y familiaridad con el
Demonio_, pues como cndidamente apunta Matute en sus Anales, la
mulatita se afirmaba que desde nia haba tenido pacto con l.




TRAJES Y ADORNOS


Cuando al oscurecer del da 27 de Noviembre de 1723 los vecinos de
Sevilla se disponan  recogerse en sus casas para entregarse al reposo
se vieron sorprendidos por el rudo que por varias calles promova el
toque de trompetas y atabales, el paso de caballos y las voces de no
poco concurso que rodeaban  los ginetes.

La causa de todo aquello era la siguiente. Por la tarde se haba
recibido de Madrid un pliego conteniendo la _Pragmtica sancin que su
majestad mandaba observar sobre trajes y otras cosas_, fechada en San
Ildefonso  15 das del mismo mes, y el Asistente que lo era don Alonso
Prez de Saavedra, marqus de la Jarosa, apenas hubo recibido el
documento, haba convocado  cabildo con gran prisa, para dar cuenta de
l, y como su seora consideraba de mucha urgencia que la orden real
llegase  conocimiento de todos, se comision all mismo al marqus de
Gandul para que, aunque fuese de noche, se publicara la pragmtica con
todas las solemnidades de rbrica.

En efecto, se organiz la comitiva para la ceremonia, figurando en ella
el teniente de Asistente don Isidoro Palomino, el pregonero Sebastian
Francisco, los alguaciles de los Veinte, los trompetas y atabales.

El primer pregn dise, como de costumbre,  las puertas del
Ayuntamiento, siguiendo los otros ante la Audiencia, el palacio
Arzobispal, el Alczar, y el barrio de la Feria, siendo necesario que
algunos mozos, con antorchas, alumbrasen al pregonero, que se
desgaitaba en medio del camino por enterar al vecindario, cmo quera
Felipe V que se vistieran sus vasallos de all en adelante.

La tal pragmtica sobre trajes, aunque reproduca algunas disposiciones
de otras, era ms estrecha y tena nuevas y grandes disposiciones que no
dejan de ser curiosas y que causaron no poco disgusto  los galanes
sevillanos, muy dados al lujo en sus trajes y personas.

El rey prohiba que se usase ms de encajes finos, cintas de plata y
oro, terciopelos rayados, etc., como no fuera con cierta moderacin muy
limitada; aada que los menestrales, barberos, labradores y especieros
no podan llevar vestidos de seda, y vedaba en absoluto que ni hombres
ni mujeres luciesen aderezos y adornos de piedras falsas, que entonces
se labraban con gran perfeccin, imitando  los legtimos.

Las libreas que haban de llevar los pajes, lacayos y criados se mandaba
que fuesen del menor lujo posible, mencionndose tambin el nmero que
haba de haber de stos y sus trajes en ciertas ocasiones.

En cuanto  las galas femeninas, deca Felipe V casi ruborizado:

...Por cuanto son muy de mi real desagrado las _modas escandalosas en
trajes de mujeres_ y contra la modestia y decencia que en ellos se debe
observar, ruego y encargo  todos los obispos y prelados de Espaa que,
con celo y discrecin, procuren corregir estos excesos y recurran en
caso necesario  mi Consejo, donde mando se les d todo el auxilio
conveniente.

Pero no era en los trajes nicamente en lo que aquel rey dispona, sino
que, con el propsito de disminuir el nmero de carruajes, que deban
estorbarle, dictaba severas disposiciones contra los adornos, pinturas y
galas que solan ponerse en las carrozas, literas, calesas, estufas,
etc., no dejando de ser donoso el que sealaba las personas  quienes
estaba permitido andar en coche y las que lo tenan vedado, en esta
forma:

...No podrn tener coches... _los alguaciles de corte, escribanos de
provincia y nmero_, ni otros ningunos, ni tampoco lo han de poder tener
los _notarios, procuradores, agentes de pleitos y de negocios_, los
_recaudadores_, si no es por otro ttulo, y tampoco lo podrn tener ni
los _mercaderes con tienda abierta, ni los de lujos, plateros, maestros
de obras_, etc.

En fin, para que nada faltase en que el rey interviniera, pona tasa 
lo que  los novios les diese gana de regalar  sus prometidas,
marcndoles hasta dnde podan llegar en sus ddivas, diciendo: por
cuanto exceso de joyas y vestidos, y otras cosas que se daban y hacen al
tiempo del desposorio... ninguna persona de cualquier estado, calidad y
condicin que fuere, pueda dar  diere  su esposa y mujer en joyas y
vestidos en causa alguna ms que lo que montase la octava parte del dote
que de ella recibiese.

Hasta 29 artculos tena la famosa pragmtica, que se mand cumplir con
tanto rigor, que all se ordenaba que el que la desobedeciese tendra de
pena _por la primera vez cuatro aos de presidio cerrado  frica, y por
la segunda ocho aos de galeras_.

El Asistente conde de la Jarosa, que tanto se apresur  pregonar las
rdenes reales, como antes dije, no fu menos severo en su cumplimiento,
haciendo practicar escrupulosos registros con frecuencia, y por
sastreras, tiendas de ropas y cocheras, y sin que tuviera consideracin
alguna  los intereses que perjudicaba, descarg toda su justicia sobre
obreros, artesanos y fabricantes, que respiraron con satisfaccin cuando
dej su cargo, tres aos despus, en 1725.

Y para que se viera que l era el primer cumplidor de la pragmtica,
como quiera que en ella se ordenaba que todas las autoridades y
justicias vistieran de negro, en el primer cabildo que la ciudad celebr
el 7 de Diciembre de 1723, se present todo enlutado, empuando su vara,
y oblig  que con igual traje negro fuesen todos los caballeros, desde
el escribano Castillo hasta el ltimo portero.




TORIBIO DE VELASCO


Al ocuparme en pginas anteriores de la asociacin del Nio Perdido que
existi el siglo XVI, algo dije del lamentable abandono en que estaba en
la antigedad la infancia desvalida. Las calles veanse continuamente
llenas de muchachos que, sucios, andrajosos y hambrientos, crecan
abandonados  sus instintos, sin que ni las autoridades eclesisticas ni
las civiles, ni otras corporaciones, se cuidasen de atender  ellos,
apesar de que de tan pinges rentas disponan.

Aquellos infelices, de cuya educacin nadie se ocupaba, vivan de la
manera ms miserable, coman cuando encontraban donde robarlo, dorman
al raso, y en su infantil edad, el continuo roce con gente perversa y el
abandono de toda educacin tenan harto prematuramente prostituidas sus
almas y enviciadas y torcidas sus conciencias; pues los tales
rapazuelos, que por los sitios pblicos enseaban sus miserias, podan
ser maestros en rateras, licenciados en la carrera rufianesca y carne
dispuesta para consumirse en la horca, en las galeras  en los
presidios.

Esto, que tanto dao vena  traer  la sociedad y que tan poco hablaba
en favor de la cultura, mal era al que deba ponerse remedio, y aunque
algunos sobre ello parasen mientes, nadie de significacin llev  la
prctica ninguna medida, y vino  partir la obra bienhechora, como
algunas veces sucede, del ms dbil y del que con menos medios parece
contar para llevarla  cabo.

Y as fu entonces. Un pobre hombre, de humilde posicin, sin trato
social y sin carrera alguna, de ilustracin escassima, pero de alma
buena y sensible, movido de un noble sentimiento de humanidad, solo y
sin apoyo, hzose al comenzar el siglo XVIII, el verdadero protector de
la infancia desvalida, que  los poderosos ningn inters prestaba.

Era aquel hombre natural de la parroquia de San Pedro de Pneres, del
Concejo de Haller (obispado de Oviedo), llambase Toribio de Velasco y
Alonso, haba venido  Sevilla de joven y no tena otro oficio que
vender por las calles aalejos, estampitas, novenas, romancillos 
pliegos de aleluyas, con cuyas escasas ganancias atenda  su frugal
alimento y  pagar su modesto cuarto, que en una pobre casa de la calle
del Peral le serva de morada.

Toribio de Velasco, que por andar siempre de plaza en calle, era testigo
de aquel abandono en que los infelices desvalidos yacan, comenz 
mezclarse entre los muchachos, y con palabras dulces y persuasivas,
procuraba atraerse  los ms pequeos y menos maleados, regalndoles
estampas y dulces, y hacindoles que les prestasen ya alguna atencin, y
al aire libre, recitbales la doctrina  algunas mximas de moral de las
ms sencillas.

As anduvo nuestro buen hombre por los aos de 1720 y 24 y era muy
frecuente encontrarlo por la maana y tarde, ya en el monte del
Baratillo, bien junto  una puerta,  bien en medio de una plazuela
rodeado de muchachos  los cuales daba enseanza, y tan de la confianza
de algunos fu hacindose Toribio con paciencia y dulzura, que las horas
en que tena costumbre de dar su leccin, ponase en el extremo de una
calle  plazoleta y all sacaba de debajo de su capa rada y sucia una
campanilla que agitaba con fuerza, y  su toque se vean de distintas
partes acudir  los nios, que ms de una vez dejaban instintivamente el
juego para rodear al pobre montas y escuchar sus toscas palabras.

Ni las burlas de los incorregibles ni lo penoso de la espontnea tarea,
hicironle flaquear, llegando  conseguir, despus de muchos meses, que
varios de los muchachos fueran  su pobre casa de la calle del Peral,
con lo que ya pudo decir que haba echado los cimientos  su futuro
instituto.

All atrajo tambin  algunos hijos de vecinos pobres, y con las
limosnas que l mismo peda, y sacrificando sus escassimos ahorros,
pudo luego alquilar un departamento en una casa de vecindad de la
Alameda, donde en Julio de 1725 lleg  reunir, con cierto carcter de
escuela,  muchos nios, consiguiendo tambin comprar vestidos  18 de
los ms abandonados, los cuales se recogieron y all pasaron las
primeras clases de enseanza.

Haba por entonces ya cundido la noticia de la meritoria obra de Toribio
de Velasco y llegado  odos del arzobispo y del Asistente, y entonces
una persona interesada en ello, sin dar su nombre, envi  la casa 50
ducados, con lo que puede decirse que comenzaron sus fondos.

Tan rpidos fueron en adelante los progresos del benfico
establecimiento, y tanta la actividad desplegada por su fundador, que
aqul hubo de trasladarse  edificio ms amplio en la calle Real de san
Marcos, al sitio de la Inquisicin Vieja, y un escritor sevillano dice 
este propsito:

Apesar de no contar con ninguna renta, el nmero de nios creca por
manera, que llegaban en el ao de 1727  ciento, por lo que fu
necesario trasladarse.... y proveerse de maestros de escribir y contar,
y aun de gramtica latina, por si alguno se inclinaba al estado
eclesistico: tambin se dispusieron talleres en que aprendiesen los
oficios de zapateros, sastres, polaineros, cardadores de lana y otros de
primera necesidad, de lo que, informado el rey, lo socorri con diez mil
pesos, y adems mand  la Ciudad que le proporcionaran sitio apropsito
para que labrase casa, cuyo real decreto fu cumplido, sealndose una
bien espaciosa fuera de la puerta de Triana, como quiera que ya constaba
de ciento y cincuenta nios, cuya subsistencia se apoyaba slo en la
caridad sevillana.

No lleg Toribio de Velasco  ver instalada su casa en dicho punto, pues
anciano y enfermo, muri en la tarde del da 23 de Agosto de 1730,
siendo trasladado con gran pompa su cadver desde la calle Real de san
Marcos, al convento de san Pablo, en que fu sepultado, y en su
testamento dej elegido sucesor de su puesto  un su compaero que le
haba ayudado hasta all, llamado Antonio Manuel Rodrguez, el cual
procur durante el tiempo que estuvo al frente del establecimiento,
seguir las huellas del fundador.

En 1738, no habiendo podido realizarse el proyecto del edificio en las
afueras de la puerta de Triana, se traslad la escuela  una casa de la
Calzada  la Cruz del Campo, de donde pas en 1776  ocupar el edificio
de san Hermenegildo, residencia que fu de los jesutas, donde estuvo
hasta que se traslad en 1785  la plaza de Pumarejo y  un espacioso
edificio, en que permaneci hasta su extincin, primero en 1823 y
completa en 1836.

Puede decirse que, cuando el heredero de Toribio de Velasco, Antonio
Manuel, dej la casa en 1749, comenz  decaer tan til establecimiento,
que desde entonces administr un eclesistico del que dice Matute que
de cuyo poco celo  inteligencia, result un lastimoso atraso,
habindose reducido  50 el nmero de nios.... y se puede asegurar que
(el establecimiento) jams volvi  ver los felices das de su
fundacin.

No son muy abundantes las noticias que existen de la primitiva fundacin
del hermano Toribio, y las ms importantes  ms de las que dan Asensio,
Collantes y los papeles del conde del Aguila, se encuentran en un libro
que vi la luz en Madrid en 1766, escrito por el padre Baca y cuyo
ttulo es el siguiente:

--_Los toribios en Sevilla breve noticia de la fundacin de su
hospicio, su admirable principio, sus gloriosos progresos y el infeliz
estado en que al presente se halla: su autor el M. R. P. Fr. Gabriel
Baca, de la orden de la Merced, etctera._ La da  luz para ejemplo y
accin de gracias al Todo-Poderoso, D. Miguel Carrillo, cannigo de
aquella santa Patriarcal Iglesia, y la dedica al rey nuestro seor, como
padre el ms poderoso de sus vasallos pobres y desvalidos.--Madrid,
etctera, 1766.

Nada ms que una confusa memoria queda hoy de aquel bienhechor de los
nios desvalidos, de aquel pobre Toribio de Velasco, que con alma
cndida y buena, llev  cabo en nuestra ciudad una de las obras ms
meritorias que pueden darse.... Sevilla no ha dedicado hasta ahora un
solo recuerdo al que hizo bien desinteresadamente; y en la poblacin
donde tantos nombres que nada dicen se ostentan en las vas pblicas,
an no se ha ocurrido  nadie siquiera el poner  una calle el nombre de
_Toribio de Velasco_.




LA FIESTA DE LOS SASTRES


El gremio de sastres, que siempre ha sido muy numeroso en Sevilla,
cuando el viaje  esta ciudad de Felipe V en 1729, se propuso obsequiar
al rey, ardiendo en entusiasmo monrquico de tal modo y manera, que en
su obsequio dejase atrs cuanto en el mismo sentido pudieran hacer
otros.

As fu que nada se les ocurri  los buenos alfayates que formaban la
Hermandad de san Mateo, ms ingenioso que el organizar una cabalgata
alegrica con el ttulo de _El piadoso Eneas de las Espaas_, la cual
fu cosa de ver, y bien merece que me ocupe de ella, siguiendo con toda
fidelidad las relaciones contemporneas, que por lo puntuales y
verdicas no han de prestarse  dudas.

En la organizacin de tal cabalgata es seguro que exprimieron su magn
los sastres, ayudados, tal vez, por algunos de los ms doctos ingenios,
logrando ser el asombro de la ciudad.

Sali la cabalgata  ver  los reyes llevando delante el pregonero, los
ministros de la justicia y los escribanos, todos ellos vestidos con
trajes de colorines, que,  juzgar por la descripcin que de ellos
conozco, aunque embobaran  las gentes sencillas, eran harto ridculos y
estrafalarios.

Seguan  stos nada menos que 66 sastres, precedidos de un clarinero,
vestidos de turcos,  su manera, con mucho de cintajos y medias lunas,
estandartes y escudos, donde iban escritos psimos versos en elogio del
rey, que no haba ms que pedir.

Y  los turcos seguan 40 alfayates ms  caballo, y luego una cuadrilla
numerosa  pie con chupas y sombreros de plumas, y los cuales llevaban
unos tarjetones con ingeniosidades de este tenor:

      La _aguja_, que es nuestro timbre,
    despunta por esos aires
    pirmides y monumentos
    de _Filipo Quinto_ el grande.

      Ddalos son, no _dedales_
    nuestros blasones, pues todos
    saben volar en obsequio
    de nuestros reyes gloriosos.

      Para hacer  nuestros reyes
    obsequio que _bien les venga_,
    ha sido tan corto el tiempo
    que apenas est _de prueba_.

      En obsequio de unas bodas
    este gremio contribuye
    al ver de estas voluntades
    y coronas el _pespunte_.

      De _telas_ del corazn
    este festejo tejido,
    con los que en l _se han cosido
    hebras_ los afectos son.

      Presto para tanta fiesta
    se echaron nuestros _hilvanes_,
    que para tales esfuerzos
    siempre son bravos los _sastres_.

Por ltimo, despus de la tal cuadrilla vena el carro alegrico del
_Piadoso Eneas de las Espaas_, mescolanza religiosa-mitolgica-teatral,
en la que iba una figura representando  Felipe V en forma de Eneas,
otro  san Fernando y otro  la Sibila, que tena el doble significado
de representar tambin  la Virgen Mara, para aclaracin de lo cual
llevaba un tarjetn con estos versos:

      _Mara_, mejor Sibila,
    no  Eneas, sino  Filipo,
    le muestra en Fernan tercero
    de que en Lis, Leon y Castillo.

En el carro alegrico se mostraba tambin el antiguo pendn de la
hermandad de los sastres, que tena por patrn  san Mateo, y cerraba
por ltimo toda aquella comitiva un buen nmero de danzantes y cantores
que entonaban versos en loor del monarca, de la reina y de los
prncipes.

Con gran parsimonia y lucimiento, fu recorriendo las calles de Sevilla
la alegora del _Piadoso Eneas de las Espaas_, sin que nada se opusiera
 su esplendor, siendo todo del particular agrado de Felipe V, cosa que
colm en extremo los deseos de los alfayates, los cuales, con el fin de
que su acto quedase inmortalizado, mandaron escribir y publicaron un
folleto describiendo toda la fiesta, folleto que fu impreso el mismo
ao de 1729 por la viuda de don Francisco Leefdael, y en el cual se
lean estas palabras al frente del soneto dedicatorio:

_Al muy alto y muy poderoso monarca, rbitro de dos mundos,  Felipe V,
el animoso rey de las Espaas, el gremio de sastrera de Sevilla humilde
saluda y reverente obsequia._

Lstima que el nombre del annimo poeta, que se despach  su gusto en
aquellas intrincadas ingeniosidades, no haya pasado  la posteridad!




CON LUZ... Y  OSCURAS


Cuando las sombras de la noche se extendan sobre Sevilla en aquellos
tiempos de la Inquisicin y de los monarcas absolutos, era preciso ser
hombre de ms de mediano valor para atreverse  recorrer solo las
calles, la mayora de las cuales eran estrechas, tortuosas y en las que
abundaban las lbregas travesas, las encrucijadas sombras y los
rincones misteriosos y los pesados arquillos de fesimo aspecto.

Los faroles y candilejas que las hermandades solan poner en retablos y
cruces que tanto abundaban, era el nico alumbrado que poda guiar al
transente en aquellas tinieblas, por las que se resistan  penetrar en
no pocos barrios las rondas y las patrullas que de tiempo en tiempo
tenan obligacin de recorrer sus demarcaciones.

Los criminales, los ladrones, la gente de malsimo vivir, eran
nicamente los paseantes que desde el toque de la _Queda_ hasta ser de
da vagaban por las calles, y rara era la maana en que en las
collaciones de la Feria, san Vicente, santa Cruz, la Macarena  san
Pedro, no apareca algn hombre muerto  se tuviese noticia de alguna
casa robada  de algn atropello brbaro cometido entre las sombras y el
silencio.

Duea en absoluto era la gente maleante de la ciudad por las noches, y
nicamente en alguna gran solemnidad, se solan hasta las nueve  las
diez iluminar las casas por el vecindario por apremiantes rdenes del
Asistente.

Hasta el siglo XVIII no se les ocurri  las autoridades locales la
feliz idea de que estableciendo alumbrado pblico, podran evitarse
muchos desmanes que favorecidos por las sombras se cometan, y  este
efecto se ensay el plan que ya en otras capitales se haba llevado 
cabo.

Era en 1732 Asistente interino don Manuel Torres, y  este buen seor,
as como  su inmediato sucesor, don Rodrigo Caballero Illanes, se deben
los primeros ensayos de alumbrado, pues ordenaron al vecindario que
desde las primeras horas de la noche del invierno de aquel ao hasta las
doce, los vecinos colocasen en las ventanas de sus casas faroles que
disipasen de algn modo las espesas tinieblas.

El da 15 de Octubre comenz  cumplirse lo ordenado por las
autoridades, y es curioso el hacer constar que hubo una verdadera
oposicin por parte de la gente de los barrios bajos  la novedad de
los faroles, dndose con frecuencia el caso que apenas eran encendidos
muchos de ellos, los mozos de barrio y algunos pjaros de cuenta
destruan  pedradas los cristales, volviendo  dejar las calles en
aquellas sombras que tanto favorecan sus planes.

As continuaron las cosas muchos aos, apesar de los edictos de 1754,
1757 y 1758, siendo intiles cuantos esfuerzos se hicieron por obligar 
respetar el alumbrado, que sigui constitudo nicamente por los
farolillos que adornaban las cruces y retablos, que sostenan sus
hermandades y cofradas.

En 1760 el Asistente, D. Ramn Larrumbe, dando una prueba de cultura,
volvi  tomar disposiciones sobre el asunto, y el da 27 de Octubre se
fij  hizo publicar un bando en el cual se leen estos prrafos:

Manda el seor Asistente que todos los vecinos de esta ciudad, barrio
de Triana y sus arrabales, desde 1. de Noviembre prximo hasta fin de
Abril del ao que viene, pongan faroles en lo exterior de las casas, que
den luz  las calles y pasos pblicos; lo que han de ejecutar desde
media hora despus de oraciones hasta las once de la noche: pena al que
contraviniere lo mandado, de dos ducados por la primera vez, cuatro por
la segunda y ocho por la tercera, aplicndose dichas multas al ministro,
soldado  persona que denunciare la contraversin en el todo  parte de
lo mandado... Y ms adelante se aada: Que desde _las once de la
noche_ en adelante, ningn vecino de _cualquier calidad y condicin que
sea_, pueda andar sin luz por las calles, llevndola por s  por sus
criados con linterna, farol, acha  mechn; pena al que contravenga,
siendo persona distinguida, de seis ducados de multa con la referida
aplicacin; y al que no sea de esta circunstancia se le tendr por
persona sospechosa, y se le tendr en la crcel, para que averiguado su
modo de vivir, se le d el destino correspondiente, etc., etc.

Por ltimo, se acordaba que  las ocho de la noche se cerrasen todos los
bodegones, botilleras y tabernas, adoptndose otras disposiciones para
mantener el sosiego y la seguridad de la ciudad.

Pero tales acuerdos, apesar del buen celo que el Asistente y sus
delegados tuvieran, no fueron bien cumplidos ni mucho menos como se
ordenaba, y lo del alumbrado pblico vino  quedar como antes durante
diez aos poco ms  menos, aun habindose repetido los _bandos_ en 1761
y 1766.

En el bando de 20 de Octubre de 1770, se volvi con ms energa 
encarecer la necesidad del alumbrado, por el Asistente D. Pablo de
Olavide, aadiendo esto, que da idea de cmo andaba la seguridad pblica
por las noches en las calles de Sevilla:

Habiendo acreditado la experiencia no se haba podido evitar que en
horas _extraordinarias_ transiten personas sospechosas, pues en fraude
de ellas se ha verificado encontrarse sujetos de esta clase despus _de
las doce de la noche_, con la cautela de llevar luz  ir separados para
que no se les pudiese detener por las rondas: considerando su seora
que en semejantes horas nadie sin motivo urgente debe estar fuera de sus
casas y que el mero hecho de carecer de esta legtima causa le
constituye en sospecha, se ordenaba que fueran detenidos cuantos
vecinos fuesen encontrados, como medida ms expedita.

Disposicin fu esta, que se confirm y ampli ms tarde en otro bando
del mismo Olavide de 22 de Octubre de 1772, en el que se lee: Toda
persona que se encuentre _despus de dada las doce de la noche_ hasta el
primer toque del alba, que no sean sujetos conocidos, en quien desde
luego se excluye toda sospecha y que aunque lleve luz y vaya solo, no se
verifique causa legtima urgente que le precise  transitar  aquella
hora, cuya verificacin (!) se haya de hacer en el pronto por la ronda
 patrulla que lo aprediesen, y no acreditndose la urgencia, _se ponga
preso_ y haga justificacin de su vida y costumbres para tomar la
providencia correspondiente conforme  lo que resulte...

Ya se ve, pues, que entre el mal alumbrado y la gente _non sancta_, era
harto arriesgado transitar por las calles en los buenos tiempos de la fe
y de las venerandas tradiciones, pudiendo decirse que apesar de
repetirse nuevos bandos sobre alumbrado en 1777 y 1779, hasta 1791 no
cont Sevilla con un verdadero servicio, gracias al Asistente balos,
que, por cuenta del Ayuntamiento y cargando una contribucin  los
propietarios de casas, coloc faroles en todas las calles, los cuales
faroles eran de forma adecuada y de dos mecheros, durando el alumbrado
desde 1. de Octubre de 1792 al 24 de Junio de 1793, las noches que no
haca luna, y terminando en el comienzo del verano.

D. Jos balos nada olvid para el mejor resultado de la reforma, y 
este fin mont un cuerpo de celadores  faroleros  los cuales ordenaba
que los _mozos del alumbrado_ deben aderezar sus faroles diariamente,
de forma que se hallen corrientes para encenderlos  las horas
sealadas; cada uno recorrer su partido de continuo para avivar el que
se amortige  encender el que se apague con atraso. Estas maniobras las
han de hacer con actividad y prontitud: para ello y que no tenga
disculpa, han de ser mirados mientras lo ejecuten con la detencin y
preferencia debida al pblico,  quien sirven, no detenindose con
pretexto alguno  que siga su ruta por las personas ms privilegiadas.

Desde los tiempos de balos el alumbrado pblico sigui con diversas
alternativas, siendo objeto de lucro para contratistas y negocio seguro
para algunos graves seores, en perjuicio del pueblo en general, hasta
que don Jos Manuel Arjona, hacia 1827, lo reorganiz con muy buen
acuerdo, estableciendo los faroles triangulares sobre pescantes de
hierro.

En 1839 tena Sevilla mil faroles de un nuevo sistema inaugurado en 13
de Agosto de 1836, faroles de reverbero que causaron no poca admiracin
del pueblo.

Por ltimo, terminar estos apuntes consignando que al establecerse el
gas, la calle de las Armas fu la primera que tuvo el nuevo alumbrado,
poniendo trmino  aquellos tiempos en que nuestros abuelos tenan de
noche la ciudad con luz... y  oscuras.




UN HOSPITAL DE PERROS


No slo en el extranjero, y en estos nuestros tiempos de sociedades
protectoras de animales han existido hospitales y casas donde se
cuidasen con el mayor esmero  los irracionales para procurar su
conservacin, tan til  la sociedad. En Sevilla y en el siglo XVIII,
existi un hospital perruno, cosa que quiz muchos ignoren, y acerca del
cual he de escribir algunas lneas.

Hacia fines del ao 1763, comenz  iniciarse en la raza canina de la
poblacin una enfermedad algo extraa, la cual atacaba  los _chuchos_
con tanta violencia, que en dos  tres das eran muertos.

Esto, que al principio no llam mucho la atencin, atrjola luego
poderosamente cuando en Abril y  principios de Mayo, se recrudeci de
tal manera la enfermedad, que por las maanas aparecieron las calles de
Sevilla llenas de perros de todas castas que haban muerto durante la
noche.

Preocupadas ya con esto las autoridades locales y temiendo que aquella
epidemia perruna fuese contagiosa y pusiese en peligro al vecindario, el
buen Asistente, que lo era  la sazn don Ramn Larrumbe, dirigise  la
Sociedad de Medicina en 26 de Mayo,  fin de que este Cuerpo
interviniera en el asunto, y, examinando detenidamente  los canes
atacados, informase del riesgo que pudiera ofrecer  la salud pblica.

Por lo pronto el Ayuntamiento se encarg de enterrar  los perros en un
sitio determinado, extramuros de la ciudad, nombrndose tambin una
comisin del Cabildo que auxiliase  los doctores en sus trabajos.

La Real Sociedad de Medicina, que haba tenido su origen hacia 1697, y
cuyos estatutos fueron aprobados por el rey en 1700, estaba entonces
establecida en la calle de Levos, y all, en habitaciones convenientes
que dispusieron al efecto, acord la Sociedad trasladar  los canes
enfermos, formando el hospital perruno.

Dice Matute en sus _Anales_ que los _chuchos_ estaban all muy
cuidadosamente asistidos y que se separaban en los diversos
departamentos, segn el grado que advertan en su enfermedad,
consignando tambin que para asistirlos se nombraron  seis enfermeros,
prosiguiendo en tanto los doctores sus estudios para dar con el
padecimiento y los medios de combatirlo.

Preciso es confesar que hubo el mayor acierto, pues el plan de curacin
empleado di unos resultados excelentes, de tal modo, que las
defunciones perrunas comenzaron  disminuir con gran complacencia de los
amos, que volvan  recuperar sanos y salvos  sus mastines, pechones,
rateros, galgos y podencos, cuyas vidas haban visto en peligro.

La epidemia desapareci  fines de Julio y Agosto por completo,
dictaminando los doctores que el mal no haba sido contagioso, como se
pens, y que fu _un catarral maligna con ofensa  los pulmones_
(palabras de Matute), amplindose luego todo lo ocurrido y los
caracteres de la enfermedad en el trabajo que ms tarde insert la
Sociedad de Medicina, en el tomo VI de sus _Memorias_.

Vase cmo los sevillanos de 1764 se mostraron humanitarios con la raza
canina, hasta el punto de darla un hospital, raza tan maltratada luego,
que en 1812 se orden por bando, que se matasen sin contemplaciones
cuantos perros vagaban por la ciudad y que an es vctima de los laceros
municipales, que de tan cruel persecucin las hacen blanco.




LA ROSA PREZ


Una de las cmicas ms aplaudidas y festejadas de los pblicos de
Andaluca,  fines del siglo XVIII, era Rosa Prez, la cual di no poco
que hablar con sus galanteos, y tuvo gran nmero de ardientes
partidarios, que en ms de una ocasin rieron por ella apasionadas
disputas, tan frecuentes en aquellos tiempos entre los aficionados al
teatro.

Tena la actriz lindo palmito y gracia natural, con lo que, como era de
suponer, andaban por ella muchos galanes bebiendo los vientos y haciendo
no pocas locuras, algunas de las cuales fueron bastantes ruidosas, dado
que  la comedianta no le desagradaban las aventuras.

Su repertorio era muy vario, y cuentan que se distingua, no slo en la
declamacin, sino en el canto, para el cual posea muy felices
condiciones, habiendo memoria de que los mayores triunfos los obtuvo por
su voz, dotada de raro atractivo.

Dejando para los que escriban la historia del arte escnico el seguir
paso  paso la carrera artstica de la Rosa Prez,  quien sus
contemporneos elogiaron mucho, dir slo que esta carrera tuvo
sbitamente fin, trmino y acabamiento, cuando no lo esperaban,
ciertamente, los finos apasionados de la actriz, ni el pblico, que
tantas y tantas veces le haba aplaudido al verla en escena interpretar
los ms diversos papeles.

El da 2 de Febrero de 1800, el convento de santa Mara la Real, de
Sevilla, vise engalanado y lleno de concurrencia, en la que figuraban
muy sealadas personas de la ciudad, las cuales presenciaron la
profesin religiosa de la antes tan aplaudida y festejada actriz Rosa
Prez, que se convirti en _sor Rosa de Jess Mara_.

Los motivos que impulsaron  aquella linda mujer de no vulgar talento 
renunciar  la vida y sepultarse en las fras lobregueces de un
claustro, no es cosa que yo sepa y nada apuntar por no alterar los
hechos con suposiciones ms  menos gratutas; pero s es cierto que 
la profesin de la actriz, se di por la gente devota gran resonancia,
que los padrinos fueron de la ms encumbrada nobleza y que la solemnidad
tuvo un brillo y esplendor inusitado.

Y para que nada faltase en aquel acto, arrojronse  los concurrentes en
diversas ocasiones, durante la funcin, multitud de _aleluyas_, en las
cuales un poeta annimo, que firmaba F. M. C., quiz antiguo admirador
de la cmica, esprimi su ingenio en octavas reales, alusivas al acto,
algunas de las cuales eran del tenor de estas que  ttulo de curiosidad
reproduzco:

      Rosa, sin duda alguna que nacistes
    para aplausos: los hombres admirastes:
    al mundo con tu acento sorprendistes,
    y elogios de las gentes escuchastes.
    Desengaada, al claustro te vinistes
    y aqu el reposo con placer hallastes;
    hay siempre quien te aplauda con anhelo;
    antes era la tierra, ahora es el cielo.
      Canta Rosa, su voz tiene pendiente
    un cmulo de humanas atracciones
    zozobrando en el rpido torrente
    de aplauso general y aclamaciones.
    Vinese al claustro, llora penitente
    y al cielo le merece aceptaciones;
    Rosa, tu suerte siempre la mejoras
    feliz si cantas, ms feliz si lloras.

No fu esta aplaudida comedianta de Sevilla la nica que di fin  su
carrera de tal modo: que algunas ms que ella, despus de lucir en las
tablas sus gracias y donaires y despus de pasar lo mejor de la vida,
alegre y regocijadamente, se retiraron  descansar al convento, donde
dieron grandes muestras de virtudes.

Porque ya se sabe: el diablo harto de carne, etctera, etctera....




CMO EMPLE UN DA EL REY JOS


El 9 de Febrero de 1810 encontrbase en Sevilla el rey Jos I,
acompaado de su corte y sus ministros, y aquel da fu destinado por el
monarca  visitar varios edificios notables y establecimientos
industriales de la ciudad, con el sano propsito de ponerse de cierto
modo en contacto con el pueblo, y recibir de ste algunas pruebas de
afecto, de las que,  decir verdad, al llegar  la poblacin andaba algo
necesitado.

As, pues, aquella maana, despus del almuerzo, Jos sali del Alczar,
llevando consigo al ministro del Interior, al Intendente de la provincia
y  algunos oficiales, y  caballo se dirigi  la Fbrica de Tabacos.

Era aquel sitio apropsito para recibir cierto homenaje popular, pues en
los distintos talleres trabajaban entonces ms de mil operarios (an no
haba todava cigarreras), y como era de suponer, ellos no haban de
permanecer mudos ante la presencia del nuevo monarca.

As ocurri, en efecto; el rey recorri con el superintendente las
amplias dependencias, donde se fabricaba el rap, las del tabaco suelto
y las de los cigarros, siendo en todas ellas vitoreado por los
trabajadores, los cuales recibieron por encargo del Jos un socorro en
metlico que les fu equitativamente repartido.

De la Fbrica de Tabacos, pas el monarca  visitar el museo de
antigedades, que estaba establecido en uno de los salones bajos del
Alczar, museo que se debi principalmente al clebre don Francisco de
Bruna, y que se form en gran parte con las estatuas y objetos sacados
en las excavaciones de Itlica.

Visto el museo, la comitiva regia sali de nuevo, pasando al edificio de
la Lonja, cuya planta baja recorri el Bonaparte, muy complacido al
parecer y haciendo notar la semejanza que encontraba entre aquel
edificio y los otros del tiempo de Felipe II que haba visitado,
subiendo al piso principal, donde se encontraba el Archivo de Indias.

Pero all tuvieron los visitantes una grave contrariedad, y fu que
habiendo mostrado el rey deseos de ver las cartas de Hernn Corts, de
Pizarro, de Almagro y de los principales conquistadores de Amrica, hubo
que manifestarle que no se encontraban all, pues la _Junta Suprema_, al
acercarse los franceses, se llev  Cdiz cuantos documentos, planos,
cartas y papeles pudo, con objeto de salvarlos de que cayesen en poder
de los invasores.

Jos I sali con esto muy contrariado del Archivo de Indias, y aunque
emple parte de la tarde en recorrer algunas fbricas particulares para
inspirar simpatas  los obreros, notsele desde luego un mal disimulado
enojo.

El da 9 lo termin el rey asistiendo por la noche al teatro Principal,
donde el Ayuntamiento haba dispuesto en honor suyo una funcin
extraordinaria, en la que hubo,  ms de la representacin de _La dama
sutil_, cantata en elogio del rey, sainete de circunstancias y bailes
andaluces, que entretuvieron en extremo  la oficialidad y  las tropas
invasoras.

Era aquella la primera funcin teatral  que Jos asista en Sevilla, y
 su entrada y salida del coliseo, fu vitoreado por diversos grupos de
afrancesados que le siguieron hasta su regreso al Alczar.

Estas manifestaciones dieron motivo  las cndidas lneas que la _Gaceta
de Sevilla_, escrita por Lista, insertaba en su nmero del sbado 10 de
Febrero:

Anoche asisti S. M.  la funcin que le haba ofrecido la Ciudad en el
teatro, el cual ha sido abierto al cabo de dos aos que permaneci
cerrado. Hubo una cantata, comedia, sainete y varias danzas de las
propias del pas. El teatro estaba ocupado por las personas que haban
sido convidadas. S. M. fu recibido con entusiasmo y se mostr contento
de los afectos que le manifest aquel concurso numeroso y lucido. S. M.
tuvo la bondad de hacer que el corregidor estuviese  su lado durante la
representacin; parece ha querido con esta demostracin corresponder 
la ciudad por los buenos sentimientos que le manifestaba.

La _cantata_ que se enton en el teatro era obra del poeta D. Manuel M.
Arjona, y su autor la haba escrito para que se entonase en un concierto
ante el rey Jos, en Crdoba, cosa que no lleg  verificarse. De la
letra, ya olvidada hoy, slo copiar los ltimos versos, que decan:

      ....Tal vez se mire en aterido invierno
    gemir el campo en languidez marchita
    sufriendo su rigor y hielo eterno.
    Mas sbito Favonio el vuelo agita
    y ya al impulso de Pomona tierno
    el orbe renovado,
    se ve de hermosas flores coronado.

      As la Espaa
    que triste yace
    en llanto baa
    su hermosa faz.
    Mas se complace
    mas se reanima
    y  tu presencia
    oh Rey piadoso!
    goza en reposo
    ya la influencia
    de la alma paz.

A la salida del teatro, como ya dije, el rey Jos I fu vitoreado,
retirndose luego  su palacio  descansar.

Con todo lo que dejo apuntado puede enterarse el lector de estas _Cosas
nuevas y viejas_, de cmo emple el rey Jos Bonaparte el da 9 de
Febrero de 1810, octavo de su residencia en Sevilla.




BENEFICENCIA INVASORA


El ao de 1812 fu uno de los de ms dura prueba y de ms triste
recordacin para los sevillanos del siglo pasado.

Dominada la ciudad por las tropas francesas desde haca veinte y tres
meses, y habiendo desde los comienzos de Enero recrudecido la guerra en
toda la provincia, pronto comenzaron  sentirse los tristes efectos de
aquella situacin anormal, de manera harto lamentable y sensible 
todos.

El mal tiempo y los estragos del continuo batallar en los campos de la
provincia, trajeron consigo la prdida de las cosechas, aumentando la
caresta de los artculos de primera necesidad hasta el punto de que en
la capital el hambre se inici con todos sus horrores.

La hogaza de pan con peso de tres libras--dice Martn Villa--subi  24
y 30 reales: las familias acomodadas sintieron la escasez y miseria: los
ms pobres y los ms desvalidos fallecan desmayados en las calles, y en
las casas ms caritativas se cuidaban de poner con aseo y alguna
decencia, arrimados  la pared de la calle, los despojos de la cocina
para que los indigentes pudiesen rebuscar entre ellos alguna cosa con
que aliviar el hambre que los devoraba.

Imposible de atajar aquellos males por entonces, fueron en aumento con
harta desgraciada rapidez, y en los meses de primavera de 1812, la
poblacin ofreca el espectculo ms triste, como da idea un acuerdo
capitular de 8 de Junio, en el cual se lee:

....Que se represente al excelentsimo seor General en jefe y  las
dems autoridades, la imposibilidad de poder cumplir con los pedidos que
se hacen, y que si se llevan  efecto, cree la municipalidad est muy
prxima la _total ruina de esta ciudad_, siendo demasiado notoria la
_decadencia_ y _despoblacin_ que se nota con todo lo dems que se tenga
por oportuno manifestar por los seores comisionados D. Eduardo
Valvidares y D. Fernando de Iriarte, de quienes espera la municipalidad
sabrn desempear este cargo con todo el esmero y prontitud posibles, de
que tantas pruebas tienen dadas. (Act. 2. Escribana.)

Las autoridades francesas seguan en tan triste situacin exigiendo
cantidades  imponiendo diferentes arbitrios sobre particulares y
corporaciones, siendo harto censurable la conducta de los proveedores
del ejrcito imperial que haban acaparado el trigo, aumentndose as
los horrores del hambre.

Procuraban, no obstante, los invasores, que la verdadera situacin de la
ciudad se desconociese fuera de ella, y aun se esforzaban por ocultar
cuanto podan, aqu mismo, los estragos del mal, y as, pues, ni se
insertaban noticias en la _Gaceta de Sevilla_ sobre este punto, ni
dejaban salir correspondencia que del dao tratase, castigando muy
severamente  los que propagaban por cualquier medio el conocimiento de
aquellas miserias.

En tal situacin, y viendo la urgencia de socorro que el pueblo
necesitaba, pusieron en prctica uno que no dej de dar algn
resultado.

Al efecto abrieron una suscripcin casi forzosa entre las personas de
capital, para sostener con ella dos repartos de sopa diaria, que haban
de hacerse en los barrios ms populosos y  los vecinos pobres que se
hallaban faltos de todo alimento y tantos eran  la sazn.

Sobre esta sopa que los invasores repartan pblicamente, cay el pueblo
hambriento, siendo lastimoso,  decir de un contemporneo, el cuadro que
ofrecan los puntos donde se haca la distribucin, pues  ms de dar
clara prueba del infinito nmero de gente que viva en la miseria,
demostraba  qu menguada situacin haban venido familias antes
acomodadas, y  quienes se vea entonces acudir con sus pucheros 
recoger aquel socorro.

Mas la sopa de los invasores no era bastante  remediar los males, y
entonces se fund por iniciativa del poeta don Flix Jos Reinoso, que
se haba ofrecido  la causa francesa, un hospital que no dej de
prestar excelentes servicios.

La obra del hospital--ha escrito el mismo Reinoso--fu recibiendo su
incremento  medida de sus auxilios. Las camas llegaron muy en breve al
nmero de 70 en el hospital de hombres y de 85 en el de mujeres. El
total de los enfermos fu de 703, asistidos con tal esmero, cual no es
comn en las enfermeras pblicas. Adems de la curacin se les sirvi
durante la convalecencia en salas separadas; y despus de su salida se
di  todos una muy buena comida diaria por tiempo proporcionado  su
debilidad, pero nunca menos de veinte das. Ciento ocho dur la
hospitalidad.... Para esta empresa se abonaron 300 reales diarios por la
tesorera de provincia, y se destin adems el capital de 106.760
reales, valor de fincas puestas en rifa que no se ejecut por no haberse
despachado todos los billetes.... Gravsimas dificultades hubo que
vencer en aquella penuria para proporcionar estos auxilios, mas al fin
se vencieron todas por la dichosa casualidad de no estar el mariscal
francs en Sevilla.

Efectivamente, el mariscal Soult, no queriendo dar mucha publicidad  la
situacin verdadera del pueblo de Sevilla, se opuso cuando regres  la
ciudad  que se insertase en el peridico oficial el movimiento de
enfermos y el estado del hospital, el cual dur hasta fines de Agosto de
1812, en que los franceses salieron de Sevilla.

Y esta sopa econmica para el pueblo y la fundacin del hospital, dan
idea bien grfica de lo que era la capital de Andaluca bajo la
dominacin extranjera.




LAS LECTURAS PBLICAS DEL CAF DEL TURCO


La inauguracin del rgimen constitucional en Sevilla, en Marzo de 1820,
trajo  la ciudad extraordinaria animacin y movimiento, siendo raro el
da en que no se desarrollaban algunos importantes sucesos, que servan
de comidilla al pblico y daban margen  largos comentarios.

Adems, como los nimos de los liberales estaban harto exaltados y las
noticias que  diario llegaban de los diversos puntos de la pennsula,
en los que se iba proclamando la Constitucin, no dejaban de ser
interesantes, se despert en los patriotas una fiebre de conocer cuanto
suceda, y una mana discutidora que di origen  la organizacin de
tertulias, reuniones y sociedades, en las cuales, con ms ardor si cabe
que de 1812  1814, se empearon las ms reidas luchas.

El caf de la _Cabeza del Turco_, situado en lugar tan cntrico como la
calle de las Sierpes, haba servido ya en la primera poca liberal de
centro de los enemigos del absolutismo, y entonces volvi  ser lo
mismo, llegando durante los tres aos,  los tiempos de su mayor apogeo
y celebridad.

Era en 1820 dueo del caf de la _Cabeza del Turco_, don Lus Tolva,
hombre patriota, si los haba, gran admirador de Riego y Quiroga, y cuya
mujer, doa Mara Josefa Pialosa, dejaba atrs  su marido, en esto de
las ideas liberales.

Tolva, deseando que aquel numeroso concurso que  diario llenaba el
caf, estuviese al corriente de cuanto suceda, estableci en el local
una especie de ctedra en la cual un ciudadano de buenos pulmones tena
la misin de leer por las tardes y las noches los peridicos en alta
voz, as los que se publicaban en Sevilla, como los de la corte y otros
de las provincias ms importantes, que  todos se suscribi el buen
Tolva, con la mejor y ms sana de las intenciones.

Para que las lecturas se hiciesen con todo orden y diesen provechosos
frutos, don Lus Tolva redact con gran pulso y meditacin un
_Reglamento_, que constaba de trece artculos, y el cual fu aprobado en
14 de Abril por el jefe superior poltico, Moreno Daoiz.

El original de este _Reglamento_, que poseo, da exacta idea de lo que
eran aquellas tertulias del famoso _Caf del Turco_, y ofrece una nota
bien caracterstica de la poca en que fu redactado.

La forma en que se haca la lectura est bien expresada, pues en el
artculo tercero se lee que la pieza destinada para el efecto, es en la
que antes estaba la mesa del billar. En ella habr un asiento _algo ms
elevado que los dems_ para el que lea los papeles,  fin de que pueda
oirse con comodidad y los seores suscriptores tendrn asiento
preferente alrededor, en la inmediacin de aqul, pero las puertas del
saln estarn abiertas para los dems que quieran oir las noticias.

Como se ve, los que queran empaparse bien de las lecturas y estar con
desahogo abonaban una cantidad mensual, la cual era de ocho reales, con
los que Tolva atenda al pago de las suscripciones, que llegaron  ser
bastante numerosas.

Y no dejaba de ser gracioso, que segn el reglamento concluda la
lectura de cada artculo podr cualquiera hacer las observaciones que
guste, con lo que fcil es calcular que el saln de lectura se
converta en centro de las ms acaloradas discusiones, que terminaban 
veces de manera harto tumultuaria y hasta con la intervencin de la
autoridad.

Otras veces, despus de la lectura de algn artculo exaltado inserto en
_La Sombra de Lacy_, en _El Argos_, en _El Grito de Riego_,  en _El
Zurriago_, y tras violentos discursos y empeadas polmicas, todo aquel
concurso se arrojaba  la calle y recorra varios lugares, dando vivas y
mueras, hasta quedar rendidos.

En el _Reglamento_ se hace tambin constar que si algn suscritor
necesita enterarse ms al pormenor de algunos papeles, poda hacerlo en
las horas restantes del da sin salir de la habitacin, que el que
quisiera suscribirse haba de poner su nombre en una lista formada al
efecto, y que el dueo del caf no lleva otro inters que proporcionar
un entretenimiento  los seores que lo favorezcan.

El saln de lectura del Turco se vea siempre muy concurrido durante la
segunda poca constitucional y se di el caso en ciertas ocasiones, que
no estando el pblico conforme con las ideas de algunos artculos, con
toda algazara arrojasen los peridicos  la letrina entre grandes
aplausos.

Las lecturas pblicas en el _Turco_ compitieron en forma y alboroto con
las reuniones de la _Sociedad Patritica_ establecida en el exconvento
de Regina y en ambas adquirieron relieve y notoriedad gran nmero de
liberales cuya oratoria pintoresca produca siempre el mayor efecto.

En Junio de 1823 tuvo trmino y desastroso fin el saln de lectura, y
cuando el da 13 las turbas realistas saquearon el establecimiento,
destrozaron la tribuna, quemaron el mobiliario y prendieron fuego 
cuantos papeles liberales haba all coleccionados, los cuales tanto
haban entusiasmado  los ardientes patriotas sevillanos.




LAS DAMAS SEVILLANAS Y LA BANDERA LIBERAL


La prudencia en unas, el temor natural en otras y la presin ejercida
sobre todas, hizo que cuando derrocado el sistema liberal, en 1823, las
damas sevillanas que, siguiendo nobilsimos impulsos, se haban sealado
por sus ideas afectas  la libertad, durante la poca constitucional,
negasen aqullos y tratasen de borrar por diversos medios cuanto pudiera
comprometerlas con las sanguinarias autoridades absolutistas, que nada
respetaban.

Adems los elementos reaccionarios, esos eternos perturbadores que, con
sus demasas han provocado siempre la discordia y turbado la paz de los
pueblos, achacndolo luego hipcrita y villanamente  las almas libres y
honradas, trataron entonces de recobrar su influencia perdida sobre la
mujer, obligando  algunas, como el padre Garzn hizo con una seora
(cuyo nombre callo porque viven de ella descendientes) que, como
penitencia por haber dado en pblico vivas  Riego, fuese  cierta
parroquia de las ms concurridas y que  la hora de misa mayor
atravesase de rodillas el templo, con los brazos en cruz y como expuesta
 la pblica vergenza por su delito...

Mas aunque tanto y tanto se trat luego por los realistas de borrar la
participacin que el bello sexo tom en la revolucin, no pudieron hacer
desaparecer todas las pruebas que esto probaban; as sucedi con el
generoso acto que las ms principales damas sevillanas llevaron  cabo
en 1821 costeando y haciendo con sus propias manos una bandera que
regalaron  los Milicianos Nacionales de nuestra ciudad, en que figuraba
lo ms florido de la juventud; como dice un autor, dejaban las
comodidades y el regalo de su casa para empuar las armas en defensa de
la libertad, sufriendo todas las penalidades y malos ratos de la vida de
campaa.

Con razn ha escrito el seor Velilla en un artculo titulado _Liberales
y realistas_, que la mayor parte de ellas (las espaolas), sin
distincin de condiciones, se haban apasionado por la Constitucin y la
libertad,  lo menos en Andaluca, donde ms arraigo tena la causa
liberal, y esto puede probarse con una multitud de hechos y con nombres
bien conocidos de esta regin.

Acogido, pues, con gran entusiasmo el proyecto de regalar las banderas 
la _Milicia Nacional de Sevilla_, se abri la suscripcin, en la que es
cierto que slo se admitan seoras, formndose una lista que fu
encabezada por doa Josefa de O Denoju, hermana del jefe superior
poltico, y por doa Mara de los Dolores Mendieta de Carvajal, esposa
del poeta don Toms Jos Gonzlez Carvajal y madre del conde del Cazal,
 quien todos recuerdan en Sevilla.

Esta lista, que existe original en el Archivo Municipal (_Escribanas de
Cabildo_), lleva escrita al frente estas patriticas palabras, que dan
idea del espritu que animaba  las damas liberales hispalenses:

--_Si nuestros hermanos, parientes y amigos se han apresurado 
alistarse voluntariamente para defender la patria y sostener nuestra
sabia constitucin,  las sevillanas nos toca, posedas de los mismos
sentimientos, presentarles las banderas que los reuna contra sus
enemigos y los empee ms y ms en su defensa, para cuyo patritico fin
se abre una suscripcin para ocurrir  los gastos indispensables y cuya
lista es la siguiente._

Y  continuacin seguan las firmas de las dos citadas seoras y en la
larga lista familias tan distinguidas y conocidas como doa Francisca
Domin, doa Mara Arana de Cavaleri, condesa de Villapineda, doa Mara
Teresa Nez de Prado, condesa de Montelirio, marquesa de San Gil, doa
Mara de los Dolores Gmez de Olavarrieta, doa Josefa del Aguila de
Ureta, doa Mara Irureta, la marquesa de Torres, la marquesa de
Castilleja, doa Mara del Rosario Ibarra y Le Roy, doa Mara Juana de
Madariaga, doa Teresa Manuel de Villena y otras muchas, cuya
enumeracin habra de ocupar demasiado espacio.

Concluidas las banderas, que eran de ricas telas y estaban bordadas con
gran primor, fueron entregadas solemnemente  la _Milicia Nacional_ de
Sevilla, la cual las recibi con gran estima y aprecio; y cuando
llegaron los das difciles y tristes de 1823, en que las tropas de
Angulema invadieron  Sevilla, y los bravos milicianos siguieron  Cdiz
los ltimos restos del gobierno constitucional, llevando consigo aquel
monarca traidor, infame y trapacero, el emblema de unas almas libres en
que manos cariosas y delicadas haban trabajado onde en el Trocadero 
la vista de los soldados de la _Santa Alianza_.

Muchos de aquellos jvenes apuestos de la milicia, no volvieron jams 
Sevilla, y perecieron vctimas del furor reaccionario, derramando su
sangre generosa en defensa de la libertad.

Y por esto tal vez, expresando el dolor de aquella marcha que para
algunos no tendra la alegra del regreso, una voz amante, una voz de
mujer dulce y amorosa cant con suspiros y lgrimas:

      El da que se fueron
    los milicianos,
    aquel da mis ojos
    no se secaron.
      No se secaron
    el da que se fueron
    los milicianos!




LAS DELICIAS


Son los jardines llamados de las Delicias gala y ornato de Sevilla, por
su situacin, sus condiciones y las bellezas que ofrecen. La fama de que
gozan no es,  la verdad, injustificada, y con razn han sido ms de una
vez elogiados por plumas extraas, en que no poda caber la parcialidad
 que inclinara el cario de los naturales de esta tierra.

El lugar donde se construyeron las Delicias fu en un tiempo rido
campo, inmediato al cual estaba aquella casa de placer donde un da
seste Felipe II, llamada de la _Bella Flor_, y que di nombre al otro
paseo de la orilla del ro, que bien merece captulo aparte.

Ya en el siglo XVIII, y en tiempos del Asistente Dvalos, se form una
glorieta adornada con rboles, fuente, pirmides y asientos que fu la
admiracin de nuestros antepasados, mas aquel sitio puede decirse que no
lleg  embellecerse por completo y  convertirse en uno de los ms
hermosos de las afueras de Sevilla, hasta los aos en que ejerci el
cargo de Asistente el clebre D. Jos Manuel de Arjona,  quien se
debieron no pocas mejoras materiales de la poblacin.

Escogi Arjona con buen acierto aquel lugar para edificar tales
jardines, comenzndose las obras en 1826, y dndose por terminadas en
1829, con gran satisfaccin de los sevillanos.

El rido campo se convirti en ameno lugar de recreo, y en l surgieron
los copudos rboles, las calles enarenadas, las caprichosas sendas, los
cuadros de flores, el estanque de limpias aguas, las rsticas casitas,
los cenadores cubiertos de ramaje, las fuentes marmreas, las estatuas,
los jarrones, y todo aquel hermoso jardn  quien el pueblo di el
nombre de _Delicias_.

Para contribuir ms al embellecimiento de tal sitio, trajeron plantas
hasta entonces no conocidas en Sevilla, las cuales se procur cuidar con
gran esmero, no siendo extrao que en poco tiempo la mayor parte de
ellas sirviese para recreacin de los paseantes.

Por ltimo se dot de abundante agua para el riego de los nuevos
jardines, instalndose una mquina de vapor prxima  la orilla del
Guadalquivir y para la cual se llev  cabo una construccin hecha al
efecto de sencilla y slida arquitectura, obra de don Melchor Cano. En
las paredes psose una lpida que conmemoraba aquellas obras y que deca
as:

_Siendo rey don Fernando VII, po, feliz, restaurador, don Jos Manuel
de Arjona, Asistente de la ciudad, renov los paseos antiguos: hizo
otros nuevos; form un plantel para la reposicin de los rboles,
construy caeras, puso y exorn con un templete gtico esta mquina de
vapor para regar la alameda y los sembrados inmediatos.--Ao de 1829._

Tuvo Arjona particular predileccin por aquellos jardines, que venciendo
no pocos obstculos, no haban levantado  su iniciativa, y cuando dej
el puesto de Asistente para marchar  la corte, dej iniciados
diferentes proyectos para mejorarlos y aumentar su embellecimiento.

A partir de 1835, en las Delicias se llevaron  cabo algunas reformas,
que no nos he de detenerme en enumerar prolijamente, pero las cuales, ni
entonces ni despus han transformado en lo esencial la forma y traza que
desde su principio tuvieron los jardines...

Estos se ampliaron en un gran trozo que se exorn convenientemente,
construyndose ms tarde una gruta artificial, y poco antes de la citada
fecha trasladronse all no pocos bustos y estatuas de mrmol, que
estaban repartidas en algunos paseos del interior de la ciudad, como el
del Museo, en cuyo centro se alzaba la fuente que corona la estatua del
robusto nio, de belleza un tanto grotesca,  quien el vulgo conoce por
el _nio del caracol_.

Entre los citados bustos y estatuas, muchos de los cuales pertenecieron
al antiguo palacio de Umbrete, propiedad de la Mitra hispalense, existen
algunos de dioses de la mitologa y de personajes romanos que no carecen
de mrito artstico, y que sealara con algn detenimiento de buen
grado. Tambin se coloc en el centro del estanque la estatua del
guerrero que fundi el clebre Bartolom Morell el siglo XVI y que
coron la fuente en la plaza de San Francisco.

Durante ms de medio siglo, las Delicias constituyeron el orgullo de los
sevillanos, que fuera de los paseos del interior de la ciudad, no tenan
jardines tan amenos y lugar tan agradable para solazarse como aquel; mas
la moda se inclin al inmediato paseo de la orilla del ro, y entonces
la concurrencia acudi all  ver y ser vista dejando poco  poco la
obligacin que antes se haba impuesto de transitar por las enarenadas
calles y bajo los llorones, naranjos y limoneros de las Delicias.

Y qu grato es el pasearse por ellas en los hermosos das de la
estacin de las flores bajo un cielo pursimo, respirando la atmsfera
embalsamada, mientras la brisa suave mece con dulce murmullo las hojas
de los rboles!...

Mas apesar de todas estas bellezas, las Delicias seran susceptibles hoy
de algunas importantes mejoras, que llevadas  cabo conforme  modernos
planes, aumentaran ciertamente los atractivos de aquellos lugares y los
haran ser ms favorecidos por el pblico. Quizs entonces la multitud
que por las tardes acude  la orilla del ro no pasara indiferente ante
las puertas del vergel levantado por el Asistente Arjona y que en otros
das fu punto de reunin necesaria de la buena sociedad, expansin de
femeniles bellezas y centro de la elegancia y de la moda de la capital
de Andaluca.

Sin embargo de todo, las Delicias tienen hoy un rival terrible, con el
que en vano intentan competir, y que le ha disputado, sin duda con gran
ventaja, la predileccin de los sevillanos. Este rival es el Parque de
Mara Luisa, el hermoso parque que la ciudad posee desde hace pocos aos
y que tan concurrido se ve as en los serenos das del invierno, como en
las maanas de primavera y en las tardes de verano...




MONSIEUR THIERS EN SEVILLA


Despus de uno de los perodos ms activos de su vida y cuando por todos
los pblicos cultos de Europa circulaba el anuncio de la famosa obra _El
consulado y el imperio_, Lus Adolfo Thiers emprendi un viaje por
diferentes naciones, siendo una las que visit Espaa, viniendo hasta el
medioda, y detenindose en Sevilla cerca de una semana.

De la estancia de Mr. Thiers en la capital se conocan muy pocas
noticias hasta que un sobrino de don Juan Nicasio Gallego tuvo la
oportunidad de dar  luz unas cartas que posea, cartas curiosas y que
fueron escritas  su ilustre to por el den de Sevilla don Manuel Lpez
Cepero,  raz del viaje del clebre historiador francs.

Con estas cartas y con algunas referencias insertas en la Prensa de
entonces, se puede conocer al pormenor cmo emple el tiempo en esta
ciudad Thiers, y cuan disgustadas dej por cierto, de su estancia  no
pocas personas,  quienes puso en situacin bien poco airosa, y con
quienes se condujo de manera harto original y con extraa
despreocupacin.

El sbado 20 de Septiembre de 1845, Thiers lleg  Sevilla en la
Diligencia, hospedndose en la posada de Europa, establecida en la calle
de Gallegos, y como quiera que ya de la visita tenan anuncio las
autoridades y algunas personas de significacin, acudieron stas 
saludarle  su alojamiento, pero se retiraron de l mohinas y
contrariadas, cuando los de la posada les hicieron presente que el
viajero se haba retirado  su habitacin, dando orden terminante de que
 nadie en absoluto recibira.

Aquella noche misma, algunos de los franceses residentes en Sevilla,
creyendo obsequiar  su compatriota, fueron  darle una serenata, pero
parece que el ilustre diplomtico no estaba tampoco para msicas y no
dej muy contentos  los filarmnicos.

Famoso y tradicional es que los extranjeros que por primera vez nos
visitan, ya por costumbre, ya porque no pueden resistir la seduccin, 
porque tienen efectivamente gusto en ello, buscan en Andaluca ms que
otra cosa con curiosidad las costumbres y tipos populares, de los que
tienen la mayora las ms absurdas creencias; y en este punto puede
decirse que el grave poltico francs perdi toda su gravedad y se
propuso en Sevilla echar una cana al aire, como suele decirse, y correr
su _juerguecita_, creyendo que aquellas calaveradas no haban
ciertamente de tener resonancia ni pasar  conocimiento de las
generaciones siguientes.

As Thiers, el da despus de su llegada, 21 de Septiembre, emple sus
horas de este modo, que cuenta Lpez Cepero,  su amigo el autor de _El
dos de Mayo_:

...Estaba dispuesta una novillada y concurri  ella dicho personaje,
rodeado de gente juglar y balad, muy poco conforme  la categora que
se le supone, y con esta chusma pas toda la noche en un corral de la
calle Jimios, entre gitanos y mujerzuelas, lo ms asqueroso que se usa
en las fiestas de candil  que slo aun entre la canalla suele verse
algn da de campo, estando desterrado en todo lugar y tiempo de la
gente de mediana educacin y decencia.

El tal corral de la calle Jimios era famoso en Sevilla, y ms famoso por
vivir en l un hombre llamado el _maestro_ Flix, viejo zumbn,
dicharachero y gitanesco, entre bailarn y _cantaor_, que tena gran
popularidad entre el majo y que era pjaro de cuenta por muchos
motivos.

Este conspicuo sujeto fu el encargado de entenderse nada menos que con
el famoso Thiers, el cual debi pasar muy buenos ratos en su compaa y
en el de las hembras y mozos de trono que para festejar al francs se
reunieron en la calle Jimios, al olor de un buen pago.

All se organiz el baile y hubo vino en abundancia, durando la _juerga_
dos  tres das, en los cuales hubo derroche de bebida y comida  hizo
el francs las mayores locuras, un tanto alegrete por el mosto, llegando
 esto que, con no poco gracejo, relata el den sevillano:

Llev  cabo en el baile cosas muy ajenas, no ya de persona de tan alto
rango, sino de todo hombre de regular educacin.... Las mozuelas que
danzaban derribaban con su pie el sombrero que Mr. Thiers tena en la
cabeza, y por necesidad formaban con sus piernas un ngulo recto, cuyo
vrtice se acercaba  la cara del observador, el cual, con risas y
palmadas, aplauda la desenvoltura, reclamando la repeticin.

En tanto que el francs andaba entregado  aquellas diversiones, la
gente de letras de Sevilla lo buscaba por todas partes, extraando mucho
y no pudiendo explicarse cmo no haba parecido ni por el _Liceo
filarmnico_, ni por la Academia, ni por el Museo de pinturas, ni por
los teatros, ni por las bibliotecas, ni haba mostrado inters alguno en
conocer los monumentos y las joyas de arte que en ellos se guardan.

Y se di el caso, que aunque lo esperaban, no fu  visitar la Catedral,
dejando plantado  Lpez Cepero el da 24; slo  la maana siguiente
entr y sali sin ser conocido, y cuando ninguna de las preciosidades
que en el templo se guardan pudo admirar.

En resumen, Thiers abandon Sevilla el viernes 26 de Septiembre,
teniendo apenas tiempo para comer con el capitn general que lo invit
varias veces  su mesa, y dejando con la conducta que sigui en la
ciudad harto enojados  los sevillanos cultos, como tan claramente se
desprende de las citadas cartas.

Esta fu la visita del grave historiador francs  la capital de
Andaluca, y los _estudios_ que para su famosa obra del _Consulado y el
imperio_ hizo en ella.




LA INAUGURACIN DEL TEATRO DE SAN FERNANDO


La inauguracin del teatro de San Fernando fu un verdadero
acontecimiento, y al recuerdo de aquella gran temporada de 1847-48, bien
merece que dedique algunas lneas antes de terminar este libro.

Fu el local que hoy ocupa el coliseo, como es sabido, hospital del
Espritu Santo. Este hospital exista desde muy remota fecha y en 1587
se reunieron en l otros menores, agregndole las rentas de treinta y
ocho de los que entonces se suprimieron, con lo que creci mucho su
importancia, comenzando por aquel tiempo  labrar el espacioso edificio
que ocupaba en la calle Colcheros.

Estaba destinado el hospital para la curacin de llagas y de enfermos de
tisis, y en 1837, al reunirse todos los hospitales en el de la Sangre,
se traslad all por orden de la Junta de Beneficencia, duea entonces
del local, que conserv la iglesia y destin  oficinas y almacenes el
resto del edificio.

En 1838 celebr all sus veladas el _Liceo Sevillano_ y en 1844 he
encontrado las primeras noticias sobre la idea de levantar en el sitio
un teatro, en estas lneas que se leen en el libro de actas del
Ayuntamiento, correspondiente  la sesin de 11 de Noviembre:

Se di cuenta de un oficio del Sr. Jefe Superior Poltico, trasladando
la Real Orden de 2 del actual por la que S. M. conceda su real permiso
 la _Junta de Beneficencia para construir un teatro en fincas de su
propiedad_, para acudir al sostn de los objetos de dicho ramo, bajo el
concepto de que haya de proceder subasta solemne. El Sr. Alcalde ley
con este motivo una comunicacin que le haba dirigido el Sr. Conde de
Vistahermosa, contestando  otra en que S. S. le recomendaba el pronto
xito de este asunto y una carta particular que le acompaaba.

En Mayo de 1845, vendido ya el edificio por la Junta, el jefe poltico,
Hezeta, ofici al Ayuntamiento invitndolo  que se suscribiese por
algunas acciones  la empresa que se formaba en Sevilla para levantar un
teatro en la calle de Colcheros, opinando la comisin de Hacienda segn
informe de 28 del citado mes, que la ciudad se deba suscribir por seis
acciones, en vista de lo cual se acord en cabildo secreto, conservar
ciertos derechos sobre el teatro que se edificase. Con esto no se
conform la Sociedad, quien en 14 de Junio hizo una solicitud al
Municipio pidiendo se revocase el acuerdo de los derechos sobre el
coliseo, cosa que se llev  cabo.

Pasando por alto las diversas alternativas que sufri la obra del nuevo
teatro y los artfices que en ella tomaron parte y otros detalles de
relativa curiosidad, apuntar que, terminado el edificio, su exorno y el
numeroso decorado, se seal para el da 21 de Diciembre del citado ao
de 1847 la inauguracin del teatro con una compaa de pera, en que
figuraban artistas de los que ms fama gozaban entonces en el mundo del
arte.

En la lista de aquella compaa aparecen los siguientes cantantes:

_Prima donna absoluta_, Carlota Vittadini; _prima donna_, Luisa Cocco;
_comprimaria_, Cuterina Persoli; _contralto_, Luisa Perzoli; _primer
tenor absoluto_, Giovani Soliere; _tenor_, Benedecto Galliani;
_comprimario_, Antonio Cordero; _primer bajo bartono_, Giusepe Manensi;
_primer bajo_, Carlos Porto; _segundo bajo_, Antonio Casanova; _maestro
director_, Vicente Schira; _maestro de coros_, Mateo Torres.

En la citada lista se hace tambien constar que el nmero de coristas
llegara  treinta y cinco, que la orquesta la formaran cuarenta y
cinco profesores y que el director sera don Silverio Lpez Uria,
maestro de msica muy conocido en Sevilla entonces y compositor  veces
de medianas piezas y zarzuelas, de las que ya nadie se acuerda.

Antes de la inauguracin del teatro se reparti profusamente por la
ciudad un prospecto, en donde la empresa haca presente al pblico lo
necesario que era cultivar el buen teatro en esta ciudad y el deseo que
se senta de tener uno de la importancia del de San Fernando. En aquel
impreso se lean estas lneas:

Hace tiempo que esta capital necesitaba un teatro digno de ella.
Sevilla, que es la primera de Andaluca y la segunda de Espaa,
reclamaba imperiosamente un edificio de esta clase que por su belleza,
proporciones y magnificencia pudiese contener con decoro y comodidad al
pblico que asiste  estas representaciones. Con efecto, si los teatros
han sido siempre una muestra de la cultura y civilizacin de los
pueblos, forzoso es que hasta en la parte material correspondan  la
categora de cada ciudad, y que el mrito de las representaciones est
en armona con su ilustracin.... Y ms adelante se deca que los
empresarios, notando el afn que haba en Sevilla por volver  gozar de
las representaciones _lricas_, enviaron al extranjero, aunque fuera de
temporada,  una persona entendida para que  cualquier precio les
ajustara una compaa de excelentes artistas... Nada se atreven  decir
de su mrito, por ms que gocen de alta reputacin en Italia, porque
tambin ha de juzgarlos el pblico, y en estas materias es infalible.
Slo advierte que la rebaja en los precios de las entradas y
localidades, no es ahora tan notable como desean, aunque mayor que hasta
aqu, por los muchos gastos que han hecho para formar su Compaa en
tiempo extraordinario; mas pueden asegurar al pblico que en la
temporada ordinaria que comienza en la Pascua de Resurreccin, sern los
precios ms cmodos...

En el mismo edificio y cercano  la puerta principal, se estableci un
caf llamado de Los Lombardos, en la calle del mismo nombre, caf y
billares que se abrieron al pblico el 19 de Diciembre.

La noche de la inauguracin del coliseo fu, como ya he dicho, el 21, y
 ella concurrieron las autoridades, las personas ms significadas,
todos los buenos aficionados  la msica y las ms hermosas mujeres, que
lucan aquella noche sus ms preciadas galas.

La pera escogida fu _Los Lombardos_, que cantaron la Vittadini, la
Cocco, Salieri, Galliani y Manensi.

De lo que result aquella primera funcin dan noticias los peridicos de
la poca que entonces vean la luz en la capital, y el _Diario de
Sevilla_ haca la ms completa descripcin, apurando todos los adjetivos
y frases hechas, que ya se usaban entonces y de las que tanto se ha
abusado despus por los revisteros de teatros.

Por cierto que un peridico que  poco se public, llamado _La Platea_,
apareci llevando en la portada una vista de la sala del coliseo grabada
en madera, que, aunque de tosco dibujo, da idea de cmo estaba en sus
comienzos el interior del teatro, con su gran lucerna de aceite
pendiente del techo, sus anchas lunetas, su tertulia de seoras y su
teln primitivo, pintado por D. Antonio Cabral Bejarano.

No deja de parecerme de alguna curiosidad el consignar los precios del
abono para aquella temporada, que const de _sesenta_ funciones, y que
eran en esta forma:

_Palcos plateas_, 1.260 reales.--_Palcos principales_, 1.080.--_Palcos
de tornavoz_, 900.--_Anfiteatro_, 200.--_Lunetas_, 200.--_Delanteros de
tertulia_, 90.--La entrada costaba tres reales, y las noches de
_estrenos de peras  de iluminacin_, llegaba  una peseta.

_Los Lombardos_ debieron gustar bastante al pblico, pues la pera se
represent, despus del da de la inauguracin, en cuantas noches hubo
espectculo hasta el 2 de Enero de 1848 y  la citada obra siguieron
_Sonmbula_, _Atila_, _Lucrecia Borgia_, _Hernani_ y _Favorita_.

De todas estas, _Atila_ fu la que por entonces ms agrad, ponindose
muy en boga su partitura en Sevilla, hasta el punto que no haba
tertulia ms  menos cursi, donde no fuera de rigor cantar algn trozo
de _Atila_, por la joven romntica  el enamorado galn.

Tres eran los teatros que  la sazn haba abiertos en Sevilla: el
Principal, el de la Misericordia y el de la Feria, y en ellos
funcionaban en aquel tiempo tres compaas dramticas, que entusiasmaban
con _El terremoto de la Martinica_, _La terrible noche de un proscrito_,
_Marta la romantina_, _El campanero de San Pablo_.

Ninguno de los tres teatros sinti como el viejo Principal la apertura
del de San Fernando, rival desde aquel da, y rival terrible, del
coliseo que la famosa Sciomeri haba inaugurado  fines del siglo XVIII,
y por el que haban pasado tantas alternativas prsperas y adversas.

Y as ocurri, en efecto; desde que se inaugur San Fernando, el
Principal sinti los desastrosos efectos de una competencia,  la que
ms tarde tuvo que sucumbir.

Ni de aquella primera temporada de 1847  1848, ni de las que inmediatas
le siguieron, me he de ocupar aqu. Recordar slo aquella inauguracin
del teatro de San Fernando en la noche del 21 de Diciembre de 1847, ha
sido el propsito que me ha movido  tomar la pluma, cerrando con estas
lneas el presente libro, donde he reunido algunos apuntes sevillanos de
inters y curiosidad, algunas _Cosas nuevas y viejas_, cuyo conocimiento
creo habr entretenido  mis lectores.




NDICE


                                                                 PGINAS
Portada

Dedicatoria

Al que leyere...

Los antiguos relojes,                                                  7

Cmo las gastaba un rey,                                              10

Los primeros inquisidores y sus hazaas,                              12

Tradicin...,                                                         16

El Cartujano,                                                         18

Antiguas fiestas de toros,                                            22

Las vctimas de la comunidad en Sevilla,                              25

El Pendn Verde,                                                      27

Francisco Guerrero,                                                   31

Los esclavos de Sevilla,                                              36

Juan de Salinas,                                                      41

El Arenal,                                                            45

Julianillo Hernndez,                                                 52

Santa Teresa en Sevilla,                                              55

Un Ponce de Len,                                                     58

Juan del Castillo,                                                    61

Un zapatero de antao,                                                65

La puerta de Triana,                                                  67

La Alameda de Hrcules,                                               70

La Hermandad de los Nios Perdidos,                                   77

Don Luis Sumeo de Porras,                                            82

Un arcediano y un cannico,                                           85

El escocs hereje,                                                    87

La moza y el Asistente,                                               89

El veraneo de antao en Sevilla,                                      93

Lus de Vargas,                                                       99

Procesin de Va-Crucis,                                             104

Las presas de la Inquisicin,                                        106

Ejecuciones,                                                         108

El Salvador,                                                         113

Juan de las Roelas,                                                  116

Las dos amigas,                                                      121

Los valentones,                                                      122

El Asistente y las fruteras,                                         125

Herrera el Viejo,                                                    127

Lope de Vega en Sevilla,                                             132

Confiteros y confiteras,                                            135

Los moriscos,                                                        139

Caballeros de antao,                                                142

El tutor y la pupila,                                                145

El incendio de El Coliseo,                                         147

La madre Catalina y maestro Villalpando,                             150

Crueldad de un Asistente,                                            156

El sastre cataln,                                                   158

El hermano Juan de Jess,                                            160

La mulata y la hechicera,                                            163

Barrabs,                                                            166

Desafos y rias entre nobles,                                       168

El prior de las Cuevas,                                              171

La monja alfrez,                                                    174

La ltima hazaa de un valentn,                                     177

La hermosa posadera,                                                 179

Espejo de escribanos,                                                182

El portugus Perea,                                                  186

El marqus de Buenavista,                                            188

Un inquisidor humillado,                                             190

Las tapadas,                                                         192

El maestro Vilches,                                                  196

Una fuga de presos,                                                  198

Las rondas de noche,                                                 200

El contador de la Contratacin,                                      203

Don Bernardino y su mastn,                                          205

El cabildo eclesistico y las fiestas de toros,                      207

El hijo de Murillo,                                                  211

La embajada japonesa,                                                214

Cofrades y toros,                                                    217

El obispillo,                                                        220

Duque Cornejo,                                                       222

Los monederos falsos,                                                225

El loco Amaro,                                                       228

Fray Pedro de San Jos,                                              232

Las danzas del Corpus,                                               234

Las procesiones del rosario,                                         238

La beata Briguela,                                                   243

El verdugo azotado,                                                  246

Los hermanos del Pecado Mortal,                                      248

Un partidario del archiduque de Austria,                             251

Profanacin,                                                         253

Trajes y adornos,                                                    256

Toribio de Velasco,                                                  260

La fiesta de los sastres,                                            265

Con luz.... y  oscuras,                                             268

Un hospital de perros,                                               274

La Rosa Prez,                                                       276

Cmo emple un da el rey Jos,                                      279

Beneficencia invasora,                                               283

Las lecturas pblicas en el caf del Turco,                          286

Las damas sevillanas y la bandera liberal,                           290

Las Delicias,                                                        294

Mr. Thiers en Sevilla,                                               298

La inauguracin del teatro de San Fernando,                          302






End of the Project Gutenberg EBook of Cosas nuevas y viejas, by 
Manuel Chaves

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK COSAS NUEVAS Y VIEJAS ***

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     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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